La Página de los Cuentos
Tu comunidad de cuentos en Internet
[ Ingresa
|
Regístrate ]
Menu
Home
Noticias
Foro
Mesa Redonda
Eventos
Enlaces
Búsqueda

Cuenteros
Locales
Invitados


Inicio / Lista de Foros / Literatura :: Cuentos Infantiles / El canto del Caribe - [F:11:9072]


brunocaracas,07.06.2007
El canto del Caribe
por Bruno Mateo


Y las aguas dejaron de circular...


Los habitantes del Mar Caribe acudieron solícitamente al llamado de
Madre Perla, reina del lugar. Cada miembro asistente a la reunión,
albergaba en su corazón, un extraño estremecimiento por la
noticia aún desconocida por todos. Las emociones del Delfín
temblaban. El Caballito de mar relinchaba inquieto. El Pulpo no
sabía qué hacer con sus tentáculos. El Erizo
torpemente se pinchaba a sí mismo. El ambiente estaba inundado de un
llanto salado de alegría. Madre Perla, majestuosamente, pidió
calma a la concurrencia, ya que su anuncio, estaba segura, sería
motivo de mucha alegría. ¿Cuál es esa maravillosa
noticia? Preguntó irónica la Morena. Fue entonces y cual
conjuro, cuando el fondo del mar se abrió, para dejar escapar los
más bellos colores y placenteros sonidos que se hubieran escuchado
en el Reino. La nutrida reunión fue arropada por una
ensoñación ondulante. El asombro creció todavía
más, apareció el protagonista de aquella conmoción. Un
animal enorme. Su piel grisácea contrastó con la paleta
multicolor del Caribe. ¡Esta es un alma nacida del mar! Dijo plena
Madre Perla. Sus palabras se convirtieron en al bálsamo aliviante de
las preocupaciones de los habitantes marinos.

Y las aguas comenzaron a circular...

Pronto, se vio al enorme animal ondeando lento entre las aguas.
Hermoseaba todo el espacio. De vez en cuando, el muy travieso se acercaba a
las orillas de las playas, para recibir complacido los rayos del Sol, o tal
vez, para hurgar entre la arena húmeda o satisfacer su ávida
curiosidad. No lo sé. Lo que sí es cierto es que luego
regresaba juguetón a su hogar para tomar un merecido descanso. Saben
que cuando dormía en el fondo del mar, como su cuerpo era tan
grande, se confundía con una roca. ¡No! No les miento.
¡Bueno! Sigamos la historia. En las aguas del mar no es necesario
llegar a tiempo a ninguna parte. El tiempo no existe. Así que
él se puede tomar un largo descanso. Al despertar, se
encontró con Madre Perla a su lado, a quien sonrió alegre.
Perdona si te desperté, dijo la hermosa Reina, tengo que decirte
algo. Es mi deber, prosiguió la Soberana, decirte que trates de
alejarte de las playas. No preguntes la razón, sólo acata,
que te lo dice mi corazón. La joven criatura no entendía y su
Madre lo sabía, pero no podía decir nada más, lo que
la obligó alejarse, desapareciendo en las profundidades. Dejó
en las dudas a su amado hijo.
El pesado animal se retiró lo más que pudo para meditar
sobre aquellas palabras tan tajantes. Nadó, nadó y
nadó. Se esforzó por descubrir qué había
detrás de las advertencias de Madre Perla. Sólo había
una solución para el dilema. Debería ir nuevamente a ese
lugar. Nadaría hasta llegar a la playa. De seguro, a orillas del mar
encontraría la respuesta. Pero, esperen un momento. Madre Perla le
dijo que no se acercara a la playa. ¡Sí! Ella lo dijo.
¿Por qué no le hace caso? Y si le ocurriera algo. ¡Oh!
¡No! Ni lo quiera Dios. ¡Amigo! ¡Amigo! ¡No vayas!
Puede ser peligroso. ¡Demasiado tarde! Partió.
Su nado lento no fue impedimento para que llegara rápido a su
destino. La incertidumbre golpeaba el alma de la criatura.
¿Qué será lo que encontrará allí?
¿Por qué Madre Perla le dijo todo eso? Pronto lo
sabría. La playa está cerca. Por un momento se detuvo. No
quiso seguir adelante. Un miedo invadió todo su Ser. ¡No! No
hay espacio para arrepentimientos. Avanzó decidido. Llegó al
lugar. Arrastró su cuerpo por la arena. El sitio no le era
desconocido. Siempre venía con regularidad, sin embargo, esta vez
parecía diferente, como si algo nuevo estuviera allí, tal
vez, era su ansiedad lo que hacía que temblara de esa manera. Era
mejor aguardar un rato, pensó y esperando hasta que el Sol estuvo a
punto de ocultarse se dijo a sí mismo que no era nada y
quizás las palabras de su Madre eran exageradas. Al regresar a las
aguas, escuchó un ruido que hizo paralizarlo de inmediato.
Quedóse quieto para oírlo mejor. ¡Sí! Viene
alguien. Se sienten ruidos acercándose. Eran silbidos lanzados al
aire. El miedo se apoderó de él. No sabía qué
hacer. Se escuchan con mayor claridad. El miedo fue desapareciendo para dar
paso a una curiosidad expectante. Ese animal en la playa es quien silba.

Mientras tanto, en el fondo del mar, rodeado de las parlanchinas
princesas Ostras, la Soberana del Caribe hablaba con elegante amabilidad.
No hay nada de que preocuparse. Queridas hijas, algunas de ustedes,
también poseerán la gracia de tener la roca de la
sabiduría, les dijo, a la vez, que les mostraba una bola blanca con
cierto brillo, pero con una hermosura propia de las latitudes
caribeñas. ¡Era una perla! Esta roca, acotó, se ha
formado gracias a cada lágrima que dejamos correr cuando vemos que
algo perturba nuestro mar; sin embargo, en ese único instante,
sintió algo terrible en su cabeza y como un arpón que hiere
la piel de la ballena, vio en su mente al hijo amado. ¡Oh cruel
Casandra! No permitas que sea cierta esta visión.

Y las aguas dejaron de circular...

El hombre, que era quien silbaba en la playa, estaba maravillado al tener
entre sus manos a tan monumental cabeza y de tan desconocida criatura. Sus
pensamientos pasaban de extrañeza a admiración; de miedo a
ternura. Sin duda, era una amalgama de ideas y emociones. Sus ojos, los del
hombre, comenzaron a recorrer el cuerpo de ese Ser peculiar: sus ojos, los
del animal, eran de una ternura especial y su cuerpo era como un islote en
el mar, sin embargo, a pesar de ser tan grande, aquella criatura se
sentía cual suave brisa marina que mueve pausadamente las hojas del
cocotal. El hombre no salía de su asombro. El animal se
sentía dichoso. Había una comunicación tácita.
Por unos instantes, la luz del Sol parecía detenida, las olas del
mar dejaron de golpear la arena. Aquel conticinio sólo podía
provenir de Dios. No existía nada que perturbara la estampa. Fue
entonces cuando el hombre, con su acostumbrado pensamiento lógico,
rompió de manera abrupta aquel paréntesis en el tiempo, pues,
se le ocurrió preguntarle: ¿Qué cosa eres tú?
El animal sólo respondió con dos lágrimas brotadas que
cayeron en la arena, marcando así, la huella de una profunda
confusión. El animal quitó su cabeza de las manos que antes
le parecieron placenteras y comenzó a introducirse al mar con su
característica pesadez. Al hombre, arrepentido de su impertinencia,
no le quedó más que ver al animal cuando era tragado por las
aguas.
El hijo del Caribe, poco tiempo después, llegó a las
profundidades de su hogar marino. Sentía aún el eco de la
pregunta de aquel Ser conocido en las playas. La angustia por descubrir la
realidad de su identidad, le arrebató su antigua serenidad. Todos
poseemos un nombre. ¿Y él? Nunca he sabido de alguien sin
nombre. ¡Pobre! Es lamentable ver llorar a un amigo. Madre Perla
sentía la tristeza alojada en el corazón de su amado hijo.
Tan honda era su pena, que el mar lloró. El hombre hizo una herida
profunda. El hombre silenció el canto del Caribe. El Reino Marino
fue privado de la delicia de ser arrullado por su melodía. Madre
Perla se inquietaba por el encerramiento a que se sometió la
apacible Criatura, por ello, tomó la decisión de acercarse.
Ese animal, comenzó diciéndole, que viste en la playa, es el
Hombre. Un Ser que olvidó su pasado. Hace algún tiempo
atrás, el mar fue su hogar, no obstante, él desarrolló
su cuerpo, ya que, posee el poder de transformar las cosas, así fue
como un día desapareció de entre nosotros y habita ahora la
Tierra. Él es nuestro hermano. La Criatura sintió un halo de
esperanza.

Y las aguas comenzaron a girar...

El destino de nuestro amigo se cruzó con el del hombre. La
Criatura no podía dejar de pensar en aquel encuentro en la playa.
¡Su hermano! A pesar de las diferencias, provenían del mismo
Padre. El mar los creó. Algún día se
reencontrarían. La Tierra necesita al mar para calmar su sed. El mar
necesita a la Tierra para tener un hogar. Una comunión perfecta. El
mar Caribe se inundó de un canto que parecía provenir de lo
profundo del alma. Un coro de Sirenas acompaña siempre al cantor
marino.
Y si alguno de ustedes, llega a toparse con un enorme animal que
pesadamente se asoma por la superficie de las aguas, no lo lastimen. Tal
vez, desee reunirse con su hermano y ese puede ser alguno de nosotros. No
se pregunten qué cosa es. Su único anhelo es regalarnos el
más espléndido canto que jamás se haya escuchado.
Saben cómo se llama este animal ¿No? Su nombre es
Manatí.

Caracas-Venezuela
Abril 1997
 
celiaalviarez,20.10.2007
creo que no se permite escribir cuentos en los foros...
 
carolina52,04.08.2008
que lindo!!me encanto tu cuento. es magnifico para leerselo a los ninos.
 
RHC,04.08.2008
¿Por què?
 



Para escribir comentarios debes ingresar a la Comunidad: Login

[ Privacidad | Términos y Condiciones | Reglamento | Contacto | Equipo | Preguntas Frecuentes | Haz tu aporte!]