La Página de los Cuentos - www.loscuentos.net - vaerjuma - 'Un hombre camina bajo la lluvia (a Nefftalí)'
Un hombre camina bajo la lluvia (a Nefftalí)
UN HOMBRE CAMINA BAJO LA LLUVIA
Un hombre camina, desnudo, bajo la lluvia. Tiene las manos metidas en el bolsillo del impermeable que ha olvidado en su casa y en una de las manos, la izquierda, empuña una pistola con dos balas en el cargador. Una es para su amante y la otra todavía no tiene destino, aunque secretamente sospecha que es para él.
Quiere llegar cuanto antes, cumplir con su cometido y volver a su casa. La lluvia le molesta y tiene frío. Piensa que hubiera sido mejor no haber tomado tanto vodka y sí haberse puesto una camiseta de frisa, como le aconsejó el hombrecito rojizo que estaba al lado de la mesita de luz, charlando con el par de medias sucias que dejó tiradas la semana pasada.
Ha recorrido casi todo su camino cuando el policía lo detiene en mitad de cuadra y le pide los documentos. El hombre recuerda haberlos puesto en el bolsillo trasero izquierdo del pantalón que llevó hace unos días a la lavandería. Se los entrega y agarra más fuerte la pistola con la otra mano, por las dudas.
-¿Dónde va? –le pregunta el policía.
-Acá nomás, a tres cuadras, a la casa de mi amante.
-Lo voy a tener que detener –dice el policía.
-¿Por qué?
-No tiene luz de giro... Ah, y por los cordones de sus zapatos…
-¿Qué tienen?
-Están desatados y eso puede causar un accidente en la vía pública…
-¡Pero estoy descalzo, no lo ve!
-Por eso mismo le digo –le dice el policía y amaga a sacar las esposas pertinentes al caso, y que habitualmente se usan en situaciones como ésta.
El hombre extrae a su vez la pistola del bolsillo y le dispara los ocho tiros que no había cargado, que impactan a escasos centímetros.
-¿Qué hace? –le grita el policía.
-Me defiendo…
-Bueno, vaya, y si necesita ayuda me avisa, pero ¡mucho cuidado con mirar de reojo!
El hombre apura el paso, llega hasta la puerta de la casa de su amante, golpea insistentemente y lo atiende el esposo.
-¿Qué hacés vos acá? –le pregunta el esposo.
-Venía a matar a mi amante, pero no sabía que estabas vos…
-¿Quién es tu amante?
-Tu mujer.
-¡Mi mujer sos vos, idiota!... ¿No entendés, o no leíste cuidadosamente más arriba: “golpea insistentemente y lo atiende el esposo”?... Escrito así, es como si yo fuera tu esposo. Y si yo soy tu esposo, y tu amante es mi mujer, entonces vos sos tu amante… ¿No te das cuenta de lo que estás por hacer, además de destruir nuestro hogar?...
El hombre titubea, saca la pistola, y se pega un tiro en el corazón porque ese era su cometido. Deja la otra bala sin utilizar, ya que secretamente comprende que es inútil matarse dos veces. Se despide del esposo balbuceando una disculpa y se va a su casa. Llega, apoya la pistola sobre la mesa de luz y se sirve un trago de la botella de la que había estado bebiendo.
Afuera, la lluvia es una lluvia mansa, tenue, suave; una lluvia de esas que apenas molesta…
"Una lluvia de mierda", piensa el hombre, y apura el trago de vodka antes de que el hombrecito rojizo le haga preguntas indiscretas sobre esas lágrimas de impotencia que corren por su cara y que, indefectiblemente, caerán sobre el impermeable que cuelga, seco y tibio, en el perchero del rincón más apartado.
Texto de vaerjuma agregado el 03-04-2005. La Página de los Cuentos - www.loscuentos.net
|