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Inicio / Cuenteros Locales / lamparita / Marcela 10

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MARCELA 10

Irasema cayó al suelo de bruces y no supo más.

Las dos partes en que se halla fraccionada –cuerpo y alma- parecen desear unirse nuevamente debido al placer producido. Cierra los ojos mientras Marcela la hace desfallecer con el experto movimiento de sus dedos, la desposee de su mesura y no le permite concretizar la corrección que Irasema sabe que necesita hacer de ese momento. Su alma regresa después de reavivar el espacio y el tiempo cuando comenzaba a brotar el pasado como hiedra asfixiante. Ya no se ve tirada en el suelo frente al Dr. Honstein. Ahora se encuentra casi desmayada de complacencia, en el piso, ante la boca y los dedos de Marcela y sobre su falda que hace un instante estorbaba, casi olvidando la hora, el día, los preparativos, las gotas de veneno, la taza que contendrá el café decisivo y que será bebido por Magalí Martí.


Es la hora de la comida y los empleados han saturado el lugar. Martha, fatigada, espera con impaciencia su orden, solitaria, meditabunda, sentada en un rincón del amplio comedor.

Son varios días que han pasado ya y no sé nada de la Irasema. Ni me contestó los mails. ¡Chingada madre! ¡Cómo me gusta la méndiga! Y ella que no se reporta… Quiero con ella otra vez, quiero con ella… ¡Uta! A ver, a ver… ¿cómo le hago? Necesito acercarme con un buen pretexto de tal forma que por inercia la tenga que frecuentar…

¡Ah, ya llegó la pizza! ¡Hijoesu! ¡Tengo un hambre descomunal! Mmm… huele bien… A ver…

Irasema… Irasema… ¡Asu! ¡Qué espontáneo me sale su nombre! Se me quedó grabado desde la vez que me confesó ese sentimiento tan pesado que carga contra su progenitora… pude notar que lo trae bien trabado en su estómago. ¿Será por eso que es tan delgadita? Creo que ni puede comer. ¡Pues está gacho, muy gacho! Me pregunto si su mamá llegaría a su casa. También me decía que andaba buscando trabajo, aunque imparte clases particulares de inglés… Tal vez si le consiga trabajo en el despacho de abogados… Pero no, no creo que le guste.

¡Pues qué es esto! ¡Wácala! Pinche mugrero de pizzas. Bien caras y bien gachas. Casi ni tiene queso, se cansaron con tres trocitos de jamón. ¡Cuánta miseria! ¡Qué asco! No puedo evitar escupirla…

¡Oich! Ahí viene Doroteo, ¿Dónde me escondo? pinche maricón hijo de puta… No lo soporto… ¡Chismoso de a madre! ¡Pero si viene bien diva! ¡Vaya! Anda vestido más femenino que una chalupa. ¡A su mecha! ¿Seré homofóbica? Bueno, nada más con que no sea lesbiofóbica todo está bien, de lo contrario eso sería una auto-fobia, luego una ego-fobia. Me darían miedo tantas fobias y sufriría de fobia-fobia y… ¡Valiendo mauser!

Doroteo se acerca. Pero no le debo decir Doroteo porque se encabrona. Bueno, recuerdo que él quería aprender… ¿qué quería aprender?... ¡Ah! Ya me acordé… Inglés… Quieres ser una mariquita bilingüe. Ya sé quien puede ser tu maestra. ¿Cómo es la cancioncilla que le cantaban a Doroteo cuando pasaba a comprar las tortillas? ¡ja ja ja!

Dorothy… Dorothy… lindo jotito precioso… te ves bien feliz, has de traer bien gradote el pozo…

ja ja ja ¡Ah raza! ja ja ja… Doris, voy a tener que ejercitar mi tolerancia. Creo que hasta me voy a convertir en tu mejor amiga... Para empezar te voy a convidar de mi rica pizza.


Sobre la carretera, el cielo se ha ennegrecido y amenaza con tormenta, mientras el autobús está por llegar a otra escala: una pequeña ranchería de la cual ya asoman sus somnolientas lucecitas a la distancia. Magalí relee la presentación que escribió en la página de los cuentos:

Buenos días. Yo soy Magalí Martí. (Mi nombre lleva acentos en las "ies" y así se debe decir, sólo que al darme de alta en está página, no me aceptaba ponerlos… bla, bla, bla…
Mi vida ha sido difícil. Si alguien quiere conocerla, (ya que da para toda una novela) pues podría entrar en este laberinto de letras. Ahora, lo que más me preocupa es recibir el perdón y la comprensión de mi hija única: Irasema.

Tengo una muy buena cantidad de años sin verla y ahora mismo acudo a encontrarme con ella, no sé si seré capaz de reconocerla cuando la vea. Sólo nos hemos escrito un par de veces últimamente. Pero tengo miedo, porque no iré a verla sola... voy llevando mi pasado, mi días de horror... mi conciencia dolorosa, también mi vergüenza. Y mi crimen… Bla, bla bla…
He dejado el negocio (no muy lícito) que heredé de mi finado esposo, el cual me proveyó de una nada detestable fortuna que quiero compartir con mi hija, (si es que ella me perdona).
Tengo 56 años y quiero corregir todo lo corregible para vivir en paz... tal vez te cuente... más adelante... cómo y por qué murió mi despreciable esposo.


Después revisa en la página de los cuentos su libro de visitas –un espacio en donde los participantes se escriben mensajes- y gratamente encuentra su primer recado. Ve que se trata de Peinpot y lee:

¿Y cuándo sube un cuento de su enmarañada vida????

Sonríe. ¿Un cuento? ¡Precisamente eso es lo que está haciendo! Vuelve a Word para seguir revisando el texto. Lo ha titulado Pobres Beatles. Ahora, la idea de escribir los momentos más escabrosos de su vida se le ha hecho inmensa… tarea descomunal, no por el hecho del trabajo que representa, sino porque en cada escrito, plasma su dolor, pincelea sus viejos tormentos con palabras que llevan heridas vivientes. Heridas que laten aún en lo más recóndito de su ser, como fetos en desarrollo y en espera de su maduración para ser presentados al mundo. Sin embargo, no puede retroceder.

- Peinpot ya quiere un cuento.

Magali contesta:

HOLA QUE TAL AMIGO! Muy pronto... Ya tengo listo mi primer cuento, sólo lo estoy puliendo. Espero que lo leas. Quizá esta misma noche. Saludos y gracias por tu interés.

Pobres Beatles. El relato inicial.

- Cuando Irasema lea esto, sabrá cómo la traté de proteger desde el principio.


Frente a los ojos de Irasema, el reloj alerta con insistencia la puntualidad del tiempo. Ella se incorpora con desasosiego, lúcida, lanza lejos la embriaguez de esa pasión que la mantuvo fuera de sí los últimos instantes.

- ¿Qué te pasa Irasema?
- Discúlpame Marcela… No puedo seguir con esto ahora.
- Pero si la estamos pasando de maravilla.
- Ya sé… Pero llegaste en un mal momento y… me dejé llevar. Tienes algo… muy especial. Me caes bien, eres linda, no me malinterpretes, pero estoy esperando a mi madre, puede llegar de un instante a otro. Quizá, en otra ocasión, ya sin presiones…

Marcela se incorpora de prisa y comieza a vestirse. Su rostro se endurece. Ya no levanta la mirada.

- Entiendo, no hay problema. Perdón por ser inoportuna. No volverá a suceder, nunca más.
- Marcela... espera... no quise...

Irasema no logra terminar la frase. Marcela ya había salido.


Los cielos comienzan a enmendar la atomósfera, purificando la carretera con su furioso chubasco desde que el autobús a Chihuahua arribó a su última escala. Los pasajeros esperan en una pequeña sala, improvisada con sillas viejas de madera. Magalí, desde el interior de la garita, da un trago a su botella de agua purificada mientras contempla la lluvia.

Agua… agua, cántaros de agua, aguacero, ¿castigo o bendición? Agua que se mezcla en la bañera con el sudor de la angustia, de la desesperación. Agua pura, sudor impuro, lágrimas de contrición.

Cada gota de lluvia es un contenedor de esas escenas, lleva implícito en sus destellos el fracaso, la impotencia que ocasiona hacer algo perverso sin querer hacerlo.

Una mujer regordeta de aspecto amistoso que se aproxima, la extrae de sus pensamientos con sacudidas de manos.

- ¡Hola! Discúlpeme si parezco atrevida, pero no he podido evitarlo. Ha llamado usted mucho mi atención, pues no ha dejado su laptop y después de un rato la he reconocido: ¡Magalí Martí! ¡Qué gusto encontrármela tan alejada de lo civilizado, tan cerca de las rústicas montañas que casi mueren asfixiadas por la flora que se aglomera sobre ellas. Es un honor tan grande para mí tener enfrente esas manos que producen metáforas… Es increíble…

Y bla, bla, bla.. Magalí sonríe contrariada. ¿Qué intentaba hacer esa mujer? ¿Asfixiarla? El operador del autobús anuncia a los pasajeros la imposibilidad de continuar el viaje. La carretera se ha vuelto intransitable.

- Su atención si son tan amables. Acabo de recibir un informe. El vado que se encuentra a kilómetro y medio de aquí se ha inundado temporalmente. Veremos la posibilidad de transitar por una carretera alterna, más alta pero más larga. Disculpen la demora y gracias por su comprensión.

Han pasado veinte minutos desde que comenzó a llover. Los veinte minutos más acuosos y mejor aprovechados, piensa la poetisa, ya que durante ese tiempo pudo corregir su cuento Pobres Beatles.La sonoridad de los truenos y el caer de la lluvia siempre resulta escalofriante para algunas personas. La mujer regordeta comienza a inquietarse.

- La carretera larga, la más alta… ¡Que horrible!

- Pero porqué se asusta- pregunta Magalí con extrañeza, iluminada por los relámpagos.

- Porque esa carretera lleva al “Paseo de la Muerte”, una zona boscosa en donde el follaje de los árboles es tan denso que asfixia la luz y todo lo que la produzca. Ese “paseo” tiene vida propia… Ahí ha habido muchas muertes. Un sobrino mío, cuando viajó hacia Durango, llegó a ese lugar y pudo ver a los brujos que habitan los bosques y…

Y bla, bla, bla. Lo único que le faltaba a Magalí, la presencia de una gorda “asfixiante”, y lo único que le incomoda es el retraso, hace mucho que debió llegar a casa de Irasema. Mas por otro lado, aprovechará ese tiempo para continuar asimilando las posibles situaciones a las que se pudiera enfrentar.

- Discúlpeme Magalí, ni me he presentado… Mi nombre es Danira. Soy asidua lectora de sus libros. Ojalá y podamos continuar el viaje lo más pronto posible. No me gusta la idea de quedarme en medio del la montaña.

Afuera, ya han crecido los encharcamientos. Magalí no ve la hora de partir, ni de ver a su hija. Propuesta a conservar la calma en todo momento, sólo se dispone a vivir lo que el cielo le depare.

Con un andar femenino y cadencioso, Doroteo se aproxima a Martha. Exagerando el gesto que concentra en sus labios, le propicia un húmedo beso en la mejilla que hace hilos de saliva al separarse de su rostro.

- ¡Martha! ¡Qué onda manita!

En ella asoma una reacción de desagrado que de inmediato cambia en una amplia sonrisa hipócrita.

- Dorothy! ¡Qué gusto me da verte! Oyeeee, ¡vienes bien guaperrima!
- Gracias chula, quiero impactar. Que todo el mundo me vea y diga: “Ahí va la hermosa Dorothy”.
- Pues creo que te estás saliendo con la tuya. Mira cómo te miran los tipos de allá… ¿Aún trabajas en el consulado?
- ¡Uyyy! ¡Seguro preciosa! ¿Se te ofrece algo?
- Oh no, nada… Linda…

Martha hace un enorme esfuerzo por parecer amistosa, no le agrada que la gente la vea cerca de Doroteo, quien no conforme con ser un remedo de mujer, va mucho más allá y se transfigura en una caricatura, un chiste, toda una parodia femenina, pero lo necesita para su plan, así que deberá festejarle todos sus comentarios que le parecen por demás insoportables.

- ¿ya comiste? ¿Tienes hambre? Te invito pizza, ándale, es demasiada para mí.
- Mmmmm, ¡pizza! Traigo un hambre de perra en celo.
- Entonces tú no quieres comida, quieres otra cosa… ¡Pillina!
- ¡Ah! Me descubriste… Tengo ganas de salchicha, plátano, chile, camote y chorizo… mmm… delicioso- Doroteo mueve las manos y gira como una quinceañera cuando es presentada en sociedad, aprovechando que el resto de la gente lo observa, -Oye Martha, ¿y tú novio?

Algo que Martha ve como una ventaja es que Doroteo no sabe nada de su condición lésbica.

- ¡Ah si! Mi novio… salió fuera de la cuidad.

Martha ve que Doroteo es de esos estereotipos de personas que se manejan en el conciente colectivo en cuanto al personaje homosexual típico. Y ahora él con su voz y movimientos se propone a reforzarse dentro de ese patrón.

- Ayy Marthita… yo aún no consigo. Si sabes de algún muchachón bien guapo y músculoso no dudes en llamarme…
- Dorothy… ¿aún estás interesado… -Martha hace una pausa, aprieta los ojos al sentir que “metió la pata” y corrige- digo, interesada, sí, interesada en las clases de inglés?
- Ah claro que sí, darling, of course, úrgeme aprender.
- Tengo una amiga… es maestra de inglés y da clases particulares. Creo que con ella aprenderías tan rápido como una eyaculación.
- ¡Ahhh! Qué emoción. Eso me agrada, ¡Pues entonces vamos! ¿Cuándo? ¿Mañana? ¿Podría ser mañana?
- Así es. Mañana mismo vamos con mi amiga Irasema.


Sobre el bosque, la lluvia amaina un poco y ya permite ver el cielo, sin embargo, sobre la tierra, el agua señorea por todas partes improvisando lagos y riachuelos sobre la sinuosidad del camino.

Su atención por favor. A todos los pasajeros del autobús a Chihuahua, les suplicamos abordar la unidad. En este mismo momento continuamos el viaje. Se les recuerda que iremos por el camino largo.

Danira comienza a temblar como un flan.

- Doña Magalí, me estoy poniendo muy nerviosa. ¿Sería tan amable de ser mi compañera de asiento? El hombre que me acompañaba se quedó en este rancho y ahora viajo sola… Por favor diga que sí. El viaje será muy accidentado. Lo sé. Y tengo miedo.

- ¡Danira! No diga eso. No sea supersticiosa.
- ¿Me acompañará?

Magalí piensa un poco antes de contestar.

- Está bien. Sólo permítame hacer una tarea importante. Le suplico que no me interrumpa por algún tiempo.

Los pasajeros suben al autobús a toda prisa, tratando de evitar en lo posible, mojarse con la ligera llovizna que aún baja desde las nubes. La señora Martí se acomoda en el asiento junto a Danira. Abre su laptop, entra a la página de los cuentos y se dispone a subir el texto Pobres Beatles.Oprime agregar texto Abre word, copiar, pegar y enviar cuento.










Texto agregado el 15-04-2005, y leído por 257 visitantes. (15 votos)


Lectores Opinan
2006-12-28 13:54:55 PARECE GUIÒN TE TELENOVELA... Un abrazo de oso. goldberg
2006-08-06 07:08:08 :O Mmmm, lo leí, estuvo bueno. Ah que pobres Beatles... rodolfo_g c_pitti
2006-08-06 07:07:22 :O Mmmm, lo leí, estuvo bueno. Ah que pobres Beatles... rodolfo_g c_pitti
2006-06-23 05:46:53 Tu narrativa a madurado tremendamente, mas recursiva, te felicito ... jmaalb
2006-06-02 05:03:03 Excelente. Me deja sabor de ensalada, pero sabrosa. Te continuaré leyendo. Buena la descripción fóbica. zepol
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