Mucho tiempo y mucho agua han recorrido por nuestras vidas a lo largo de este largo año, nuevas pasiones, nuevas confusiones, otros amores, otros amaneceres no sucedidos, lugares incorrectos, eso sí horas adecuadas; así mismo, en este círculo temporal que es la vida, el soñador y yo hemos llegado al descubrimiento de la equivalencia del alma de cada uno con su correspondiente otro, en buen romance la paridad de almas gemelas; paridad fuera del contexto de medias naranjas, medios limones o medios vasos de cerveza sino mas bien y por el momento en la paridad de la comprensión de los amigos.
Hemos encontrado cada día la equivalencia entre el sano respeto y la más baja de las propuestas, entre el quien sabe y el seguro lo hacemos, o entre el me muero por besarte pero no lo haré y quisiera abrazarte y eso sí lo haré (aunque no quieras).
La misma equivalencia de saber aconsejar sobre las penas del amor y la soledad de un alma que está así porque quiere y de escuchar el consejo sobre la soledad del alma y las penas de amor en las que el otro incurre también porque quiere. Y sí... El soñador tiene la cruel verdad en sus manos: la vida es complicadamente simple y nosotros somos los que nos afanamos en simplificarla complicadamente... eso es lo que yo conozco como la difícil facilidad de la sencillez... y bullshit con todo lo demás.
Tal vez ese exceso de complicación es lo que más de una vez a truncado un “algo más” en la vida de cada uno; tal vez no debí abrazarlo, tal vez no debió pensar en hacerlo, tal vez no debí llamarlo, tal vez no debió no hacerlo él... Pero como antes ya lo hablamos el si hubiera no existe, solo existen los momentos congelados en la comisura del corazón; además no todo es de un solo color, así que hoy, cuando su vida, la del soñador, está a un paso de un gran giro, también estoy yo, la poetisa, lista tras su espalda, en caso de que me necesite y si no me necesita también.
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