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Inicio / Cuenteros Locales / murov treluzán (vorum) - [U:vorum]


El Hombre Naturaleza



¿Qué serán de mis sueños,
de mis queridos cielos que desde entonces pensé y reí?






Santa y Sagrada


Ella estaba desnuda pero envuelta toda su imagen por otra; la belleza de su cuerpo reflejaba otra imagen terrible, un verdadero espanto, una verdad irresistible, una visión ineludible.
Él, pensaba desaparecer de su vida para salvar la suya protegiéndose de ese espanto que la rodeaba.
Sucedió un buen día que podando Ella las plantas de su jardín, notó la profunda inquietud de su compañero, entonces supo que lo inevitable había llegado a su hora, el alma de su pareja suplicaba piedad, rogaba ser liberada; así que, mientras Él leía en voz alta uno de sus poemas preferidos, ella tomó cuidadosamente un cuchillo con el que había escarbado en la tierra para meter allí las raíces de sus bellas flores. Él poema no pudo madurar su final, cuando ella una vez próxima a Él, ensartó en reiterados ataques, el cuchillo removiendo las heridas y posteriormente extrayéndolo enterró violentamente en esos posos sanguinolentos, sus plantas. Ella, tan hábil como veloz y Él aun no rematado, cuando hubo acabado de apuñalarlo unas veinte veces e insertado allí, en sus heridas cada planta, apenas terminada su espantosa labor, su amor suelta el aire ensangrentado de sus pulmones y cae como si fuera un árbol derribado por un tremendo rayo de luz. El amor no puede esperar ni desvanecerse.



En voz baja



Estuvo solo mucho tiempo, años sin nadie a su lado. Él era una persona de carácter sumamente enérgico y las personas no toleraban aunque quisieran, su conducta desbordante.
Para apalear su sensación de intensa soledad, comenzó a poner todo lo que sentía y hacía por escrito; el resto de su vida lo puso en palabras y siempre mantuvo, a pesar de su dolencia espiritual, la sonrisa cada vez que pensaba en aquello que no puede lograrse hiciera lo que hiciera. Él sonrió en esos momentos en los cuales regresaba a su concienzuda visión o pensamiento de lo intranscendental. Allí su desnudez hacía sentirse al extremo, tanto que ya no podía pensar en nada más. Pero como permanecía en ese estado, volvía a su natural desesperación donde la soledad lo esperaba implacablemente para escribir a su lado los oscuros sentimientos y de este modo, el único que tenía en las manos, que podía sobrevivir de sí mismo.
Casi se lo escuchaba pensar lleno de aflicción: - Soy la muerte latente de todos los significados, la suma total del miedo al borde del abismo donde la esperanza no se atreve siquiera aproximarse.
Él sabía que su pesar se lo había ganado por ser como es, por intentar poseer todo lo que cruzara por su cabeza, por engañar a las personas con apariencias de bondad. Y por querer tenerlo todo y controlar cada una de sus presuntas adquisiciones, incluyendo a las personas, consiguió perder todo cuanto tenía. Por querer brillar tanto, con su irrefrenable afán de encandilar a los demás, sólo logro oscurecerse. Fue entonces cuando alguien pudo escucharlo murmurar en soledad:

- Si definiera mi error, hablaría de las manchas que cuelgan de la realidad y suspendería decididamente y ahora mismo toda fuerza. Pero reitero incesantemente desde el principio mis pensamientos, y el error que produce indefinidamente el dolor, no abandona la causa que lo hace ser. – de pronto:
- ¡Su santidad!
- ¿Qué ocurre ahora?
- Los humanos están sintiéndose muy solos.
- No te preocupes; haré que se confundan un poco para que crean en su poder, como yo en el mío. Caminan los pasajeros de la Tierra en sus brazos, con la memoria armando sus verdades...

Las personas fueron convencidas engañosamente con simples pero sutiles accesos al conocimiento, sin siquiera sospechar que estaban siendo controlados. Los cambios masivos y repentinos generaban nuevos patrones de belleza, inauditos valores sociales; mientras Él se decía cínicamente y en voz baja:

- ¿Dónde estará el agotamiento, que nunca pudo salir de allí la belleza?



¡Por Dios!


La verdad, no sé qué puede sucederte mientras estés vivo, siempre estarás dependiendo de lo que tu naturaleza dictamine y ni tus palabras podrán describir detalladamente y de modo exacto tu estado en este mundo. Pero de todos modos las cosas funcionarán sea como sea, sin importar nada, sin que lo puedas impedir o acceder a ello prestándote gustoso al juego, pero si tienes la suerte de esto último, sintiéndote feliz, pleno, contento con tu vida, creerás estar elevándote ayudado del amor y tampoco así podrás decir o pensar algo verdadero. Puedo mencionar como ejemplo a aquel hombre que decidió, como acción evasiva, vivir en las profundidades de su mente y formarse un lugar imaginario con la descabellada intención de no salir de allí. Todos lo creyeron enfermo, un hueco humano que se había extraviado en algún lugar de su mente para no volver a saber nada del mundo exterior. Pero Él deseaba encontrarse con la posibilidad de saber más que nadie sobre la vida, de contemplarlo todo frente a frente, es decir, apoderarse de la Verdad. Sin embargo, el mundo cuando es comprendido deja de cumplir nuestros sueños para volvernos violentamente la mirada hacia nuestras necesidades más urgentes y, de cuando en cuando, mezquinamente permitirnos observar o echar un pequeño vistazo, un poco más allá, como una suerte de cruel señuelo que promete aliviar nuestras llagas. Hasta que un buen día:

- ¡Por Dios! ¡Qué pesado está esto! Ahora recuerdo.

Había, al fin, involuntariamente hecho contacto con aquello que buscaba. Algo extraño en Él había sucedido, algo que lo marcó y transformó para siempre; quizás la locura como alivio de tanta soledad. De todos modos, era lo único que podía sentir en ese momento y nada más legítimamente tangible donde sostenerse; solo contaba con esta visión y la forma de evadir la conciencia de lo inalcanzable.
A la madrugada del día siguiente, despierta, sin embargo, sus ojos nada veían, la oscuridad era absoluta, toca con las yemas de los dedos sus ojos y aterrado siente que estos ya no estaban y que en su lugar se hallaba una profunda y horrible oquedad. Recordó entonces cual era su condición en este mundo, formar su propia familia para obviar e integrarse; pero Él fue un soñador y pensador incansable, un hombre seducido y enamorado por sus propios escritos que cantaban en su mente extasiadas voces infernales. Ahora en lugar de sus ojos, en ese par de abismos estaban los recuerdos de todos sus escritos que pasaban fugaz como viendo correr el agua de un río furioso.
Sus sueños más anhelados, todas sus ilusiones regresaban a Él de modo insistente hasta casi enloquecerlo de amor y, por decirlo de algún modo, su memoria comenzó a dolerle mucho; forzándolo a recuperar la calma, concentró su mente en sí mismo, todos su pensamientos fueron simplificándose hasta volverse uno solo: sus escritos no mencionaban otra cosa sino aquellos cantos que las aves hacían en sus árboles, grandes árboles que luego fueron convertidos por algún desdichado capricho, en pálidos papeles, pero sin poder estos con su blancura silenciarlos, enmudecieron y las palabras en soledad fueron nuestras presencias.



Madre Tierra

Me había perdido fuera del alcance de mis afectos porque, despreocupado paseaba más allá de donde debía ir.
Intenté tranquilizarme y buscarlos entre la multitud vociferante, pero los energúmenos se empujaban unos a otros en vez de unir sus fuerzas y dar a su causa honor. Aquel no era mi problema, trataba de dar con mis conocidos ordenando pensamientos aquí y allá, pero preguntándome reiteradamente por qué razón todo aquello; solo logré enredarme en mudas respuestas de hombros encogidos y fruncidos ceños, nadie, en plena confusión, podía ser causa en vez de defenderla.
De pronto vi a una hermosa mujer, su rostro resplandecía, su esencia parecía gritar perdida entre el asfixiante gentío. Creí que el tiempo se había acoplado a su voz y juntos al estruendo imperante, con intención quizás de hacer unánime el esfuerzo y hacerse notar de forma singular gritó: ¡acá estoy!
Pero siempre desconfié de la efectividad de estos fenómenos masivos, porque también siempre supe que los contrarios saben cuales son nuestros sentimientos y por el contrario nuestros sentimientos no son los mismos.
De inmediato vi pasar a unos hombres riéndose, esto me dio terribles sospechas de lo que estaba ocurriendo, así que continué buscando armándome de coraje y fuerza como si absorbiera el múltiple amor de toda esa descontrolada gente.
Nacido de la oscuridad, en ese mismo instante, un fuerte viento golpeó mi rostro y comprendí en medio del desastre que lo que todos imaginaban lamentablemente se hizo realidad y todos quedamos enfrentados por alguien que no podemos siquiera mencionar. Deseando que todo terminara, sólo sin nadie que me apoyara, enfrenté esta creencia que no tardó en manifestarse violenta y desquiciada hasta contrariar su propio poder que acabó como desde siempre, en nada y faltando inexorablemente al honor de la multitud, algunos tuvieron que morir, otros ceder ante tamaño desafío para que todo regresase a la “normalidad” y los comunes sentimientos y pensamientos que nos definieron siempre.
Del erotismo de tanta sangre derramada en la mente multitudinaria, seducida y por eso perdida en el exquisito éxtasis, nació un misterio más como salido de la nada. Todos, excepto quien les habla, fueron tragados por la tierra después que un gran terremoto abrió sin piedad una enorme grieta justo debajo, la manifestación se hundió en la intimidad de la Madre. Aquellas personas estaban plenamente convencidas de sus gritos y qué significaban éstos frente al poder. Hoy los recuerdo corriendo, gritando, cantando y abismándose sin saberlo. ¡Si al menos hubiesen comprendido que tanto correr, gritar, saltar y cantar puede despertar el furor de la Tierra!
Los DESAPARECEDORES conocen este temible Poder aunque...



Radín

Si pudiera ver la música
y por ella dejarme llevar,
como un sutil movimiento de aire que atraviesa los caminos,
interceptando en la profundidad del horizonte sus misterios,
la porosidad de la tierra,
volando en cada partícula
y conmovido por tanta belleza
ser su música y luz simultáneos.
Mientras ella,
única en el paisaje,
pueda ver esto que escribo como algo irreal,
y yo poder realmente comprenderlo,
y ella comprender igual,
hasta que juntos seamos el viento,
el amor, sus tempestades y su indescriptible paz.



Mebhor Treluzán

Oculto a gusto en sus soberbios dominios, muy lejos de la presencia de todos, aislado gracias a su fama de todopoderoso; buscaba dónde ocultarse de sí mismo, porque sentía la necesidad de protegerse también de su poder. Pero por mucho que buscara la forma de hacerlo omnipresente, solitario y sin llegar a cumplir con su voluntad todopoderosa, quedaba inmóvil e indisolublemente atado a su poder como si este fuera en el fondo algo ingobernable, algo que se revelase contra Él de la manera más injusta e irresoluta posible. Las personas, por el contrario, disfrutaban a costa del poder de este pobre Ser cuya inocente gratitud prodigaba por doquier vida y libertad.


Nuestro amor extraterrestre

Hay civilizaciones en todo el universo que se dedican a investigarnos. Algunos dudan de nuestra existencia. Otros no se sorprenden con saber que somos la única civilización existente que no depende de otras para sobrevivir a las inclemencias del cosmos, las condiciones vitales y esenciales que comprende a todo ser nos son dadas desde el primer momento en que nacemos.
Sin embargo, presagian algunos de ellos, que en algún remoto tiempo, precisamente esta nuestra dudosa virtuosidad, provocará enemistad entre otras y nos creerán una amenaza, algo Divino que falsea sus conocimientos. Entonces, aparecerán de imprevisto en este mundo, mostrándose y haciéndonos ver que todos nuestros misterios están cautivos en la ignorancia. Comprenderemos qué poco somos y nos dará vergüenza existir. Nos ocultaremos en los huecos de nuestros espíritus como cobardes que no conocen lo desconocido, pero allí veremos por fin quiénes somos e inclinaremos el control de la realidad a nuestra suerte y noble causa. Triunfará nuevamente la inteligencia del caos y un inocente niño sentado sobre una piedra en medio de la confusión, se reirá de la imaginación de los sabios y crecerá tanto su contento que este pequeño y gran transgresor podrá recuperar la belleza del vivir, nosotros en cambio, aliviados por Él, nos jactaremos de esta gloria inmerecida y todo futuro volverá a pasar sin color ni brillo.



El último ser

Lo vi desarmado al escuchar la canción que ejecutó aquel prodigioso compositor, pero sus ojos parecían conservar el recuerdo ingrato que esa misma música en Él despertaba insistentemente; en la imagen de un papel en el cual, no se sabe quien pudo escribirlo, decía con letras garrapateadas como si quien lo escribiera estuviera gravemente turbado por algo: -“La muerte es la pureza del inicio”- alguien demasiado cerca del fin, pero no lo suficiente y tampoco plenamente convencido de lo escrito, es decir, entre el cielo y su agonía vivía una especie de ilusión aterradora que se hacía casi eterna al involucrarse sentimientos desenfrenados y creyéndolos real, su mente se abrió de tal modo que ya en ninguna otra cosa podía creer.
El vertiginoso dolor, el vacío y la impotencia, delinearon las dimensiones de su soledad en el propio milagro del sonido, ahora sentía su ser desnudo, sin cuerpo ni alma; al amparo de la demencia. Incontrolable y por ello, sin forma ni color, se aferró a esa visión mientras el mundo entero estaba destruyéndose poco a poco junto a todo lo demás.
Quizás, Dios quiso expresarse así con Él, para que valga la pena tanta oscuridad, para que valgan algo tantas bellezas vacías y esperanzas podridas, porque nos falta todo para llegar a ser nada.



Yo, la estatua

Poco faltó para caer en el error al cual sus sentimientos lo llevaban a la rastra, que comenzó Él a mentir y poner por escrito cuáles eran sus deseos, sus intenciones agresivas y los discos que deseaba escuchar, entre otras cosas. Pero el pedido no coincidía siquiera con la verdad que necesitaba para ser libre, sino, al contrario, para caer en el error del que quiso salir.
Los placeres, desde entonces, fueron su dolorosa prisión por creerlos tal.
En sus discos escuchó y pudo descubrir en la composición de esas letras la súplica del amor, cómo distorsionaba los sentidos y la razón sin perder la apariencia de ser racional y al mismo tiempo milagroso, como un mecanismo exacto para amar y ser amado virtualmente.

- Escribí con esas mismas palabras que la voz dulcemente cantaba, una carta para averiguar si mis palabras dejaban de mentir y si podían reconciliarse con la tierra; el caso es que por la noche tuve un sueño en el que vi un gran resplandor como si la vida terminara. Había en medio de una plaza donde yo estaba sentado, escribiendo y pensando estas cosas, sobre uno de sus bancos, una estatua. Las personas comenzaron a golpear la dura superficie de su rostro delicadamente esculpido, esto no detuvo la música patriótica que acabó junto con la tarde con igual calor que mi vergüenza ante semejantes escupitajos. Fue demasiado ridículo, tanto que sentí como si se precipitara sobre mi un universo de verdades, y me cuestioné mas de una vez si tenía mi alma derecho a existir.



¡Lo que uno hace...

En el vestuario del afamado teatro “La Política”, ocurrió un desorden en medio de sonoras carcajadas de ciertos personajes despreciables que actuaban como si sus puestos de trabajo representasen algo sagrado por la importancia que solo ellos les concedían. Hasta que un solitario espectador mostró sin tregua su oposición poniendo orden a aquel pérfido lugar sin más ayuda que su carácter y, además, todo lo que Él sabía ya sobre ellos.
Caminó en círculos mientras todos miraban asombrados y con su actuación colmada de dramatismo, los angustió quitándoles a cada uno de ellos las ganas de vivir, al menos por un breve pero glorioso momento. Luego sirviéndose de elocuentes sarcasmos, los obligó a escuchar sus propuestas aun más despreciables que todos los presentes. Estaba profundamente indignado por sufrir la injusticia que los espectadores sufrían día a día y de todos aquellos que pacientes tuvieron que tragar historias pésimas sin indagar o no haber sido escuchados en su indagación, y de cuantas generaciones tuvieron que expresar tremendas faltas, marchando con el paso firme para proteger la vida, la seguridad y la esperanza de vivir en paz.
El telón cayó en un abanico de árboles fuera de escena por causa del gran desorden. Pero muchos ya preveían este desastre y habían calculado como grandes estadistas que son, los números a favor y en contra de su bienestar, independientemente de las pérdidas públicas. También habían calculado dónde pasar sus vacaciones, cómo deberían ser sus viajes de placer. Pero algo hizo que eso fuera imposible de realizar, porque estaba todo tan desordenado que no tardaría en acabar allí mismo aquel disturbio derrumbándose bajo su propio peso. Y el tiempo dio su innegable testimonio, no tardó el público en hacerse sentir negando falsas historias que con incontables mentiras los hicieron errar el camino y trastornar los verdaderos conocimientos históricos. Pero los actores comenzaron a preguntarse:

- ¿Quién, después de lo sucedido, querría trabajar?
Y uno que estaba sentado próximo a ellos le contestó:
- De este barro del cielo, de este gigante olvido, creemos recuperar la inocencia, nosotros los sonámbulos mares de cosas.

Y como animándolos a retirarse pero esta vez enamorados de la verdad, prefirieron muchos abandonar el teatro y dedicarse a gastar sus mentiras escribiendo otras historias de ficción, no tan ingenuas como esta.



Los intangibles

Sí, soy una buena persona que va por la vida con un gesto dulce en el rostro y otro violento en mis puños por si no llegara a entenderme con los otros, ¿por qué?, porque todos ellos proceden igual que yo, con los mismos errores que yo cometo. Es la causa que nos hace sentir lo obsoleta que son nuestras relaciones y cuantas cosas hayamos escritos sobre ellas, sirvieron no para unir sino para dividirnos unos de otros.

Allí vi ese delicado y femenino espectro, era la soledad caminando a mi lado, junto a cada uno de mis latentes pasos. Ya no sentí desnudez pero sí desnudo al mundo que me rodeaba y deseaba comunicárselo a alguien sin entender que a los demás les pasaba lo mismo. Simplemente algo intangible, obsoleto como todas y cada una de las causas.










































Bibliografía:
ensayo (Ensayo, 837 palabras)
Mebhor Treluzán (Narración, 3473 palabras)
Reencarnado (Cuento, 639 palabras)
Desnudo (Cuento, 1262 palabras)
Música (Poesía, 149 palabras)
¡Elige! (Narración, 1091 palabras)
Historia (Cuento, 1690 palabras)


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