Una señal
Retornando al lugar en donde vivo, con la mirada perdida en el pavimento y mi cabeza inmóvil, ajena a todo acontecer, solo reteniendo mi cerebro, este a mi mente y esta a mi mismo.
La micro avanzaba en su irregular trayecto de frenado y aceleración, la gente subía y bajaba y el destino de mi persona cada vez más cerca. Ahí se tendría que bajar y me arrastraría conmigo adentro, para caminar cuesta arriba y afrontar la realidad, pues yo no quería bajar con mi cuerpo, quería seguir en la micro hasta su destino incierto y permanecer vagando eternamente hasta encontrar una señal verdadera.
Casi justo al llegar al lugar en donde mi persona debía bajarse, subió una señora gorda de la mano de su última hijita o su primera nieta, no lo se. La niña, vestida con pantalones y una camisa, llevaba un corte de pelo que la hacía verse como un niño, su único distintivo femenino era un prendedor que llevaba puesto en el pelo y que lucía con mucha gracia.
Avanzaron por el pasillo torpemente y la señora tironeó de la manito a la niña para que esta se sentara justo en el asiento delante de mí, la señora se sentó a su lado un poco molesta, quizás por el calor, quizás por el cansancio.
Yo volví mi cabeza a su posición original y me apresté a seguir masticando mi angustiosa existencia. De pronto la niña se dio vuelta y me miró, yo le devolví la mirada y ella me sonrió, lo que provocó en mí una sonrisa de vuelta, ella volvió a sonreír y esta vez agregó un guiño en su nariz.
Mi destino ya estaba a la vista, me bajé pasmado junto a mi persona y me fui caminando cuesta arriba al lugar en donde vivo, sabiendo que finalmente todo va a salir bien, pase lo que pase, esté con quien esté. Solo de mi depende y no de mi persona, a ella la comando yo, al igual que a mi destino.
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