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Inicio / Lista de Foros / Literatura :: Cuentos Infantiles / "UNA "TALLA"EN MADERA - [F:11:1475]


antana,16.09.2004
“UNA “TALLA” EN MADERA”
cuento de Ma. Antonieta Campos

En la zona del aserradero, cerca de ahí, había una casita muy pintoresca y muy bien cuidada. En la parte del frente, tenía una cerca de madera rústica. Al llegar a la entrada, había tres escaloncitos, los cuales, hacían un rechinido al pisar en ellos. Eso sucede con la madera cuando se reseca. Esta, estaba pintada por fuera toda de blanco, y en la parte del techo era color marrón. Las ventanas estaban alegremente adornadas con macetas, y estas con flores de muchos colores. Por dentro se escuchaban los cánticos de pájaros que doña Aliska tenía por toda la casa. Don Tipinsky, llegó a ella cantando. Su esposa salió a recibirlo. Eran dos viejecitos, que a pesar de ser mayores, siempre estaban de muy buen humor. Se habían casado ya grandes, y solo tuvieron un hijo. El, (Tipinsky) cortaba leña y la vendía muy bien. Doña Aliska había preparado para comer, unas papas horneadas, sopa de hongos que ellos cultivaban y un rico pastel de moras silvestres. En la mesita de la sala, había una fotografía, en donde se veían ellos dos con su hijo Kalinsky, el cual salió un día a probar fortuna y nunca volvieron a saber de él. Ya habían pasado varios años de eso. Ellos sufrían calladamente de su abandono, aunque no lo demostraban para no hacerse sufrir uno al otro. Lo que no imaginaban, era que Kalinsky había sido capturado por una banda de mercaderes. Lo llevaron lejos de ahí en barco, a una isla lejana, en donde había una mina de donde extraían ricos minerales, los cuales vendían a precio de oro y como no pagaban el trabajo de los que los extraían pues se estaban haciendo ricos con ellos, pues explotaban a los jóvenes que raptaban y los hacían trabajar desde el amanecer hasta el anochecer. Don Tipinsky siempre había sido leñador, y cuando su hijo Kalinsky nació, “talló” un hermoso pajarito a mano, con un trozo de madera de un árbol milenario que tuvieron que tirar porque se había secado. Cuando iba camino a su trabajo, que era cortar leña, el pobre padre calladamente lloraba por su hijo. Desde que éste se fue no había vuelto al lado sur, a donde siempre se acompañaban uno al otro para ayudarse mutuamente en cortar la leña. Un día se armó de valor para volver allí. Los recuerdos le dolían. Iba caminando y preguntándose porqué los había abandonado, cuando golpeó algo con su pié. Era el pájaro tallado que el le había regalado a Kalinsky, y que se le había caído cuando los mercaderes lo capturaron para llevárselo. Lo levantó y lo apretó contra su pecho pensando en su hijo y dijo.- ¡Cómo quisiera que estuvieras vivo y me llevaras a él! -refiriéndose a su hijo- Fueron varios minutos que lo sostuvo apretado en sus manos, cuando sintió el calor y el movimiento de sus alas, queriendo volar... ¡Esta vivo! ¡Abrió las manos y éste voló! Voló en círculos y volvió para pararse en el mango de su hacha. Este volteó hacia él y empezó a volar, como indicándole que lo siguiera. Don Tipinsky lo siguió y llegaron a la orilla del río. Ahí estaba un barco, y en el llevaban mas muchachos amarrados y con la boca tapada con un pañuelo para que no pudieran gritar. Al buen hombre se le iluminó la cara. Era bien comprensible. El pajarito le estaba dando a entender como habían raptado a su hijo. Ahora debía de ser muy cauteloso para seguirlos y poder encontrarlo. Corrió para avisar a doña Aliska lo que iba a hacer, no sin antes llegar a casa de un vecino que también sufría la pérdida de dos de sus hijos. Pronto se corrió la voz entre los leñadores vecinos y en un santiamén estaban como quince de ellos armados de piedras, palos, cuerdas y hasta dinamita llevaban por si era necesaria. Esas eran sus armas además de sus puños. Sacarían todo su coraje para defender y liberar a sus hijos. Cuando llegaron, ya el barco había iba en camino. Rápidamente se subieron a las lanchas que tenían guardadas entre los matorrales. Silenciosamente los siguieron hasta llegar a la isla. Con señas se comunicaron que se detendrían algo retirado para no ser vistos. Se bajaron rápidamente y escondiéndose entre los matorrales, pudieron seguir a los hombres que a empellones y golpes llevaban a los jovencitos hasta el lugar en donde los mantenían encerrados. Era un galerón en el que estaban todos. Los hombres después de que los encerraron, se fueron a una cómoda casa que tenían para ellos. Esa si era confortable. No el lugar en donde tenían a los muchachos, pues dormían en el suelo, todos amontonados y lo hacían para no tener frío. Don Tipinsky le preguntó al animalito que si él podía indicarle el lugar en donde estaba Kalinsky. Éste se fue volando y se poso en una ventana. Don Tipinsky y los demás compañeros lo siguieron. Era una ventana alta y no alcanzaban, pero hicieron entre varios una escalera humana, por donde pudo subir y asomarse. En la ventana había un vidrio roto por el cual, se introdujo el pajarillo y empezó a volar entre los muchachos, que al momento que lo vieron saltaron de gusto, pues su aleteo y el canto que éste dejaba escuchar, les dio mucho regocijo. Cuando vio a Kalinsky se dirigió hacia él. En el momento en que se posó en sus manos, volvió a ser el pájaro tallado en madera. ¡Kalinsky pensó de inmediato en su padre! ¡Volteó hacia la ventana por la cual había entrado el animalito y ahí estaba él! ¡Qué alegría! Los muchachos se levantaron silenciosamente y escucharon lo que les dijo Tipinsky. Hagan una montaña humana y suban uno por uno. La ventana no tenía barrotes y al subir la pudieron abrir. Fueron subiendo uno a uno todos los muchachos. Mientras afuera uno de los papás había llegado y traía una soga y la dinamita. Para sacar a los últimos muchachos, usaron la soga. La dinamita la pusieron en la mina para cerrarla. Subieron a los muchachos -que eran como cuarenta- al mismo barco en el cual los habían llevado a la isla. Y cuando ya todos estaban en el barco, dos de ellos prendieron la mecha para que la dinamita explotara. Los secuestradores de niños quedaron en la isla sin barco ni lancha que los pudiera sacar de ella. Cuando llegaron al pueblo de leñadores, todas las familias que habían perdido a algún hijo, estaban a la espera de que llegaran para ver que noticias traerían sus esposos. ¡Cual va siendo su sorpresa al ver llegar las lanchas y el barco! Cuando los muchachos empezaron a bajar de él, todos se pusieron a llorar de alegría. Estaban tan sucios que tardaron un poco en reconocerlos. Cada familia se fue a su casa con el hijo que pensaban que los había abandonado, sin saber la dura realidad. Don Tipinsky y doña Aliska, estaban tan felices. Su hijo estaba de nuevo en casa. Volvió la felicidad a esa casa. Y ya estando juntos, hicieron una oración. “Padre Nuestro, que estás en los cielos, gracias por la bendición que nos envías día con día, y gracias por regresarnos a nuestro amado hijo, para colmar nuestra dicha... Amén”. Kalinsky no había soltado al animalito tallado por su padre. Todavía no comprendía como estuvo vivo y ahora era de nuevo un pedazo de madera. ¿Sería que se lo imaginaron y solamente fue un sueño? Pero lo que si sabían era que él fue el vehículo que encaminó a don Tipinsky para llegar a su hijo. ¡Son cosas inexplicables que a veces pasan!
FIN
 
panyptila,25.07.2007
Esta es la clase de cuentos que uno quiere leer en un día como hoy. Gracias por haberlo escrito, aunque tal vez nunca leas mis agradecimientos. Que te vaya bien, en la distancia...
 



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