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Inicio / Lista de Foros / Literatura :: Cuentos Infantiles / Graciela Montes, imperdible paseo para niños - [F:11:4156]


gaviotapatagonica,12.10.2005
les dejo un link para q conozcan su obra. Sencillamente
fantástica...
 
gaviotapatagonica,12.10.2005
http://www.educared.org.ar/imaginaria/04/1/montes3.htm

 
gaviotapatagonica,12.10.2005
y aqui un fragmento de otro imperdible..

A la sombra de la Inmensa Cuchara (informe confidencial)

De cómo, por qué y cuándo llegamos a ser lo que
somos



Cualquiera que se haya atrevido a salir a la Intemperie, haya pasado un
día de campo en el valle de la Mesa Tendida o se haya detenido a
contemplar las Ruinas Inexplicables que se agolpan en el sector norte del
Mar de la Gota, se habrá preguntado, como me pregunté yo
tantas veces, de dónde venimos, cuándo y cómo llegamos
a ser lo que somos, o, en pocas palabras y para ir de una buena vez al
grano: cómo demonios habremos hecho para achicarnos tanto.

Pensemos en la Inmensa Cuchara, por ejemplo, nuestro monumento más
notorio. ¿No es francamente portentosa? Aún hoy, cubierta
como está de musgo mutante y oxidada en su mayor parte (debido al
poco cuidado que ponen nuestras autoridades en preservar el patrimonio
histórico de nuestro pueblo), sigue obligándonos, por el solo
efecto de su presencia sobrecogedora, a imaginar historias inquietantes.

Cuando niño, mi abuelo me solía llevar de visita al valle de
la Mesa Tendida en la fracción naranja crepuscular de la hora
incandescente. El paseo culminaba, invariablemente, en la Inmensa Cuchara,
allí donde comienza a vislumbrarse en el horizonte la inconfundible
y lejanísima Cordillera del Plato.

Disfrutábamos mucho del paisaje. Como todos saben, la luz se
refleja a esa hora en el cuenco todavía brillante de la Inmensa
Cuchara y los reflejos lo inducen a uno a soñar con gigantes.

Precisamente, ése era el tipo de historias que me contaba mi abuelo
mientras recorríamos paso a paso los ciento veintidós mil
micrómicros que hay desde una punta a la otra de la Inmensa Cuchara
y pasábamos una y otra vez por debajo del arco central, que ya en
ese entonces era una zona un tanto boscosa, aunque no se había
convertido aún en la selva impenetrable que es hoy en día.

Mi abuelo me ponía la mano en el hombro y me hablaba con voz
pausada de los Antepasados Gigantescos. Hombres en todo semejantes a
nosotros pero de estratura descomunal, capaces de tomar una Inmensa Cuchara
-cuyo peso, si no recuerdo mal lo que nos enseñaba el profesor
Párodos Antúnez en nuestra clase de Física
Arqueológica, de ninguna manera podía ser inferior a los
¡setecientos millones de kilkilitos!- y sostenerla en el aire sin el
menor esfuerzo, como quien sostiene una molécula mediana, o un
tamañómetro de bolsillo. ¡Más de una noche me la
pasé en blanco, sin poder pegar siquiera un ojo, de sólo
imaginar la inconmensurable boca que podría haber estado esperando a
esa cuchara al final de su viaje por el aire!

Pero no quiero aburrirlos con estos viejos fantasmas: son historias que
todos, quien más quien menos, hemos escuchado alguna vez y que han
matizado nuestra niñez tanto como los helados de vaca.

Y no es casual que mencione aquí a los helados de vaca, estimados
presentes. No es sólo porque los helados de vaca, junto con los
átomos confitados y el juego del centímetro peligroso, sean
un símbolo imborrable de nuestra infancia, sino, muy especialmente,
porque las vacas responsables de los helados que hemos saboreado con tanta
inocencia durante nuestros mejores años están ubicadas
precisamente en los orígenes de nuestra historia. Y lo más
lamentable es que es muy probable que también señalen su
final, un final al que -es mi deber alertarlos- nos estamos acercando
vertiginosamente.

Noto que algunos se revuelven inquietos en sus bancos y que han estallado
en la sala murmullos y movimientos desacostumbrados. Desde aquí
puedo ver que Germinasia Antúnez ha empalidecido y está al
borde del desmayo, y que a Floreal Antúnez le tiembla
desmesuradamente el bigote. Es lógica la angustia, estimados
presentes, pero no debe inducirnos a la locura. No hay tiempo de
enloquecer, señoras y señores: ¡las papas queman! Les
ruego, por lo tanto, que permanezcan todos sentados en sus lugares y que me
permitan concluir mi historia. Ya habrá tiempo luego para que
abramos el debate acerca de si es conveniente o no que sigamos deleitando a
nuestros hijos con unos helados que son decididamente sabrosos
-¿quién puede negarlo?- pero que tal vez estén
poniendo en peligro nuestro futuro.

De más está decir que los helados de vaca son un asunto que
nos concierne a todos. ¿Quién de los presentes podría
declararse libre de toda responsabilidad? ¿Quién no le ha
ofrecido alguna vez a un niño un dulce y jugoso helado de vaca?
¡Cuántas madres habrá, aquí presentes, que hayan
pasado tal vez toda la fracción amarilla de la hora doméstica
batiendo alegremente sus vacas y rallando concienzudamente los cuernos para
alegrar la merienda de sus hijos con un helado de vaca recién
cuajado!

¡Cuántos fabricantes de helados de vaca -bombones antuneces,
sucutruchos, casamatas, alpistados y otras variedades- estarán a
esta altura agarrándose la cabeza y temiendo que esta
revelación mía dé por tierra con todos sus negocios!

No ha sido mi intención arrojar un balde de pánico sobre una
población pacífica y trabajadora como la nuestra, ni es mi
intención hacerme famoso -puedo asegurarlo- o promocionar alguna
nueva marca de golosina. Es sólo que los muchos años de
exploración del pasado -el que más el que menos
conocerá, supongo, mi labor como historiador y arqueólogo
aficionado- me obligan a alertar a mis congéneres con respecto al
futuro -¡diminuto, créanme!- que nos espera.

Señoras y señores: hay una vaca en nuestro pasado, y
también la hay en nuestro futuro, y si no la tomamos de una vez por
todas por las astas y la obligamos a apartarse de nuestro camino, es muy
probable que nos saque a todos del ruedo.

 
mariaclaudina,26.10.2005
Mi hijo me habló de esta autora, que junto con Laura Devetach son
sus preferidas. Ahora leyendo ésto entiendo porque...
 
gaviotapatagonica,27.10.2005
viste...Laura Devetach tambien....muy buena lectura la de tu hijo
entonces..
 



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