El Profesor Calderón termina de leer su ensayo de política conservadora, tratando de escuchar el rebote en los oídos sordos de sus alumnos. Da un pequeño vistazo a la sala y percibe para su sorpresa una mano pidiendo la palabra, a lo que cede el turno para una pregunta concreta.
- Sobre la homosexualidad, para ser más exacto, sobre ese punto de “lacra social”que acaba de formular en su discurso, ¿debo entender que todos sin excepción caen dentro de su lógica?
- ¡Por supuesto! Estos tipos no merecen un cupo dentro de la sociedad. Imagina que venga un homosexual a seducir a tu hijo ya pasados los años, ahora es fácil para ti sojuzgar sin ponerte dentro del caso. Te digo, las circunstancias cambian, Dios lo hace así.
Silencio en la sala. Todas las miradas fueron a caer a aquel muchacho, un poco pensativo, arguye estas palabras que hasta el día de hoy puedo recordarlas.
- Lo único que le pido a Dios, de darse el caso que mi hijo fuera seducido por un homosexual... es que no sea su nieto, profesor. Las circunstancias cambian.
El alumno se para de su asiento, le da la mano y se marcha.
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