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Inicio / Cuenteros Locales / Yolanda - Terrapromesa (terrapromesa) - [U:terrapromesa]

Escribo desde que era una niña. Escribir es para mi como el aire que respiro, vital.



La llave de mi casa:

www.yolandagutierrez.es

Mi blog: Miratges

http://terrapromesa.blogspot.com/


Mi dirección de correo electrónico:

yolanda@yolandagutierrez.es



Si hay un culpable de que yo siga aquí, es sin duda mi amigo y maestro, el señor Carlos Pérez Datti.

"Carlos, gracias por existir. Gracias por tu cobijo y por tus enseñanzas. No sé si soy buena alumna, tú sin embargo, sí el mejor de los maestros. T'estimo molt".



Estos son algunos de mis poemas incluidos en el poemario "Terrapromesa":




http://bohodon.net/publicaciones/Terrapromesa.html



...Y AHORA COMPRENDO



... y ahora comprendo dónde estuve antes,
habitando un cuerpo que quería morir.
En las entrañas de su baldía existencia
hallé poesía
y extraje de su interior
a la mujer que dormía en mi.
Hoy sé que vivo porque quise ser poeta...



©Yolanda Gutiérrez Martos 2008
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BESOS


A Toni, desde la Luna.

Feliz Cumpleaños, en nombre de todos tus amigos. No sabes bien cuánto te queremos.

"Hoy es un gran día. Disfrútalo"




Haces y destellos
entre nubes.
Finos hilos de luz,
en tu mar azul
buscan la calma y algún silencio.

Navegar en tus días serenos.

Dime
a qué saben tus mañanas
cuando no te observo,
cuando no brillan mis horas negras.

Dime,
qué sueñas, qué deliras,
qué amas, qué anhelas.

Pide un deseo.
El más grande.
Lánzalo al cielo,
y cuando estalle entre las estrellas,
verás llover sobre tus párpados…
BESOS.



(11/11/2008)


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Algunos de mis cuentos:




Hace algún tiempo me contaron este pequeño cuento que yo hoy os narro aquí. Espero que os guste.


EL ECO



Una vez un padre decidió llevarse de excursión a su pequeño hijo de siete años. Organizó la excursión hasta unas grandes cuevas emplazadas en una montaña que había cerca de su casa. Estaban entusiamados, porque ambos disfrutaban de la compañía del otro. Una vez en la montaña, se adentraron en los enormes huecos de una belleza natural exquisita. Era espectacular ver la sonrisa de satisfacción del niño, y a su vez la del padre ante semejante deleite visual. Un manantial. Rocas y agua, rodeándoles. Pronto el niño se dió cuenta del extraño fenómeno que producía su voz dentro de la cueva. El eco.

Con verdadera curiosidad y emoción, al mismo tiempo, y como lanzándolas al viento, comenzó a decir algunas palabras que se repetían así mismas como si fuera magia; "Tontooooooo... tontooooo,tontooo, tonto", "Feooooo... feooo, feoo, feo", "Malooooo... malooo, maloo, malo". Era fascinante. Verdaderamente le parecia magia, y entonces le preguntó a su padre:

- Papá, ¿qué es eso?.

- El padre le respondió; Eso, se llama ECO. Mira, prúebalo otra vez como yo... "Guapooooo, guapooo, guapoo, guapo!!", "Hermosoooo, hermosooo, hermoso!!", "Listoooooo, listooo, listoo!!!". ¿Lo ves cariño? Así está mucho mejor, por que el ECO, es la VIDA que te responde como tú la llamas.


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LIBRES


Durante varios días la idea estuvo rondando por su cabeza. Sabía que tarde o temprano lo haría, sólo era cuestión de tomar la decisión. Ya ni siquiera se planteaba el hecho de que fuese una decisión acertada o no. Esperaría el momento más oportuno y lo haría. Para cuando él volviera ya sería demasiado tarde.

Esa noche no pudo dormir. Ni la siguiente. Ni la siguiente a esas. Sin darse cuenta había tomado la decisión días atrás. Y sabía que ese viaje no tendría retorno.

Se levantó temprano. Él acababa de marcharse a su trabajo. Tomó el teléfono con la intención de dejar avisado en su despacho que se tomaría el día libre, pero al marcar el número cambió de parecer y volvió a colgar el auricular con rapidez. Caviló durante unos instantes y de la cajetilla de cigarrillos que había sobre la mesa del salón, tomó el último. Lo encendió y lo fumó durante unos minutos como si lo degustase cual manjar exquisito. Luego se dirigió al dormitorio y se desvistió dejando caer al suelo la única prenda que se había puesto al levantarse, un kimono japonés de suave y casi transparente seda blanca que Raúl y ella habían comprado en Tokio la última vez. Buscó unos vaqueros en su armario. Ya no recordaba la última ocasión que se vistió con unos. Su atuendo habitual eran los trajes que usaba para ir trabajar. Siempre chaqueta y falda, pues sabía que en el despacho sus preciosas piernas daban siempre que hablar y a ella le divertía. Escogió una de las camisetas de tirantes que compró en New York hacía dos meses atrás. Terminó de vestirse. Tomo uno de sus bolsos. Un gran bolso de color granate e introdujo en él algunos efectos personales, su billetera, sus gafas de sol, su MP4, una barra hidratante de labios, un par de paquetes de pañuelos de papel y una fotografía de Raúl que guardaba en el cajón de su mesilla de noche. Antes de salir de la habitación se volvió para mirar por última vez su dormitorio y no pudo evitar fijar su mirada en el kimono de seda que seguía en el suelo de la habitación. Dudó. Los recuerdos la hicieron dudar durante unos instantes y entonces una frase acudió a su cabeza; “Ahora o nunca”. Y salió de la habitación. Atravesó el salón. El sonido de sus tacones resonaba con fuerza por toda la casa, como si pretendieran hacerla desistir de su decisión. Pero ya nada podría hacerla cambiar de opinión. Abrió la puerta de la entrada de la casa y se apresuró a salir. Una vez fuera, ya en el jardín, echó un último vistazo al lugar donde había vivido desde hacía cinco años con Raúl. Tomó aire, llenando sus pulmones de lo que ella sentía como un aire nuevo, un aire distinto. Como si lo tuviese a él delante y para poder escucharse a sí misma, en voz alta dijo; “es lo mejor para ambos y tú lo sabes. Te quiero y por eso me marcho”. Y emprendió su camino hacia su nueva vida. Su nuevo destino. Ahora ambos eran libres. Nunca más volverían a ser prisioneros el uno del otro.



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¿ESTAS CON ELLA?


Ana había preparado la cena. Hacía mucho rato. Lo estuvo esperando pero él no llegaba, así que decidió empezar a cenar sin él. Miró los platos colocados con esmero sobre el mantel granate, suspiró con resignación, tomó el cubierto y comenzó por la ensalada. Sabía que el pescado se había enfriado del todo y lo apartó de su vista con mal genio. Mientras cenaba a solas pensaba en lo que él estaría haciendo en ese momento y entonces tuvo la certeza de que hoy de nuevo estaría con ella. De repente, la asaltó una duda, pensó que tal vez podía haberle ocurrido algo al salir de su oficina en lugar de estar con ella y empezó a ponerse nerviosa. Quería llamarlo, necesitaba llamarlo y confirmar una cosa u otra, pero también sabía que si lo hacía a él le molestaría. No obstante decidió llamarlo a la oficina. El teléfono hizo varios tonos de llamada, parecía que no hubiese nadie pero al final fue descolgado.

-- ¿Diga? - Preguntó una voz de hombre.
-- Cariño, soy yo. Te estaba esperando para cenar. Hoy se te está haciendo más tarde que de costumbre. ¿Estás con ella, verdad?
-- Ya sabes que sí, y estoy muy ocupado. Te he dicho muchas veces que no me llames mientras lo estoy haciendo porque me desconcentras.
-- Ya lo sé, pero es que estaba preocupada. ¿Tardarás mucho aún?
-- Sí, todavía bastante rato. Estoy en plena faena.
-- Entonces me voy a la cama. No te espero despierta. Te he dejado la cena sobre la mesa. Caliéntala en el microondas cuando llegues. No quiero que te la tomes fría.
-- No te preocupes, lo haré. Vete a dormir que ya es muy tarde. Mañana hablamos. Un beso, mi amor.
-- Un beso, cariño.

Ya más tranquila después de escuchar su voz, Ana deja el teléfono sobre la mesilla auxiliar del salón y exclama mal humorada, "¡maldita contabilidad, siempre lo mismo!.



Nota importante: A veces, no todo es lo que parece.


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LA ULTIMA GENERACION


Ya no le temo a nada. Ni siquiera a la certeza de saber que pertenezco a la última generación. Perdí muchas cosas en el camino y lo que obtuve apenas me reconfortó. El tiempo siempre fue mi gran enemigo. Él y yo no tuvimos buena relación, tal vez por eso, y para contradecirle, nunca puse en mi muñeca un reloj. El mundo viajaba demasiado deprisa alrededor de sí mismo.

Hoy, sentada aquí, en esta roca, contemplando el mar, dejo mis sentidos abiertos de par en par, a su libre albedrío. Un fluir de sensaciones me atraviesa casi sin piedad, provocando que mis ojos derramen un pequeño río de lágrimas que precipitadamente, como si llegaran tarde a algún lugar, caen en vertiginoso descenso al agua salada e impaciente, bajo mis pies. Y ahora, sólo ahora, es cuando puedo comprender lo mucho que he perdido.

No he contemplado amaneceres nuevos desde esta misma roca, jamás. No he escuchado con atención, sin prisas, el murmullo de las olas llegando hasta esta playa. No he observado el delicado y majestuoso vuelo de las gaviotas gozando de su libertad. Nunca encontré el momento para ser amada en una noche de luna llena sobre esta arena… Esta arena. Mirando el paisaje, me doy cuenta de porque en la arena de la playa, nada germina, nada crece. Y es que debe ser muy triste, saber que eres el lugar donde mueren las olas.

Hoy sentada aquí, sobre esta roca, cuando los demás han emprendido su gran éxodo, yo me niego, me niego a desaparecer sin decirle a gritos a este planeta que lo entiendo. Entiendo por que, ya sólo nos quedan unas horas. Luego todo desaparecerá. Nada ni nadie quedará. Será como si nunca hubiésemos existido.

Por eso yo, hoy, en el último día de todos los que ha habido, quiero pedirle a mi madre tierra, PERDÓN.


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DOMINGO TRISTE


Intentaba escribir unos versos, y no he podido. Me he levantado de la silla del estudio -impulsada por la melancolía- a mirar por la ventana. A menudo lo hago. Me gusta contemplar el mar frente a mí, tan majestuoso, tan inmenso y eterno. A veces, respiro profundamente, y siento, como una bocanada de aire fresco impregnado de su aroma, me renueva. Es la magia de la vida.

Hoy, ese mismo mar que siempre me colma de dicha, sólo me evoca nostalgia. Lo miro, y la distancia hasta el horizonte me parece infinita. Me cuesta creer que después de varios horizontes haya algo más. Y entonces, no puedo remediar pensar, que en este mismo instante, una parte de mí viaja en un avión rumbo hacia el que ahora es su hogar. De repente el vacío me abarca por completo.

Estoy experimentando ese estúpido sentimiento de confusión que produce la dislexia y que me da la oportunidad, por unos instantes, de visualizarme desde fuera de mi cuerpo, desde otra perspectiva, a unos treinta centímetros por encima de mi cabeza. Me veo todavía inmóvil, en pie, junto a la ventana. Y entonces, a una velocidad vertiginosa, acuden a mi cabeza cientos de recuerdos. En unos pocos segundos selecciono unos cuantos, y los amplio en perfectas y nítidas imágenes. La veo a ella, tan pequeña, tan risueña y coqueta. Sus ojos negros, tan redondos y grandes, me sonríen mientras termino de vestirla. Le pongo los calcetines y luego los pequeños zapatos. Con su diminuta mano se retira el pelo de su carita y me pide que no se lo recoja, quiere llevarlo suelto. Yo sonrío. Me hace gracia ver como juega a ser más grande.

Luego otro recuerdo -ahora más cercano a este tiempo- se cuela de repente entre los otros como una bofetada.

Ya no es una niña. Ha crecido. La veo llorar por el propio dolor de una clavícula rota, un traumatismo craneoencefálico, unas contusiones, unas quemaduras producidas por el roce del cinturón de seguridad, en el accidente. Pero sé con absoluta certeza, que el dolor que más le duele es percibir la decepción de alguien.

No me gusta que ese recuerdo haya acudido a mi cabeza. No me gusta. El rechazo hacia él me devuelve de nuevo a la perspectiva desde mi interior. Esta vez he conseguido apagar con rapidez el interruptor de la confusión, aunque sé que en cualquier momento puede volver a encenderse.

Me retiro de la ventana y me dirijo de nuevo al estudio. En ese corto trayecto, una frase se me escapa en voz alta:

“Mi niña… siempre mi niña”.


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UNA HISTORIA MÁS...


Hoy le he dicho a Tomás que se marchara de casa. Llevábamos dieciocho años juntos. Nuestro matrimonio no ha sido un camino de rosas. La convivencia fue dura, difícil desde el principio. Pero siempre quieres lograr que funcione, no darte por vencida. Intenté eludir cada discusión, cada pelea, aunque reconozco que nunca fue fácil. Intenté que en nuestro hogar reinase la paz. Sólo quise armonía, sobre todo por Sonia, mi hija. No me gustaban esas escenas delante de ella, no eran un buen ejemplo.

Tomás, es buena persona en el fondo, pero pierde los estribos con facilidad. A veces es como un niño asustado. Sé que me quiere, por eso tiene tantos celos, por eso es tan caprichoso, por eso me quiere siempre a su lado, junto a él. Y yo le he querido siempre tanto. Nunca he sido capaz de separarme de él ni un sólo instante, pero desde hace un tiempo todos los días nos peleamos. Ayer en plena discusión, me empujó contra la pared, yo perdí el equilibrio y caí al suelo. Sonia estaba delante y se asustó mucho. Se puso a llorar, y cuando Tomás ya se había marchado me pidió que lo dejase, que abandonase a su padre, porque esto era injusto, no era vida.

Hoy, después de pensarlo mucho y armarme de valor, le he dicho a Tomás que se marchara de casa. Él se ha enfadado mucho y me ha dicho que si quería abandonarlo, me fuese yo, pero sin mi hija, a ver cómo me las apañaba sola ahí fuera en el mundo, sin él. Y yo le he contestado que sobreviviré, pero que a mi hija me la llevo. Jamás la dejaría en sus manos.

Hoy, después de dieciocho años, le he dicho a Tomás que se marchara de casa. Él se ha enfurecido tanto, que me ha empujado, por última vez, desde lo alto de la escalera. Al verme abajo, en el suelo, apresuradamente se ha acercado a mí, y me ha dado el último golpe; una patada en el costado. Luego se ha marchado, por fin.

Sigo tendida en el suelo, sin poder moverme, esperando a que Sonia llegue a tiempo de avisar a una ambulancia. Cuando todo esto termine -si termina bien- ella y yo empezaremos una nueva vida, y tal vez con el tiempo logre olvidar para encontrar de nuevo el verdadero amor. Y esta vez, lo haré bien; me daré más valor a mi misma.

Hoy, le he dicho a Tomás, Adiós.


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Teléfono de ayuda para víctimas de malos tratos: 016


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CAOS (A todas aquellas personas con problemas de aprendizaje)


Fluyen
a borbotones
los recuerdos.
Descuartizados, pero vivos.
Fantasmas del pasado.

Abandonados
tras una puerta blindada
en un rincón oscuro de mi memoria.
Gritan, se lamentan, lloran
y luego callan.

Números, letras.

Operaciones matemáticas,
aritmética.
Permutaciones. Combinatoria.

Frases compuestas.
Verbos,
artículos determinantes, adjetivos,
sujetos elípticos que no comprendo.

Caos.

Infancia arrinconada.
Adolescencia inadvertida.

Miedo, fracaso.
Dudas.

Dislexia.

La incansable lucha.

Versos en cualquier lugar,
a todas horas.

Y pese a ella…

Poeta.



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Espero que este enlace sea de ayuda para quienes padezcan este tipo de problemas. Para más información, no duden en contactar conmigo. Intentaré ayudarles en todo lo que pueda.

http://www.cope.es/copealo.php5?nomAudio=progarchivo_12372344701797358715.mp3&titulo=14-3- 2009+Reportaje+%22Ser+dil%C3%A9xico%2C+ser+incompredido%22+%2B+Despedida


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Después de varios meses de ausencia en esta casa, durante los cuales, me he dedicado a impartir clases de creación literaria y poesía en un centro cultural de Barcelona, de nuevo estoy de vuelta. Habiendo dejado a la poesía a un lado, he vuelto a retomar mi trabajo y ya estoy ultimando mi segundo libro de poesía, que llevará por título, "Te regalo la mar".


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Gracias a todos los que me brindaron su cariño incondicional.




Bibliografía:


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