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| flop,25.10.2007 | | Bueno como vi un interes en literatura infantil, acabo de subir uno que escribi fines de mayo y pernece a una trilogía. | | |
| Anuni,28.10.2007 | Sigan mandando cuentos infantiles, son muy divertidos.
A mi me gustaron mucho los cuentos de esta página.
También les recomiendo los cuentos de María Inés Falconi y los cuentos de María Brandán Aráoz.
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| bonjour_tristezze,07.12.2007 | | | |
| bonjour_tristezze,07.12.2007 | El duende llorón.
(Cuento infantil)
_ allá en el bosque muy lejos del pueblo
vivía un duende vestido de azul
gorrito rojo, zapatos verdes
calcetas largas, traídas del sur_
Hubo una vez … un duende que vivía en un bosque muy frondoso en su casita de hongo, un hongo grande, muy grande. En el sombrero del hongo, el duende había acomodado su habitación, con su cama, su mesita de noche y sobre ella un gran botellón en donde las luciérnagas retozaban y le regalaban sus hermosas centellas. En el pie del hongo grande muy grande, el duende tenía su mesa para comer y su silla, hermosamente labradas por su amigo, el pájaro carpintero que vivía en un árbol muy alto y muy viejo del frondoso bosque de los duendes.
El duende vestido de azul y gorrito rojo con cascabel era muy travieso y se divertía mucho escondiendo las nueces y las avellanas que con mucho trabajo recolectaba un viejo búho que posado en una rama de un impenetrable roble del bosque, dormía y dormía durante todo el día, pero al llegar la noche abría sus grandes alas y volaba muy alto por encima del bosque y muy bajo al ras de las praderas, con sus enormes ojos redondos muy redondos, descubría, cosechaba y guardaba en su nido las nueces y las avellanas más hermosas, muy escondidas entre el ramaje de su roble, el viejo búho era muy sabio, también un búho previsor, por si alguna vez en su vuelo rapaz no tuviera fortuna, él guardaba nueces y avellanas, solo para el duende chistoso, la previsión del búho, no tenía importancia, una vez que el búho abría sus alas y salía de su letargo diurno, el duende chiquito y ágil se subía al árbol del búho y le escondía las nueces y las avellanas.
El chincol, el jilguero, la tenca y el zorzal, las aves más pequeñitas, consideraban al viejo búho, el rey del bosque, por su sabiduría, su prestancia, su hermoso plumaje y que de vez en cuando hacía escuchar su ulular: “¡Huuuuuuuuu! ... ¡huuuuuu! ..." en la noche, atemorizaba a los pajaritos que huían a refugiarse en sus nidos.
Un día, cuando el búho había emprendido su vuelo nocturno y el duende ya se encontraba en lo alto del árbol del viejo búho, éste se devolvió, el duende travieso, se asustó con el ulular que se acercaba muy veloz, bajó de rama en rama lo más rápido que sus cortas piernecitas le permitían y gimiendo y jadeando llegó a su casita en el hongo a refugiarse.
Aunque el “rey del bosque” no lo vio, muy observador y perspicaz descubrió que era el duende vestido de azul y gorrito rojo con cascabel, el travieso duende que le escondía las nueces y las avellanas, en su huída se había desprendido el cascabel del gorrito rojo del duende, y muy rabioso con el duende atrapó con una de sus garras cubierta de plumas el cascabel del gorrito rojo, emprendió el vuelo, un vuelo muy alto y soltó el cascabel sobre un hermoso y amarillo aromo que asomaba su colorido por una larga carretera, aunque el búho sabía que ese cascabel era muy importante para el pequeño duende, supo sabiamente que debía darle al travieso, una lección, “las bromas son divertidas, las maldades no se hacen”
Todos los habitantes del bosque escuchaban el tintinear del cascabel cuando el duende jugaba con los siete duendes del bosque, y las hermosas aves que los acompañaban: el chincol, el jilguero, la tenca y el zorzal, con sus trinos hacían bailar a los duendes y ellos en sus rondas y brincos cantaban y reían imitando los saltitos del chincol con las patitas juntas y el "¡tsuit-ui-ui!" del jilguero que mientras cantaba giraba a la derecha y a la izquierda muy vanidoso, jugaban a esconderse entre los árboles, volar sobre las alas de las mariposas, cantar con los grillos y la sonaja del cascabel del gorrito rojo del duende vestido de azul, tintineaba y tintineaba como campanita de plata, de tanto que lo cuidaba y lo lustraba cada noche antes de ir a dormir.
Ya repuesto del susto, el duende travieso, decidió irse a dormir, se lavó cuidadosamente los dientes con su escobillita de pelo de ardilla y mango de palito de rosa, luego buscó su gorrito con cascabel para limpiarlo y pulirlo, había sido un día muy agotador en el bosque. El cascabel no estaba en su gorrito rojo, lo había perdido y fue tanta su tristeza que comenzó a llorar y llorar desconsoladamente.
_ muy triste el duende
lloraba y lloraba
nada lo consolaba
porque cerca de las nueve
perdió su cascabel_
Lloró toda la noche y continuó llorando en el amanecer, un pajarito posado en la copa de un alto árbol lo saluda con su canto, al verlo tan triste le pregunta: -¿qué te ha sucedido duende azul?-, sin dejar de sollozar, el duende le dice: -¡he perdido el cascabel de mi gorrito rojo!-, el pajarito al recibir tan triste noticia trata de consolarlo: -¡lo buscaremos, lo buscaremos, llamaremos al chincol, al jilguero, a la tenca y al zorzal y a todos los duendes del bosque, entre todos lograremos encontrarlo, no llores,…no llores más!-
Y así fue que todos los duendes y pajaritos amigos comenzaron la búsqueda del cascabel del gorrito rojo del duende vestido de azul que no podía dejar de llorar, los duendes buscaban entre los arbustos y las flores silvestres, los pajaritos elevaron su vuelo hacia las ramas de los árboles, minuciosos y dedicados, ¡todos querían encontrar el cascabel perdido! para que el travieso duende dejara de llorar.
_el viejo búho posado en su roble
despierto de noche dormido de día
muy serio observaba con sabiduría
que el duende buscaba lo que no iba a encontrar_
Los duendes y pajaritos, buscaron todo el día, sin cesar, cuando el sol estaba muy alto, tenían la esperanza que el cascabel del gorrito rojo del duende vestido de azul, brillara como una estrella de plata engarzada en el bosque verde, muy verde, pero llegó el ocaso y luego la noche, el duende triste no dejaba de llorar y sus amigos duendes que recorrieron cada lugar de los llanos junto a los pajaritos que sobrevolaron el bosque en todas sus direcciones, no encontraron el cascabel.
Desde las alturas de su roble, el viejo búho observaba lo que acontecía, si no hubiese sabido los motivos de tal algarabía, habría pensado que el bosque estaba de fiesta, la luna alumbraba con su manto de estrellas, todas las luciérnagas iluminaban los rincones, las flores no cerraban sus pétalos y una bandada de pajaritos con su trino y sus alas asemejaban un hermoso carnaval. Ya había transcurrido un día completo en la búsqueda del cascabel, -tiempo suficiente de escarmiento-, pensó el búho y comenzó su ulular: "¡Huuuuuu! ... ¡huuuuu! ..." para llamar la atención de ¡¡¡toooodos!!!! los amigos del duende que lo ayudaban a buscar su cascabel, el pájaro carpintero que en el bosque cumplía el rol de martillero, picoteaba un tronco de árbol perforado lleno de bellotas, para pedir el orden y el silencio que el viejo búho necesitaba.
Cuando los duendes en silencio se sentaron a escuchar al búho y las aves se posaron sobre las ramas de los árboles más cercanos, las luciérnagas dejaron de brillar y la luna y las estrellas se escondieron detrás de una gran nube, solo entonces, el búho habló:
-¿Está presente el duende que vive en el hongo?-
-¡Noooo!, contestaron en coro los duendes y pajaritos-
-¡Necesito hablarle, que venga de inmediato!-
Un murmullo de trinos y vocecitas preguntonas, se escuchó en el lugar. El pájaro carpintero martilló con fuerza su tronco y nuevamente llegó el silencio, los duendes lentamente comenzaron a caminar hacia el hongo del duende que no había parado de llorar, también las avecillas emprendieron su vuelo en busca de su amigo.
_ muy triste el duende
lloraba y lloraba
cuando él escuchaba
al búho y su ulular_
Mientras esperaba la presencia del duende travieso, el búho giraba su cabeza de un lado hacia el otro, la oscuridad lo rodeaba, pero él con sus ojos redondos muy abiertos lo veía todo, todo, hasta la caravana de duendes y pajaritos que ya venían desde muy lejos, acompañados por el duende maldadoso. Cuando ya todos estaban rodeando el roble del búho, éste habló muy ceremonioso:
-A ti me dirigiré, duende vestido de azul-
Muy asustado el duende preguntó: -¿a mí?-
-Si a ti, duende mal criado-
Más se asustó el duende y volvió a preguntar: -¿por qué?-
-Por mucho tiempo has estado escondiendo mi cosecha de nueces y avellanas, invades mi árbol y me dejas sin mis provisiones- Acusó solemnemente el búho-
Murmullos de asombro y trinos sordos volvieron a escucharse, el pájaro carpintero volvió a martillar su tronco. La cara del duende acusado, enrojeció, igual que su gorrito rojo sin cascabel, el viejo búho lo había descubierto y él sabía que lo que había estado haciendo solo por diversión, era una gran maldad. Muy triste dirigió su mirada a quién lo acusaba frente a todos los habitantes del bosque.
-Si don búho, solo he sido yo y he perdido mi cascabel por malandrín, he sido castigado, nunca más seré hostil y caprichoso, he aprendido la lección, pido su perdón-
El búho, sin demostrar la ternura que le inspiró el pequeño duende, con sus afligidas palabras, le contestó:
-Yo sé donde se encuentra tu cascabel, tendrás que cumplir tu promesa, de ese modo no solo te perdonaré, también recuperarás tu cascabel-
-Si usted lo tiene, señor búho, yo se lo regalo, es lo más hermoso que poseo, pero su perdón es para mí mucho más importante y valioso y yo seré un duende feliz y cortés, como lo son los duendes de éste frondoso bosque-
_el búho sabio quería ayudarlo
solo por la noche podría buscar
si las luciérnagas lo iluminaran
y la luna llena no deja de brillar_
-No mi querido duende, tu honestidad debe de tener su premio-, abrió sus grandes alas y le dijo a todos sus oyentes: -sigan mi vuelo, iremos todos a buscar el cascabel, ¡vamos hacia el aromo amarillo que bordea la gran carretera!-
La luna llena, muy redonda, salió de su escondite de nubes, las estrellas comenzaron a titilar, las luciérnagas acompañaron a los duendes y los pajaritos trinaban sus cantos mientras volaban tras el viejo búho como en una procesión, el bosque ya estaba de fiesta, el duende llorón había dejado de llorar y “el rey” búho, por una vez más había demostrado su sabiduría y justicia al premiar el gesto de honestidad y arrepentimiento de uno de los miembros de su comunidad.
_la luna llena brillaba y brillaba
y las luciérnagas volaban de a mil
los chincolitos, van de rama en rama
mientras los jilgueros tocan su clarín_
_y el travieso duende
ya no llora más
porque ya no teme
al búho y su ulular,
el búho le ha devuelto
su hermoso cascabel
y así termina el cuento
de un duende y su rey.
Nicole.
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| margarita-zamudio,05.01.2008 |
MARÍA LA SIRENITA
María no es una sirena, sino una niña como tú. Lo que pasa es que le gusta tanto el agua, que en su casa y en el colegio le llaman Sirenita. Si María va a la playa, no hay quien la saque del agua hasta que los dedos se le ponen tan arrugados como garbanzos en remojo, y sus labios sonrosados toman el color de los lirios azules y de esas campanillas moradas que se crían en el campo.
Lo malo es que a María la Sirenita también le gusta jugar con agua cuando no debe hacerlo, y eso, claro está, a su mamá no le hace ninguna gracia porque lo pone todo perdido, como el día que se puso a regar la casa con la manguera.
—!Pero María, qué haces?—le gritó su mamá cuando María regó las lámparas del salón, la librería y el tresillo.
—Estoy limpiándolo todo—respondió María muy seria, mientras a mamá casi le da un soponcio.
Cuando era muy pequeñita, un día que sus papás la llevaron al campo, María se perdió. La primavera acababa de empezar, y aunque el sol calentaba los prados y hacía brotar las margaritas, esas flores que dicen sí o no, en el corazón del bosque había zonas umbrías, sin sol, casi a oscuras, donde el frío calaba los huesos. Sus padres la buscaron desesperadamente, pues empezaba a oscurecer y temían que algún lobo hambriento atacase a la niña. Buscaron durante mucho tiempo, por todas partes y ayudados por algunos campesinos, hasta que ¡por fin! allí estaba la niña, como una sirena a punto de quedar convertida en una estatua de hielo, en el agua helada de un estanque donde bebían, abrevaban, se dice, las cabras y las vacas.
Tiritaba de frío, y a pesar de todo, sonreía beatíficamente, o sea, como un angelito, porque el agua era y es su elemento.
La sacaron del estanque, le quitaron la ropa, tiesa, acartonada de frío, le dieron friegas en su cuerpecito para que volviera la sangre a circular por sus venas y poco a poco, el color fue regresando a sus mejillas y sus labiecitos morados.
—!María, hija!—exclamaba la madre—¿Cómo has podido meterte en un agua tan fría?
—Porque me gusta, mamá—fue la respuesta.
A Sirenita le gusta ayudar a mamá a fregar los platos, ha aprendido a nadar y lava la ropita de sus muñecas, aunque un día se le ocurrió lavar al gato y ¡la que se armó! El minino salió de estampida de la bañera y fue dejando un reguero de agua por toda la casa mientras bufaba de enojo.
Pero María, que en el fondo es una niña muy buena y obediente, está aprendiendo que el agua es un bien escaso, que no se debe malgastar y que hay que amarla como el mayor tesoro de la naturaleza, y sabe también que hay niños en el mundo que carecen de ella.
María la Sirenita, cuando sea mayor, quiere ser bióloga marina, y pretende hacer todo lo posible para que no se contaminen los mares y los ríos, para que no haya vertidos tóxicos que envenenan a los peces y para que este mundo siga siendo azul.
María, cómo no, nació bajo el signo de Cáncer. | | |
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