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| antana,16.09.2004 | “UNA “TALLA” EN MADERA”
cuento de Ma. Antonieta Campos
En la zona del aserradero, cerca de ahí, había una casita
muy pintoresca y muy bien cuidada. En la parte del frente, tenía
una cerca de madera rústica. Al llegar a la entrada, había
tres escaloncitos, los cuales, hacían un rechinido al pisar en
ellos. Eso sucede con la madera cuando se reseca. Esta, estaba pintada por
fuera toda de blanco, y en la parte del techo era color marrón. Las
ventanas estaban alegremente adornadas con macetas, y estas con flores de
muchos colores. Por dentro se escuchaban los cánticos de
pájaros que doña Aliska tenía por toda la casa. Don
Tipinsky, llegó a ella cantando. Su esposa salió a recibirlo.
Eran dos viejecitos, que a pesar de ser mayores, siempre estaban de muy
buen humor. Se habían casado ya grandes, y solo tuvieron un hijo.
El, (Tipinsky) cortaba leña y la vendía muy bien. Doña
Aliska había preparado para comer, unas papas horneadas, sopa de
hongos que ellos cultivaban y un rico pastel de moras silvestres. En la
mesita de la sala, había una fotografía, en donde se
veían ellos dos con su hijo Kalinsky, el cual salió un
día a probar fortuna y nunca volvieron a saber de él. Ya
habían pasado varios años de eso. Ellos sufrían
calladamente de su abandono, aunque no lo demostraban para no hacerse
sufrir uno al otro. Lo que no imaginaban, era que Kalinsky había
sido capturado por una banda de mercaderes. Lo llevaron lejos de ahí
en barco, a una isla lejana, en donde había una mina de donde
extraían ricos minerales, los cuales vendían a precio de oro
y como no pagaban el trabajo de los que los extraían pues se estaban
haciendo ricos con ellos, pues explotaban a los jóvenes que
raptaban y los hacían trabajar desde el amanecer hasta el anochecer.
Don Tipinsky siempre había sido leñador, y cuando su hijo
Kalinsky nació, “talló” un hermoso pajarito a mano, con un
trozo de madera de un árbol milenario que tuvieron que tirar porque
se había secado. Cuando iba camino a su trabajo, que era cortar
leña, el pobre padre calladamente lloraba por su hijo. Desde que
éste se fue no había vuelto al lado sur, a donde siempre se
acompañaban uno al otro para ayudarse mutuamente en cortar la
leña. Un día se armó de valor para volver allí.
Los recuerdos le dolían. Iba caminando y preguntándose
porqué los había abandonado, cuando golpeó algo con su
pié. Era el pájaro tallado que el le había regalado a
Kalinsky, y que se le había caído cuando los mercaderes lo
capturaron para llevárselo. Lo levantó y lo apretó
contra su pecho pensando en su hijo y dijo.- ¡Cómo quisiera
que estuvieras vivo y me llevaras a él! -refiriéndose a su
hijo- Fueron varios minutos que lo sostuvo apretado en sus manos, cuando
sintió el calor y el movimiento de sus alas, queriendo volar...
¡Esta vivo! ¡Abrió las manos y éste voló!
Voló en círculos y volvió para pararse en el mango de
su hacha. Este volteó hacia él y empezó a volar, como
indicándole que lo siguiera. Don Tipinsky lo siguió y
llegaron a la orilla del río. Ahí estaba un barco, y en el
llevaban mas muchachos amarrados y con la boca tapada con un pañuelo
para que no pudieran gritar. Al buen hombre se le iluminó la cara.
Era bien comprensible. El pajarito le estaba dando a entender como
habían raptado a su hijo. Ahora debía de ser muy cauteloso
para seguirlos y poder encontrarlo. Corrió para avisar a
doña Aliska lo que iba a hacer, no sin antes llegar a casa de un
vecino que también sufría la pérdida de dos de sus
hijos. Pronto se corrió la voz entre los leñadores vecinos y
en un santiamén estaban como quince de ellos armados de piedras,
palos, cuerdas y hasta dinamita llevaban por si era necesaria. Esas eran
sus armas además de sus puños. Sacarían todo su coraje
para defender y liberar a sus hijos. Cuando llegaron, ya el barco
había iba en camino. Rápidamente se subieron a las lanchas
que tenían guardadas entre los matorrales. Silenciosamente los
siguieron hasta llegar a la isla. Con señas se comunicaron que se
detendrían algo retirado para no ser vistos. Se bajaron
rápidamente y escondiéndose entre los matorrales, pudieron
seguir a los hombres que a empellones y golpes llevaban a los jovencitos
hasta el lugar en donde los mantenían encerrados. Era un
galerón en el que estaban todos. Los hombres después de que
los encerraron, se fueron a una cómoda casa que tenían para
ellos. Esa si era confortable. No el lugar en donde tenían a los
muchachos, pues dormían en el suelo, todos amontonados y lo
hacían para no tener frío. Don Tipinsky le preguntó al
animalito que si él podía indicarle el lugar en donde estaba
Kalinsky. Éste se fue volando y se poso en una ventana. Don Tipinsky
y los demás compañeros lo siguieron. Era una ventana alta y
no alcanzaban, pero hicieron entre varios una escalera humana, por donde
pudo subir y asomarse. En la ventana había un vidrio roto por el
cual, se introdujo el pajarillo y empezó a volar entre los
muchachos, que al momento que lo vieron saltaron de gusto, pues su aleteo
y el canto que éste dejaba escuchar, les dio mucho regocijo. Cuando
vio a Kalinsky se dirigió hacia él. En el momento en que se
posó en sus manos, volvió a ser el pájaro tallado en
madera. ¡Kalinsky pensó de inmediato en su padre!
¡Volteó hacia la ventana por la cual había entrado el
animalito y ahí estaba él! ¡Qué alegría!
Los muchachos se levantaron silenciosamente y escucharon lo que les dijo
Tipinsky. Hagan una montaña humana y suban uno por uno. La ventana
no tenía barrotes y al subir la pudieron abrir. Fueron subiendo uno
a uno todos los muchachos. Mientras afuera uno de los papás
había llegado y traía una soga y la dinamita. Para sacar a
los últimos muchachos, usaron la soga. La dinamita la pusieron en la
mina para cerrarla. Subieron a los muchachos -que eran como cuarenta- al
mismo barco en el cual los habían llevado a la isla. Y cuando ya
todos estaban en el barco, dos de ellos prendieron la mecha para que la
dinamita explotara. Los secuestradores de niños quedaron en la isla
sin barco ni lancha que los pudiera sacar de ella. Cuando llegaron al
pueblo de leñadores, todas las familias que habían perdido a
algún hijo, estaban a la espera de que llegaran para ver que
noticias traerían sus esposos. ¡Cual va siendo su sorpresa al
ver llegar las lanchas y el barco! Cuando los muchachos empezaron a bajar
de él, todos se pusieron a llorar de alegría. Estaban tan
sucios que tardaron un poco en reconocerlos. Cada familia se fue a su casa
con el hijo que pensaban que los había abandonado, sin saber la
dura realidad. Don Tipinsky y doña Aliska, estaban tan felices. Su
hijo estaba de nuevo en casa. Volvió la felicidad a esa casa. Y ya
estando juntos, hicieron una oración. “Padre Nuestro, que
estás en los cielos, gracias por la bendición que nos
envías día con día, y gracias por regresarnos a
nuestro amado hijo, para colmar nuestra dicha... Amén”. Kalinsky no
había soltado al animalito tallado por su padre. Todavía no
comprendía como estuvo vivo y ahora era de nuevo un pedazo de
madera. ¿Sería que se lo imaginaron y solamente fue un
sueño? Pero lo que si sabían era que él fue el
vehículo que encaminó a don Tipinsky para llegar a su hijo.
¡Son cosas inexplicables que a veces pasan!
FIN
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| panyptila,25.07.2007 | Esta es la clase de cuentos que uno quiere leer en un día como hoy.
Gracias por haberlo escrito, aunque tal vez nunca leas mis agradecimientos.
Que te vaya bien, en la distancia... | | |
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