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| victorhugo63,12.06.2006 | Para Diego y Virginia por haber escuchado mis cuentos cientos de noches
de invierno y verano, y han sido mi inspiración siempre, para
Alfonso que necesitaba un cuento para la escuela y atesoró este,
para todos los chiquitos de la familia que algún día lo
leerán, Mateo, que ya hoy pide que se los cuenten, Matías que
quizá todavía lo lea, Valentina, que todavía tengo la
esperanza de que por ser ahijada algún día deje de esquivarme
y escuche este relato, a Paulina que es una sobrina más y le va a
encantar, Para todos mis amigos de la infancia. Para todos los nietos que
algún día vendrán… ¡por todos lados!
Por favor… ¡un solo cuento!
Perro…, pero perro callejero, ese era Aníbal.
- ¡Perro con nombre de cristiano! ¡Qué locos ponerle
ese nombre! rezongaba don Camilo, el viejito gruñón del
barrio, que siempre buscaba un motivo para quejarse de algo.
En realidad nadie sabía quien había bautizado a
Aníbal con ese nombre… o casi nadie.
Este perrito, que no se llamaba ni Capitán, ni Pastor, ni Firulay,
ni Pirata, ni Tony, ni Boby, de mediana estatura de perros, blanco como
los jazmines nuevos, tendría por esas fechas un año y
poquito, podríamos decir (si se nos diera la gana), que era un
perrito infantil medido en edad perruna.
Muchos nacemos con ganas de ser otra cosa distinta a la que somos…
Aníbal quería ser un gurisito más como todos los del
barrio, jamás jugo con perros, jamás le olfateo la cola a
otro de su clase, se escondía para hacer pichí, no se rascaba
en público, ladraba en voz baja y nunca, pero nunca se le
ocurrió ir a buscar el palito que algún vecino le tiraba.
- Este está loco – se decía
- ¡Tirarme un palito! ¿Con que motivo voy a ir por ese
palito? ¡Tá loco!
Vieron cuando alguien dice:
- ¡A este perro sólo le falta hablar!- Cuando se refieren a
una mascota que es muy inteligente.
Bueno a Aníbal solo le faltaba hablar, pero además
también quería sentarse a la mesa y comer con cubiertos,
opinar de fútbol, jugar al manchado (que lo hacía bastante
bien), usar el bidet, lavarse los dientes, hacer los deberes, tener una
mamá que lo despertara con café con leche. Además de
hermanos más chicos que le usaran los juguetes y hermanos mayores de
quienes le vendría la ropa que les fuera quedando chica.
Todo eso quería Aníbal... pero nació perro.
Jugaba a la escondida como el mejor de los mejores, (mejor que la gorda
Cristina que a pesar de su físico robusto para sus diez años,
era una especialista en encontrar escondrijos en la cuadra) pero al momento
de tocar la valla se le complicaba por su estatura de perro y menudas
rabietas se agarraba.
Lo que estaba de más es que nunca la quedaba porque de contar,
punto y coma y el que no está se embroma ni ahí… ¡Si
era perro! Y los perros no hablan aunque jueguen bien a la escondida.
Pero como sumaba calenturas y rabietas por su condición canina,
sumaba deseos de dejar de serlo, y pedía y pedía, no
sabía a quien, pero en alguna oportunidad en que a escondidas de su
madre, Seba y Felipe lo habían dejado dormir al lado de sus camas,
estos antes de acostarse hacían algo como juntar las manos, mirar el
techo y pedir las cosas más insólitas, como por ejemplo, que
los padres vivieran siempre, que ganara: Danubio Felipe y Rentistas Seba
(¡¡¡no eran ni de Peñarol ni de Nacional!!!), que
les subieran las notas en la escuela, que no le pusieran deberes los
viernes, y un sin fin de cosas extravagantes, y para terminar: -
¡Amén!
Entonces tarde en la noche, desde el lugar que había hecho suyo en
el jardín de Don Camilo (que no se consideraba su dueño)
Aníbal se apoyaba en sus patitas traseras y con mucho equilibrio
juntaba sus patas delanteras y pedía en idioma perruno: -
¡Quiero poder hablar, quiero cruzar la calle de la mano de una
mamá, quiero jugar a las cartas, quiero usar pantalones, quiero
comer chicle, quiero, quiero!
Y un sinfín de quieros que expresados por un perro, se
convertían en una serie de lamentos, aullidos y ladridos que por un
buen rato no dejaban dormir a nadie, y menos a Don Camilo, que al
escucharlos ya se empezaba a quejar.
Y se dio lo que se tenía que dar…
Don Camilo, cansado de los lamentos perrunos nocturnos tomo cartas en el
asunto.
Resulta que él si sabía quién había bautizado
a Aníbal con nombre de persona, el responsable de ese nombre era
Marcos el señor que arreglaba los televisores y las radios de todos
los vecinos del barrio.
Marcos y Mabel su señora, habían encontrado a Aníbal
una noche de verano cuando retornaban a su casa luego de la agradable
caminata que tenían por costumbre realizar. Al acercarse al
baldío de la esquina escucharon un leve aullido al cual no dieron
importancia, pero antes de cruzar la calle, Mabel retorno sobre sus pasos y
se interno en el lugar. Buscando el origen de los lamentos entre los
arbustos, se encontró con algo parecido a una bola de nieve, era
Aníbal recién nacido temblando de miedo y hambre. De
inmediato lo cobijo entre sus brazos y ambos lo llevaron a su casa.
Tanto Marcos como Mabel nunca habían tenido hijos, y como
trabajaban muchas horas fuera de casa, no lo podían cuidar, pero se
lo entregaron a Don Camilo ya bautizado con ese nombre en homenaje al
papá de Marcos.
Camilo teniendo en cuenta que Marcos y Mabel lo habían encontrado y
cuidado en sus primeros días decidió hablar con ellos y
plantearles la situación: Deben adoptar a Aníbal o yo no voy
a poder dormir nunca más.
De un día para el otro, Aníbal se encontró con una
“mamá” y un “papá”, que lo cuidaban y lo mimaban, el estaba
contento pero quería más, Aníbal siempre quería
más… y seguía con sus rezos.
Como todos sabemos, existen cuentos de Hadas, y si existen cuentos de
Hadas, sin dudas las Hadas existen, y también es por todos conocido
que hay Hadas para personas, pero también para gatos, monos,
jirafas, elefantas (y elefantes también), teros, y perros.
Una noche de diciembre, mientras Aníbal estaba practicando sus
ruidosos rezos, entro por la ventana un Hada perruna y lo primero que le
pidió fue:
- ¡Por favor para de aullar!
Aníbal no podía creer lo que tenía delante: Un Hada
de verdad que le cumpliría su tan ansiado deseo: Ser niño.
Las Hadas son buenas pero muy presumidas, sólo una condición
puso esta señora para cumplir su deseo:
- Escúchame bien Aníbal – Dijo el Hada
- Debes de pedirle a tu padre, que antes de dormir, noche a noche te lea
un cuento, pero no cualquier cuento, aquí te dejo mi libro, con 365
historias vividas por nosotras las Hadas.
- ¡Que nivel! – Dijo Aníbal que ya comenzaba a decir sus
primeras palabras
- ¡Con lo que me gustan los cuentos!
- ¡Pero atención! – Dijo el Hada
- La otra condición que te pongo es que controles tu ansiedad, ya
te cumplí tu deseo más grande, no debes pedir más, una
sola historia por noche, ya que cada día que tu padre lea una
página se renovará el hechizo y seguirás siendo
niño. Recuerda sólo una, dentro de 365 días te
traeré otro libro.
A partir de ese día todo cambio… para todos.
Marcos y Mabel estaban felices de tener a Aníbal en casa y lo
querían como al hijo que nunca pudieron tener, lo mimaban y
protegían.
Pero Aníbal no se podía controlar, si le compraban un
caramelo él quería dos, si era un pantalón azul, el
quería uno verde… en lo único que se controlaba era al
finalizar el cuento que su padre le contaba todas las noches, aunque se
moría de ganas de escuchar otro más no lo pedía,
además pensaba todo el día en la historia que le
habían contado y si le contarán dos se quedaría
sólo con la que más le había gustado olvidando la
otra.
Hasta que una noche la historia era muy pero muy divertida y de tanto que
le gusto le rogó a su padre que le contará la siguiente que
debería ser mucho mejor.
Marcos que no podía evitar hacer feliz a su querido Aníbal,
se la leyó y resulto como estaba previsto: Fue mucho mejor.
Al ver que nada había pasado, Aníbal noche a noche rogaba…
- Dale papi léeme otra, dale no seas malo
- Esta bien, pero luego te dormís, mira que mañana tenes que
madrugar.
Así fueron pasando los días… y los meses.
Una noche de junio, cuando Aníbal estaba tratando de dormir…
saboreando la historia que más le había agradado de las
contadas ese día, escuchó:
- ¡Pisst! ¡Pisst! ¡Hey, Aníbal! Abrí la
ventana, ¡abrí carancho! Que soy un Hada pero no un fantasma,
todavía no puedo pasar por entre los vidrios.
- ¡Quién esta afuera! – Dijo Aníbal ya medio asustado
- Soy yo, el Hada, dale que hace frío.
Aníbal se levantó y corrió a abrir, y al momento
entro el Hada temblando de frío.
- ¡Qué haces por acá… querida Hada! Dijo Aníbal
tratando de quedar bien, y ya sabiendo que había metido la pata.
- ¡Qué voy hacer! Pasando frío por tu culpa cabeza
dura, no te pedí que sólo un cuento por noche… me hiciste
venir antes… ¡A mí que soy un Hada de verano!- Se quejaba a
viva voz el Hada.
- Peeeeero… ¿no será para tanto… nnnnno? – Temblaba
Aníbal
- ¡Para tanto! ¡Para tanto! ¡Se terminó el
hechizo ansioso! Los cuentos debían durar un año y vos los
hiciste durar solo 6 meses. ¡Cabezón!
- ¿Qué quiere decir? ¿Volveré a ser un
perrito? Se lamentaba Aníbal
- Y sí, no me hiciste caso… - dijo el Hada y tocándolo con
su varita mágica convirtió a Aníbal nuevamente en
perro.
Aníbal se desperezaba estirando sus patas al sol que comenzaba a
entibiar el jardín de Don Camilo, desde su lugar de siempre, entre
bostezo y bostezo recordaba poco a poco lo que había soñado…
(Porque los perros sueñan, ¿no sabías?)
- ¡Que sueño loco que tuve anoche! – pensaba Aníbal
- ¡Querer ser niño! Y pensar que casi todos mis amigos son
niños… Cristina, Laurita, Seba, Felipe… pero… ¡Querer ser
niño! Aunque ¿No estaría mal?
- ¿No? - Se preguntaba Aníbal mientras comenzaba a beber la
leche que Don Camilo entre rezongo y rezongo y aclarándole que
él no era su dueño, cariñosamente le había
dejado en su platito.
Víctor Hugo Masullo (victorhugo63)
25/02/04
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| pantera1,20.10.2006 | Me hizo recordar Pinocho, LAS MIL Y UNA NOCHES, al guien tuyodice:
"LOS TEMAS VAN Y VIENEN" la gracia es colocarles nuestro
espiritu y estilo Muy lindo, me gusto, te felicito. | | |
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