A pesar del ritmo vertiginoso que lleva la ciencia, aun quedan muchos misterios por resolver inmersos en este extraño mundo, entre los cuales, dicho de paso, destaca el comportamiento de la mujer.
Esto deben saberlo muy bien quienes, a pesar de todos los avisos del peligro que reviste un acercamiento más detallado a su compleja forma de ser, han depositado sus esperanzas en algún cambio en su conducta, sin muchos resultados por cierto.
Todo empieza en el momento mismo que se nombra la palabra “amor” y sus caras angelicales se transforman en verdaderos demonios que defienden a brazo partido a su posible galancete, aun cuando este no sea lo que aparenta y la posibilidad de un evidente engaño nuble la posibilidad de entendimiento de parte de alguna fémina, en desmedro del sentimiento.
Inútilmente, he invertido mi tiempo en demostrar los errores de quienes dicen sufrir por “amor”, aunque en ninguna parte del mundo se incluya el engaño, la mentira, la traición, los celos, como frutos de aquella relación. Y que ellas están dispuestas, en muchos casos, a aguantar estoicas hasta las últimas consecuencias. He llegado a sospechar, después de años de improvisado estudio con mis amigas, que aquel que viene a comentarte un problema, guarda para sí la intención de tratar el tema, pero con el detalle de escucharse a sí mismas y formar un simpático monólogo sobre la autocompasión. Porque, se diga lo que se diga, la verdad no alcanza para cambiar aquella conducta y es mejor dedicarse a escuchar, lo que cualquier buen amigo puede hacer; pero que posiblemente nunca solucionara el problema en cuestión.
Hay que estar preparados y ser muy observadores, porque en cualquier circunstancia de la vida puede tocar la suerte de toparse con una “romanticus soñadoras” y el sermón se viene pesado. No haga mención alguna de que es virtualmente engañada, porque la cólera que no monta con su galancete bien puede enfocarla en quien lee estas palabras (y como duelen esas cachetadas) por lo que se recomienda sumo tacto y en ningún momento, por acertada que le parezca la medida, se haga su amigo y confidente porque tendrá que soportar llamados a las tantas de la noche o bien formar parte de su amorío, cual cartero anónimo dejando cartas de amor para el galancete en cuestión. ¡Aléjese cuanto antes! Porque las cargas negativas se adquieren como un germen y conlleva a la locura o el amor, porque lo que hoy parece una simple amistad, mañana estará más involucrado mentalmente, afectándolo a Ud. también, arrastrado hasta un triangulo amoroso, del cual solo sacara la peor parte, una vez terminado el problema, siempre, siempre queda mal con ellos dos, mientras se van de la mano por algún parque lejano.
En realidad, si la mujer sufre, es porque ella misma se lo permite al hombre. Aun cuando eso no sea motivo para descartar al hombre como gran responsable, es verdad también que ellas se lo buscan, porque perfectamente pueden elegir uno que valga la pena. Como ese tipo de amor sufrido, digno de teleserie barata, muchas siguen soñando con ese príncipe azul que las venga a rescatar de su opresor, cuando es mejor que se fijen en su simple vecino.
No digo que juegue, querido lector, a ser un mentiroso, pero quizás es mejor que jugar el papel de eterno amigo incondicional, dispuesto a soportar el egoísmo de quien se obsesiona y arrastra a otros en su carrera por la felicidad. El mejor amigo no tiene regalías en un mundo tan competente, donde por lo visto prevalecen los mentirosos.
Dicen los científicos que la mujer es mucho más inteligente que el hombre, y también lo sostengo; pero, ¿hasta cuando van a seguir escondiéndose tras la sombra de un baboso por el miedo a ser rechazadas?
En realidad, el papel que les toco jugar como las grandes mujeres que siempre serán, y no quepa duda, se ve aminorado por su conformismo al primer patán que se les cruza. Y Ud., querido amigo, solo contribuye en la cadena al ser participe de sus llantos y pataleos.
La cadena se cortó, hace bastante tiempo, por si no lo sabía.
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