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Es la primera vez que escribo un cuento, pero que va, hoy estoy decidido a hacerlo.

Mi infancia la viví en la casa de mis abuelos maternos, Jilma y Luis Aurelio (Lelo). Mi tata agricultor y ganadero de la zona de Polcura, desde mis primeros pasos me enseño las técnicas del lazo, la monta y el arte de la domación de caballos. También aprendí otras cosas menos osadas como ordeñar vacas, sacar los huevos del gallinero y cuidar pollos.

Cuando tenía doce años, ya contaba con la confiaza plena de mi abuelo, quien decidió enviarme junto a don Felicindo a la rivera del Río Laja, a buscar cinco vaquillas que andaban perdidas. Así que me dispuse a montar la leyenda viviente de la zona, " El Pililo", (ganó 20 carreras a la chilena, empató una y nunca perdió) -para explicar este tipo de carreras, es entre dos caballos en una cancha con vías paralelas, generalmente a una distancia de 200 metros, es una carrera netamente de velocidad-.
Don Feliciendo montó el cometa, caballo corralero, fuerte y noble. Después de eso, tomamos dirección sur y tras dos horas de camino llegamos a ese río turbio, lleno de rabia acumulada por milenios. Era normal en ese día: 12 de junio. Mucha lluvia y nieve. Tras recorrer un poco la orilla me percaté que, a unos 20 metros, había un islote, que poco a poco era carcomido por las aguas, en él se encontraban las cinco damas que andabamos buscando. Así que me encomendé a Dios y junto a mi equino me aventuré a las olas, que nos arrastraron ciento cincuenta metros, pero llegamos. Así que, con todo mi coraje, que estaba impulsado por las patas de mi amigo, arrié esas vaquillas y las conminé a su salvación o su muerte.

En esos instantes, sentí el galope de un córcel mágico, era don Felicindo, quien me ayudó desde la izquierda. Luego el fluido llenó mis ojos; el reloj se paró y avanzó muy lento; sentí el sabor de la tierra en mi boca con cada gota de agua que tragaba. Al fin tiritando llegamos a la orilla, con cuatro damas, una se perdió en la corriente. Desmonté, caminé y respiré. Despúes me encaminé con destino conocido, llegué a la tranquilidad y encontré abrazos y sonrrisas. En lo personal me convertí en el hombre que deseaba encontrar.

Texto agregado el 14-04-2005, y leído por 54 visitantes. (6 votos)


Lectores Opinan
2005-04-22 03:38:03 Un interesante relato, que habla del constante aprendizaje que forjamos durante nuestra vida. Me gustó tu descripción. Bueno, muy bueno. el_rey
2005-04-17 12:05:17 Muy bueno! tan corto y tan personal, pero a la vez tan lleno de belleza y lados ocultos y profundos de un alma. Me gustó mucho la descripción y tu forma de narrar la infania y luego la búsqueda del hombre en tí- En fin, mis estrellas y mis besos. =) NatalieNa
2005-04-16 04:29:48 Es muy lindo, lo mejor de todo es que guardes estos recuerdos, ¡serán las hazañas que a tus nietos les has de contar!... la descripción que haces de los acontecimentos es mejor aún.... te felicito. Un abrazo y todas las estrellas del mundo para ti. jackievidela< /a>
2005-04-15 07:55:34 Interesante forma de relatar.. me encanto como lo haces y la manera de como describes los sucesos.... felicidades Ghilka_Fabi ana
2005-04-15 06:21:22 Me encantó este relato donde mezclas tus sensaciones de niño, tu bautismo de hombre y un paisaje que imagino maravilloso. En Argentina hay unas carreras de caballos que se llaman cuadreras, que normalmente se hace en los campos y creo que son muy similares a las que tu relatas. Un abrazo y mis 5*. Magda gmmagdalena
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