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Inicio / Cuenteros Locales / maestrodelasmarionetas / Él y Ella... a la espera del amor...

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Ella...

Dices que te vas, y sigues ahí parado. Claro, no te vas porque en realidad sólo quieres asustarme como lo has hecho toda tu vida, dependiendo de ti y tu cariño; porque si en realidad te fueras, el bendito día que lo hagas, no me avisaras y no te veré más aquí a mi lado. ¿Ah, que no deseas hablarme? Que te vas a quedar callado, mirándome nada más. Sé muy bien lo que piensas y crees que estoy loca, pues te aviso que eso se debe en gran medida a tu manía de quedarte callado. Que hablo sola, no, y solo me miras. Por eso tengo que estar adivinando tus gestos, cada vez que regresas y nada. ¡ Y no me calles ahora que ya agarre impulso! ¡ Que ya me inspire y después no puedo retomar el hilo!! No, si sé que el tema lo hemos tratado una y otra vez. Y a lo mejor no es el momento adecuado. Ahora que tienes tus maletas arregladitas y listas para marcharte. ¡Y solo me miras! No lo soporto... ¿Tomaste clases para sacar de las casillas a la gente que te quiere? Claro, porque dentro de todo, en algo tendré razón, ¿no? Pues bien, te pille con las manos en la masa, a punto de abandonarme. Por mí que te vallas de una vez por todas y acabemos con esta situación, pero lamentablemente son las cuatro de la mañana... !!!Las cuatro de la mañana!!! Por último podrías haber tenido la decencia de hacerlo a una hora más apropiada, ¿no te parece? Y algo debemos hablar hasta que los buses vuelvan a pasar. ¿Que me miras? ¿Que no puedes ser hombrecito siquiera una vez en tu vida y ponerte los pantalones? Mírame cuando te hablo. Claro, la vergüenza no te deja, y es preferible hacerse el loco a afrontar la situación, descarado. Te ibas muy tranquilito a los brazos de esa “honorable señora” como le llamas en tus cartas. Aquí están, cada una de ellas, míralas. ¿Como? ¿Por defenderla a ella ahora te atreves a levantarme la voz? ¿Tan poca cosa eres? Que a ti te pongan una puñalada en el corazón, pero ella se salva... Si ya me calme, no te mereces mis alegatos, ni que derrame una lágrima por ti. No me toques. Aquí estoy tranquilita. Conozco tus artimañas, con esa cara de perrito apaleado, lloriqueando arrepentido de rodillas. ¿Como? ¿Por amor? ¿Te atreves a compararme con ella? Hablas solo un ratito, un minuto o dos, y ya me estas lastimando, no, si con los hombres no se puede. Esa desconocida, como tu, ya no están en mi vida... pero ese bendito sol que no sale para que te largues de mi vida. ¡Por Dios! Y a lo mejor sale y ya no te vas, porque hasta para esas cosas no sabes que diablos quieres. ¿Tengo que decidir por ti una vez más? Lárgate y agarra tus cositas, que ambos estaremos muy bien. Que la mujer hoy en día esta a la altura del hombre, y muy pronto le pasara por encima. Ambos estaremos muy bien, que soy una mujer independiente. No necesito tu lástima. ¿Sabes? Ni ya deseo escuchar tus explicaciones, tus excusas. Ahórrate la saliva para darle besos a ella será mejor. !!!Ufffff!!!... De todos los hombres existentes, me tenías que tocar tú precisamente. ¿Ves? Que tenga que pegarme a mi misma para desquitarme con algo. ¿Ves lo que provocas en mi? Ingrato. Poco hombre. Insensato... Déjame sola por favor y vete de una vez. Te querías ir en silencio como los cobardes, huyendo de tu responsabilidad. Te aseguro que estaremos bien los dos; si, ya vete. Y cuando me pregunte por ti le diré lo que nunca tubo padre. Porque yo no sufro, no señor. El o ella si sufrirá pero yo estaré ahí para consolar con mi fuerza de mujer. Déjame en paz, no ves que me haces mal. Ya sale el sol, ¿ves? Ya puedes marcharte lejos de mi, que daré dos o tres pasos y volveré a reír...Uno, dos, tres. ¿Ves que simple? Ya estoy riendo, ahora deja acompañarte a la puerta, que al menos eso puedo hacer por ti. Lo último que haré por ti. No, déjame y no me toques. ¡Vete ya! ¿Que? No, no estoy llorando, es solo una basurita que entró a mi ojo. Bendita basurita que me lastima y me hace llorar y llorar. Te daré unos segundos para que tomes la primera decisión de tu vida. Solo esperare pacientemente, cerrare los ojos cristalinos, tapándome los oídos para no escuchar tanta idiotez y los volveré a abrir, y espero que ya no estés aquí. Una sombra quizás se quedara, la sombra de tu amor.

Una bocina sonó a lo lejos con el alba saliendo. De pronto, la puerta se cerró.


Él...

Aquí estoy parado frente a ti. Que no me voy, eso si que no, quería hablar antes. A pesar de que somos dos personas unidas por un lazo de sentimientos, siempre nos criamos en libertad, siempre fuiste y serás libre. ¿Quieres que me vaya en realidad? ¿Me lo pides tú o es tu orgullo el que habla a través de ti? Claro, no puedes ceder un poquito que ya te sientes tan ofendida. Y si, si me quedó callado es por respeto, porque te valoro tal como eres. No puedo tan solo mirarte, así es, y veo a alguien ciego, que no desea ver lo que es tan obvio. Te miro a los ojos, que nada he de ocultar. Si lo sé, claro, he otorgado y fomentado con mi silencio tu necedad. Parece un juego de niños peleando por una niñería, ¿no es lógico? Que mientras más hablo, menos me entiendes. Y ahí va de nuevo... No, amor, no era mi intención... Pero... yo... si, si... ¿Me vas a dejar hablar? Al menos deja escuchar el eco de mis palabras contra la pared, siente el rebote hablándote a ti, sí, a ti precisamente. Gracioso, ¿no? Porque tu me pides decisión, esa decisión que te deje magulladuras en tu piel, de maltratos como en la mayoría de los matrimonios. Que otro “hombre” de esos que pides, te habría callado ya de una sola cachetada o bien una patada donde más te duela... Si, amor... Yo decía... Otra vez... Paciencia, dame paciencia, Señor te lo pido. ¡Pero damela ya! ¿Me vas a dejar hablar? Y ni siquiera debería pedirlo, sino, como tu bien dices, exigirlo. Hablando a monosílabos contigo desde que te conocí: no, amor; sí, amor. Pero que así es. Sé que son las cuatro de la madrugada, y no es lo más apropiado, reconozco mi error, pero lo que es tú... deja arto que desear. ¿Ves que fácil? Lo reconocí, pero delante de ti es un pecado, si hasta siento el arder mi piel quemándome como vil pecador. ¿Sabes reconocer un hombre cuando lo ves? Pero una mujer, bien decente... mejor me callo. ¿Que cartas? Esas cartas con mi nombre y apellido, claro, yo las escribí. ¿Amor? ¿Esta ahí? ¿Esta dentro de esa cabecita hueca? Ahora parezco estúpido hablando conmigo mismo, me digo, que me valla o que te escuche, porque la verdad ya es de locos lo que hacemos ambos. ¿Me avisas cuando termines? ¡ Cállate de una vez, maldita sea! Oh, no. Amor mío, no te enojes, no fue mi intención gritarte. Claro, ahora el tonto se porta una vez como “hombre” en su vida, y justo se arrepiente. Linda la cuestión, si sé que no debo arrepentirme de mis actos. ¿Por que no entiendes lo que te digo, si te doy tantas veces la razón? Ah, eso si que no, a ella no me la tocas. Por supuesto que la defiendo, y si, puede ser poca autoestima, pero es que ella es... Bien, en realidad quieres que me valla, que me largue de tu vida, pero no lo digo como amenaza, porque no es esa mi intención. Si, veo que el sol sale. Ahí esta precisamente. Es tan complicado para mí irme con ella, por eso espero tu reacción, pero algo dentro de mí me dijo que no podrías asumirlo bien, como tantas otras veces... Pero si ni siquiera he dicho quien es ella... Ya veo, no me dejaras hablar, a ver si después te arrepientes, que eres decidida... ¡Eres terca! Así te muestras. Amor, mira... ¡Epa! ¡Que eso si que no te lo aguanto, ven para acá, ¿cómo se te ocurre pegarte a ti misma? Esta bien, me aburrí, tomare mi decisión aunque no quieras en el fondo que lo haga. No quieres mis cariños y explicaciones, ¿me escuchas? ¡No volveré nunca más! Y si, por mi gesto puedes ver que si hablo muy en serio. Pero no llores. Ah ya veo, ahora no lloras, que es una basurita en el ojo. Claro, todo lo que tu quieras, amor. Tienes toda la razón. Solo lo último, aquí no se murió el amor, lo matamos ambos; entiende eso, que cuando se habla de amor es de dos... Ahora no me escuchas... Y te tapas lo oídos... Que fácil... Lee mis labios... Yo te amo... Si, todavía lo hago, no he dejado un solo día de hacerlo... Ella es mi madre, ¿esta bien?, ¡Es mi madre! ¡Y esta a punto de morirse! Pero... ah, que más da. Ya no hay caso. Adiós.

Una bocina sonó a lo lejos con el alba saliendo. De pronto, la puerta se cerró.



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Texto agregado el 29-03-2005, y leído por 105 visitantes. (0 votos)


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