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| Lucresia,04.06.2008 | CUENTOS CLASICOS DE LA INDIA
Había un rey de corazón puro y muy interesado por la
búsqueda espiritual. A menudo se hacía visitar por yoguis y
maestros místicos que pudieran proporcionarle prescripciones y
métodos para su evolución interna. Le llegaron noticias de un
asceta muy sospechoso y entonces decidió hacerlo llamar para ponerlo
a prueba.
El asceta se presentó ante el monarca, y éste, sin demora,
le dijo:
- ¡O demuestras que eres un renunciante auténtico o te
haré ahorcar!
El asceta respondió:
- Majestad, os juro y aseguro que tengo visiones muy extrañas y
sobrenaturales. Veo un ave dorada en el cielo y demonios bajo la tierra.
!Ahora mismo los estoy viendo! ¡Sí, ahora mismo!
- ¿Cómo es posible -inquirió el rey- que a
través de estos espesos muros puedas ver lo que dices en el cielo y
bajo tierra?
Y el asceta repuso:
- Sólo se necesita miedo...
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Siddharta fue el hombre más despierto de su época. Nadie
como él comprendió el sufrimiento humano y desarrolló
la benevolencia y la compasión. Entre sus primos, se encontraba el
perverso Devadatta, siempre celoso del maestro y empeñado en
desacreditarlo e incluso dispuesto a matarlo.
Cierto día que Siddharta estaba paseando tranquilamente, Devadatta,
a su paso, le arrojó una pesada roca desde la cima de una colina,
con la intención de acabar con su vida. Sin embargo, la roca
sólo cayó al lado de Siddharta y Devadatta no pudo conseguir
su objetivo. El Siddharta se dio cuenta de lo sucedido permaneció
impasible, sin perder la sonrisa de los labios.
Días después, Siddharta se cruzó con su primo y lo
saludó afectuosamente.
Muy sorprendido, Devadatta preguntó:
- ¿No estás enfadado, señor?
- No, claro que no.
Sin salir de su asombro, inquirió:
-¿Por qué?
Y Siddharta respondió:
- Porque ni tú eres el mismo que arrojó la roca, ni yo
soy ya el que estaba allí cuando me fue arrojada.
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| Lucresia,04.06.2008 | MAÑANA TE LO DIRÉ
El rey era un hombre joven sinceramente preocupado por las cuestiones
metafísicas. Aspiraba a conquistar la liberación interior y
sabía que lograrla requería muchísima
motivación y un enorme esfuerzo. Comenzó a preguntarse si una
persona necesitaría más de una liberación y,
atormentado por esta cuestión, hizo llamar a su maestro.
- Venerable yogui. Hay una cuestión que me inquieta mucho. Incluso
me roba el sueño. Yo sé hasta qué punto hay que
esforzarse para hallar la Liberación pero me pregunto: ¿Basta
con que una persona se libere una vez o son necesarias más
liberaciones?
El yogui sólo repuso:
- Mañana, señor, te lo diré al amanecer.
El monarca ni siquiera pudo conciliar el sueño. Estaba ansioso por
recibir la respuesta. Los primeros rayos del sol iluminaron su reino. Se
incorporó y comenzó a ataviarse. Recordó que
tenía que estar presente en una ejecución que iba a llevarse
a cabo. Por haber violado y matado a varias mujeres, un hombre había
sido condenado a la horca. El juez había anunciado: “Este hombre
cruel y perverso debería ser ahorcado por cada uno de sus
crímenes”.
Cuando el rey salió de su cámara, el yogui le estaba
esperando.
- Estoy ansioso por conocer tu respuesta -dijo el rey nada más
verle.
- La conocerás, señor. Si me permites acompañarte a
contemplar la ejecución.
El monarca y el yogui asistieron a la ejecución. El asesino fue
ahorcado. Entonces el rey se volvió hacia el yogui y le
preguntó:
- ¿Cuándo responderás a mi pregunta?
- Ahora mismo, majestad -repuso el yogui-. Ese hombre que acaba de ser
ejecutado debería haber sido ahorcado, según el juez, una vez
por cada uno de sus crímenes. ¿Podéis acaso ahorcarlo
de nuevo?
- Claro que no -afirmó el monarca-. Un hombre ahorcado no puede ser
ahorcado de nuevo.
Y el yogui dijo:
- Y un hombre liberado, ¿puede liberarse de nuevo? | | |
| pantera1,02.06.2009 | ¿QUÉ TE HICISTE LUCRESIA?...
¡SON MUY INTERESANTES Y DIDACTICOS TUS RELATOS!!! | | |
| rhcastro,02.06.2009 | ESta era una vez una muchacha joven que vendìa memelitas en la
esquina con la treinta y seis sur, al poniente. Su anafre encendido antes
de salir el sol mientras amasaba el maiz para sus clientes, hacìan
de...
Oh! Perdòn lucre... Me equivoquè de india.
Yo siempre tan despistada. | | |
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