Cuando dejé de pensar en mí como un astro opaco, sin brillo propio, comprendí que puedo ser el sol que hace girar a otros astros a mi alrededor; mas no de mi ego, sino de la felicidad reflejada en ese rictus tan peculiar, que forma tu cara cuando dejo de pensar en mis propios problemas, para obervar el infinito del universo y darme cuenta, al fin, que solo soy algo insignicante, como mis preocupaciones, al compararme con otras constelaciones que tambien tienen brillo propio, el brillo de la vida formada por esa estrella fugaz de tu persona, y a la vez perpetua como la estela que otorga tu sola sonrisa.
Cuando ries, todos rien contigo...
Cuando lloras, lloras tu solo...
Ariel Contreras. |