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Inicio / Lista de Foros / Literatura :: Crítica / Literatura + enfermedad = enfermedad por Roberto Bolaño - [F:5:2875]


luchochago,06.05.2005
Literatura + enfermedad = enfermedad




Por Roberto Bolaño


para mi amigo el doctor Víctor Vargas,
hepatólogo

Enfermedad y conferencia
Nadie debe extrañarse de que el conferenciante se ande por las
ramas. Pongamos el siguiente caso. El conferenciante va a hablar sobre la
enfermedad. El teatro se llena con diez personas. Hay una
expectación entre los espectadores digna, sin duda, de mejor causa.
La conferencia empieza a las siete de la tarde o a las ocho de la noche.
Nadie del público ha cenado. Cuando dan las siete (o las ocho, o las
nueve) ya están todos allí, sentados en sus asientos, los
teléfonos móviles apagados. Da gusto hablar ante personas tan
educadas. Sin embargo el conferenciante no aparece y finalmente uno de los
organizadores del evento anuncia que no podrá venir debido a que, a
última hora, se ha puesto gravemente enfermo.

Enfermedad y estatura
Vayamos al grano o acerquémonos por un instante a ese grano
solitario que el viento o el azar ha dejado justo en medio de una enorme
mesa vacía. No hace mucho tiempo, al salir de la consulta de
Víctor Vargas, mi médico, una mujer me esperaba junto a la
puerta confundida entre los demás pacientes que formaban la cola.
Esta mujer era una mujer bajita, quiero decir de corta estatura, cuya
cabeza apenas me llegaba a la altura del pecho, digamos unos pocos
centímetros por arriba de las tetillas, y eso que llevaba unos
tacones portentosos, como no tardé en descubrir. La visita, de
más está decirlo, había ido mal, muy mal; mi
médico sólo tenía malas noticias. Yo me sentía,
no sé, no precisamente mareado, que es lo usual en estos casos, sino
más bien como si los demás se hubieran mareado y yo fuera el
único que mantenía una especie de calma o una cierta
verticalidad. Tenía la impresión de que todos iban a gatas o,
como suele decirse, a cuatro patas, mientras yo iba de pie o
permanecía sentado, con las piernas cruzadas, que a todos los
efectos es lo mismo que estar o ir de pie o mantener la verticalidad. En
cualquier caso tampoco puedo decir que me sintiera bien, pues una cosa es
mantenerse erguido mientras los demás gatean y otra cosa muy
distinta es observar, con algo que a falta de una palabra mejor
llamaré ternura o curiosidad o mórbida curiosidad, el gateo
indiscriminado y repentino de quienes te rodean. Ternura,
melancolía, nostalgia, sensaciones propias de un enamorado
más bien cursi, y muy impropias de experimentar en el consultorio
externo de un hospital de Barcelona. Por supuesto, si ese hospital hubiera
sido un manicomio, tal visión no me habría afectado en lo
más mínimo, pues desde muy joven me acostumbré —aunque
nunca seguí— al refrán que dice que en el país al que
fueres, haz lo que vieres, y lo mejor que uno puede hacer en un manicomio,
aparte de mantener un silencio lo más digno posible, es gatear u
observar el gateo de los compañeros de desgracia.

Pero yo no estaba en un manicomio sino en uno de los mejores hospitales
públicos de Barcelona, un hospital que conozco bien pues he estado
cinco o seis veces internado allí, y hasta entonces no había
visto a nadie caminar a cuatro patas, aunque sí había visto a
enfermos ponerse amarillos como canarios y había visto a otros que
de repente dejaban de respirar, es decir, se morían, algo no inusual
en un sitio así; pero a gatas no había visto, todavía,
a nadie, por lo que pensé que las palabras de mi médico
habían sido mucho más graves de lo que en principio
creí, o lo que es lo mismo: que mi estado de salud era francamente
malo. Y cuando salí de la consulta y vi a todo el mundo gateando,
esta impresión sobre mi propia salud se acentuó y el miedo a
punto estuvo de tumbarme y obligarme a gatear a mí también.
El motivo de que no lo hiciera fue la presencia de la mujer bajita, que en
ese momento se me acercó y dijo su nombre, la doctora X, y luego
pronunció el nombre de mi médico, mi querido doctor Vargas,
con quien mantengo una relación tipo armador griego millonario, es
decir la relación de un hombre casado que ama pero que procura ver
lo menos posible a su mujer, y añadió, la doctora X, que
estaba al tanto de mi enfermedad o del progreso de mi enfermedad y deseaba
incluirme en un trabajo que ella estaba haciendo. Le pregunté
educadamente por la naturaleza de ese trabajo. Su respuesta fue vaga. Me
explicó que apenas me haría perder media hora de mi tiempo y
que se trataba de que yo hiciera algunos tests que tenía preparados.
No sé por qué, finalmente le dije que sí, y entonces
ella me guió fuera de las consultas externas hasta un ascensor de
grandes proporciones, un ascensor en donde había una camilla,
vacía, por supuesto, pero ningún camillero, una camilla que
subía y que bajaba con el ascensor, como una novia bien
proporcionada con —o en el interior de— su novio desproporcionado, pues el
ascensor era verdaderamente grande, tanto como para albergar en su interior
no sólo una camilla sino dos, y además una silla de ruedas,
todas con sus respectivos ocupantes, pero lo más curioso era que en
el ascensor no había nadie, salvo la doctora bajita y yo, y justo en
ese momento, con la cabeza no sé si más fría o
más caliente, me di cuenta de que la doctora bajita no estaba nada
mal.

No bien descubrí esto, me pregunté qué
ocurriría si le proponía hacer el amor en el ascensor, cama
no nos iba a faltar. Recordé en el acto, como no podía ser
menos, a Susan Sarandon disfrazada de monja preguntándole a Sean
Penn cómo podía pensar en follar si le quedaban pocos
días de vida. El tono de Susan Sarandon, por descontado, es de
reproche. No recuerdo, para variar, el título de la película,
pero era una buena película, dirigida, creo, por Tim Robbins, que es
un buen actor y tal vez un buen director pero que no ha estado jamás
en el corredor de la muerte. Follar es lo único que desean los que
van a morir. Follar es lo único que desean los que están en
las cárceles y en los hospitales. Los impotentes lo único que
desean es follar. Los castrados lo único que desean es follar. Los
heridos graves, los suicidas, los seguidores irredentos de Heidegger.
Incluso Wittgenstein, que es el más grande filósofo del siglo
XX, lo único que deseaba era follar. Hasta los muertos, leí
en alguna parte, lo único que desean es follar. Es triste tener que
admitirlo, pero es así.

Enfermedad y Dioniso
Aunque la verdad de la verdad, la puritita verdad, es que me cuesta mucho
admitirlo. Esa explosión seminal, esos cúmulos y cirros que
cubren nuestra geografía imaginaria, terminan por entristecer a
cualquiera. Follar cuando no se tienen fuerzas para follar puede ser
hermoso y hasta épico. Luego puede convertirse en una pesadilla. Sin
embargo, no hay más remedio que admitirlo. Miren, por ejemplo, las
cárceles de México. Aparece un tipo no precisamente
agraciado, chaparro, seboso, panzón, bizco, y que encima es malo y
huele mal. Este tipo, cuya sombra se desplaza con una lentitud exasperante
por las paredes de la cárcel o por los pasillos interiores de la
cárcel, al poco tiempo de estar allí se hace amante de otro
tipo, igual de feo pero más fuerte. No ha habido un romance
prolongado, un romance lleno de pasos y de estaciones. No ha habido una
afinidad electiva tal como la entendía Goethe. Ha sido un amor a
primera vista, primario, si ustedes quieren, pero cuya finalidad no difiere
mucho de la finalidad buscada por tantas parejas normales o que nos parecen
normales. Son novios. Sus galanteos, sus deliquios, son como
radiografías. Follan cada noche. A veces se pegan. Otras veces se
cuentan sus vidas, como si fueran amigos, aunque en realidad no son amigos
sino amantes. Los domingos, incluso, ambos reciben las visitas de sus
respectivas mujeres, que son tan feas como ellos. Obviamente ninguno de los
dos es lo que llamaríamos un homosexual. Si alguien se lo echara en
cara probablemente ellos se enojarían tanto, se sentirían tan
ofendidos, que primero violarían brutalmente al ofensor y luego lo
asesinarían. Esto es así. Victor Hugo, que según
Daudet era capaz de comerse una naranja entera de un solo bocado, prueba
máxima de salud, según Daudet, típico gesto de cerdo,
según mi mujer, dejó escrito en Los miserables que la gente
oscura, la gente atroz, es capaz de experimentar una felicidad oscura, una
felicidad atroz. Según creo recordar, pues Los miserables es un
libro que leí en México hace muchísimos años y
que dejé en México cuando me fui de México para
siempre y que no pienso volver a comprar ni a releer, pues no hay que leer
ni mucho menos releer los libros de los cuales se hacen películas, y
creo que de Los miserables se hizo hasta un musical. Esa gente atroz, como
decía, cuya felicidad es atroz, son aquellos rufianes que acogen a
Cosette cuando Cosette aún es una niña, y que encarnan a la
perfección no sólo el mal y la mezquindad de cierta
pequeña burguesía o de aquello que aspira a formar parte de
la pequeña burguesía, sino que con el paso del tiempo y los
avances del progreso encarnan, a estas alturas de la historia, a casi la
totalidad de lo que hoy llamamos clase media, una clase media de izquierda
o de derecha, culta o analfabeta, ladrona o de apariencia proba, gente
provista de buena salud, gente preocupada en cuidar su buena salud, gente
exactamente igual (probablemente menos violenta y menos valiente,
más prudente, más discreta) que los dos pistoleros mexicanos
que viven su amor encerrados en un penal.

Dioniso lo ha invadido todo. Está instalado en las iglesias y en
las ONG, en el gobierno y en las casas reales, en las oficinas y en los
barrios de chabolas. La culpa de todo la tiene Dioniso. El vencedor es
Dioniso. Y su antagonista o contrapartida ni siquiera es Apolo, sino don
Pijo o doña Siútica o don Cursi o doña Neurona
Solitaria, guardaespaldas dispuestos a pasarse al enemigo a la primera
detonación sospechosa.

Enfermedad y Apolo
¿Y dónde diablos está el maricón de Apolo?
Apolo está enfermo, grave.

Enfermedad y poesía francesa
La poesía francesa, como bien saben los franceses, es la más
alta poesía del siglo XIX y de alguna manera en sus páginas y
en sus versos se prefiguran los grandes problemas que iba a afrontar Europa
y nuestra cultura occidental durante el siglo XX y que aún
están sin resolver. La revolución, la muerte, el aburrimiento
y la huida pueden ser esos temas. Esa gran poesía fue escrita por un
puñado de poetas y su punto de partida no es Lamartine, ni Hugo, ni
Nerval, sino Baudelaire. Digamos que se inicia con Baudelaire, adquiere su
máxima tensión con Lautréamont y Rimbaud, y finaliza
con Mallarmé. Por supuesto, hay otros poetas notables, como
Corbière o Verlaine, y otros que no son desdeñables, como
Laforgue o Catulle Mendés o Charles Cros, e incluso alguno no del
todo desdeñable como Banville. Pero la verdad es que con Baudelaire,
Lautréamont, Rimbaud y Mallarmé ya hay suficiente. Empecemos
por el último. Quiero decir, no por el más joven sino por el
último en morir, Mallarmé, que se quedó a dos
años de conocer el siglo XX. Éste escribe en Brisa Marina:

La carne es triste, ¡ay!, y todo lo he leído.
¡Huir! ¡Huir! Presiento que en lo desconocido
de espuma y cielo, ebrios los pájaros se alejan.
Nada, ni los jardines que los ojos reflejan
sujetará este pecho, náufrago en mar abierta
¡oh, noches!, ni en mi lámpara la claridad desierta
sobre la virgen página que esconde su blancura,
y ni la fresca esposa con el hijo en el seno.
¡He de partir al fin! Zarpe el barco, y sereno
meza en busca de exóticos climas su arboladura.
Un hastío reseco ya de crueles anhelos
aún suena en el último adiós de los pañuelos.
¡Quién sabe si los mástiles, tempestades buscando,
se doblarán al viento sobre el naufragio, cuando
perdidos floten sin islotes ni derroteros!...
¡Más oye, oh corazón, cantar los marineros!
Un bonito poema. Nabokov le habría aconsejado al traductor no
mantener la rima, dar una versión en verso libre, hacer una
versión feísta, si Nabokov hubiera conocido al traductor,
Alfonso Reyes, que para la cultura occidental poco significa pero que para
esa parte de la cultura occidental que es Latinoamérica significa (o
debería significar) mucho. ¿Pero qué quiso decir
Mallarmé cuando dijo que la carne es triste y que ya había
leído todos los libros? ¿Que había leído hasta
la saciedad y que había follado hasta la saciedad? ¿Que a
partir de determinado momento toda lectura y todo acto carnal se
transforman en repetición? ¿Que lo único que quedaba
era viajar? ¿Que follar y leer, a la postre, resultaba aburrido, y
que viajar era la única salida? Yo creo que Mallarmé
está hablando de la enfermedad, del combate que libra la enfermedad
contra la salud, dos estados o dos potencias, como queráis,
totalitarias; yo creo que Mallarmé está hablando de la
enfermedad revestida con los trapos del aburrimiento. La imagen que
Mallarmé construye sobre la enfermedad, sin embargo, es, de alguna
manera, prístina: habla de la enfermedad como resignación,
resignación de vivir o resignación de lo que sea.

Es decir, está hablando de derrota. Y para revertir la derrota
opone vanamente la lectura y el sexo, que sospecho que para mayor gloria de
Mallarmé y mayor perplejidad de Madame Mallarmé eran la misma
cosa, pues de lo contrario nadie en su sano juicio puede decir que la carne
es triste, así, de esa forma taxativa, que enuncia que la carne
sólo es triste, que la petit morte, que en realidad no dura ni
siquiera un minuto, se extiende a todos los gestos del amor, que como es
bien sabido pueden durar horas y horas y hacerse interminables, en fin, que
un verso semejante no desentonaría en un poeta español como
Campoamor pero sí en la obra y en la biografía de
Mallarmé, indisolublemente unidas, salvo en este poema, en este
manifiesto cifrado, que sólo Paul Gauguin se tomó al pie de
la letra, pues que se sepa Mallarmé no escuchó jamás
cantar a los marineros, o si los escuchó no fue, ciertamente, a
bordo de un barco con destino incierto.

Y menos aún se puede afirmar que uno ya ha leído todos los
libros, pues incluso aunque los libros se acaben nunca acaba uno de leerlos
todos, algo que bien sabía Mallarmé. Los libros son finitos,
los encuentros sexuales son finitos, pero el deseo de leer y de follar es
infinito, sobrepasa nuestra propia muerte, nuestros miedos, nuestras
esperanzas de paz. ¿Y qué le queda a Mallarmé en este
ilustre poema, cuando ya no le quedan, según él, ni ganas de
leer ni ganas de follar? Pues le queda el viaje, le quedan las ganas de
viajar. Y ahí está tal vez la clave del crimen. Porque si
Mallarmé llega a decir que lo que queda por hacer es rezar o llorar
o volverse loco, tal vez habría conseguido la coartada perfecta.

Pero en lugar de eso Mallarmé dice que lo único que resta
por hacer es viajar, que es como si dijera navegar es necesario, vivir no
es necesario, frase que antes sabía citar en latín y que por
culpa de las toxinas viajeras de mi hígado también he
olvidado, o lo que es lo mismo, Mallarmé opta por el viajero con el
torso desnudo, por la libertad que también tiene el torso desnudo,
por la vida sencilla (pero no tan sencilla si rascamos un poco) del
marinero y del explorador que, a la par que es una afirmación de la
vida, también es un juego constante con la muerte y que,en una
escala jerárquica, es el primer peldaño de cierto aprendizaje
poético. El segundo peldaño es el sexo y el tercero los
libros. Lo que convierte la elección mallarmeana en una paradoja o
bien en un regreso, en un volver a empezar desde cero. Y llegado a este
punto no puedo, antes de volver al ascensor, dejar de pensar en un poema de
Baudelaire, el padre de todos, en el que éste habla del viaje, del
entusiasmo juvenil del viaje y de la amargura que todo viaje a la postre
deja en el viajero, y pienso que tal vez el soneto de Mallarmé es
una respuesta al poema de Baudelaire, uno de los más terribles que
he leído, el de Baudelaire, un poema enfermo, un poema sin salida,
pero acaso el poema más lúcido de todo el siglo XIX.

Enfermedad y viajes
Viajar enferma. Antiguamente los médicos recomendaban a sus
pacientes, sobre todo a los que padecían enfermedades nerviosas,
viajar. Los pacientes, que por regla general tenían dinero,
obedecían y se embarcaban en largos viajes que duraban meses y en
ocasiones años. Los pobres que tenían enfermedades nerviosas
no viajaban. Algunos, es de suponer, enloquecían. Pero los que
viajaban también enloquecían o, lo que es peor,
adquirían nuevas enfermedades conforme cambiaban de ciudades, de
climas, de costumbres alimenticias.

Realmente, es más sano no viajar, es más sano no moverse, no
salir nunca de casa, estar bien abrigado en invierno y sólo quitarse
la bufanda en verano, es más sano no abrir la boca ni
pestañear, es más sano no respirar. Pero lo cierto es que uno
respira y viaja. Yo, sin ir más lejos, comencé a viajar desde
muy joven, desde los siete u ocho años, aproximadamente. Primero en
el camión de mi padre, por carreteras chilenas solitarias que
parecían carreteras posnucleares y que me ponían los pelos de
punta, luego en trenes y en autobuses, hasta que a los quince años
tomé mi primer avión y me fui a vivir a México. A
partir de ese momento los viajes fueron constantes. Resultado: enfermedades
múltiples.

De niño, grandes dolores de cabeza que hacían que mis padres
se preguntaran si no tendría una enfermedad nerviosa y si no
sería conveniente que emprendiera, lo más pronto posible, un
largo viaje reparador. De adolescente, insomnio y problemas de
índole sexual. De joven, pérdida de dientes que fui dejando,
como las miguitas de pan de Hansel y Gretel, en diferentes países;
mala alimentación que me provocaba acidez estomacal y luego una
gastritis; abuso de la lectura que me obligó a llevar lentes; callos
en los pies producto de largas caminatas sin ton ni son; infinidad de
gripes y catarros mal curados. Era pobre, vivía en la intemperie y
me consideraba un tipo con suerte porque, a fin de cuentas, no había
enfermado de nada grave. Abusé del sexo pero nunca contraje una
enfermedad venérea. Abusé de la lectura pero nunca quise ser
un autor de éxito. Incluso la pérdida de dientes para
mí era una especie de homenaje a Gary Snyder, cuya vida de vagabundo
zen lo había hecho descuidar su dentadura. Pero todo llega. Los
hijos llegan. Los libros llegan. La enfermedad llega. El fin del viaje
llega.

Enfermedad y callejón sin salida
El poema de Baudelaire se llama “El viaje”. El poema es largo y delirante,
es decir posee el delirio de la extrema lucidez, y no es éste el
momento de leerlo completo. El traductor es el poeta Antonio
Martínez Sarrión y sus primeros versos dicen así:

Para el niño, gustoso de mapas y grabados,
Es semejante el mundo a su curiosidad.
El poema, pues, empieza con un niño. El poema de la aventura y del
horror, naturalmente, empieza en la mirada pura de un niño. Luego
dice:

Un buen día partimos, la cabeza incendiada,
Repleto el corazón de rabia y amargura,
Para continuar, tal las olas, meciendo
Nuestro infinito sobre lo finito del mar:
Felices de dejar la patria infame, unos;
El horror de sus cunas, otros más; no faltando,
Astrólogos ahogados en miradas bellísimas
De una Circe tiránica, letal y perfumada.
Para no ser cambiados en bestias, se emborrachan
De cielos abrasados, de espacio y resplandor,
El hielo que les muerde, los soles que les queman,
La marca de los besos borran con lentitud.
Pero los verdaderos viajeros sólo parten
Por partir; corazones a globos semejantes
A su fatalidad jamás ellos esquivan
Y gritan “¡Adelante!” sin saber bien por qué.
El viaje que emprenden los tripulantes del poema de Baudelaire en cierto
modo se asemeja al viaje de los condenados. Voy a viajar, voy a perderme en
territorios desconocidos, a ver qué encuentro, a ver qué
pasa. Pero previamente voy a renunciar a todo. O lo que es lo mismo: para
viajar de verdad los viajeros no deben tener nada que perder. El viaje,
este largo y accidentado viaje del siglo XIX, se asemeja al viaje que hace
el enfermo a bordo de una camilla, desde su habitación a la sala de
operaciones, donde le aguardan seres con el rostro oculto debajo de
pañuelos, como bandidos de la secta de los hashishin. Por cierto,
las primeras estampas del viaje no rehúyen ciertas visiones
paradisíacas, producto más de la voluntad o de la cultura del
viajero que de la realidad:

¡Asombrosos viajeros! ¡Cuántas nobles historias
Leemos en vuestros ojos profundos como el mar!
Mostradnos los estuches de tan ricas memorias

Y también dice: ¿Qué habéis visto? Y el
viajero, o ese fantasma que representa a los viajeros, contesta enumerando
las estaciones del infierno. El viajero de Baudelaire, evidentemente, no
cree que la carne sea triste y que ya haya leído todos los libros,
aunque evidentemente sabe que la carne, trofeo y joya de la
entropía, es triste y más que triste, y que una vez
leído un solo libro, todos los libros están leídos. El
viajero de Baudelaire tiene la cabeza incendiada y el corazón
repleto de rabia y amargura, es decir, probablemente se trata de un viajero
radical y moderno, aunque por supuesto es alguien que razonablemente quiere
salvarse, que quiere ver, pero que también quiere salvarse. El
viaje, todo el poema, es como un barco o una tumultuosa caravana que se
dirige directamente hacia el abismo, pero el viajero, lo intuimos en su
asco, en su desesperación y en su desprecio, quiere salvarse. Lo que
finalmente encuentra, como Ulises, como el tipo que viaja en una camilla y
confunde el cielo raso con el abismo, es su propia imagen:


¡Saber amargo aquel que se obtiene del viaje!
Monótono y pequeño, el mundo, hoy día, ayer,
Mañana, en todo tiempo, nos lanza nuestra imagen:
¡En desiertos de tedio, un oasis de horror!
Y con ese verso, la verdad, ya tenemos más que suficiente. En medio
de un desierto de aburrimiento, un oasis de horror. No hay
diagnóstico más lúcido para expresar la enfermedad del
hombre moderno. Para salir del aburrimiento, para escapar del punto muerto,
lo único que tenemos a mano,y no tan a mano, también en esto
hay que esforzarse, es el horror, es decir el mal. O vivimos como zombis,
como esclavos alimentados con soma, o nos convertimos en esclavizadores, en
seres malignos, como el tipo aquel que después de asesinar a su
mujer y a sus tres hijos dijo, mientras sudaba a mares, que se
sentía extraño, como poseído por algo desconocido, la
libertad, y luego dijo que las víctimas se habían merecido lo
que les pasó, aunque al cabo de unas horas, más tranquilo,
dijo que nadie se merecía una muerte tan cruel y luego
añadió que probablemente se había vuelto loco y les
pidió a los policías que no le hicieran caso.

Un oasis siempre es un oasis, sobre todo si uno sale de un desierto de
aburrimiento. En un oasis uno puede beber, comer, curarse las heridas,
descansar, pero si el oasis es de horror, si sólo existen oasis de
horror, el viajero podrá confirmar, esta vez de forma fehaciente,
que la carne es triste, que llega un día en que todos los libros
están leídos y que viajar es un espejismo. Hoy, todo parece
indicar que sólo existen oasis de horror o que la deriva de todo
oasis es hacia el horror.

Enfermedad y pruebas
Y ya es hora de volver a ese ascensor enorme, el ascensor más
grande que he visto en mi vida, un ascensor en donde un pastor hubiera
podido meter un reducido rebaño de ovejas y un granjero dos vacas
locas y un enfermero dos camillas vacías, y en donde yo me
debatía, literalmente, entre la posibilidad de pedirle a aquella
doctora de corta estatura, casi una muñeca japonesa, que hiciera el
amor conmigo o que al menos lo intentáramos, y la posibilidad cierta
de echarme a llorar allí mismo, como Alicia en el País de las
Maravillas, e inundar el ascensor no de sangre, como en El resplandor de
Kubrick, sino de lágrimas. Pero los buenos modales, que nunca
están de más y que pocas veces estorban, en ocasiones como
ésta son un estorbo, y al poco rato la doctora japonesa y yo
estábamos encerrados en un cubículo, con una ventana desde la
que se veía la parte de atrás del hospital, haciendo unas
pruebas rarísimas, que a mí me parecieron exactamente iguales
que las pruebas que aparecen en las páginas de pasatiempos de
cualquier periódico dominical.

Por supuesto, me esmeré mucho en hacerlas bien, como si quisiera
demostrarle a ella que mi médico estaba equivocado, vano esfuerzo,
pues aunque realizaba las pruebas de forma impecable la pequeña
japonesa permanecía impasible, sin dedicarme ni la más
mínima sonrisa de aliento. De vez en cuando, mientras ella preparaba
una nueva prueba, hablábamos. Le pregunté por las
posibilidades de éxito de un trasplante de hígado. Muchas
posibilidades, dijo. ¿Qué tanto por ciento?, dije yo. Sesenta
pol ciento, dijo ella. Joder, dije yo, es muy poco. En política es
mayolía absoluta, dijo ella.

Una de las pruebas, tal vez la más sencilla, me impresionó
mucho. Consistía en mantener durante unos segundos las manos
extendidas de forma vertical, vale decir con los dedos hacia arriba,
enseñándole a ella las palmas y contemplando yo el dorso. Le
pregunté qué demonios significaba ese test. Su respuesta fue
que, en un punto más avanzado de mi enfermedad, sería incapaz
de mantener los dedos en esa posición. Éstos,
inevitablemente, se doblarían hacia ella. Creo que dije: Vaya por
Dios. Tal vez me reí. Lo cierto es que a partir de entonces ese test
me lo hago cada día, esté donde esté. Pongo las manos
delante de mis ojos, con el dorso hacia mí, y observo durante unos
segundos mis nudillos, mis uñas, las arrugas que se forman sobre
cada falange. El día que los dedos no puedan mantenerse firmes no
sé muy bien qué haré, aunque sí sé
qué no haré. Mallarmé escribió que un golpe de
dados jamás abolirá el azar. Sin embargo, es necesario tirar
los dados cada día, así como es necesario realizar el test de
los dedos enhiestos cada día.

Enfermedad y Kafka
Cuenta Canetti en su libro sobre Kafka que el más grande escritor
del siglo XX comprendió que los dados estaban tirados y que ya nada
le separaba de la escritura el día en que por primera vez
escupió sangre. ¿Qué quiero decir cuando digo que ya
nada le separaba de su escritura? Sinceramente, no lo sé muy bien.
Supongo que quiero decir que Kafka comprendía que los viajes, el
sexo y los libros son caminos que no llevan a ninguna parte, y que sin
embargo son caminos por los que hay que internarse y perderse para volverse
a encontrar o para encontrar algo, lo que sea, un libro, un gesto, un
objeto perdido, para encontrar cualquier cosa, tal vez un método,
con suerte: lo nuevo, lo que siempre ha estado allí.



 
evaristo,11.05.2005
En desiertos de tedio, un oasis de horror, que buen poema el de Baudelaire,
el criptico Mallarmé no lo hace mal, Bolaño sufriendo como un
chancho en un matadero, con la angustia de dejar a su mujer y a sus hijos
en la calle, de hecho pidió expresamente que 2666 se hiciera en 5
libros, lo que no quizo hacer Echavarria, su editor. Esta suerte de
alocución o conferencia de Bolaño, que salió editado
en el libro entreparéntesis, es de una profundidad extrema: el
hombre se hace carne con su enfermedad, la mira y se compadece, sufre y
sabe que está de cara a la muerte, que no hay vuelta atras. Una
muestra de su arte, no solamente bien escrito, sino ajeno de compromisos,
viceral, de un enfermo desauciado, por la vida y por la literatura; las
últimas palabras de una gran escritor
que con su muerte a cuestas, sigue creando.
 
khaliq,13.05.2005
Un gran texto de un gran escritor al borde de la muerte, un escritor que
escribió su gran novela hasta horas antes de perder la consciencia.
Un solo apunte, Echevarría no fue su editor, fue su amigo y
consejero literario (su 'agente', aunque esta no sería la palabra
exacta para definir su relación con Bolaño), el editor fue
Herralde.
 
luchochago,09.06.2005
...
 
vicente1429,17.06.2005
evaristo, el editor de bolaño se llama Jorge Herralde. Ignacio
Echeverria es critico literario.
 
mandrugo,18.06.2005
Sin conocer la obra de Bolaño, puedo decir que su conferencia acerca
del hígado y sus alrededores existenciales es deslumbrante. Me
mandó a los profundos dédalos de la estética y del
dolor. Un grande, sin duda.
 
tierras_medias,11.07.2005
Un texto lúcido y arriesgado. Que abre los ojos a la adormecida y
autocomplaciente cripta hermética de la crítica y los
escritores nacionales (chilenos). Sin duda un parámetro para las
nuevas generaciones de creadores. Un golpe bajo.
Carpe Diem
 
evaristo,15.07.2005
Es cierto, Herralde era el editor
 
hartomes,17.07.2005
entonces literatura = 0 ?

jojojojo (aporte sin conexion con el texto de bolaño)
 
luchochago,17.07.2005
Entonces literatura = E x C2
 
luchochago,07.08.2005
...................
 
luchochago,08.09.2005
"sin embargo son caminos por los que hay que internarse y perderse
para volverse a encontrar o para encontrar algo, lo que sea, un libro, un
gesto, un objeto perdido, para encontrar cualquier cosa, tal vez un
método, con suerte: lo nuevo, lo que siempre ha estado allí.
" eso es todo.


 
mandrugo,07.08.2007
La obra de Bolaño permanecerá?
Se trata realmente de un grande escritor?
Estará más cerca de Borges o Sábato, o de Lafourcade?
 
quilapan,07.08.2007
Bolaño era -o se creía- un superhombre. De hecho él
mismo reconoce haber chanceado con la posibilidad de que 'entre
paréntesis' se hubiera llamado 'así habló zaratustra'
o 'dios al habla'. Su literatura, en gran medida, habla de la lucha del
hombre cotidiano occidental, inmerso en esta sociedad y su sistema. Yo creo
que esa es la razón por la que su obra ha acaparado la
atención y reconocimiento, que creo, merece sobradamente. Ahora, si
permanecerá o no, si está más cerca de Borges o de
Lafourcade... no sé... pero ¿Shakespeare está
más cerca de Sócrates y Cristo, o está más
cerca de Cervantes? No lo sé tampoco, parece que fuera solamente
cuestión del tiempo, del tiempo que, al fin y al cabo hará
desaparecer a todos los escritores.
 
mandrugo,08.08.2007
No es proponible, estimado quila, comparar Shakespeare a Sócrates o
a Cristo, porque el primero no escribió una línea y el
segundo, históricamente, nunca existió.
Espero, y creo, que Bolaño pueda estar más cerca de los
primeros que de Lafourcade, nombre que dejé ahí como una
inocente provocación; porque el estar cerca de Borges, bueno, no es
algo que le pueda ocurrir a un escritor todas las décadas.
 
luchochago,08.08.2007
Bolaño esta inmerso en los textos de Pierre Loüys, esta atento
a las provocaciones de Phil K. Dick, quiso ser tal vez, un personaje de
Twain, o de Burroughs. Esta más cerca del descalabro, del vertice,
del vacío. Tal vez de Nietzsche.

En todo caso prefería a Parra por sobre Neruda. Aunque en su
juventud destesto a Pz, al final y con el tiempo lo leyo profundamente y lo
termino queriendo.

Tuvo diferencias con Barquez (aunque estas llegaron despues que se opuso a
que su hija estuviera con él), tuvo encuentros epistolares con Lihn
y compartió sus avatares en la peninsula con Di Benedetto.

Detestaba lo fácil. De ahí sus desaveniencias con Serrano
(marcela) y con Allende (Isabel). Su desencuentro con la Eltit se debio a
su recelo frente a las costumbres de la izquierda aburguesada en el poder y
frente a un Arrate tisnado de neoliberalismo.

Siendo de izquierda, abominaba la izquierda. A la derecha la abominaba por
sentado.

Roberto está entre los grandes porque vivio como quiso, es decir y
parafraseando a Santiago (mario) "sin Timón y en el
Delirio"

Bolaño es tal vez el mas grande poeta escritor de historias que
fue conocido por sus novelas
 
mandrugo,08.08.2007
Me parece que Bolaño se definió un muy mal poeta.
 
mandrugo,08.08.2007
Yo estoy convencido que Bolaño es un grande escritor, aunque no se
respira en el aire, aún, que sea un nombre que ya tiene un
sólido lugar en el imaginario literario. Es como si estuviera todo
"por verse".
Uno dice Cortázar, uno dice Borges, uno dice Calvino, y las cosas
están claro en ese imaginario literario. En cambio uno dice
Bolaño, y aún se dice poco. No sé si esta
apreciación es compartida por los amigos lectores de esta
página.
 
colomba_blue,08.08.2007
Yo no he leído a Juan Emar, por lo tanto no emitiré opiniones
acerca de él; pero desde mi experiencia lectora Bolaño es el
mejor escritor chileno.

Aunque lo de chileno sea un mero trámite, pues lo considero
más mexicano que chileno.
 
mandrugo,08.08.2007
Naturalmente cada lector tiene sus preferidos, que pueden cambiar con el
tiempo.
Personalmente, de los escritores chilenos contemporáneos, mi
preferido es el legendario Volodia Teitelboim Volosky.
 
quilapan,08.08.2007
Pues yo discrepo con mandugo en cuanto a que la figura de Bolaño
aún no esté 'en el aire'; es más creo que gozó
de un rápido y amplio reconocimiento.
 
mandrugo,08.08.2007
Y de las escritoras chilenas contemporáneas, le voy siguiendo la
huella a Diamela Eltit.
 
mandrugo,08.08.2007
Seguramente su muerte prematura, unida a su calidad de escritor,
permitió a las casas editoriales lanzar una campaña
publicitaria no indiferente, lo cual sí que le dio una grande
visibilidad, pero que en mi impresión, las expectativas de sus
lectires más irreducibles, como de las casas editoriales, fueron
mucho mayores que los hechos reales.
Al parecer, pero es sòlo una impresión, ese clamor de estar
frente a un clásico, se han ido apagando paulatinamente.
En Italia, casi toda su obra ha sido traducida, sin embargo su presencia
en ese imaginario literario, yo no la veo. Si bien estoy atento al mundo
literario italiano, que sigo en variados modos.
Naturalmente no me refiero a la fama, porque en ese caso a
Sepúlveda o Isabel Allende los conocen hasta las piedras. El punto
es otro.
En cambio el primer libro de Borges en Italia, escritor al que nadie
conocía, apareció en pocos ejemplares y en sordina, pero de
inmediato remeció los tuétanos del mundo literario, ese que
olfatea lo grande, antes que el resto.
El libro: Ficciones.
 
colomba_blue,08.08.2007
Diamela Eltit, Alejandra Costamagna, Pia Barros

Y la gran colomba_blue, por supuesto
 
mandrugo,08.08.2007
Alejandra Costamagna, Pia Barros, Paloma azul?
No las conozco, pero las tendré presente.
 
quilapan,08.08.2007
Violeta Quevedo (1882 - 1965)
 
mandrugo,08.08.2007
A veces la fortuna de un escritor, o más bien de los lectores
está en que sea avalada su obra por un grande, por ejemplo es el
caso de Italo Svevo y Joyce; Emar y Neruda.
Si un Eco o un Odifreddi hablaran de la obra de Bolaño, estoy
seguro las tesis de grado acerca de Bolaño comenzarían a
moverse.
 
Vogelfrei,08.08.2007
BOLAÑO, llegò a la fama gracias a Anagrama y a Herralde,
ello, independiente de su calidad litararia, que la tenía y mucha
 
mandrugo,08.08.2007
Además obtuvo premios contundentes, como reconocimiento a su obra.
Desde luego.
 
mandrugo,08.08.2007
Violeta Quevedo?
Aquí si que me dejó pillo don Quila y, a juzgar por los
años en que vivió esa Violeta, al menos debería
haberme dado por aludido.
 
colomba_blue,08.08.2007
Teresa Williams Montt, maravillosa
 
mandrugo,08.08.2007
Estoy leyendo que esa Violeta era harto pechoña, además el
cura Valente es su gran admirador.
Mmmm, estás cosas dejan perplejo a un ateo racionalista como este
servidor, ja!
 
mandrugo,08.08.2007
Teresa Williams Montt?
Bromea doña Paloma, mire que a esa Teresa deben conocerla
sólo sus familiares más cercanos.
Al menos papá Google marca ocupado.
 
colomba_blue,08.08.2007
Don Mandrugo, Papa Google no lo sabe todo!

Teresa Wilms Montt (1893-1921)

Lo que no se ha dicho

Hay en mi alma un pozo muerto, donde no
se refleja el sol, y del que huyen los pájaros
con terrores de virgen ante un misterio de
cadáveres.

Mi alma es un palacio de piedra, donde habitan los ausentes,
trayéndome la sombra de
sus cuerpos para alivio y compañía de mi
vida.

Mi alma es un campo desbastado donde el
rayo quemó hasta las raíces, y donde no
puede florecer ni el cardo.

Mi alma es una huérfana loca, que anda de
tumba en tumba buscando el amor de los
muertos.

Mi alma es una flecha de oro perdida en un
charco de fango.

Mi alma, mi pobre alma, es una ciega que
marcha a tientas sin apoyo y sin guía”.


“Nada tengo, nada dejo, nada pido. Desnuda como nací me voy, tan
ignorante de lo que en el mundo había. Sufrí y es el
único bagaje que admite la barca que lleva al olvido”
Teresa Wilms Montt.




 
mandrugo,08.08.2007
Una mujer muy triste, al parecer, pero que escribe con gran intensidad.
Desde luego.
 
Vogelfrei,08.08.2007
MUCHOS tristes han escrito muy bien: Plath, Pessoa, Poe, Hemingway, etc
 
CHICHIKOV,08.08.2007
La obra de Bolaño pasará, dentro de unos cincuenta
años, a engrosar la lista de autores no por oscuros deleznables,
como El Ciego de la Merced, del Perú o el Duque de Oxford a quien le
atribuyen algunas de las obras de Shakespeare.
Objeto de culto fiel de unos cuantos iniciados.
Imaginense a Borges naciendo en el 2050 y apreciándolo en el 2070
Luego mencionándolo en un ensayo y poniendo a todos los cambamberos
del mundo literario a buscar su obra.
Todo fluye, nada permanece, salvo el eterno y cíclico retorno.
 
CHICHIKOV,08.08.2007
Si ve Don Mandrugo?
Es la segunda vez que le anateman a Google el memorioso y sabelotodo.
Ya se lo dije yo, tiempo ha.
Pero aparentemente no le dió bola.
 
mandrugo,09.08.2007
No creo en retornos cíclicos, chichikov, pero en que google sea algo
como la grande biblioteca, eso sí. Naturalmente es un asunto de
saber moverse dentro de la infinita red neuronal que se expande cada
segundo a velocidad galaxtica.
Saber discriminar, desde luego. Sabemos que en los libros está la
lectura, en internet la consulta veloz para individuar fuentes.
En el caso anterior no fue culpa de don google, sino de colomba que no
citó bien el nombre, porque efectivamente aparece con el nombre
correcto y yo me puedo informar acerca de su obra.
Si me interesa puedo buscar sus luibros, gracias a google, en caso
contrario mi investigación se haría muy tortugosa, en muchos
casos inútil.
No puedes no estar de acuerdo en los pro, como en los contra google. Me
parece.
 
mandrugo,09.08.2007
galaxtica? En fin
 
mandrugo,11.08.2007
Cáspita! Muy interesante esa mujer y poetisa que nos presentó
colomba_blue.
Hay algunas cosas en Memoria Chilena como para formarse una idea.
 
luchochago,17.08.2007
Sin duda que Bolaño se consideraba ante todo un mal poeta. Pero
Poeta la fin y alcabo. De hecho su paso a la prosa se debio a que frente a
cumplir los 40 años y no tener estabilidad economica lo obligo a
enfrentar con otros ojos los "cumplidores concursos" de cuentos
de los ayuntamientos españoles.
Y luego de ganar uno que otro se dijo: "y por qué no?"

Si vemos 2666, vemos que ya el relato esta iniciado en una idea de
Amuleto, y esta iniciada en Detectives salvajes, que se relaciona con
Nocturno de Chile y sobre todo Estrella Distante, que asuvez tiene su
origen en la Literatura nazi en America, que en su pginas ya aparecen
autores trastocados luego en Putas asesinas. en Fin está todo
relacionado




.
 
mandrugo,17.08.2007
Lo cierto es que Bolaño nos dejó de legado una obra
contundente.
Te pregunto, cómo les cae a los chilenos Bolaño?
Me parece que fue recibido con entusiasmo por la gente; pero ahora que ha
pasado algo de tiempo de su muerte, es percibido como un peso pesado de la
lieratura, o lo tienen en salmuera no más.
Te lo pregunto a modo de percepción general.
 
luchochago,18.08.2007
Estimado compañero de Ruta mandrugo: tengo la impresion que con el
tiempo Bolaño se ha transformado en Chile en un escritor de culto;
para nada masivo. Ahora bien el tema de como nos cae, yo creo que en
general fue visto como un lengua suelta, es decir un sujeto capaz de tirar
y disparar contra cualquiera incluso con los intocables (Neruda,
Teitelboin, Mistral etc). Por eso que a la mayoría de los chilenos
no cae bien. En general no gusta en este territorio que la gente diga lo
que piensa de otro en su propia cara. Bolaño es en esto una
excepción.
He recorrido varias bibliotecas publicas y he visto que sus libros son
pedidos constantemente y cuesta entonces poder acceder a él. Por
otra parte veo que mas alumnos estan realizando sus tesis de grado en este
autor atípico.

Tengo la impresion que la mayoría de los criticos y de los nuevos
criticos lo tienen muy bien catalogado, como un escritor escencial en los
últimos tiempos, y en más de alguna critica de sus obras, es
calificado como uno de los mejores escritores en lengua castellana de los
últimos 30 años (Marks, Espinoza, Edwards de este lado del
mundo y del otro Echeverría, Albornoz y leipzhting tiene similar
impresion).

Se que ahora con los textos traducidos en Ingles se le esta empezando
estudiar enb los ramos de literatura en español en algunas
Universidades, lo que ya habla de cierta preocupación seria por su
obra y trascendencia (si es que se puede hablar de esto)
Saludos
 
mandrugo,18.08.2007
Muy interesante, luchochago, esa sensación que percibes, porque es
una forma, me parece, de leer en la propia sociedad lo que está en
el aire, respecto a la literatura y a nuestros autores nacionales.
Por estos lados la obra de Bolaño está casi toda traducida,
pero sólo es leído en esferas de lectores más
adelantados, pero en el "aire" no se respira a Bolaño,
aún.
Aquí, los más conocidos son Isabel Allende y Luis
Sepúlveda, pero a nivel de masa, y de Bolaño como si
lloviera.
Cada autor tiene su tiempo y su masificación nada dice, desde
luego.
Pero en círculos menos en vista, seguramente Bolaño
está presente, y se lo considera una de las mejores y más
originales plumas del mundo hispano contemporáneo. Además de
cultísimo y de corte borgesiano, lo cual no deja de ser un
reconocimiento a su obra, quizás excesivamente entusiasta.
Porque Borges, sabemos es Borges, es decir, uno que escribió una
literatura irrepetible: literatura de un solo hombre, como dicen sus
más exaltados admiradores.
Por mi parte no soy un lector de Bolaño, pero me enorgullece saber
que es un grande escritor chileno, y que un día podré leer.
Cada lector tiene sus manías, digamos, y yo soy uno que me fijo con
un autor y voy adelante hasta leer todo lo que pueda.
Por ahora estoy con algunos autores italianos, y de los chilenos actuales
me gusta mucho Volodia Teitelboim; sus ensayos son extraordinarios.
 
mandrugo,15.09.2007
Un desierto propio
Andrés Neuman


Si tuviera que destacar uno de los múltiples dones literarios de
Roberto Bolaño, creo que elegiría la desesperación. Su
fecunda desesperación por vivir, por escribir, por contar.
Bolaño no narraba las historias, las necesitaba. Su escritura tiene
una cualidad profundamente agónica y quizá por eso nos
conmueve tanto, hable de crímenes o enciclopedias, de sexo o
metonimias. La metaliteratura de Bolaño es más bien una
apariencia, porque su referente último no es la literatura misma
sino una moral vital. Esa pulsión vital suele faltar en los autores
metaliterarios. No es que uno pretenda que literatura y vida son
fenómenos separados: es que, precisamente por hallarse tan unidas,
lo que uno le pide a la vida es que sepa ser literaria, y a la literatura
que sepa ser vital. En esa imbricación Bolaño era un maestro.
Nada consta en sus textos como dato, todo está en estertor.

Al comienzo de ‘La universidad desconocida’, leemos el amargo lamento de
Bolaño por los rechazos editoriales que había recibido hasta
entonces. Si (como él temía) se hubiera ido en aquel momento,
quizá no estaríamos hablando de él: fue sobre todo en
esos últimos años de supervivencia, en titánica
carrera contra el tiempo, cuando un Bolaño inmensamente provisional
le propinó a la eternidad media docena de obras maestras. Muchos de
los poemas de este tomo póstumo, que nombraban la frustración
de quien se sentía soslayado, funcionan como una
autoafirmación en el vacío: si estoy en el desierto,
parecía profetizar Bolaño, entonces el desierto es
mío. Así fue. Bolaño se apropió de un espacio
nuevo y gigantesco en el que no estaba nadie. Y en sus libros no
dejó de fascinarse ante imágenes desérticas, ante la
epifanía del gran páramo que alguien contempla a solas como
un Friedrich canalla.

Sería un ingenuo error suponer que Bolaño jamás
deseó el éxito. Sencillamente, a determinada edad, se
hartó de esperarlo. Nada olímpico había en su figura:
si Bolaño hubiese sido ajeno a ciertas cuestiones terrenales, no
habría sido el escritor desgarrado y visceral que fue. Bolaño
siempre quiso ser reconocido. Y siguió pensando en ello incluso
después de lograrlo, como se advierte leyendo el rencoroso (y
quizá gratuito) texto final de ‘El gaucho insufrible’. La diferencia
entre él y otros no era esa; sino su colosal, infrecuente talento. Y
su convicción inquebrantable de que, pase lo que pase, se realicen o
no las ambiciones, un escritor de sangre se educa escribiendo, vive
escribiendo y muere escribiendo. Contra viento y marea. Contra todo y
contra todos. También contra sí mismo. Esa fue su radical
universidad.
 
blasleon,15.09.2007
No conocía este texte, una razón más para seguir
leyendo a Bolaño y a Neuman: Tienen muchas cosas que decir.
 
luchochago,16.09.2007
Buen texto..

Esa vitalidad, que habla el autor, tambien recuerda a Alexis Candia y su
estudio de la obra viceral de Bolaño.
 
manndrugo,18.08.2009
Leer opiniones de personas pensantes, acerca de la literatura siempre es
un ejercicio vitalizador.
 
Royalty,20.08.2009
Muérete y descubrirán tu genialidad, contundencia,
visceralidad, profundidad extrema, arte, grandeza, maestría...
Y además te pondrán en el panteón de las vacas
sagradas y discutirán si fuiste más grande que x o que y...
Ahh, también se pelearán por tu nacionalidad...
¡Que divertido,pero de literatura...nada!
 
meaney,22.08.2009
con eso lo unico que demustra es que

literatura=0

que no se dio cuenta?
 



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