Alberto a Pedro, una vez más.
Alberto: ¿Por qué estas tan enojado conmigo, hermano?
Pedro: No estoy enojado, estoy molesto.
Alberto: Mmmmm... ¿Y cual es la diferencia entre una y otra?
Pedro: Que molesto puedo soportarte...
Alberto: ¿Y enojado?
Pedro: ¡Cállate, por favor!
Alberto: En serio, pareces estar enojado.
Pedro: Si me sigues preguntando, claro que terminare enojándome.
Alberto: Ya veo. ¿Y si lo digo de forma positiva podrás responderla mejor?
Pedro: Quizás...
Alberto: OK. Dime entonces, ¿por qué no estas calmado?
Pedro: Estas gracioso hoy, ¿verdad?
Alberto: Es que me siento mal cuando te veo tan triste.
Pedro: No estoy triste... estoy con penitas.
Alberto: Siempre aminorando todo.
Pedro: Puede ser...
Alberto: Entonces estas enojado porque tienes una penita. ¡Ya entendí!
Pedro: ¡No! ¡No estoy enojado!
Alberto: ¿Ves? Te estas enojando de nuevo, jejejejeje.
Pedro: Sabes, estoy cansado, no puedo procesar la información rápidamente.
Alberto: Entonces lo haré más lento.
Pedro: Gracias.
Alberto: di-me ¿Por-que-es-tas-eno-ja-do?
Pedro: ¡Ya esta bien, suficiente! ¿Por qué no vas a ver si esta lloviendo en la esquina?
Alberto: ¡Es que no tengo paraguas!
Pedro: Es un decir, idiota. Cuando la gente sobra, como tú precisamente, se le dicen esas cosas.
Alberto: Si, la he escuchado. ¿Lo dicen las personas que están molestas o las que tienen penitas?
Pedro: Sin palabras.
Alberto: Es que tu cara siempre esta tan seria. Tus gestos son duros. Pareces de roca: si te ríes, se te quiebra la piel por la poca costumbre.
Pedro: ¡Es la única cara que tengo!
Alberto: ¡Cara de enojado!
Pedro: Que tenga esta cara de enojado, no significa necesariamente que lo sea interiormente. Hermanito, no puedes fiarte solo de tus impresiones.
Alberto: Eso es un avance. Al menos ya admitiste que tienes cara de molesto, ¿o era de enojado?
Pedro: De molesto...
Alberto: OK. Tu acabas de confirmarlo. No estas molesto, pero tienes cara de enojado.
Pedro: ¡Piedad, por favor!
Alberto: ¿Ves? Pude notar que te quisiste reír, pero lo ocultaste. Todo para no darme la razón, ¿verdad?
Pedro: No me quise reír, solo me sonreí.
Alberto: Claro, entonces yo soy inquietante, pero no intruso.
Pedro: ¡Eres un intruso inquietante!
Risas.
Alberto: Como te hago cambiar de parecer, hermanito. Ahora eres tú el que juega mi papel.
Pedro: Esta bien, me rindo. Estoy con una penita a causa de mi novia.
Alberto: Debe ser grave para que te derrumbes.
Pedro: Bueno, también es responsabilidad mía. A veces la gente no piensa en las consecuencias que traen sus acciones.
Alberto: Claro, dicen que el ser humano solo alcanza a usar el 10 % de la capacidad de su cerebro.
Pedro: ¡Oye, que buen dato! O sea que si uno usara el 100 % de la capacidad podría acabar con tantas guerras y descifrar tantos misterios.
Alberto: Y además tampoco se casarían, ¿no lo crees?
Pedro: Mmmm. Supongo que tampoco se enojarían por una niñería, ¿verdad?
Alberto: Claro, pero para ello solo necesitas el 2 % de tu capacidad.
Pedro: ¡Que fácil! ¡Gracias por el halago, hermanito!
Alberto: Y solo un 0,5 % de tu capacidad para sufrir por alguien que no quiere estar a tu lado.
Pedro: OK. No me ayudes más, gracias.
Alberto: Para eso estamos, hermanito, para eso estamos. Una para los inteligentes, dos para los tontos.
|