En blanco. Totalmente en blanco. Así dejó su obra, en blanco. Sabía que tal vez nadie la comprendería, ni siquiera si él intentara explicarla en detalle; en el fondo quería que nadie, jamás, la pudiera entender en lo más mínimo. Sabía también que todos le reprocharían: Que cómo es posible que ofenda a la gente así, que eso fue pura y física pereza, que cómo se atreve a calificar como una obra literaria algo que está en blanco, sin letra alguna; en el fondo, también quería dejarla así, a pesar de que nadie sabía que le tomó más de diez años el tomar la decisión de dejar su obra en blanco, sin más palabras que su nombre, para dejar claro de quién es. Incluso, sabía que su obra sería rechazada por todos y cada uno de los que trataran de leer -o no leer- semejante afrenta, que él sería tildado de bufón y loco, o de charlatán grosero y ofensor del arte y la literatura; en el fondo, incluso quería ser condenado al ostracismo literario, ser rechazado, ridiculizado, odiado, que en la calle la gente le insultara, le escupiera, se riera de él y de su obra. Él sería capaz de arriesgar su nombre, su "prestigio", su "reputación", por una obra, una mísera obra en blanco, que jamás sería entendida, jamás sería apreciada, pero nunca, jamás, sería olvidada. |