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Inicio / Cuenteros Locales / Vaerjuma / (2)... El inmortal de la Cortada Larroque (a JEF)

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EL INMORTAL DE LA CORTADA LARROQUE

Los elementales borrachines del bar “Diez puntos” han hecho correr un rumor que sostiene que en el número de hojas de los jacarandaes de la plazoleta Hernandarias de Paraná están ocultos los números de la vida. Dicen que quien pueda contarlas a todas habrá encontrado la llave de la perennidad, y que el número de años a vivir será dos veces el número de las hojas contadas… También dicen, mientras apuran su Marcela o su cerveza y fuman despacio, que ellos no lo intentan porque aspiran a una inmortalidad en serio y no a unos añitos más de morondanga, aunque sean muchos.
Daniel Germán Bonifacini, ex arquero suplente por propia decisión de la reserva de Sportivo Urquiza y albañil a tantos, vivía en la Cortada Larroque, a pocos metros de la plazoleta. Se asegura que hace muchos años, tal vez más de ciento setenta, él contó todas las hojas.
Unos dicen que fue posible porque en esa época los árboles eran escasos todavía y además, por jóvenes, con muy pocas hojas. Los más escépticos dicen que eso es imposible ya que, al mismo tiempo de ser analfabeto, desde chico Bonifacini siempre estuvo un poco mal de la cabeza. Otros, en cambio, aseguran solemnemente que lo anterior es lo imposible, al menos de probar: nadie que viva lo conoció de chico.
Si uno mira desde la embocadura de la Cortada Larroque, que es perpendicular a calle España, la casa donde vivía Bonifacini está a la izquierda del pasaje. Es una casucha gris, tosca, derruida y mal entrazada que pareciera no haber conocido buenos tiempos jamás. Tiene un paraíso raquítico y seco al frente, tan mal plantado que estorba un poco la entrada a la puerta.
Hasta allí llegué una tarde de abril con la intención de averiguar cuánto había de verdad en las charlatanerías de los parroquianos del indecente bar. Golpeo las manos y la puerta se entreabre un poco, apenas lo suficiente:
-¿Quién es? –escucho decir.
-Soy Pablo Salomone. Usted no me conoce, pero me gustaría poder charlar un rato, si no es mucha molestia.
-¿Charlar sobre qué?...
-Sobre la leyenda de su inmortalidad.
La puerta se abre un poco más y se asoma la cabeza de un tipo que no representa más de treinta y cinco años, flaco, alto, de músculos fibrosos, con el pelo corto y prolijo y una frente generosa. Me sorprendo. Esperaba otra cosa... Me pide que entre.
El interior de la casucha es austero, pero decente y limpio. Me sorprendo otra vez… Me pide que me siente.
-Usted dirá –me dice y me alcanza un mate recién preparado, amargo.
-En realidad no sé por dónde empezar… Vengo porque andan diciendo por ahí que si uno cuenta las hojas de los jacarandaes…
-Sí, sí, ya sé –me interrumpe con alguna cordialidad, pero cortante, como quien ya ha escuchado eso muchas veces.
-Bueno, también andan diciendo que usted…
-También lo sé –me interrumpe otra vez.
-¿Y entonces?...
-¿Entonces qué?
-Eso. Usted dirá…
-Mire, Salomone, se dicen muchas cosas. Algunas son ciertas y otras no lo son tanto…
-Cuáles son unas y cuáles otras –lo interrumpo yo esta vez.
-Una: quiero aclarar que yo no fui arquero suplente de Sportivo por decisión propia. El técnico en realidad me tenía bronca porque una vez le cogí una novia que él supo tener en San Agustín. Y otra: cuando chico, fui a la escuela hasta 2º grado superior. Esa es la verdad…
-Está bien –le digo- pero ¿y lo otro?...
-Lo otro es verdad.
-¿…?
-Hace muchos años, ya ni me acuerdo cuántos, la plazoleta Hernandarias no se llamaba así. Era un potrero lamentable alejado del centro del pueblo, donde se ataban a los caballos de los deudos que venían a los entierros, y nada más. Algunas veces también lo agradecía la policía, que lo utilizaba para ahorcar a algún malandra, aprovechando que el cementerio estaba enfrente y que nadie miraba. Había dos o tres palenques, y un par de árboles recién plantados que ni daban una sombrita de porquería… Yo tenía la edad que represento ahora y había venido al entierro de un amigo que habían matado a puñaladas y a traición, por un asunto de mujeres. Como no quise entrar, y para matar el tiempo, me puse a contar las hojas de los arbolitos esos, los jacarandaes; así de paso practicaba, porque no era muy bueno para acordarme de los nombres de todos los números. Cuando terminé de contarlas todas, siento que me tocan el hombro desde atrás, me doy vuelta y me encuentro con el diablo…
-¿Con el diablo?...
-Sí, con el diablo; el mismísimo Odioso.
-¿Y cómo supo que era el diablo?
-Lo supe, nomás.
-¿Y entonces?...
-Sigo… El diablo me habla y me dice todo eso que usted ya sabe… La verdad, no le creí mucho en ese momento pero, ya lo ve con sus propios ojos, aquí estoy todavía, durando.
-¿Tiene pruebas de lo que me cuenta?...
El hombre se levanta, va hasta un aparador destartalado, abre un cajón y saca una pretérita Libreta de Enrolamiento. Me la muestra sin decir nada. Para mí es suficiente.
-¿Cuántas hojas eran, Bonifacini?...
-No me acuerdo. Eran bastantes, demasiadas, me parece. Ya estoy un poco cansado…
Conversamos un rato más, no mucho. Me reservo el derecho de guardar esa intimidad. Después agradecí los mates y la charla y me fui a mi casa. Pasé antes por el “Diez puntos” y me tomé un Gancia con fernet. Anochecía y el tiempo amagaba con llover de un momento a otro, así que cuando salí apuré el paso.
Dos días después supe que Bonifacini había muerto.
Cruzando el Puente Blanco de calle Ameghino parece que pisó un sorete fresco de perro, resbaló, cayó para atrás y se desnucó contra la baranda.
La perennidad no es la inmortalidad; tienen razón los tipos esos del bar. Uno puede durar mucho, pero la fatalidad acecha siempre. Un sorete de perro puede ser mucho más terrible de lo que parece.
A veces, cuando voy a la plazoleta, veo a alguno que otro tipo subido a horcajadas de las ramas más altas, contando pacientemente las hojas de los jacarandaes.
Ni me molesto en contarle… ¿Para qué?

Texto agregado el 17-04-2005, y leído por 431 visitantes. (20 votos)


Lectores Opinan
2007-04-05 04:21:41 Mágico! gringuis_
2006-04-11 03:58:32 Es muy bueno de verdad! Tu estilo es muy ameno, de lectura obligadamente voraz. Felicitaciones! y sigo...***** elnegropablo
2005-08-03 11:15:53 me hubiera gustado ser el personaje que pega las hojas en los arboles elhombreazu lon
2005-06-15 20:56:34 La perennidad no es la inmortalidad... qué bien. Tiene de esa magia que falta en estos días. Me ha gustado mucho mucho y voy por el siguiente :) ***** Aniuxa
2005-05-23 16:19:27 Pasé un rato agradable leyendo su cuento. Como siempre que leo alguno de sus textos. Saludos y estrellas. Calamitatum
2005-05-19 20:21:44 Lo que más me gustó del cuento fue la sorpresa de morir a consecuencia de un resbalón por un mojito de perro, ya veía yo a Daniel Germán instalado en la inmortalidad. De nueva cuenta tu estilo narrativo cautivó mi mirada y absorto quedé de principio a fin. Pablo Salomone empieza a consagrarse en la inmortalidad de las letras. Felicidades. Estrellaaaaaasssss. tobegio
2005-05-18 22:40:03 Habría que probar un té de hojas de jacarandae a ver que resulta, jajaja. Excelente cuento. mis 5* Peter_6
2005-05-15 15:33:42 Se puede ser un gran intuitivo de las letras, un erudito, un imaginativo, un inventor, pero un tipo que sepa relatar, que sepa contar de la manera en que lo haces vos, eso si que es difícil de lograr. Además de tener “el don” del cuentero, compendias todos los otros atributos muy sabiamente. Es un placer leer lo que escribís, por que uno se convierte en habitante de tu pueblo y recorre junto a vos cada uno de sus rincones, con el agradable misterio con el que impregnás cada una de las historias. Notable. juanromero
2005-05-14 14:33:49 Un gran relato, como siempre resultan ser los que tú escribes; me fascinó desde el principio al fin. Un saludo y*S josef
2005-05-13 21:02:24 Hay cosas que son inmortales... tu imaginación es una de ellas y esto hace que cada vez que leo otra vez el cuento encuentre un sin fin de sensaciones. Lo de sportivo es lo más... ***** caio
2005-05-12 15:40:33 sí, es verdad.... ¿para qué? ***** cantopea
2005-05-12 01:26:56 qué decir amigo???????? solo chapó!!! ondina
2005-04-29 10:27:08 Sólo me queda decir que disfruté mucho de esta lectura. Me saco el sombrero, señor. orlandoteran< /a>
2005-04-27 19:37:12 Lo unico que lamento es que un día voy a abrir el sitio y no va a haber nada nuevo escrito por Varejuma. Mis estrellas y abrazos. juantero
2005-04-21 10:53:49 Pucha, ch ´amigo qu escribís bien. Fantásticas leyendas de la América Profunda; pues hay otra, la tilinga, que ni se asoma en el bar "Diez Puntos"...¡nuestro bar! el de los borrachines donde charlamos del mundo de la vida e inventamos leyendas serias. Mira, ch á migo, ya me hiciste emocionar con nuestras cosas y me metiste dentro del texto. Ya no salgo de él, ni aunque me quieran echar. Mientras tomo grapa con miel canto las cinco estrellas y despues me voy silbando bajito, pa el barrio San Agustín. Máximo islero
2005-04-20 22:45:02 Creo que inventaste la perennidad (para la calentura de Gilgamesh), y que pisar mierda no es buena suerte (a pesar de lo que diga Serrat)..., ya te veo como un "Angel Gris" de la capital entrerriana... Mucha calidad hermano, me gusta... Un abrazo desde la morada del viento. CalideJaco bacci
2005-04-19 17:05:07 1, 2, 3, 4 y 5 estrellas para vos. ¿Continuará?. Espero que así sea. ABLaiaLBA
2005-04-19 10:44:12 Como siempre, vaer, de lo mejor. Igualmente la perennidad es una buena idea hasta tan interesante como la inmortalidad.Felicitaciones, besos neftali
2005-04-18 21:38:42 Creo que ya tenes dos excelentes capitulos para un libro de cuentos "conceptual" (según el termino discográfico) Me quedo interesadisimo esperando la saga. Mientras tanto mis estrellas para esta segunda entrega. ***** Malomo
2005-04-18 19:17:01 En mi país pisar la caca de perro trae buena suerte, es la creencia. Amigo, vos pareces el inmortal, creces en lo físico y en la ecritura, pero tu alma refleja el paso de un tiempo que no existe. Cuento como dicen ustedes MACANUDO .Por favor corrigeme si utilicé mal la palabra. En mi caso solo puedo decirte que el cuento es genial. Un abrazo. caselo
2005-04-18 18:13:49 Ya te dije: mucho del mejor Dolina hay en esto. Y eso, por si falta aclararlo, es uno de los mejores elogios. Que el gancia con fernet te sigan inspirando estos cuentos! victorio
2005-04-17 17:48:08 ¡Qué lo parió vaer! Enorgullecido de recibir tu dedicatoria, primo. Me pareció un cuento significtivo en lo que —adivino— será una saga que dará mucho que hablar. Por supuesto, con la calidad de un escritor inteligente, divertido y claro. Mis cinco estrllas y un abrazo. Eduardo. JEF
2005-04-17 17:13:05 ¿Qué decir? no se me ocurre nada muy inteligente, sólo que eso de la mierda blanda de perro ¡lo encontré genial! una muy buena manera de graficar las vueltas insospechadas que tiene la vida. Peligrosa esa plaza, pero muy atractiva. Me gustó, felicitaciones. maitencillo
2005-04-17 17:10:29 PD: Con detalles deliciosos como lo de ser arquero suplente. moniquita
2005-04-17 17:09:20 Qué ganas de conocer ese pueblo donde en las plazas hay peligrosos laberintos y los jacarandaes prolongan la vida pero no nos salvan de las adversidades. maravilloso ***** moniquita
2005-04-17 14:21:02 Excelente. Los parroquianos (borrachines) del bar "Diez puntos" ya me están resultando familiares.Felicitaciones y van mis 5* jorval
2005-04-17 10:38:14 Jjjjj...buenísimo amigo. Desde el principio al fin, atrapa. El cuento genialmente planteado, el estilo "vaerjumiano" cien por cien, el final sorprendente. Esa plaza, ese bar, esos árboles y sobre todo, esa imaginación tuya, no dejan de sorprenderme. Cinco besos, cinco abrazos y cinco estrellas. Eulba
 
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