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goldberg,17.07.2006
iLos mecanismos de la brevedad:
constantes, variables y tendencias en el microcuento

Raúl Brasca


Después de varios miles de cuentos brevísimos publicados y de cientos de autores
que lo han cultivado durante casi todo este siglo, surgen no pocas dificultades a quien pretenda sistematizar su estudio. No sólo se trata de decidir qué es exactamente el
microcuento y si hay que considerarlo un género, un subgénero o una modalidad narrativa,
sino que se deben agrupar los numerosos ejemplos según ciertas constantes, de modo que
respecto de ellas se puedan identificar características, trayectoria recorrida y tendencias.
Estas tendencias no son para nada evidentes, al punto que los investigadores se han
preguntado simultáneamente por la extraordinaria vitalidad del microcuento, que día a día
tiene más adeptos, y por un agotamiento creativo que parecería condenarlo a muerte. El
objeto de este trabajo es proponer algunas de esas constantes, bosquejar las agrupaciones
derivadas y comparar los microcuentos más recientes con los ejemplos clásicos para
establecer si hubo o no un derrotero y si es posible una prospectiva. Me remito a los libros
y artículos citados en la bibliografía en lo que se refiere a la definición y al estatus genérico
del cuento brevísimo. No obstante, como todavía hay zonas difusas sobre estos temas, lo
describiré sumariamente aquí: es una forma muy breve que posee suficiencia narrativa y
cuyas principales características son la concisión y la intensidad expresiva. No pretendo
que lo anterior sea una definición, hay textos considerados cuentos brevísimos que
quedarían afuera y algunos que no lo son y podrían ser incluidos. En cambio, será difícil
negar que en esa descripción entran la mayoría de los textos que normalmente se
denominan de ese modo.
Llamo suficiencia narrativa a la autonomía de lo narrado, a la independencia del
microcuento respecto de todo dato externo a él como no sean referencias culturales
comunes al universo de lectores al que va dirigido. Esto vale incluso para los cuentos
brevísimos recortados de textos mayores, en los que el recorte mismo y el título que, en
general, se le provee resignifican el texto. Concisión reúne los conceptos de brevedad y
precisión. La intensidad expresiva está ligada a la concisión (en el sentido de que aquello
que se encuentra más concentrado es también más potente) y depende mucho de la
estrategia que sigue el narrador para lograr eficacia. Basta la lectura de una muestra al azar
de microcuentos, para darse cuenta de que la eficacia de la mayoría de ellos se identifica
con el efecto súbito que producen. Para lograrlo, el autor procura sobre el final inducir con
tal fuerza la producción de sentido por parte del lector que éste queda perplejo ante la
sorprendente sensación de que no ha intervenido en ello. Este efecto puede ser tan intenso
en un microcuento totalmente fáctico como en uno que linde con el microensayo.
Veamos un ejemplo prototípico de cuento brevísimo:

Diálogo sobre un diálogo

A. – Distraídos en razonar la inmortalidad, habíamos dejado que anocheciera sin encender
la lámpara. No nos veíamos las caras. Con una indiferencia y una dulzura más


Usaré indistintamente los términos “microcuento” y “cuento brevísimo”.
convincentes que el fervor, la voz de Macedonio Fernández repetía que el alma es
inmortal. Me aseguraba que la muerte del cuerpo es del todo insignificante y que
morirse tiene que ser el hecho más nulo que puede sucederle a un hombre. Yo jugaba
con la navaja de Macedonio; la abría y la cerraba. Un acordeón vecino despachaba
infinitamente la Cumparsita, esa pamplina consternada que les gusta a muchas
personas, porque les mintieron que es vieja... Yo le propuse a Macedonio que nos
suicidáramos, para discutir sin estorbo.
Z (burlón). – Pero sospecho que al final no se resolvieron.
A (ya en plena mística). – Francamente no recuerdo si esa noche nos suicidamos.

Jorge Luis Borges, El Hacedor, 1960.

La última línea transforma con soterrado humor el comentario aparentemente casual sobre
el diálogo en una historia fantástica. La revelación surge de modo tan repentino y, a la vez,
tan natural en la secuencia de la conversación que tiene la eficacia de un deslumbramiento.
Diálogo sobre un diálogo es una síntesis de cuatro tipos muy definidos de cuentos
brevísimos: los que generan su propio mundo, los que comentan una historia (tipo este que
limita con la anécdota), los ensayísticos (fronterizos con el microensayo) y los humorísticos
(cuyo límite es el chiste). Este es un ejemplo del grado de perfección y de oculta
complejidad que alcanzaron los maestros tradicionales.
Intentaré, en lo que sigue, identificar ciertos procedimientos que, por reiterados,
constituyen constantes comunes a un número más o menos elevado de microcuentos,
definiré una familia por cada uno de esos procedimientos y determinaré la aparición en el
tiempo y los cambios internos de dichas familias.


Los herederos de Chuang-Tzu

En razón misma de su brevedad y de su carácter despojado el microcuento expone con
frecuencia al desnudo el mecanismo que lo sustenta. Esto es particularmente cierto cuando
ese mecanismo es simple o muy característico. Si el microcuento es exitoso el resultado es
que pronto proliferan otros similares. Es lo que ha ocurrido con El sueño de Chuang-Tzu.


El sueño de Chuang-Tzu

Chuan-Tzu soñó que era una mariposa y no sabía al despertar si era un hombre que había
soñado ser una mariposa o una mariposa que ahora soñaba ser un hombre.

de Chuang-Tzu (1889) de Herbert Allen Giles.

El cuento plantea una dualidad, la dualidad “soñador-soñado”. El planteo es una oposición:
una cosa “o” la otra. Lo efectivo de este cuento es que el dilema no tiene solución; es su
belleza y la imposibilidad lógica de resolverlo lo que lo hace notable. Se han escrito
muchos microcuentos que básicamente pueden reducirse a la oposición soñador-soñado.
Entre quienes lo han hecho con originalidad y talento están Eliseo Diego (De la torre**)2 y

2
Todos los ejemplos indicados con un asterisco pueden encontrarse en Dos veces bueno. Los
indicados con dos asteriscos fueron tomados de 2 veces bueno 2 (ver Bibliografía).

Luis Fayad (Encuentro**), por nombrar sólo a dos. Pero no hay más que hojear las revistas
especializadas y echar una mirada a los microcuentos presentados a concursos para
verificar lo atractivo que resulta la utilización fácil de un mecanismo probado. Quiero
aclarar que no desdeño el uso literario de la oposición “soñador-soñado” que es uno de los
temas permanentes de la literatura porque roza el misterio humano. Lo que señalo como
facilismo es el repetidísimo planteo de la dualidad como forma de obtener el efecto. Me
refiero a todas las dualidades: “mundo real-mundo soñado”, “imagen real-imagen
especular”, “la historia-el revés de la historia”, “el tiempo-la inversión del tiempo”,
“tamaño microscópico-tamaño cósmico”, etc. Y lo critico sólo cuando se limita a agregar
más de lo mismo a lo ya escrito. Veamos cada una de estas dualidades.
La dualidad “mundo real-mundo soñado” es populosa en ejemplos. El mecanismo
consiste casi siempre en proporcionar un desenlace real a un planteo onírico. El
microcuento más famoso entre nosotros pertenece a este grupo, y merece que nos
detengamos en él.

El dinosaurio

Cuando despertó el dinosaurio todavía estaba allí.

Augusto Monterroso, Obras completas, 1959.

Este texto es ejemplar en el sentido en que reúne en siete palabras todos los
elementos del cuento. Y a eso debe su fama. Sin embargo, desde el punto de vista del
efecto, es más breve que conciso. Los datos aportados suelen no alcanzarle al lector para decidir, entre varias posibles, la interpretación que genera el efecto3. Cuando eso sucede, el desenlace ya no resulta repentino. Podrá argüirse que no es un problema del cuento sino de
la percepción narrativa de quien lo lee o alabar, justamente, la polisemia del texto. Sin
embargo, aun admitidos estos argumentos, creo que tiene una reputación excesiva, sobre
todo frente a otros ejemplos del mismo Monterroso que, como La oveja negra* o Caballo
imaginando a Dios*, constituyen en su brevedad sátiras difícilmente superables.
La dualidad “imagen real-imagen especular” ha seducido a escritores como
Salvador Elizondo (El escriba**), Antonio Di Benedetto (ver la sección Espejismos de su
libro Cuentos del exilio4) y Enrique Jaramillo Levi (La imagen misma**). El mecanismo
consiste invariablemente en equiparar el sujeto y su reflejo en un mismo nivel de realidad.
“La historia-el revés de la historia” posibilitó textos excelentes como Los bienes
ajenos* de Juan José Arreola. En estos microcuentos lo común es que se produzca una
inversión en los papeles de los personajes, como en este caso en que la víctima deviene en
victimario.
La inversión de la flecha del tiempo es el tema de muchos cuentos brevísimos de la
época en que se popularizó la Teoría de la relatividad. En el número 25 de la de la revista
El Cuento (México, 1967) pueden hallarse variantes de Fin5 de Frederic Brown, que es
prototípico de esta familia.

3
Esto no sucede con otros microcuentos poco más extensos. Por ejemplo el que recogen Borges,
Bioy Casares y S. Ocampo en su Antología de la literatura fantástica:
Sola y su alma
Una mujer está sentada sola en su casa. Sabe que no hay nadie más en el mundo: todos
los otros seres han muerto. Golpean a la puerta.
Thomas Bailey Aldrich, Works, 1912.
Si bien tanto el final de este cuento como los de El sueño de Chuang-Tzu y Diálogo sobre un
diálogo poseen la ambigüedad semántica que se ha indicado como el elemento propiamente
literario del microcuento (Lauro Zavala, El cuento ultracorto: hacia un nuevo canon literario),
difieren de El dinosaurio en que en ellos la producción de sentido está fuertemente inducida.
4
Cuentos del exilio, Bruguera, Argentina, 1983.
5
Puede hallárselo en El libro de la imaginación (ver Bibliografía).

La oposición de tamaños inconcebiblemente disímiles ha interesado por ejemplo a
Ana María Shúa (Cambio de roles*) y a Jorge Marín P. (Los mundos**): de manera
alternativa, somos microbios o gigantes inabarcables. Con un criterio más amplio, pueden
incluirse en este grupo todos los microcuentos que logran eficacia estableciendo simetrías
entre términos que son opuestos no por su naturaleza cualitativa sino por una desmesura de
carácter cuantitativo6.
La dualidad ha demostrado ser tan afín con la estructura del cuento brevísimo que
ha generado una de las familias más numerosas dentro de la totalidad. Hoy se siguen
escribiendo numerosos microcuentos basados en dualidades. Se han ido incorporando
nuevos pares duales, pero el mecanismo básico sigue siendo el mismo: la eficacia se logra
por interacción de dos opuestos.


Microcuentos referenciales

Ningún escritor se siente obligado a explicar quienes fueron Adán y Eva en caso de
mencionarlos en su obra. Se da por supuesto que todos los posibles lectores comparten ese
conocimiento. Según el público al que se dirija, el autor de microcuentos puede suponer
que ese público conoce los mitos clásicos, o que leyó cierto libro famoso, o que vio
determinada película, y escribir cuentos brevísimos basados en alguna de esas referencias

6
Algunos microcuentos de Thomas Bernhard exhiben este mecanismo duplicado. Oponen a un
desarrollo que narra hechos excepcionales, un final que cuenta un acto tan rutinario como
irrelevante. Pero la intrascendencia del acto final induce la producción de sentido: todo lo
excepcional que nos sucede se disuelve en la abrumadora irrelevancia del acontecer diario. Este
descubrimiento invierte la relación cuantitativa de importancia entre los términos. En eso consiste el
efecto. Los microcuentos a los que me refiero pertenecen a Ereignisse, Suhrkamp Verlag Frankfurt
am Main, 1991.

8
sin ninguna explicación al respecto. En esos casos, la brevedad del microcuento supone una
historia mayor lo bastante difundida como para que no haya necesidad de contarla. Es
conveniente subrayar la relatividad de esto. Los microcuentos de Tomás Rivera son
inmediatamente comprendidos por un lector chicano, pero a otro que no poseyera la
referencia social le resultaría difícil encontrarles sentido. Lo mismo sucede con
microcuentos que exigen estar al tanto de sobreentendidos generacionales o de la jerga
específica de un grupo profesional.
El cuento brevísimo que según Edmundo Valadés fundó la microcuentística
latinoamericana, pertenece a la familia de los referenciales:

A Circe

¡Circe, diosa venerable! He seguido puntualmente tus avisos. Mas no me hice
amarrar al mástil cuando divisamos la isla de las sirenas, porque iba resuelto a perderme.
En medio del mar silencioso estaba la pradera fatal. Parecía un cargamento de violetas
errante por las aguas.
¡Circe, noble diosa de los hermosos cabellos! Mi destino es cruel. Como iba resuelto
a perderme, las sirenas no cantaron para mí.

Julio Torri, Ensayos y poemas, 1917.

Otros autores lo imitaron. Salvador Elizondo escribió Aviso*, Augusto
Monterroso, La tela de Penélope o quién engaña a quién*. Pero el autor de microcuentos
referenciales por excelencia fue Marco Denevi. Publicó una primera versión de Falsificaciones, cuentos brevísimos sobre mitos clásicos, en 1966 y otra, muy ampliada y
corregida, en 1984. El jardín de las delicias, sobre mitos eróticos, data de 19927.
Hoy se han incorporado a la familia mitos más modernos, el Dr. Frankenstein por
ejemplo, pero el diseño de la narración no ha cambiado, consiste en una vuelta de tuerca,
humorística en la mayoría de los casos, a la historia mítica.
Ejemplos extremos de referencialidad lo constituyen Dios8 de Sergio Golwartz y El
fantasma9 de Guillermo Samperio. El texto del primero es la palabra Dios; el del segundo,
significativo espacio en blanco. En estos dos casos la referencia sería el microcuento10.


El sentido dislocado

Jugar con el sentido de palabras o expresiones es una práctica extendida en el
microcuento. Desde el malicioso doble sentido hasta el pleno absurdo, la manipulación del
sentido está presente en buena parte de los cuentos brevísimos escritos hasta hoy.
El doble sentido es el mecanismo del chiste, pero gracias a méritos formales puede
volverse literario.

Canción cubana

7
Falsificaciones, Eudeba, Buenos Aires, 1966.
Falsificaciones, Corregidor, Buenos Aires, 1984.
El jardín de las delicias, Corregidor, Buenos Aires, 1992.
8
En Infundios ejemplares, Fondo de Cultura Económica, México, 1967.
9
En Cuaderno imaginario, Editorial Diana, 1990.
10
Para los autores que exigen de un cuento que explícitamente “algo le suceda a alguien”, estos
dos textos literalmente tautológicos no son microcuentos. Nada que no esté en la definición de
“fantasma” o de “Dios” podría en rigor considerarse parte de ellos. Según otras opiniones, la

¡Ay, José, así no se puede!
¡Ay, José, así no sé!
¡Ay, José, así no!
¡Ay, José, así!
¡Ay, José!
¡Ay!

Guillermo Cabrera Infante, Exorcismos de esti(l)o, 1976.

La gracia de lo lúdico escritural se agrega, en este ejemplo, al efecto del doble
sentido.
Más elaborado es el mecanismo de atribuir sentido literal a expresiones que, en el
habla corriente, tienen un claro sentido figurado. Es lo que hace Luisa Valenzuela en
Zoología fantástica11 y Augusto Monterroso en La fe y las montañas*. Pero mientras el
cuento de Valenzuela es eficaz por el efecto lúdico de la sustitución de sentidos, el de
Monterroso lo es porque esa sustitución permite una conclusión irónica final.
A veces, la sustitución de sentido es aún más sutil:

Conozco a un hombre que dormía con sus brazos. Un día se los amputaron y quedó
despierto para siempre.


enorme polisemia que poseen permite dejar el asunto librado al lector y a su capital cultural sobre
Dios y los fantasmas (L. Zavala: El cuento ultracorto: hacia un nuevo canon literario).


César Vallejo, Poemas en prosa / Contra el secreto profesional,
1975.

Habitualmente la expresión “dormir con” tiene el sentido de dormir con alguien o
con algo externo al propio cuerpo. “Dormir con sus brazos” posibilita que, sin alterar las
normas formales del bien pensar, se concluya en un absurdo. Más desembozada es la
introducción del absurdo en Tragedia* de Vicente Huidobro al postular que cada uno de los
nombres del personaje María Olga corresponde a distintas personalidades. Pero en ambos,
el mecanismo consiste en permitirse por un instante faltar al sentido común y luego,
ignorando el falso punto de partida, seguir pensando juiciosamente. En cambio en
Diálogos, Alejandra Pizarnik va más lejos.

Diálogos

- Ésa de negro que sonríe desde la pequeña ventana del tranvía se asemeja a Madame
Lamort –dijo.
-No es posible, pues en París no hay tranvías. Además, ésa de negro del tranvía en nada se
asemeja a Madame Lamort. Todo lo contrario: es Madame Lamort quien se asemeja a ésa
de negro. Resumiendo: no sólo no hay tranvías en París sino que nunca en mi vida he visto
a Madame Lamort, ni siquiera en retrato.
- Usted coincide conmigo –dijo- porque tampoco yo conozco a Madame Lamort.
-¿Quién es usted? Deberíamos presentarnos.
-Madame Lamort –dijo- ¿Y usted?

11
En Aquí pasan cosas raras, Ed. De la Flor, Buenos Aires, 1975.
R. Brasca El Cuento en Red
Los mecanismos... No1: Primavera, 2000
12
-Madame Lamort.
- Su nombre no deja de recordarme algo –dijo.
- Trate de recordar antes de que llegue el tranvía.
- Pero si acaba de decir que no hay tranvías en París –dijo.
- No los había cuando lo dije pero nunca se sabe qué va a pasar.
- Entonces esperémoslo puesto que estamos esperándolo –dijo.

Alejandra Pizarnik, Textos de sombra y últimos poemas, 1982.

La contradicción interna es constitutiva de este cuento. El mecanismo es frustrar
reiteradamente la pretensión de otorgar sentido; cada posibilidad de sentido es revocada en
la línea siguiente.


Las familias definidas según el criterio propuesto pueden presentar zonas de
superposición, porque hay cuentos brevísimos en los que interviene más de un mecanismo.
Por ejemplo La tela de Penélope o quién engaña a quién, plantea una dualidad “historia-
revés de la historia” pero, a la vez, es claramente referencial.
Pueden señalarse otras familias menos importantes en cantidad de ejemplos. Entre
ellas:

- Aquella en la que el trabajo sobre el lenguaje prevalece sobre lo que se cuenta (El
grafógrafo12 de S. Elizondo, el capítulo 68** de Rayuela de Cortázar)
- La de los microcuentos con formato de silogismo o de demostración matemática
(Argumentum ornithologicum*, de Borges).
- La de los que describen series infinitas: historias que recomienzan indefinidamente al
llegar a su fin (Infidelidad a la luz de la teoría de la relatividad**, de René Avilés
Fabila), historias contenidas unas en otras como cajas chinas (El argumento*, de Alvaro
Menem Desleal).

Seguramente hay más, pero poco relevantes en el conjunto. Por otra parte, cuentos tan
particulares como Diálogo sobre un diálogo de Borges, son difíciles de agrupar. Por eso es
muy dudoso que una tipología basada en el mecanismo pueda ser exhaustiva. El objeto del
análisis anterior es simplemente permitir o hacer más evidentes algunas conclusiones.
En primer lugar, podemos decir que todos los mecanismos básicos datan de los
primeros tiempos del cuento brevísimo y que ninguno ha sido abandonado. En el caso de
las dualidades, se han ido agregando nuevos pares duales; en el de los microcuentos
referenciales, nuevas referencias; en el caso de los microcuentos que juegan con el sentido,
coexisten en la producción de hoy todos los mecanismos señalados. Es cierto que, dentro de
cada familia, se han explorado posibilidades extremas y más complejas, pero no se ha
registrado, en décadas, la aparición de ninguna nueva familia importante. Por otro lado,
microcuentos no asimilables a ningún mecanismo de los mencionados se produjeron antes y
se producen ahora. Lo que sí sucede es que, dada la mayor cantidad de autores que cultivan
el género, la cantidad de nuevos ejemplos se ha incrementado al punto de convertirse en

12
En El grafógrafo, Joaquín Mortiz, México, 1972.
R. Brasca El Cuento en Red
Los mecanismos... No1: Primavera, 2000
14
alud. De ellos, muchos son francamente malos, repeticiones de lo ya escrito, pero sin
talento. Sin embargo, también los hay muy buenos. Esta explosión, aunque sólo sea
cuantitativa, es un signo de vitalidad.
Otra conclusión bastante evidente, es que no es posible describir una evolución del
microcuento basada en los mecanismos. Tampoco se pueden señalar tendencias hacia una
mayor definición genérica13. Cuentos brevísimos de los antiguos marginales Macedonio
Fernández y Felisberto Hernández, resultan tan contemporáneos como la mayor parte de los
que se escriben hoy. Además, los ejemplos clásicos de Borges, Arreola o Piñera siguen
encabezando la magna selección de microcuentos perfectos (aunque compartan ese lugar
con algunos de autores nuevos).
La ausencia de un proceso evolutivo, parece indicar que el microcuento es en sí
mismo, como género, contemporáneo. De otra manera, sería inexplicable que una forma de
narrar que no ha experimentado cambios cualitativos en cincuenta años tenga el grado de
aceptación que hoy tiene. El microcuento exige una singular actitud de lectura. Por eso
puede decirse que ha creado un nuevo tipo de lector o, más prudentemente, que se ha
producido un feliz encuentro entre las nuevas inclinaciones de los lectores y esta modalidad
narrativa que ya existía. Ese encuentro no ha cesado de renovarse y seguramente lo seguirá
haciendo. Porque el gusto por el cuento brevísimo participa de una nueva manera de
aprehender el mundo: la que suma mil fragmentos heterogéneos a los que dan forma la
inteligencia y el deseo de los hombres. El Gran Relato fluye incesante como un río que
recorre el tiempo. Su aspecto, sin embargo, es mutable según las épocas. Todo augura un
triunfal ingreso del cuento brevísimo en el siglo XXI.




BIBLIOGRAFÍA


Borges, Jorge Luis; Bioy Casares, Adolfo; Ocampo, Silvina: Antología de la literatura
fantástica, Editorial Sudamericana (1980).

Brasca, Raúl (selección y prólogo): Dos veces bueno, Cuentos brevísimos
latinoamericanos, Ediciones Desde la Gente, Buenos Aires, 1996.

------------------ (selección y prólogo): 2 veces bueno 2, Más cuentos brevísimos
latinoamericanos, Ediciones Desde la Gente, Buenos Aires, 1997.

--------------- y Chitarroni, Luis: Inclusiones, Cuentos breves y ocultos, Grupo Editorial
Sudamericana, 1999 (en prensa).

Epple, Juan Armando (selección y prólogo): Brevísima Relación, Antología del
Microcuento Hispanoamericano, Editorial Mosquito Comunicaciones, Chile, 1990.

Miranda, Julio: El cuento breve en Venezuela, Cuadernos Hispanoamericanos 555 (1996):
85-94.

Noguerol, Francisca: Inversión de los mitos en el micro-relato hispanoamericano
contemporáneo. En “La revitalización de los mitos en las literaturas hispánicas del siglo
XX”, Huelva, Universidad de Huelva (1993): 163-175.

--------------: Micro-relato y posmodernidad: Textos nuevos para un final de milenio,
Revista Interamericana de Bibliografía, 1996, XLVI, 1-4: 49-66.

--------------: La Trampa en la Sonrisa, Sátira en la narrativa de Augusto Monterroso,
Universidad de Sevilla, 1995.

Rojo, Violeta: Breve manual para reconocer minicuentos, Fundarte, Caracas, 1996.

Valadés, Edmundo: El libro de la imaginación, Fondo de Cultura Económica, México,
1976.

-------------: Ronda por el cuento brevísimo, revista Puro Cuento 21, Buenos Aires (1990):
28-30. También en revista El Cuento 119-120, México (1991): II-VIII.

13
A esta altura, la heterogeneidad del microcuento (que algunos describen como carácter proteico,
hibridación o mestizaje), parecería ser esencial al género y una de las causas principales de su
éxito.
R. Brasca El Cuento en Red
Los mecanismos... No1: Primavera, 2000
16

Zavala, Lauro: El cuento ultracorto: hacia un nuevo canon literario. En “El cuento
mexicano. Homenaje a Luis Leal”, UNAM, México (1996): 165-181.

-------------: Disolución de fronteras (Humor e ironía en el cuento ultracorto). En “Ni
cuento que los aguante (La ficción en México)”, Universidad Autónoma de Tlaxcala
(1997): 209-216./i
 
pabloantonio,05.05.2007
MICROCUENTO ! JAJAJAJAJA !
 
salsalha,15.05.2007
Excelente aporte, realmente admiro el genero y el ensayo ha sido totalmente esclarecedor, por no mencionar, las joyas que lo enriquecen.
 
sinfuturo,16.05.2007
ffffffffffffooooooooooooooooommmmmmmmmmeeeeeeeeeeee
LATERO!!!!!!!
 
giere,27.05.2007
Sin lugar a dudas este es un enayo original, interesante y aleccionador. Me gusta.
 
ismarel,28.05.2007
los nicro cuentos son bastante interesantes
 



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