Cuando don Juan cortó una flor,
floreció el jardín entero,
porque sabía aquel jardín
que por amor murió la flor
en manos del amante hechicero.
Y no es un juego que hizo el hombre,
es amor de verdad,
porque don Juan estaba enamorado,
del amor,
y de la realidad.
Y cuando pasaba por los puertos
lloraba el mar por la doncella
que se quedó en la playa
pronunciando el nombre
que pronunciaron muchas otras
en otras playas,
en otros lenguajes.
Y hasta hoy, pide don Juan
que se aclare su secreto:
que para conquistar un corazón
no se necesita más que una palabra,
una ilusión, y una esperanza.
© Natalie Najshomov, marzo de 2005.
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