La Página de los Cuentos
Tu comunidad de cuentos en Internet
[ Ingresa
|
Regístrate ]
Menu
Home
Noticias
Foro
Mesa Redonda
Eventos
Enlaces
Búsqueda

Cuenteros
Locales
Invitados


Inicio / Lista de Foros / Literatura :: Cuentos Infantiles / Cuentos nuevos - [F:11:9715]


flop,25.10.2007
Bueno como vi un interes en literatura infantil, acabo de subir uno que
escribi fines de mayo y pernece a una trilogía.
 
Anuni,28.10.2007
Sigan mandando cuentos infantiles, son muy divertidos.
A mi me gustaron mucho los cuentos de esta página.
También les recomiendo los cuentos de María Inés
Falconi y los cuentos de María Brandán Aráoz.
 
bonjour_tristezze,07.12.2007
 
bonjour_tristezze,07.12.2007
El duende llorón.

(Cuento infantil)

_ allá en el bosque muy lejos del pueblo
vivía un duende vestido de azul
gorrito rojo, zapatos verdes
calcetas largas, traídas del sur_



Hubo una vez … un duende que vivía en un bosque muy frondoso en su
casita de hongo, un hongo grande, muy grande. En el sombrero del hongo, el
duende había acomodado su habitación, con su cama, su mesita
de noche y sobre ella un gran botellón en donde las
luciérnagas retozaban y le regalaban sus hermosas centellas. En el
pie del hongo grande muy grande, el duende tenía su mesa para comer
y su silla, hermosamente labradas por su amigo, el pájaro carpintero
que vivía en un árbol muy alto y muy viejo del frondoso
bosque de los duendes.

El duende vestido de azul y gorrito rojo con cascabel era muy travieso y
se divertía mucho escondiendo las nueces y las avellanas que con
mucho trabajo recolectaba un viejo búho que posado en una rama de un
impenetrable roble del bosque, dormía y dormía durante todo
el día, pero al llegar la noche abría sus grandes alas y
volaba muy alto por encima del bosque y muy bajo al ras de las praderas,
con sus enormes ojos redondos muy redondos, descubría, cosechaba y
guardaba en su nido las nueces y las avellanas más hermosas, muy
escondidas entre el ramaje de su roble, el viejo búho era muy sabio,
también un búho previsor, por si alguna vez en su vuelo rapaz
no tuviera fortuna, él guardaba nueces y avellanas, solo para el
duende chistoso, la previsión del búho, no tenía
importancia, una vez que el búho abría sus alas y
salía de su letargo diurno, el duende chiquito y ágil se
subía al árbol del búho y le escondía las
nueces y las avellanas.

El chincol, el jilguero, la tenca y el zorzal, las aves más
pequeñitas, consideraban al viejo búho, el rey del bosque,
por su sabiduría, su prestancia, su hermoso plumaje y que de vez en
cuando hacía escuchar su ulular: “¡Huuuuuuuuu! ...
¡huuuuuu! ..." en la noche, atemorizaba a los pajaritos que
huían a refugiarse en sus nidos.

Un día, cuando el búho había emprendido su vuelo
nocturno y el duende ya se encontraba en lo alto del árbol del viejo
búho, éste se devolvió, el duende travieso, se
asustó con el ulular que se acercaba muy veloz, bajó de rama
en rama lo más rápido que sus cortas piernecitas le
permitían y gimiendo y jadeando llegó a su casita en el hongo
a refugiarse.

Aunque el “rey del bosque” no lo vio, muy observador y perspicaz
descubrió que era el duende vestido de azul y gorrito rojo con
cascabel, el travieso duende que le escondía las nueces y las
avellanas, en su huída se había desprendido el cascabel del
gorrito rojo del duende, y muy rabioso con el duende atrapó con una
de sus garras cubierta de plumas el cascabel del gorrito rojo,
emprendió el vuelo, un vuelo muy alto y soltó el cascabel
sobre un hermoso y amarillo aromo que asomaba su colorido por una larga
carretera, aunque el búho sabía que ese cascabel era muy
importante para el pequeño duende, supo sabiamente que debía
darle al travieso, una lección, “las bromas son divertidas, las
maldades no se hacen”

Todos los habitantes del bosque escuchaban el tintinear del cascabel
cuando el duende jugaba con los siete duendes del bosque, y las hermosas
aves que los acompañaban: el chincol, el jilguero, la tenca y el
zorzal, con sus trinos hacían bailar a los duendes y ellos en sus
rondas y brincos cantaban y reían imitando los saltitos del chincol
con las patitas juntas y el "¡tsuit-ui-ui!" del jilguero
que mientras cantaba giraba a la derecha y a la izquierda muy vanidoso,
jugaban a esconderse entre los árboles, volar sobre las alas de las
mariposas, cantar con los grillos y la sonaja del cascabel del gorrito rojo
del duende vestido de azul, tintineaba y tintineaba como campanita de
plata, de tanto que lo cuidaba y lo lustraba cada noche antes de ir a
dormir.

Ya repuesto del susto, el duende travieso, decidió irse a dormir,
se lavó cuidadosamente los dientes con su escobillita de pelo de
ardilla y mango de palito de rosa, luego buscó su gorrito con
cascabel para limpiarlo y pulirlo, había sido un día muy
agotador en el bosque. El cascabel no estaba en su gorrito rojo, lo
había perdido y fue tanta su tristeza que comenzó a llorar y
llorar desconsoladamente.

_ muy triste el duende
lloraba y lloraba
nada lo consolaba
porque cerca de las nueve
perdió su cascabel_


Lloró toda la noche y continuó llorando en el amanecer, un
pajarito posado en la copa de un alto árbol lo saluda con su canto,
al verlo tan triste le pregunta: -¿qué te ha sucedido duende
azul?-, sin dejar de sollozar, el duende le dice: -¡he perdido el
cascabel de mi gorrito rojo!-, el pajarito al recibir tan triste noticia
trata de consolarlo: -¡lo buscaremos, lo buscaremos, llamaremos al
chincol, al jilguero, a la tenca y al zorzal y a todos los duendes del
bosque, entre todos lograremos encontrarlo, no llores,…no llores
más!-

Y así fue que todos los duendes y pajaritos amigos comenzaron la
búsqueda del cascabel del gorrito rojo del duende vestido de azul
que no podía dejar de llorar, los duendes buscaban entre los
arbustos y las flores silvestres, los pajaritos elevaron su vuelo hacia las
ramas de los árboles, minuciosos y dedicados, ¡todos
querían encontrar el cascabel perdido! para que el travieso duende
dejara de llorar.

_el viejo búho posado en su roble
despierto de noche dormido de día
muy serio observaba con sabiduría
que el duende buscaba lo que no iba a encontrar_


Los duendes y pajaritos, buscaron todo el día, sin cesar, cuando el
sol estaba muy alto, tenían la esperanza que el cascabel del gorrito
rojo del duende vestido de azul, brillara como una estrella de plata
engarzada en el bosque verde, muy verde, pero llegó el ocaso y luego
la noche, el duende triste no dejaba de llorar y sus amigos duendes que
recorrieron cada lugar de los llanos junto a los pajaritos que sobrevolaron
el bosque en todas sus direcciones, no encontraron el cascabel.

Desde las alturas de su roble, el viejo búho observaba lo que
acontecía, si no hubiese sabido los motivos de tal algarabía,
habría pensado que el bosque estaba de fiesta, la luna alumbraba con
su manto de estrellas, todas las luciérnagas iluminaban los
rincones, las flores no cerraban sus pétalos y una bandada de
pajaritos con su trino y sus alas asemejaban un hermoso carnaval. Ya
había transcurrido un día completo en la búsqueda del
cascabel, -tiempo suficiente de escarmiento-, pensó el búho y
comenzó su ulular: "¡Huuuuuu! ... ¡huuuuu!
..." para llamar la atención de
¡¡¡toooodos!!!! los amigos del duende que lo ayudaban a
buscar su cascabel, el pájaro carpintero que en el bosque
cumplía el rol de martillero, picoteaba un tronco de árbol
perforado lleno de bellotas, para pedir el orden y el silencio que el viejo
búho necesitaba.

Cuando los duendes en silencio se sentaron a escuchar al búho y las
aves se posaron sobre las ramas de los árboles más cercanos,
las luciérnagas dejaron de brillar y la luna y las estrellas se
escondieron detrás de una gran nube, solo entonces, el búho
habló:

-¿Está presente el duende que vive en el hongo?-

-¡Noooo!, contestaron en coro los duendes y pajaritos-

-¡Necesito hablarle, que venga de inmediato!-

Un murmullo de trinos y vocecitas preguntonas, se escuchó en el
lugar. El pájaro carpintero martilló con fuerza su tronco y
nuevamente llegó el silencio, los duendes lentamente comenzaron a
caminar hacia el hongo del duende que no había parado de llorar,
también las avecillas emprendieron su vuelo en busca de su amigo.

_ muy triste el duende
lloraba y lloraba
cuando él escuchaba
al búho y su ulular_


Mientras esperaba la presencia del duende travieso, el búho giraba
su cabeza de un lado hacia el otro, la oscuridad lo rodeaba, pero él
con sus ojos redondos muy abiertos lo veía todo, todo, hasta la
caravana de duendes y pajaritos que ya venían desde muy lejos,
acompañados por el duende maldadoso. Cuando ya todos estaban
rodeando el roble del búho, éste habló muy
ceremonioso:

-A ti me dirigiré, duende vestido de azul-

Muy asustado el duende preguntó: -¿a mí?-

-Si a ti, duende mal criado-

Más se asustó el duende y volvió a preguntar:
-¿por qué?-

-Por mucho tiempo has estado escondiendo mi cosecha de nueces y avellanas,
invades mi árbol y me dejas sin mis provisiones- Acusó
solemnemente el búho-

Murmullos de asombro y trinos sordos volvieron a escucharse, el
pájaro carpintero volvió a martillar su tronco. La cara del
duende acusado, enrojeció, igual que su gorrito rojo sin cascabel,
el viejo búho lo había descubierto y él sabía
que lo que había estado haciendo solo por diversión, era una
gran maldad. Muy triste dirigió su mirada a quién lo acusaba
frente a todos los habitantes del bosque.

-Si don búho, solo he sido yo y he perdido mi cascabel por
malandrín, he sido castigado, nunca más seré hostil y
caprichoso, he aprendido la lección, pido su perdón-

El búho, sin demostrar la ternura que le inspiró el
pequeño duende, con sus afligidas palabras, le contestó:

-Yo sé donde se encuentra tu cascabel, tendrás que cumplir
tu promesa, de ese modo no solo te perdonaré, también
recuperarás tu cascabel-

-Si usted lo tiene, señor búho, yo se lo regalo, es lo
más hermoso que poseo, pero su perdón es para mí mucho
más importante y valioso y yo seré un duende feliz y
cortés, como lo son los duendes de éste frondoso bosque-

_el búho sabio quería ayudarlo
solo por la noche podría buscar
si las luciérnagas lo iluminaran
y la luna llena no deja de brillar_


-No mi querido duende, tu honestidad debe de tener su premio-,
abrió sus grandes alas y le dijo a todos sus oyentes: -sigan mi
vuelo, iremos todos a buscar el cascabel, ¡vamos hacia el aromo
amarillo que bordea la gran carretera!-

La luna llena, muy redonda, salió de su escondite de nubes, las
estrellas comenzaron a titilar, las luciérnagas acompañaron a
los duendes y los pajaritos trinaban sus cantos mientras volaban tras el
viejo búho como en una procesión, el bosque ya estaba de
fiesta, el duende llorón había dejado de llorar y “el rey”
búho, por una vez más había demostrado su
sabiduría y justicia al premiar el gesto de honestidad y
arrepentimiento de uno de los miembros de su comunidad.

_la luna llena brillaba y brillaba
y las luciérnagas volaban de a mil
los chincolitos, van de rama en rama
mientras los jilgueros tocan su clarín_


_y el travieso duende
ya no llora más
porque ya no teme
al búho y su ulular,
el búho le ha devuelto
su hermoso cascabel
y así termina el cuento
de un duende y su rey.


Nicole.
 
margarita-zamudio,05.01.2008

MARÍA LA SIRENITA



María no es una sirena, sino una niña como tú. Lo que
pasa es que le gusta tanto el agua, que en su casa y en el colegio le
llaman Sirenita. Si María va a la playa, no hay quien la saque del
agua hasta que los dedos se le ponen tan arrugados como garbanzos en
remojo, y sus labios sonrosados toman el color de los lirios azules y de
esas campanillas moradas que se crían en el campo.

Lo malo es que a María la Sirenita también le gusta jugar
con agua cuando no debe hacerlo, y eso, claro está, a su mamá
no le hace ninguna gracia porque lo pone todo perdido, como el día
que se puso a regar la casa con la manguera.

—!Pero María, qué haces?—le gritó su mamá
cuando María regó las lámparas del salón, la
librería y el tresillo.
—Estoy limpiándolo todo—respondió María muy seria,
mientras a mamá casi le da un soponcio.

Cuando era muy pequeñita, un día que sus papás la
llevaron al campo, María se perdió. La primavera acababa de
empezar, y aunque el sol calentaba los prados y hacía brotar las
margaritas, esas flores que dicen sí o no, en el corazón del
bosque había zonas umbrías, sin sol, casi a oscuras, donde el
frío calaba los huesos. Sus padres la buscaron desesperadamente,
pues empezaba a oscurecer y temían que algún lobo hambriento
atacase a la niña. Buscaron durante mucho tiempo, por todas partes y
ayudados por algunos campesinos, hasta que ¡por fin! allí
estaba la niña, como una sirena a punto de quedar convertida en una
estatua de hielo, en el agua helada de un estanque donde bebían,
abrevaban, se dice, las cabras y las vacas.

Tiritaba de frío, y a pesar de todo, sonreía
beatíficamente, o sea, como un angelito, porque el agua era y es su
elemento.

La sacaron del estanque, le quitaron la ropa, tiesa, acartonada de
frío, le dieron friegas en su cuerpecito para que volviera la sangre
a circular por sus venas y poco a poco, el color fue regresando a sus
mejillas y sus labiecitos morados.

—!María, hija!—exclamaba la madre—¿Cómo has podido
meterte en un agua tan fría?
—Porque me gusta, mamá—fue la respuesta.

A Sirenita le gusta ayudar a mamá a fregar los platos, ha aprendido
a nadar y lava la ropita de sus muñecas, aunque un día se le
ocurrió lavar al gato y ¡la que se armó! El minino
salió de estampida de la bañera y fue dejando un reguero de
agua por toda la casa mientras bufaba de enojo.

Pero María, que en el fondo es una niña muy buena y
obediente, está aprendiendo que el agua es un bien escaso, que no se
debe malgastar y que hay que amarla como el mayor tesoro de la naturaleza,
y sabe también que hay niños en el mundo que carecen de
ella.

María la Sirenita, cuando sea mayor, quiere ser bióloga
marina, y pretende hacer todo lo posible para que no se contaminen los
mares y los ríos, para que no haya vertidos tóxicos que
envenenan a los peces y para que este mundo siga siendo azul.

María, cómo no, nació bajo el signo de Cáncer.
 



Para escribir comentarios debes ingresar a la Comunidad: Login

[ Privacidad | Términos y Condiciones | Reglamento | Contacto | Equipo | Preguntas Frecuentes | Haz tu aporte!]