'TRECE' ah! es la novela que escribió Carmen_Posada y que...
editó, según cuenta, dice que no le fue bien en la venta de
su primer novela pero... yo lei los primeros capitulos y esta muy buena!!
marimar,22.07.2006
¿¿¿¿¿QUEEEEEEEEEEEEEEEE?????? Luccas es
Ana?????
yo creía que era un chamaco y estaba enamorándolo.
Luccas es otro loco y se viste con la ropa de Ana y la muertelenta
salió del manicomio y quien le va a leer a esa carmen posada ese
libro con semejante título "TRECE", ¿Trece
qué? ¿TRECE locas? ¿Trece hombres con ropas de mujer?
¿Trece mujeres con pelotas?
yo no entro más en este antro de perdición, soy una santita
vestida siempre con mi manto blanco, símbolo de la pureza, con mis
blancas manos con las palmas hacia arriba y con los ojitos de carnero
degollada.
Carmen_Posada,24.07.2006
Y yo soy la famosa autora de TRECE y borré los capítulos
publicados en este sitio porque a la gente la asustaban (por largos, por na
más). Cuando empiece a ganar platica con ella les mando alguito pa
que vengan a visitarme al manicomio en el que me internaron hace 15
días que lo único bueno que tiene es unas sala de internet (Y
se supone que lo que me enloqueció fue la Virtualidad...
jajajajajaja)
mariann,24.07.2006
Carmen, yo quiero leer su famosa novela TRECE, mire que a mi no
pervierte... ande, diga que sí! Al fin que locas de la virtualidad
ya somos muchas, o no Luccas?
Carmen_Posada,24.07.2006
jajajaja
Mariann, TRECE, se lo digo de corazón, es un Bodrio. Fíjese
que ni yo misma he podido terminar de hacerle correcciones porque cada vez
que empiezo me da un mareo extraño y como que la mente se me pone en
blanco y luego no me acuerdo de lo que estaba haciendo...
mariann,24.07.2006
Razón de más para que me interese leerle , chance y le salga
una gloria de esas como las que escribió Juan Rulfo, que
según dicen, una de sus novelas la tiró a la basura, luego se
arrepintió y juntó las hojas tal como estaban, en desorden,
lo que le dio ese estilo único que confunde e impacta al lector, de
ahí el éxito.
marimar,25.07.2006
Yo soy la primera y única fans de Carmen Posadas´, es decir
la fanática admiradora de su libro "Trece", no dejen de
leer el título, es lo único bueno de la obra.
muertelenta,25.07.2006
Carmen, ya viste que tienes un "fans???
Carmen_Posada,25.07.2006
Si yo tengo clú mi comadre, clú de fanS es lo que tengo,
pero ella quiere ser presidenta y única, ¿ves?
Ahí si ni modo, toca que la nena se postule y que los demás
la elijan. Por lo pronto le agradezco la publicidad gratuita que le ha
hecho al título que es lo único decente de mi bodrio de
novela.
Es que lo gueno de tener fanS es que son ellos los que se encargan de
hacerme publicidad y no me cobran un peso por ella... jajajajaja
marimar,26.07.2006
Muy buena mi publicidad, exijo un 50% de las ganancias.
Lucccas_,26.07.2006
¿'Trece' es una novela?
¿Dònde puedo comprarla?
Mmmm... crack, crack, mmmm...
Carmen_Posada,26.07.2006
A marimar no le pago ni medio peso por la publicidad
¡Ni cagando!
Carmen_Posada,26.07.2006
jaaaaaaaaaaaaaaa
¡¡¡Lo abrieron!!!
Yo creí que era de jodas... Bueh, me tocó bailar con la
más fea, y en la sección de críticas. Buen tiro para
el linchamiento que se viene de los 367 integrantes de mi Clú de
FanS
Voy al COPI/PASTE Para el primer capítulo.
Carmen_Posada,26.07.2006
TRECE
Susurros (Capítulo 1)
Felicia se levanta sobre la cordillera occidental a una altura aproximada
de 1.700 mts sobre el nivel del mar, unos 25 minutos por la carretera que
conduce desde Cali hasta el puerto de Buenaventura. A unos 12 Kms. hay una
pequeña desviación que más parece un camino de
herradura y que se abre paso entre las montañas.
No es un pueblo, es a penas un caserío muy pequeño, en su
mayoría de casas veraniegas, que se extiende sobre la mas hermosa
región de la cordillera, colmada de bosques de coníferas, con
una excelente vista sobre el valle, hogar de miles de especies y reserva
natural ya que por cada 5 hectáreas de bosques cuenta con un
nacimiento de agua. No tiene espacio en el mapa por no alcanzar la cantidad
mínima de habitantes permanentes que las leyes exigen para incluirlo
geográficamente. Sin embargo los propietarios de las casas de
veraneo han logrado llevar al menos energía eléctrica hasta
los puntos más altos de la zona. En conjunto, fuera de una
miscelánea que ya tiene unos 15 años, en Felicia no hay
muchas cosas nuevas, una tienda de víveres que cambia ocasionalmente
de dueño, un billar donde se reúnen algunos hombres cada
tarde a tomar cerveza, una iglesia restaurada de cientos de veces por haber
sido blanco de fuegos cruzados entre ejército y guerrilla durante
finales de los 90’s y la estación de policía, lo demás
estaba intacto a como lo recordaba Carolina Poveda mientras conducía
alrededor de la plaza buscando alguien que le indicara si había paso
libre hacia la cabaña de los Londoño. Pero era lunes y
Felicia estaba callada, parecía realmente deshabitado.
- “Los lunes en Felicia nadie trabaja” - recordó, y sin temor de lo
que pudiera encontrarse en el camino, tomó la pendiente que
conducía hacia la cabaña.
Estaba atardeciendo y no había alumbrado en la carretera destapada.
Pero Carolina conocía ese camino como la palma de su mano.
Estacionó el auto frente lo que quedaba de las veraneras que con
tanto cuidado había sembrado Mariana viuda de Londoño. Ahora
solo había lodo y rastrojo.
Buscaba las llaves de la entrada principal cuando escuchó un
trueno, el viento helado le golpeó la cara y comenzaron a caer las
primeras goteras lo que anunciaba que sería una noche tormentosa.
Dentro de la casa el aire se sentía pesado. Había estado
cerrada demasiado tiempo. Los muebles estaban cubiertos por sábanas
y no había electricidad. Buscó una linterna y un abrigo
impermeable en el armario del corredor y salió de nuevo para sacar
del baúl del carro una maleta y dos cajas pequeñas con
víveres. El aguacero se había desatado y la tormenta
eléctrica le causaba algo de inquietud. Carolina siempre
había temido a las tempestades, desde niña imaginaba que un
relámpago la alcanzaba.
Fue hasta la cocina y buscó en los estantes velas pero no
había, solo encontró polvo y cadáveres de polillas.
Junto a la chimenea había un viejo Baúl. Lo abrió y
encontró una lámpara de petróleo que estaba llena. La
encendió y la estancia se iluminó por completo.
Llamaría a la empresa de energía a la mañana
siguiente. Su celular no daba señal por la tormenta. Tal vez no
había sido buena idea llegar al caer la noche, pero ya era demasiado
tarde para regresarse a Cali. Decidió prender la chimenea, al menos
así tendría suficiente luz.
Con la lámpara en la mano empezó a recorrer todas las
habitaciones. Todo estaba igual, las camas, las ventanas, los armarios,
todo. Parecía como si el tiempo no hubiera transcurrido dentro de
esa cabaña. Al entrar a la última habitación
notó algo extraño, no podía identificarlo con
claridad, pero había algo diferente. Era la habitación que
años atrás había sido de los mellizos. Estaban las dos
camas gemelas formando una L, la misma alfombra gris y negra, el
televisor... Todo en la misma distribución, pero había algo
diferente en esa habitación. Tal vez era su imaginación, pero
se sentía como si alguien hubiera estado allí.
Subió las escaleras para revisar la única habitación
del segundo piso cuando escuchó un golpe fuerte. El golpe
venía de arriba. Sintió un poco de miedo pero era mejor
cerciorarse. Era solo el viento, había azotado la ventana del
baño. La cerró nuevamente y la aseguró con una
cuña para que no se abriera otra vez.
Había telarañas y polvo por todas partes.
Bajó las escaleras y entró de nuevo a la habitación
de los mellizos y ya se iba cuando de nuevo algo le llamó la
atención. No estaba segura de lo que era... Miró a su
alrededor, persistía esa atmósfera extraña, una
atmósfera de perturbación que siempre había percibido.
Acarició el intrincado diseño de las camas gemelas talladas a
mano por artesanos. Se preguntaba ¿por qué nunca cambiaron
ese cuarto? Al acariciar la madera notó que no había una sola
partícula de polvo. Todo estaba muy limpio allí. No
había ni polvo ni mugre ni una sola telaraña en las esquinas.
Eso era lo que le había parecido extraño. Tendría que
preguntar si alguien había estado allí en estos años.
Fue a la cocina y buscó la botella de vino y una copa en las cajas
de víveres que había llevado. Era un vino Santa Rita vieja
Reserva. No era muy fino, pero solo quería calentarse un poco junto
a la chimenea. Sería una larga noche, sin televisión, sin
música. Abrió el baúl para ver si había
algún libro, pero en su lugar encontró unas
fotografías familiares y un cuaderno de anotaciones. Era su
cuaderno. Sintió un poco de escalofrío cuando lo
reconoció. Pablo Londoño se había quedado con
él aunque en su momento dijo haberlo quemado.
Apuró la copa de un solo trago y se sirvió otra.
Había fotografías de David y de Pablo por cantidades. Las
miraba con cierta fascinación. De niños eran
idénticos, pero cuando crecieron, sus rasgos fueron cambiando
significativamente. David tenía la cara más cuadrada, la
mandíbula recta y algo partida la barbilla. Pablo era carirredondo,
la barbilla también y la nariz algo más fina que la de su
hermano. Carolina nunca los confundió. Ni siquiera de niños.
Había una foto más reciente, miro la fecha y se
impresionó. Creyó que era David, pero esa foto sólo
tenía 5 años de haber sido tomada. No tenía sentido.
Su mente le estaba haciendo una jugarreta o tal vez el vino le había
hecho efecto. Estaba concentrada buscando los detalles que los
diferenciaban cuando algo rozó su pierna y la asustó.
Pegó un brinco y alcanzó a lanzar un grito cuando se dio
cuenta de que era Tomás, su gato. ¿Cómo se las
arreglaba siempre para seguirla? Seguramente se había subido de
nuevo al motor del carro cuando salió de la casa. Se agachó
para cargarlo. Era muy viejo, ya no tenía la pericia de antes para
saltar sobre sus piernas, estaba un poco ciego y atontado. Había
cumplido 13 años el mes anterior. Era demasiado tiempo para un gato.
Lo cargó y sintió un leve mareo al erguirse. El fuego se
había avivado. Carolina estaba en un estado de semi inconciencia.
Sostenía al gato en sus brazos mientras miraba las llamas.
Volvió por tercera vez a la cocina y tomó un cuchillo que
había en el lavaplatos. Estaba un poco oxidado. Abrió la
puerta trasera y rodeó la casa. Caminó bajo la tormenta por
un camino de herradura hasta una piedra grande que adornaba el frente de la
cabaña. Allí se sentó con el gato forcejeando, pero
era tan viejo que ya ni siquiera tenía garras para defenderse.
Carolina levantó el cuchillo y lo clavo en el abdomen del animal una
y otra vez con una sevicia aterradora. El pobre animalito no sufrió
mucho, murió al instante con la primera puñalada. Carolina se
levantó, recogió los restos y vísceras destrozadas del
animal y se dirigió de nuevo a la casa. Lanzó el cuchillo
dentro del lavaplatos y los restos del gato muerto al fuego de la chimenea
donde fueron consumiéndose lentamente al ritmo con el que ella
vaciaba el resto de la botella de vino. Cuando hubo terminado se fue hasta
el baño y se lavó las manos y la cara. Tenía la ropa
mojada y manchada con la sangre de Tomás pero no tenía idea
de lo que había pasado. No recordaba absolutamente nada.
Decidió tomar una ducha para cambiarse de ropa y acostarse a dormir.
El agua helada le recorría el cuerpo y Carolina advirtió una
sensación de alivio que hacía muchos años no
percibía. Como si estuviera libre por primera vez después de
mucho tiempo de encierro. De pronto la luz del baño se
encendió, Carolina cerró la llave y se envolvió en una
toalla. Salió del baño y todas las luces estaban encendidas.
Al parecer había sido un apagón durante la tormenta, ya el
servicio se había reestablecido y la tormenta había cedido.
Solo soplaba el viento.
Carolina acomodó sus cosas en la habitación de los mellizos,
arregló la cama y se acurrucó bajo dos cobijas gruesas de
lana. Apagó la luz y dejó una lamparita de noche encendida.
No sentía ya ningún temor. El viento silbaba y como un
susurro alcanzó a escuchar:
“... Dale señor el descanso eterno y brille para él la
luz perpetua...”
Carmen_Posada,26.07.2006
ahhh es que borraron el otro!!!
entonces este es el definitivo? No vaya a ser que el segundo
capítulo lo mande luego pa un foro fantasma y se pierda con el gato!
y ahora yo digo[[[ quien es carmen posada de quien tanto hablan, que gano
ha????? aqui en perú no se sabe casi nada de ella. o es una hermana
cuentera de este lugar, perdonen mi ignorancia, pero carmen posada, no, ps,
definitivamente no me acuerdo habermela topado, es mas no creo haberla
visto, por la gran alfombra del anggelbueno. pero carmen posada
¡¡¡quien es''''''' porfa denme una pista o si no, diganme
donde compro ese bodrio que tanto dicen. atentamente anggelbueno.
maitencillo,27.07.2006
JAJAJAJAJAJA
JAJAJAJA
¡Que buena carcajada me he pegado!
¡Gracias!
Comencé a leer "Trece" por curiosidad, mi intención
fue leer sólo unas líneas ya que estaba segura que era un
"bodrio" ( propaganda que se hace la autora), pero me
encontré con un contenido ágil, bien narrado y creo que va a
ser atrapante.
"
Fue hasta la cocina y buscó en los estantes velas pero no
había, solo encontró polvo y cadáveres de polillas.
Junto a la chimenea había un viejo Baúl. Lo abrió y
encontró una lámpara de petróleo que estaba llena. La
encendió y la estancia se iluminó por completo."
Como estaba a oscuras, quedaba mejor al abrir el baúl, tantear y
encontrar la lámpara. ( un pequeño detalle)
KaReLI,27.07.2006
Mario Vergas-loca y de Alfresco Bráis.
jaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
y luego dicen k yo soy la ocurrente!!!
maitencillo,27.07.2006
Esta novela en su primera edición y más encima autografiada
por la autora, se venderá en millones dentro de un par de
años.... ¡Yo también quiero uno! (a mi edad debo ir
pensando en la jubilación )
Quiero el mío también y la fotito junto a otros autorazos
como Troncagiolo y la viuda de Burgués, Maria Kodak.
Carmen_Posada,27.07.2006
A petición de tan selecto público les mando en un solo viaje
los dos capítulos siguientes (me ganaré el madrazo de los que
no soportan los posteos largos entre los 10 últimos pero me vale
hongo)
*****************************************
TRECE
Descendiendo al primer infierno (Capítulo 2)
Los mellizos Londoño fueron los típicos adolescentes
problemáticos que disfrutaban de su popularidad durante la
década de los 80’s, eran muy conocidos en barrios tradicionales del
norte de Cali como La Flora, Versalles, Santa Mónica y Santa
Teresita. Tenían fama por ser alocados, irresponsables, sin Dios ni
ley, capaces de cualquier acto de indisciplina y de rebeldía. Fueron
el dolor de cabeza de la mayoría de los padres cuyos hijos
asistían a los colegios por los que este par de personajes
desfilaron. En especial David que era por decirlo de alguna manera “la
oveja negra” mientras Pablo al menos se preocupaba un poco por no hacerse
expulsar del colegio, aunque también era hiperactivo como su
mellizo. Fueron muy unidos hasta la adolescencia cuando empezaron a
frecuentar diferentes grupos y comenzaron algunas rivalidades al interior
por los cambios frecuentes de temperamento, sobre todo en David.
Ambos infundían más temor que respeto, era su estrategia
para mantener a raya a todos los que los rodeaban. Por separado eran un
problema, pero juntos eran una verdadera tragedia. Una inocente fiesta de
15 años, elegante como se acostumbraba en ese entonces, podía
terminar en una hecatombe con sillas volando por los aires, narices y
dientes rotos y altas cuentas por destrozos en propiedad ajena.
Carolina los conocía desde niños, aunque solo era amiga de
David. Pablo por su parte no la determinaba. Sabía de su existencia
porque en la Cali de esa época “todo el mundo se conocía”
Con David, en cambio, habían creado un vínculo muy estrecho.
De más chicos jugaban juntos monopolio y scrable, ya de adolescentes
salían juntos a fiestas donde él la cuidaba como un hermano
mayor, no dejaba que nadie se le arrimara a menos que fuera uno de sus
amigos de confianza y bajo la firme amenaza de masacrarlo donde le hiciera
cualquier desplante. David siempre la hacía sentir segura y
respaldada. A ella le gustaba esa mística que se creaba a su
alrededor por el solo hecho de que él fuera tan especial con ella.
Se sentía intocable, inaccesible, como la princesa del cuento.
David era manipulador, calculador y mentiroso. No era que no la quisiera,
pero jugaba ese papel de hermano protector, en parte por que no
tenía hermanas a quien cuidar, pero en el fondo sabía que
tener a Carolina mejoraba su imagen ante las demás jovencitas, le
daba encanto y ternura frente ellas, era su mejor carta de
presentación.
A finales de los 80’s David comenzó a consumir drogas. Al principio
solo era marihuana, luego cocaína. Creía que podía
manejarlo, dejarlo en cualquier momento, pero la verdad era que cada vez la
droga lo dominaba más y más. Se drogaba para ir al colegio,
para ir al Centro Comercial, para ir a fiestas, siempre buscaba otros con
quien drogarse y así poco a poco empezó a perder el control.
Lo expulsaron de varios colegios entre 1987 y 1989, siempre buscaba
problemas y peleas que terminaban en una cacería casi a muerte. No
eran problemas de pandillas, pero si habían “parches” definidos por
el lugar de reunión y la ley implícita era que “el que no
estaba con David era su enemigo”. Así de simple, una pelea
podía comenzar por cualquier tontería, por mirar
demás en una fiesta o en la Esquina del Chontaduro en el Centro
Comercial del Norte, cerca de donde años antes había
funcionado Almacenes Sear’s y que en esa época se había
convertido en el centro de reunión de adolescentes los viernes por
la tarde para organizar el plan de la rumba para el fin de semana, el
narcotráfico ya había alcanzado a todas las esferas sociales
y en ese punto se hacían muchos negocios entre los hijos de los
capos y sus amigos en aras de hacer su propio imperio manejado por
jóvenes y auspiciado por los mayores.
Guardadas las debidas proporciones, fue un fenómeno similar al
presentado durante la década de los 60’s con el Grupo de los Martes,
un grupo conformado por los hijos de los representantes de la clase
dirigente en Cali, y que fuera el inicio de una era próspera para la
ciudad en términos de desarrollo, generación de empleo y
capacitación. La diferencia entre el Grupo de los Martes y el grupo
de la Esquina del Chontaduro radicaba en que los primeros escogieron
ejercer el liderazgo dentro del marco de la legalidad, mientras que el
segundo lo hizo para organizar el negocio del narcotráfico y
expandirse. Por lo demás fue exactamente el mismo fenómeno ya
que ambos grupos determinaron en gran medida el curso de la historia de la
ciudad en términos socio económicos, políticos y
culturales. Ambos generaron empleo, ambos le dieron la posibilidad de un
aumento en la capacidad adquisitiva de quienes, de manera independiente, no
tenían cabida en el mercado, ambos crearon organizaciones que
aportaban desarrollo y modernización en la ciudad. En pocas
palabras, ambos grupos aparecieron como resultado de un deterioro
económico de la región y como alternativa de solución.
Y aunque el grupo de la Esquina del Chontaduro fuera un grupo dedicado a
una actividad ilegal, no dejaba de ser atractivo para los jóvenes
que buscaban una oportunidad de mejorar su calidad de vida.
A principios de 1989 David conoció a Jimena Montes en una fiesta de
disfraces. Desde la primera vez que la vio pasar en un bus del colegio, se
empeñó en conocerla. Jimena era todavía una
niña de apenas 14 años que vivía en un apartamento en
Versalles con su madre. Su vida había sido difícil desde que
fue concebida. Fue un accidente de sus padres ya que ni siquiera
sostenían una relación. Su madre era una hippie de los 60’s y
su padre era un muchacho inexperto, de familia tradicional que
cometió un desliz propio de la edad. Así vino al mundo en la
Casa de la Madre Soltera donde la familia de su madre las había
exiliado para evitar el escarnio público. Para completar el cuadro,
Clara, la madre de Jimena consumía marihuana en grandes cantidades.
Su infancia por tanto fue marcada por el rechazo, el abandono, la
inestabilidad y lo que es peor, el maltrato psicológico de una madre
que no ofrecía la menor garantía. A sus años, Jimena
había vivido más cosas que cualquier adulto promedio, aunque
su apariencia era de una inocente chiquilla que buscaba afecto y
estabilidad.
Ella y Carolina se habían hecho amigas por terceros de los barrios
vecinos. Santa Mónica y Versalles estaban separados por la Avenida
6ª. Y por el centro comercial del norte donde también quedaba
la Esquina del Chontaduro. Carolina, que era muy sensible a los conflictos
emocionales, a esas tragedias humanas derivadas de la falta de estructura
familiar, la había acogido como se acoge a un gatito extraviado y
hambriento.
David presionó a Carolina para que los presentara. Llevaba
más de dos semanas secándola con el mismo cuento. Estaba
obsesionado con la idea de conocerla. Carolina cedió y le
contó en donde sería la fiesta de disfraces que organizaba el
“parche” de Santa Mónica y le aseguró que Jimena
estaría allí. Pero estaba advertida de que no podía
llevar a David a esa fiesta, así que fueron por separado. Cuando
David apareció, Carolina lo ignoró durante un rato, luego
supo que Jimena también quería que se lo presentaran y se
valieron de Claudia, otra de sus amigas para que los juntara.
Después de muchos años, al recordar esa noche, Carolina se
estremece al pensar que tal vez ese fue el inicio de todo.
David se enamoró como un tonto. Conquistó a Jimena a punta
de palabras bonitas y gestos. Para Jimena era solo un juego. Conocía
su fama y eso le parecía toda una aventura. Fueron novios muy poco
tiempo. Unos cuantos meses hasta que ella no soportó los celos
enfermizos, las obsesiones y por supuesto, sus estados alterados por el
consumo de cocaína y marihuana. Era demasiado para ella a pesar de
saber manejar esas situaciones que de por sí son complejas. Pero a
su vez, estimulaba a David para que la celara, era una estrategia para
hacerse notar dentro del su círculo social. David estaba enloquecido
por ella. La había convertido en el centro de su mundo y cuando ella
lo dejó se descontroló por completo. Dejó de
importarle todo, consumía cada vez más cantidad de
cocaína. Se perdía tres y cuatro días con amigos que
le aguantaban el ritmo, llegó incluso a cometer delitos menores para
conseguir dinero y comprar más droga. Tenía grandes deudas
con varios proveedores.
Carolina trató muchas veces de convencerlo de hacerse un
tratamiento, pero tampoco sabía ya qué hacer con él.
La llamaba a altas horas de la noche, llorando como un bebé,
borracho unas veces, drogado la mayoría, para decirle que no
podía vivir sin Jimena. Era una locura. Carolina lo escuchaba pero
nada que ella le dijera lo hacía entrar en razón.
Ya no le gustaba salir con él porque siempre terminaba enredada en
algún problema, separándolo en sus peleas,
disculpándose con los demás por sus escándalos. Estaba
harta de eso.
*****************************************
TRECE
El Legado (Capítulo 3)
La noche del 3 abril de 1992, Carolina estaba en su casa conversando con
Nacho, un amigo de aquellos del paquete de infancia. Acababa de cumplir 20
años y estaba en segundo semestre de Sicología.
Escogió esa carrera pensando que podría resolver sus propios
problemas y tal vez los de algunos de sus amigos. Era idealista y se
creyó el cuento.
David llegó cerca de las 8:30 en una moto.
- Sorpresa! – le gritó cuando Carolina abrió la puerta.
Hacía 2 meses que se había ido a “la finca” como solía
llamarle a un centro de rehabilitación donde sus padres lo
ingresaron en su último intento por ayudarlo a salir de ese mundo. –
¿Me extrañaste?
- ¿Que estás haciendo aquí? ¿De dónde
sacaste esa moto?
- Deja la bulla... Me dieron permiso porque mi tío murió
esta semana y la moto me la prestaron por ahí.
- Siento mucho lo de tu tío, pero ¿seguro que estás
de permiso?
- ¿No me crees? Llama a mi mamá entonces. Bonita forma de
recibirlo a uno! Y yo que te traje un regalito...
- Tengo todas las razones del mundo para no creer. ¿Quién te
prestó la moto?
- Por ahí...
- Mírame a los ojos. – Carolina le cogió la cara cosa que
solo a ella le estaba permitido – Estás embalado!
- Pa’ chucho que no me he metido nada. ¿Por qué sos
así? Ni un abrazo, ni un “me hiciste falta”, ni siquiera un
“vení charlemos”
- Es que me aterra que estés por ahí otra vez.
Después de la última estoy paranoica con vos. Creí que
te iban a matar.
- Hierba mala nunca muere... Y vos qué, vení
sentémonos en el murito a fumarnos un puchito y me contás.
- Espérate llamo a Nacho que está adentro.
Carolina entró y le contó a Nacho que el mellizo estaba
afuera y que aparentemente estaba sano, pero que había que tener
cuidado porque andaba en una moto y con cara de estar buscando donde
meterse un pase.
Ambos salieron, David y Nacho se saludaron pero David, a pesar de haber
sido amigo de Nacho, se sentía incómodo. Le gustaba hablar a
solas con Carolina porque con ella sí podía ser él
mismo, sin ponerse la máscara de malandro ni adoptar la actitud de
rey de la selva de concreto.
- Viejo Nacho! Tiempo sin verlo, ¿qué se dice?
- Nada viejo Mello, camellarla como siempre. Y usted que? Lo veo gordito.
- La buena vida.
- Negrita – dijo Nacho dirigiéndose a Carolina – Estoy viendo el
picadito del Cali, yo mas bien los dejo solos pa’ que charlen. Voy a estar
ahí en el cuartico de la tele me avisan si van a hacer algo yo me
les pego.
- ¡Fresco, parce!
Nacho se entró a la casa y David y Carolina se sentaron en el muro
con un paquete de cigarrillos en el medio.
- Seguís fumando como puta detenida ¿no?
- Al menos eso no me enloquece.
- Que pereza con vos, ¿será que dejás el
sermón para otro día? Mirá que hace 2 meses que no te
jodo ni nada. Mas bien ¿contame qué es de la gente? Que has
oído?
- Nada, yo me la paso en la Universidad, nerdiando a la lata. No me veo
con nadie. Así me evito problemas. Ando juiciosita.
- Y Carlos, ¿volviste a saber de él?
- Ni en las curvas. Se lo tragó la tierra y mejor para mí.
Ya estoy mejor.
- Pues eso veo. Donde te pongás buena ese man se va a retorcer de
la piedra. Ese perro me la debe. Yo solo estoy esperando para
cobrármela.
- Por qué siempre tenés que pensar así.
- Es que no es por vos. Vieja, ese man me estaba haciendo la vuelta el
otro día y nos agarramos pero yo lo solté porque a lo bien
que hemos sido parceros desde hace años y sería muy chimbo,
pero si yo me entero que ese man se me ha seguido torciendo y hablando
caspa de mi, pues le paso la factura, para que afine. Y, por qué no,
también le paso la factura por haberte hecho llorar. O es que ya se
te olvidó todo el moco que botaste en diciembre por ese perro
sarnoso.
- No, no se me ha olvidado, pero yo no me pongo a pensar en cómo
desquitarme, la vida solita se encarga de cobrarle a la gente lo que hace
mal y yo se lo dejo al de arriba.
- ¡Que va! El de arriba a veces se le olvida que uno sigue
acá abajo y si no se las cobra uno pues se van sin pagar y
así no es la vuelta.
- Vos verás como hacés tus cosas pero a mí sacame de
ese cuento. Y contame ¿cómo es la cosa por allá en
donde estas guardadito?.
- Pues es una mierda. Uno se la pasa agüevado todo el tiempo. Te
ponen a hacer cosas de finca y a hablar en grupo y yo para esas maricadas
no sirvo. Yo no sé si vuelva.
- ¡Si ves! Yo sabía que te habías volado. El pez muere
por la boca...
- Es que no pude, Caro, pa’ chucho que yo quería y así se lo
dije a mis cuchos, pero si querés que te diga como es la vuelta pues
allá adentro se consigue mas perico que afuera y más barato.
Yo sé que yo puedo dejar esta mierda solo, como lo hice cuando
Jimena, yo en ese tiempo dejé el perico del todo y acordate que me
puse a hacer ejercicio y todo. Solo que esa malparida me dejo vuelto una
picha y claro, volví a joderme pero mirame! Ya estoy bien y yo puedo
seguir así.
- Pues Dios te oiga porque por donde ibas...
- Ya, dejémosla allí porque no quiero hablar de cosas
jartas. Voy para Bar-Sovia ¿venís o que?
- ¿A rumbear? Ni por que me paguen. Yo tengo clase mañana y
además no quiero después tenerte que separar porque
andás de tropel otra vez.
- Te juro que me porto bien. Mirá que yo sé que si vos vas
conmigo no me dejo dañar la cabeza de ninguno de estos perros. Pero
si voy solo de pronto me convencen y la cago.
- De eso no se trata, se trata de que vos podas decir que no y punto. Que
chiste tiene que lo hagas por mí, hacelo por vos mismo y ya. Yo no
voy aunque me rogués. Ya con la última dije que no más
y es no más.
- Mucha chucha vos.
- ¿Cuál fue el regalito que me trajiste?
- Uy, el pobre debe estar cocinado ya! – David se fue hasta la moto y
abrió un morral que tenía colgando del timón. – Venga
chuchito, venga le presento a su nueva mamá. – Era un gatito
miniatura vivo, tenía todos los pelos parados, apenas si
abría los ojos y su cabeza parecía más grande que el
cuerpo – Esta va a ser tu mamá de ahora en adelante.
Carolina estaba extasiada con la ternura de ese animalito. Lo cogió
entre sus manos y el pobre temblaba de susto y miraba hacia todo lado.
Carolina se quitó un suéter que tenía y trató
de hacerle una camita con sus brazos envolviéndolo para que se
calentara.
- ¡Es una belleza! ¿De dónde lo sacaste?
- Estaba en un pastizal por donde me toca ir a recoger naranjas
allá en “la finca” la mamá debió dejarlo tirado porque
no había rastros de ningún gato o gata cerca. Me
acordé que vos te morís por estos animales.
- Pues claro que me encanta. ¡Gracias! ¿Cómo se
llama?
- Yo qué le voy a andar poniendo nombre a esa rata inmunda. Le
decía chuchito mientras, pero ponele el nombre que vos
querás.
- A ver... que tal Ciro, o Gardel... no, mejor... ¡Tomás!
- Me importa un bledo, mientras a vos te guste...
- Sí, Tomás, como el man de “La insoportable Levedad del
Ser”
- Vos y tus libros... pues lo que te digo, si te gusta. Bueno vieja, me
largo porque quiero ver como está el ganado en Bar-Sovia y me deben
estar esperando.
- Si querés te cambio la ida por una alquilada de películas
y nos quedamos aquí en mi casa.
- Llevo 2 meses sin salir, acostándome y levantándome con
las gallinas y vos jurás que me voy a quedar viendo películas
un viernes por la noche.
En ese momento salió Nacho.
- Mello, ¿Me subís hasta la casa?
- Camine Nachito que usted si es mi parcero, esta vieja me salió
calceta. – Suspiró – Ahhh! Me huele que esta es mi noche. Voy a ver
qué levanto!
- Davi... cuídate, porfa! No vas a meter nada
- Esta vieja si que está amargada. Mas bien andá a darle
leche a ese gato que no come desde esta mañana. Nos pillamos!
Se subieron a la moto y Carolina se quedó pensando si sería
prudente llamar a doña Mariana a avisarle que David había
estado allí. Pero decidió no hacerlo. No le gustaba ser sapa
y tal vez era mejor no entrometerse.
Buscó una cajita donde acomodarle un cojín y una frazadita
al gato, le puso leche en una tacita y lo subió a su cuarto para
dormir con él.
Muchas veces había escuchado historias sobre los Gatos.
Decían que eran muy traicioneros, que se consideraban superiores a
todos los seres humanos, que no eran capaces de expresarle afecto a sus
amos, hasta algunos aseguran que los gatos tienen poderes sobrenaturales y
que eran mascotas del demonio utilizadas para ritos satánicos entre
otras cosas. Carolina conocía bien estas historias, sabía que
tal vez llegaría ese día en el que Tomás se
marcharía y era probable que no regresara, o si lo hacía
sería buscando alimento y un bálsamo que curara las heridas
de su última batalla de pasión; pero a pesar de las
historias, en cuestión de segundos se enamoró perdidamente de
él, desde ese instante y mientras estuviera a su lado sería
su gatito mimado, y Carolina lo único que esperaba era que al final
regresara sin importar dónde o por cuanto tiempo se perdiera, sin
tener en cuenta la causa de sus heridas, lo importante era que regresara y
le hiciera compañía otro día, otra semana, otro mes...
Lo miraba sentía que, por pequeñito y recién llegado
que estuviera, Tomás sabía lo que pensaba, la
comprendía, compartía su soledad y su aislamiento.
Ya leí el capítulo 2. ¡Vaya! !que se deja leer!
Una temática de la actualidad muy bien llevada.
Luego seguiré con el capítulo 3.
¡Uf! estoy confundida, ¿quién soy? ¿marimar?
¿David? por lo problemática y otras coincidencias, seguro soy
David.
luccas,28.07.2006
Gracias Carmen.
No me desgasto con esa gente mija, ya te diste cuenta que puso 5 estrellas
uneadoras.
Lo que si sabes contar hasta cinco, pues... son cinco nick distintos.
Solos se meten el pie y confirman mis pedantes, pero ciertas palabras.
A mi no me desgasta escribir mija, ni opinar, sigo siendo la misma de
siempre. Tu amiga.
Carmen_Posada,28.07.2006
Si quieres te pego el Capitulo 4 porque por lo visto solo tengo 6 lectoras
pa'l bodrio de TRECE (más de las que esperé en realidad...
jajajaja)
Así te entretienes un rato mientras al vengadoranónimo se le
pasa la pataleta de vejete amargado y grosero.
luccas,28.07.2006
Si, pegalo mija, marimar me comentò que le ha gustado mucho tu
novela.
Te dije... hay para todos.
Carmen_Posada,28.07.2006
TRECE
Entre la media noche y la madrugada (Capítulo 4)
David dejó a Nacho cerca de su casa y se fue a buscar a Juan
Antonio otro amigo de rumbas pero ya él había quedado de
salir con Jimena Montes. Prefirió no decirle con quién era su
cita para evitarse un tropel.
David se fue para el bar molesto por no haber encontrado quien le cogiera
la caña. Abandonó la moto en el primer garaje que
encontró y continuó caminando hasta le entrada del bar.
Estaba ansioso. Sabía que a la primera oportunidad que tuviera se
metería un pase de perico para sentir ese placer que le
producía. Cuando se drogaba, David se sentía poderoso, se
sentía capaz de todo. Soñaba con hacer uno de esos negocios
que lo volvieran millonario para darse todos los placeres que ambicionaba.
Estaba tan excitado esa noche que intuía que lograría hacer
un buen contacto para montar una línea y empezar en las grandes
ligas, pero no del Cartel, él quería ser su propio jefe.
Después de que hiciera una buena cantidad de dinero sería su
propio patrón. Uno de los duros, pensaba.
Pero la realidad era que en ese negocio desconfiaban de los adictos. No
eran lo suficientemente fuertes para soportar la presión. Si
así fuera ya le hubieran dado la oportunidad porque conocía
suficientes personas en ese mundo. Pero ninguno quería correr el
riesgo con David Londoño. Además su adicción
también lo había vuelto poco selectivo. Se rodeaba de otros
adictos cuyo mayor logro era distribuir la droga al menudeo. Y a la
mayoría les estaba debiendo.
Llegó al bar cuando ya había bastante gente. Saludó a
unos cuantos y se acercó a la barra a pedir una cerveza. En una mesa
reconoció a Víctor que estaba con un par de niñitas
que parecían de colegio. Se acercó para saludar.
- ¿Entonces qué? Ya no saluda mijo, ¿consiguió
plata o que?
- Mello... ¡qué milagro! Hace rato que no lo veía.
¿Dónde andaba que no se le volvió a ver en el estanco
de Doris ni por ninguna parte.
- Viajando, pero luego le cuento. Tengo por ahí un par de negocios
andando. Y... qué? ¿No presenta a las peladas?
- Mi novia, Fernanda y Clara mi cuñada.
- Mucho gusto, David. ¿Y qué se toman?
- Estamos esperando otra gente, pero por ahí nos estamos copiando.
Me encanta verlo. Cuídese que lo veo bien. – Y Víctor le
extendió la mano como despachándolo de la mesa. Habían
sido muy buenos amigos hasta que David empezó a consumir. Ahora
Víctor lo evitaba siempre que podía. Utilizaba su diplomacia
natural pero David no era estúpido y disfrutaba
fastidiándolo.
- Pero ¿qué? Ya me está sacando de taquito. Viejo
Víctor, me extraña, usted que siempre ha sido mi parcero del
alma. No me diga que ahora no quiere compartir las hembritas cuando hace
dos añitos nos turnábamos para salir con las viejas. Como ha
cambiado. Este man se volvió todo picado de chimba. Fresco viejo
Víctor, no se pare que ya me voy, un besito para las niñas
que están bien buenas. Pero sabe qué... Mejor piérdase
que vaya y se me dañe el corazón y se me quite la
diplomacia.
- No, Mello, ni más faltaba, si quiere ahora nos tomamos unos
chorritos juntos pero no me dañe el parche con mi cuñada que
es culicagadita y luego se me calienta la novia. – Le mintió para
ver si así lo dejaba tranquilo.
- Fresco, yo se como es la vuelta, pero esperate y verás que un
día de estos te doy la sorpresita.
Se alejó masticando un poco de rencor porque sabía que le
estaban haciendo el quite. Los mismos amigos a quienes muchas veces les
salvó el pellejo de una golpiza segura.
Pensaba en esto cuando alguien le puso una mano en el hombro. Se dio la
vuelta y era Zapallo. No recordaba el nombre porque desde siempre le
habían dicho así: Zapallo, a secas. Era un jíbaro de
varias discotecas del que se había hecho muy amigo en el
último año pero a quien también le debía una
buena suma de dinero.
- ¿Qué Davi? Lo ando buscando desde hace días.
- Zapallito... ¿qué dice? Pues claro, si yo vine porque me
dijeron que ahora estaba por acá. Yo sé que le estoy debiendo
una platica de diciembre pero no se preocupe que aquí tengo una
parte y mañana puedo darle el resto. – Diciendo esto sacó dos
billetes de 5 mil pesos y se los entregó.
- Davi... Davicito... No me crea tan pendejo. Usted nos debe a Pacho y a
mí por lo menos cien de estos.
- Uy! Calmate Riverita, tampoco es para tanto.
- Yo no hablo mierda – le volteó el brazo por la espalda y
siguió diciéndole en tono amenazante: - Davicito a mi se me
está acabando la paciencia con usted, yo no quiero armarle tropel de
ninguna clase, pero es que esa plata hay que reponérsela al
patrón y usted pasó bueno todo el diciembre se metió
todo el perico que le soltamos y ahí mismito se perdió del
mapa. A mi no me gusta que me vean la cara.
- Viejo men... suélteme que me va a dañar el hombro.
Póngase trucha que le tengo un dato. A ver si empezamos a trabajar
con el tío.
- Mellicito, todo el mundo sabe que su tío no le suelta media. No
venga a tramar de verbo que ya nadie le cree nada...
- Soltálo que la gente nos ve güevón! – Era Pacho el
que daba las órdenes. Eran un grupo de dillers o jíbaros que
se movía en las discotecas de moda, Uno Club, Kalúa, Jamaica
nice, sitios que en su mayoría, a excepción de Uno Club,
duraban escasamente un año hasta que los clientes quemaban la goma,
o había alguna balacera que acababa con el establecimiento. Nadie
volvía a aparecer hasta que quebraban. Cada mes cerraba uno y
abría otro. Y estos tenían distribución exclusiva en
los sitios ya que la mayoría de los dueños eran
también quienes los contactaban para proveerles la mercancía
que ellos vendían al menudeo.
- Pacho, pero es que este perro no quiere pagar.
- Ya Soltálo que no hay por qué preocuparse. El
patrón ya dijo que no hay problema y que él le manda ese
regalito de navidad y de cumpleaños. Davi... me place verlo.
¿Dónde andaba?
- Uy! Pachito que bueno que apareció porque este man me estaba
maltratando y yo he sido buen cliente o no?
- Pues digamos que sí pa’ no preocuparlo. Cuente a ver... donde se
metió?
- Andaba caliente y me tocó perderme unos días –
Mintió para darse un poco de importancia – pero yo creo que en una
semanita viajo y hago una vuelta para volver con billete.
- ¿Sí? No me diga! Y ¿eso con quien?
- Nada, yo por mi cuenta me van a patrocinar pero esto lo hago solo.
- Este mello es un verraco por eso es que yo siempre lo he admirado.
Zapallo no entendía lo que pasaba. Una semana antes habían
recibido órdenes expresas de “quemarle un par de plomazos” si lo
volvían a ver, y ahora Pacho estaba actuando como si nada. Se iban a
meter en un problema serio si Don Manuel, el patrón, los
descubría en esas.
- ¿Sabe quien lo quiere saludar? El Rolito, en estos días
andaba preguntándolo. Si quiere mas tardecito cuando cierren este
chuzo nos vamos pa’l apartamento del Pacho y de paso lo recogemos. Nos
enrumbamos a lo bien, como en los viejos tiempos. Hace rato que me quiero
meter una rumbita de aquellas.
- Pues claro viejo men, y yo que me estaba preocupando porque los amigos
están como amargándose. Y no tiene un pasecito como para
aguantar hasta más tarde. Es que hace rato que nada de nada. Yo lo
pago, pero del bueno porque por allá me estaban ofreciendo un
gramito pero como de maicena.
- Este man... bueno, para que vea que la intención es buena
aquí le regalo un gramito pa’ que se lo unte. Pero hágalo
rendir que el resto está en el apartamento.
- Que elegancia, parce! Esto si es vida. Voy pa’l baño pero no se
me pierdan que la noche está buena y tengo que comentarles un par de
negocios que están que me salen.
- Listo mello, por ahí vamos a estar.
David se fue al baño y era tal la ansiedad que le temblaban las
manos. Abrió la bolsita y ni siquiera sacó su llave para
dosificarlo. Se metió dos pases y guardó el resto. De
inmediato su corazón comenzó a latir con fuerza. Otra vez se
sentía vivo y feliz.
Zapallo siguió a pacho hasta la puerta del sitio y le
preguntó:
- ¿Cuándo fue que Don Manuel dijo que le iba a dar ese
regalo al mellizo?
- Fresco mijo que la vuelta es otra, o ¿que va a hacer? Lo va a
quemar aquí delante de todo el mundo. Usted si es pendejo. No ve que
hay que sacarlo de aquí y si el man pilla la vuelta pues se nos
pierde en cambio si lo dejamos entrar en confianza pues se nos monta
tranquilo al carro. Además yo quiero hacerle la despedida al man con
todos los honores.
- Ahora si entiendo, pero como no me tira el dato sino que me lanza al
ruedo así no más, pues como la iba a coger. A este perro hay
que hacerle todas, yo hace mucho tiempo que me lo quiero llevar, pero el
problema es que no tenía respaldo, pero con usted de por medio pues
me lo llevo y pa’ chucho que esta noche le muestro la cara de la muerte al
man para que se orine del susto y luego se lo lleve.
- Así se habla Zapallito, hay que ser prudente y saber hacer las
cosas para que luego nadie pueda señalarlo a uno. Pilas pues, porque
ahí viene.
Pasaron el resto de la noche hablando de posibles negocios. Pacho tampoco
podía excederse en amabilidad porque David no era ningún
tonto y podía sospechar. En un par de ocasiones le dijo:
- Sabe qué? Mejor ábrase que usted está muy rayado. –
Para que David bajara la guardia y pensara que precisamente quería
sacarle el cuerpo igual que otros lo habían hecho esa noche.
Se fueron cerca de las 2:00 de la mañana. Recogieron al Rolo y
llegaron al apartamento donde vivía Pacho y su mamá que
también traficaba con perico dentro del mismo barrio. Les
vendía a la salida de dos colegios que funcionaban cerca.
Niños de 14 y 15 años que compraban a diario hasta 3 gramos
de coca como dosis personal. El mercado estaba pulpito y si alguien se
atrevía a tratar de entrar ella solo llamaba a su hijo para que
“fumigara la zona” y se deshiciera de cualquier plaga.
- Bueno, sin hacer mucho escándalo que mi vieja ya está
dormida. Siéntense por ahí paraditos que voy a traer una roca
que me regalaron ayer.
- Mello, esta gente de cuando acá tan amables. Hace nadita estaban
diciendo que tenían que bajárselo porque les debía un
billete largo.
- Nada, ya arreglamos con el patrón. Estese calmado que ya no hay
bronca.
- No se... Mello usted es muy confiado, como se le ocurre meterse en la
boca del lobo, por qué no se va para su casa y mañana
hablamos.
- Parecés güevón que yo me voy a esta hora y todo
iniciado. Además está gastando el Pacho, eso no se ve todos
los días.
- Por eso mismo, póngase trucha loco, esto huele a muerto.
- ¡Qué va! Lo que pasa es que lo querés pa’ vos
solito. Yo te conozco y vos sos de lo garoso que hay. Fresco, yo me meto
dos quiebrecitos y me piso de aquí.
- Parecen viejas cuchicheando, ¿que es la maricada?
- Nada Zapallito, aquí que el Rolo me andaba preguntando por Jimena
pero yo no quiero saber nada de esa perra. Ni a Caro que es la mejor amiga
le pregunto.
- Ah! Pues si no quiere saber nada de ella no le cuento con quien andaba
hoy.
- La viste? Y que? Con quien andaba? – Todos soltaron la carcajada –
¿Qué? De qué se ríen si a mi me importa un
culo, yo solo quiero saber con quien está perriando ahora eso es
todo.
- Andaba con un amigo tuyo y como que el hombre le hace rico porque esa
vieja no se le despega. Yo los he visto como 3 fines de semana seguidos en
Uno Club.
- Soltá, cual amigo si yo no tengo más amigos que ustedes
tres. Los demás todos son una mierda.
- Gracias mello, pero si, pa’ que usted de amigos anda jodido. El Juan
Antonio ese que usted defendía tanto dizque porque eran súper
parceros y que usted por ese man mete las manos a la candela, pues el mismo
es el que se está comiendo a su mujer.
David sentía que la sangre le hervía por las venas. Eso no
podía ser verdad. Se levantó y se le fue encima a Zapallo.
- Decime que es pura mierda. Decime que es pa’ joderme.
Comenzaron a darse golpes con una rabia desmedida. David desahogando toda
la ira acumulada por el último año de dolor y
frustración, Zapallo cobrándose la envidia que le tuvo
siempre a los mellizos por el aspecto físico. Eran realmente
atractivos, blancos y de ojos claros mientras que Zapallo era una mezcla de
indio y negro bastante deteriorada por la mala alimentación y las
precarias condiciones en las que había crecido.
- Mellizo, quieto que se me sale un tiro y no respondo. – Gritó
Pacho desde la puerta de la cocina con una 9 mm en la mano lista para
disparar.
- Ya Pacho, baje esa mierda que solo me calenté un tris pero ya
pasó.
- Hagamos esto más sencillo, usted se quita de allí porque
esta nena quiere escupir plomo y está que arde. Querés
tocarla? Cogela y de paso le metes un tiro al Zapallo pa’ que afine y no se
meta donde no debe.
- No, güevón tampoco es para tanto, yo solo me emputé
porque me estaba azarando el ambiente, pero ya.
- O se lo metés vos o se lo meto yo.
Zapallo no le daba crédito a sus ojos. Pacho le estaba apuntando a
él y no a David como era lo pactado. David se acercó para
meterse otro pase de perico y tratar de distraer el momento porque tampoco
entendía que era lo que le pasaba a Pacho.
- Venga parcero no se ponga así, mas bien probemos esto que tiene
buena cara. Guardese esa nena o déjela por ahí y venga parce
que ya todo pasó.
- Pacho a usted que le pasa! – Gritó zapallo y la mamá de
Pacho salió del cuarto.
- Partida de zánganos, por qué no dejan dormir. Pacho saque
a esta gente de aquí que no quiero broncas y présteme esa
pistola que donde se le salga un tiro ¿qué hacemos con la
policía encima? – Le arrebató la pistola y la puso sobre una
mesita junto al teléfono. – Se largan a vagabundear a otra parte. Y
me dejan esa roca que es para cortar.
- No vieja usted se me calla porque tenemos que hacer una vuelta pa’l
patrón y tiene que ser esta noche.
David se había acercado a Pacho para probar un poco de la roca pero
cuando le oyó decir eso entendió que algo iba a pasar.
Lentamente se puso entre la señora, la pistola y Pacho.
- Pachito, vámonos que su mamá tiene que dormir,
tráigase algo y nos vamos pa’ donde el Rolo.
Zapallo sacó su arma y se oyó un click al soltar el seguro.
- No Davi, usted sale de aquí pero con los pies por delante. – dijo
Zapallo y en un solo movimiento, como un gato, David alcanzó la
pistola de Pacho y se cubrió con el cuerpo de la señora. La
tenía encuellada usándola como escudo humano.
- Zapallo, baje la pistola o aquí nos damos los dos y usted deja
huérfano al Pacho.
- Zapallo, pilas con mi cucha, este man es capaz que me la mata.
- Yo no le voy a hacer nada, pero este perro me dispara y ella lo recibe.
Zapallo disparó una vez y lo esquivaron. No tenía buena
puntería, mientras que David donde ponía el ojo ponía
la bala, pero no quería matar a nadie, solo quería salir vivo
y a esas alturas ya se había dado cuenta de que le habían
puesto una trampa. Arrastró a la señora hasta el otro lado de
la habitación buscando una salida, pero sabía que en el
momento en que la soltara quedaba expuesto. Muchas veces estuvo en
situaciones iguales o peor donde era casi imposible salvarse, pero
había contado con suerte, esta vez todas las salidas estaban
bloqueadas excepto la ventana que daba a la calle. Tiró a la mujer a
un lado y corrió a lanzarse por la ventana. Zapallo le
disparó por segunda vez y le atravesó el corazón desde
el costado derecho. En el impacto al arma de Pacho se le salió un
tiro que le dio en la cadera, cerca de la ingle a Zapallo. David
murió mientras caía sobre una reja de hierro que cercaba el
condominio. Murió al instante. Ni siquiera sintió el dolor de
la punta de la reja sobre la cual cayó y que le atravesó el
abdomen.
- Me dio Pacho, me dio!
- No chille marica que eso es solo un rasguñito. Vamos a recogerlo
que hay que sacar a botar la basura. Rolo... Rolo pendejo! Párese y
ayude que este marica está sangrando y me va a ensuciar la sala.
El Rolo había presenciado todo como viendo una película. Una
hora antes se había tomado dos “Roche”, pastillas para dormir que lo
dejaban entre borracho y trabado sin capacidad para pensar o reaccionar.
Bajaron y liberaron el cuerpo de David de la reja. Lo envolvieron en
bolsas de basura negras y lo metieron al carro. Pacho manejó hasta
un lote abandonado que había cerca y allí lo tiraron
quitándole las bolsas y sin enterrarlo, para que los depredadores
dieran cuenta de él. Pacho apagó el cigarrillo en el cuello y
empezó a registrarlo para quitarle todo lo que pudiera
identificarlo. Zapallo que cojeaba un poco se había sentado al lado
del cadáver para mirar bien si quedaba algún rastro de vida.
- Perro, así te quería ver, listo para que los gusanos se
den un banquetazo. – Lo golpeaba aunque sabía que ya no se
podía defender ni contestar. Lo escupió y por último
le apagó su cigarrillo en el pecho. – Nos vemos en el cielo o en el
infierno, mellizo, lo mismo me da.
- ¿Por qué lo tenían que matar? – Repetía el
Rolo en voz baja – El no era problema, si hasta se estaba saneando. –
¿Ahora yo que le digo a Pablo?
- Rolo hijo de puta vos no vas a decir nada. Si no querés aparecer
por ahí en otro mangón pudriéndote te quedás
calladito.
- Si yo no vi nada, yo no hablo. – contestaba sumido en su semi
sueño.
De allí salieron a una clínica para que atendieran a
Zapallo. El médico residente que los atendió supo que era una
herida de bala pero apenas si estaba haciendo su internado y se dio cuenta
de que era mejor quedarse callado y no preguntar nada. Lo curó
rápidamente y no hizo informe, ni siquiera usó
antibióticos del almacén, les dio una receta para que fueran
a una droguería y le aplicaran penicilina. La bala había
salido por un segundo orificio. No había riesgo. Los despachó
rápidamente y recibió una generosa propina por su
discreción.
Eran casi las 4 de la mañana cuando dejaron al Rolo en su
apartamento y siguieron para explicarle todo a la mamá de Pacho.
Dieron una vuelta por el lote donde lo habían tirado y desde la
calle no se veía nada.
Media hora más tarde una mujer paseaba su perro por ahí
cuando el animalito se le escapó corriendo hacia el interior del
lote. Con horror la mujer vio que su perro lamía el cuerpo de David.
Lo agarró sin dejar de mirar el cadáver y se fue corriendo a
llamar a la policía. En cuestión de minutos la policía
y medicina legal estaban en el sitio practicando el levantamiento de un
N.N.
El Rolo por su parte, no podía quedarse dormido, se había
tomado una tercera y una cuarta pastilla de “Roche” pero no podía
con la culpa. No lo había defendido, no había hecho nada.
Decidió llamar a la familia al menos para que lo buscaran.
Marcó el número y colgó. Intentó de nuevo pero
no sabía que decir, estaba temblando de miedo y angustia, ni la
droga lograba calmarlo. Marcó por tercera vez y no supo quien
contestó solo dijo:
- Busquen a David que está muerto. – y colgó de nuevo.
Se metió a la ducha y comenzó a llorar. La droga lo
había vuelto un idiota. Ni siquiera podía saber si era real o
solo había tenido un mal viaje.
luccas,28.07.2006
Quiero seguir leyendo esto Carmen.
Carmen_Posada,29.07.2006
Qué lástima...
Ya no quedan Foros para Trollear.
Ya no quedan Trolls, somos una especie en vía de extinción.
Ni siquiera puedo trollear en mi propio foro porque este bodrio de novela
terminó gustando...
Niño Juani, en lugar de andar haciendo promoción a ver si
levanta el culo del piso de otros, por qué más bien no se lee
los primeros cuatro capítulos de mi bodrio. Mire que por donde va,
perfila para Best Seller del año, y a usté se lo doy de
gratis... Igualito que a todos.
En el capítulo 4, la autora ingresó al mundo de los narcos de
una manera impactante.
quería comentarlo con "alguien", pero la inche cabrona
cierra su libro.
Si una queja, que paso con mi comentario que deje aqui, quien lo borro,
oye ps asi no se vale, deben de dejarlo no mas
total yo solo dije quien es carmen posada??? si una cuentera o una
escritora que yo no conosco, pero bueno, me vale madre.
lo unico que se aqui el unico best seller es del anggelbueno y su alfombra
roja, los que quieren pertenecer ami club de FANS pues apuntense antes de
que sellene y no los admitan. jajajjajjaja ahora si me descobre, ya ves
para que me borran ps.
Sandi,29.07.2006
¿Qué pasó acá?
No entiendo un joraca, gente.
(¿Cuántas veces habré dicho esto en los foros?)
mandrugo,29.07.2006
Me gustaría ser el autor de una novela olvidada, porque lo
importante es haberla escrito.
bodrio, novela, trollear... donde? esos tres elementos pueden ser dinamita
luccas,29.07.2006
Pues yo solo quiero seguir leyendo...
El capítulo cuatro me gustó mucho marimar, así como
el primero... sigo leyendo si la autora nos lo permite.
Un saludo.
(Mi libro de visitas esta cerrado, pues no veo motivos para tener
privacidad en una comunidad donde no importa quien eres, sino que
escribes.)
luccas,29.07.2006
Donde andas muerteca?
Carmen_Posada,30.07.2006
A ver, a ver... Señor Caracol, no me venga a armar relajo con el
niño jaen que este es un foro serio. (jajajajajaja)
Ahí les mando el viajado con el quinto capítulo... (Mi
palabra que son los que más lejos llegaron!!! Ni mi madre quiso
pasar del primero)
*****************************************
TRECE
Emociones Malogradas (Capítulo 5)
Carolina se despertó a la madrugada porque sintió un calor
sofocante. El gato se había subido a su cama y se había
acomodado a un lado de su cabeza, sobre la almohada.
- ¿Que haces aquí arriba? Me despertaste! Ven vuelve a tu
camita que para eso te la hice.
El gatito la miraba y se agarraba con sus uñitas a la funda de la
almohada como si con eso pudiera evitar el regreso a la caja. Ese gesto la
ablandó y accedió a dejarlo dormir con ella cuando de pronto
el gatito se erizó y sus ojos verde intenso brillaron como si
tuvieran luz propia. Carolina se sentó en la cama y se frotó
los ojos para ver mejor. El cuarto estaba completamente a oscuras, eran las
3:30 de la madrugada. Ella sintió escalofrío y la ventana se
abrió con una ráfaga de viento. Encendió la
lámpara de su mesa de noche y miró a Tomás. Se
había arqueado como lo hacen los gatos cuando enfrentan a otro
animal. El animal imaginario no atacaba simplemente Tomás estaba a
la defensiva. Dio un brinco desde la cama hasta el borde de la ventana pero
el impulso no le alcanzó y se agarró de la cortina con sus
garritas. Trepó hasta llegar al filo de la ventana y se salió
al techo del patio en el primer piso. Allí se quedó el resto
de la noche.
Carolina intentó hacerlo regresar llamándolo pero el gatito
ni siquiera la miraba, parecía hipnotizado mirando al vacío.
Ella lo dejó que se quedara pero no cerró de nuevo la ventana
para que entrara si quería. No creía que desde esa altura
pudiera saltar pero de todas formas le dejó abierto por si se
decidía. Intentó por todos los medios dormirse otra vez, pero
ella siempre había tenido dificultades para conciliar el
sueño. Pasó en vela hasta que amaneció.
Con las primeras luces se asomó para ver si Tomás continuaba
en el techo, y allí, en la misma posición y actitud, lo
encontró. Era raro que un gatito tan pequeño pudiera quedarse
quieto y concentrado durante tanto tiempo. Salió al patio para
llamarlo desde abajo pensando que se hubiera asustado con la altura, pero
él seguía allí, parecía un animal disecado. Se
subió por una escalera de jardinería para alcanzarlo, al
tocarlo estaba frío y se desplomó.
Carolina pensó que había muerto pero entró a la casa
para envolverlo en una manta y darle calor, tal vez solo estaba en shock.
Lo tenía envuelto y esperando a ver si respiraba cuando
llegó Rafael un vecino a tocar a la puerta.
- Caro, sentate que te tengo una mala noticia.
- No me asustés, que pasó? Tenés cara de tragedia.
- Nena, es que no se como decirte... Anoche el mellizo se metió en
un problema...
- Ah... ¿Otra vez? ¿Y ahora qué hizo?
- No nena, entiende, esta vez fue muy grave...
- ¿Está preso? Ya decime que pasó no sigas dando
vueltas.
- Está muerto...
El cuarto comenzó a dar vueltas y Carolina estaba completamente
mareada. Se sentó con el bultito del gato en sus brazos y
éste de pronto se movió. Tomás estaba vivo y
saltó de su regazo hasta el piso. Rafael vio que Carolina trataba de
entender lo que le estaba diciendo.
- No se sabe qué pasó solo se sabe que apareció en el
San Juan de Dios como un N.N. Hubo una llamada a la madrugada donde les
dijeron....
Carolina no estaba escuchando. Su mente se había aislado del todo.
Estuvo unos minutos como hipnotizada mirando a Tomás que se
acicalaba con pereza. Se levantó de la silla y lo recogió del
piso. Con sus facciones totalmente inexpresivas dijo:
- Gracias por avisar. Tengo que darle de comer a Tomás,
avísame cuando sepas donde va a ser el velorio. Tengo que buscar
algo negro para ponerme. Gracias...
- Carito... ¿Estás bien? ¿Quieres que te traiga
algo?
- No, tengo que llamar a Jimena. – Carolina continuaba sin expresar
ninguna emoción. Su rostro blanco y sus ojos azules estaban
apagados. Miraba al vacío mientras hablaba – Sabes... si necesito
algo. Consígueme marihuana de la buena. No se donde, pero
consíguela de la mejor y me la traes antes de ir a la funeraria.
Solo eso necesito.
- Carito, no tenés que hacer eso. Es mejor que enfrentés...
- No es para mí, es para él, le va a hacer falta.
- Nena, por favor, dime que estás bien, no es normal que
estés así. Era como un hermano para ti, tienes que
desahogarte.
- Estoy bien. Solo tengo que hacer algunas cosas. Me avisas lo de la
funeraria. Ahora tengo que darle de comer a Tomás. Ah... dime una
última cosita.
- Si, lo que sea.
- ¿Sabes a qué hora fue?
- ¿A qué hora murió? No, no tengo idea, sé que
lo encontraron al amanecer. Pero no pregunté. Tuvo que ser entre las
dos de la mañana y las cinco. Víctor lo vio salir a las 2 del
bar, fue la última vez que lo vieron vivo.
- Gracias, nos vemos entonces, no te olvides de mi encargo.
Rafael salió preocupado. No esperaba esa reacción en
Carolina. Estaba como ida pero como si no le importara. Era más
importante alimentar al gato.
- Ven, mi vida, ¿tenías mucho frío allá
afuera? ¡Lo siento! No quise dejarte solo. Pero ya pasó todo,
ya estás aquí conmigo, ya no tienes por qué sufrir
más. ¿Tienes hambre? Toma un poquito de leche tibia para
sentirte mejor. Mas tarde te consigo el alimento. Tengo que ir a comprarlo.
Perdóname ya nunca más voy a dejarte así.
Carolina le puso leche en el tazón y subió a darse una
ducha. Tenía la mente en blanco. No sentía nada. Solo actuaba
mecánicamente.
Jimena Montes trabajaba en un almacén de telas en un centro
comercial. Carolina la llamó allá y así sin más
le dijo:
- Jime, anoche mataron a David Londoño. – sin preámbulos,
sin avisar el golpe le dio en la cara.
Jimena siempre se sintió culpable por esa obsesión que David
tuvo después de que terminaron. Sentía que había
contribuido a su descontrol y en el fondo sabía que en algunas
ocasiones había provocado situaciones complicadas. Era muy inmadura
y cuando David se desaparecía por semanas ella se daba sus
mañas para hacerse notar o para encontrarse con él evitando
que lo superara.
- ¡Mentira! – Alcanzó a gritarle a Carolina – no puede ser
verdad, él no puede estar muerto. ¿Quién te lo dijo?
- Jime, es verdad y punto. Lo van a velar en la Metropolitana del Norte si
querés vamos juntas.
- ¿Cómo se te ocurre? Yo no soy capaz de ir... ¡Luego
te llamo!
- Bueno – y colgaron.
Se habían hecho muy amigas en el último año. Jimena
siempre buscaba apoyo y consejo en Carolina a quien veía como su
hermana mayor. Carolina tenía un carácter protector que
contrarrestaba la pésima relación que Jimena tenía con
sus padres. Su padre se había casado con una buena mujer. Su madre
en cambio seguía siendo una loca desquiciada. Irresponsable,
egoísta, todo lo que le importaba en la vida era divertirse, fumar
marihuana y no tenía problema en dejar a su hija sola por
días. Jimena siempre recurría a sus abuelos paternos cuando
esto sucedía pero en Carolina encontró un apoyo similar solo
que sin la diferencia generacional que la separaba de sus abuelos.
La funeraria quedaba a unas 15 calles de la casa de Carolina. Iban
caminando las dos por la avenida cuando Jimena se comenzó a
devolver.
- No, no soy capaz de ir. Busquemos a mi mamá y vamos con ella.
- ¿Qué te va a pasar? Está muerto. No se va a
levantar de allí. ¿Para qué vamos a buscar a tu
mamá? Ella como es de loca va y hace un espectáculo.
- Ella me dijo que nos llevaba, y yo prefiero llegar en carro que a pie.
Se devolvieron hasta el apartamento y Clara salió dando gritos y
alaridos. Le había hecho la guerra a David durante el corto tiempo
que fue novio de su hija, incluso hasta mucho tiempo después, pero
ahora estaba arrepentida de todo y con el temor de que David “recogiera los
pasos”. Era inestable, creía en cosas sobre naturales y tenía
el cargo de conciencia de haber hecho una que otra jugada sucia para
deshacerse del mellizo. Pasaría un buen tiempo antes de que pudiera
dormir tranquila.
- Yo las llevo, pero por nada del mundo me quedo. Estoy segura de que me
las va a cobrar todas.
- Gracias, Clara, pero no creo que usted le importe los suficiente como
para regresar de la muerte a cobrarle nada. – Contestó Carolina con
su habitual ironía. No era que odiara a Clara, pero existía
cierta rivalidad por el cariño de Jimena. Además censuraba su
estilo de vida, su falta de compromiso para con su hija. No le
parecía justo que actuara de esa forma.
Llegaron juntas a la velación, pero Jimena se fue a una
cafetería. Sentía que no era capaz de darle la cara a la
familia. Carolina por su parte tenía buena acogida entre los
demás hermanos de David. Eran 5 en total, incluyendo a los mellizos.
Pablo la recibió en la entrada. Le dio un abrazo y le dijo:
- Carito, se me llevaron a Davi. Me lo mataron. Ya no soy yo, soy medio
únicamente.
- No se qué decirte. Esto no va a ser fácil para ninguno.
Sé fuerte. Voy a ver a tu mamá.
Carolina lo despachó rápido porque no sabía
qué decir y por alguna extraña razón no sentía
nada. Era como si estuviera anestesiada emocionalmente. Sabía que
era verdad, sabía que estaba muerto, pero era como si no la tocara a
ella.
Entró hasta la salita de acompañantes y allí estaban
don Fernando Londoño y doña Mariana, los padres de David.
Estaban destrozados. Sus rostros reflejaban todo el dolor. Los
saludó con la conciencia de que ninguno se percató de su
saludo. Había personas por todas partes. Era el funeral más
concurrido que había visto. Caminó entre la gente saludando a
su paso a las caras conocidas. De pronto sintió un golpe en el
pecho. Fernando Londoño el hermano que le seguía a los
mellizos se le acercó. Siempre la quiso mucho, sabía lo mucho
que David la quería y contaba con ella.
- Carito, dame un abrazo que lo necesito – le dijo. Estaba calmado pero se
notaba las lágrimas que había derramado. Lo abrazó
intentando buscar sus propias emociones, pero no las podía rescatar.
Se estaba protegiendo de eso.
- Fer, siento mucho esto. Tienes que darle apoyo a tu mamá y a tu
papá ahora.
- Carito, por qué no dijo nada, nosotros lo hubiéramos
ayudado. ¿Cómo lo matan por miserables quinientos mil pesos?.
Davicito valía mucho más, ni todo el oro del mundo
sería suficiente por la vida de mi hermanito. – Carolina aún
no sabía ningún detalle del asunto, pero prefirió
cambiar el curso de la conversación.
- Fer, el ya está bien, te lo prometo, ya no va a sufrir
más. Cuenta con eso.
- Es que no sabes todo lo que le hicieron.
- No pienses en eso que te hace daño. Piensa en lo que hubiera
querido, que estuvieras con tu familia apoyándose entre todos.
- Si, Carito, yo se, pero esto es muy duro. Que va a pasar con Pablo,
qué va a ser de él. ¿Quieres ver a Davicito? Parece un
angelito, mi angelito – y sin darle tiempo a ella para reaccionar la
llevó hasta el féretro donde lo habían arreglado. Ella
no pudo evitarlo. Entonces entendió que estaba muerto. Y un remolino
de imágenes pasaron por su cabeza.
En la plaza de toros cuando hubo una becerrada y él se tiró
al ruedo de rodillas y sin capote, en cine viendo “Aliens”, en las fiestas,
en el muro rojo de la esquina acompañándolo a fumarse un
bareto, en el puentecito del barrio haciendo un juramento:
- “...Yo se que yo no voy a vivir mucho. Cuando muera no quiero que me
llorés, quiero que sepás que yo siempre voy a estar
ahí. El muerto al hoyo y ya te sabés el resto. Lo
único que quiero es que me habilités de chauma para el viaje
y que te encargués de Pablo como si fuera yo. Júramelo...”
- “Te lo prometo... yo no juro, pero si te prometo que voy a hacerlo.
Mejor no te mueras ¿bueno?”
- “Hierba mala nunca muere... fresca que el golpe avisa”
Ese era su dicho. Siempre que se hablaba de ese tema, remataba con esa
frase. Pero el golpe no avisó. Ella nunca imaginó que la
noche anterior sería la última vez que lo vería vivo.
Trataba de entender eso, pero no podía. No entendía esa
muerte.
Sus emociones seguían anestesiadas o congeladas en algún
lugar de su inconsciente.
Regresó a su casa sola. Sentía como si todo esto fuera una
película vista tiempo atrás, como si no hubiera estado
realmente allí.
Tomás la esperaba en la ventana. Apenas la sintió se fue
corriendo a buscarla. Encontró sobre la mesa un paquetito muy
envuelto dirigido a ella.
Lo abrió. Era una bolsa con una onza de marihuana de la que
vendían en las afueras de la Universidad del Valle. La guardó
bien y se fue con Tomás a su habitación. Se sentía
cansada, quería dormir un poco, pero sabía que no
podría. El entierro sería a las 3 de la tarde del domingo.
El domingo era el día perfecto para enterrar a los muertos.
luccas,30.07.2006
sigo leyendo...
Sandi,30.07.2006
A pedido de la autora, dejo un beso para que me lo devuelva con intereses.
Carmen_Posada,30.07.2006
No haré trampa mi Letty. Ya tengo un compromiso y mi palabra
aún vale.
Señor Caracol: Me pasé por todos los textos que le
debía... y en cada uno le dejé los intereses. Abonos a
capital serán cuando vuelva por sus tierras.
luccas,30.07.2006
jajajajjaj... que asi sea.
Es que mira que soy de las que me leo los libros en una noche, y si no me
alcanza, ando con el librillo paseandolo por todos lados hasta terminarlo.
Claro, no cualquier libro, te dirè que poco me agrada, muy poco,
son contados los libros de mi interès.
Carmen_Posada,30.07.2006
Un Capítulo más, corto porque el séptimo es demasiado
largo así que esperaré unos días para pegarlo, mi
Letty.
TRECE
Tributo a la Muerte (Capítulo 6)
Carolina salió temprano para llegar al cementerio antes de la
caravana fúnebre. No quería estar entre la muchedumbre. Se
hizo lejos, junto a un árbol que daba alguna sombra. Todo estaba
listo para el sepelio. La gente fue llegando por grupos y se fueron
acomodando donde tuvieran mejor vista. Carolina odiaba esa curiosidad
morbosa de las personas. Les gustaba ver el dolor de las familias, no
perderse detalle si alguno perdía el control mientras el
féretro desciende, escuchar los cuchicheos de la gente especulando
sobre la forma en que murió, si lo torturaron o los golpes fueron
post mortem, etc.
Odiaba eso en las personas.
Efectivamente hubo todo lo que se esperaba. Se deleitaron con las
diferentes versiones.
Carolina esperó a que todos se fueran y se acercó a la
tumba. Sacó del bolsillo de su abrigo el paquete de marihuana y lo
esparció sobre la tierra recién removida. De pronto
sintió como si alguien la estuviera observando. Levantó la
mirada y allí estaba Carlos Lotero, su ex novio. Buscó
nuevamente entre sus emociones para rescatar algo seguro, algo al menos
conocido y similar, el dolor de una pérdida aunque ésta fuera
muy diferente.
Era un hecho, no sentía nada por nada.
Carlos Lotero era un tipo práctico. Se enamoró de Carolina
por su ternura, por su capacidad de convertir un asunto trivial en todo un
acontecimiento, por sus detalles, por sus ojos azules que lo expresaban
todo. Habían estado juntos cerca de 3 años, pero eran muy
jóvenes para asumir el reto de una relación definitiva,
tenían que vivir otras cosas, tenían que ir por caminos
separados. Carolina no lo había entendido así. Le
habían enseñado que el amor era para siempre, que se amaba
una sola vez en la vida.
Carlos había sido amigo de David desde muchos años
atrás. David le dio la mano para salirse del mundo de la droga
cuando ya nadie daba un peso por Carlos. David todavía estaba en
condiciones de ayudar y así ayudarse a sí mismo.
A mediados de 1988, Carlos y Carolina se conocieron a través de
David.
Carolina no tenía mucha experiencia en cuestión de hombres.
Había sido medio ratón de biblioteca hasta que tuvo 15
años cuando se hizo una transformación en ella. Cambió
sus gafas por lentes de contacto, bajó de peso, renovó su
guardarropa, y comenzó a actuar como cualquier adolescente normal.
Conoció a otros muchachos del barrio, iba a fiestas, fumaba,
bebía con alguna medida, se escapaba de clases, hacía cosas
típicas de la edad. Esa transformación la hizo sentirse
aceptada, sin embargo, muy en el fondo, Carolina continuaba
sintiéndose inconforme consigo misma. Sentía que era
más inteligente que los demás jóvenes de su edad. No
se conformaba con actuar tan superficialmente. Tenía un ego muy
elevado y se creía superior a todos los que la rodeaban. Por eso no
podía sentirse parte de nada.
Cuando conoció a Carlos se puso como reto atraerlo. Así era
ella. Todo era un capricho en su vida y cuando se encaprichaba con algo, no
descansaba hasta obtenerlo. Era una tarea difícil y por tanto
más atractiva para ella ya que Carlos estaba a la defensiva de todo
y de todos. Por su condición de rehabilitado, cargaba con el INRI de
haber caído muy bajo en el mundo de las drogas. Pensaba que las
mujeres solo estaban interesadas en el dinero, la rumba y los carros.
Carolina identificó rápidamente su talón de Aquiles y
con mucha paciencia fue ganándose su confianza hasta que pronto
Carlos empezó a relajarse con ella. Salieron durante un par de
meses. Ninguno se atrevía dar otro paso por miedo a involucrarse
realmente.
Una tarde, estaban en la casa de Jenny, una de las amigas de Carolina.
Ella tenía que regresar temprano a su casa y Carlos le había
quitado las llaves para molestarla un poco. Siguiéndole el juego
ella lo tumbó en el sofá para tratar de quitárselas y
el la rodeó con sus piernas apresándola para que no pudiera
moverse. Sus caras estaban a pocos centímetros y Carolina se dio
cuenta de lo comprometedora de esa posición. Puso cara de enojada y
le dijo:
- ¡Dame mi llavero!
- No. Te vas a quedar ahí hasta que yo quiera.
- Dámelo!
- ¿El llavero... o el beso?
Carolina se quedó muy quieta. No esperaba esa encerrona. Carlos
despacito se acercó hasta que su boca rozó la de ella que no
hizo ningún gesto de rechazo. Le dio un beso muy delicado. Luego la
soltó y le entregó el llavero. Carolina se fue.
Durante los siguientes 3 años estuvieron juntos. Carlos dejó
de ser un capricho. Carolina se enamoró profundamente. Se dedicaron
el uno al otro e hicieron un mundo a parte de sus amigos. Fue una
relación demasiado absorbente que terminó como terminan ese
tipo de relaciones. Uno de los dos, Carlos en este caso, decidió
buscar un escape. Le fue infiel y ella lo descubrió. Fin de la
historia.
Carlos todavía se sentía culpable de la manera como
habían terminado. Solo habían pasado un par de meses y
sabía que Carolina aún estaba dolida por todo. No
sabía si acercarse o no. Pero la había querido tanto y ella
era la única que tal vez podía entender lo que significaba la
muerte de David para él.
- ¿Tienes un minuto?
- Tengo toda la vida... pero no pienso gastar un minuto más de ella
en ti.
- Deja la soberbia a un lado, debes estar muy mal con todo esto, yo solo
quiero que sepas que estoy aquí, si me necesitas.
- No, no te necesito a ti ni a nadie. Y estoy bien, la vida sigue, y si
David estuviera aquí diría lo mismo. El se murió...
¿y que? Al menos el ahora está bien. Eso es lo que importa.
Tengo que irme.
- Caro, por favor, déjame llevarte o algo.
- No. Vine sola y sola me quiero ir. Adiós.
Y se fue sin mirarlo. No pudo llorar. Su orgullo no la dejaba. Y,
extrañamente, no había dolor. Con la frente alta
rindió un tributo a la muerte. La muerte de la amistad y la muerte
del amor. Pasó todo y sus emociones continuaron extraviadas en
algún recodo del camino.
luccas,31.07.2006
Al ratito regreso a seguir leyendo... tengo mucho trabajo pero usted sabe
que siempre me doy tiempito...
Buen dia.
muertelenta,01.08.2006
Sigo leyendo, sólo que ahora con menos tiempo que antes.
KaReLI,01.08.2006
Y dónde se quedó doce?
yo kiero leer a catorce... me dijeron que es mejor que las trece
anteriores
Carmen_Posada,01.08.2006
jaaaaaaaaaaaa
(Apure, comaita Angélica, otra que picó... póngala a
leer rapidito)
luccas,01.08.2006
ande ca... nija... no se burle de sus humildes y fieles lectores, no vaya
siendo y nos terminemos limpiando el trasero con la novela jajajaja
no te creas jajjajaaja voy a leer, no interrumpa pues
luccas,01.08.2006
Sabes que?... Cuando la gente se cree inteligente, Carolina en este caso,
es cuando mas debil se encuentra pues se confìa y es cuando terminan
chingandosela. No existen los tontos, es mentira eso, al menos no en estos
tiempos. Uno tiene cosas que aprender de la persona mas insignificante. Hay
un dicho que reza: 'cuidate de las aguas mansas' Creo firmemente, que todo
tiene un proposito en la vida y una enseñanza.
solo eso quiero comentar por hoy.
besitos Chamacona... espero el siete.
muertelenta,01.08.2006
Pos a dónde les contesto?? Tienen sus libros cerrados.
Sólo quiero que sepan que ando un poco ocupadilla, por eso no he
venido... pero todo bien!
También la novela... Qué bárbara Carmen, está
buenísima!! (la novela)
Carmen_Posada,01.08.2006
TRECE
Macabra coincidencia (Capítulo 7)
Un mes después de la muerte de David, Jimena y Carolina estaban
sentadas en la sala tratando de reconstruir algunas de las versiones que
habían escuchado sobre su muerte. Eran cerca de las 9 de la noche y
hasta ese momento Carolina no había buscado ningún escape.
Estaba como una olla a presión a punto de estallar. Hablaba del tema
sin involucrarse. Hablaba de David únicamente con Jimena, pero en
sus palabras solo había frialdad, como quien recita una
lección. Jimena en cambio siempre estaba hablando de David, de lo
mal que se había portado con él, en que si lo hubiera ayudado
tal vez no habría muerto, especulaciones de cómo hubiera sido
todo si... esto o aquello.
A Carolina le daba rabia escucharla así. No se lo decía,
pero en el fondo la culpaba de todo lo que había sufrido David los
últimos dos años. Para Carolina, Jimena no tenía
derecho siquiera a recordarlo. No se merecía sentir algo por
él.
Esa noche Carolina puso un LP en el tocadiscos. Todavía no eran muy
comunes los discos compactos y el CD player. Era un disco viejo de
José Luis Perales. Cuando terminó de sonar la última
canción se levantó para cambiarlo de lado pero la aguja se
movió buscando un punto. Ninguna de las dos había tocado
nada, la aguja sola se había levantado y había buscado
aleatoriamente una canción. Carolina pensó que de lo viejo,
su tocadiscos se estaba dañando y fue a detenerlo, pero Jimena le
dijo:
- Déjalo que siga solo, luego lo cambiás.
No era una de las canciones más comerciales del disco. “De
profesión parao”. Nunca le había puesto cuidado a la letra
antes, hasta que Jimena le dijo que se quedara callada y oyera lo que
decía.
“...Era de la escarcha un amigo más,
juntos compartieron las aceras,
juntos una noche más fueron a dormir
bajo un cielo de papel
a la tibia luz del farol.
Sospecho que se fue
buscando algún lugar al sol,
me dicen que murió
silbando una canción de amor.
Nadie supo nunca su verdad,
era simplemente un peatón...” (José Luis Perales)
Un escalofrío le recorrió la espalda. Desde hacía un
par de días había tenido una extraña sensación,
como un temor difícil de identificar, no había algo concreto,
solo una palpitación inusual en especial cuando se subía a
dormir y se llevaba a Tomás con ella. Cuando la canción
terminó las dos se miraron pero prefirieron no comentar. Jimena
también había sentido algo extraño las ultimas noches
al entrar a la casa de Carolina. Siempre la asustaba Tomás porque
salía disparado como si le temiera. Y solo después de un rato
de escuchar sus conversaciones, se acercaba, evitando pasar cerca de
Jimena, hasta alcanzar a Carolina y subirse a su regazo. Jimena
sentía incomodidad con el gato presente, a veces bajaba la voz para
decir algo como si el gato pudiera entender lo que hablaba.
- Ese gato me tiene rabia.
- No, Tomás solo es un poco desconfiado de los extraños.
- Pero si me ve todos los días, al principio traté de
acariciarlo pero salía espantado como si estuviera viendo al mismo
demonio. Por eso me cae mal. Además me mira como si supiera.
- ¿Cómo si supiera qué?
- ¡No se! Como si supiera algo que yo no se. Me da miedo.
- ¡Dejá de ser pendeja! Este gato es lo más mansito
que he conocido. Hasta ahora no le ha tirado a nadie, se la pasa durmiendo
y cuando llego se dedica a mi, parece mi sombra y seguro le da rabia que yo
no le ponga toda la atención cuando vos estás aquí.
Eso es todo. No vas a empezar con las cosas de tu mamá, con los
agüeros y esas cosas. Eso es de gente ignorante.
- ¿Pero decime si no es muy raro ese gato?
- No sé, a mi me gusta y punto.
Estaban en esa discusión cuando la aguja del tocadiscos
comenzó a moverse de nuevo. Al menos habían pasado 5 minutos
desde que terminó la canción y se había detenido por
completo. Esta vez empezó en otra canción del mismo disco,
sonó toda y luego se detuvo otra vez. Como si hubiera terminado el
disco en la última canción.
“...Amada mía,
después de tantos años
a tu lado
yo sigo siendo brisa,
y tu, montaña y llano.
Amada mía
después de tantos mares
navegados,
tu sigues siendo orilla
y yo, gaviota...”
Ya era tarde y ambas tenían que madrugar al día siguiente.
Jimena se despidió y Carolina cerró la puerta. Tomás
que no solía maullar con insistencia comenzó a hacerlo.
Carolina pensó que había olvidado alimentarlo, pero su tacita
estaba llena. Tomás la seguía, la miraba y maullaba. Ella lo
cargó pero él quería estar en el piso. Lo
siguió hasta que salieron al patio. Había luna llena y se
veía iluminado. Tomás se subió al techo que daba a su
ventana y se quedó mirando al vacío como la vez anterior.
Carolina sintió una ráfaga de viento pero no pudo precisar de
donde venía. Las hojas del árbol no se movían, pero
ella tenía frío. Entró a la casa y dejó la
ventana de su cuarto abierta por si Tomás quería entrar.
La siguiente noche, Carolina se puso a ensayar con varios discos para ver
si sucedía de nuevo. Pero no pasó nada. Escuchó la
puerta y apagó el tocadiscos para ir a abrir. Era Jimena.
Tomás de un brinco se subió sobre un mueble alto y desde
allí la miraba. Estaba erizado como si fuera a pelear con otro
animal. Carolina lo llamó para que se bajara pero el gato solo
miraba a Jimena con desconfianza.
Se sentaron a conversar ignorando a Tomás hasta que éste se
bajó y siguió con su ritual para evitar a Jimena y alcanzar a
Carolina.
De pronto el tocadiscos se prendió sin que ninguna lo hubiera
tocado. Carolina había dejado puesto un LP de Luis Miguel. Y la
aguja buscó la canción “Contigo en la Distancia”. Ambas se
rieron pensando que en verdad algo raro pasaba con ese aparato. De pronto
entre las risas Carolina sintió ese nerviosismo que había
sentido antes se quedó en silencio escuchando el último
verso: “...Contigo en la distancia, amada mía, estoy...”.
Algo le pareció familiar de ese verso, pero no se detuvo a pensar
mucho, estaba nerviosa por la actitud de Tomás y cada vez se
sentía más incómoda con las visitas de Jimena.
Decidió despacharla rápido para ver que le pasaba al gato.
Tal vez era cierto. Tomás podía saber algo que ellas no.
Sonaba ridículo, pero era la única respuesta a esa
animadversión por Jimena. Tomás era agradable con todos los
que habitaban en la casa y sus visitantes, era mimoso y juguetón,
pero con ella se transformaba en una fiera aunque nunca la atacaba. Solo
tomaba una postura defensiva, como si supiera que ella quería
hacerle daño.
Eran las 8:30 de la mañana cuando el teléfono sonó.
Carolina solía madrugar incluso los fines de semana, pero una
llamada a esa hora era realmente inesperada. Era Jimena y no lograba
entender nada de lo que le decía:
- La canción... La carta... me lo dijo, es él, es
él!
- Cálmate que ya voy para allá.
Carolina se vistió rápidamente con una sudadera y una
camiseta y se fue casi corriendo a auxiliar a Jimena. La encontró
sentada en el piso en medio de un reguero impresionante de papeles y fotos.
Tenía el teléfono todavía descolgado y en su mano
derecha 5 cartas. De inmediato reconoció la letra y el lapicero rojo
con el que escribía David.
- ¿Qué pasa?
- Estas cartas... las encontré mientras arreglaba mi closet.
Carolina fue leyendo una a una. Eran mas bien cortas notas que David le
había escrito cuando eran novios. Ella no encontraba nada en
particular que pudiera haber causado ese terror en la expresión de
Jimena.
- ¿No ves?
- No le veo el problema... El también me escribía mucho.
Tengo varias guardadas. ¿Que es lo que te pasa?
- Leé el encabezado y decime que no tengo razón, que estoy
loca y que nada de esto es real.
Carolina leyó el primero: “...Enero 12 / 1989
Amada mía:
Hace dos días que no nos vemos y me haces mucha falta, me hacen
falta tus huequitos y tus rodillitas...”
Leyó el segundo:
“...Enero 30 / 1989
Amada mía:
Perdóname por lo de ayer, no sé que me pasó, estaba
como loco y me dieron ira al ver a ese man allí...”
Y el tercero y el cuarto y el último, todos comenzaban con la misma
frase: “Amada mía...”. Carolina tragó grueso y pensó
que eso tendría que ser una macabra coincidencia. Su inteligencia
absolutamente racional le impedía concebir otra explicación.
Trató de explicarle a Jimena eso, pero en definitiva sentía
cierta satisfacción al verla allí, carcomiéndose del
miedo, pensando que David había regresado a cobrarle todo su
sufrimiento. Al menos algo de justicia se estaba haciendo, sobrenatural o
producto del cargo de conciencia, la estaba pagando al fin.
Era un sentimiento extraño. Carolina sentía afecto verdadero
por ella, pero no podía separar el hecho de que Jimena había
sido la perdición de David. Muy en el fondo la culpaba de todo. Y la
había comenzado a odiar. Su amistad se estaba convirtiendo una
relación amor-odio. Carolina en realidad disfrutaba de verla en ese
estado. Y decidió que alimentaría al máximo esa
situación. Se lo merecía.
Una semana después, el tocadiscos continuaba haciendo lo mismo,
funcionaba sin problema con cualquier disco pero en el preciso instante en
que estaban las dos juntas Carolina ensayaba a poner el disco de Perales o
el de Luis Miguel y la aguja buscaba esas canciones sin que nada lo
estuviera manejando.
A Carolina el asunto sobrenatural no la trasnochaba. Nunca había
creído en esas cosas y consideraba que eran producto de la
imaginación, histerias colectivas o el poder de la mente
sugestionada por alguna variable externa que en este caso podía ser
el sentimiento de culpa de Jimena. Fuera como fuera, ella lo disfrutaba, lo
estimulaba haciendo una farsa sobre el terror que esa situación le
producía.
Una tarde, pocos días después de estos sucesos, Carolina no
fue a clases en la Universidad. Creía que le iba a dar una gripa muy
fuerte porque sentía cansancio general, escalofríos, un
malestar por todo el cuerpo. Se quedó en casa adelantando un
material para los exámenes finales que estaban cerca. Tomás
se había acomodado al lado de su computador y jugaba con los dedos
de ella deslizándose por el teclado. Prendió el radio para
oír algo diferente a la música que había estado
escuchando con Jimena las últimas semanas. Buscó alguna
emisora de baladas pero no había nada que le llamara la
atención así que lo dejó en una donde estaban en hora
de cuñas radiales.
Se levantó, fue a la cocina por un poco de agua y cuando
regresó vio que el gato ya no estaba, pero en la pantalla
apareció un letrero que ella no había escrito:
“DEJEN DE LLORARME...
QUE NO ENTIENDEN QUE ESTOY MUERTO
ME SIENTO SOLO AQUÍ
Y TENGO MIEDO
DÉJEME IR”
Carolina tenía un programa llamado Word Star que era el procesador
de palabra que más se usaba en ese entonces. La pantalla de su
monitor era de fondo negro y letras amarillas. Bastante atrasado de todas
formas para mediados de 1992.
En la pantalla se veía a lado y lado del texto, el trabajo que ella
estaba haciendo cuando se levantó. Era como si alguien hubiera
partido por la mitad el texto de ella e insertado en todo el medio lo
demás. Imposible para ese programa. Hoy en día hubiera sido
una tarea fácil de diagramación, pero en ese programa era
imposible. Escasamente era un procesador de palabra que a lo sumo lograba 3
tipos de letra diferentes, negrilla y cursiva. Esas eran todas sus
herramientas.
La impresora era una Epson 1030 de punto bastante arcaica también,
que imprimía a una velocidad máxima de 1 hoja tamaño
carta en 64 segundos.
Cuando Carolina miró la pantalla y vio lo que estaba escrito,
pensó que era una broma de alguien y buscó a ver si su
hermano o su mamá se habían llegado, pero estaba sola
completamente. Ni Tomás apareció de nuevo. Tomó el
teléfono y llamó a Jimena al trabajo. No le explicó de
qué se trataba solo le dijo que tenía que llegar lo
más rápido posible.
Jimena no se demoró. Al llegar la encontró en la calle, con
la puerta de la casa abierta de par en par y muy pálida.
- Entremos y mirás lo que hay allí adentro porque yo no soy
capaz de entrar sola allá.
- Me estás asustando.
- Pues ojalá no se haya borrado porque lo que yo vi es de locos...
o yo me estoy volviendo loca.
Entraron y efectivamente todo estaba tal cual como lo había dejado.
En la pantalla aún titilaba el texto que Carolina no había
escrito. Jimena rápidamente prendió la impresora y le dieron
la orden desde el teclado.
La impresora parecía poseída por algo. Comenzó a
imprimir el texto una y otra vez como si la orden se la hubieran dado para
varias copias, además en menos de un minuto imprimió
más de 3 hojas hasta que Carolina desconectó el computador
del toma y todo se detuvo. Las dos estaban petrificadas. En la radio sonaba
la canción de Rocío Durcal...
“...Oscura soledad estoy viviendo, la misma soledad de tu
sepulcro....”
Fue el detonante final. Ambas salieron corriendo y justo frente a la
puerta estaba Tomás en guardia. Carolina salió pero Jimena no
se atrevía a pasar. Estaba erizado como siempre que la veía
pero sus ojos tenían un brillo rojo y resoplaba mostrando las
fauces.
Jimena sabía que si se movía el gato la atacaría.
Esta vez ya no era una advertencia. Carolina se devolvió para ver
por qué Jimena no salía y cuando vio el cuadro se
agachó muy serenamente, comenzó a contemplar al gato para
calmarlo.
- Tranquilo, no te asustes, ella ya se va de aquí. No te preocupes
que nada malo te va a volver a pasar. Ella ya no te puede hacer daño
y yo estoy aquí para protegerte.
Jimena salió por un lado mientras Carolina la observaba.
Sentía una paz indescriptible, contemplaba a Tomás en el
marco de la puerta y le susurraba con una voz que no parecía la de
ella:
- “...Creo que ya es suficiente por hoy. Del resto se va a encargar
ella misma, vas a ver!...”.
Un par de meses más tarde, Jimena se fue a vivir al Canadá,
escapando de una racha de mala suerte que había caído sobre
ella. Perdió su empleo, su madre finalmente la echó de la
casa, sus abuelos paternos ya no la querían viviendo con ellos, su
papá la ignoraba, sus amigos fueron dejándola sola hasta que
no tuvo más opción que huir de su carrera autodestructiva.
Se fue como una delincuente, sin despedirse de nadie, ya nadie
quería saber de ella, excepto Carolina que siguió en contacto
permanente sabiendo que la vida le devolvería todas las que
había hecho.
Carmen_Posada,01.08.2006
Niñas, ahí les dejé el larguero del capítulo 7.
Gracias por seguir leyéndola. En serio que no esperaba que se
engancharan con ella
Comaita Angélica, mi libro de visitas está abierto mientras
estoy online y lo cierro al salir para que no me le hagan "gracias de
mico" en mi ausencia (dos de los 367 miembros de mi clú de FanS
que les encanta llenármelo de declaraciones pero que me da mucha
lata luego tener que estar borrando toda esa basura... ¿comprende?)
Nun,01.08.2006
jaja
muertelenta,01.08.2006
No manches, Carmen! Estuve pegada leyendo hasta que terminé el
capítulo 7.
Yo no sé si tu novela es un bodrio, lo que sí te digo es que
a mí me está gustando mucho.
Tiene esa cualidad de mantenerte picada queriendo leer más y
más...
Espero lo que sigue.
luccas,02.08.2006
Bueno, confieso que este ultimo no me agradò tanto.
Me parece un poco infantil.
Espero el numero 8.
luccas,02.08.2006
Lo que no me agrado fueron las mujeres dolidas, las venganzas del mas alla
y del mas acà.
pero bueno... es una novela y como en todas, tiene sus altibajos.
muertelenta,02.08.2006
Lo que sigue...
Carmen_Posada,02.08.2006
Tienes toda la razón Letty, la idea del capítulo siete es
infantil, recuerda ambos personajes (Carolina y Jimena) son niñas de
17 o 18 años más o menos (sería bueno haberlo dicho en
alguna parte). A esa edad uno quiere darle explicaciones sobre naturales a
cuanta coincidencia se le atraviesa en el camino.
Pero mejor sigamos viendo qué pasa con la historia.
*****************************************
TRECE
Ella, su Gato y Él (Capítulo 8)
Cuatro años más tarde Carolina se había cambiado de
universidad, había hecho 3 semestres de Sicología en una
universidad privada. Ahora estaba estudiando Comunicación Social en
una pública y ya estaba a un poco más de dos años para
graduarse.
De la familia Londoño se sabía muy poco, eventualmente
cuando Carolina salía al Estanco de Doris, alguno de los antiguos
amigos de David la saludaba y le contaban de Pablo. Al parecer no
había logrado reponerse. Visitaba la tumba de su mellizo casi todas
las noches, como un ritual desde su muerte. Los Londoño
habían decidido dejar quieto el asunto. Sería comenzar una
guerra a muerte y el siguiente en lista hubiera sido Pablo. Fernando se
había reunido con la gente de Pacho y sabían que era lo
mejor... de momento. Esto había frustrado un poco a Pablo por su
carácter vengativo. El no quería dejar impune la muerte de
David, pero tampoco tenía respaldo para hacer nada. El siempre
estuvo al margen de esas cosas, nunca se involucró en ninguno de
esos grupos.
Un tiempo después de haber enterrado a David, precisamente en el
estanco de Doris estaba Pablo con unos amigos que trataban de hacerlo
entrar en razón para que no siguiera bebiendo como lo estaba
haciendo. Ya en varias ocasiones habían tenido que dejarlo en su
casa porque estaba tan embriagado que no se podía mantener en pie,
mucho menos para conducir. El no consumía drogas pero desde la
muerte de David se la pasaba de borrachera en borrachera y visitando su
tumba.
Esa noche cerca de las 2 de la mañana llegó Zapallo en un
carro con otros dos que nadie conocía. Estaba envalentonado por su
nueva posición dentro del negocio. Ahora tenía más
poder que Pacho. Cuando vio a Pablo se le acercó al oído y le
preguntó con sarcasmo:
- “...¿Será que los gusanos ya se le habrán comido
los ojitos verdes a Davicito?...”
Pablo tiró su silla a un lado y estaba dispuesto a hacerse matar,
pero de inmediato entre todos los que estaban con él lo atajaron.
Sería otra muerte absurda. Tuvieron que llevárselo para que
no se expusiera más. Así se pasaba los días y los
meses. Esto le creaba un resentimiento cada vez mayor.
Carolina llevaba un tiempo fuera de circulación porque se
había dedicado a trabajar y estudiar de noche para al fin obtener un
título. No era que le gustara lo que hacía, solo
quería cumplir con ese requisito lo más pronto posible, pero
a Carolina lo único que le importaba en el mundo eran sus historias.
Creaba personajes y situaciones para recrearse y eso era lo único
por lo que valía la pena vivir. Al azar había escogido
estudiar Publicidad, era muy creativa y por eso le iba tan bien, pero el
asunto no le apasionaba en lo más mínimo.
Hacia septiembre de 1996 Carolina salió una noche con un grupo de
la Universidad. Estuvieron en un bar nuevo donde no había mucha
gente. Cerca de la media noche Kevin Möir, un profesor que le daba
clases de diseño por computación y que había salido
con ellos, le dijo que se fueran para el estanco de Doris. El sitio se
había convertido en el rematadero de la rumba en el norte de Cali.
Kevin era de ascendencia alemana pero había nacido y crecido en
Cali. Conocía de referencia la historia de los mellizos
Londoño. Cuando llegaron y allí estaba Pablo.
Él había estado mucho tiempo consumiéndose en el
dolor de muerte de David. No la aceptaba como parte de la vida, pero la
muerte es un hecho de la vida y seguramente, en algún lugar, la vida
es un hecho de la muerte. Eso era todo el misterio. Dios no quería
que la gente muriera, simplemente hacía parte del proceso normal.
Las formas de la muerte eran otra cosa. Las formas de la muerte son
producto de la sociedad que hemos construido, de la realidad de una ciudad
sin identidad, sin rumbo. Pero masticar el dolor, la rabia, la
frustración, pensar que no se hizo lo suficiente, pensar que no se
dijo todo lo que había por decir, era simplemente una manera de
castigarse por el dolor. Dios no es un tirano que señala
quién muere y de qué manera, para su entretenimiento
personal.
¿Era necesario pelear con Dios para menguar un poco el dolor?
Sí! Pablo lo necesitaba. Necesitaba, como en todo proceso de
aceptación, señalar a un culpable a quien no se le puede
castigar. Pelear contra un concepto, un enemigo al que no podemos
dañar.
El dolor seguía allí. Y Pablo necesitaba pelear contra lo
que sentía, embriagarse de lo que sentía, entregarse a lo que
sentía.
Carolina sabía que nada de lo que pudiera decirle lo
ayudaría. Pero pensó que después de 4 años lo
mejor que podía hacer era escucharlo, no seguir evitándolo
cada vez que el azar los llevaba al mismo momento y lugar.
Y lo escuchó esa noche después de que llegaron al estanco de
Doris y Pablo había bebido bastante. No le dijo nada concreto.
Simplemente le pidió que lo acompañara a un lugar...
- Caro, vení te cuento una cosita...
- Pablo, hace días que estaba por llamar a tu casa para ver
cómo han estado, pero vos sabés, la Universidad, el trabajo,
y yo como que nunca he sido buena en esas cosas, no se que decirle a tu
mamá.
- Fresca, yo se como es eso, yo también he querido hablar con vos
porque a mi nadie me entiende. Vení tomate un traguito conmigo por
Davi.
- ¿Quieres que te llevemos a tu casa?
Pablo levantó la mirada y se le encharcaron los ojos. Hizo una
pausa para poder hablar y le dijo:
- No... Caro, vos no, por favor! No me tratés como si fuera un
loquito de la calle que inspira lástima. Decime...¿Tan mal me
veo?
- Pablo, yo no quiero tenerte lástima pero es que la gente dice que
has estado entregado a la botella, que te vas a media noche al cementerio,
que...
- La gente... La gente... ¿Sabés que es lo que más me
emputa de la gente? Lo hipócritas que se han vuelto. Ahora resulta
que mi hermano era un santo y el mejor amigo de todos! – Empezó a
subir el volumen de su voz – Si, ahora resulta que todo el mundo tuvo que
ver algo con esa noche. Alguien lo vio, alguien le dijo que sé fuera
de allí, alguien lo invitó a un trago, alguien le dio una
palmadita en la espalda... Pero ningún hijo de puta fue capaz de
avisar nada, ninguno de estos malparidos tuvo las güevas para darle la
mano. Claro! Y ahora no hay muerto malo.
Pablo ya casi gritaba y Kevin se acercó para ver si podía
hacer algo.
- ¿Este es tu novio?
- No, es mi profesor.
- ¡Ah! Y ¿por qué salís con tu profesor?
Vení que te voy a llevar a tu casa.
Carolina se hizo a un lado y le pidió a Kevin que se fuera. No
sabía en qué iba a parar todo esto pero se lo debía a
David y tal vez esta sería la única oportunidad para hacer
algo.
- Pablo, hagamos un trato, yo me quedo con vos pero yo manejo hasta tu
casa.
- ¡Hecho! Decile a ese pendejo que se vaya antes de que se me salga
el Londoño y le parta la cara.
Kevin se fue y Carolina se sentó en el asiento del conductor de la
camioneta. Pablo se subió también pero no le entregó
las llaves.
- Carito, acompáñame a un sitio. Te prometo que no nos
demoramos, solo vamos un minuto y regresamos. Pero tenés que confiar
en mi, yo no estoy tan borracho como la gente piensa y te juro que te dejo
en la puerta de tu casa antes de que te des cuenta.
Carolina supo de inmediato de qué se trataba, pero aceptó
sin decir palabra. Cambiaron de puesto, dos amigos de Pablo se subieron a
la camioneta y arrancaron.
Carolina no recordaba que la tumba quedara tan cerca. Pero allí
estaba, con su nombre en la lápida y era tan irreal estar
allí. Era como pasar a otra dimensión escuchando los sonidos,
las palabras mirando cara a cara el dolor, la desolación y ese
aislamiento al que se llega cuando nadie puede comprender el vacío,
estaba tratando de entenderlo. En el horizonte, el cielo comenzaba a
clarear y sentía frío. Pero había tanta paz
allí. No tenía miedo, cosa por demás insólita
en Carolina.
Carolina siempre tenía miedo a todo. Siempre consideró el
cementerio un lugar que no se visitaba jamás, y mucho menos a la
madrugada. Pero de pronto se sentía tan segura allí,
sentía que estaba cerca de todo lo que siempre la protegía.
Cerca de Dios...
“...Si un barquito de papel está por naufragar,
socórrelo, corrígele el timón, mi amor. Tal vez sea
yo, quizás soy yo, recordarás, así era yo...”
En la radio de la camioneta sonaba esa canción y era inevitable...
No podía separar su recuerdo de la imagen que tenía frente a
ella. No sabía qué era exactamente lo que la había
llevado a ese lugar, a ese momento. Era como todas las cosas
extrañas que le sucedían, no tenía razón ni
lógica, pero lo estaba sintiendo allí, a su lado, frente a
ella, a su alrededor. ¿Había algo que pudiera hacer?
Lo escuchaba por primera vez en su vida, al final de cuentas ellos dos
nunca habían sido amigos. Carolina había sido la mejor amiga
desde niños de David, habían sido casi como hermanos pero con
Pablo nunca había congeniado, siempre lo consideró
superficial y engreído. De todas maneras ambos habían sufrido
esa muerte, cada uno en su medida y eso era muy respetable.
Esa noche, estar allí era como despedirse por primera vez de su
amigo, de su compañero de juegos, de quien le había
enseñado a correr loma abajo en carritos de balineras construidos
por ellos mismos, de quien se peleaba con todos los niños del barrio
por defenderla, del que la convencía para volarse de clase para irse
a meter los pies a un riachuelo en la loma de Menga. Y miles de recuerdos
que venían a su mente como cortos de cine. Estar allí era
decirle ADIOS, dedicarle de lleno esa palabra que tiempo atrás no
supo pronunciar. Carolina no se había despedido porque no
creía en el ADIOS, no creía en un ADIOS sin respuesta. Ahora
pensaba que tal vez la respuesta estaba ante sus ojos, estaba allí,
tan reducido, tan frágil, tan agotado, tan necesitado de paz...
Pablo estaba arrodillado, limpiaba con aguardiente una lápida
fría, tenía una Pata de Cabra en su mano derecha y la
enterraba con desolación, sin un ápice de esperanza en su
voz. Buscaba con su mirada un descanso, buscaba liberarse del dolor sin
sentir culpa, sin sentir que traicionaba la memoria de su hermano al
superar por fin su muerte.
- Si, ahora resulta que no hay muerto malo, pero chucha... vos más
que nadie sabés como era Davi. El muy perro se cagó la vida
por pura arrechera. Eso se lleva en la sangre, y la sangre Londoño
tira para allá. Y ahora está muerto y yo sé que no
hice nada para sacarlo de allí. ¿Sabés que hice antes
de que lo mandaran para “la finca”? Le rompí con unas tijeras toda
la ropa para que no pudiera salir de la casa. Me emputé con
él porque se había perdido como 3 días y mi cucha
estaba toda paniquiada. Claro, y aparece el hijo de puta con una sonrisota,
todo embalado de meter perico, haciendo bulla y con la misma ropa con la
que salió. Nos agarramos y nos madriamos hasta que me encerré
en la pieza y con las tijeras le dañé toda la ropa.
- Pablo, tu hermano no era rencoroso. David sabía que se estaba
buscando todo eso, no es justo, pero no te culpés por eso. Tu no
sabías que lo iban a matar.
Carolina le habló de algunas cosas que recordaba, frases que David
le repetía en vida, anécdotas que le contaba a media noche en
el puentecito del barrio; ése tipo de cosas, para tratar de menguar
ese dolor que reflejaba en su rostro.
Amaneció y los dos continuaban sentados uno a cada lado de la
lápida, los otros dos se habían quedado dormidos en el
asiento trasero de la camioneta. De pronto se escuchó un disparo al
aire. Ambos se tiraron al interior del vehículo y Pablo, que ya
estaba un poco sobrio, encendió el motor y arrancó como alma
que lleva el diablo. Carolina no sabía por qué huían,
más tarde él le dijo que era ilegal entrar a un cementerio a
esa hora sin un permiso judicial.
Como lo prometió, la llevó hasta su casa y cuando se
despidieron le dijo:
- Vos sos realmente lo único bueno que dejó Davi, no me
dejés solo que yo con esto no pude. Ayúdame a salir de este
infierno porque me voy a quemar.
- Voy a estar aquí siempre, pero tenés que poner de tu parte
porque si no, no hacemos nada.
- ¡Hecho!
Coincidencia o no, Pablo dejó ese culto a la tumba que llevaba
haciendo durante tanto tiempo. Pablo nunca se lo dijo pero tal vez esa
noche, también encontró un minuto de Paz en su infinito
dolor.
Así comenzaron a frecuentarse, una llamada, un saludo mas amable,
unas horas sin minutos dedicados a la observación de la vida
nocturna del la Avenida Sexta. Era un tiempo sin tiempo. Se reían de
muchas cosas, pasaban de la conversación trivial a temas más
trascendentales. Empezaron a descubrir que tenían muchas cosas en
común, independientes de David, les gustaba el mismo tipo de
música, la vida tranquila, el campo, la noche.
Pablo le tomaba aprecio, siempre la tenía en cuenta, se preocupaba
por que lo pasara bien cuando andaban juntos, la llamaba a conversar de
cualquier cosa, le avisaba cuando se iba para la cabaña de su
familia y cuando regresaba, la llamaba desde Felicia a convencerla de bajar
a recogerla para que se quedara los fines de semana con él. Pero no
era la misma sensación de seguridad que David siempre le
proporcionó. Era muy diferente, por el contrario le producía
inseguridad, timidez, nervios que no eran usuales en ella.
Carolina comenzaba a admirarlo. Disfrutaba de su compañía
pero tenía emociones encontradas, lo escuchaba, intentaba conocer su
mundo pero no podía sacar en claro la razón que la impulsaba
a encariñarse de ese modo con él.
ELLA
La fantasía era su droga. Su mente volaba... y todo lo malo
desaparecía.
Por eso le gustaba el cine, porque a través del cine podía
conocer otras vidas y otros mundos.
No necesitaba nada químico que la alterara, su mente tenía
todo lo necesario para que pudiera volar libremente, imaginar sin
límites.
Carolina era depresiva. Había aprendido a ver el mundo como un
campo de batalla en donde debía defenderse hasta de su propia
necesidad de auto-destruirese. No sabía qué era más
fuerte, su capacidad de amar o su instinto de lastimar. Había
aprendido a evadir la realidad constantemente. Sabía que
tendría que “aterrizar” algún día pero eso la
tenía sin cuidado. El día que tuviera que enfrentar la
realidad comenzaría a preocuparse. Era agresiva con quienes le
brindaban un poco de sí mismos porque había comprendido que
si se acostumbraba a ellos pronto se alejarían con una excusa
cualquiera y sería un momento triste. Era preferible que la dejaran
a tiempo para no salir lastimada.
Le gustaba detallar las reacciones de los demás, le encantaba
sentarse a observar cómo todos, de una u otra forma también
vivían con los pies en el aire, incluso se daba cuenta de que la
mayoría asumían tanto la “aparente” realidad que
perdían toda posibilidad de aceptar que, para lograr algo, primero
hay que soñarlo, darle forma con la imaginación. No aceptar
un hecho tan simple, los alejaba aún más del mundo real.
Padecía la necesidad de idealizar a las personas para luego darse
cuenta de que no son perfectas y así tener una razón para
decepcionarse. Era un círculo vicioso del cual no lograba
desprenderse.
Tenía un alto instinto de conservación de la vida, pocas
veces le gustaba jugarse la suerte al azar, pero eventualmente lo
hacía aunque los riesgos que corría no atentaban nunca contra
su integridad física, generalmente eran otro tipo de riesgos; le
gustaba jugar con las sensaciones, los sentimientos y la sensualidad. Le
fascinaba buscar momentos perfectos, crear magia en un instante. Luego se
deleitaba contemplando su “ARTE”.
Desde la muerte de David, a veces sucedían cosas que Carolina luego
no recordaba bien y eso la angustiaba un poco. Era como si no hubiera
estado realmente allí, como si el recuerdo borroso fuera una
película vista mucho tiempo atrás. Pero pensaba que todo era
producto de su acelerada imaginación.
Esto se acentuó desde que empezó a estar cerca de Pablo, sus
lagunas mentales aumentaban no solo en número, aumentaban en
duración. Al principio eran solo pequeños vacíos, algo
que su memoria no podía precisar, poco a poco se fue dando cuenta de
que en ocasiones eran horas perdidas, con imágenes vagas. Siempre en
las mañanas Pablo la llamaba para darle los buenos días y en
medio de la conversación se daba cuenta de que le hablaba de cosas
que no tenía registradas. Y en un par de ocasiones lo único
que recordaba era el timbre de la recepcionista de la oficina
avisándole que ya Pablo había llegado a recogerla. Una noche
entera perdida en algún lugar de su mente y sin acceso... Eso no
estaba bien, algo no estaba bien.
Carolina tenía además una fuerte adicción a
recordar, traer el pasado al presente como si de esa forma nada pudiera
quedarse verdaderamente atrás.
También era un poco psico rígida, generalmente
convertía un traspié de su cotidianidad en una tragedia
insuperable; pero no importaba, sabía que toda sensación
desagradable desaparecería en cuanto pudiera ver nuevamente que
todo, al final siempre queda atrás; lejos de su memoria, en un
rincón olvidado de su existencia... era para lo único que sus
lagunas mentales la ayudaban. A olvidar por completo lo que no
quería recordar, así estaba más tranquila.
Ella creía en los momentos especiales, en el significado de un
gesto o una mirada. Creía en mantener vivos los sentimientos.
Creía en su padre, en su lucha por darle lo mejor. Creía en
su madre, en su amor desinteresado, en su entrega absoluta para que supiera
con certeza que sabía perdonarlo todo.
Creía en su hermano, en sus palizas para endurecerle el
carácter, en sus agresiones para enseñarle que el mundo
podría destrozarla si seguía siendo tan débil.
Creía en su Dios, que jamás la dejaba sola y le daba la
libertad total de escoger su camino. Que sin importar su error, siempre le
daría una mano. Creía en las lágrimas de los hombres
fuertes. Creía en el juego de preguntas sin respuestas. Creía
que entre cielo y tierra no existe nada oculto. Creía en las buenas
maneras, el protocolo y la etiqueta. Creía que la nariz era una
parte ridícula del rostro. Creía que todos, en algún
momento de la vida tenemos, el derecho y el deber de hacer el
ridículo. Creía que en ser cobarde para mantenerse vivo.
Creía que le atraían los cuerpos perfectos de algunas
mujeres. Que el corazón se le entrega al hombre, pero el cuerpo...
el cuerpo y el placer eran otra cosa.
SU GATO
La dualidad del gato como símbolo de la divinidad y de la
representación demoníaca, dio lugar a que en las
supersticiones relacionadas con él se le considere representante de
la mala o la buena suerte, así mismo dio lugar a la creencia de que
era posible que un espíritu que queda vagando por su trágica
muerte, pueda habitar en el cuerpo de este animal hasta verse vengada su
muerte o sufrimiento en vida.
Carolina conocía bien estas historias. No lo decía porque
verbalizarlo implicaba aceptar que creía en leyendas populares. Pero
en su interior sentía la presencia permanente de David a
través de Tomás.
Durante esos 4 años, Carolina había mantenido un perfil
bajo, socializaba un poco, pero era más el tiempo que dedicaba a la
vida tranquila. Se había dejado envolver en su cotidianidad donde
nada pasaba, nada sucedía. Los días iban pasando sin que se
sintieran. Tomás se había convertido en su pasatiempo
favorito, en su compañía permanente.
Tener un gato de mascota es toda una aventura de ilusionismo. Se necesita
un conocimiento íntimo del Arte de la seducción. El gato
seduce a su amo de tal forma que se convierte en el centro de todas las
atenciones. Con una sutil insinuación logra envolver al amo hasta
tenerlo en un estado casi hipnótico y así dominarlo por
completo. No es que el gato no sienta un profundo amor por su amo, pero
sabe con certeza que en el instante mismo en que permita que el amo se
percate de esto, se romperá el hechizo y roto el hechizo
desaparecerá el lazo que lo une con su amo...
El ruego de que Pablo se encariñara con Tomás tenía
una connotación especial. No era un capricho. Tenía un
sentido mas profundo, pero muy difícil de explicar. Racionalmente
ella no le podía decir que Tomás era la expresión
física del alma de David, no podía probar algo tan absurdo
como eso, aún ella, en ocasiones pensaba que era parte de su
imaginación. Así que intentaba explicarlo torpemente con
argumentos tan insustanciales como que él podía identificarse
con los gatos, no por sus atributos, sino por esa independencia
característica que los hacía diferentes a otras especies de
animales.
Pero había esa razón de fondo y que hacía parte de
las múltiples coincidencias extrañas de su vida, era el hecho
de que fuera precisamente David quien le había obsequiado a
Tomás la misma noche en que fue asesinado. Y no podía negar
lo que ella misma había presenciado y fue la manera casi salvaje
como Tomás había sacado a Jimena de su casa, era algo que
tenía que calificar como sobrenatural porque racionalmente no
podía darle ninguna explicación. Tomás se había
convertido en la sombra de David. Le hablaba como siempre lo hiciera con
David, le contaba sus acontecimientos del día, le hacía
preguntas que ella misma contestaba con la certeza de que la respuesta se
la daba el mismo Tomás quizás con alguna forma de
telepatía o de comunicación extrasensorial que ella no
conocía pero que funcionaba.
Para Pablo los gatos eran animales inoficiosos, animales que traían
enfermedades, eran falsos, odiosos, zalameros, no les gustaba compartir
afecto y ni siquiera eran bien parecidos. No tenía caso, por
más intentos que ella hacía Pablo ni siquiera lo miraba.
EL
Pablo nunca la habría lastimado con ese único
propósito, no tenía sentido hacerlo, pero el mundo real era
cruel y, a veces, Pablo pensaba que ella no tenía el coraje para
sobrevivir. El “Darwinismo Social” acabaría con ella en el momento
menos pensado. “El pez grande se come al chico” y para Pablo, Carolina no
era precisamente un tiburón de las calles. Debía aprender a
no ser tan débil.
Ella simplemente hacía cosas raras y le expresaba emociones
confusas.
A veces, Pablo pensaba que para Carolina lo más importante era su
mundo y no el de él; era posible que Pablo ni siquiera hiciera parte
de esa fantasía de mundo que para Carolina lo era todo. Era tan
difícil ver el fondo de las cosas, y hablarlo implicaba la
posibilidad de tener un enfrentamiento desagradable.
Ahora bien, enamorarse de Carolina no había estado dentro de sus
planes. Ella era algo medio sagrado, aunque a esas alturas, su sospecha con
respecto a David y a ella estaba más que aclarada.
Pero era ella en si, su carácter y hasta su físico eran muy
diferente a todos sus esquemas. Lamentablemente entre más tiempo
pasaba con ella más difícil era para él reprimir ese
sentimiento para el que ninguno de los dos se había preparado nunca.
Pablo tenía la piel blanca, el cabello muy corto como se usaba a
mediados de los 90’s, la nariz y sus facciones finas. No era alto pero
tenía los brazos fuertes, las manos grandes y la espalda ancha. Sus
ojos eran de un exótico tono verde botella. Era acelerado,
explosivo, temperamental y machista. No tenía paciencia con sus
congéneres. Le sacaba de quicio la estupidez y se burlaba de los
tipos “cabeza hueca” que estaban sobre poblando el planeta.
Pablo creía en la fuerza interior para superar el dolor.
Creía en las emociones fuertes, la locura, las obsesiones, las
sensaciones y la sensualidad.
Creía en la ley de la Calle, creía en el Aguardiente Blanco
del Valle y el Escocés fino. Creía en los perros, su finca y
su V W Escarabajo. Creía en la forma correcta de hacer un torcido,
en hacer su propia plata para vivir a su gusto. Eso le venía de
sangre por los Londoño. Creía en el amor eterno y un
matrimonio como el de sus padres. Creía en la terquedad y la
obstinación mientras tuviera una buena argumentación.
Creía que no creía en las mujeres y en las fáciles
mucho menos.
Pablo se enamoraba cada día un poco más y trataba de
controlarse porque sabía que no iba a ser fácil llevar la
relación a otro nivel. Lo que los había unido, de todas
formas los separaba como un abismo infranqueable. Esa relación
estaba maldita desde el comienzo. Ignorar eso era definitivamente
sentenciarse a una tragedia. Pero, por el carácter de ambos, tentar
al destino y a fuerzas desconocidas era muy atractivo. Ambos buscaban un
escape que los sacara de la cotidianidad marcada por la ausencia de
emociones.
luccas,03.08.2006
Volviò a agarrar forma la lectura.
Bien Carmen...
Aquì estamos, al pie del cañon.
luccas,04.08.2006
y esperando el siguiente.
luccas,06.08.2006
Sigo esperando Carmen...
Carmen_Posada,08.08.2006
Sorry, Letty, estuve out line todo el finde y por eso descuidé mi
compromiso con el foro. Además ando muy ocupada con otros
menesteres, por eso no he estado tan metida por acá, solo lo
suficiente para lo que necesito.
Aquí traigo el noveno capítulo. Es más bien fome
porque se mete demasiado como en reflexiones personales que hoy en
día están más que desvirtuadas. Es decir, hoy en
día no pienso igual que cuando lo escribí. Pero bueno...
habrá quien se identifique un poco con esto.
*****************************************
TRECE
Con los ojos bien tapados (Capítulo 9)
Finalizaba 1997, hacía más de un año que Carolina y
Pablo estaban saliendo juntos y hasta ese momento no había existido
ningún contacto de tipo sexual entre ellos. Pablo no estaba
interesado en acelerar las cosas y Carolina veía posibilidades
más interesantes en su compañía y en tomar parte de
esas fracciones de tiempo, que en los contactos íntimos. Pablo
quería saber hasta dónde era capaz de llegar. Esa era la
regla tácita del juego y el juego había comenzado.
- ¿Nos subimos esta noche a la finca?
- No se a qué hora salga de clase y si se hace muy tarde me da
miedito.
- ¿Hoy tenías el examen final de mercadeo, no? Tu lo
resuelves rápido. Hace como 3 semanas que no vas conmigo y me aburro
solo allá.
- Pues quédate y mas bien hacemos algo acá en Cali.
- Te das cuenta de que siempre me estás sacando paros, solo quiero
que alquilemos unas películas y nos quedemos hasta el domingo.
- Y con quien más subimos.
- ¿Por qué siempre que vamos a subir quieres hacer parche?
Llévame unas niñitas, pero manes no...¿quien pierde?
- Pues a mi me da igual, yo no voy a nada de lo que tu piensas.
- Tu ni siquiera sabes lo que pienso y ya sé que me tienes a dieta
de besitos y ya, como si tuviéramos 15 años.
- Dejá de joderme.
- ¿Te da miedo o que?
- Recógeme pues a las 8:00 PM
- Listo!
Se subían para la finca en parte para evitar los espacios que
incitaban a Pablo a beber, ya no lo hacía como antes, pero siempre
que lo hacía era hasta perderse por completo. Aunque no importaba el
grado de alcohol que estuviera circulando por sus venas, ambos
mantenían la distancia precisa que necesitaba para evitar tener
sexo. De la forma más inocente que podía existir, Carolina
creía que Pablo sentía igual que ella, que lo sexual era algo
secundario, y así lo idealizó.
Carolina conocía bien la diferencia entre tener sexo y hacer el
amor. Había hecho el amor con una misma persona de los 17 a los 20
años. Carlos, ese primer amor al que recordaba eventualmente.
Todavía era muy niña y creía que sería para
toda la vida. Eso le habían enseñado, eso era lo que esperaba
que fuera. Lo había hecho enamorada, ilusionada. Cada vez entregaba
lo mejor de sí para que fuera perfecto. Pero también lo hizo
por su temor a quedarse sola. Carlos la había convencido de que
jamás encontraría otra persona que la amara igual y que
jamás amaría a nadie como lo había amado a él.
Luego de un par de años de estar sola, cuando ese primer amor era
un recuerdo triste, una sombra negra sobre su vida, decidió borrar
lo único que creía que aún la amarraba a ese recuerdo.
Pensó que si tenía sexo con otra persona, acabaría con
toda huella de su pasado y comenzaría una nueva etapa de su vida.
Era un pensamiento tan inmaduro como sus fantasías. Aún
creía en cuentos y novelitas rosa. Fue una experiencia fatal. No
estaba enamorada y simplemente actuaba. Se sintió tan triste y tan
vacía después de hacerlo. Para lo único que
sirvió fue para entender que necesitaba sentimientos, necesitaba
firmeza, necesitaba seguridad para hacer el amor. Necesitaba estar
enamorada para que el sexo tuviera sentido en su vida.
Pero el daño ya estaba hecho, su autoestima había sufrido un
atentado explosivo y había quedado esparcida por el suelo. Los
siguientes dos años se dedicó a salir con diferentes hombres
que solo buscaban pasar el rato y dejó de importarle, separaba su
mente de su cuerpo y pensaba que ya no tenía nada que perder. Ni
siquiera lo disfrutaba, ni siquiera entendía por qué lo
hacía. Simplemente era como si el sexo le ratificara que era
extraña, que algo no funcionaba bien en ella y que no se
merecía el amor de otra persona. Las pocas ocasiones en que alguno
se acercaba para quererla, se portaba como una fiera. Se encargaba de
destruir toda posibilidad de amor. Y entre más tiempo pasaba,
más se destruía con sus actitudes hacia sí misma. En
el campo laboral y académico era totalmente diferente. Rendía
al máximo, se exigía constantemente, se ponía retos
nuevos, pero en su vida personal era un desastre total.
Sabía que sexo y amor eran dos cosas muy diferentes, y
extrañaba muchísimo sentir amor nuevamente, pero eso
enfrentado con su auto imagen y su baja autoestima la hacían pensar
que era imposible, así evitaba también enamorarse. No
quería sufrir otra vez.
Durante casi 15 años Pablo había sido para ella simplemente
uno de aquellos personajes que siempre se saluda pero con los cuales nunca
se intercambia la menor opinión de nada. Durante mucho tiempo ni
siquiera se percataban de la existencia del otro y, con o sin
razón, Carolina lo evadió los cuatro años posteriores
a la muerte David. En el poco tiempo que llevaban saliendo Carolina
había aprendido algunas cosas sobre Pablo, sabía que era
hiperactivo, engreído, altanero y egocéntrico. Que esa
actitud de familiaridad era su manera de disimular sus explosiones
desproporcionadas de temperamento, sus chistes inoportunos, o cualquier
acto que pudiera considerarse inapropiado ó una metida de pata.
El “así soy yo y vos me conocés” que emitía con
frecuencia, le decía a ella que no tenía razón para
sentirse lastimada, para molestarse o para tomarlo en serio.
Carolina disfrutaba mucho escuchando su discurso contradictorio en una
mezcla de existencialismo, irreverente y patético, contra una fuerte
tendencia al capitalismo salvaje.
Existió una sola cosa que podía bloquearla completamente,
algo que no la dejaba modular palabra, que la abochornaba: Con frecuencia
Pablo le hacía bromas sobre el pasado de Carolina sobre la actividad
sexual de Carolina antes de estar juntos, logrando que su rostro
enrojeciera al máximo. Ese era uno de sus demonios mas poderosos y
temido de los cuales huía y se protegía constantemente.
Pablo le decía en broma: “¿Cuál ha sido tu mejor
noche de sexo? ¿Cuál ha sido tu posición más
rara? ¿Te han dado por el culito? ¿Cuál fue tu mejor
Orgasmo?”. Y Carolina sabía que era un simple chiste pero se quedaba
helada como si Pablo le estuviera escarbando el alma. No podía
decirle la verdad si quería que las cosas funcionaran. Así se
lo había propuesto. Pablo era el tipo de persona que
despreciaría el estilo de vida que ella había llevado durante
esos dos años. ¿Cómo explicarle que nada de lo que
había hecho era real? Que muchas de las veces que tuvo sexo
habían sido inconscientes, que ella ni siquiera las recordaba.
Muchas veces se había despertado con algún sujeto a su lado,
sin saber cómo ni por qué había terminado en su cama.
El nunca lo iba a entender.
Pablo por su parte no estaba tan preocupado por el asunto. Pensaba que
ella era una mujer poco sexual, no la veía como la mujer que salta
de cama en cama y eso lo atraía aún más.
Suponía que si había estado tres años con Carlos pues
seguramente se había acostado con él, pero para la
época eso era considerado muy normal.
*********
Los gatos tienen una característica muy particular:
¡Jamás hacen caso! No son como los perros que se adiestran;
los gatos tienen vida propia, son independientes y nunca hacen nada que no
desean hacer en realidad. Mantienen el control absoluto de sus emociones.
Saben exactamente cuanta cantidad de afecto y atención deben
expresar a sus amos para sacar el mayor provecho de una situación.
Cuando desean ser acariciados se acercan in sinuosos frotándose y
elevando el tono de su ronroneo hasta que logran llamar la atención
de sus amos quienes no pueden evitar responder a ese estímulo con
una caricia. Cuando desean ser alimentados se lanzan agresivamente sobre
ellos en un ataque furioso que demuestra con exactitud su intensa necesidad
de saciar el hambre, si no lo consiguen, simplemente lo roban con una
increíble destreza. Pero si lo que necesitan es dormir, no importa
cuantos esfuerzos haga su amo por llamarlos, ofreciéndoles su plato
favorito, una sesión extra de caricias o cualquier tipo de chantaje,
pero el gato permanecerá indiferente hasta que el amo desista.
Tomás no era distinto a los demás; muchas veces Carolina se
preguntaba si permanecía junto a ella únicamente por
alimentar su ego, por sentirse amado, sentirse necesitado por otro ser...
*********
Carolina pensaba que problema de las relaciones humanas estaba en su punto
de ebullición.
A veces Carolina observaba a Pablo y se reía. Era interesante ver
la evolución desde ese saludo completamente impersonal que se daban
mutuamente, diferente a la clase de saludo que le ofrecían a otras
personas; hasta la entrega de un silencio acompañado de un gesto
íntimo muy elocuente. Carolina sentía que no necesitaba
hablarle ni que Pablo lo hiciera, sentía que había una
comunicación no verbal mucho mas profunda y que era la real, la
verdadera.
A veces alguien se acercaba a conversar con ellos y con la sola
expresión de los ojos de Pablo, Carolina sabía perfectamente
si lo que el tercero hablaba era carreta o era importante; si su nariz se
afilaba hacia la punta Carolina comprendía que se hablaba de
negocios y que era mejor no interrumpir o hacerse la que no entendía
nada. Pero si el tema era sobre mujeres, Pablo se acomodaba en el asiento
recostando la espalda y rascándose la cabeza con una sola mano, si
lo hacía con ambas manos significaba que lo que le estaban contando,
correspondía a una situación bastante comprometedora para
Pablo. Y así había una infinidad de detalles repetitivos que
ya Carolina comenzaba a identificar. Así pues, que Pablo dejara su
retórica para los demás, con Carolina la comunicación
era a otro nivel, Carolina no se quedaba en las palabras, le gustaba buscar
mas allá de una respuesta verbal, mas allá de lo aparente.
Ahora, después de muchos intentos por establecer un concepto claro,
estaba convencida de que todo eso de las relaciones humanas, del amor, la
amistad, la familia y lo demás eran toda una argucia. Después
de todo, lo que busca cada uno de nosotros en su relación con el
Otro es gratificación; y donde hay búsqueda de bienestar, de
seguridad tiene que haber egoísmo, aislamiento, y donde hay
aislamiento, donde hay resistencia, hay conflicto.
- Mira, el otro día estaba leyendo en “La comunicación de
las existencias” de Ignace Leep encontré algo que decía algo
así como que lo que soy, mis actos, mis análisis, mis
razones, mis intenciones me hacen parte de un todo, un eslabón de la
gran cadena social. Me relaciono no por necesidad de compartir, sino por la
necesidad de pertenecer, de verme enlazado a un sistema. Así opera
el sistema de socialización en nuestras vidas. – le decía a
Pablo – De hecho no nos interesa el Otro; aunque hablemos muchísimo
al respecto, no estamos interesados en el bienestar o seguridad del Otro
como tal. Permanecemos relacionados con el Otro sólo mientras esa
relación nos gratifica, nos brinda un refugio, nos satisface
exclusivamente a nosotros mismos y, al mismo tiempo nos da un nombre, una
identidad dentro de un contexto. Esto puede sonar cruel, pero si examinamos
tu vida y la mía y las relaciones que hemos tenido, entendemos que
es un hecho: Sólo conservamos una relación en la medida en
que estamos seguros y cálidos.
- ¿Entonces para qué nos relacionamos? Si todo eso fuera
así como lo dices, no tendría ningún sentido, no hay
reto, no hay aventura, no hay riesgo.
- Si existiera riesgo saldríamos espantados. Tu por tu lado y yo
por el mío. No hay riesgo porque ni tu ni yo vamos a involucrar
sentimientos, solo estamos llenando un espacio en blanco que
teníamos en nuestras vidas y eso nos produce un bienestar, una
seguridad que nos mantiene juntos. No se trata de amor, se trata de
bienestar.
Para Carolina la relación con Pablo se convertía, entonces,
en un proceso de construir un muro de resistencia por encima del cual se
miraba y se observaba al Otro, pero siempre conservando el muro y
permaneciendo detrás de él; y, finalmente mientras más
se aislaban el uno del Otro, mas arraigado el apego, porque la seguridad de
ése muro creaba un ambiente de bienestar y protección en
relación con ese Otro.
Enamorarse para Carolina era un paseo bastante similar, con la diferencia
de que el muro en este caso estaba al otro lado de cada uno. Como si lo que
mostraban fuera el reverso exacto de lo que eran en esencia. Lo que
buscaban era conquistar y para eso era imprescindible ser lo que el Otro
necesitara. Una vez realizada la conquista no había marcha
atrás y ya para entonces todos sus demonios salieron a danzar, se
hicieron presentes y quieren apoderarse.
Para Carolina enamorarse se estaba convirtiendo en una forma de
egoísmo elevado a la enésima potencia.
- Cuando uno se “ENAMORA”, pretende indirectamente convertirse en el
centro de la vida del Otro, y así mismo convierte al Otro en el eje
del universo propio. Eso lo leí en alguna parte hace tiempo. – le
decía a Pablo, intentando racionalizar su relación con
él. – Buscamos, con mil artimañas, aislar al objeto de
nuestro amor del resto del planeta para disfrutarle a solas y a nuestras
anchas. El enamoramiento es perfecto en la medida en la que tu permites que
tu espacio individual sea invadido y conquistado caprichosamente por mi, un
ser extraño para ti, un ser del cual solo conoces su apariencia,
pero desconoces por completo su esencia. Tarde o temprano nuestro
enamoramiento muere ante la imposibilidad de identificarte a ti con mi
original proyecto de vida y viceversa. Esa ilusoria perfección del
principio se convertirá en los umbrales del infierno cuando
comencemos a descubrir que detrás de esta apariencia existían
mil razones por las cuales jamás nos hubiéramos enamorado el
uno del otro. Por eso Enamorarse hacía parte de un “truco
publicitario” para alienar al ser en su forma mas primitiva y convertirlo
en una extensión de la existencia del Otro.
- Pero eso está en tu mente, entre más resistencia le haces
más caes en eso. A mi no me importa que trates de cambiarme, de
volverme una extensión de ti, porque te amo y quiero ser parte de
ti. Y no decías que no nos íbamos a enamorar y que por eso
estábamos “seguros”, no hay riesgo, no hay aventura... solo
bienestar... ¿Qué pasó con tu discurso?
- Eso que describes no es amor, eso es apego. Y mi discurso tiene
lógica, ¿no crees? Dame tiempo y verás. – Hizo una
pausa larga para asegurarse de que estaba poniendo atención – El
apego al que llegamos cuando no construimos el amor es tal que no hay
conciencia alguna del vacío que va creando en la relación. Y
tu conoces perfectamente las consecuencias del apego... En ese momento se
haría inminente la ruptura total, vamos a tener que terminar la
relación y no con una ruptura parcial sino una ruptura de
liberación. Yo te libero para sentirme libre de ti, para liberarnos
mutuamente.
- ¿O sea que quieres terminar?
- No, todavía no estoy tan apegada para ver la necesidad de
hacerlo. – contestó con ironía – No seas paranoico, solo
estamos conversando. Te tomas demasiado a pecho las cosas que digo, yo solo
divagaba un poco.
- Lo que quieres decir es que estamos juntos por bienestar y seguridad,
que no tenemos sexo porque nos apegamos, pero que en el momento en que nos
amemos tenemos que terminar... Carolina! ¿Eso no tiene sentido, a
qué le tienes tanto miedo?
- ¿Quién te dice a ti que es miedo?
- Tu actitud, todo el tiempo estás a la defensiva, si hago algo
para estar a solas contigo buscas compañía y encima preparas
un discurso incoherente sobre lo que son las relaciones.
- No me parece incoherente y eso no demuestra ningún miedo,
demuestra que me importa mucho hacer las cosas bien contigo, bases firmes.
- ¿Bases para qué? Si de plano estás programada para
terminar en el instante mismo en el que pasemos a otro nivel. Estás
medio loca. Eso es lo único que entiendo. ¿Puedes programar
no enamorarte? Eso es de locos!
Pero aún, después de todo, Carolina tenía la plena
conciencia de estar sometida, como todos, a la acción de la
publicidad y de ser susceptible, de entregarse por completo si se estaba
enamorando así de Pablo.
Carolina había comenzado a descubrir que el amor y la
relación de pareja eran más que eso, que necesitaba una gran
dosis de amor real para romper con sus amores pasados, con el concepto de
posesión, de amor ciego, de conquista, de superficialidad
asfixiante, para romper definitivamente con la cultura del amor de oferta y
demanda en el mercado.
- Es que cuando tu me dices que me amas yo pienso: Cuando alguien se
“ENAMORA” debe comprender el sentido total de la palabra: “EN - AMOR -A”;
entro a amar a... Y ¿a dónde entro? Pues a la esencia de su
ser, no a sus ojos, su nariz, sus brazos o piernas, sino a sus momentos, a
sus ideas, a sus metas, a sus batallas, a sus proyectos. Entrar no es
invadir el espacio, no es apropiarse, entrar quiere decir estar atento,
conocer, comprender y compartir. Se necesita mucho afecto para hacerlo. “En
- amor - a” significa entrar amando al otro, amarlo profundamente, desde
adentro, para no actuar arbitrariamente modificando su mundo, para no
interrumpir sus procesos, para no empujarle a saltar etapas. Para que sea
su propia decisión adaptar su proyecto de vida a un compromiso, a
una institución formal.
- Uy! Chuchi, no te pongas tan trascendental porque voy a pensar que
quieres que nos casemos...
- Contigo no se puede hablar.
El amor comenzaba a verse como un aprendizaje concomitante, lento, de
mucha paciencia, tolerancia y comprensión. Pero definitivamente
aprendizaje! Y como tal, un curso extra rápido, un curso por
correspondencia o a distancia, solo conducen a la mediocridad, a adoptar
estrategias “cubre baches” en donde un individuo se pasa la vida colocando
pañitos de agua tibia, siendo incapaz de llegar a la raíz de
un problema para solucionarlo, desencadenando una avalancha innecesaria de
problemas.
Así se pasaban muchos momentos. Hablando, verbalizando, pero con un
temor inmenso a tocar, a sentirse físicamente.
debo desir con toda sinceridad que nunca conoci algo tan fuerte para
dormir, esta historia le gano al diazepan y a todas las pastillas de
dormir.
jajajajjaj pero es verdad nosae ofendan pues.
Carmen_Posada,08.08.2006
Nadie se ofende, don
angelmariadelaconcepcionnomeacuerdoelresto, sucede que por algo dije desde
un principio... ¡Es un bodrio!
luccas,09.08.2006
Naa!! sigo leyendo mujer... pega el capìtulo que sigue...
luccas,09.08.2006
Dice alguien por ahi... mientras exista uno que me escuche, no
pararè de hablar.
muertelenta,10.08.2006
Dos... Sigo leyendo también.
Ta' güena!
Carmen_Posada,10.08.2006
Como yo me he propuesto hacerle caso a todos los buenos consejos que se la
pasan dando (con o sin autoridad moral) en este sitio. Pues me remito a
interactuar de literatura. Aquí les dejo niñas el
capítulo diez. ¡A ver si lo aguantan!
(Salió mejor que los culebrones televisivos... ¿o no?)
*****************************************
TRECE
Amistades Peligrosas (Capítulo 10)
El otro tema que los llevaba a discutir acaloradamente era esa
extraña relación amor-odio que Carolina mantenía con
su amiga Jimena.
- Yo no entiendo por qué son amigas si la odias. Le guardas tanto
rencor que te hace daño, pero ella viene de visita dos meses cada
año y tú te desvives por estar con ella. ¿No te das
cuenta que a esa perra tú y el resto del mundo le importan un
reverendo culo? Te usa cada vez que necesita que le consigas parche o
marrano a quien desangrar. Y tú siempre le sirves en bandeja de
plata a tus amigos. Es que la que le hizo a... ¿Como era que se
llamaba ese amigo tuyo... ¿Nando?
- Si, yo se que es una perra, yo se que lo que siento por ella es
desprecio, pero ¿qué puedo hacer?, siempre busco una
oportunidad para que pague todas las que debe porque en verdad que la vida
no le ha cobrado lo suficiente.
- ¿Tú que sabes? A lo mejor le ha tocado putear por
allá donde vive y de ella, con ese ejemplo de mamá que tiene,
no me extrañaría nada. Mira, yo te voy a decir una cosa y
espero no tener que repetirla, no te quiero volver a ver con ella. Si no
quieres que lo de nosotros se acabe pues a ella me la mandás para la
mierda y te das tu lugar.
- Pues fíjate que está viviendo en Cristo Rey. La
última vez que vino de vacaciones pues no se regresó para
Canadá sino que dizque la mamá se ganó un viaje a
Londres, cosa que no le creo para nada porque mas bien me suena a que se
pusieron de mulas a tratar de llevar algo y ahora se tuvieron que perder
del mapa porque ni para eso sirven ese par.
- ¿Pero como así? ¿Está en Londres o en Cristo
Rey?
- En Cristo Rey, cuidándole la casa a alguien. Como que no se
pueden dejar ver de nadie, por eso digo que la mamá tuvo que haber
hecho alguna cagada. Y eso del viaje a Londres debe ser pura mierda.
- ¿Y cuando hablaste con ella?
- No, yo no me hablo ya con ella. No te digo que después de lo de
Nando yo no quiero saber nada de ella.
- ¿Cómo fue ese pedo?
- Pues nada, eso fue cuando vino en el junio del 94. Ella me dijo que le
presentara al parchecito con el que yo andaba que eran los Arellano, Nando,
Alejo, y todos esos.
- ¿Nando es el de mi Universidad?
- Si, si, el mismo. El caso es que ella se puso a marraniar a Nando para
que la sacara a de rumba y le gastara de todo. Como Nando tenía
carrito y plata pues ella feliz, pero en los dos meses que estuvo
haciéndose la novia de Nando, se acostó con Juan Antonio y a
Jorge Osorio, y ese último fue la peor cagada de ella porque Jorge y
Nando eran los mejores amigos pero yo no se como hizo para torcer a Jorge
así. El caso fue que se lo tiró en la despedida que le
hicieron a ella, en las narices del pobre Nando.
- Eso es ser muy puta. ¿Cómo pudiste acolitarle eso?
- Yo no lo hice, si yo misma fui la que le conté todo a Nando
porque Jorge no fue capaz de darle la cara. Pero lo peor fue que me
tocó a mi darle la cara a todo ese parchecito. Me decían de
todo, que yo por qué no les había advertido que ella era tan
perra, que yo debía ser muy mala amiga de Nando para haberle
presentado a esa vieja... Mejor dicho, yo terminé pagando los platos
rotos de la cagada de ella, porque como ella se largó ellos no
tenían en quien volcar la rabia. Y encima como me quedé
callada 2 semanas a ver si Jorge decía algo, pues fue peor, porque
no dije a tiempo, que yo debía haber destapado la cosa esa misma
noche para que ellos la hubieran linchado... Será que se hubieran
ido hasta el aéreo puerto a putiarla porque sino cuando ¿si o
no?
- Yo si le hubiera metido una patiza, con las ganas de bajármela
que tengo. Yo porque no soy matón, pero si me da papaya hasta su
susto si se lo meto. La perra esa me la debe por mi hermano.
¿Cómo es que se aparece en el velorio? ¿Te acuerdas de
eso?
- Si, claro que me acuerdo. Yo fui con ella.
- Por eso era que yo ni te determinaba cuando eras amiga de David, porque
yo creía que tú le hacías el cuarto a ella para que lo
provocara.
- ¡Increíble que pensaras así de mí! Si yo me
la pasé diciéndole a ella que no lo buscara, que lo dejara
tranquilo. ¡Si por eso es que la odio! – gritó Carolina ya
fuera de sí al recordar la sevicia con la que Jimena se había
regodeado para enloquecer a David.
- Tranquila Chuchi, si yo me hubiera dado cuenta de que te iba a caer tan
mal la cosa ni te hubiera puesto el tema. Solo que no puedo entender ese
amor-odio. No se trata de que la ames o la odies, solo que hagas de cuenta
que no existe, nada vale como para que te descompongas así.
- Es que tendría que explicarte lo que pienso del concepto de
amistad para que lo entendieras.
- Tengo todo el tiempo... explícate. – Contestó con la
certeza de que sería una discusión bizantina.
- Mira, desde niña me enseñaron que las relaciones de
parentesco, de amistad, las de compañeros de estudio, las de barrio
y algunas imposibles de definir; son otra cosa diferente a las de pareja.
También requieren de aprendizajes. Sin embargo son más
elásticas, además en su mayoría vienen en un paquete
completo desde la infancia. No hay que darle muchas vueltas a la cosa.
Siempre se mantendrá el lazo aunque solo sea por los recuerdos, no
importa los cursos que se pierdan en el camino, no importa cuantos errores
se cometan, el lazo no se rompe porque los une un interés
común: la sangre, los recuerdos de un muro al final de la calle, las
discotecas y bares, inclusive la rabia o el rencor por una deslealtad y
hasta un momento de locura secreto que se conserva en lo más
profundo de la conciencia. Esos son los amores de hermanos, de padres y de
amigos verdaderos. También en estas relaciones existe un principio
egoísta. También se parte de una búsqueda de
bienestar, pero el apego, la mayoría de las veces, no altera nuestro
proyecto, no interfiere en nuestra auto-educación. Con Jimena me
pasa algo así. Hace tanto tiempo que somos amigas y la quise como a
una hermana, cuando empezó a hacer cosas estúpidas y sin
razón como cuando provocaba a David y a portarse tan
superficialmente como que comencé a odiarla, pero al tiempo el lazo
de afecto seguía intacto. Quería que afrontara las
consecuencias de sus actos, pero el destino se ha encargado de que ella
nunca asuma nada. Ella nunca sufre el castigo de las cosas que hace y eso
la lleva a hacer cosas cada vez peores, porque piensa que esa es la vida.
Yo quisiera que ella sufriera por ese resentimiento que le tengo pero
más que por ella, por mí, porque si ella paga su deuda con la
vida, yo podría quererla como cuando éramos niñas y no
se portaba así. ¿Me entiendes?
- No, pero lo que entiendo es que nada de lo que yo diga o haga va a
cambiar esa cosa enfermiza que tienes con ella. Te lo digo hoy 20 de
diciembre de 1996: Esa vieja te va a hacer comer mucha mierda, va a
dañar tu imagen, va a acabar con los pocos amigos que tienes porque
ella siempre te tendrá envidia de algo que ella nunca tuvo... un
hogar... Cuando a uno no lo quiere ni su mamá y uno es un estorbo
para su papá, crece con mucho resentimiento hacia quienes tienen
eso. Ella siempre se va a entender mejor con gente que proviene de familias
disfuncionales, y envidiará profundamente lo que tu tienes, tus
padres, tu hermano, ese apoyo, ese calor de hogar, esa posibilidad de
contar con otras personas cuyo amor es incondicional. Y ahora ese odio y
ese resentimiento que tú le tienes por las cosas que te ha hecho va
a crecer en la medida en que tú le des más oportunidades de
continuar haciéndolas, hasta que llegue un día y se te salga
de las manos. Ten cuidado y solo recuerda que te lo advertí.
Carolina solo sabía que odiaba a Jimena, que ella tenía que
pagar por lo que había hecho a David y a ella misma, pero no
entendía mucho el origen de su odio, era un poco irracional, era
como si quisiera con eso mantener vivo algo muerto.
Así Carolina sabía que Pablo tenía razón pero
ella sentía que debía hacerlo, que debía buscar una
oportunidad para sacar todo ese veneno que venía guardando durante
mucho tiempo. No sabía cómo ni cuando, pero sabía que
eso reventaría.
Jimena Montes se había ido del país huyendo de sus fracasos,
cansada del rechazo de su padre, de la inestabilidad de su madre que era
una adicta sin remedio y que solo conocía una manera de subsistir y
era a costillas de hombres casados. Jimena no tenía futuro en Cali y
un buen día decidió viajar al Canadá esperando
encontrar allí algo que llenara su vacío afectivo. Se
había criado con la ilusión de que en el Canadá todo
era perfecto, no había pobreza, se ganaba buen dinero sin mucho
esfuerzo, el típico sueño americano, pero muy pronto tuvo que
enfrentar la realidad.
Canadá en términos generales puede ser un lugar atractivo
para visitar. Es un país desarrollado, donde no hay problemas
sociales del tercer mundo, donde la gente vive y trabaja, paga impuestos
que se ven en salud y educación, donde podría decirse que se
vive un comunismo disfrazado ya que enseñan únicamente lo que
al Estado le conviene enseñar y por ende las nuevas generaciones
viven sin ambiciones, como en una burbuja de cristal donde el resto del
mundo no existe. Jimena se dio cuenta de que la única manera de
subsistir al tedio de la rutina era infringiendo la ley, engañando
al estado, utilizando su ventaja que era el provenir de un país
libre de pensamiento. A los dos años de haberse ido de Cali, tuvo
sus primeras vacaciones. Se había graduado del College y pasó
2 meses seguidos en Cali, visitando a su familia y amigos. Hablaba de lo
maravilloso que vivía en Toronto, una de las principales ciudades
del Canadá. Mostraba fotos de su casa, de sus amigos, de su
automóvil y siempre repetía:
- “Es que en Toronto si se puede uno dar la vida que acá, en
este pueblo de mierda no se puede dar”.
Se había conseguido un novio y vivía con él en su
apartamento de Toronto. Pero a escasos dos días de llegar a Cali
comenzó a ponerle los cuernos con el primero que se le
atravesó. Se había convertido en una copia fiel de su madre.
De la niña tímida, dulce que había sido no quedaba ni
el rastro. Parecía haber envejecido 10 años. Estaba medio
desnutrida y había comenzado a fumar marihuana.
Carolina sentía un poco de lástima porque sabía que
nada de lo que decía era verdad, que la vida de Jimena en ese
país era un desastre, pero el rencor que le guardaba no la dejaba
demostrarlo, por el contrario buscaba por todos los medios poner en
evidencia todo lo que odiaba de ella. Su manipulación, su falsedad,
su incapacidad de compromiso, su utilitarismo.
Pero Carolina recordaba también el tiempo en el que la había
querido como a su hermana. Quería que cambiara, que se diera cuenta
de sus errores y los enmendara. Era como si una parte de ella la amara y la
otra parte la odiara profundamente.
Pasaron otros dos años y Jimena regresó a mediados de 1996
de vacaciones, pero esta vez se demoró casi 8 meses. Fue el
año en el que ella y su madre hicieron un misterioso viaje a
Londres.
- Mi mamá se ganó unos pasajes para Londres, me voy
mañana.
- No entiendo para qué me llamás si le dijiste a todo el
mundo que ya no querías saber nada de mi, que desde que andaba con
Pablo había cambiado mucho. No me llamés, que te vaya muy
bien donde sea que vayás.
- Vos sos una estúpida! Si te llamo es porque sos mi mejor amiga
¿no creés?
- Yo no se... Yo ya no creo nada de lo que decís. Y después
de el escándalo que le hizo tu mamá a mis padres, pues como
que yo prefiero mantenerme alejada de vos.
- ¿De cuál escándalo estás hablando?
- Tu mamá hace un par de días llamó a mis padres a
decirles que yo era lesbiana, que por eso me la pasaba
persiguiéndote y una cantidad de barbaridades, pero como mis padres
saben que ella está loca pues no le hicieron caso, le cortaron la
llamada y la muy perra vino hasta mi casa y desde la calle le gritaba a mi
papá que saliera que tenía muchas cosas más para
contarle. Mi papá iba a llamar a la policía pero le dio pesar
con vos, por eso no lo hizo y ella se cansó de joder y se fue.
- No tenía idea, que pena con tu familia.
- Pues sí, pena debería darle a tu mamá pero es que
no se le puede pedir peras al olmo.
- Deciles que siento mucho todo eso, pero yo ni siquiera le hablo, solo
que tengo que irme de viaje con ella porque sino pierde los tiquetes.
- En fin... que te vaya bien.
Esa fue la última vez que hablaron, luego supo que Jimena y su
madre estaban escondiéndose en una casa cerca de Cristo Rey, pero
prefirió no averiguar mucho por temor a verse involucrada en alguna
cosa. Sabía que por dinero, Jimena y su madre eran capaces de hacer
cualquier cosa ilegal. Por alguna razón se escondían.
Dos años después de eso, Carolina pocas veces pensaba en
ellas, escasamente cuando algún conocido en común o el mismo
Pablo las mencionaba. Una tarde recibió por correo certificado una
tarjeta. Era diciembre y la tarjeta era de navidad.
En el sobre decía: “Para la Familia Poveda. Nota: Si ya no
residen en esa dirección, por favor devolver al remitente.”
De inmediato reconoció la letra. Era de Jimena. La abrió sin
mucho interés pero sabía que debía haber alguna
intención detrás de ese envío. Unos días
después de recibirla, era cerca de media noche cuando recibió
una llamada. Era desde Toronto. Jimena le anunciaba que pasaría las
vacaciones en Cali. Ella no mostró el más mínimo
interés. Sabía que Pablo no estaría de acuerdo y ella
misma no quería verla. Siempre pasaba lo mismo, se ablandaba el
corazón, se dejaba manipular y terminaba odiándola
más.
Se vieron un par de veces y Carolina se prometió que la
próxima vez le haría pagar todas las que le debía,
así tuviera que infringir la ley para lograrlo.
luccas,11.08.2006
Al ratito vuelvo a leer esta parte Carmen... ando corta de tiempo pero tu
sabes que regreso.
Si puedo.
Besos.
luccas,13.08.2006
Orales... va pues... el que sigue.
Carmen_Posada,14.08.2006
shhh
Guarde silencio que le hace bien!
Saludines, Patricia.
Cronaxia,14.08.2006
JUAS! Carmen...
BYE!
Carmen_Posada,14.08.2006
Bueno, Angélica, luego le pides a Ninive que borre la basurita que
nos dejaron en el foro.
Les traigo el capítulo 11 que es más largo y pesadito que
los anteriores, pero lo prometido es deuda niñas.
¡Besos!
*****************************************
TRECE
La Encrucijada (Capítulo 11)
Pablo era de esos tipos que inconscientemente quieren tener siempre el
control de todas las situaciones, hasta aquellas en las que no tienen voz
ni voto; que incluso creen saber con certeza lo que quieren y sienten en
todo momento de sus vidas. Pero él no era tan fuerte como
quería mostrarse, le quedaba mas fácil aparentar que las
cosas no lo afectaban, aparentar que podía con todo solo. Que de
todas formas, “siempre estaba solo en todo”, así que no tenía
alternativa. Se mostraba como un tipo seguro de sí, guerrero de la
ley del más fuerte. Siempre con la frente alta y la mirada astuta.
Siempre seguro, siempre un paso adelante y una mano detrás.
No era como Carolina. A ella el auto-control, el dominio sobre sí
misma y más aún, “el protocolo de la popularidad” le
habían comenzado a importar un bledo, Carolina de un tiempo para
acá improvisaba sobre la marcha de los acontecimientos,
respondía impulsivamente a cualquier estímulo y no se
detenía a evaluar las consecuencias. Ya no temía perder nada
porque ya no atesoraba nada, ya no guardaba una imagen, se cansó de
conservar sentimientos obligados, ahora todo en su vida era temporal y
pasajero; intenso sí, pero sin futuro. El “ridículo” era para
Carolina un estado natural del ser humano cuando se enfrenta a situaciones
que no maneja y se siente inseguro de sí, pero se permite expresar
de manera muy espontánea su vivencia personal sin ceñirse a
un esquema preestablecido de comportamiento.
Era, tal vez ésta la razón por la que ellos pocas veces
estaban en la misma tónica. Ser pareja significaba luchar contra
ellos mismos, contra sus diferencias en lugar de aceptarlas, era desear que
el Otro fuera lo que se esperaba que fuera y no lo que es!
Muchas veces se miraban como extraños. No entendían que
hacían allí cuando tenían formas tan diferentes de
ser, actuar, sentir, pensar y vivir.
No hacían nada para dejar que el otro compartiera eso, guardaban
celosamente todo de sí mismos como si tuvieran que defenderlo, como
si ambos fueran una amenaza silenciosa para el Otro. No tenían la
certeza del Otro que necesitaban para abrirse de una manera más
clara. Ambos se basaban en sus supuestos y apreciaciones sobre el Otro pero
les aterraba confrontarse. No era miedo. Era comodidad. Podía ser
muy agradable en algunos momentos, pero no tenía sentido, no los
llevaba a ninguna parte, no los dejaba crecer en experiencia. Era como si
no tuvieran algo mejor para hacer o en qué dedicar su tiempo en
blanco.
Y el trago! Esa era la mejor excusa para estar juntos. Carolina
después de año nuevo había comenzado a beber al mismo
ritmo de Pablo, con la diferencia de que ella no se perdía. Se
detenía cuando empezaba a sentirse mareada. Y así encontraba
una explicación lógica para sus lagunas. No importaba que en
el pasado no estuvieran relacionadas con el alcohol, ahora se limitaba a
explicarlas con eso. El alcohol era el que no le permitía, entonces,
recordar a la mañana siguiente los sucesos de la noche anterior.
* * * * * *
Carolina y Tomás habían comenzado a transformar su
relación con la aparición de Pablo en sus vidas. Desde el
primer momento en que ella empezó a salir con Pablo, Tomás
adoptó otra actitud hasta llegar al punto en que ninguno de los dos
interfería en la vida del Otro. Compartían momentos
especiales en el cuarto de la televisión y, mientras ella descansaba
de su jornada de oficina viendo el canal de noticias o alguna
película, Tomás jugaba con ella. Le encantaba cazarle los
pies, trepar por su hombro y enredarse en sus aretes. Habían llegado
al punto en el que ambos esperaban con ansiedad esos momentos. Para ella
era un espacio tranquilo del día en el que los problemas del
trabajo, la presión, el estrés, todo quedaba lejos.
Para Tomás las cosas eran de otro color, era su momento emocionante
e intenso del día y tenía la capacidad de lograr que la
llegada a casa fuera perfecta, había adquirido el misterioso don de
hacer, en el momento justo, lo que había que hacer para sacar el
máximo placer de la situación. Cuando la sentía llegar
empezaba a caminar lentamente hacia ella; podría decirse que su
forma de hacerlo era deliberada. Captaba el significado de ese momento cada
noche y había comprendido casi instantáneamente hasta
qué punto exacto podía convertirlos en una experiencia
gratificante para ambos, cuánto se podían extender para
obtener lo mejor de ellos. Para ella, ese minuto era de una absoluta
belleza; nada se podía añadir, y nada se podía
suprimir sin dañarla, sin destruir su encantamiento. En el momento
del contacto, Tomás se limitaba a frotarse contra las piernas de
Carolina. Y no en pocas ocasiones se detenía frente a ella sin
rozarla se sostenía sobre sus patas traseras y levantaba las de
adelante mostrando sus garras. Aprendió que eso último
quería decir que había cazado algo y lo guardaba celosamente
para ofrecérselo a manera de agradecimiento por su amistad. Entonces
lo seguía hasta su lugar secreto y un escarabajo, una cucaracha, una
lagartija o cualquier otro bicho semejante yacía semi destrozado
después de luchar con todo para sobrevivir al “ballet de caza”.
Miraban en silencio la ofrenda y luego Carolina se las ingeniaba para
deshacerse del inocente cadáver sin herir la susceptibilidad de su
felino amigo.
* * * * * *
En ese año nuevo fue cuando Carolina decidió dejar de
analizar sus sentimientos con el fin de tenerlos claros, empezó a
pensar que no era eso lo que hacía divertido tener el don perfecto
de sentir; lo entretenido del cuento era precisamente no saberlo, no
entenderlos, expresarlos sí, pero casi sin darse mucha cuenta. Eso
sí era mágico! Analizar era algo que había hecho toda
la vida y de muy poco le había servido hacerlo pues en lugar de
sentir, reprimía todo; lo ocultaba como si sintiera culpa de
permitirse esos sentimientos. La culpa la asediaba constantemente, nos
sabía cuál era la raíz de esa culpa, pero era
aterradora.
Ahora se había propuesto no pensar, ni en su pasado ni en nada,
tampoco pensar, por evidente que fuera, en la razón de sus
sentimientos por Pablo, simplemente dejaría que fueran. Esto la
hacía ser menos ella misma. Pero al menos ya no sentiría
culpa.
De todas formas Carolina quería poder querer a Pablo. Era como si
por primera vez en toda su vida lo estuviera sintiendo, era diferente a lo
que había sentido con Carlos, era más intenso, más
apasionante, como si fuera una adolescente. Era casi ridículo, pero
no le importaba. Lo estaba disfrutando. Cuando Pablo la llamaba a la
oficina o por las noches a la casa para hablar carreta un rato,
sentía un cosquilleo por todo el cuerpo, se reía y hasta
tartamudeaba, el cuerpo le temblaba, las manos se le ponían
frías y sus neuronas hacían corto circuito. Y eso que a veces
hablaban hasta 4 veces en un mismo día y casi todos los días.
Muchas veces se tornaba agresiva, brusca y altanera para ocultar lo que
estaba sintiendo. Pensaba que si dejaba que Pablo lo descubriera se
perdería ese misterio que se había creado entre ambos.
Pablo no entendía esas actitudes. Un día era su ídolo
y al siguiente era un simple pasatiempo. Eso lo desconcertaba, pero
también hacía cada vez más interesante su juego.
Sabía que ella lo estaba seduciendo lentamente y conciente o no lo
estaba enamorando, lo estaba domesticando.
Ella se sentaba por horas a contarle a su mamá todo eso y su madre
con severa desaprobación le decía: “¿Estas segura de
que quieres estar con Pablo? ¿Crees que realmente es la persona para
ti?”
Su madre era una mujer arraigada a las costumbres. Descalificaba muchas
actitudes de su hija con respecto a Pablo, pensaba que no debía
permitirse alimentar los sentimientos de su hija por ese personaje ya que
Pablo no era lo que Carolina llamaría “adecuado” para su hija. Le
aterraba que Pablo algún día le propusiera un compromiso
formal, o hasta que llegara a casarse aunque no negaba que la
soltería de su hija se tornaba preocupante. En su familia la edad
promedio de matrimonio era los 23 años en las mujeres, su hija ya
corría por los 26 y al parecer no sabía ni lo que
quería.
Pablo la buscaba, la necesitaba, la celaba, la protegía pero
siempre con la premisa de que no se iban a enamorar de una forma
irracional.
Por otra parte Carolina no tenía ningún interés en
que él la quisiera “a pesar de sí mismo”. En pocas palabras
había un mundo muchísimo más interesante por descubrir
en Pablo que lograr ser el objeto de su afecto por el resto de su vida.
No se dio cuenta de que Pablo tenía planes para el futuro... Para
construir un futuro juntos.
Así aprendió a compartir muchas cosas con Pablo. Le
encantaba escucharlo, oírlo hablar mientras se esforzaba por
comprender esa ideología compleja que tenía Pablo de la
vida y de las “verdaderas” maneras de subsistir en el mundo que
conocía.
Lo que más le gustaba era que Pablo era un todo un personaje y se
lo creía. Le recordaba la época de la adolescencia cuando los
mayores colocaban las reglas y era su responsabilidad romperlas, jugaban a
ser grandes y creían tener el mundo a sus pies. Le gustaban sus
historias de calle, sus ilusiones, su carácter romántico, sus
sueños de hogar, sus anhelos de conseguir sus cosas, su finca, su
carro... Además, Carolina creyó que por ser él
así, como tan despreocupado, jamás la cuestionaba, nunca le
pedía una explicación por sus actitudes y mucho menos la
presionaba para que dejara de ser ella misma. Eso era lo más
importante de todo. Creyó que la había aceptado con todos sus
defectos y virtudes, sin esos cuatro años en blanco de su vida.
Pensó que para Pablo también era importante la
compañía que se proporcionaban y lo divertido que
podía resultar estar juntos. Creyó que por fin había
alguien en su vida para quien su forma de ser no requería cambios
radicales ni modificaciones severas. Pablo no era como sus padres, como su
hermano, como sus tías, como sus profesores, como sus amigas de
colegio, como Carlos, como Jimena, como todas las personas que se la
pasaron diciéndole cómo vivir, cómo comportarse
socialmente, cómo reaccionar, cómo sentir, cómo pensar
para llegar a ser “alguien”. Ella durante mucho tiempo había
aprendido a ser lo que otros le decían y era esa la razón por
la que siempre se sentía mal consigo misma; pero ahora que
quería ser ella misma, la extraña pero sin ocultarse, no
sabía exactamente qué o quién debía ser, no
tenía un “personaje” definido para “Carolina Poveda” y no
podía crearlo simplemente de sus fantasías porque no
había vivido las cosas que se inventaba para sus personajes y no
sabía si era “legal” adoptar una personalidad inventada. En
definitiva ya no quería darle mas vueltas a ese asunto, creía
que si no pensaba en nada de eso, “desaparecería” la angustia
existencial como desaparecían todas las cosas que se proponía
ignorar. La cuestión, al final de cuentas, era que podía ser
quien quisiera en el momento en que quisiera, pero de todas formas era una
actuación más. Así era todo! Y ser “ella misma”
significaba ser “otra” ser “Otra Máscara Nueva”, diferente a las
máscaras que había sido toda su vida, o como quien dice “SER
QUIEN NUNCA HA SIDO”. Siempre la acompañaría ese teatro de
máscaras que la aislaba más con el pasar de los días y
lo único que quería en realidad era sentir que hacía
parte de algo, que pertenecía a algún lugar.
Por eso creer que Pablo aceptaba su forma de ser, con su “máscara
interior” - Como decidió llamar a esa personalidad, privada y de uso
exclusivo para ella misma - significaba mucho para ella. Que no la
cuestionara sobre nada significaba que no tenía que sentir miedo de
nada. Pronto se daría cuenta de que todo eso era parte de la
fantasía que se estaba inventando en su cabeza. Nadie acepta a
nadie, es labor de cada quién aceptarse a sí mismo y
así ser parte de sí.
********
Entender el miedo, los temores es una herramienta indispensable para el
auto conocimiento. Descubrirlos, asumirlos y lidiarlos es parte del arte de
vivir, convivir, y supervivir.
Algunos le temen a los vivos y otros a los muertos, unos a las cucarachas,
otros a las ratas o a las arañas. Unos le temen a la oscuridad y
otros a la luz del día. Unos al sexo y otros al amor. Unos a la
soledad, otros a las multitudes. Unos al silencio, otros al bullicio. Unos
a las alturas, otros a la velocidad. Unos a los extraterrestres, otros a su
propio mundo. Unos a la fantasía, otros a la realidad. Unos a
recordar el pasado, otros a soñar con el futuro. Unos a creer y
otros al escepticismo. Unos a Dios y otros al Demonio.
Carolina le tenía miedo a todo, a los vivos porque la
condición humana le parecía un monstruo de grandes cachos,
lengua de fuego y cola de rata; a los muertos porque nadie le había
demostrado ni comprobado que los muertos permanecerán para toda la
eternidad en sus tumbas y jamás se atreverán a atravesar el
umbral para regresar al mundo de los vivos y asustarlos, y aunque por una
extraña razón, la presencia de David que sentía con
frecuencia no le causaba el más mínimo temor, como esa
presencia había comenzado a percibir otras que la aterraban; le
temía a las cucarachas, las ratas y sobre todo... por encima de
todo, a las arañas porque eran bichos con los cuales la convivencia
era insufrible; le daba pánico la oscuridad cuando se encontraba
sola; sentía fobia de grandes multitudes porque le provocaban
ésas lagunas mentales que le ocasionaban gran parte de su angustia
existencial; le temía a una invasión extraterrestre porque no
podría convivir con seres tan extraños y estaba segura de que
el Universo era demasiado extenso para ser, los humanos, sus únicos
habitantes; le atemorizaba su mundo porque era tan extraño como
imaginaba el de los extraterrestres; le aterraban sus fantasías
porque parecían nunca tener un límite; Pero de todo a lo que
temía, la realidad, el pasado y el futuro eran sus más
temidos demonios. Ahora también temía muchísimo a
tener sexo otra vez sin amor o hacer el amor y no ser amada.
Podría decirse que era un nido de miedos y temores, que su vida era
un desastre si permitía que estas cosas la manejaran, pero la
raíz de sus temores era muy clara: Tenía miedo de ser feliz.
Necesitaba pretextos para no serlo. Y ahora que se sentía feliz
después de esos años, esperaba que la tragedia apareciera de
nuevo para acabar con eso.
Mario Bennedeti decía: ”...La Felicidad, al menos con
mayúscula, no existe. Es simplemente un reflejo de nuestras breves
pre-soledades...” Y Carolina lo conocía y le temía.
Aprendió desde muy pequeña que la felicidad o los momentos
felices siempre preceden un estado de soledad y ausencia.
Ahora el mundo le quería enseñar otra cosa, quería
que aprendiera que la felicidad nada tiene que ver con los momentos de
alegría, nada tiene que ver con la monotonía de lo perfecto,
no hay relación con los estados de euforia. El mundo le
quería enseñar que la felicidad está relacionada con
la paz interior, tiene que ver con asumir cada momento, agradable o no, en
su totalidad y verlo como parte de la vida, que comprendiera que tener
miedo a ser feliz demuestra que necesitaba reevaluar su concepto equivocado
de la felicidad.
*******
Los gatos nos enseñan con su modo de vida, con su espacio
individual inaccesible, que vivir en función de los demás no
nos conduce sino a depender, a que el día menos pensado no sepamos
que hacer con nuestra vida si nos encontramos solos. Por esto es
importante comprender que Dios nos hizo a su imagen y semejanza pero no en
los ojos, ni la nariz, ni los brazos, ni las piernas. Lo que nos hace
semejantes a Dios es nuestra capacidad de aislamiento, la capacidad que le
dio al hombre para estar solo y crecer en espíritu. Así pues
un Gato sabe que cuando está solo es como Dios: “Libre y Sabio”.
La soledad no es la bruja mala del cuento si se le sabe comprender y
asumir. El ser humano necesita estar solo para aquietar su espíritu
y preparar sus sentidos para aumentar su capacidad de percepción.
Pero a su vez la soledad hace que las personas piensen demasiado. No es
que pensar sea algo malo, pero cuando no se tiene con quien compartir esas
ideas, cuando un ser humano hace preguntas que tiene que contestar por
sí mismo, empieza a crearse conceptos errados. No tiene quien lo
saque del error o le haga ver las cosas diferentes. Los seres solitarios
tienen el inconveniente que piensan que poseen la verdad absoluta, no se
acostumbran a compartir ideas ni a que se las debatan y por eso con el
tiempo, socializar se convierte en un serio conflicto. No quieren renunciar
a esa autonomía y piensan que permitir que otro entre a ese espacio
implica crear una dependencia que los hace vulnerables.
La dependencia que nace en las relaciones es parte de ese truco de los
medios. Las personas crean sus vínculos basados en la dependencia
sicológica o económica. Pocos individuos logran un
equilibrio.
La dependencia económica convierte a un individuo en un
parásito social, pero también es un estilo de vida. Existe
conciencia de esto, la decisión de vivir así la toman con
absoluta determinación y generalmente se adhieren a personas de
carácter muy débil, faltos de afecto e inseguros. Son
personas manipuladoras, con una excelente retórica, con cierto
“ángel” para las relaciones sociales.
En el caso de la dependencia sicológica, no hay conciencia de
ésta. El individuo no acepta que existe y siempre se siente el
más fuerte en la relación, el que domina, el que lleva las
riendas. Constantemente se repite que podrá terminarla en el
momento en que le dé la gana y que no necesita del Otro para seguir
su vida. Sin darse cuenta, ha sido anulado de dicha relación y se ha
convertido en un títere manejado por su propia debilidad frente al
Otro. Es un arete, un jarrón o un mueble cuando mucho.
Un gato no puede permitirse ser un objeto que adorne la existencia de su
amo. Tampoco pretende que su amo lo sea. En el momento en que su amo lo
trata de esa forma o presiente un carácter débil en
él, pierde su interés por completo, su apatía se hace
insufrible y termina en una ruptura total del lazo. Un gato jamás se
deja quitar su titulo de Nobleza, tanto que prefiere marcharse lejos y
solo, demostrando que siempre será soberano...
Los meses pasaban y las cosas entre Pablo y Carolina iban creciendo
aceleradamente. Los días eran tranquilos y simples. Había
algo de romance, algo de misterio, algo de dependencia, pero aún el
fuego no se había encendido. Tendría que suceder algo puntual
para que eso ocurriera.
******
Pablo tenía un amigo... Bueno, tenía muchos amigos, muchos
conocidos. Pero el Flaco, Ricardo Mendoza era uno de esos amigos que nunca
se les despegaba. El Flaco era simpático, tenía una cierta
gracia natural. Era el típico hombre machista que nunca desaprovecha
una oportunidad.
Carolina siempre les escuchaba hablar de grandes proyectos, negocios
redondos en los cuales la inversión era mínima y la ganancia
era descomunal. Carolina no tenía nada que opinar, y ninguno de los
dos le pedía que participara en su conversación así
que se hacía la que no entendía, entre otras porque no
aprobaba esa ambición desmedida de Pablo. El Flaco, en medio de
todo, era una buena persona. Le hacía pasar ratos divertidos y los
negocios entre ellos no eran su problema. Por nada del mundo se
metería ni para bien ni para mal.
Una noche, descubrió, por un comentario al aire que hiciera el
Flaco, que Pablo estaba demasiado seguro de ella y no sabía
qué era exactamente pero saberlo la molestaba.
Era una noche como muchas en las que remataban en el Estanco de Doris. El
Flaco se estaba pasando de tragos y entre chiste y charla la estaba
molestando con la cuestión del sexo. Le hacía preguntas de
doble sentido y se reía de Carolina. A Carolina ya le importaba un
bledo eso. Se reía también.
Pablo estaba al otro lado del sitio conversando como siempre de negocios
con algún fulano. Carolina se quedó un par de minutos en
silencio mirándolo y El Flaco interrumpió su
observación diciéndole:
- Caro... Vos te morís por él ¿no? ¿Por
qué entonces no le das tu “pruebita de amor”?
Carolina soltó una carcajada y le respondió:
- Ese no es asunto tuyo. Además ¿de donde sacás que
yo soy mujer de “morirme” por alguien?” – El Flaco respondió con una
sonrisa triunfadora:
- De Pablo, él sabe que puede hacer con vos lo que se le dé
la gana y te tiene ahí comiendo de su mano. – Sonrió y
saboreó la sorpresa de Carolina.
Era ofensivo. ¿Entonces, le estaba diciendo que Pablo estaba seguro
y convencido de que Carolina se “moría” por él?
¿Podía reducirlo todo a una expresión tan
patética, tan superficial, tan de barrio bajo? ¿Cuál
era entonces su punto de comparación? Y por el otro lado ¿Por
qué tenían los hombres que comentar sus vidas privadas? Su
relación no era de tres ni de cuatro, era de los dos y si alguna
queja tenía ¿Quién era el Flaco para consejero de
pareja?
Era lamentable. Al parecer, Pablo no había podido comprender nada.
Pablo, teniendo semejante modelo de neuronas, y algo tan sencillo le
quedaba grande.
Las formas no convencionales que Carolina había utilizado para
construir su relación con Pablo a éste le habían
parecido absurdas y hasta arbitrarias, no tenían una secuencia
lógica y ahora él le daba interpretaciones personales a cada
gesto que Carolina tenía. Siendo el más expresivo de los dos,
el que más buscaba espacios para hablar, el que siempre
quería dejar las cosas claras y fue el que necesitó un
tercero para hablar de esa relación.
A Carolina le hubiera gustado asombrarlo a Pablo con una gran
conversación a cerca del existencialismo, descrestarlo con una
apología “Freudiana” de la personalidad de Mafalda o Calvin;
sorprenderlo con un original de Trance para su cumpleaños, regalarle
un litro de Jack Danniel´s para Navidad. Deseaba ser alguien que
despertara la admiración de Pablo, pero la idea no era competir por
quien era mejor o quien era más inteligente y mucho menos por quien
se apegaba más al otro. Ahora se estaba dando cuenta de que
efectivamente Pablo había tomado la relación como una
competencia y era el momento de demostrarle lo equivocado que estaba.
La noche del cumpleaños número 30 de Pablo hubo varios
incidentes que fueron los detonantes. Ya había tantas cosas que le
decían a Carolina que era tiempo de hacerse a un lado del camino y
seguir un rumbo diferente que esperaba poder darle un buen día. Que
olvidara todos los últimos malos ratos que habían pasado.
Como siempre estuvieron un rato bebiendo.
- Té quedas conmigo esta noche. – No era una pregunta, era una
afirmación.
- No creo que sea muy buena idea. Estás muy tomado y no me
gustaría pasar un mal rato.
- Carajo! Ya hace 8 meses que estamos juntos! No te parece que ya es
tiempo de que lo intentemos. Nada malo va a pasar. Lo peor que puede pasar
es que no nos entendamos pero somos adultos y eso se maneja.
- Ni tu ni yo estamos preparados para eso. La prueba es que necesitas
beber para pedirme que me quede contigo. ¿Que crees que puedo sentir
yo con eso?
- ¡Yo no estoy borracho! Tomé, sí, ¿y
qué? Para ser mi cumpleaños no es la gran cosa, recuerda que
yo tomo por mí y por Davi.
- No me digas esas cosas que me pones mal.
- Es que yo solo quiero que estés conmigo, asegurarme que siempre
vas a estar conmigo.
- No puedo... no está en mi. No sé explicarte pero
todavía no es el momento.
- Es que no quieres. ¿Que maricada es esta? Yo podría estar
con la vieja que me diera la gana. Pero no. Yo estoy como un imbécil
pegado del culo de la que no me quiere, de la que le importa una mierda lo
que me pase, ni siquiera podés mirarme! Ni siquiera estás
conmigo ahora. Yo solo estoy como un güevón creyendo que esto
va para alguna parte y a vos lo único que te importa es tener al
lado quien te idolatre. ¿Te creés la gran cosa?
¿Creés que porque hablás bonito, porque sos
inteligente y tenés ojos azules sos la última coca-cola del
desierto?
- Pablo, bajá la voz porque no me pienso aguantar un
espectáculo de borracho.
- Claro! Vos creés que el problema es que me paso de tragos. No, no
y no! El problema nunca ha sido ese. El problema es que pensás que
no soy suficiente para vos. No te doy la talla o qué. O es que
tenés por ahí otro man y el que está haciendo el
ridículo soy yo.
- Esto es lo último! Me voy! No tengo nada que decirte.
- Caro... Caro! No voy a salir detrás de ti. Si te vas te juro que
no te voy a ir a buscar. – amenazó sabiendo que no cumpliría
su amenaza.
Carolina salió a la mitad de la calle y paró el primer taxi
que venía. Pablo cogió la botella de whisky que había
sobre el capó del su carro y la lanzó contra el taxi. Pero
estaba tan borracho que no le dio.
Carolina llegó a su casa, se bajó del taxi y el carro de
Pablo frenó en seco detrás de ellos.
- Carolina, si té entrás esto se acaba. Vení
hablemos. Si no venís armo un escándalo y no me importa si tu
papá o tu mamá se meten.
- Flaco, llevátelo porque no quiero un problema en mi casa.
- A mi no me metan en sus cosas.
- Entonces para qué te metiste haciendo preguntas estúpidas.
Ahora o té lo llevás o ...
El papá de Carolina abrió la puerta y los calló a
todos con una frase.
- Carolina, te entras ya a la casa, y ustedes dos se van si no quieren que
llame a la policía.
- Don Felipe, buenas noches, me disculpa pero tengo un asunto pendiente
con Carolina y no me voy hasta que ella venga a hablar conmigo.
- Carolina no va a hablar con usted ahora. Si tienen algo que hablar lo
hablan mañana. Pablo, hágase un favor, váyase a dormir
y mañana arreglan el problema por las buenas.
- Que pena don Felipe pero yo lo voy a arreglar ahora mismo.
- ¿Carolina ya se entró?
Carolina entró callada y don Felipe cerró la puerta. Pablo
seguía gritando desde la calle:
- Carolina, no vas a empeorar las cosas, salí si no querés
que esto se ponga feo. Don Felipe, dígale a su hija que salga o si
no yo entro por ella.
Don Felipe era un hombre de pocas palabras y de acciones. Tomó el
teléfono y llamó. Pasaron unos 10 minutos y llegaron dos
motos de policía. Fue la única manera para calmar los malos
tragos de Pablo.
No iba a ser fácil oprimir el botón de “apagado”. Carolina
quiso ser su “Compañera” desde el día en que se sintió
capaz de serlo de verdad con la certeza de que si alguna vez
conseguía su admiración sería por sus méritos y
no por un montaje para darle gusto. Sabía que se había
arriesgado a no ser la mejor compañía para Pablo. Pero fue un
riesgo que deseó correr. Carolina sentía que había
perdido mucho por no ser honesta, por no quitarse las máscaras a
tiempo y pensaba que era hora de hacer un intento diferente, era el momento
de hablarle de esos 4 años y de por qué no quería
tener sexo con él.
Sabía que eso implicaría que se alejaran definitivamente
porque él no podría con eso. Pero era lo mejor, para ambos.
********
Tomás se había ido... Se marchó sin previo aviso, sin
dejar el menor indicio de que su partida fuera temporal. Ya hacía
casi una semana que no aparecía por ninguna parte. Lo había
buscado en el patio, en el techo, en el entretecho, en las casas vecinas,
en la construcción de atrás de su casa, en la iglesia, en el
parque, las gradas de la loma, en la hidroeléctrica... No
había sitio del barrio que hubiera pasado por alto. Le preocupaba
que algún vecino malhumorado lo hubiera envenenado, que un carro lo
hubiera atropellado. Había tantos peligros en las calles! Pero
parecía que la tierra se lo hubiera tragado. No había ni una
señal de su gato. Era tan triste... Sentía culpa. Pensaba que
tal vez no le había dado todo el cariño que necesitaba,
sentía que había estado todo el tiempo pensando en sí
misma, pensando que se merecía la indiferencia de ella por ser tan
engreído y egocéntrico. Había estado tan segura de lo
mucho que su Tomás la necesitaba que no pensó que se
marcharía tan pronto. Tal vez le iba a costar mas que su
inteligencia y su habilidad femenina para que regresara, necesitaría
una muy buena razón para poder convencerlo de que con ella iba a
estar mejor, pero tal vez Tomás ya no querría dejarse
encontrar...
Carolina sólo había querido que Pablo fuera feliz, que fuera
libre siempre, que no permitiera que sus miedos y angustias lo
desequilibraran y no lo dejaran llegar donde quería llegar. Carolina
sabía que él tenía mucho potencial y no quería
verlo desperdiciándose otra vez.
Tenía una razón muy grande y sagrada para desear todo esto
para Pablo, y esa razón era la promesa que una vez le hiciera a
David. No tenía nada que ver con la amistad, la fraternidad y mucho
menos con el amor ni toda esa cursilería romántica.
Tenía que ver con su compromiso personal, con reconciliarse con ella
misma.
Pero... ¿cómo podía Carolina hacérselo
entender si él estaba siempre a la defensiva con ella? ¿Si
Pablo partía de la base de que tarde o temprano Carolina le
daría una puñalada en la espalda como lo habían hecho
todos? ¿Si estaba harto de esperar que ella se comportara
“normalmente”?
********
Sí, tal vez Tomás se había molestado. Hacía
varios días que ella olvidaba llevarlo al cuarto de la
televisión al llegar de la oficina para ver una película
hasta quedarse dormidos en el sofá. Hacía muchos días
que su gato veía que Carolina llegaba de su trabajo y se encerraba
en la habitación y por mucho que rasguñaba, ella no
abría la puerta y Tomás no podía entender por
qué ya no lo dejaba pasar. Hacía tantos días que no lo
contemplaba como le gustaba. Ya nada era como al principio, ya nada era
divertido como cuando pensó que Carolina no era como los otros
humanos y no podía entender nada. Tomás se había
marchado porque no comprendía la actitud de su ama en los
últimos días y los gatos no están acostumbrados a
tener paciencia con sus amos, a comprender que no están bien o que
actúan de manera irracional. Era muy claro para Tomás que uno
de los dos estaba sobrando y quería estar lejos de los desaires de
Carolina, quería desprenderse de ese “COMPROMISO TÁCITO” de
permanecer cerca de Carolina sin recibir lo que esperaba a cambio, sin
recibir lo que satisfacía sus placeres más íntimos:
“Un gato necesita tener a su amo a toda hora cerca para sentirse
superiores, no importa si su amo pone medio universo a sus pies, los gatos
abandonan cuando no reciben específicamente lo que quieren...”
Excelente, Carmen, te sigo leyendo. Y por lo anterior, qué asco me
da la gente q no sabe respetar los acuerdos ni cumplir su propia palabra.
Total, se ponen en bandeja y así conocemos su enano interior.
Sí, Ninive, a borrar todo lo q no corresponde, q éste es el
foro del bodrio.
Leo con atención, interesante bodrio. Borro lo necesario. Avisen
cuando me necesitan.
Carmen_Posada,18.08.2006
Gracias Ninive, me honra muchísimo usted con su lectura. Y
gracias tambier por atender la solicitud de Angélica.
En la tarde subo el próximo capítulo de la bodrionovela...
¡Besos!
Carmen_Posada,20.08.2006
Niñas, me demoré un par de días en eso de "en la
tarde subo el próximo capítulo de la bodrionovela"
porque el mundo real a ratos me demanda más de lo que quisiera, pero
sigo al pie del cañón.
El capítulo que sigue es muy fuerte y me costó mucho trabajo
escribirlo... pensé en omitirlo, pero creo que es el eje central de
muchas cosas.
Ahí les dejo entonces.
TRECE
El umbral del horror (Capítulo 12)
Un sábado a finales de mayo, Pablo ya no estaba con Carolina.
Después del incidente de su cumpleaños ya ni siquiera
hablaban, la llamaba todo el tiempo a colgarle el teléfono, a veces
le ponía una canción y ella sabía que era él.
Pero no podía buscarla directamente, sabía que se
había portado como un patán y que debería haber un
espacio para que los ánimos se calmaran. El no era así,
él no era un tipo capaz de maltratar a una mujer. Tenía que
reconocer que el licor había sacado lo peor de él.
Además no sabía que podía esperar de Carolina. Se
preguntaba si estaba haciendo lo correcto, si esperar era lo mejor o si por
el contrario estaba permitiendo que ella se fuera de su lado sin hacer
nada.
Ese sábado en la noche el destino se encargaba de darle a Carolina
una lección muy dolorosa, el peor momento de su vida hasta entonces.
Salió como siempre a dar una vuelta por la ciudad con Nando, uno de
sus amigos. - De aquellos del paquete de infancia y al que Jimena Montes,
años atrás, le había hecho la jugado sucia con su
mejor amigo – Él la recogió para tomarse un par de cervezas y
conversar un rato.
En el camino hacia un mirador al norte de la ciudad, un motociclista los
cerró apuntándoles con un arma, en una calle ciega. Nando
entró en pánico y el motor del carro se apagó.
Carolina sabía que si conservaba la calma nada malo
sucedería. Desvió la mirada a un punto en el horizonte y
simplemente escuchaba.
- Muchachos ustedes ya saben como es, no vayan a gritar y se me mueven con
mucho cuidado. Pásenme todo lo que tengan. Necesito billete pero
rápido.
- Hermano – contestó Nando con un hilo de voz – tenga mi billetera
pero no tenemos plata. Apenas compramos dos cervecitas porque estamos sin
cinco.
- No me crea tan güevón. Si este carro es fino y la pelada
también. A ver monita, páseme lo que tenga.
Carolina sin mirarlo sacó dos billetes de cinco mil que
tenía en el bolsillo.
- Si querés tomá este reloj – dijo Nando.
- Preste a ver... no!... pero si esto no me sirve, yo lo que necesito es
billete. Pásese pa’ atrás muy despacito, si la caga lo
mato.
El hombre se subió al asiento del conductor después de
ordenarle a Nando que se acostara boca abajo con las manos sobre la cabeza
y amenazándolo:
- Marica, no vaya a levantarse porque le vuelo la cabeza.
Carolina se dio cuenta de que el hombre ya no buscaba algo más para
robar y comenzó a rezar. Escuchaba los latidos de su corazón
en su cerebro. Estaba aterrada. No quería que le sucediera nada.
¿Dónde estaba Su Dios en ese momento? Se preguntaba y
decidió que solo podía rezar para ver si Dios la escuchaba
esta vez. Mientras, el hombre esculcaba todo el tablero del carro, la
guantera y el bolso de Carolina, ella comenzó una oración
hasta que sintió la punta del arma enterrada en su abdomen, una mano
áspera que le tocaba la cara y una voz afectada que le pedía
que lo mirara. ¿Por qué le pedía eso? ¿Por
qué tuvo que ser eso precisamente le que le pedía?
- Monita, míreme, usted está muy rica, venga mamita que si
no tiene plata pues a ver qué hacemos...
El hombre respiraba entrecortado, su voz era pesada. Carolina no
quería mirarlo, las lágrimas empezaron a rodar por su cara y
su Fe se comenzaba a debilitar. Solo a Dios le había rogado pero
esta vez su ruego era para el hombre que había comenzado a
maltratarle la piel.
- Se lo ruego, no me haga nada. - le decía muy quedo para que el
hombre no se alterara, pero él no la escuchaba.
Había decidido hacerle un daño que la marcara de por vida.
Carolina no quería que la mataran. Tenía tantas cosas que
arreglar en su vida, que no podía irse tranquila. Pero no
sabía si sería capaz de vivir con lo que se venía
ahora. Su llanto era cada vez mas fuerte en la medida en que la mano
izquierda del hombre comenzaba a desabrocharle la camisa. Nunca
había sentido tanta repugnancia. Era asqueroso lo que hacía.
¿Por qué tenía que obligarla a eso? ¿Por
qué no se iba y la dejaba tranquila?
Rezaba nuevamente y rogaba porque el hombre no siguiera. Su piel era
demasiado suave para la manera como estaba siendo tratada por ese
extraño. Sintió el aire frío que entraba por todas
partes, quería gritar y matar al tipo que la estaba obligando a
vivir eso. Empezó a sentir una ira demasiado grande.
Y Nando sólo temblaba como una hoja en la parte de atrás del
carro. ¿Por qué no hacía nada? ¿Por qué
no la defendía? Estaba sola y de ella dependía que ninguno de
los dos terminara muerto esa noche. El hombre no se iba a detener.
Comenzó a desabrocharle el pantalón y a pedirle que lo
besara. Carolina no podía soportar más. Sentía nauseas
de todo lo que estaba pasando. Ese hombre le estaba tocando lugares que
Carolina no sabía que existían, estaba obligándola a
algo que no era capaz de hacer. Comenzó a pensar que sería
preferible morir que vivir con eso. Su negativa a besarlo enfureció
mas al hombre que estaba dispuesto a no tener ninguna consideración
con Carolina. La obligó a hacerlo y fue entonces cuando el llanto de
Carolina comenzó a ser más fuerte. El hombre le dio un golpe
con el arma en el hombro izquierdo y le dijo:
- Perra, callate que yo se que te gusta. A ustedes las monitas les gusta
que las traten así y si no, callate si no querés pasarla
peor.
En ese momento, Nando levantó la cabeza en ese momento:
- N...no n...nos ha...ga na...da... – tartamudeó.
Acto por demás demasiado estúpido. Se notaba que no
conocía la condición de un drogadicto ansioso. Carolina
conocía esos estados y sabía que de esa forma lo estaba
retando y el resultado podría ser peor. El hombre reaccionó
de inmediato, apuntó el arma hacia la cabeza de su amigo y le
lanzó una última amenaza.
- Callate hijueputa si no querés morirte ya de un plomazo. Ehhh
estos mariquitas no colaboran. ¿Me vieron cara de güevón
a mi o que?
Carolina sintió un alivio al liberarse de la presión del
arma en el abdomen pero el hombre continuó obligándola a
besarlo, la obligaba a dejarse besar el cuello, los pechos, el abdomen y
sus dedos entraban y salían de sus genitales con la brutalidad de un
animal.
- ¿Te gusta perra? Esta es mucha puta! No hagás esa cara ni
sigás llorando que te va mal, perra.
Carolina dejó de llorar, sabía que ya el daño estaba
hecho. Ya no importaba qué más pudiera pasarle. Ya no deseaba
vivir. Ya sólo quería que se terminara.
De pronto, como si Dios la hubiera escuchado, el hombre se retiró
de Carolina y le lanzó las llaves del carro mientras se bajaba.
- Par de hijueputas, cuenten hasta cien antes de prender el carro, si los
pillo bajando antes los quiebro a los dos – y sin más se fue.
De las tres horas que siguieron Carolina no recordaba nada. Nando se
pasó adelante y arrancó como alma que lleva el diablo, sin
siquiera pensar en la amenaza.
Carolina entró en un estado de letargo. No hablaba y nadie sabe lo
que sucedía en su mente. Era como un autómata.
Nando buscó a un policía pero no tenía ni las placas
de la moto ni una descripción siquiera del cilindraje, color o
marca. No tenía nada.
De allí se fue a buscar a otros amigos en el bar de Aurelio. Cuando
llegaron estaba Germán, Aurelio y otros dos con sus novias. Nando se
dio cuenta de que Carolina aún tenía la camisa y el
pantalón desabrochados. Aurelio trató de acomodarle la ropa
pero Carolina lanzó un grito:
- No me toqués hijueputa! – se bajó del carro con la botella
de su cerveza en la mano – Nadie me toque! – sus ojos echaban fuego pero su
mirada estaba perdida en un punto ciego. Tiró la botella contra un
muro y comenzó a correr sin rumbo.
Nando, Aurelio y Germán salieron a perseguirla.
- ¿Qué pasó, Nando? – Preguntaba Aurelio mientras
corrían.
- Que nos atracaron, marica, nos iban a matar a los dos.
- ¿Pero ella por qué está así?
- Porque el man la violó o yo no se que le hizo pero la dejó
así. No ha dicho nada desde que la rata esa se fue. Yo traté
de que dijera algo pero no me dijo nada.
- Carolina! Pará... Mirá el carro! – Un carro venía
directo hacia ella y frenó en seco. Las luces la iluminaron y ella
se detuvo.
El dueño del carro se bajó a pedir disculpas pensando que la
había alcanzado, pero el carro no había tocado.
- Señorita... está bien? ¿Le pasó algo?
- Señor ella está bien, no le pasó nada, siga
tranquilo. Carito ven, siéntate en este muro, ven por favor. No te
voy a tocar pero ven y te sientas aquí un minuto. – le decía
Aurelio con voz muy suave – Carito, soy yo, Aurelio, déjame te ayudo
con la camisa que la tienes abierta.
Carolina continuaba con la mirada perdida, pero al menos se dejó
ayudar. Ana María, la novia de Germán llegó en ese
momento con un vaso de agua.
- Nena, tomate esto, mira, esto te va a hacer sentir mejor. – Carolina no
reaccionaba. – Ven conmigo dentro del bar y vamos al baño.
Se levantó y comenzó a caminar junto a Ana María,
entraron al bar escoltadas por los otros tres y siguieron derecho para el
baño. Ana María le desabotonó la camisa de nuevo y con
una toalla húmeda comenzó a limpiarle la cara, el cuello, el
pecho. Carolina cogió la toalla y empezó a restregarse hasta
que se le formaron unos ramalazos rojos sobre la piel. Parecía
totalmente fuera de control. Ana María trató de detenerla
pero ella era demasiado fuerte y no pudo.
Esperó hasta que dejó de limpiarse y la ayudó a
abrocharse de nuevo. Le entristecía ver ese cuadro. No se imaginaba
lo que podría estar sintiendo Carolina para estar en ese estado.
Pasaron varios minutos más en el baño. Ana María
trataba de que Carolina reaccionara.
- Nena tienes que hablar. Si te guardas todo eso te vas a hacer más
daño. ¿Quieres ir a una clínica? ¿Quieres que
llamemos a alguien? ¿Quieres ir a tu casa?
Pero ella no escuchaba, así que Ana María decidió
sacarla del baño. Estaba preocupada, era mejor llevarla a una
clínica.
- Amor, no la veo nada bien. Está ida, como si se hubiera vuelto
loca. Yo creo que es mejor que la vea un médico.
- Pero cómo vamos a irnos a una clínica sin saber nada de
nada. Nando no sabe exactamente qué le hicieron.
- Yo sé pero es que la veo muy mal y yo no sé si esté
peor de lo que se ve. Por qué no hablas con Aurelio y con Nando y
deciden algo.
Germán se acercó a ellos a preguntarles y Carolina se
sentó en la barra. Seguía mirando al vacío.
- Carolina! – No reaccionó – Carito, ¿quieres tomarte algo
fuerte? Lalo, un brandy triple, puro y con zumo de limón. –
Ordenó Aurelio. – Después de que se tome el trago y
esperamos un rato, si no reacciona la llevamos hasta la casa para que los
Felipe o sus padres decidan qué hacer. Creo que es lo más
saludable.
Ya hacía dos horas que había sucedido todo y era demasiado
tiempo para que ella siguiera así. Cuando le pasaron el vaso de
Brandy Carolina se lo tomó de un solo trago. Todos se quedaron
mirándola impresionados. Pero pasados un par de minutos Carolina los
miró. Eso era algo. Todavía no decía nada pero al
menos su mente había regresado a este planeta.
- Yo no soy capaz de darle la cara a la familia, ¿qué les
digo? Felipe me va a matar.
- Nandito, fresco que usted no tuvo la culpa.
- Pero igual, ella estaba conmigo, me siento responsable.
- Pues te va a tocar llevarla. Lo peor que puede pasar es que...
Carolina se levantó de la silla y le dijo:
- No quiero saber nada. Denme otro trago y me voy. Y no quiero que nadie
hable del tema, al menos no delante de mí.
- Carito, pero... ¿Cómo te sientes?
- Yo estoy bien... Yo siempre estoy bien. Donde está el trago que
quiero irme ya.
- Carito...
- No más! Ya pasó y punto.
- Está bien. Tranquila, yo solo quiero saber si vas a estar bien.
- Ya te dije que si. Gracias.
Salió del bar de nuevo con Nando y llegaron en menos de 5 minutos a
la casa de Carolina.
- Nando... Dame un beso
- ¿Qué?
- Quiero que me des un beso, quiero hacerlo ya, con vos.
- ¿Hacer qué?
- Nando, quiero tener sexo con vos ahora mismo. Vamos a un motel o algo
así.
- Estás mal... ¿y lo que acaba de pasar qué?
- Ya te dije que no quiero hablar de eso. Quiero tener sexo y punto.
- ¿Por qué me estás hablando así? Hasta tu voz
se oye diferente.
- Pues haz de cuenta que soy otra y ya, no pasa nada, es solo sexo.
- Yo no se... Por mi no hay problema, pero no quiero que estés
haciendo algo de lo que luego te puedas arrepentir. Mira que yo creo que
todavía estás impactada con lo que pasó hoy.
- Yo se lo que hago. Y lo único que necesito ahora es eso. Vamos
ya.
Nando se sentía mal pero era de los que aprovechan cualquier
oportunidad que aparece en el camino. No entendía cómo era
que Carolina le estaba pidiendo eso pero las personas tenían
diferentes reacciones a las experiencias y si eso lo beneficiaba para tener
sexo casual y sin compromiso, pues no tenía nada que objetar.
Poco después de la muerte de David, a mediados de 1994, antes de
que Nando y Jimena Montes se involucraran, él y Carolina
habían tenido un enredo afectivo. Nada importante. Ella simplemente
lo llamaba de vez en cuando y tenían sexo, luego le pedía que
la llevara a su casa.
Una vez Carolina le dijo:
- “Yo elijo con quien me acuesto, a mi no me convence nadie. Los hombres
creen que son ellos los que deciden, y resulta que la cosa no es
así”.
El no había entendido por qué Carolina hacía las
cosas de esa manera, por qué lo buscaba, pero Nando no era de los
que analizan las cosas, no era muy profundo, al contrario, era superficial
y vacío. Divertido sí, pero carecía de principios y
valores morales. A Carolina la divertía con sus chistes y
sabía que podía usarlo para el sexo cuantas veces lo
necesitara sin hacerle daño. Carolina después del sexo era
como una viuda negra, se portaba hostil y malhumorada. Se iba sin siquiera
despedirse, pero él le tenía afecto y por eso siempre que
ella lo buscaba estaba disponible y no le exigía nada.
Se había sorprendido cuando ella, que desde que estaba con Pablo no
había vuelto a aparecer, lo había llamado para salir. Pero
con ella todo era así y no iba a perder la oportunidad de pasarlo
bien.
Tuvieron sexo, no se demoraron más de 15 minutos. Ni siquiera
fueron a un motel, empezaron dentro del carro y allí mismo lo hizo
terminar. Nando estaba asustado de ver a Carolina completamente
transformada. Los ojos le brillaban demasiado, casi alumbraban, pero el
estaba tan excitado que no se detuvo ni siquiera cuando ella le
enterró las uñas en la espalda dejándole las marcas
como latigazos de fuego. Parecía una pantera. No lo dejó ni
siquiera moverse, lo excitó y rápidamente lo llevó al
éxtasis. Era increíble cómo Carolina lograba
enloquecerlo. Solo había una cosa que le llamaba muchísimo la
atención. Cuando tenían sexo, a ella le cambiaban las
facciones, la mirada, la voz, a veces emitía una especie de ronroneo
mezclado entre sus suaves gemidos de placer. Era como si Carolina fuera
otra mujer cuando se metía en la cama. Pero a Nando eso no le
importaba. Nunca le había pedido nada a cambio, Carolina nunca se
montaba en la película de ser su novia ni nada de eso. Y eso era lo
que le agradaba de ese acuerdo tácito de intercambio sexual. Tampoco
lo hablaban, solo sucedía y al día siguiente Nando
volvía a ser un cero a la izquierda del mundo de ella. Era la
compañera sexual perfecta – pensaba mientras saboreaba el momento.
- Me voy!
- Yo te llevo... me acomodo esto y te llevo.
- Pero rápido que no quiero verte más la cara.
A la mañana siguiente, Carolina no recordaba nada. Pensó que
había sido otra de sus lagunas mentales, pero algunas
imágenes sobre el asalto empezaron a venir a su mente. Solo
había una forma de averiguarlo.
- ¿Aló?
- ¿Qué hubo? ¿Qué pasó anoche?
- Uy! Negrita, qué película la de anoche. Ya no se acuerda
de nada ¿o que?
- Nos asaltaron...
- Sí, con fierro y todo. ¿Qué? En serio... ¿no
se acuerda?
- No, solo me acuerdo un pedazo, una moto, un arma...
Nando le relató todo lo que había pasado y mientras lo
hacía, las imágenes iban regresando una a una. Carolina
colgó el teléfono cuando escuchó que el tipo la
había manoseado. No pudo controlar las náuseas y se fue a
vomitar. Se metió a la ducha y en el espejo pudo ver los rayones que
se había provocado en el cuello y el pecho. No sabía como se
los había hecho, no podía recordar nada distinto a una gran
pared azul. Tres horas quedaron perdidas en algún lugar de su
inconsciente. Entró de nuevo en un letargo hasta que escuchó
la voz de su madre al otro lado de la puerta.
- Pequeña... Estás bien? ¿Por qué no sales y
hablamos?
- Si, ya voy.
Carolina salió del baño y comenzó a buscar a
Tomás por todas partes. Su madre comenzaba a asustarse. Tomás
llevaba perdido varios días. ¿Cómo podría ella
no haberlo recordado?
********
Su gato no estaba y cuando salió de su letargo era lo único
que deseaba: Ver a su Tomás. Pero el se había ido y por
más que lo llamaba, no aparecía. Su mente no estaba bien.
Sólo después de dos días recordó lo que
había pasado, y continuaba esperando que Tomás llegara por la
ventana para hacerle compañía, a rozarle la cara con sus
patitas, a hacerla reír con sus juegos ó cazando una mariposa
en el patio, escondiéndose detrás de las patas de la mesa
ó viendo las noticias.
* * * * * *
Había vivido algo horrible, algo que Carolina nunca pensó
que podría sucederle y por eso no se preparó para vivirlo.
Por primera vez en su vida la fantasía no lograba borrar la rabia,
el asco, el dolor, la impotencia. Había llegado de improviso la hora
de enfrentarse a la realidad y Carolina aún no estaba preparada,
Carolina todavía no quería enfrentar nada.
Las imágenes de lo que sucedió quedaron grabadas en su
cerebro y se arremolinaban constantemente en un carnaval de horror. A
medida que pasaron los días más aterrada estaba. No
podía dormir porque las pesadillas eran peores que la realidad, se
encerró por completo. La calle era su enemiga, la calle la
había llevado a esa noche, a ese lugar a vivir ese horror.
Sentía que en cualquier momento sucedería otra vez.
Sentía que no estaba segura ni siquiera en su habitación. No
encontraba quien le hiciera sentir que ya no tenía por qué
tener mas miedo y que el daño que le hicieron se curaría con
el tiempo.
Sintió odio, ira, rencor, y sentimientos que desconocía
completamente. Llegó a lastimarse a sí misma esperando que el
dolor físico desapareciera todo rastro. Pero ni siquiera eso
funcionó.
Todos tenemos un sistema interno de seguridad que nos impide asimilar como
un gran bocado las experiencias traumáticas de la vida. Evita que
nos atoremos con lo indigerible y así las cosas van llegando al
interior por partes.
En las últimas décadas muchos especialistas han intentado
crear un patrón, establecer un esquema de reacciones para medir y
aplicar las terapias que se consideren mas efectivas.
No se trata de descalificar la labor de éstos especialistas; pero
cuando una mujer se ve forzada, amenazada con un arma y obligada a tener
violentamente contacto físico con un hombre; la situación no
es tan simple como para adaptarla a un esquema. Muchas mujeres se
derrumban, muchas otras lo aíslan en un sector inaccesible de su
memoria, la mayoría viven un proceso para identificar, clasificar y
almacenar ese momento, y, finalmente, pasado un tiempo prudencial,
afrontarlo y superarlo; sin embargo esto no quiere decir que el proceso de
cada una no sea diferente, incluso muchas lo asumen de una manera tranquila
como cualquier pasaje desagradable.
Existen muchas similitudes entre un proceso y otro. Lo primero es
blanquear su mente. Vaciarla de todo para ir reconstruyendo el
rompecabezas. Las primeras imágenes son aisladas. Luego comienza a
agruparlas y a darle secuencia. Por último cuando ya cree haber
recordado todo, comienza a hacer un cuadro psicosomático.
Náusea, convulsiones, sudoración, alteración del
pulso, etc. Su mente rechaza todo y la única forma que tiene de
deshacerse de las imágenes es expulsándolas
“simbólicamente” de su cuerpo. Durante los primeros días
siente una necesidad compulsiva de ducharse. Esto corresponde a su
sensación de suciedad. Su cuerpo ha sido manchado y necesita
recuperar la limpieza.
Después siente la necesidad de hablarlo, necesita que alguien sepa
lo que le sucedió y haga algo. Ya ha visto que ni bañarse con
alcohol ayuda, que por mucho que vomite, cada imagen regresará una y
otra vez. Ya nada de lo que hace funciona así que alguien tiene que
hacer algo.
Después de hablar de lo que le ha sucedido aparece por unos minutos
una sensación de alivio, pero las imágenes regresan. Eso
tampoco funciona. Comienza el agotamiento físico. Lleva mucho tiempo
sin dormir, duchándose varias veces al día, buscando
actividad permanente que no le permita recordar, sin comer, vomitando cada
líquido que consume. Su cuerpo ya no resiste mucho. Entra en un
sueño profundo durante muchas horas. No es el sueño
reparador, es un sueño angustioso, comienzan las pesadillas,
reviviendo en su estado onírico cada segundo de todo ese horror. Y
al despertar siente un deseo casi incontenible de golpear algo, de
destruir, de gritar y correr durante horas.
Comienza la ira: “Toda la humanidad es enemigo potencial y responsable de
la situación. Deben pagar.”
Y así, van pasando los días hasta que se enfrentan a una “Y”
en el camino: O se supera o se muere en vida. Y el instinto generalmente
inclina la balanza hacia la supervivencia.
Pablo no tuvo ni la más remota idea del infierno que fue todo eso
para Carolina. Pablo estaba demasiado preocupado por idear algo que la
amarrara a él.
luccas,21.08.2006
Mmmmm...
todo lo que tengo para decir, lo dejarè para el final, por lo
pronto... sigo leyendo.
luccas,23.08.2006
Chamaca... te estoy esperando...
Carmen_Posada,23.08.2006
Tus deseos son órdenes mi Letty...
Llegamos al capítulo 13, que no es el último por desgracia
de muchos, pero si perfila el inicio del desenlace que es el más
lleno de acciones. La Novela da un giro importante en este capítulo.
*****************************************
TRECE
Mirando al horizonte (Capítulo 13)
Unos meses después del incidente Carolina era otra persona,
callada, absorta en su trabajo, no paraba un solo instante, salía de
su casa a las 7 de la mañana y regresaba cerca de la media noche. No
se permitía un minuto para pensar, porque lo que pensaba era
demasiado para ella. Su familia estaba preocupada porque no dejaba de
buscar a Tomás. Se había convertido en una obsesión y
para Carolina lo único que quedaba era un bonito recuerdo de cuando
llegó a su casa y tenía esa expresión de aturdimiento
sin saber donde ni con quien estaba, de cuando no era capaz de bajar solo
las escaleras y maullaba hasta que Carolina lo bajaba en sus brazos, de
cuando se quedó por primera vez solo en el techo del patio trasero y
Carolina no pudo dormir en toda la noche pensando que debía tener
frío o que tal vez se sentiría solo...
Tomás no aparecía y sin embargo Carolina cada noche le
dejaba el plato de comida lleno y amanecía vacío...
- “Una de estas noches – pensaba - no voy a dejarle mas alimento, ni
leche tibia”. Tenía su corazón tan triste de tener que
hacerlo! Pero sabía que era la única manera para que
Tomás regresara a casa si en realidad la necesitaba, si en realidad
la extrañaba...
*******
Pasaron un par de meses más y Pablo no volvió a llamar a
colgar. Carolina se había encerrado en su trabajo y dejó de
preguntarse cosas, volvió a su cotidianidad. Como siempre, como
cualquier día... El trabajo era la mejor terapia, era el
único modo en que su mente no se detenía a recordar. Estar
ocupada la ayudaba a creer por unas pocas horas que nada le había
ocurrido... y con los días logró que los malos recuerdos de
esa noche pasaran a un lugar remoto de su inconsciente donde había
aprendido que debía enviar todo aquello que la lastimaba recordar...
Cada vez pensaba menos en lo que le había ocurrido, cada vez el
recuerdo le hacía menos daño, cada vez sus pesadillas eran
más esporádicas, cada vez las imágenes eran menos
definidas...
Y, cada vez el rostro de Pablo se hacía más borroso...
* * * * * *
Una mañana Carolina entró a su oficina y había un
mensaje en su escritorio. No fue algo inmediato pero de pronto, en medio de
su acelere diario se detuvo un minuto, miró el mensaje por segunda
vez, era una nota de un colega periodista de un canal local, hablaba sobre
la licitación para el acueducto de Felicia. Recordó que
hacía muchos días que no sabía nada de Pablo. No
sabía si estaba bien o no, si se había ido de viaje o
continuaba en sus ires y venires de la finca a la casa y otra vez a la
finca, no sabía si su perro se había mejorado, si
había conseguido el repuesto del carro, si había vuelto a
beber en el estanco, si se había ganado otra platica de ésas,
si había terminado el portón de la cabaña.
Había tantas cosas que ya no sabía. Y no estaba muy segura de
querer saberlas...
Comenzaba septiembre y a diferencia de otros años el calor se
hacía insoportable. Septiembre! Sin darse cuenta habían
pasado ya tres meses desde esa noche aterradora.
No podía seguir ignorando las cosas. Había vivido algo muy
duro y era hora de entender que pasaría el resto de su vida
conviviendo con el recuerdo de esa noche, así que tenía que
asumirlo.
Alguien, una vez, le había dicho: “...Cuando algo te lastima y
te deja una gran herida será así hasta que mueras. Uno nunca
supera el dolor, simplemente con el tiempo se acostumbra a convivir con
él...” Esa persona sabía de qué hablaba,
sabía que luchar por superarlo era una forma segura de nunca lograr
asumir el dolor y convertirlo en algo impadecible, en algo que atormenta y
destruye.
Al terminar la tarde se sentó frente a la computadora de su
oficina, buscó una carta que nunca le mandó a Pablo donde le
contaba lo que le había pasado, hablaba de esos cuatro años,
era como una confesión. Nunca le envió la carta porque no
tuvo ese valor. Nunca tuvo fuerzas para decirle de verdad.
Cuando ya todos habían salido de la oficina, comenzó a
convertir la carta en una historia para darle fin a ese pasaje doloroso de
su vida, para analizar todo en su totalidad, para perdonar y, por supuesto,
una historia para Pablo. Una historia donde pudiera reflejar todo lo que
sintió, todo lo que pensó y lo que imaginó. Una
historia que le dijera a Pablo lo mucho que lo había querido, lo
mucho que había lamentado no encontrarlo cuando lo necesitó
de verdad, una historia para desahogarse porque no quería que, con
el correr del tiempo, al recordarlo cualquier día, encontrara alguna
huella de resentimiento sin ninguna explicación. En medio de todo
necesitaba escribir una historia que le ayudara a comprenderse un poco, a
entender el proceso que vivió porque ahora se desconocía
completamente.
Tal vez había empezado a ser ella misma, a enfrentar esa realidad
que tanto le aterraba.
Después de varias cuartillas se dio cuenta de que no era capaz de
continuar. Todavía la herida sangraba. El asunto del atraco era una
cosa que no sabía manejar, aún no la podía mirar cara
a cara, sólo un vistazo de reojo. Ni siquiera fue capaz de describir
con exactitud lo que recordaba de esa noche. Sentía todo su dolor,
pero no era capaz de enfrentarlo.
* * * * * *
Carolina por fin tuvo las agallas y dejó de colocar alimento;
pero Tomás no regresó...
* * * * * *
Llamó a Pablo por teléfono, dos noches después de
intentar escribir esa historia, todavía en septiembre, mientras
repasaba las últimas cuartillas de esa historia.
Estaba leyendo muy lentamente cuando sintió el maullido de
Tomás. Pensó que era una sugestión, pero no iba a
quedarse con la duda.
Salió al patio trasero y comenzó a llamarlo.
- Ven chiquito, ven... Tomás, sal de allí. – Alcanzó
a ver un destello rojo en medio de la oscuridad. – Sabía que
regresarías, ven aquí, te eché de menos. ¿Donde
estuviste todo este tiempo?
Tomás estaba erizado, parecía asustado. Se acercó un
poco más pero él la estaba desconociendo y mostró sus
garras en defensa.
- Tranquilo, chiquito, soy yo. Ven aquí, déjame verte.
Parece que estuviste en el infierno... yo también estuve
allí, de visita, ven, no te voy a hacer daño. Tenemos que
estar juntos y tu lo sabes.
Su voz tenía un timbre diferente. Hablaba como si estuviera en un
trance. Lentamente Tomás fue saliendo de su escondite hacia ella. Se
frotó contra sus piernas y entró a la casa. Carolina lo
siguió y como una autómata tomó el teléfono y
marcó el número de Pablo. Era su voz
- ¿Pablo?
- Sí?
- Soy yo. Carolina...
- Hola, Chuchi! ¿Cómo estás?
- Bien... sobreviviendo. ¿Y tu?
- Nada bien. Supe lo que te pasó... Quise llamarte, pero me daba
miedo de que no quisieras hablar conmigo.
- La verdad no quería hablar con nadie.
- ¿Quieres que nos veamos?
- No, solo quiero hablar...
- Bueno, dime...
Carolina le contó a grandes rasgos lo que le había sucedido,
lo que recordaba.
Recién sucedió, Pablo se enteró por terceros en la
universidad con versiones distorsionadas del asunto, así que
decidió ir a buscar a la única fuente confiable,
decidió buscar a Nando. Lo esperó pacientemente en el
parqueadero de la universidad hasta que apareció:
- ¿Entonces qué perro?
- ¿Que se dice, Pablito?
- Ah! Yo pensé que no nos conocíamos.
- Pues nunca nos han presentado, pero yo sí sé quién
sos vos.
- ¿Sí? Vea pues... Que embarrada! Porque yo ni siquiera se
como es que te llamás vos.
- Hernando, pero mis amigos me dicen Nando. – contestó ya algo
nervioso por la actitud de Pablo. Este, se quedó mirando la mano que
le estiraba y dudó por unos segundos, hasta que le devolvió
el gesto.
- Bien, parce!
- Bueno, nos vemos entonces...
- No mijo, usted y yo tenemos bastante por hablar... O
¿creés que te estoy esperando por que no tengo nada mejor
qué hacer?.
- No, que va... si yo ya me imaginaba que esto no era gratis.
- Bueno, para chistes tampoco vine. Yo solo quiero saber si vos sos el
marica que estaba con mi mujer la otra noche.
- ¿Qué noche?
- No te hagás el pendejo. A mi ya me contaron y no te cagués
que lo único que quiero es que vos me contés todo lo que
pasó. – Dijo Pablo mientras lo agarraba por la camisa en una actitud
muy amenazante.
- Pero fresco! Yo le cuento pero si se calma. No me dañe la pinta
que es nuevecita. Pues yo solo puedo decirle que Carolina me llamó
para ir a dar una vuelta que dizque por que ustedes habían terminado
y que tal. Un man nos cerró el paso y nos apuntó con un arma.
Nos bajó de billete y luego me dijo que me pasara al asiento de
atrás. Yo no podía ver lo que pasaba pero creo que le hizo
algo a Caro.
- ¿Que le hizo? Le disparó, la golpeó, la
tocó... ¿Qué putas le hizo?
- Pues, hermano, yo no se con detalle, pero yo creo que la violó o
al menos lo intentó.
- Malparido! Y vos... ¿no hiciste ni mierda?
- Es que el man me iba a matar y yo no soy ningún héroe, si
yo traté de defenderla pero el man me puso el fierro en la cabeza,
si hago algo nos mata a los dos.
- No me creás tan marica. Si el man hubiera querido matarlos los
mata de una. Vos es que no sabés como es la vuelta ¿o
qué?
- Pablito, calmado que en serio, ese man estaba muy nervioso y si yo me
pongo de chistoso no le estaría contando el cuento.
- Perdete hijueputa! Si te pillo por ahí mal parqueado te levanto.
Agradecé que estamos en la universidad. Si no te juro que te parto
la cara por marica.
- Pero ¿por qué me tratás así? Yo...
¿qué más podía hacer?
- Ni mierda porque sos un pobre marica, pero para la próxima, mas
bien pensá dos veces antes de sacar a mi mujer... Perdete marica y
no hagás que me arrepienta.
Pablo estaba furioso, pero sabía que su rabia no era con Nando, era
con Carolina, con las circunstancias, y con su incapacidad para enfrentar
esa situación. Sabía que ella debía estar
necesitándolo, pero no sabía qué decirle. Se pasaba
las noches pensando en el tipo que la había tocado, en quién
sería, en cómo lo habría disfrutado. No soportaba esa
idea. Quería matar a alguien. Quería dañar a Carolina
por no buscar su ayuda, aunque también sentía cierto alivio
de que ella no lo buscara. No podía con el dolor ajeno. Ni siquiera
era capaz de lidiar con su propio dolor.
- Chuchi, déjame ir a verte que yo quiero que sepas que estoy
contigo. Tienes que superarlo.
- Yo no quiero que vengas, yo no quiero que me veas así.
- Peor si no te veo. No sabes lo que han sido estos meses. Sin saber de
ti…
- Pero tampoco me buscabas.
- Y como iba a hacerlo si la última vez tu papá me
mandó la policía.
Carolina se rió recordando ese incidente. Realmente quería
que él la abrazara, quería sentirlo, quería que le
dijera que todo iba a estar bien. Se lo tenía que decir, su interior
ya no podía con más represión.
- Yo te necesito, Pablo, te necesito y te amo. - Lo hizo y por fin pudo
llorar.
Lloró porque no lo entendía pero sabía que
sería parte de su vida. Lloró porque todo lo que vivió
esa noche le había limpiando el alma de ese pasado. Lloró
porque entendió que merecía ser amada y amar. Lloró y
lo hizo durante mucho tiempo. Terminó tan cansada que durmió
12 horas seguidas, después de 3 meses de no dormir mas de una hora
diaria. Había necesitado tanto llorar y su miedo a quedarse
allí se lo había impedido. Pero ya estaba! Lo había
logrado.
Cuando despertó no recordaba nada. Otra vez había tenido una
de sus lagunas. Se despertó de buen humor, pero no sabía por
qué. De pronto sonó el timbre del teléfono.
- Chuchi... ¿Cómo amaneciste hoy?
- Bien... ¿Pablo?
- Si, quería decirte que estoy aquí para lo que necesites,
que yo también te amo.
- No se de qué hablas...
- Bueno, pensé en todo lo que hablamos ayer y quería que
supieras eso. Eres importante para mi y quería decírtelo. Tu
sabes que no soy el man que le gusta estar diciendo estas cosas así
que aprovecha porque no lo vas a escuchar muy a menudo.
Carolina guardó silencio unos segundos para entender lo que
sucedía. Sentía ese dolorcito de cabeza similar al de una
resaca que le decía que otra vez había tenido un episodio de
esos. Hacía mucho rato que no lo tenía.
- Si, mira, ahora no puedo hablar, te llamo en la noche.
Necesitaba tiempo para digerirlo. No podía preguntarle al mismo
Pablo cuales habían sido sus palabras, pero tenía
completamente borrada esa conversación.
En ese instante vio a Tomás salir de su habitación hacia las
escaleras. No podía creerlo! Había vuelto... Pero
¿Cuándo?
- Tomás... volviste! – El gato la reconoció de inmediato y
se tiró al suelo con la panza hacia arriba para que ella lo
acariciara. – Te extrañé! Porqué te fuiste así.
Estaba muy preocupada. No vuelvas a hacerlo ¿me oyes?
Tomás jugaba con sus manos y le mordisqueaba los dedos. Era el
primer día que Carolina sonreía desde esa noche.
* * * * * *
Pasaron varias semanas antes de Carolina sentirse en confianza de nuevo
con Pablo, hasta una noche en que salieron y compartieron un par de
tragos. Como siempre, era el trago el que los desinhibía. No era que
se hubieran embriagado, pero al si estaban relajados el uno con el otro. De
pronto la abrazó y le dijo:
- No quiero que me vuelvas a dejar solo. No me gusta la vida sin ti. Puedo
vivirla, pero no quiero.
- No te voy a dejar, solo necesito más tiempo
Era tan importante que con esa frase le recordara que no sólo
estaba allí para compartir un par de tragos intranscendentes. Estaba
allí para cerciorarse de que aún lo quería.
Empezaba Diciembre de 1997. La ciudad de Cali atravesaba una de las
mayores crisis económicas que había enfrentado. El sistema
financiero del país estaba colapsando. Se enfrentaban a las
consecuencias de una economía ficticia por la cantidad de dinero
circulante de los años anteriores, producto del negocio del
narcotráfico. Esta crisis estaba afectando todos los sectores
económicos de la región y el impacto socio cultural era
terrible. Los caleños no querían renunciar a la vida que se
habían dado durante el apogeo de los narcos.
Pablo era ambicioso. Había empezado a ver que ya era tiempo de
organizarse, no con un trabajo formal porque no tenía el
carácter para ser empleado y acogerse a la disciplina de una
organización, él quería tener dinero, mucho dinero,
pero por su cuenta. Quería cerrar algún negocio que le
permitiera vivir a sus anchas sin necesidad de trabajar nunca más.
No era perezoso, era anárquico y cuando no se tiene ninguna
disciplina de vida no es posible pensar en un trabajo constante, ni
siquiera en hacer empresa. Pablo solo veía la salida por la
vía ilegal y cada vez le daba más forma a esa idea.
Una noche antes de fin de año, Pablo invitó a Carolina a
comer, era un restaurante muy acogedor y bonito al que nunca habían
ido juntos.
Comenzó a hablar de frivolidades y poco a poco fue llevando la
conversación a la relación inconclusa que tenían, hizo
un análisis detallado de todo lo que habían vivido juntos y
finalmente le preguntó:
- ¿Por qué no nos vamos a vivir juntos a la cabaña?
Carolina pensó que no había entendido bien la pregunta.
¿Vivir juntos? ¿Qué significaba eso? ¿Una forma
de proposición? ¿Quería casarse con ella?
¿Casarse? De que demonios le estaba hablando. Habían estado
separados casi 7 meses, ya no eran pareja, ya no estaban juntos...
¿Juntarse? ¿Unión libre? Vivir bajo un mismo techo,
cocinar para Pablo, hacer mercado, contratar una señora para que
haga el aseo todos los días y aprender a llamarle la atención
sin ofenderla. Vivir en una casa que no era su casa sino de él, al
fin y al cabo sería Pablo quien lo pagaría, llamar a diario a
su mamá – y seguramente a su suegra - para pedirles ayuda con las
cosas de esa casa... ¿Vivir juntos? ¿Eso no era lo que
hacían las parejas normales, de la sociedad normal, de la vida
normal?
Carolina se tomó varios segundos... pero su mente se quedó
en blanco y, como si las palabras se hubieran escapado de una de sus
lagunas mentales, respondió:
- ¿Vivir juntos en la cabaña? Pues... si, ¿por
qué no?
Pensaba que lo había logrado, tocó su propio fondo, aunque
fuera ilusorio, y salió a flote nuevamente. Por primera vez en su
vida se sentía normal. Una parte de Carolina quería
contárselo y la otra parte sentía que no tenía sentido
hablarle ahora de eso. Era mejor comer para acabar con ese silencio
incómodo que se había suscitado.
Le contó algunas cosas aisladas y Pablo mostró
interés. Se sintió a gusto, se sintió relajada.
Hacía tanto que no se sentía así. Eso era bueno!.
Pronto cumpliría veintiséis años... Vivir con Pablo
era el resultado lógico. Vivir juntos sería el fin de toda
esa locura.
Carolina ya no tenía miedo de echar raíces porque ahora
creía saber lo que quería,
Muertelenta,25.08.2006
Plis! Pido tiempo para imprimir lo que me falta por leer de este bodrio...
Es que esta página azul comienza a marearme.
Moneda_al_aire,25.08.2006
Tienes todo el tiempo que quieras linda, este foro no se va a borrar...
jajajaja
A mi los que me borran son los foros que abro o en los que participo mucho
pero de otras secciones... jajajaja
(Just in case soy el nuevo alter ego de Carmen...)
Muertelenta,25.08.2006
:-)
luccas,26.08.2006
Ok. sigo.
luccas,30.08.2006
La novela... on ta¿?¿?
Carmen_Posada,31.08.2006
Letty... ve a leer lo que te dejé en tu último texto mientras
yo pego el siguiente capítulo de la Novela.
Te requiero, canija!!!!!!
luccas,31.08.2006
Ok.
Carmen_Posada,31.08.2006
TRECE
La Ira del Maligno (Capítulo 14)
Pablo, en consideración a que ella estaba superando el asunto del
atraco no había hecho el menor movimiento para buscar tener contacto
físico ni mucho menos sexual con ella. Se veían casi a diario
pero no la tocaba, no la besaba, solo la miraba. Carolina en cambio
quería que sucediera de una buena vez. Si estaban pensando en
mudarse a la cabaña al menos tenía que saber si eran o no
compatibles en la cama. Ya no le daba miedo porque con lo del atraco
había concluido que estaba libre de culpa. Ya había pagado
por todos sus pecados del pasado y con intereses incluidos.
Carolina sabía que tenía que ser ella la que buscara la
manera de propiciar las cosas en vista de la falta de iniciativa de Pablo.
Sucedió una noche a finales de enero. Carolina se sentía
contenta con sus logros. Tenía tanto por hacer todavía, pero
estaba satisfecha. Se demostró que podía ser normal, que
ignorar algunas cosas funcionaba bien, se dio cuenta de que podía
hacerle el juego a esa aparente normalidad del ser humano.
Esa tarde la llamó Paola, una amiga del colegio que hacía
mucho tiempo no veía. Iba a dar una fiesta en su finca y la
invitó para ponerse al día con el grupo. Pablo la
recogió ceca de las 6 de la tarde. Tenían que ir primero a la
cabaña a recoger algunas cosas para luego seguir unos 18 km
más arriba donde quedaba la finca de Paola.
Era una finca estilo mafioso. Tenía dos casas grandes con
habitaciones dotadas, piscina, jacuzzi, salón de baile, etc.
Pasaron un buen rato. Comenzaron a beber desde muy temprano así que
Carolina estuvo alerta para ella manejar cualquier situación
inesperada.
De pronto la cantidad de alcohol que Pablo había consumido era
exagerada. Ella se había cuidado un poco. Pero Pablo cada vez se
veía mas afectado. Cada vez tomaba más. En muchas ocasiones
lo vio peor, pero esta vez se comportaba diferente. Cantaba con Carolina y
miraba de un modo que no lo había hecho nunca. Era una mirada
libidinosa, como intentando desnudarla. Pablo nunca la miraba tan
penetrante. De hecho casi nunca la miraba directamente.
Es que de pronto parecía otra persona. Se sentía como
conociendo alguien que a la vez era tan cercano; además había
cierto aire de coquetería que nunca antes había tenido con
ella. Una coquetería de adolescente buscando ligar.
- ¿Bailamos?
- Tu no sabes bailar...
- Eso es lo que tu crees, no me gusta hacerlo, pero si se bailar y yo se
que a ti te gusta bailar pegadito.
- ¿Por qué sabes?
- Porque sé como bailaba Davi y él fue quien te
enseñó ¿o me equivoco?
- Que raro... Tanto tiempo juntos y nunca hemos bailado.
- Nunca me lo pediste.
- Tu tampoco.
- Te lo estoy pidiendo ahora. – contestó sosteniendo su mirada
largo rato.
Bailaron hasta que los demás se fueron a dormir. Ellos no se
inmutaron. Seguían bailando con los ojos cerrados como si estuvieran
dormidos.
Comenzó a llover y un relámpago los sacó de su
sueño.
- Chuchi! No te asustes. Está lloviendo mucho.
- No, si no tengo miedo.
- ¿Y qué pasó con el pánico que te daban las
tempestades?
- No se... solo me siento tranquila ahora. Vamos a meternos a la
piscina.
- ¿Con esta lluvia?
- Si, el agua debe estar caliente. La piscina tiene calefacción.
- Entonces vamos.
Estuvieron un rato nadando...
- ¿Qué hace el papá de Paola?
- Pues... no sé. Yo esas cosas no las pregunto.
- Voy a tomarme otro traguito. El ultimito para irnos a dormir.
- Creo que se acabó.
- Yo siempre encaleto una canequita por si las moscas.
- Entonces sírveme uno a mi y no más ¿Bueno?
Todo podía haber quedado así, como antes
divirtiéndose, como hacía mucho tiempo no lo hacían.
Pero los excesos siempre llevan a desconocer el límite...
- ¿Tienes una camiseta de sobra? Olvidé traer algo para
dormir y estoy congelado.
- Si, también tengo una sudadera de sobra.
- Vale, si quiera porque me voy a morir de frío. Mas bien me traigo
el traguito para calentarnos un poco.
- Ya tomaste suficiente ¿no crees?
- No me vas a dar lora ahorita ¿por qué no te relajas y
también te tomas otro? Me hiciste trampa toda la noche y no se
vale.
- Es que no quiero más. Haz tu lo que quieras pero yo me quiero
dormir ya. – Dijo y empezó a recoger la almohada y la cobija.
- ¿Como así? ¿Por qué vas a salirte del
cuarto?
- Aquí vas a dormir tu, yo me voy al cuarto del lado.
- Yo creí que ibas a quedarte conmigo, te prometo que no tomo nada
más, pero quiero estar contigo. – Pablo se acercó a abrazarla
y le preguntó al oído: - ¿Quieres que hagamos el
amor?
Carolina lo miró tratando de ver en su interior. Sonaba tan
extraña esa pregunta viniendo de él. Era tan extraño
que preguntara. Nunca, nadie le había preguntado.
- Es raro... tanto tiempo juntos y nunca hemos hecho el amor.
- Nunca me lo pediste así.
- Tu tampoco.
Carolina ya no podía mirarlo. Se preguntaba si debía
detenerse o no. Temía no ser capaz de continuar, no ser capaz de
borrar ese recuerdo. Pablo insistía en que lo tocara, que lo
acariciara. Carolina estaba torpe, como si fuera la primera vez. No
atinaba en sus movimientos. Pablo le pidió tres veces que lo mirara
– el hombre que la maltrató la noche del atraco también le
había pedido que lo mirara – y comenzó a sentir miedo. El
recuerdo era demasiado aterrador. Pero ya estaban en un punto que no
permitía dar marcha atrás. No quería mirarlo.
Quería sentirlo para borrar definitivamente las imágenes de
su memoria.
Carolina de pronto sintió que le dolía. Era una mezcla de
dolor y placer. Carolina estaba haciendo el amor con alguien que durante
todo ese tiempo le había despertado los sentimientos más
indescriptibles que había tenido en toda su vida. Pero al parecer
Pablo estaba rematando su noche de tragos en una última locura.
No la trató como una mujer sensible que era. Pablo sabía que
era muy frágil, que sus momentos habían sido difíciles
y hacer el amor era algo a lo que le temía profundamente.
¿Cómo era posible que no tuviera en cuenta que la estaba
lastimando? ¿Cómo podía comportarse de esa forma tan
ruda si sabía bien que necesitaba ternura y cariño?
¿Dónde estaba el hombre considerado, dulce, amable y
protector que siempre le había parecido que sería?
Pablo estaba como enloquecido, la mordía, la agarraba con una
fuerza desmedida, la penetraba sin cuidado.
Ella se quedó quieta un minuto y de pronto sintió un poco de
mareo. Pensó que era por el trago que había tomado.
Comenzó a excitarse, entonces, con esa forma brusca con la que Pablo
le estaba haciendo el amor. Ella empezó a responder con la misma
pasión. Comenzó a hacer todo lo que le pedía con una
habilidad increíble. Su torpeza había desaparecido junto con
su timidez y Pablo se sorprendió. Era como si de un momento a otro
los papeles se hubieran intercambiado. Carolina había tomado las
riendas y ahora era ella la que marcaba el ritmo.
Pablo trataba de contener el orgasmo. Le estaba costando muchísimo
porque lo había logrado excitar como ninguna mujer lo había
hecho antes.
De pronto escucharon un golpe fuerte sobre la madera del piso que los hizo
detenerse. Un animal había saltado desde una viga del techo hasta el
piso junto a la cama. Ambos trataban de ver pero estaba muy oscuro. De
pronto el destello de un par de ojos los aterrorizó. Pablo
alcanzó el interruptor de la luz y lo encendió. Durante dos
segundos vieron a Tomás allí erizado y en posición de
ataque, mostrando sus dientes y mirándolos con ira. El bombillo se
estalló y quedaron de nuevo a oscuras.
- ¡Maldito gato! ¡Carolina! - Gritó - ¿por
qué te trajiste ese animal?
- Yo no me lo traje, no se como llegó hasta acá.
Pablo estaba agitado por la excitación y por el susto que le dio
ver al gato allí a punto de lanzarse sobre él.
Encendió una cerilla pero ya no había nada. El gato
había desaparecido.
- ¿Qué se hizo?
- No se...
- Voy a buscar una vela. Seguro que la tempestad produjo un apagón.
– se cubrió con la sábana y abrió la puerta del
cuarto.
- No me dejes sola, tengo miedo. – dijo ella cubriéndose con la
cobija de lana. – Yo voy contigo.
- ¿Miedo? ¿De qué? Ese es tu gato.
- No puede ser... te juro que yo no me lo traje.
- Chuchi, a vos solo te falta andar con él colgado en el hombro. Y
mi palabra que si lo veo lo saco de la casa para que se moje.
- Yo voy contigo, pero si es Tomás no le hagas nada.
Encendieron una vela y empezaron a buscar al gato pero no apareció
por ninguna parte. Carolina estaba muy nerviosa porque sí era
Tomás, solo que su lógica no le permitía aceptar que
estuviera allí en el cuarto.
Regresaron y tampoco estaba allí. Pablo se volvió a meter a
la cama.
- Cuando amanezca lo buscamos bien. Ven y acuéstate.
Carolina se acostó a su lado y el le pasó el brazo por
debajo de la cabeza.
- Te lo juro por lo más sagrado y eso que yo nunca juro, que yo no
me traje a Tomás. Lo dejé en la casa como siempre.
- No sigas pensando en eso, mas bien sigamos donde quedamos que estaba
delicioso.
- Espera a que me pase un poco el susto.
- Yo también me asusté un poco pero ya pasó.
Comenzó a acariciarla de nuevo dándose cuenta de que ella no
respondía como antes de la aparición del gato. Quería
llevarla nuevamente hasta allí, pero también quería
terminar rápido.
Apresuró el ritmo y ella solo lo seguía pero con poco
interés.
Cuando terminó ella se dio vuelta y trató de no pensar en
nada. Pablo se durmió inmediatamente.
¿Por qué le quedaba ese vacío y esas ganas de escapar
de ahí? ¿Por qué no podía precisar nada de lo
que estaba pasando cuando Tomás había aparecido? ¿Por
qué le dolía tanto?
*******
Amaneció y Carolina no había podido dormir. Empezó a
escuchar movimiento fuera, se vistió y salió del cuarto.
- Buenos días! – la saludó Paola
- Casi no dejan dormir anoche. – dijo Andrés el novio de Paola.
- ¿Por qué?
- Pues con la algarabía que hicieron.
- Que pena, es que se nos metió un gato anoche al cuarto y nos
asustamos.
- Cual gato... si lo que se metieron fue una culiada la hijueputa!
- Mi amor, no seas imprudente!
- De verdad, fue un gato.
- Si por aquí no hay gatos, con este clima, como llueve por esta
zona, por acá los gatos no se amañan.
- Pregúntale a Pablo ahora que se levante.
- Bueno, entonces los ruidos eran del susto... – Dijo Andrés con
ironía.
Pablo se levantó una hora después. Saludó a Carolina
algo seco. Estaba molesto pero no sabía exactamente por qué.
Las cosas no habían salido como él las había
imaginado. Quería encontrar a ese gato y darle una patada por haber
interrumpido en el momento menos indicado.
- Andrés, acompañame a buscar a ese condenado gato. Me dejo
de llamar Pablo Londoño Dussan si no encuentro a ese hijueputa.
- Vamos pero te aseguro que no vas a encontrar nada. ¿Que se
fumaron anoche que los dos andan con el cuento del gato?
- Vení te cuento en el camino...
Ambos salieron de la casa y se fueron a buscar por los alrededores.
- Muñeca, ¿estás bien?
- Si, ¿por qué?
- No comiste nada, tienes unas ojeras espantosas y no has pronunciado
palabra desde que Pablo salió del cuarto.
- Es que estoy desconcertada con eso del gato. Te juro que era igualito a
Tomás.
- ¿Quien es Tomás?
- Mi gato, pero no es posible que haya aparecido acá.
- Mira, en todos los años que yo llevo viniendo a esta finca, nunca
nadie ha visto gatos, no sería que alucinaron.
- Nada! Si ni Pablo ni yo le pegamos a nada de eso.
- Pero ¿cómo iban los dos a ver lo mismo?
- Por eso te digo, fue real!
- Bueno, ya aparecerá. Si era tu gato pues bueno... Mas bien
contame de la faena de anoche... Porque creo que los oyeron hasta Cali.
- No seás exagerada, Pao.
- Así de bueno es, porque la que más se escuchaba era tu
voz.
- Y... ¿qué se oía?
- Pues muñeca, yo igualito no se hacer, yo solo sé que eso
sirvió para chiflar a Andrés, se metió una excitada
oyéndolos que tiramos como una hora seguida. Creo que ha sido la
mejor noche de todas. Tuve orgasmo múltiples y todo.
- No me hagás reir... ¿En serio?
- ¿Vos no o que?
- Si claro... – mintió Carolina – Normal, tampoco algo del otro
mundo.
Andrés y Pablo iban caminando por la carretera destapada.
- Pero ¿por qué no me contás que era lo que la
tenía a Caro tan arrecha anoche? Pao nunca se pone así y a mi
me encanta.
- No seas tan güevón. Yo por qué te voy a andar
contando. Mas bien ayudame a encontrar a ese animal pa’ matarlo.
- ¿Eso es verdad? ¿No será mas bien que se inventaron
ese cuento?
- No, marica, yo lo vi, y hasta se fue la luz. Por chucho bendito que era
como una aparición. Pero es que yo no creo en esas maricadas. Mejor
dicho, si creyera diría que el mismo demonio se nos metió al
cuarto. A ese animal se le veían los ojos rojos y estaba iracundo.
Yo creí que se me iba a tirar encima. Y cuando se estalló el
bombillo, que susto tan hijueputa.
- Y Carolina ¿qué dijo?
- Nada, también cagada del susto y eso es lo que más me
emputó, estábamos super bien, aquí entre nos, es la
primera vez que tiramos.
- Qué va!... Ustedes no dizque andan desde hace como 2
años... Güevón! Eso es del siglo pasado. Si a mi una
hembrita no me lo da en el primer mes, y eso que si es una hembrita bien,
como para algo serio, pues la mando para la mierda.
- Pues yo no soy así, además Carito es una hembra distinta,
no es casquisuelta ni nada de eso, ella no afloja fácil, es
más anoche yo hubiera jurado que la estaba desvirgando. Me
tocó entrarle duro porque estaba súper cerrada y le
dolía un resto! Pobrecita, yo le alcanzaba a ver la cara de dolor
cada que caía un rayo y se iluminaba el cuarto. Apretaba los dientes
y le corrían las lagrimas. Se veía como de 15 años,
pero si no le entraba duro pues... marica, se nos queda la tirada en puro
rastrillo. Casi le pregunto si era virgen aunque yo me imaginaba que no
porque ella fue novia de Carlos Lotero como 3 años y pues uno
supone. Ya le iba a preguntar cuando se me transformó... me hizo un
movimiento cagadísima y quedé yo acostado y ella encima, me
bajó sin que yo le insinuara y parecía una artista... marica,
yo no se como me aguanté, luego me volvió a hacer otra llave
y quedé en otra pose que ni se como explicarla pero esa vieja se
pegó una arrechada la hijueputa. Estábamos en esas cuando el
puto gato apareció.
- Uy! Qué gonorrea! con razón querés matar a ese
chande.
- Claro, yo quería que ella se desatara del todo, Carito ha tenido
muchas maricadas que le han pasado y como ciertos complejos de yo no se que
mierdas pero por eso es que es tan reprimida, ¿si me
entendés?
- Pues mas o menos, el tal es que vos tenés que estar muy tragado
para haberte aguantado tanto tiempo sin nada de nada.
- No se... yo realmente no se que es lo que siento por ella, es una
maricada muy cagada porque yo siento que la quiero como un hijueputa, que
me gustaría como que fuera la mamá de mis hijos, pero no se
si quiero que sea mi mujer. Cuando peleamos y estuvimos sin hablarnos un
resto de tiempo, pues yo sentía como que me desesperaba. Eso si me
aguanté sin verla ni nada pero era una mierda muy aburridora.
- Pero marica cuando uno no ve a su mujer como su mujer, no hay nada que
hacer... ahí si ni pa’ que le digo nada.
- No, el caso es que yo si quiero enseriarme con ella, y con lo de anoche
pues mucho más. Ella tiene todo para hacer las cosas a lo bien. Lo
que pasa es que ella a veces me sale con unas muy raras... Yo he llegado a
pensar que muchas veces se le olvidan las cosas. Unas veces es tierna,
calmada, racional y de un momento a otro se vuelve una fiera, impulsiva,
irracional... como un animal que se siente atacado. Unas veces es un
ángel y al rato se me convierte en demonio.
- Cagada esa película... pero tienen que hablarlo... Paola me dijo
que están pensando en irse a vivir juntos y ya eso tiene muelas.
- Si, que maricada! Yo estuve pensando y ya no se si se lo dije para
asegurarla o porque en serio quiero estar con ella pa’ siempre.
- Güevón... mas bien pillese como es la vuelta no sea que
luego...
- Mirá al hijueputa allí!
- ¿Donde? ¿Qué?
- El condenado gato! ¿Lo ves? Miralo allí detrás de
esa mata!
- Uy! Marica! Yo no veo ni mierda...
- Ciego malparido, ayudame a agarrarlo mas bien. Andate por el lado y yo
me le voy de frente.
- Marica, yo no veo un culo!
- Mierda! Ese man me está mirando con rabia. Mírale los
ojos, mírale la gana que me tiene. Gato hijueputa!
Pablo cogió un palo y comenzó a darle golpes a un arbusto
que crecía al lado de la carretera. Lo destrozó intentando
asegurarse de que no quedaba nada vivo allí.
- Pablito, cálmese hermano. ¿Qué le pasa? Allí
no hay nada.
- Yo no soy su hermano, a mi no me vuelva a decir así.
¿Cómo que no hay nada? ¿No lo vio?
- Fresco Pablo, yo solo...
- Ese hijueputa gato me odia, me la tiene al rojo. Desde que empecé
a salir con Caro el hijueputa no ha hecho más que cagarse en mi.
Malparido gato de la mierda, salí de donde estés que
aquí estoy.
- Viejo Pablo... Es solo un gato – Le decía Andrés ya
preocupado porque veía que Pablo estaba fuera de control, que ya no
había nada que lo hiciera entrar en razón. No había
visto ningún gato y sin embargo Pablo continuaba peleando contra un
fantasma invisible.
- Dejá de joder!!! Ese gato tiene que salir de allí, tarde o
temprano se va a tener que enfrentar conmigo y va a saber quien es el que
manda.
- Bueno, viejo, pero vamos para la finca que esto está muy solo...
Como si no lo hubiera escuchado, Pablo se sacó un revólver
de la cintura y vació los tiros contra el arbusto. Luego
verificó el tambor para sacar los casquillos, volvió a
cargarlo y se lo guardó.
- Malparido! A ver si te quedan ganas... Morite hijueputa! Ella es
mía! Vos te podés podrir en el infierno. Yo me la gané
a lo bien! No volvás nunca más! Dejame tranquilo!
- Pablo! ¿Usted que hace con esa mierda?
- No se cague Andresito, es que por acá la situa no es muy segura y
yo prefiero andar fresco. Volvamos para la casa. Ya ese hijueputa no me va
a joder más...
Andrés no entendía nada. Comenzó a sentir miedo. No
tenía sentido. No iba a tranquilizarse hasta que no estuviera lejos
de Pablo y su arma.
Pablo tenía la mente con una imagen fija. El gato mirándolo
desafiante entre las ramas. Le había descargado seis tiros, esperaba
haberlo matado. Pero en su interior sabía que no lo había
logrado, sabía que esa imagen no era real. Le costaba aceptarlo,
pero por alguna razón sabía que nada había terminado.
Llegaron justo para el almuerzo. Carolina y Paola habían preparado
algo rápido para irse temprano. El tiempo anunciaba lluvia y tanto
Andrés como Paola se sentían inquietos. No querían
estar más tiempo cerca de Pablo ni de Carolina. Actuaban muy
extraño, demasiado callados.
- Caro, quedémonos en la cabaña hasta mañana. Marcela
y el novio suben esta noche.
- No se... no me siento bien.
- Vos y tus maricadas... – Contestó sin hacer mucho caso –
Andresito, si quieren se vienen para mi cabaña ustedes
también... nos quedamos hasta mañana y bajamos antes de que
se haga de noche.
- No, nosotros tenemos esta noche una comida con mi mamá – se
apresuró a contestar Paola aunque sabía que no era cierto.
- Bueno, entonces nos vemos... Chuchi, vámonos antes de que llegue
Marcela y no nos encuentre.
En cuestión de 15 minutos llegaron a Felicia. Pablo había
quedado de esperar a Marcela en la estación de Policía para
guiarlos hasta la cabaña. Cuando llegaron ya Marcela y Juancho
estaban esperándolos.
- Eh... Casi no aparecen!
- Gorda, que pena pero es que Pao nos invitó a almorzar y daba pena
hacerles el desplante. Juancho, ¿Qué dice si nos tomamos unos
chorritos y que estas viejas se vayan a la cabaña?
- Hágale Pablito, yo lo sigo.
- A ver... Se me van perdiendo del mapa. Esto es pa’ hombres.
- Dejá de ser guache Pablo – contestó Marcela, ya nos vamos,
pero eso si el que llegue borracho duerme solo en el corredor.
- A joder a su marido, a mi nadie me jode!
Carolina no estaba poniendo atención. Miraba la escena como si no
fuera parte de ella. Seguía en silencio pensando cómo era
posible que Tomás hubiera aparecido en la finca de Paola.
- Carito, vámonos y nos ponemos a rajar de estos hijueputas.
- Si, claro, vámonos!
Se fueron hasta la cabaña en silencio. Marcela y Carolina no se
conocían mucho. Ella era compañera de la universidad de Pablo
y Carolina era demasiado tímida para iniciar la conversación.
- ¿Y que? Es cierto que lograste echarle la soga al cuello a
Pablo?
- No... yo... esto...
- Fresca, a mi me parece bien que se ajuicie. Yo no tengo bronca con eso,
Pablo es como un hermanito para mí, pero yo se que lleva mucho rato
vuelto mierda, y si vos lo vas a poner a raya pues me alegro.
- Yo no se... es que todo ha sido como muy raro. Yo no se si en verdad nos
vayamos a venir a vivir a la cabaña. A mí me gustaría,
pero es que Pablo es impredecible.
- Pues acostumbrate, ni decir que no sabías como era la vuelta
porque ustedes se conocen desde chiquiticos.
- Será mejor bajar otra vez al pueblo, Pablo no está como
muy bien hoy y mejor nos traemos a ese par para la casa.
- Fresca que lo peor que puede pasar es que se emborrachen y no
sería la primera vez...
Carolina no estaba escuchando, miraba por la ventana. Había
comenzado a oscurecer y la lluvia caía copiosamente. De pronto una
imagen la sobresaltó...
- Marce, porfa, vamos por ellos! – tenía la mirada perdida. Marcela
trataba de enfocar en la oscuridad externa qué era lo que llamaba la
atención de Carolina.
- Pues si con eso vas a estar más tranquila, pues vámos.
En ese momento se escuchó el motor del carro. Eran Pablo y Juancho
que llegaban con dos hombres más.
- Caro! – Gritó Pablo desde la entrada – Llegué con unos
amigos. Saca una botella que tengo en la cocina. – En su voz notó
que ya estaba a media caña.
- Sube te digo una cosa - le contestó al ver el aspecto de los
hombres que los acompañaban.
Pablo subió las escaleras y entró primero que el resto.
- Si me vas a dar cantaleta de una vez te digo que te esperes a
mañana porque hoy quiero divertirme.
- ¿Quiénes son esos dos tipos?
- Unos amigos que me encontré en el billar.
- No me gusta que llegues con desconocidos a esta hora. No sabes si son
guerrilleros.
- ¿Y a mi qué me importa si son de la guerrilla? Ese no es
mi problema. Dejá de ser tan prevenida Carolina. Traé la
botella y si te da tanta maricada pues metete al cuarto y a mi
déjame en paz.
- Entonces andá por la botella vos!
Carolina se fue con Marcela y con Juancho al cuarto.
- Fresca Carito, los manes como que conocen a Pablo de antes porque cuando
llegamos al billar lo saludaron re bien, no tienen buen aspecto, pero no
parecen peligrosos ni nada de eso.
- Es que tengo un mal presentimiento.
- No creás en esas cosas.
Pero ella no estaba tranquila. Pablo estaba muy agresivo desde que
había ido a buscar el gato con Andrés, no había
querido ni siquiera hablar del tema. Y esa sombra que había visto
por la ventana...
Dos horas más tarde, cuando al fin se habían podido dormir,
un estallido los despertó a los tres.
- Se largan de mi casa par de hijueputas o los quemo a los dos – Gritaba
Pablo mientras los dos hombres corrían hacia la carretera entre la
oscuridad.
- No salgás! – Gritó Marcela viendo que Carolina iba a abrir
la puerta.
- Juancho... eso fue un tiro?
- Si... Mejor quedate aquí hasta que se calme.
- ¿De donde sacó un arma?
- Siempre anda con ella. ¿Vos no sabías eso?
- No, jamás!
- Desde que mataron a Davi el anda con un arma, casi nunca la bajaba del
carro pero desde hace un par de meses no se la quita de encima, anda
paranoico con el cuento de que alguien lo está persiguiendo para
matarlo.
La puerta del cuarto se abrió y Pablo se quedó parado en el
umbral con una lámpara de petróleo en su mano.
- La lluvia provocó un apagón. Juanchito, mijo,
acompáñeme a buscar unas velas y de paso me cuenta que le
estaba diciendo a estas viejas de mi.
- Nada, viejo, oímos un tiro y ya, pero mas bien sigamos durmiendo
que ya es más de media noche.
- Váyanse ustedes dos al cuarto de al lado que Caro y yo nos vamos
a quedar un rato despiertos.
Sus ojos brillaban de un modo extraño a la luz de la
lámpara, parecía no estar ya bajo efectos del alcohol porque
su voz era firme y no ladeaba la cabeza como solía hacerlo cuando
estaba borracho.
- Pablo, está haciendo mucho frío, quedémonos los
cuatro aquí que cabemos bien.
- No! Ellos quieren dormir y yo quiero hablar. Juanchito pásense a
la otra pieza, las camas están con cobijas y sábanas
suficientes.
Carolina vio entonces el revólver en la otra mano de Pablo y
miró a Marcela como pidiéndole que no se fueran. Juancho
estaba tranquilo porque ya en otras ocasiones había visto a Pablo
así y sabía que no era peligroso dejar sola a Carolina con
él. Salieron del cuarto y Carolina se arrinconó contra la
pared.
- ¿Quieres comer algo? – preguntó ella sin dejar de mirar el
arma.
- No! Quiero que hablemos.
- Y... ¿de qué quieres hablar?
- De David.
- Pablo, es mejor que no, eso no te hace bien.
- ¿Por qué crees que no me hace bien? Yo creo que si. Yo
creo que es hora de entender algunas cosas. A mi hermano lo mataron, lo
escupieron y le apagaron cigarrillos en el cuello y en el pecho. Lo mataron
con odio y por eso no ha podido descansar en paz.
- No quiero oírte! No quiero escuchar nada de eso.
- Pues vas a tenerme que oír porque vas atener que ver la imagen de
David, desangrándose, y luego muerto pudriéndose bajo tierra.
Su carne descompuesta y llena de gusanos. Vas a tener que ver como duele
pensarlo cada noche que pasa y sin poder hacer nada.
- Han pasado siete años! No puedes seguir pensando así.
Estás enfermo!
- No estoy enfermo. ¿Qué es lo que me hiciste, maldita
perra? No puedo ni respirar bien, no puedo vivir ni morir tranquilo. Antes
de encontrarnos me estaba matando, pero al menos quería hacerlo,
quería morirme y vos lo revolviste todo. Vos con tu nadadito de
perro me fuiste metiendo cosas en la cabeza, cosas para que yo quisiera
salir adelante y ahora él vuelve a aparecer y todo está peor.
Me quiere matar, me quiere alejar de vos.
- ¿De qué estás hablando? Pablo! ¿quién
volvió?
- El está aquí, mirándonos todo el tiempo, nos
vigila.
- ¿Quien?
- Tu le hablas a espaldas mías, él te dice qué hacer
y me están enloqueciendo.
- Pablo, no entiendo nada y suelta ese revolver si no quieres que me
largue ya mismo de aquí.
Carolina salió del cuarto y comenzó a buscar sus cosas. Su
morral estaba abierto, todo estaba revolcado y no estaba su cuaderno de
apuntes. Pablo la miraba como buscaba a tientas por todas partes. La
lámpara se había apagado. Carolina sacó una linterna
de su morral y la encendió para poder ver. Recogió su ropa y
objetos personales.
- Pablo, ¿dónde está mi cuaderno?
- ¿En el que le escribes a David?
- ¿Leíste mis notas? Maldita sea, ¿quien te dio
permiso de esculcarme? Maldito loco! Devuélveme mi cuaderno.
- Lo quemé y maté esta tarde a tu gato.
Ella sintió un mareo y la habitación comenzó a dar
vueltas. De pronto su rostro se contrajo y sus ojos echaron chispas en la
oscuridad. Se abalanzó sobre Pablo y lo tumbó al piso.
- Maldito te voy a matar.
- Yo ya estoy muerto... perra, vos te acostaste con mi hermano y no te lo
voy a perdonar, te vas a ir al infierno. - gritó con una voz que no
era la suya.
Marcela y Juancho estaban escuchando desde el cuarto. No sabían si
intervenir en la pelea que cada vez se escuchaba más violenta. De
pronto todas las luces de la casa se encendieron y el fuego de la chimenea
que estaba a punto de extinguirse cobró vida. Salieron del cuarto y
vieron a Carolina y a Pablo rodando por el piso, el arma había
caído a un lado y Juancho la cogió. Estaba cargada. Se fue
hacia la puerta principal tratando de esquivarlos y estando afuera de la
casa hizo un tiro al aire. Pablo y Carolina se quedaron quietos al
escucharlo.
- Sepárense. Esto ya no tiene nombre. ¿Que pasa?
- No te metás que no es tu problema.
- ¿Se van a matar o que?
Las luces comenzaron a titilar y el fuego se avivaba con fuerza. En ese
momento apareció Tomás de la nada y se abalanzó sobre
Pablo. Con uñas y dientes comenzó a atacarlo. Pablo lo
lanzó hacia un lado y el gato se golpeó contra la escalera.
Cayó un poco antontado pero se repuso de inmediato. Maullaba y
resoplaba erizado completamente.
- Yo te maté! Maldito animal, mirá como me dejaste!
Carolina miraba la escena sin entender. Era Tomás, no cabía
la menor duda, pero no entendía como había llegado
allí.
Juancho por su parte había visto que Pablo se retorcía en el
piso como si luchara con algo, pero no veía contra qué lo
hacía.
- Dame el revólver yo mato a este condenado gato de una buena vez.
- ¿De qué gato estás hablando?
- De este animal del demonio. ¿No lo ves? Mirá como me
dejó.
- Yo no veo nada.
- Mirá mis brazos llenos de arañazos. Me están
sangrando.
- Viejo, no tiene nada en los brazos... No hay ninguna sangre ni nada.
- Pasáme el revólver ya.
Juancho se lo entregó y Pablo de nuevo descargó los 4 tiros
que quedaban, destrozando la madera del lugar donde supuestamente estaba el
gato. Los demás lo observaban aterrados excepto Carolina que lloraba
arrodillada en el piso y mirando al vacío. Veía a
Tomás completamente destrozado, la sangre derramada haciendo un
pequeño charco en el piso. Carolina trató de levantarse pero
las piernas no le respondían. Pablo sacó de su bolsillo una
bala y la montó en el revólver.
Carolina intentó de nuevo ponerse de pié apoyándose
en una silla. Y comenzó a caminar lento hacia la puerta principal.
Hacía tanto frío que le dolían los huesos.
- Te juro que si das otro paso te quemo este tiro. No me importa nada ya.
A Carolina tampoco le importaba nada. Siguió caminando esperando el
disparo pero no se produjo. Estaba completamente a oscuras, no había
luna que iluminara un poco y la neblina estaba muy espesa. Subió
hasta la carretera a esperar que pasara el bus de las 4:00 de la
mañana para regresarse a Cali. Se debió quedar dormida unos
minutos sentada sobre una piedra porque se despertó y no recordaba
cómo había llegado allí ni porqué. Solo
sabía que no podía regresarse a la cabaña. De pronto
sintió un ruidito entre la maleza y algo que le rozaba la rodilla.
Era Tomás. Carolina lo cargó y lo contempló unos
minutos:
- ¿Qué haces aquí? ¿Cómo llegaste hasta
este sitio? – Tomás le contestaba con un ronroneo y
frotándose contra ella. – Al menos no estoy sola.
Estaba comenzando a clarear cuando escuchó el motor de un carro y
vio las luces. Era un campesino en su jeep. Le hizo señas y se
detuvo.
- ¿Va para el pueblo?
- Hasta Cali si le sirve, pero ¿qué hace a esta hora y por
esta zona tan peligrosa?
- ¿Peligrosa?
- Si, recuerde que “los muchachos” andan por ahí y quien sabe que
cosas le pueden hacer a una señorita como usted que se ve que es
bien fina.
- Pues no he visto a nadie, me sirve mucho que vaya hasta Cali, voy
preciso para allá.
- Bien pueda se sube y me disculpa si le huele mal, es que llevo un
cargamento de cebollas.
- No hay problema, le agradezco mucho.
- Se dio cuenta de que anoche hicieron tiros por acá.
- No, no escuché nada.
- Sí, parece que es otra vez el hijo del doctor Dussan que en paz
descanse.
- Cual doctor Dussan.
- Pues el doctorcito que se murió hace como dos años, usted
como que no es de por acá ¿cierto?
- No, yo solo estaba en una finca con unos amigos. ¿Qué me
decía del hijo del doctor?
- Ah, pues es que el que quedó vivo, porque eran dos mellizos y uno
se murió hace años, pero el otro está como malito de
la cabeza. Claro que la gente habla mucho, pero se dice que el difunto de
su hermanito como que era muy calavera y ahora él dizque está
igualitico, y eso que este era el juicioso pero como que se la pasa
chupando trago y el otro día lo vieron abriendo un hueco y la gente
dice que es para enterrar al que le mató al hermanito. Como el
doctorcito, que también es finado ya, pues no los dejó hacer
nada cuando lo mataron, pues eso como que lo enloqueció. Otra gente
dice que es obra del demonio, que el finado se le aparece al joven y le
dice que haga esas cosas. Yo no creo en cuentos, pero es que como dicen...
de que las hay, las hay!
- No creo que Pablo llegue a matar a nadie...
- Ah! La señorita los conoce.
- Si, pero no crea en esas cosas. Es mejor olvidarse de esas historias. A
mi todo se me olvida, y a veces pienso que es lo mejor.
- Si, es que a la gente le gusta hablar. – hizo una pausa y sin mirarla
continuó - Sabe que es bueno para la memoria? Tome leche tibia
todas las noches, duerme bien y así no se le olvidan las cosas. Uno
cuando no duerme bien es cuando le falla la “recordación”,
fíjese que cuando uno se le olvida algo es como si estuviera dormido
cuando pasó y es porque se le duerme el cerebro por lo cansado de
dormir mal que lo tiene. Usted se nota que no duerme bien, tiene negro
debajo de los ojos, y usted pensará que son cosas del campo, pero
¿cuando ha visto un campesino con mala memoria? eso es porque uno se
acuesta cuando anochece y se levanta al amanecer, en el campo se duerme
bien, ocho y hasta nueve horas. La gente de campo nunca olvida las cosas.
- Si, tiene razón, tengo que dormir mejor.
Continuaron un largo rato en silencio y Carolina sentía que el
sueño la estaba venciendo. De pronto un movimiento brusco del carro
la despertó. El señor que conducía había
perdido el control y tuvo que maniobrar para no estrellarse contra otro
carro ni lanzarse por el precipicio.
- Señorita, ¿está bien?
- Si, ¿qué pasó?
- Es que había algo en la mitad de la carretera y cuando lo vi me
asusté y... casi nos matamos!
- Que pena yo me estaba quedando dormida y no vi nada!
Siguieron el camino que ya faltaba poco para llegar a la portada. Diez
minutos después estaban entrando a Cali.
- Señor, muchas gracias! Si quiere me puede dejar en la Portada.
- Voy para Cavasa si la ruta le sirve... voy por toda la primera hasta la
52 y por allí bajo.
- Pues me sirve si me deja en la Ermita.
- Claro, no se preocupe que en dos minutos estamos allí.
- Gracias otra vez.
Un par de cuadras antes, Carolina empezó a buscar a Tomás.
- ¿Mi gato?
- ¿Cuál gato, señorita?
- El que traía conmigo.
- ¿Usted traía un gato? No señorita usted solo
tenía ese maletín con usted.
- Debió salir corriendo cuando usted se detuvo.
- Lo que esquivé cuando bajábamos era un gato, raro porque
estaba en la mitad de la carretera sentado como si nada y los carros no lo
asustaban.
- Pero no, el mío si le teme a los carros, él vuelve a
aparecer, se ha perdido muchas veces, pero siempre vuelve.
- Si, los gatos tienen muchas vidas... eso dicen, y también dicen
que viajan como fantasmas de un lugar a otro. Como ya le dije, la gente
habla mucho, pero yo ya no creo en nada. Llegamos, señorita, muchas
gracias a usted por la compañía, esto de viajar a la
madrugada uno solo no es bueno.
- No me dijo como se llama usted… ¿Sabe? yo voy mucho a Felicia, me
gustaría saludarlo la próxima vez que vaya.
- Floro Montaño, para servirle, eso pregúntele a cualquiera
del pueblo que a mi todos me conocen por el carro.
- Muchas gracias. Que tenga un buen día.
- Igualmente, señorita Carolina.
Carolina pensó que no le había dado su nombre, pero
seguramente lo había dicho en algún momento. Su memoria no
era para nada confiable.
Tomó un taxi y llegó a su casa rápidamente.
Entró y sintió un gran alivio al ver a Tomás
allí. Seguramente había tenido un mal sueño, pero no
lo recordaba bien, solo recordaba a Tomás muerto y un
revólver. Tal vez las pesadillas del atraco habían vuelto.
Se acostó a dormir y al levantarse su mamá le
preguntó por qué se había devuelto de la finca.
- Mamita, creo que no voy a seguir con Pablo. Esto no me hace bien. Estoy
muy cansada y quiero irme de viaje ahora que me gradúe. Tal vez para
Bogotá, no se, solo sé que quiero alejarme un tiempo de
aquí.
- Me alegra escuchar eso. Yo también pienso que es lo mejor.
Encendió la televisión para distraer un rato su mente.
Estaban en el noticiero del medio día.
- “…Cuatro personas muertas, entre ellas dos menores de edad,
dejó como saldo una incursión de presuntos guerrilleros de
las Farc en una vivienda de la zona rural de la vereda Felicia, municipio
de Cali. De acuerdo con el informe entregado por un testigo, la masacre fue
perpetrada por cuatro hombres que se movilizaban en caballos y aseguraron
pertenecer al grupo ilegal. Según el relato, los asesinos llegaron
hasta la vivienda en la madrugada de ayer y tras acusar a los presentes de
ser auxiliadores de las autodefensas, procedieron a asesinarlos con
ráfagas de fusil. Floro Montaño, su esposa y sus dos
pequeños serán velados en el salón comunal por sus
vecinos quienes se encuentran muy afectados y temerosos de que esta masacre
se repita. Se negaron a dar declaraciones…”
Carolina estaba estupefacta. Ella misma le había dado la mano para
despedirse cuando se bajó del jeep en el que amablemente la
había transportado hasta Cali sin pedirle nada a cambio.
Hacía menos de 6 horas ella había hablado con el hombre que
aparecía en la imagen del noticiero.
Apagó el televisor y prefirió cerrar los ojos para intentar
dormirse de nuevo.
Carmen_Posada,31.08.2006
Hay quien dice (no recuerdo quien): "Mientras exista una sola persona
que lea lo que escribo, me sentiré satisfecho. Mientras exista una
sola persona que entienda lo que escribo, habré ganado.
Gracias Letty y Angélica por hacerme sentir satisfecha y
ganadora...
Leí los primeros capítulos de tu bodrio Carmen, pero es q
tengo harto trabajo y no he podido aún leer los demás.
Te prometo q los leeré. Mejor los imprimo.
Besos !
Carmen_Posada,31.08.2006
¡Tres veces satisfecha y tres veces ganadora entonces, Isa!
Besos pa ti también
luccas,01.09.2006
sigo leyendo ...
Muertelenta,01.09.2006
Carmen:
Este "bodrio" no te lo leyeron porque para la página
está muy largo... ¡nomás!
Porque de que está bueno... ¡bueno está!
luccas,03.09.2006
Carmen...
Si no fuera por este bodrio... creerìa que tengo otras cosas que
hacer. Ya sabes, uno siempre se invente vida. Que loco!!
Felicitaciones . Han llegado a los cien participantes, un éxito.
Carmen_Posada,06.09.2006
Gracias Ninive. Sí, al parecer ha sido exitoso este foro por el que
nadie apostaba nada. (¡Ja!)
Bueno, les traigo el capítulo 15 y el 16 juntos, más
diálogos y menos acciones que en el anterior. Siguen girando los
rumbos de la protagonista. (Parece que se pasa la vida en un eterno Girar)
*****************************************
TRECE
La calma después del temporal (Capítulo 15)
Unas horas después el teléfono no dejaba de sonar. Pablo
quería hablar a toda costa con ella.
- Me haces daño y no puedo seguir con esto. No es sano para
mí.
- Pero es que no se que pasó, perdí el control, Caro, por
favor razona. Ambos perdimos el control, yo ni siquiera me acuerdo que
pasó, pero ¿cómo te fuiste? Te ha podido pasar algo.
Salimos a buscarte y nadie te había visto.
- No importa, ya estoy bien, no me pasó nada. Pablo, voy a colgar.
No me busques, no me llames, haz de cuenta que me morí.
- No. Las cosas no van a ser así. No te vas a deshacer de mí
y te juro que no me vas a hacer esto otra vez.
- Esto es una locura, voy a colgar y así tenga que contratar un
policía permanente no te me vas a acercar otra vez… Pablo…
¡Tenías un arma! – Dijo Carolina en voz baja para que su madre
no escuchara. Había recordado parte de la pelea, un recuerdo
aislado, pero sabía que era real – Me apuntaste con ella. Si se te
hubiera escapado un tiro... estaría muerta, es que ya no
tenés límites y si algo aprendí del atraco es que
quiero estar viva y bien. Ya no me siento segura contigo ni confío
en ti. Solo no vuelvas a aparecer. Hazte un tratamiento, intérnate
si es necesario pero a mi déjame tranquila.
- Como quieras entonces, pero te vas a arrepentir. Así como te
arrepentiste la última vez. Yo se que me vas a llamar cuando se te
pase la pataleta. Vamos a ver si a mi me da la gana cuando eso pase. - Y
colgó el teléfono.
No volvió a llamar ni ese día, ni esa semana y el mes
pasó sin que Pablo diera señales de vida. Carolina
salía de su casa al trabajo y del trabajo a su casa. Su padre la
llevaba y la recogía. Al principio le daba miedo
encontrárselo, ya luego dejó de temer, pero era cómodo
estar con su papá. Había estado tan alejada de él los
últimos años y comenzaban a tener conversaciones agradables
con él.
- Uno es lo que quiere ser o lo que piensa que es – le dijo una tarde al
recogerla en la oficina.
- ¿Cómo así?
- Mira, si tu piensas que eres un fracaso, pues te vas a convertir en un
fracaso porque esa es la imagen que estás construyendo de ti misma.
Tienes que verte como quieres ser y construir esa imagen para poder
lograrlo. Uno primero tiene que visualizarse, como cualquier proyecto,
antes hay que visualizarlo. Es tu proyecto de vida.
No eran conversaciones largas, era pequeñas ideas que fueron
alimentando esa autoestima tan golpeada que tenía por todo lo que
había pasado.
Su madre también cambió un poco. Comenzó a abrirse a
ella sin el miedo a sentirse juzgada. Con ella hablaba por horas
contándole muchas cosas de su vida, de su mundo que su madre
desconocía por completo.
Una noche, tocó a su puerta del cuarto. Carolina estaba llorando
pero no quería que nadie de su familia la viera. Se frotó los
ojos pero los tenía demasiado enrojecidos para ocultarlo.
- ¿Que tienes pequeña?
- No se, solo estoy triste. Hace mucho tiempo no lloraba. Tal vez sea por
el viaje, por alejarme ahora de ustedes... No se...
- ¿Tendrá que ver con Pablo?
- Pues, sí un poco, también siento tristeza por eso. Es que
yo realmente me enamoré de él... Mamá... –
rompió en llanto como si hubieran soltado una represa. – ¿Por
qué? Yo se que está mal, yo se que nos hacemos daño,
pero es que yo me enamoré y me duele, me duelen los dientes, me
duele el pecho, me duele todo. Y nada me quita este dolor tan horrible.
- Pequeña mía, yo no te lo puedo quitar, pero ojalá
pudiera sentirlo por ti.
- Y por un tiempo me hizo feliz, por un tiempo me sentía segura y
sentí que era parte de algo bueno, y luego todo se volvió un
infierno y no entiendo ¿por qué?
- No llores más. Te hace daño.
- No mamá, daño me ha hecho no llorar lo suficiente por las
cosas que me duelen. Son miles las cosas que me duelen y las he tenido
adentro todo este tiempo y ya no se como manejarlas. Ya no puedo
controlarlas. Me estoy enloqueciendo, de verdad que estoy perdiendo la
razón. Todos los días me pregunto ¿por qué
sigo viva?, ¿qué hice con mi vida? y la mitad de mi vida
está perdida en lagunas que no he podido recuperar, la mitad de
cosas que he hecho ni siquiera las recuerdo.
- ¿Cuáles lagunas?
- Mamita, es que a mi me pasa eso mucho, haz de cuenta que me emborrachara
y no pudiera recordar al día siguiente lo que pasó el
anterior, pero no porque en verdad haya tomado trago. Eso me pasa hace
mucho tiempo, muchísimo. Y muchas cosas sé que han pasado
porque luego alguien me habla de eso, y yo trato de hacerme la que me
acuerdo, pero es algo que está borrado. Como en la casa de Santa
Rosa, cuando yo tenía 8 años. Yo me acuerdo mejor de la casa
de San Vicente, de cuando tenía 4 años que de la de Santa
Rosa. Esa la recuerdo como lo que recuerdo de mis lagunas, como un
sueño con imágenes vagas. Cuando ustedes hablan de algo que
pasó cuando vivíamos allá yo me hago la que me
acuerdo, pero de verdad no me acuerdo de casi nada.
- ¿Qué puede ser eso?
- No se, pero siempre me ha dado miedo. Eso me pasó con esa casa y
nunca me volvió a pasar hasta hace como seis o siete años. Yo
no se si alguna vez he hecho algo malo, algo realmente malo porque puede
ser que no lo recuerde.
- No digas eso, tu eres una mujer buena, has tenido buena
educación, ¿por qué piensas eso?
- No, no digo que haya hecho algo malo, digo que si lo hubiera hecho, no
lo recordaría y eso me da miedo.
- ¿Qué quieres hacer entonces?
- No se, yo pienso que irme va a ser bueno, que tal vez el cambio de
ciudad y de clima y de gente, puede ser que sirva. Yo nunca me he ido de la
ciudad y estoy segura de que o me compone o me termina de dañar.
- No quiero que te vayas así, ¿será mejor que te vea
un médico?
- ¿Un médico? Un Psiquiatra será porque si algo anda
mal en mi no es mi cuerpo sino mi mente.
- Esto es culpa mía. Yo no supe manejar tus cosas de niña.
Eras demasiado adelantada para tu edad y yo no sabía como manejarlo.
- Mamita, no creo que sea así. Tal vez yo siempre vivía en
una fantasía, me gustaba mucho soñar despierta y eso tal vez
me hacía daño. ¿Cómo te vas a culpar por eso?
¿Cómo ibas tu a saberlo?
- Eres mi hija, yo tenía que haberme dado cuenta de eso.
- No, esas cosas pasan y le pasan a todo el mundo. Te prometo que
veré a algún médico en Bogotá, cuando me haya
instalado, pero no me hagas retrasar el viaje, no lo soportaría.
- Está bien. Ahora descansa que mañana es tu grado y debes
estar bien y tranquila.
- ¿Sabes si mi hermano va a ir a la ceremonia?
- Si, dijo que iba a ir.
- Bueno, hasta mañana.
- Duerme y que Dios te bendiga, te guarde y te de el cielo.
Carolina pudo dormir pero sus sueños fueron angustiosos. Caminaba
por un campo verde lleno de lápidas y buscaba algo sin saber
qué, de pronto se acerca a un hoyo y allí dentro un
ataúd vacío y abierto. Mira a su alrededor y ve una
lápida, trata de leer el nombre pero no puede enfocarlo. Comienza a
llover con mucha fuerza y el piso se vuelve resbaloso ella se resbala y
cae dentro del ataúd y la tapa cae sobre ella empieza a ver como la
tierra se desliza cayendo sobre el cristal que cubre su rostro. Trata de
moverse pero no puede y alcanza a ver a los mellizos, idénticos,
observándola sonrientes. Empieza a asfixiarse y se despierta
sofocada, agitada. Sentada sobre su cama trata de alcanzar el interruptor
de la lámpara y cuando la enciende ve a Floro Montaño parado
junto a la ventana:
- Tranquila, solo vengo a cuidarte, a llevarte conmigo.
Lanzó un grito despertando a todos. Su padre le hablaba:
- Mija, despiértate, tienes una pesadilla.
Carolina no dejaba de temblar y miraba hacia la ventana con una
expresión de horror.
- Ya todo está bien, estamos aquí contigo, tranquila.
- Las tumbas – Repetía – Tengo que salir de las tumbas.
- Fue solo una pesadilla, ya pasó.
Carolina fue saliendo de su trance y sus padres miraban aterrados. Estaba
perfilada y sus ojeras eran oscuras y profundas. Su nariz comenzó a
sangrar.
- Tenemos que llevarla a una clínica, algo le está pasando.
– Dijo don Felipe a su esposa.
- Yo voy sacando el carro – Contestó el hermano de Carolina.
- Ayúdenla a vestirse.
Carolina ya estaba conciente y los miró con tranquilidad. Poco a
poco iba recobrando el color.
- No se preocupen, estoy bien. Mañana tenemos un día muy
importante. Vamos a dormir. Siento mucho haberlos preocupado. Seguramente
el calor me alteró un poco. La sangre es escandalosa pero no es nada
grave. Miren ya no estoy sangrando.
Don Felipe miraba a su hija desconcertado. Era como si de un momento a
otro hubiera cambiado físicamente ante sus ojos. Estaba con un
semblante completamente sereno, su mirada ya no era ausente, su color
estaba normal, no sudaba, respiraba con tranquilidad. Como si nada hubiera
pasado.
- Estás segura, podemos ir a Urgencias para que te revisen.
- No mamita, estoy bien. Vamos a dormir.
- Nos llamas si te sientes mal.
- Gracias, voy a estar bien. Te lo prometo.
Su madre se quedó unos minutos más junto a ella. Se
sentía impotente, sabía que su hija necesitaba ayuda pero no
entendía qué clase de ayuda podía darle ella. Carolina
se fue quedando dormida lo que tranquilizó a su madre y se fue a
acostar pero no pudo conciliar el sueño nuevamente.
- Algo le está pasando a Carolina.
- Está afectada por lo de ese muchacho Pablo. ¿Por
qué permitimos que se involucrara con él? ¿A
qué horas pasó todo esto?
- No, Carolina viene mal desde mucho tiempo atrás. Estuve hablando
de eso con ella hoy. No sé, Felipe, ella tiene cosas muy
extrañas en su comportamiento.
- ¿De qué estás hablando? Carolina es una mujer
común y corriente, no es perfecta, claro, pero no le pasa nada
grave. Es muy sensible y lo de ese muchacho la tiene muy afectada, pero eso
es todo.
- Felipe, ella no tiene amigos, ella no habla de sus cosas, ella vive en
otro mundo. ¿Hasta cuándo vas a seguir ignorando todo?
¿Crees que con eso va a desaparecer? ¿Crees que Carolina va a
ser normal por que no lo hablemos?
- Yo no quiero saber nada de eso. Mi hija no tiene nada malo.
- Cuántas veces no la hemos escuchado salir a media noche y
regresar a la madrugada. Las primeras veces la regañaste, pero
luego… Decidiste ignorarlo pensando que así dejaría de ser
rebelde. Pues entiéndelo, Carolina no ha sido rebelde nunca, esas
salidas las hizo sola, no eran para verse con algún novio ni para
escaparse, ella siempre que ha querido hacer algo nos ha pedido permiso,
muchas veces yo misma le he dicho que salga, que está joven, que
haga amigos, pero ella dice que no le gusta la rumba y que es de pocos
amigos. Carolina sale a media noche para algo puntual.
- Bueno, y según tu, ¿a qué sale Carolina?
- No lo sé y eso es lo que me preocupa. Desde que la atracaron no
volvió a hacerlo, pero lo cierto es que cuando eso sucedió
Carolina no había salido así, misteriosamente, había
salido con Nando. Hubo un tiempo en el que pensé que consumía
drogas, pero revisé sus cosas muchas veces y jamás
encontré indicios de nada de eso. Pensé que veía a
alguien más que a su novio, pero tampoco porque la he visto alejarse
sola atravesando el parque y quién sabe Dios hacia donde se va. No
volví a pensar en eso por lo que te decía, después del
atraco nunca más volvió a salir así.
- Pues habrá que preguntarle antes de que se vaya. Alguna
explicación lógica tendrá de eso.
- Habla tu con ella, yo no puedo, me siento impotente, siento que no
conozco a Carolina, siento que me miente cuando le pregunto cosas de su
vida y hoy cuando hablamos me dijo que hacía cosas que luego no
recordaba haberlas hecho. No se si sea verdad o que quiere ocultar algo.
- No puedo creer que estés pensando mal de ella. Ha sido buena
estudiante, ha sido buena hija, nos ha ayudado económicamente en lo
que ha podido, no es adicta ni se ha embarazado. ¿Que más
quieres de ella?
- ¡No sentir miedo cuando me mira, Felipe!
Ambos se quedaron en silencio. Sus padres no sabían como acercarse
a Carolina. Desde niña abrió una brecha gigante entre su
mundo y el de ellos impidiendo que la atravesaran, manteniéndolos
alejados de sus cosas, encerrándose cada vez más en sí
misma. Conversaba con ellos frecuentemente sobre trivialidades, pero nunca
hablaba de sí misma, nunca hablaba de sus sentimientos, de sus
miedos, de sus problemas. Aparentemente todo estaba bien en ella, pero
tanto su padre como su madre se sentían intimidados frente a ella.
Don Felipe había optado por no mirarla, por evadir momentos a solas
con ella, por permitir simplemente espacios familiares en los cuales se
trataban temas como la economía doméstica, un evento puntual
ya fuera un cumpleaños o las fiestas navideñas, pero
jamás le preguntaba nada. Su hermano también se
mantenía al margen de todo, eventualmente le preguntaba cómo
iban sus cosas a lo que Carolina solo contestaba con palabras cortas:
“Bien”, “Como siempre”, “en la lucha”, etc. Con lo que su hermano quedaba
satisfecho. Su madre en cambio, muchas veces intentó tener
conversaciones con ella pero la mirada de Carolina la inquietaba. A veces
le preguntaba sobre sus amigos, sobre una fiesta, sobre Pablo o cualquier
tema personal y Carolina guardaba silencio. Solo le dirigía una
mirada que le decía: “Estás pisando terreno peligroso,
será mejor que regreses por donde viniste” y sentía como su
piel se erizaba con esa mirada. Esa noche, temprano había sido
diferente. Sentía como si Carolina estuviera tratando de asirse a un
trozo de madera en medio del mar, y ella, su madre, era ese trozo de
madera. Pero sintió mucho miedo, sintió como si fuera a
hundirse con ella. También sintió culpa, por no haber seguido
su intuición cuando años atrás Carolina comenzó
a comportarse con esa soberbia por sentirse más inteligente que
todos, por creerse superior. Su madre no había sabido manejarla,
pensaba que su hija maduraría y se daría cuenta de que esa no
era una buena actitud, lo dejó en manos del destino, de que la vida
se lo enseñara. Y así fue, pero tuvo que pagar un precio muy
alto para aprenderlo.
- Mañana será otro día. Será mejor dormir un
poco. – dijo Don Felipe al cabo de la pausa.
Pero ninguno pudo dormir.
A la mañana siguiente Carolina se levantó como si hubiera
dormido muchas horas, sentía cansancio en todo el cuerpo, pero al
mismo tiempo se sentía con energía con vitalidad. Bajó
las escaleras y se encontró con sus padres en el comedor. Su hermano
todavía no se levantaba.
- ¡Buenos días! – Saludó.
- Estás muy contenta… ¿Pudiste dormir?
- Si, claro, dormí como un bebé.
- Aquí hay jugo para que desayunes. Tu padre y yo queremos
conversar contigo de lo que pasó anoche.
- ¿De lo que pasó? Ah! Si claro – Fingió – Supongo
que estoy un poco sensible mamita, y no te preocupes, lo de Pablo se
acabó hace un mes, ya no lo voy a ver más.
- No recuerdas. Anoche tuviste una pesadilla.
- ¿Si? ¿La tuve? No, de verdad que no lo recuerdo,
¿por qué? ¿Dije algo?
- Nos levantaste de un grito, y cuando llegamos a ver qué te pasaba
estabas alteradísima. Hasta sangrabas por la nariz.
- Uy! ¿Así de grave fue la cosa? Tranquilos, eso puede ser
por el calor.
- Eso dijiste, pero tu padre y yo estamos preocupados por ti.
Le temblaba la voz mientras lo decía, aunque Carolina
parecía estar receptiva, parecía estar en paz.
- No se preocupen, todo está bien…
- Carolina, lo que tu madre quiere que hablemos es sobre cosas que vienen
de mucho tiempo atrás. Cosas que hemos visto de tu comportamiento y
que nos inquietan.
Carolina se puso seria y dejó de evadir la mirada de su padre.
- ¿Sí? ¿y como qué cosas han visto?
- Tus salidas a media noche.
- ¿Mis qué?
- Tu madre te veía desde hace años salir en algunas
ocasiones a media noche, sola y regresar a la madrugada, sola
también. ¿Qué hacías en esas salidas?
- No tengo ni la menor idea de qué habla ella. Yo nunca he salido a
esa hora sola.
- No que lo recuerdes – dijo su madre entre dientes – anoche me dijiste
que habías tenido lagunas, que a veces no recordabas cosas.
- Madre! Recordaría algo así. Y, supuestamente,
¿cuantas veces lo hice?
- No sé… tal vez diez o quince… ¿Recuerdas cuando tu
papá y yo te regañamos hace años por ese motivo?
- No, tampoco lo recuerdo – Su mirada era desafiante – y si me
regañaron pues tal vez por eso no lo recuerdo, porque odiaba que se
metieran en mi vida y que al meterse me censuraran. No tienen por
qué espiarme. No tienen por qué meterse. Mi vida está
bien y va a estar mejor cuando me vaya de esta casa.
- ¿Por qué quieres irte?
- Porque sí y punto, porque no quiero seguir viviendo con ustedes,
ni con mi hermano, quiero irme donde pueda ser yo misma, donde nadie me
juzgue, donde nadie se meta.
- Bueno, Carolina, primero que nada estamos hablando así que no
tienes por qué subirle la voz a tu mamá, y segundo nosotros
lo único que queremos saber es si estás bien o si tienes algo
que contarnos sobre eso. Es preocupante que no lo recuerdes. Tu madre me
dice que has tenido esas lagunas desde hace mucho tiempo, y eso no
está bien, a menos que sea una forma de tratar de ocultar algo.
- ¿Ocultar qué?
- Tú dinos, di si tienes algo que decir y si no, nosotros no te
vamos a insistir en nada.
- Pequeña, nosotros somos tus padres, en nosotros puedes confiar,
no importa si alguna vez cometiste un error, nosotros estamos para
apoyarte.
- Pues no, realmente no tengo nada que decir al respecto. Tal vez alguna
vez me debí volar a alguna fiesta de media noche, no lo sé,
si ha pasado tanto tiempo ¿qué voy yo a saber para donde y
por qué salí?
- Está bien, esta discusión no tiene sentido.
Arreglémonos porque hay que estar puntuales en la ceremonia. –
Finalizó don Felipe en su afán de no caldear los
ánimos.
La ceremonia comenzó a las 11:30 am hubo discursos, premiaciones a
los mejores proyectos de grado y luego la entrega de diplomas. Carolina
obtuvo una mención de honor por su trabajo de grado lo que
enorgulleció a sus padres. Luego se fueron a celebrar a un
restaurante y pasaron la tarde tranquilamente.
Por la noche hubo una recepción en la casa. Asistieron parientes y
amigos de la familia.
Cerca de las 8 de la noche tocaron a la puerta. Era Carlos Lotero.
Hacía muchos años que no lo veía. Fue extraña
su visita y más extraño para él porque no tenía
idea del motivo por el cual estaban celebrando.
- Carolina, yo solo venía a avisarte algo, pero si están
celebrando mejor vengo mañana.
- No, sigue, no te preocupes. Conoces a toda mi familia y a mi no me
molesta. De paso te tomas una copa de vino con nosotros.
- Está bien, gracias. ¿Qué celebran?
- Hoy me gradué de Publicidad.
- Felicitaciones, te debo el regalo.
- No, no es necesario, además es solo un compromiso social, nada
importante.
Entraron y saludó a todos. Toda la familia de Carolina lo recordaba
con mucho cariño. Lo acogieron de inmediato. Se ubicó junto a
la escalera a conversar con dos primos de Carolina y con Felipe, el
hermano. Carlos estaba impresionado. Carolina estaba más hermosa de
lo que la recordaba. Había perdido mucho peso, pero se veía
muy bien. Su cabello estaba muy corto, sus ojos azules con maquillaje solo
para resaltarlos un poco, tenía puesto un vestido rojo sangre que
resaltaba su piel blanca, dejaba la espalda y los hombros destapados. Por
primera vez en todo ese tiempo, lamentó haberse casado con
María Elena. Carolina se había convertido en una mujer muy
atractiva y sensual. Tristemente se dio cuenta de que a pesar de lo bella
que se veía, había perdido su sonrisa, la sonrisa que tanto
había añorado cuando se separaron.
Carolina fue a rescatarlo al cabo de media hora. Se sentó junto a
él.
- ¿Por qué me miras así?
- Nada, estaba impactado.
- ¿Impactado?
- Si, estaba recordando lo mucho que te quise.
- Recuerda que ahora eres un hombre casado y con dos hijas, no puedes
andar por ahí coqueteando.
- No, Caro, si te equivocas, contigo no podría. Solo admiraba tu
belleza y eso me hizo recordar el tiempo en el que fuimos novios.
- A qué venías, si no era por mi Grado. No es que no me
alegre de verte, solo que de todas las personas del mundo que esperé
ver, tu eras la última.
- ¡Eso dolió!
- Lo siento, es la verdad. Aunque ya no te guardo rencor por nada…
créeme me alegró verte.
- A mi también me alegra mucho verte.
- No contestaste mi pregunta.
- ¿Cuál fue?
- ¿A qué venías?
- No se si deba, no es el momento.
- No seas tonto, dime, no hay nada que me dañe este momento.
- ¿Sabes algo de Pablo Dussan?
- No, no se nada, en todo este mes no he sabido nada ni quiero saber.
- Entonces no tiene sentido que te diga lo que vine a decirte.
Carolina hizo una pausa.
- Sea lo que sea no me importa.
- Carito – movió la cabeza en gesto de negación –
Estás haciendo exactamente lo que hiciste conmigo cuando
terminamos.
- Es muy diferente
- No, es exactamente igual. No quieres saber nada porque te duele.
- Bueno, ¿y qué? Tengo todo el derecho de protegerme.
- En eso tienes razón. ¿Puedo preguntarte algo?
- Puedes, pero eso no implica que yo te responda.
- ¿Cómo fue que terminaste involucrada con Pablo?
- ¿Involucrada? Ni que fuera un delincuente. Yo se que no es
ninguna perita en dulce, pero tampoco es para tanto.
- Bueno, me refiero a que estuviste con él como dos o tres
años. ¿Cómo terminaste enamorándote de
él?
- ¿Enamorándome? – Carolina soltó una carcajada falsa
– ¿Quién te asegura que me enamoré?
- Eso dice la gente y no se está con alguien como Pablo todo ese
tiempo a menos que sea por amor.
- Puede ser… No se. La verdad es que no tengo idea de qué paso. Un
día me desperté y habían pasado tantas cosas que no
podía entender nada solo quería estar con él.
- Estoy hablando en serio, Caro no es un chiste.
- Y yo te estoy contestando en serio, tampoco es un chiste. Además
¿Por qué me preguntas eso?
- Ayer fui a visitarlo y me habló de ustedes. Era muy
extraño porque la mujer que él describió no es la
misma de la que yo me enamoré.
- Te dije que no quiero saber nada de él.
- Está bien, yo solo quería ver cómo estabas porque
supongo que fue muy duro todo lo que les pasó.
Carolina hizo un gesto de curiosidad.
- Cali es un pueblo y “pueblo pequeño… infierno grande”. Marcela y
Juancho contaron muchas cosas de ustedes. Caro, es increíble tu
capacidad de aislarte del mundo cuando quieres hacerlo. Si yo que me
desconecté de todo y de todos cuando me casé, me
enteré. ¿Cómo no vas a saberlo tú?
- ¿Saber qué?
- Que Pablo está preso, lo cogieron por tráfico de
heroína.
- ¿De verdad? ¿No lo estás inventando?
- Es cierto, por eso fui a visitarlo.
- ¿Cuándo sucedió?
- Hace 15 días. Todavía no le han dictado sentencia, eso se
demora como 1 año, pero por lo menos le dan unos 8 años de
cárcel.
- No se qué decir… Todo me imaginé menos que haría
algo así.
- Por Dios, Caro, si todo el mundo sabía que él
quería hacer eso. Era lo que David siempre quiso hacer y desde su
muerte Pablo quiso hacer las cosas que a David le faltaron por hacer.
¿En qué mundo vives? Si tu estabas con él
¿cómo no ibas a darte cuenta?
- Pues… - Carolina no sabía qué decir, siempre supo que
andaba en cosas raras, pero nunca se imaginó que eran tan graves.
Pensaba que era ventajoso en los negocios y que por eso se hacía
“sus torciditos” pero de allí a traficar con droga…
- Carito, aunque sea escríbele. Es lo menos que le debes.
- No, yo no puedo, lo siento mucho pero no puedo. No quiero.
- ¿Qué te pasa? Tu nunca has sido tan insensible.
- No es por insensible, es por miedo.
- Te da miedo darte cuenta de que todavía lo quieres ¿o
que?
- No, tú no lo entiendes. Yo sé que lo quiero, sé que
tal vez lo siga queriendo el resto de mi vida, pero mi miedo es por otras
cosas.
- ¿Por qué?
- No me quiero quemar en el infierno, ya estuve allí y no quiero
regresar.
- No te entiendo.
- Es muy difícil de explicar. Solo dile cuando lo veas que espero
que se recupere. Que este tiempo que va a estar fuera de circulación
le sirva para sanar.
- El no está enfermo.
- Pero te va a entender.
Carlos se despidió de todos y se fue con una sensación de
tristeza y temiendo que Carolina no estuviera en sus cabales.
Esa noche Carolina decidió aplazar su viaje. Tenía que
verlo, tenía que cerciorarse.
*****************************************
TRECE
Cuando los leones patinan (Capítulo 16)
(este capítulo fue escrito por un alter ego que tuve en
loscuentos.net bajo el usuario: Maripaz)
- ¡A patinar! ¡A patinar! – Se escucha el grito a media tarde
en el patio de máxima seguridad de la cárcel de Villanueva-
¡A patinar!
Todo se vuelve confusión y los reos comienzan a danzar de un lado a
otro entrelazándose como si fueran oleadas de personas chocando
contra arrecifes imaginarios. De pronto un silencio casi sepulcral y los
reos se dispersan quedando el cuerpo de uno de ellos tirado en medio del
patio. La sangre sale a borbotones por su garganta y los guardias ya nada
pueden hacer.
Pablo solo observa desde el único rincón donde se puede
tomar el sol de la tarde. De niños, su padre levaba a los mellizos
con frecuencia al zoológico y a Pablo siempre le llamó la
atención la forma como los leones caminaban de un lado a otro fuera
de sus jaulas. No había nostalgia en su recuerdo, solo la
sensación de encontrar una respuesta al interrogante de su
curiosidad infantil.
En la cárcel el hombre saca su instinto animal y actúan como
especies en cautiverio, fuera de su hábitat, muchos sin la
conciencia de justicia porque la justicia de nuestro país es algo a
lo que solamente los ricos tienen acceso.
*********
- Voy a viajar a Miami por que me propusieron un negocio con unos
repuestos para carros – Le comentaba a doña Mariana, su madre,
15 días después de su ruptura con Carolina – me pagan el
pasaje ida y vuelta y yo solo tengo que traer la mercancía y
vendérsela a los concesionarios y talleres. Gano un porcentaje
pequeño, pero si se vende todo nos da suficiente para terminar de
pagar la carrera, es segurísimo pero no se, tengo mis dudas.
Era viernes y Pablo tenía una reunión con los socios del
negocio para ultimar detalles y recibir todas las instrucciones. Roberto,
su primo, era el contacto en Miami, y lo esperaría el sábado
al medio día.
- Madre, yo regreso un poquito tarde así que no te preocupes.
- Como no voy a preocuparme si no has dormido nada en 2 días, no
comes y te la pasas nervioso. – contestó ya convencida de que Pablo
tenía algo. Tal vez estaba enfermo, pero él nunca se quejaba
de nada físico.
- Te prometo que cuando regrese todo va a estar bien. Por ahora solo reza
para que no haya ningún contratiempo.
- ¡Pablo me estás asustando! Tu nunca me has pedido que rece
por ti ni por nada de lo que has hecho desde que naciste.
- Es que no está demás pedirle al de arriba que nos de una
manito. Tranquila solo reza y verás que todo sale bien.
Pablo salió de la casa rumbo al sur de la ciudad. Mientras
conducía por toda la Autopista pensaba en lo que se estaba metiendo.
Años atrás un amigo del colegio le propuso hacer un torcido.
No era con drogas sino con seguros de vehículos. Ya había
cruzado el límite de la legalidad.
Nunca se hubiera imaginado que unos años después
estaría a punto de viajar a Miami con veinte bolsitas de
heroína en su estómago. Es que no solo arriesgaba su
libertad, también arriesgaba su vida. ¿Valía la pena
arriesgar tanto?
Pero no tenía alternativa era eso o renunciar a muchos de sus
sueños, era la única opción para poder llevarse a
Carolina lejos, a otro país.
¿En qué momento su vida había dado semejante giro?
¿En que momento tiró a la basura su moral, su ética y
su integridad?
Estuvo a punto de dar media vuelta y regresar a la calidez de su hogar,
pero dar marcha atrás a esa altura implicaba un peligro mucho mayor.
Estaba sin salida y lo peor de todo era que él mismo se había
encerrado en ese laberinto.
Se bajó del carro con las manos sudorosas. Dos hombres lo esperaban
en el estacionamiento de visitantes de un lujoso edificio en la parte
trasera del Club Campestre. Subieron 11 pisos en el ascensor que se
hacían eternos. La noche era bastante fría sin embargo Pablo
sudaba como condenado a las calderas del infierno.
Entraron al apartamento de niveles y sobre una mesa estaba la
mercancía empacada y lista para cargarla. Pablo miraba a todas
partes buscando una excusa para dar marcha atrás, buscando signos de
poca asepsia que le permitiera postergar el momento.
Los dos hombres que lo escoltaban, muy amablemente le ofrecieron asiento
en la mesa y llamaron a un tercero.
Salió de un pasillo oscuro con una sonrisa tranquilizadora en el
rostro.
- ¡Primo! ¡Te estabas demorando! – Su marcado acento
costeño era bastante fastidioso, pero su actitud daba espacio para
la confianza.
- Tuve que deshacerme de mi mujer – contestó Pablo pensando
que un comentario machista rompería el hielo.
- Primo, en este negocio, las mujeres son parte indispensable, pero
también son las culpables de la caída de los más
expertos, de los duros, de los patrones. ¿Hablastes con
Roberto?
“Hablastes”... para Pablo era esta la mayor muestra de ordinariez de su
interlocutor. Pudo pasar por alto las gruesas cadenas de oro y plata en su
cuello, la pulsera de oro macizo con pepitas plásticas color verde y
amarillo incrustadas entre el metal, incluso pudo no detenerse en su
sonrisa cortada por la presencia de un mondadientes que colgaba con gran
habilidad de la comisura de su labio inferior. Pero ese “hablastes” que con
tanta naturalidad emitió el sujeto fue como una chispa que
desató su locura:
- Oigan, yo agradezco la oportunidad que Roberto me está dando y
la confianza que ustedes están depositando en mi, pero creo que no
soy la persona indicada para hacerlo.
La sonrisa amable del costeño se fue convirtiendo lentamente en una
mueca de desprecio y poco a poco fue acercando su rostro a Pablo. Cuando
pudo sentir el aliento a pollo escuchó muy quedo:
- ¿La nenita se nos está cagando del susto? ¿O es
que se cree de mejor familia? – y tomando una de las pequeñas
bolsas empacadas de cocaína en su mano grande y gruesa
continuó: - Esta mierda te la tragas y te subes al puto
avión mañana sin tomar ni agua porque mañana mismo, al
medio día, te cagas pero en Miami. Y cuando hayas terminado de
cagarlas todas, con tu manito blanquita y delicadita revuelcas tu mierda
hasta que encuentres las veinte así tenga que meterte un supositorio
por cada una. ¿Me lo entendiste?
Pablo tomó la primera y la tragó mientras una lágrima
le rodaba por la mejilla. Era cierto. Ya no era tiempo de arrepentirse.
Una a una se las fue tragando sintiendo como bajaban por su
esófago. Su corazón latía con fuerza tratando de
detener las arcadas que le producían. Una cada 20 minutos y
así pasaron 7 horas.
Cuando conducía de regreso a su casa para recoger su equipaje y
salir para el aeropuerto pensaba en la excusa que tendría que
inventarle a su madre. Sentía que se iba a desmayar. Estaba muy
débil por los días que llevaba sin comer, por la
tensión de las últimas horas y toda la adrenalina que
había descargado del terror que le producía pensar en la
posibilidad de que lo cogieran en alguno de los dos aeropuertos.
- ¿Pablo que te pasó? – le preguntaba doña
Mariana mientras él cerraba la puerta. - Me ofrecieron unos tragos y me quedé dormido por lo que no he
comido muy bien estos días. Me cayeron mal y me duele el
estómago pero a penas tenemos tiempo de llegar al aeropuerto
así que apúrate!
- ¿Eso es todo? Tienes unas ojeras horribles y no hueles a trago,
tu tienes algo más. ¿Qué sientes?
- ¡No más mamá! Me tengo que ir ya o vienes o me pides
un taxi.
Pablo nunca la había gritado. Pero ella era orgullosa así
que tomó las llaves del carro y salieron. Durante el trayecto no
cruzaron palabra. Se despidieron con frialdad y cuando Pablo hacía
fila para pasar a la Aduana la miró y se devolvió. La
abrazó fuerte y le pidió de nuevo que rezara por él.
Tenía encharcados los ojos y una expresión de vergüenza
que su madre nunca olvidaría.
Por el vidrio su madre vio cómo dos agentes lo detuvieron. De
pronto se dobló sobre si y comenzó a vomitar.
Doña Mariana comenzó a golpear el vidrio y se fue acercando
a la entrada.
- ¿Qué le pasa a mi hijo? ¿Para dónde se lo
llevan?.
- Tranquilícese señorita. El no se encuentra bien, ya lo
bajaron en una camilla al centro de Urgencias del Aéreo Puerto.
Sígame para que pueda verlo pero le repito, está bastante
mal.
Siguió al hombre en silencio. Cuando entraron estaba sobre una
camilla llamando a Carolina. Su madre se acercó y él solo
pudo pedirle que lo perdonara antes de perder el conocimiento.
Se lo llevaron en ambulancia hasta una clínica y entró a
cirugía de inmediato. Nadie le daba información, las
enfermeras y los médicos entraban y salían pero el mutismo
era aterrador.
Unos minutos después comenzaron a llegar agentes de la
policía pero ni doña Mariana ni sus otros hijos que ya
habían llegado pensaron que tenían algo que ver con Pablo.
Un par de horas después pasaron a Pablo a recuperación.
Afortunadamente encontraron la totalidad de las bolsas y ninguna se
había reventado. El dolor lo ocasionó la gastritis de la
preparación a la toma y por el estrés y la angustia que le
produjo todo ese episodio.
Lo pasaron a una habitación custodiada por 2 agentes y a partir de
ese momento nadie podía ingresar sin la supervisión del DAS.
Estuvo un par de días recuperándose del lavado y las
endoscopias que tuvieron que practicarle para sacar las bolsas y durante
este tiempo su madre intentaba no pensar en la mentira y la traición
que significaba el que Pablo hubiera querido traficar con drogas. En ese
momento pesaba más su preocupación por la salud, en que a
pesar de lo sucedido no podía dejar de pensar que Pablo era su
hijo, y el único que aún vivía con ella.
Ahora todo estaba destruido. La tarde que lo trasladaron a la
cárcel fue uno de los peores momentos de su vida, mientras lo
subían a la camioneta, ella le prometía que no iba a dejarlo
solo, que todos los días de visita le llevaría su comida
preferida o libros o cualquier cosa que necesitara.
***********
Carolina tenía que verlo, tenía que ir para cerciorarse de
que todo lo que Carlos le había dicho era verdad.
Era domingo y había una fila interminable. Mientras se acercaba a
preguntar qué tenía que hacer, al menos 15 mujeres se les
acercaron a ofrecerles su puesto a cambio de $5.000, parecían
tramitadoras de la oficina de tránsito. Un abogado amigo de su
familia le había dicho a Carolina que a esas visitas las mujeres
debían ir vestidas con falda, y ella pensó que una falda
tobillera sería lo más adecuado. Una mujer en la fila la
miraba con algo de compasión, era evidente que por primera vez
viviría esa experiencia. La llamó con un gesto y Carolina,
temerosa se acercó.
- Linda, mejor ve allá al frente porque con esa falda no te dejan
entrar, ves ese letrero amarillo de letras verdes, allí alquilan
faldas para la visita.
- Pero ¿que tiene de malo mi ropa?
- Linda, es que acá no permiten pantalones ni faldas largas por la
seguridad, tienes que usar minifalda.
Carolina fue lentamente hacia el garaje donde anunciaban “se alquilan
faldas domingueras”
Era un cuchitril sucio y maloliente, un hombre mayor estaba encargado y al
verla le dijo:
- ¿Primera visita?
- Si.
- A ver, no me quedan muchas hoy se vendió harto.
- ¿Son nuevas?
- No hijita – rió el hombre mostrando los últimos tres
dientes que conservaba en sus encías – cuando digo que se
vendió harto es que se alquilaron bastantes, a usted le debe quedar
la talla 8 porque está bien desnutridita.
- ¿Está lavada? – Preguntó Carolina viendo la prenda
que no medía más de 20 cm de largo
- ¿Usted ve algún letrero donde diga “lavandería”?
- Qué pena, ¿dónde me la puedo probar?
- Ahí mismo, y si quiere se pasa toda la tarde midiéndose la
que mejor le quede o la que le parezca menos usada, es su problema, pero yo
de usted me iba con lo primero que me tocara y así alcanza a darle
su cosita a su maridito.
Carolina no contestó, se puso la falda por debajo de la que llevaba
y hábilmente se quitó la suya por encima de la cabeza,
dejando al dueño del cuchitril con las ganas de ver algo más.
Pagó, dobló su falda y se fue de nuevo a hacer la fila.
- Oiga! muñequita… aquí le guardé su puesto.
- Gracias, muy amable.
- Es que estas viejas son más avionas, a penas uno se descuida un
poquito le bajan el sitio. Me llamo Candy Yolima ¿y usted?
- Carolina. Mucho gusto.
- ¿Padre, hermano ó marido? Porque está muy sardina
para venir a pillarse con el hijo.
- No, solo un amigo, nada más.
- ¡Uy! Hermana, pero tiene que ser un amigazo, porque esta mierda no
se la aguanta uno por cualquiera.
- Si, está como larga la fila.
- ¡La fila es la de menos, lo que falta! No es por asustarla, pero
allá le toca a uno abrirse de patas y todo. Pero fresca, sardina,
usted pasa rapidito porque tiene la carita fina y elegante, se nota que hay
billete y eso es lo que le importa a esta gente.
Carolina estaba a punto de dar vuelta y regresarse por donde había
llegado cuando un guarda le hizo señas.
- Usted, monita, venga por acá.
Se acercó después de regalarle una sonrisa a Candy Yolima,
finalmente había sido muy amable con ella sin esperar nada a cambio
y ella valoraba eso en las personas.
- Monita, no tiene que hacer esa fila, venga por aquí y pasa
derecho sin la requisa para que no la demoren. Y nos deja una propinita…
- ¿Propina? No entiendo – contestó aunque entendía
perfectamente de qué se trataba.
- Vea monita es que acá esto puede ser muy demorado, pero si yo le
digo al guarda interno que usted viene recomendada pues la dejan pasar
derecho, porque me cayó bien, pero si usted prefiere haga la fila, a
veces no alcanzan a entrar todas y es una lástima que usted no pueda
entrar a la visita.
- ¿Y como de cuánto puede ser esa propina?
- Pues ahí como para que usted se sienta cómoda y para ser
la primera vez, que sean unos $50 mil pesitos, y así cuando vuelva
usted me los pasa por delante y entra sin problema por esta otra fila.
No había ninguna otra fila y el guarda le guiñó el
ojo para que entendiera.
- No tengo todo eso, no sabía que había que pagar la
entrada.
- ¿Cuánto tiene?
- Tengo $30 mil
- Bueno, me cogió de buen genio, hoy desayuné calentao y eso
me pone de buenas. Entre y me los pasa cuando cierre la puerta.
Carolina entró, le pasaron el detector de metales y requisaron solo
su cartera. Sacó un billete de veinte y uno de diez y cuando se los
fue a entregar al guarda el se hizo el desentendido.
- No señorita, acá usted no tiene que pagar nada.
- Pero afuera…
- Se nota que es su primera vez, tranquila, pase a esa ventanilla entrega
su cédula y deja su cartera allí, yo la espero y la
acompaño porque después se pierde. Para que vea que
acá le damos un buen servicio a la gente.
- Gracias. – Dijo algo desconcertada.
Le hicieron firmar una planilla y se fue con el guarda por un corredor
maloliente. El guarda miró hacia atrás que nadie viniera.
- Siempre es que estas ricachoncitas son muy estúpidas.
¿Cómo se le ocurre sacar el billete delante de esa gente?
- Usted me dijo que al cerrar la puerta le pagara.
- Sí pero si estamos solos. ¿Qué hizo la plata?
- Aquí la tengo en mi mano.
- Preste a ver… Y agradezca que estoy de buenas porque otro la hubiera
mandado pa’ la mierda delante de esa gente, por sapa.
El guarda cogió el dinero y le dijo que siguiera hasta el patio que
allí buscara a la persona que había ido a visitar, que si no
lo encontraba esperara unos minutos a ver si se lo llevaban.
Carolina salió y no veía a Pablo por ninguna parte. Se
acercó a un guarda y le preguntó:
- ¿Sabe donde puedo encontrar a Pablo Dussan? Me dijeron que lo
encontraba aquí en este patio.
- ¿Es nuevo o lleva tiempito?
- Nuevo, creo, lleva como 15 días.
- No, entonces la mandaron para donde no es, tiene que pasar al otro
patio, váyase por el corredor por el que entró y más o
menos en la mitad hay una reja con un guarda de nosotros. Le muestra la
boleta y le da el nombre del preso nuevo. El le indica por donde tiene que
seguir.
Carolina siguió las indicaciones y efectivamente desde el corredor
alcanzó a ver a Pablo parado sobre en una banca de cemento mirando
para todas partes.
Ella estaba muy asustada, había cantidades de presos
paseándose por todas partes, las mujeres entraban dando brincos y
gritos de emoción. Ella iba caminando lento, observando todo. Cuando
Pablo la vio saltó de la banca y se fue casi corriendo hacia ella.
La tomó del brazo y la llevó hacia un rincón menos
concurrido.
- ¿Qué estás haciendo aquí?
- Vine a verte.
- ¿Para qué? ¿Para restregármelo?
- No, para decirte que siento mucho esto.
- Eso no me sirve de nada. ¿Quién te dijo que estaba
aquí?
- No importa, supe y quise venir a ver si estás bien.
- ¡Maldita sea! ¿Cómo creés que estoy?
Aquí nadie puede estar bien. Esto es una mierda. Y no quiero que
volvás nunca. ¿Me entendiste? No quiero tu lástima.
- Si, fue muy tonto de mi parte venir. No tengo por qué aguantarte
más cosas de las que ya te aguanté.
Dio la vuelta para salir por donde había entrado cuando Pablo la
agarró por la cintura y la abrazó. Se puso a llorar como un
bebé. Después de unos minutos sin soltarla comenzó a
calmarse, se separó de ella y le dijo:
- Gracias por venir, pero en serio que mejor no vuelvas. No se
cuánto tiempo vaya a estar aquí, pero sé que va a ser
mucho rato. Esto es muy feo, hay gente muy fea y no te merecés esto.
Cuando salga de aquí ya voy a ser un cucho amargado. No hay nada
que hacer, por más abogados que le meta a esto, estoy hasta el
cuello y no quiero que mi mamá ni vos tengan que verme así y
aquí. Andate fresca que si es pa’ uno es pa’ uno.
- Pablo, date aquí la oportunidad de resolver tu vida. Habrá
gente esperándote cuando salgas de esto.
- No, la gente olvida, la gente sigue su vida y a uno acá adentro
se le para el reloj y uno se queda atrás.
- Me voy para Bogotá dentro de unos días. Si puedo te
escribo para que alguno de tus hermanos te lo entregue.
- Gracias, pero sé que me escribes la primera y hasta luego. Mejor
despedite ahora y si alguna vez nos encontramos es porque así
tenía que ser.
- Cuídate mucho. No hagas nada que pueda dañarte.
Ajústate a las reglas de acá adentro. Verás que el
tiempo te va a ayudar mucho.
- Si, si… Ahora esas frases no me dicen nada… Vete, ¿bueno?
- Bueno.
Carolina comenzó a caminar atravesando el patio sin mirar hacia
atrás. Caminó por el corredor sin ese deseo de salir
corriendo a abrazarlo. Sentía tristeza, nunca deseó nada malo
para Pablo, pero una parte de ella se estaba liberando.
luccas,08.09.2006
Me he atrasado con estos capìtulos...
pereme tantito...
tengo el tiempo reducido mi Carmen,
pero sigo leyendo usted sabe.
Muertelenta,08.09.2006
Igual yo... Vengo a ponerme al corriente.
Saludos, Luquitas.
Moneda_al_aire,08.09.2006
No se preocupen niñas, mi jefa les manda a agradecer la constancia y
el cariño.
Por cierto, luccas, qué significado tiene, en estricto, la
expresión "órale"? o es "órales"?
Muertelenta,08.09.2006
Yo de metiche le respondo:
Órale! es una interjección coloquial de México
que originalmente era una expresión para invitar, exhortar. Ahora se
usa también en el sentido de asombro, sorpresa, de un "no
sabía" o "no lo esperaba".
Más o menos, muertelentita, más o menos.
Algo así como "Dale !" ??? y/o "Chispas!"?
Muertelenta,08.09.2006
"Ansina mesmo"
Lucccas_,09.09.2006
Carmen:
Cuando la gente se quiere
asì como la perra a sus cachorros
se acepta, con todos sus errores
sus altibajos, sus sin sabores.
se apoya, aun en necedades
en sin razones, vanalidades
se espera, como espera una madre
que el hijo aprenda, que sea mas grande.
No se abandona a la gente que se ama
se le corrige! se le reclama!
pero no se abandona...
si està tatuada a tu alma.
Con razòn o sin ella...
Sigo leyendo...
RHCastro.
susurros,09.09.2006
me lo leeré de cabo a rabo... esto no lo conocia yo Carajooo
niña Carmen, vales lo mismo para un roto que para un descosido,
ajaja... un susurro matinero... (volveré
Carmen_Posada,09.09.2006
Snif...
Por ustedes... he vuelto a mi esencia.
Gracias, por siempre.
Carmen_Posada,09.09.2006
TRECE
Hierba Mala (Capitulo 17)
- Señores pasajeros, abróchense el cinturón de
seguridad que el avión está próximo a aterrizar en el
Aéreo Puerto Alfonso Bonilla Aragón de la ciudad de Cali.
Esperamos que hayan tenido un vuelo placentero y gracias por viajar con
nosotros.
Carolina miraba por la ventanilla como la tierra se acercaba cada vez
más. Sentía el vacío del descenso en el
estómago mezclado con la ansiedad de regresar después de
cinco años.
Fue bajando por el túnel de salida de pasajeros hasta el primer
piso donde debía buscar su equipaje. Observaba a través del
vidrio a sus padres que la esperaban. Habían envejecido mucho.
- ¿Que tal tu vuelo?
- Muy bien, llevo mas de cinco horas montada en aviones, estoy agotada. Si
quiera me hicieron aduana en Bogotá porque acá es un
despelote.
- Pequeña, me hiciste mucha falta...
- Mamita… También los extrañé muchísimo.
- Voy a traer el carro.
- Carolina sentía tanta emoción de poder tocarlos.
Había extrañado más que nada el poder tocarlos,
contacto piel con piel. Hablaba con ellos al menos una vez por semana, pero
nada podía reemplazar ese contacto visual y físico, el
contacto de la piel en los abrazos y los apretones de manos. Esos cinco
años le habían servido para aprender a valorar las
expresiones de cariño.
- Espera mamita, voy a recibir a Tomás que tuvieron que doparlo
desde Buenos Aires y debe haber vomitado dentro de la jaula.
- Bueno, estamos en el carro.
Carolina fue hasta la banda del equipaje pero no salía la jaula de
Tomás. Se acercó a un ayudante y le preguntó.
- ¿Donde puedo averiguar por mi gato? Venía dormido en una
jaula blanca.
- Si, la jaula salió por la banda y un compañero lo
quitó al ver que nadie lo reclamaba. El pobre animalito está
todo enfermito. Pusimos la jaula al otro lado para que no lo tropezaran con
las maletas y esas cosas.
El ayudante se pasó por encima de la banda y trajo a Tomás
que efectivamente había vomitado y estaba dormido todavía.
Trató de abrir los ojos pero no pudo.
- Muchas gracias… ¡Pobre! Siempre le caen mal los vuelos, toca
dormirlo para que esté tranquilo. Tomás, voy a tener que
bañarte, mira como te volviste. Lo siento, esta vez fue la
última, te lo prometo, ya estamos en casa.
Mientras lo sacaba de su caja y lo envolvía en una toalla, don
Felipe acercaba el carro para subir las maletas.
- ¿Y Felipe? No venía con ustedes.
- Tu hermano anda ocupadísimo con el nuevo cargo. Ahora es el jefe
de redacción y no te imaginas cómo se mantiene de trabajo. –
Contestó su madre tratando de disculparlo, aunque sabía que
la verdadera razón era que Felipe prefería evitar esos
encuentros emotivos.
Durante el camino les contó sobre Argentina, sobre su trabajo con
la Agencia Latinoamericana de Prensa, la alegría que sintió
cuando le anunciaron la apertura de sede en Colombia y a ella le aprobaron
gerenciar regional sur occidente desde Cali. Cosas que ya les había
contado por teléfono pero que hacerlo de nuevo observando sus
reacciones era otra cosa. Su madre no dejaba de mirarla. Don Felipe
chequeaba por el retrovisor cada tanto como cerciorándose de que
efectivamente su hija iba en el asiento trasero. Habían sido 5
años de distancia que, paradójicamente, los había
acercado mucho más.
Habían reformado la casa, la fachada había sido pintada y
restaurada, los pisos eran nuevos, los baños y la segunda planta
estaba casi irreconocible. Su antigua habitación era ahora la
oficina de su hermano Felipe, ya ella no tenía un cuarto al cual
llegar en la casa de sus padres, sin embargo habían acondicionado el
estudio de la primera planta con un sofá cama para su
estadía. Sería algo temporal ya que desde Buenos Aires
había anunciado que quería comprar una casa en las afueras de
la ciudad, algo no muy alejado pero lo suficiente para no sentir el acoso
del ruido y el tráfico de la ciudad. Algo más como un lugar
donde retirarse a un merecido descanso y comenzar a trabajar con otras
rutinas de vida.
Durante esos cinco años, Carolina había estado viviendo en 6
capitales diferentes. Había estado en Bogotá el primer
año cuando le anunciaron su traslado a Ciudad de México.
Allí estuvo por espacio de 7 meses, luego se fue para Quito durante
10 meses. De Quito pasó a Caracas durante un año completo.
Luego Lima por 8 meses y por último Buenos Aires por casi un
año. No había tenido tiempo de echar raíces y en el
fondo existía una sola razón: sus raíces estaban en
Colombia, en Cali, junto a su familia.
Tomás poco a poco había empezado a espabilarse. Tenía
casi 13 años y ya estaba muy viejo. No tenía la misma
agilidad de antes y había perdido un poco sus sentidos. Cuando
estuvo totalmente despierto comenzó a recorrer la casa como si
estuviera reconociéndola. Subió por la escalera a buscar la
habitación que antes fuera de Carolina y al encontrarse con el
computador, la biblioteca trató de subirse a la ventana que
había sido sellada después de un intento de robo que
tuvieron.
Comenzó a maullar con fuerza y Carolina subió para ver
qué era lo que le pasaba. Lo encontró maullando desesperado
mirando por el cristal de la ventana. Había luna llena y Carolina
recordó la primera noche que Tomás había pasado en esa
casa. Lo cargó para llevarlo a la cocina a ver si tomaba un poco de
leche tibia, pero la olfateó y de inmediato se salió al patio
trasero a maullarle a la luna.
- Está desorientado. El pobre ha perdido mucho de sus facultades.
En años humanos tiene como 90 antes es mucho cuento que no se haya
muerto ya.
- Hierba mala nunca muere... – Contestó su madre a quien
Tomás nunca le había gustado.
- Pobre, parece que la única que lo ha querido soy yo, de resto a
todo el mundo le cae como una patada.
- Es que ese gato nunca se hizo querer, es como si dependiera
únicamente de ti, los demás somos un estorbo para él.
- No me hagas reír, mamita, yo he oído mucho sobre los celos
de las mascotas, pero no creo que Tomás sea tan posesivo. Solo que
yo soy quien lo alimenta, soy su fuente de vida.
- ¿No has pensado en sacrificarlo? Si está tan viejo y ya no
puede valerse.
- Madre, ¿te gustaría que yo te sacrificara cuando
estés viejita solo porque no puedes valerte por ti misma?
- Me enfurece que me compares con un gato...
- Mamita no te comparo, solo que cada cosa a su debido tiempo, si
Tomás no se ha muerto es porque seguramente le hace falta algo por
vivir.
- ¿De donde sacas esas ideas?
- No se, pero yo pienso que cada quien tiene una misión en este
planeta, y las personas que mueren antes de cumplirla son las que regresan
para hacer que otros concluyan su misión.
- Eso es por estar viendo tantas películas. Los muertos, muertos
están y los vivos tenemos que vivir mientras podamos y lo mejor que
podamos. ¿Se justifica una esclavitud a un animal que bien
podía servir de abono para las matas? ¿Cuánto te ha
costado pagar el embalaje y transporte de ese animal con toda tu
viajadera?
- Bueno, si me ha costado pero lo vale, es mi única
compañía. Gracias a él no estoy en un manicomio –
contestó Carolina y le hizo un guiño a su madre como
insinuando que ya era momento de cambiar el tema.
Conversaron durante un par de horas más hasta que el sueño
las venció, su padre las escuchaba sentado al computador fingiendo
no estar interesado, pero había puesto especial cuidado a los
relatos de su hija. Todos alrededor de su trabajo pero de su vida personal
ni una palabra. Nada de fiestas, nada de amigos, nada de nada.
Ese mes Carolina cumpliría 33 años, pero físicamente
no reflejaba tener más de 25. Su comportamiento también era
algo infantil. Se había vuelto un poco consentida y mimada. “Tal vez
por aquella distancia, - pensaba su madre mientras acomodaban el
sofá cama, - tal vez estos años fuera de casa la han hecho
querernos un poco más”.
La noche estaba calurosa y a pesar del cansancio, Carolina no podía
conciliar el sueño. En todo el tiempo que había vivido sola,
fuera de su casa no se sintió insegura ni temerosa, esa noche en
cambio estaba nerviosa, veía sombras y escuchaba ruidos. El segundo
piso de la casa era de madera y siempre había escuchado esos ruidos
típicos de las casas antiguas, cuando la madera se contrae durante
la noche, pero tal vez había perdido la costumbre. De todas formas
su inquietud no estaba relacionada con los ruidos, era mas bien una
sensación como si alguien la estuviera observando. Se levantó
a la madrugada por un vaso con agua y desde la ventana de la cocina vio a
Tomás en el patio en actitud de defensa.
- Tomás, ven toma tu leche – lo llamó pero el gato ni
siquiera la miró.
Bebió el agua helada y se fue a recostar cuando sintió un
aroma dulzón en el ambiente, como a perfume de canabis. Hacía
años que no sentía ese aroma. Estuvo muy de moda cuando lo
vendían los hippies de la Av. Sexta durante finales de los 80’s pero
luego cuando los reubicaron en el Paseo Bolívar ya nadie
siguió comprando. Fueron desapareciendo los hippies y sus espacios
reemplazados por tendidos de artesanos indígenas, en su
mayoría desplazados del campo a la ciudad por la violencia de los
años 90’s. El extracto de canabis desapareció del comercio
entonces.
El aroma se hizo más penetrante y Carolina comenzó a buscar
la fuente, pero no encontró nada que lo estuviera generando. Se
acostó de nuevo, el cielo comenzaba a aclarar y ella no había
dormido en toda la noche. El sueño ya la estaba venciendo cuando
escuchó el repartidor del periódico y renunció ya a
dormirse. Ya tendría tiempo de recuperar el sueño perdido.
- Buenos días! – Saludó a su padre que venía a
recoger el diario. Don Felipe dio un brinco.
- Me asustaste! – Contestó tocándose el pecho con la mano
derecha. – ¿Por qué estás levantada a esta hora?
- Fui por agua, y en eso trajeron el periódico así que
pensé en leerlo mientras ustedes se levantaban.
- ¿Será que tienes el horario alterado?
- No papá, solo hay dos horas de diferencia con Buenos Aires, no es
suficiente para alterar nada, yo siempre me levanto temprano.
- ¿Quieres desayunar conmigo?
- ¡Buena idea! ¿y mi mamá?
- Ella se levanta como a las siete.
Desayunaron juntos pero cada cual leyendo una sección del
periódico. Carolina tomó los clasificados para empezar a
buscar una casa en las afueras. No quería perder tiempo ni
acostumbrarse a la casa de sus padres.
Su corazón dio un brinco cuando leyó:
“FELIDIA a 25 minutos de Cali, vendo cabaña dos plantas. 180 Mts
construidos, totalmente amoblada. Área de lote 10.000 mts. Precio
base $70 millones Negociables. Agua, Luz, teléfono satelital.”
El teléfono para información era el número de
doña Mariana de Londoño. Su curiosidad era casi morbosa. Pero
no tendría sentido comprar la cabaña de los Londoño si
precisamente la razón más poderosa para haberse ido de la
ciudad era alejarse definitivamente de ellos.
Cerró de golpe la página y decidió salir a caminar un
poco por la ciudad. En cinco años Cali había crecido
muchísimo, a pesar de la crisis de la que a penas comenzaba a
desahogarse. El comercio en especial estaba invadiendo los barrios
residenciales tradicionales. En su misma calle ya solo quedaban la casa de
sus padres y la de junto como viviendas, todo lo demás era
comercial, 3 restaurantes, un gimnasio, un almacén de ropa de la
diseñadora Lina Cantillo, una galería y un almacén de
muebles. A lado y lado de su calle había carros parqueados desde muy
temprano en la mañana.
Al final de la tarde recorrió la avenida sexta y con tristeza
descubrió que se entre las calles 26 y 30 había convertido en
el centro de operaciones de un proxeneta que administraba un grupo grande
de prostitutas, al menos 3 mujeres midiendo calles cada dos o tres locales,
alcanzó a contar unas veinticinco en su recorrido.
En el estanco de Doris ya no había más que caras
desconocidas y habían abierto un par de locales gigantes a lado y
lado que impedían la visibilidad del lugar. Realmente daba tristeza
ver el cuadro. Todo lo que en alguna época había sido motivo
de orgullo para los caleños, hoy era un sector que engrosaba las
estadísticas judiciales. Prostitución, drogas y delincuencia
eran ya lo único que esas calles podían ofrecerle a sus
transeúntes.
Caminaba lentamente en dirección de la casa de sus padres cuando
alguien la llamó por su nombre desde la barra de uno de los nuevos
bares sobre la Av. Sexta con calle 26.
- Carolina, acá! – Le gritaba una mujer pero la algarabía de
los locales y las luces le impedían reconocer la voz o la imagen.
Se detuvo al ver una figura que se le acercaba, solo hasta que estuvo a
unos pocos metros se dio cuenta de que era Jimena Montes.
- No me lo vas a creer, pero te he tenido entre ceja y ceja desde hace
días. ¿Cómo estás? – le dio un fuerte abrazo al
que Carolina no respondió. – Uy! Que falta de efusividad. ¿Es
que no te alegra verme?
- Si claro! ¿Qué estás haciendo en Cali?
- Acabo de llegar, hace como 2 días, te llamé a tu casa pero
tus padres no me quieren ni un poquito, te negaron, dijeron que estabas
fuera del país.
- Es verdad, llegué anoche.
- Ah! Yo pensé que había sido por negarte no más.
Vení tomate un trago con nosotros.
- ¿Con quién estás?
- Con Juan Antonio.
- Yo paso, voy para mi casa, luego hablamos.
Carolina se fue sin darle oportunidad de que le insistiera. Había
sentido una punzada en el estómago y no sabía por qué
tenía tanta rabia después de ese encuentro.
Jimena Montes tenía dos capacidades increíblemente
desarrolladas: la de manipulación y la de utilitarismo. Era capaz de
cualquier argucia para conseguir lo que se proponía sin importar por
encima de quien tuviera que pasar. Era dura, de carácter fuerte y
también impulsiva, combinación peligrosa para enfrentarse.
Carolina no atinaba a recordar por qué estaba tan enojada con
Jimena, la había querido mucho y no se dio cuenta en qué
momento comenzó a sentir esa profunda rabia, esa desconfianza y ese
rencor. Solo sabía que la vida se la estaba trayendo de vuelta a su
camino y ahora era el momento de hacerla pagar.
Esa noche se quedó dormida en cuanto puso su cabeza en la almohada.
Soñó con la ventana de su antigua habitación ahora
sellada y al correr la cortina tras el cristal pudo ver el rostro de Floro
Montaño. Después de 5 años algo había
traído esa imagen a su subconsciente.
- Te levantaste temprano hoy – saludó su madre a la mañana
siguiente – vas a desayunar?
- No madre, voy a buscar casa. Pasaré por un par de inmobiliarias y
luego quiero mirar carros usados, no tengo presupuesto para uno nuevo
ahora. No pude vender a buen precio el que tenía en Buenos Aires y
con tanto tiempo por fuera del país no creo que me den
crédito con facilidad. Además no me gusta deber dinero mucho
menos a los bancos. ¿Me acompañas?
Era la primera vez que su hija le pedía que la acompañara a
sus cosas. Ni siquiera al médico le pedía que la
acompañara. Su madre se emocionó y don Felipe en gesto de
agradecimiento le dijo:
- Llévate mi carro que yo no pienso salir hoy.
- Perfecto, podemos recogerte y los invito a almorzar por fuera. Felipe no
vino anoche y seguro que hasta mañana no regresa. Dijo que iba a
pasar un par de días donde Mónica. ¿Qué tal es?
Tengo curiosidad de conocerla.
- Es una mujer bastante absorbente, como le gustan a él. Vamos a
ver si de esta no se cansa tan rápido.
- Me dijo que el fin de semana la traía para que nos
conociéramos. Ya veremos qué impresión deja, igual, si
no me agrada a Felipe le importa un chorizo lo que yo piense.
- Eso no es así, a él le importa mucho tu opinión
solo que nunca lo dice.
- Como sea, ojalá Mónica sea agradable.
Carolina y su madre fueron a lo del carro primero y luego a las
inmobiliarias. Fueron a ver un par de casas campestres en Colinas de
Arroyohondo, pero Carolina no era partidaria de comprar en condominio
cerrado. Eso pondría en riesgo su privacidad. En su cabeza
aún rondaba la idea de ver la cabaña de los Londoño.
Esa era la que se ajustaba exactamente a su presupuesto y a su gusto.
Se les fue toda la mañana en eso y almorzaron con su padre en un
restaurante nuevo del sector de Granada. Ya estaban por salir cuando
sintió un leve mareo. Y de pronto todo se puso oscuro. Era como una
baja de presión.
En la mesa contigua había dos hombres sentados, uno de ellos se
levantó cuando don Felipe le hacía señas al mesero
para pedir ayuda.
- Permítame, yo soy médico. ¿Qué le sucede?
- Está muy pálida y parece como si se estuviera desmayando –
contestó don Felipe tratando de mantener la calma.
- ¿Me escucha? – Preguntó y Carolina asintió –
¿Está mareada? ¿Puede ver cuantos dedos tengo en mi
mano?
Se estaba comenzando a recuperar y sonrió.
- Cinco, dos abiertos y tres cerrados.
- Buen chiste. ¿Qué siente?
- Sentí que me faltó el aire, un poco de mareo y todo se fue
oscureciendo.
- ¿Ya le había pasado? Tome un poco de agua, puede ser solo
una baja de azúcar o de presión. Es mejor que le hagan un
chequeo ahora mismo. No lo deje pasar aunque se sienta mejor.
- Gracias.
- Si quiere mi consultorio está cerca, en la Clínica de
Occidente, puedo atenderla ya si tiene médico de cabecera,
sería bueno que lo fuera a ver ahora mismo.
- No se moleste, debe ser una bobada. No es la primera vez que me pasa.
- Con mayor razón. No lo deje pasar, puede ser una tontería
como usted dice pero es mejor no jugar con la salud.
- Está bien, no tengo medico porque acabo de regresar al
país así que puedo aceptarle su ofrecimiento.
Su papá la ayudó a pararse y su madre caminó a su
lado por si le repetía. Fueron hasta el consultorio. El doctor se
puso una bata y le tomó la presión, revisó sus
reflejos sus signos todo parecía estar en orden.
- ¿Le sucede muy seguido?
- Ya no, desde que me fui hace 5 años no me pasaba, antes
sí. Trabajaba de día y estudiaba de noche, siempre se lo
adjudiqué al cansancio físico, pero parece que es otra cosa.
- ¿Hace cuanto regresó?
- Un par de días.
- ¿Estuvo en zona tropical?
- No, estaba en Buenos Aires.
- Ya. ¿Planifica?
- ¿Cómo dice?
- Hay que descartar posible embarazo.
- No se preocupe solo si el espíritu santo ha hecho la gracia, no
existe ni la más remota posibilidad de un embarazo.
- No es activa entonces. Ni toma pastillas anticonceptivas.
- Nada de eso. No le agrego ningún químico al cuerpo. Ya ni
siquiera bebo y fumo lo necesario.
- Debería dejarlo también, tiene una piel muy buena y el
cigarrillo, a parte de lo que todos conocemos, también daña
mucho la piel. ¿Qué edad tiene usted?
- Cumplo 33 el mes entrante.
- Primera vez que me despistan tanto, no pensé que tuviera
más de 25. La felicito. No solo se ve muy saludable sino muy joven.
- Entonces doctor...
- Bernardo Pineda, pero le regalo el doctor.
- Bernardo, entonces ¿Qué piensa? ¿Muero o no muero?
- Debe ser lo que dijo, cansancio o alguna baja de elementos.
Hágase un examen de Glucosa, curva de glicemia y como por no dejar
perfil lipídico, es bueno chequearlo después de los 30.
Cuando tenga los resultados regresa y de acuerdo a eso miramos si la
retengo con algo más
- Gracias nuevamente. Hace mucho no me hago un chequeo, creo que mi cuerpo
me lo está echando en cara.
- Seguramente, por acá la espero entonces.
Sus padres la esperaban en el corredor. Guardó en su cartera las
órdenes para los exámenes con la certeza de que no
volvería. Sabía por qué era ese mareo, sabía
perfectamente que la causa no era física. No necesitaba someterse a
tanto examen para verificarlo.
Por la noche le dijo su madre:
- Muy atento el médico ¿no te pareció?
- Si, agradable. Viste, te dije, que no había por qué
preocuparse.
- Es que no te cuidas bien.
- Me cuido, solo no exagero.
- Deberías dejar de fumar, creo que eso si puede estar
haciéndote daño.
- Algún vicio tenía que tener.
- Está bien, ya entendí. No me voy a meter más.
Qué descanses.
- Hasta mañana.
Pasaron un par de semanas y Carolina decidió ir a ver a doña
Mariana de Londoño.
- Carito, mijita. ¡Qué alegría tenerla de nuevo en
Cali! Hace días estaba pensándola precisamente. Supe que
estaba viviendo en el exterior.
- Doña Mariana, está usted sin que le pase un día.
Llegué hace unos quince días. ¿Cómo han estado
ustedes?
- Bien mija, ahí en la lucha. – Contestó esperando que fuera
Carolina quien preguntara por Pablo.
- Y ¿Cómo está Pablo?
- Bien, está muy bien. Ya le falta poco para salir. Le dieron unas
rebajas por buena conducta y por hacer trabajos.
- Me alegro mucho, doña Mariana – Hizo una pausa pensando si era
mejor no hablarle de la cabaña, pero prefirió hacerlo de una
buena vez para salir de dudas. – Supe que están vendiendo la
cabaña.
- Si, es que ya nadie va y se ha convertido en un gasto innecesario.
- Sabe que me interesa verla. Yo estoy buscando dónde vivir porque
me radico de nuevo en Cali y quiero instalarme fuera de la bulla de la
ciudad. Cali está con un tráfico terrible.
- ¿De verdad? ¿Usted se casó o que?
- No, como se le ocurre. Ni de riesgos. Es para mi solita.
- Pues eso ya no está peligroso y para qué le voy a negar,
estamos necesitando la plata, pero ¿Mija y usted si cree que sea
buena idea? ¿no cree que para una mujer sola puede ser un riesgo?
- Uno no se muere la víspera, uno se muere el día –
contestó pero luego se arrepintió de haber dicho esa frase.
Conversaron largo rato y al final doña Mariana le entregó
las llaves para que subiera a la finca a revisarla.
Se despidieron muy cordialmente y Carolina quedó de devolverlas
cuando la hubiera visto.
La casa de la familia de Jimena estaba muy cerca de allí.
Giró en la esquina y sin darse cuenta su auto iba directo hacia
ella.
- Gabriel, buenas tardes ¿Cómo ha estado?
- Bien, Carolina, sigue que ya te llamo a Jimena.
Jimena ya venía por el corredor porque la había escuchado.
Sonrió con una expresión de triunfo.
- Hasta que al fin viniste!
- Si, he estado ocupada buscando casa y eso demanda mucho tiempo. Por eso
ni te había llamado.
- Yo pensé que seguías furiosa conmigo.
- Ya crecimos, somos adultas y no creo que cosas del pasado valgan la pena
para seguir alejadas.
- Me alegra escucharlo, vos sos mi amiga y siempre te voy a querer.
- Si, lo se... Venía a invitarte a la cabaña de los
Londoño.
- ¿A donde?
- A la cabaña de los mellizos, la están vendiendo y
hablé con doña Mariana porque pienso comprarla.
- Ahora no puedo, voy a salir con mi papá, pero si querés al
final de la tarde te caigo a tu casa para que vamos. Eso no es muy lejos
¿no?
- Nada, son 25 minutos cuando mucho. Y voy a revisarla pero nada
más. No es para quedarnos. Entonces mas bien nos encontramos a las 6
de la tarde en el supermercado de la portada al mar. Aquí en mi
tarjeta está el número de mi celular, si no vas a ir me
avisás ¿bueno?
- Listo.
Carolina se fue a comprar unas cosas en la ferretería cerca de su
casa. Una hora más tarde estaba en la cabaña. En la parte
trasera de la casa había una puerta que de la cocina llevaba a un
patio de ropas luego unas escaleras que bajaban al pozo. El pozo
había sido construido en cemento y tenía una tapa de concreto
bastante pesada. Carolina cogió una pala y removió la tapa.
Tenía unos 10 metros de profundidad. Ató una cuerda a una
manija de hierro que había en el borde del pozo. Se puso unos
guantes y comenzó a descender. Dos metros más abajo
había una escalera de hierro incrustada en la pared de cemento
siguió bajando hasta que tocó el agua. Hizo un nudo para
marcar la cuerda y volvió a subir. Dejó la tapa de concreto
corrida y escondió la pala detrás de un arbusto.
Enrolló la cuerda pero la dejó atada a la manija.
Subió por las escaleras hasta el patio de ropas y debajo del
lavadero había una llave de paso. La cerró y verificó
que no estuviera pasando agua por ninguna de las tuberías.
Abrió la llave del lavadero, luego el lavaplatos y luego los
lavamanos. Terminado esto, salió de la cabaña cerrando todos
los candados.
Condujo de regreso y un km antes de llegar se detuvo. Abrió el
capó y vació el tanque del agua. Luego volvió a
arrancar a las 6:00 en punto estacionó en el parqueadero del
supermercado de la Portada al Mar.
Jimena ya estaba esperándola. Hizo sonar el pito del carro y Jimena
saludó con la mano.
- ¿Hace rato llegaste?
- No, antes pensé que no alcanzaba a llegar. Mi papá es
eterno...
- ¿te trajo hasta acá?
- No, me vine en un taxi porque él iba para donde mis abuelos y si
le digo que vamos a coger carretera a esta hora, se pone paranoico. Le dije
que iba a encontrarme con vos en el Obelisco para comer empanadas y
tomarnos un par de cervecitas.
- Bueno, entonces vamos.
Carolina manejó rápido y en 20 minutos estaban ya en la
cabaña. Todavía no había oscurecido del todo. Carolina
sacó de la bodega del carro Entraron por la puerta principal
recorrieron la casa y cuando entraron a la habitación de los
mellizos Jimena comenzó a sentir un frío helado.
- Se me olvidó traer un suéter o algo, esto está
helado.
- Si, por acá hace mucho, muchísimo frío. Voy a
revisar las tuberías y luego nos vamos, si querés metete al
carro y me esperás.
- Ni por el chiras, yo no me quedo sola.
- Bueno, igual solo voy a ver si corre agua, tampoco es más.
Jimena se quedó en la sala mientras Carolina abría la llave
del lavamanos de abajo.
- No sale nada... Fijáte si sale agua en el lavaplatos...
Jimena fue hasta allá pero no salió ni una gota.
- ¿Hace cuánto que no vendrán por acá?
- Por lo menos 5 años, lo que hace que Pablo está encerrado
porque él era el que al final la usaba.
- ¿Y entonces?
- Pues vamos, ya se que no hay agua, pero al menos energía si hay.
Vamos a ver que pasa, todavía no me he decidido a comprarla.
- No se... Yo no me meto a decir nada, pero este sitio me produce miedo.
¿No sentís la energía que hay aquí?
- No, yo la verdad no siento nada raro.
Salieron de la casa y Carolina cerró de nuevo los candados. Se
subieron al carro y encendió el motor.
- Hay que calentarlo un poquito. Qué vaina con los carros usados.
Siempre les aparecen gallitos.
- Caro, está saliendo humo, no hay que calentarlo, está
recalentado!
- Mierda! – Carolina apagó el carro y abrió el capó.
Sacó una linterna y comenzó a mirar. – Vos sabés algo
de mecánica?
- No mucho, pero mirá si el tanque del agua tiene agua, siempre que
se recalienta un carro hay que mirar eso.
- Cuál es el tanque del agua?
- Mucha bestia... vení yo miro. – Jimena alumbró el lugar y
le dijo: - Esto está vacío, antes fue que no se
incendió el motor cuando subíamos.
- ¿Qué hacemos?
- Nada, dejar que se refresque y llenarlo de agua.
- ¿De dónde vamos a sacar agua si no hay aquí?
- Eso si está grave. Nos va a tocar caminar hasta que encontremos
alguien por aquí que nos ayude.
- Bueno, yo me acuerdo que Pablo sacaba agua de un pozo que había
en la parte de atrás de la cabaña. De pronto podemos sacar de
allí.
- Yo voy con vos, ya te dije que no me pienso quedar sola.
Fueron hasta el pozo y Carolina que llevaba la linterna fingió que
se resbalaba.
- ay! Mi pié.
- ¿Cómo te caiste?
- No sé, pisé algo liso y se me dobló el tobillo.
Esperate que me pase el dolor.
- Pues quedate aquí y me echas ojito, ¿esa cosa es el pozo?
- Si, creo que tiene una escalera o algo que sirve de escalera.
Buscá a ver si hay un balde o algo.
Jimena buscó por los lados pero no había nada. Solo
encontró una botella plástica de gaseosa grande de las de
litro.
- Toca llenarla porque ¿qué más se hace?
- Amarrala con esa cuerda que tiene a un lado, ¿la ves?
- Si – Jimena amarró el pico de la botella a la cuerda y
lanzó la botella, pero como era de plástico flotaba en el
agua.
- No... esto no sirve, hay que bajar porque no se hunde.
- Yo no puedo bajar, me está doliendo el tobillo mucho.
- Pues yo bajo, pero vení al menos para que me tengás la
linterna.
Carolina se arrastró hasta el pozo y Jimena la ayudó a
pararse. Luego cogió la cuerda y se amarró la cintura y
comenzó a bajar. Llegó hasta la escalera y siguió
bajando con algo de impresión porque había bichos y lombrices
por las paredes de cemento cubiertas de moho.
- Ya la estoy llenando. No me quités la luz que no veo ni mierda.
Carolina dirigió el rayo de la linterna a la cara de Jimena
mientras desataba la cuerda. Luego la tiró dentro del pozo. Jimena
sintió que ya no la sostenía pero estaba agarrada a la
escalera de hierro.
- Caro, se soltó la cuerda... ¿Qué hacés?
¿Por qué apagás la linterna?
- Callate perra! Esto es lo que te merecés.
- Carolina – Gritó – No me vas a dejar aquí, -
comenzó a subir los escalones de hierro pero pronto se dio cuenta de
que terminaban muy lejos del borde – ¿Te enloqueciste?
- Que te callés! – Gritó y el eco retumbó en los
oídos de Jimena. Se dio cuenta de que Carolina había perdido
la razón y que no tenía forma de salir de allí.
- Caro, yo se que me porté muy mal en el pasado, pero somos
amigas.
- No! Vos nunca has sido amiga de nadie, vos solo has usado a la gente y a
la gente no se le usa, a la gente se la respeta.
- ¿Cómo vas a decir que yo te he usado? Vos sos mi mejor
amiga, yo nunca he hablado mal de vos, nunca me ha dado pena andar con vos,
siempre te he querido.
- No te voy a oír nada más. Vos sos una manipuladora
mentirosa. Te saqué de mi vida y ahora vas a pagar por todo lo que
has hecho.
Y diciendo esto volvió a correr la tapa de concreto. Sus ojos
brillaban en la oscuridad. Sentía calor por el esfuerzo. Los gritos
de Jimena se escuchaban ahogados. No había riesgo de que alguien la
escuchara por mucho que se acercara a la casa. Fue hasta el lavadero y
abrió la llave de paso. Llenó una botella con agua y se fue a
llenar el tanque del carro. El motor encendió sin problema y
regresó a su casa.
Tomás estaba esperándola. Se frotó contra sus piernas
y parecía feliz.
Carolina se miró las manos y no sabía por qué las
tenía raspadas, su ropa estaba sucia como si se hubiera arrastrado
en el pasto, pero no recordaba nada.
Subió a darse una ducha y luego se acostó a dormir. No se
vio con sus padres. Por la mañana muy temprano sonó el
teléfono.
- Carolina, buenos días.
- ¿Quién habla?
- Gabriel Montes.
- Gabriel, ¿como le va?
- Mas o menos, Carolina. Disculpa que llame tan temprano pero es que no
sabemos nada de Jimena. No vino a dormir ni ha llamado y como ustedes se
vieron anoche...
- ¿Anoche? No. Ella me plantó. No es raro en ella.
Así que yo me regresé cuando vi que no llegó al
Obelisco.
- No puede ser, ella me dijo que iba para allá.
- No se preocupe, seguro se encontró con alguno de sus amigos en el
camino y hasta allí le llegó la intención.
- No se... ella estaba muy contenta de que la hubieras buscado. Me dijo
que habían estado alejadas y que ya habían limado asperezas.
- Si, pero usted sabe como es ella. No es que sea mala, pero... usted la
conoce mejor que yo.
- Tienes razón, voy a esperar a que aparezca. Pero me va a
oír.
- Bueno, Gabriel, de todas maneras estoy pendiente si me llama o algo yo
le digo que usted la está buscando y por favor, me avisa cuando
aparezca, aunque no parezca también me preocupa.
Carolina colgó el teléfono y subió a ducharse.
Saludó a sus padres cuando bajó.
- ¿donde estuviste anoche? – Le preguntó su madre.
- Fui al Obelisco porque había quedado de encontrarme con Jimena
allí, pero nunca llegó. Yo ni siquiera me bajé del
carro. Estuve oyendo música dentro de él y como ella no
apareció me vine para acá. Me acosté temprano, eran
como las 9 de la noche. Tenía sueños atrasados.
- No puedo creer que vuelvas a hablarte con esa vieja. Creí que ya
nunca tendríamos que volver a hablar del tema.
- Mamá, ella es la única amiga que he tenido. ¿No
podés respetar eso?
- Es que no te conviene esa amistad. Nunca te ha convenido y es mejor solo
que mal acompañado.
- Tal vez, pero yo la quiero mucho y si en algo puedo ayudar para que ella
deje de hacer las cosas que hace, pues lo haré.
- Pierdes el tiempo, tú le importas muy poquito y ella solo te ha
usado las veces que ha querido.
- Lo mismo me decía Pablo, y tal vez tengan razón. Hace un
rato me llamó su papá, dijo que ella no había
aparecido anoche. Quien sabe en que anda. Sabes qué mamita, tienes
razón no vale la pena seguir manteniendo esa amistad. Por mí
Jimena Montes se murió ya.
Salió rumbo a la cabaña. Jimena había pasado la noche
helada en ese pozo, agarrada de los tubos de la escalera orando para que
nada le pasara. Estaba agotada de gritar y su garganta le ardía
mucho.
- ¿Quién es? – Logró decir pero el sonido de su voz
sonó extrañamente a sus oídos – Por favor
ayúdeme!
Nadie le contestó y la luz entró brillante en el pozo. Era
de día. Trató de cubrirse los ojos y poco a poco
comenzó a adaptarse a la luz.
- ¿Carolina?
- Maldita sea! Cierra la boca. Te traje algo de beber. Tómatelo.
Jimena alcanzó el termo que le acercaba Carolina desde el borde del
pozo. Lo abrió y bebió. Era agua. Estaba sedienta de gritar y
el agua calmó su garganta herida.
- Vas a hacer lo que yo te diga si quieres salir de allí. Vas a
amarrarte la cuerda que te voy a tirar a la cintura y luego voy a subirte.
Si intentas correr o atacarme te mato. ¿Oíste bien? Te mato.
- Si no voy a hacer nada pero sacame de aquí por favor. –
suplicó.
Carolina fue subiéndola lentamente y cuando llegó a arriba
la tiró al piso. Jimena estaba muy débil por el esfuerzo de
horas sosteniéndose de los barrotes y gritando. Rápidamente
le amarró las manos y la subió arrastrada por las escaleras
hasta la casa. La sentó en la silla de la habitación de los
mellizos y le amarró las manos y los pies a la silla. Luego
comenzó a limpiar todo el cuarto, quitó las mantas que
cubrían todo, limpió las telarañas y el polvo.
- ¿Por qué me hacés esto?
- Silencio. No quiero que digas ni una sola palabra.
Siguió limpiando el lugar y luego se acercó a la silla donde
estaba Jimena atontada por la debilidad y horrorizada por no saber lo que
le esperaba.
- El te idolatraba. ¿Cómo pudiste hacerle tanto daño?
Lo buscabas para impedir que te superara. No lo dejaste vivir. Durante dos
años te aseguraste de que viviera un infierno para luego morir. Yo
me voy a asegurar de que vivas un infierno... antes de morir.
- ¿Qué me vas a hacer? Por Dios, Carolina, David se
murió hace años, cometí un error, era una niña
y no sabía lo que hacía. Me arrepiento por eso, pero esto es
demasiado.
- Que te callés tu boca, perra. Demasiado lo que sufrió el,
y vos seguiste como si nada, y luego Nando, vos no sabés lo que fue
para él lo que le hiciste con su mejor amigo, pero vos seguiste como
si nada, y yo. Yo que no hacía más que apoyarte y ayudarte,
te acogí en mi casa, te presté mi familia para que sintieras
el calor de hogar, te ofrecí lo mejor que siempre tuve y no te
importaba, me dabas la patada cada que te daba la gana, me usabas y cuando
obtenías lo que querías me desechabas. Y seguiste la vida
como si nada. A tu lado Clara, tu mamá se ve como una santa.
- Me estás dando donde más me duele.
- Si, he esperado mucho por este momento. No valés nada. – Le dio
una bofetada y su labio empezó a sangrar.
- Matándome no lo vas a re vivir, ni torturándome mucho
menos.
- Tal vez no, pero ojo por ojo y diente por diente. Vos has hecho
daño a muchas personas y hay que ayudarle al destino para hacerte
pagar todo.
Cerró la puerta tras de si. Jimena intentó desatarse pero
era imposible, estaba inmovilizada. No tenía voz suficiente para
gritar así que esperó. Escuchaba ruidos en la cocina.
Carolina se puso unos guantes de cuero forrados con una rejilla de alambre
y cogió un frasco de soda cáustica, uno de lejía y uno
de ácido sulfúrico que había conseguido días
antes en un almacén de limpieza industrial. Se puso una mascarilla
protectora, tomó un embudo y regresó al cuarto.
- Hora de tomarte la sopita.
- ¿Qué es eso?
- No te preocupes va a doler un poco pero luego pasará.
- Yo no voy a tragarme nada
- Podemos hacerlo de dos formas, la buena o la mala, tu escoges.
- Espera, por favor, yo no me quiero morir, podemos arreglarlo, voy a
hacer lo que tu quieras.
- Yo no quiero nada tuyo ni que venga de ti. No has entendido, esto no
tiene reversa. Yo no voy a negociar nada. Te tomas esto y punto.
- ¿Qué es?
- Mejor no te digo, te lo hará más difícil. Solo
tomate un trago largo o si no yo te lo puedo hacer tragar igual. – Le
mostró el embudo.
- Pues me vas a tener que matar primero.
- Bueno, no hay problema – Carolina salió por una roca y
regresó.
Jimena la miraba con horror, no podía creer que Carolina estuviera
así de desquiciada. Realmente la iba a matar. No era una pesadilla
era verdad y le estaba sucediendo a ella.
- Caro, por favor no lo hagas, piensa en ti, tu no eres una demente, tu no
eres mala, no se qué te ha pasado pero por favor no me hagas nada.
Te juro que nunca más voy a volver, te juro que no le diré
nada a nadie. Esto queda aquí entre nosotras, como todos nuestros
secretos.
- Cállate perra maldita. Te vas para el infierno de una vez por
todas.
Alzó la piedra y comenzó a darle golpes en la cabeza que
Jimena intentó esquivar al principio pero el tercero le dio en la
nuca y quedó semi inconsciente todos los demás golpes le
destruyeron el cráneo. Para Jimena todo había terminado. Lo
último que alcanzó a ver fue la imagen de Tomás
observándola agonizar. La sangre salpicó la pared, la puerta,
las ventanas, el piso, la alfombra, todo estaba lleno de sangre.
- Ven aquí gatito, ya todo terminó. ¿Viste
cómo suplicaba? Maldita perra, ahora voy a tener que limpiar toda
esta porquería.
Sacó de la bodega del carro unas bolsas negras de basura,
envolvió el cadáver con sábanas y luego con las
bolsas. Lo aseguró con cinta de empacar y lo arrastró hasta
el carro. Forró la bodega con más bolsas plásticas y
allí lo metió. Se quitó los guantes y se puso unos de
caucho para limpiar todo el cuarto. Lavó la alfombra y las cortinas,
la ropa de cama, las paredes, los muebles, todo con agua, jabón y
finalmente con lejía para borrar los rastros de sangre.
Extendió la ropa mojada y la alfombra en el patio trasero.
Volvió a revisar el cuarto en cada rendija y cada centímetro
para que no hubiera quedado ningún rastro. Recorrió de nuevo
la casa asegurándose de que todo estuviera en su sitio,
volvería después para tender las camas y acomodar la alfombra
tal como la había encontrado. Recogió los frascos de
lejía, ácido sulfúrico y el de soda cáustica lo
llevó hasta el patio trasero y lo dejó en el closet de
herramientas. En una bolsa metió las cuerdas, acomodó la tapa
del pozo y cerró con candado la puerta trasera. Echó un
último vistazo a todo y salió de la casa. Le puso los
candados a la puerta de entrada y llevó hasta el carro lo que
había usado para limpiar. Abrió la bodega y los lanzó
sobre el cadáver de Jimena.
Encendió el carro y salió de la propiedad. Tomó la
carretera en sentido contrario al pueblo. Condujo hasta Las Peñas,
otra vereda a una hora y media de Felicia. El río quedaba a unos 15
minutos del pueblo. Buscó donde parquear el carro cerca de la
orilla. Ya estaba oscureciendo pero había luz suficiente para no
encender la linterna. El río Las Peñas era tranquilo poco
caudaloso pero profundo. Se puso de nuevo los guantes y la mascarilla,
sacó el cadáver de la bodega y empezó cortar el
envoltorio que había hecho. Tenía el cráneo
desfigurado y con unas tijeras le cortó el pelo y lo fue echando en
una de las bolsas, luego con una piedra le fracturó la
mandíbula superior y le destrozó los dientes, con un
destornillador fue arrancando una a una las muelas botándolas al
río. Luego roció ácido sulfúrico sobre lo que
quedaba de su rostro, en la palma de sus manos y sus pies. Le quitó
los zapatos y la ropa, incluso la interior. Esperó a que el
ácido quemara la piel y sus huellas y lanzó el cadáver
al charco. Recogió los restos de las sábanas y las bolsas de
basura con la ropa y los zapatos y los acumuló todos en una sola
bolsa grande. La metió a la bodega del carro, lavó el
destornillador, lanzó la piedra ensangrentada al río y
también la otra roca con la que le destruyó el cráneo.
Encendió la linterna para chequear que no quedara nada. Se
subió al carro y arrancó.
Tomó la carretera que conectaba con Cali entrando por el lado de
Bella Vista. Llegó casi a las 9 de la noche a su casa.
- ¿Donde estuviste todo el día? ¿Por qué no
contestabas al celular?
- Madre, fui a recorrer Jamundí y Bella Vista para ver si
había alguna casa que me gustara, me entretuve mirando los paisajes
y se me hizo de noche. El carro está molestando porque se
recalentó y tuve que buscar agua para echarle... Pero
¿Qué pasa? ¿Por qué estás tan
angustiada?
- Es que el papá de Jimena Montes volvió a llamar.
Está desaparecida desde ayer y me preocupé.
- Yo que voy a saber donde anda esa vieja. Voy a cambiar de celular, no me
entró ninguna llamada, a penas si salgo del perímetro urbano
se queda sin señal.
- Es esa empresa nueva, parece que no sirve como las de siempre. Vendieron
más de la cuenta y ahora no tienen cobertura suficiente. – Dijo don
Felipe que había escuchado la conversación.
- Bueno, ya llegué, no tienes por qué preocuparte,
aquí estoy. ¿Tomás... lo han visto?
- Cuando tu no estás yo no se donde se mete ese animal.
- Cuando tenga hambre aparecerá. Voy a ducharme, hoy sudé
mucho.
- Y hueles raro, como a algún químico.
- Debe ser porque estuve parada al lado de una planta de yo no se que
cosas viendo el atardecer. Olía como a específico. Es una
lástima, ya no hay sitios donde ver el atardecer sin que la ciudad
se lo coma a uno.
Subió las escaleras, se duchó y se acostó a dormir.
Durmió profundamente toda la noche.
Por la mañana se levantó al sentir a Tomás. Lo
contempló un rato y fue a servirle comida. Al rato se levantó
su padre.
- No se por qué madrugas tanto si todavía no haz comenzado a
trabajar.
- Al que madruga Dios le ayuda. Y a mi me ha ayudado mucho toda la vida.
- Eso es verdad. ¿Qué vas a hacer hoy?
- Tengo que ir a cerrar un trato. Ya decidí que voy a comprar la
cabaña de Felicia. Es la única que me gusta. Todo lo que he
visto tiene algún pero, en cambio esta es perfecta. Siempre me lo
pareció.
Salió primero hasta la cabaña para recoger la ropa de cama,
colgar las cortinas, tender ambas camas tal como lo había visto al
llegar. Cubrió por último la silla con una sábana y
acomodó la alfombra que todavía estaba algo húmeda.
Cerró la casa y se fue loma abajo dentro de la propiedad con la
bolsa que contenía la ropa de Jimena, los zapatos y los frascos de
químicos. Le prendió fuego y se hizo una llama bajita. Le
puso hojas secas para que el fuego acabara con el último rastro que
quedaba. Cuando se extinguió cogió un palo y removió
las cenizas. Solo quedaba la botella de vidrio donde estaba el ácido
sulfúrico que ni el fuego había destruido. Estaba
vacía, lo había usado todo en el cadáver.
Quebró la botella y se fue.
Condujo hasta la casa de doña Mariana.
- Doña Mariana, vengo con excelentes noticias.
- Entonces ¿se queda con la cabaña?
- Si, definitivamente me encanta. Había olvidado lo acogedora que
es. Aquí le traigo las llaves de vuelta y usted me dirá
cómo proceder.
- Bueno hagamos una cita para ir a firmar la promesa de compraventa, usted
me da el 10% y el resto cuando las escrituras estén a su nombre.
- Perfecto, esta es mi tarjeta, llámeme cuando tenga todo listo.
- Ayer fui a ver a Pablo...
- Que bien! ¿Y le dio saludos de mi parte?
- Le conté que había venido a verme. Pronto sale ¿le
conté?
- Si, me dijo, espero que todo salga bien.
- Si, parece que en un mes sale pero yo quiero que se vaya del
país. El no. El dice que se quiere quedar trabajando y
portándose bien. ¿Usted no quiere ir a visitarlo?
- Doña Mariana... no se, él me pidió hace años
que no lo hiciera y yo respeto eso.
- Pero le haría mucho bien. Está preocupado porque la gente
debe estarlo juzgando. Usted sabe, por haber estado allá.
- La gente olvida y yo creo que el puede empezar una nueva vida, tranquilo
sin ese pasado. No me pida que lo visite, yo se que él prefiere
salir primero y ya ve... solo falta un mes.
- Bueno, mijita, entonces yo la llamo cuando tenga listos los papeles.
- Está bien. Quedo pendiente.
Carolina salió contenta. Llegó al medio día a su casa
y almorzó con sus padres y con su hermano. Por la tarde se
quedó en la casa. Contempló un rato a Tomás que
parecía ausente. Indiferente. Luego se puso a leer.
- Carolina – la llamó su madre – Te buscan unos señores.
- Ya bajo.
Carolina bajó las escaleras y vio a dos uniformados. Le hicieron
preguntas sobre Jimena y ella contestó que no sabía donde
podría estar. Lo único que recordaba es que habían
quedado de ir a comer juntas dos días antes pero ella nunca
apareció.
- ¿Y a usted no le llamó la atención?
- Pues no. Ella siempre ha hecho cosas así. Tiene fama de
incumplida porque queda con todo el mundo de hacer programas, salidas y
cosas así, pero al final escoge la que más se le antoja. Por
eso no me pareció raro que no llegara, no era la primera vez ni
será la última. Es vicio ya de ella dejarme metida – se
rió – antes me molestaba, pero ya no me importa. Aprendí que
ella es así y punto.
- Es raro que no se preocupe. Por lo que entiendo son buenas amigas y ya
pasaron las 48 horas de rigor, ya se considera desaparecida.
- Si le pusiera cuidado a todas las veces que se desaparece,
estaría medio loca. Me preocupo, solo que conociéndola puede
estar en San Andrés con algún amigo pasado unos días.
De todas formas uno nunca sabe. Espero que no sea sino otra de sus perdidas
intencionales. Si llego a saber algo, les aviso.
- Por favor. Disculpe la molestia.
- No, no se preocupe, en lo que pueda ayudar estoy a su
disposición.
- Una última pregunta. Su familia dice que ustedes estaban
alejadas. ¿Por qué habían discutido?
- Pues fue hace muchos años. Ya no recuerdo bien, ella se
involucró con dos amigos míos al tiempo y yo pues no estuve
muy de acuerdo con eso. Cosas de jóvenes inmaduras. Pero de eso ya
han pasado como 7 años. Por eso es que no me preocupo por su
desaparición. Ella no es muy convencional que digamos, mas bien es
un poco anárquica así que en cualquier momento aparece y
verá que no era nada grave.
- ¿Y en 7 años no hablaron? ¿Solo hasta hace dos
días?
- Hablamos un par de veces antes de irme del país, pero yo me fui
durante 5 años y perdimos contacto, ahora que regresé me
encontré con ella y quedamos de vernos y actualizarnos. Hace dos
días como le dije fui a verla y la invité a comer, pero no
llegó.
- ¿Sabe si ella tenía algún enemigo, alguien que
quisiera hacerle daño?
- No oficial, no sabría decirle porque hace años
había una que otra esposa enojada porque salía con hombres
casados, pero de eso hace mucho tiempo, no se ahora a qué personas
frecuentaba, como le digo no nos hemos puesto al día... aún.
- Bueno, no la molesto más. Si recuerda algún detalle por
favor se comunica conmigo o con su familia.
- Si claro. Gabriel debe estar muy angustiado, voy a llamarlo más
tarde.
Los agentes de la policía se fueron y Carolina no llamó a
Gabriel.
- Mamá, como que si es serio lo de Jimena.
- Pues esperemos que esté bien. Una cosa es que no me agrade y otra
muy distinta es desearle algún mal.
- Si. Me daría pena por la familia, si algo le ha pasado. – Sin
saber por qué en ese instante tuvo la certeza de que jamás
sabrían qué pasó con Jimena. Jamás la
encontrarían.
luccas,12.09.2006
Vaya! que personaje Carmen!
sigo leyendo...
Carmen_Posada,14.09.2006
¡Gracias mi Letty!
¡Rayos! me convertí en azul... con lo que odio tener la
bolita azul... Tocará "Re-crearme"
jajajajaja
¡Verde hasta la muerte!
Cuando vuelva verde entonces si le pongo el nuevo capítulo. Antes
no.
luccas,17.09.2006
>Mmmmm... el que espera desespera, mejor quèdese azul y suba el
otro capìtulo
Carmen_Posada,18.09.2006
Mi Letty:
Gracias a ti, a Isa y a Angélica por haberse aguantado todo el
bodrio completo. Este es el último capítulo. Nada qué
hacer. Me habría gustado colgarlo con mi eterna bolita verde, pero
esta vez parece que me quedo azul por un ratito más.
Llegamos al desenlace, que en realidad no lo es tanto. La vida real es
diferente a las vidas de las novelas. A mi me gustan los desenlaces sin
finales, así las historias inventadas se asemejan mucho más a
la realidad. En la realidad todo es cíclico. Solo existen referetes
como puntos de partida y puntos de llegada. Vida y muerte, dicen.
Espero entonces los comentarios que tengan.
******************************************* TRECE
Un nuevo amanecer (Capítulo 18 Final)
Carolina se despertó esa mañana con mucha sed.
Se había tomado una botella de vino sola. Pero se sentía
renovada. Recordó que tendría que llamar por lo del
teléfono satelital.
Había pasado la primera noche en su nuevo hogar. El sol brillaba
pero no hacía calor. Se dio una ducha y se puso la ropa del
día anterior. Tendría que contratar un camión para
llevarse algunas cosas que no le gustaban de la cabaña y traer las
suyas de la casa de sus padres.
Llegó a la casa de sus padres antes de las 10 de la mañana.
Desde allí llamó a la empresa de teléfonos y quedaron
de ir al día siguiente. Contrató el camión de trasteo
y luego verificó que estuvieran todas las cajas.
- Voy a hacer un asado para inaugurar la cabaña. Madre, ¿me
ayudas con la familia? Voy a hacer un mapa para que le saquen fotocopia y
le den a todos.
- Desde cuando te interesa hacer una fiesta. Toda la vida le has sacado el
cuerpo a los eventos sociales.
- Es que esta vez es diferente. Me siento libre y feliz. Siento como si
estuviera empezando a vivir. Por cierto, ¿has visto donde puse la
tarjeta del médico que me vio cuando me dio ese mareo, el que estaba
en el restaurante?
- Si, la vi sobre el escritorio de tu hermano. ¿Te has vuelto a
sentir mal?
- No, pero quiero hacerme los exámenes que me mandó y quiero
ver si todo está bien. De control. ¿Me acompañas?
- Si, claro. También quiero hacer la lista de invitados al asado
para saber qué tanto necesito. A parte de la familia quiero invitar
a doña Mariana y a Pablo. Salía esta semana de la
cárcel y quiero darle la bienvenida.
- No me parece.
- Mamá, no estoy diciendo que vaya a volver a tener algo con
él, solo quiero que se sienta seguro de que la vida nos
cambió, que ya somos libres y que podemos seguir con nuestras vidas,
cada cual por su lado.
- Tu verás, pero es un riesgo grande.
- También quiero invitar a Carlos Lotero, a su esposa y a sus
hijas, a Nacho y a su esposa, que Felipe vaya con Mónica y bueno, es
un comienzo.
- ¿Un comienzo?
- Si, madre, anoche estuve pensando que casi no tengo amigos y los que
tenía ya ni los veo, ni los llamo, mejor dicho, ya no tengo
ningún contacto con nadie. Ya es hora de socializar. No puedo ser
una ermitaña sola y amargada toda mi vida. Quiero conocer a alguien,
quien sabe, enamorarme. Tal vez todavía tenga una última
oportunidad. Si no llega... pues nada, no importa, pero no quiero volver a
estar tan sola como he estado durante toda mi vida.
- Me alegra oír eso. No es tarde.
- ¿Nos vamos?
Carolina estaba irreconocible, sonriente, alegre, hablando de todo. Donde
el médico le contó sobre sus mareos y que había
sentido uno la noche anterior. Le mandó exámenes y se los
hizo inmediatamente para no arrepentirse luego. De allí fueron a
comprar las cosas para el asado que lo harían el domingo. Era
viernes y se fue con su madre a almorzar. Luego fueron hasta la casa de
doña Mariana para invitarla con su hijo. Pablo saldría por la
tarde de la cárcel.
Dejó a su madre en la casa y siguió para Felicia.
Pasó por el pueblo y se detuvo en la tienda. Tenía que
contratar a dos personas en lo posible una pareja porque hacía al
menos dos años que no había agregados en la finca.
- ¡Buenas tardes!
- Señorita, en qué le puedo ayudar.
- Acabo de mudarme a La cabaña que fue de los Dussan. Ahora es
mía y me gustaría saber ¿cómo funciona el
comercio acá? ¿qué días abren la tienda y la
cooperativa? ¿Qué cosas se consiguen y cuales tengo que ir a
buscar en Cali?
- Señorita, acá solo los lunes cerramos de resto toda la
semana está todo abierto desde las 6:00 de la mañana hasta
las 7:00 de la noche. Cuando no la atiendo yo la atiende la mujer
mía o la hija. Usted puede dejarnos la lista de lo que necesita y lo
que no tenemos se lo consigo. El billar si funciona solo desde por la tarde
hasta las 10:00 de la noche, pero no creo que le interese mucho.
- Ya, si es cierto, no se jugar billar – sonrió – Me parece
perfecto, voy a sacar una lista de lo que se consume para
entregársela y usted cada semana me tiene el pedido y yo lo recojo,
¿le parece?
- El hijo mío se lo puede llevar como hacíamos con el
finadito doctor Dussan.
- No es necesario, yo tengo paso obligado por acá y así le
evito la molestia. ¿Sabe que otra cosa necesito? Necesito dos
personas, en lo posible un matrimonio. Para que ocupen la casa de los
agregados. Para que él se encargue de las cosas de trabajo pesado,
jardinería, reparaciones, y voy a comenzar a criar animales de
corral, también tendrá que encargarse de eso; y la
señora se encargará de la cocina, el aseo, administrar los
víveres y esas cosas. ¿Sabe de alguien que le interese?
- Pues el hijo mío está sin trabajo hace rato y se tuvo que
venir a vivir con la mujer a la casa nuestra. Usted dirá. Es buen
trabajador pero me salió malo para el estudio así que el
pobre no tiene muy buena cabeza, pero es un burro para el trabajo. Si
quiere lo pone a prueba y a la mujer. Ella cocina rico y es hacendosita
pero tiene niño de brazos. Si a usted no le importa eso...
- ¿Cuánto tiene el niño?
- Tiene 8 meses. Y eso no le impide a ella trabajar bien.
- Entonces no se diga más. Llámelos y yo los conozco. Si son
tan amables como usted no tendré inconveniente.
El muchacho tenía al menos 30 años. En realidad no era muy
brillante, pero tenía una mirada transparente y se veía
deseoso de trabajar. La mujer era mucho más joven, de unos 20
años. De manos grandes y fuertes. Tenía una sonrisa agradable
y un su aspecto también lo era, humilde pero muy limpia. Eso le dio
buena impresión. Les pidió que la acompañaran hasta la
cabaña para que abrieran la casa de los agregados y se hiciera una
lista de lo que necesitarían para acondicionarla de nuevo.
La casa era pequeñita pero muy cómoda. Tenía dos
cuartos pequeños, un comedor, un baño y una cocinita. En el
primer cuarto estaba un catre doble con su colchón y sus almohadas.
Estaba muy sucio por el polvo y las telarañas, pero era
cuestión de limpiar bien todo. En el segundo cuarto había
herramientas y cajas de chécheres. Podrían sacarlas,
seleccionar lo que sirve y lo que no sirve y acomodarlas en el cuarto de
herramientas de la cabaña, junto al lavadero, en ese cuarto
podrían acomodar el corral del bebé y más adelante
cuando creciera pasarlo a una cama.
La pareja no podía creer la oportunidad que tenían. Estaban
muy agradecidos y quedaron de llegar al día siguiente muy temprano
para comenzar a acomodar todo y a limpiar.
Carolina se sintió a gusto con ellos. Eran muy sencillos, sin
resentimiento social ni nada parecido. Les pagaría salario
mínimo a cada uno con sus prestaciones y tendrían techo y
comida libre del salario. Le pareció una propuesta justa. Ellos
habrían aceptado menos, pero Carolina no quería que
estuvieran descontentos.
- Ojalá pudiera pagarles más, pero mi salario tampoco da
para hacerles una mejor oferta.
- Cómo se le ocurre si por acá es muy difícil
conseguir trabajo y además no tenemos que gastar en transporte ni
nada.
Se despidieron y se fueron caminando cogidos de la mano, felices. Era tan
fácil hacer felices a las personas.
El camión de la mudanza llegó primero que los nuevos
agregados Efraín y Yolanda. Los hombres comenzaron a descargar el
mueble de la biblioteca que era bastante grande, en cedro, muy pesada, el
computador, el escritorio. Cajas con libros, su archivador. Casi todo era
de oficina. Una nevera, una estufa de gas y un televisor grande nuevos eran
lo único que venía adicional.
Cuando llegó la pareja venían con sus maletas y el corral
del niño en una carretilla de arena, eso era todo. Sintió un
poco de pena por la diferencia, pero se hizo el propósito de nunca
marcarla. Yolanda traía el niño en brazos.
Desocupado el camión pidió que desarmaran las camas gemelas
ya que había pactado con doña Mariana que no entrarían
en la venta. Tampoco el baúl que estaba en la sala donde guardaba
álbumes familiares y toda la ropa de las camas. Eso también
regresaría a sus dueños.
Despachó el camión y se reunió con sus nuevos
empleados.
- Ambas casas necesitan una buena mano de aseo. Comenzaremos con la de
ustedes que es pequeña.
- No señorita, primero la suya.
- Primero que nada no me digan señorita, me recuerda que
todavía soy soltera, pueden decirme Carolina, Caro o Carito, como
mejor les parezca. Segundo, hay que ser prácticos, mañana
tengo muchos invitados para inaugurar la cabaña y prefiero que
ustedes estén descansados. Vamos a trabajar duro los tres todo el
día, pero no quiero que al final del día también
tengan pendiente lo de su casa. Luego de acomodarse y dejar al niño
también instalado nos venimos para acá a limpiar todo esto.
¿Les parece?
- Lo que usted ordene seño... Carolina.
Estuvieron en esa labor todo el día. Ambas casas quedaron limpias y
organizadas. Carolina montó su oficina en la que fuera la
habitación de los mellizos Londoño. Sacó el televisor
a la otra habitación que sería de huéspedes. Era la
más grande de la primera planta. Tenía un camarote y una cama
doble. Había comprado juegos de cama sencillos y dobles
compañeros. Pusieron flores naturales que Efraín había
traído del pueblo. La habitación de Carolina había
quedado en la segunda planta. Puso allí el otro televisor y la cama
era doble. Había comprado almohadas y cobijas de plumas de ganso
para el frío. La habitación y el baño eran grandes. Y
después de limpiar los vidrios la luz entraba por las ventanas como
en los buenos tiempos de aquella cabaña. También allí
puso flores Efraín en gesto de gratitud. Trabajaron como hormigas
brazo con brazo. Así se rompió el hielo entre la pareja y su
nueva jefa. Al final del día estaban exhaustos. Esteban, el
bebé de la pareja había estado presente en todo. Acomodaron
el corral en el comedor mientras trabajaban y desde allí su madre
podía verlo todo el tiempo. Era un angelito. No lloraba y
sonreía todo el tiempo. Durmió por ratos y cuando se
despertaba su madre le daba un biberón, lo cambiaba y seguía
con su trabajo. Tenía una linda voz Yolanda y cuando Carolina la
escuchó cantarle al niño le pidió que lo hiciera
siempre que quisiera, que era una bendición tener una voz tan
melodiosa y agradable de escuchar.
Comieron juntos y acordaron algunas normas, entre ellas que al menos una
vez por semana comerían con ella para hablar del trabajo. Les
explicó que su trabajo la mantendría muy ocupada para estar
al frente de todo.
A la mañana siguiente Carolina se levantó temprano.
Abrió la ventana de la habitación y la brisa helada le
acarició la cara. Respiró profundo con los ojos cerrados y al
abrirlos el cielo comenzó a clarear.
Escuchó un susurro lejano: Dale señor el descanso
eterno... Y brille la luz perpetua.
********************FIN********************
luccas,19.09.2006
Los comentarios...
Para empezar el fin me parece... no me parece. Una novela debe tener fin.
De donde quiera que la escritora la haya tomado. Debe tener fin.
Bueno, la vida atormentada de una jovencita con la inmadurez de su edad y
que no logrò superar en el transcurso de todos los capìtulos.
Por el contrario, su inmadurez fuè siendo mayor, es por eso que
considero que esta novela aun no llega a su fin. La protagonista toca la
cumbre del egoismo, se transforma en el ego de su propio ego, intenta por
todos los medios de ser siempre en centro de atenciòn aunque tenga
que eliminar a quien le estorba y... piensa... que esa es la lìnea
que señala su victoria, cuando... solo es un escalòn mas de
su inseguridad.
Matar, eliminar, sacar del camino a nuestros contrincantes, a nuestros
enemigos, a todos aquellos que no piensan como nosotros o no sienten como
nosotros, es... una muestra de cobardìa, de... no querer
enfrentarlo.
Aùn le falta a tu historia como Carolina tiene que vivir las
consecuencias de sus errores, ya viviò algunas, pero le faltan casi
todas.
La vida errada de sus amistades la arrastra, fantasea con los
hèroes y en su subconciente pretende ser un hèroe al igual
que ellos. El gato... creo que el gato es el mas racional de todos.
Me deja insatisfecha... me falta el descenso, me describes la
elevaciòn del ego... pero aun no encuentro la humildad en ninguna
parte.
todo ser la adquiere, de alguna u otra manera y una persona sin humildad,
aun... està incompleta.
No creo que sea autobiogràfico, quien la escribe tiene simulitules
con el personaje de Carolina, pero... yo prefiero pensarla mas madura.
Un beso mi niña.
Te quiero mucho.
luccas,19.09.2006
*similitudes.
Carmen_Posada,19.09.2006
Mi letty, gracias por la crítica constructiva que haces.
Pero veamos: Si fuera autobiográfica totalmente yo debería
estar en la cárcel. No mato una mosca, bien lo sabes, pero digamos
que fantasear con ello de vez en cuando hace bien. Por eso es mejor
escribirlo, para sacarlo de uno.
Es cierto, no hay humildad. En ninguna parte, y tal vez haya demasiadas
similitudes entre Carolina y la autora (o sea yo) Pero los verdaderos
detalles biográficos no están en el personaje de Carolina. Si
se quiere es de la que menos. Ni siquiera el personaje del gato es irreal,
solo las acciones son ficción.
¿Por qué no me gustan los finales? Porque no creo en la
justicia en la vida real. En el imaginario siempre habrá
héroes y heroínas que hacen justicia o ayudan a que la
justicia no cojee. En el mundo real es otra cosa. No pasa de ser un lugar
común esperar que los "malos" paguen el precio de sus
acciones. Pero eso ya es trillado. Meter a Carolina al manicomio por
demente y por asesina a sangre fría, sería como "Y
vivieron felices para siempre". Desde Cenicienta odié esos
finales. Por ser un truco más para enajenar al ser humano, para
lavarle el cerebro haciéndole creer que debe esperar un buen final.
Creo en lo cíclico, también en la ley de causa y efecto,
pero debes recordar que este personaje tiene una influencia sobrenatural
que le hace actuar de esa forma. Sin explicarlo, estoy justificando su
demencia.
Veremos si con el tiempo logro recopilar material para hacer un final
diferente. Tal vez el lector aún quiere que le den finales felices.
Besos, canija!
luccas,19.09.2006
A eso me refiero, mira... la novela es buena, entretiene y uno espera los
capìtulos con entusiasmo, pero... la cortas y dices aquì
terminò todo cuando yo creìa que apenas iba empezando lo
emocionante.
Me explico?
Me gusta que la protagonista sea una asesina, no es ni la primera ni la
ùltima, no necesariamente tiene que pagar con càrcel o que la
avienten a un pozo como a jimena... no... eso es lo que espero, que no sea
lo mismo de todas o que las dejan a medias porque ya no saben de donde
sacarle un final, o... que repitan y repitan e mismo.
Tu sabes Carmen... es tu novela y no es mala, a mi punto de gusto me quedo
con ganas de ese final que nadie espera ...
Necesito que la muchachita crezca, no se puede quedar enana todo el
tiempo, porfis, has que crezca y dale un sorpresivo final de esos que tu si
sabes dar.
besos mi niña, hasta donde la dejaste es bastante buena...
Yo si quiero que la termines.
Tomarè como que leì un libro incompleto o... que
algùn chamaco travieso le arrancò la mitad.
Es buena la novela... no la dejes asì.
todo mi cariño.
Carmen_Posada,20.09.2006
El chamaco travieso que le arrancó la mitad me la devolverá
algún día... por ahora no hay más final que este!
Sorry, Letty, no soy tan buena con los finales.
¡¡¡No son de fiar!!!
luccas,24.09.2006
Gracias por abrir este foro muertelenta (mi amiga del alma)
Gracias Carmen por compartir su novela
(aùn espero el final)
pero... mas gracias...
por ser quienes son conmigo!!
Eso sì no tengo como pagarlo carajo!
Les regalo este mi Dìa
que ha sido bendito desde el amanecer.
Casi dos años después volví a leer este bodrio y lo
disfruté nuevamente, tal vez mucho más.
Hay partes que no recordaba, tal vez porque en aquella ocasión
leí muy rápido, pero quiero decirte Carmen, que me
pareció muy interesante y entretenida la historia. Perfectamente
narrada, excpto unas partes donde aplicas algo así como lecciones de
Psicología que honestamente leí sin mucha atención,
pero aparte de eso, está muy buena.
Pero al igual que Letty, siento que todavía hay muchísima
tela de donde cortar, hay cosas que se quedaron como en el aire, misterios
que aclarar, me intriga muchísimo... saber qué fue de los
otros personajes, en fin... Sé que el lector también tiene
que hacer el trabajo de interpretar, de darle su propio sentido a la
historia, pero a veces también nos gusta que nos presenten todo el
plato servidito sin tener que pararse por la sal.
Como dices en una parte de la novela "¡qué facil es
hacer felices a las personas! así que, ¿por qué no nos
regalas un poco más?
No había visto los últimos comentarios en este foro. La
última vez que lo visité fue hace taaaaaaaaannnnnnntooo
tiempo.
Me halaga saber que está inconclusa (de ahí lo mala que le
pareció a los editores), me halaga porque ya no la siento como un
trabajo desperdiciado, simplemente suspendido. Supongo que me falta madurez
y berraquera para terminarla de verdad. También me falta dejar que
el tiempo resuelva algunas cosas que fueron tomadas de la vida real
(sólo unas pocas, aclaro).
Algunos de los personajes son reales, aunque los hechos hayan sido
modificados. Algunos murieron (tres específicamente) otros no
sé dónde están. Los personajes principales... de
ellos no me atrevería a decir nada aún. Cada vez que me
enfrento a esta historia y tengo que releerla para intentar darle un
verdadero final me bloqueo por completo.
Pero tengan la certeza, Angélica, Letty, Isa y los pocos que la
disfrutaron, que algún día lo haré y - de la forma que
sea - les haré llegar ese final a sus manos.
Carmen de Posadas Mañé. (Montevideo, 13 de agosto de 1953),
escritora hispano-uruguaya, residente en España.
Biografía [editar]Hija de un diplomático y una
restauradora es la primogénita de cuatro hermanos, tres niñas
y un niño. Vivió en Uruguay hasta los 12 años, donde a
causa de la profesión de su padre debió trasladarse a
Argentina, España, Inglaterra, donde fue al colegio, y Rusia.
Comenzó sus estudios universitarios en la Universidad de Oxford y
los abandonó en el primer curso para casarse con Rafael Ruiz de
Cueto. De este matrimonio tuvo dos hijas, Sofía (1975) y Jimena
(1978). Se casó en segundas nupcias con Mariano Rubio. En 1985
adquirió la doble nacionalidad uruguaya y española.
Presentó en 1988 el programa de Televisión Española,
Entre líneas. Comienza su carrera literaria escribiendo literatura
infantil y juvenil en 1980 que prosigue hasta 1987. En 1984, su libro El
señor Viento Norte ganó el Premio Nacional de Literatura a la
mejor edición. Su primer trabajo más allá del
género infantil será Escena improbable en colaboración
con Lucrecia King-Hedinger. Escribe guiones de cine y televisión y
dos ensayos satíricos: Yuppies, jet set, la movida y otras especies,
y un año más tarde saca El síndrome de Rebeca:
guía para conjurar fantasmas. Desde este momento, Posadas irá
alternando cuento y novela. En 1991 publica el ensayo ¡Quién
te ha visto y quién te ve! y en 1995 la novela Cinco moscas azules.
En 1997 escribe la colección de cuentos Nada es lo que parece. Al
año siguiente obtiene el Premio Planeta con Pequeñas
infamias. En el año 2002, la revista Newsweek destacó a
Carmen Posadas como una de las autoras latinoamericanas más
destacadas de su generación Cuando las cosas comienzan a tomar un
rumbo claramente ascendente para Posadas, las muertes de su padre y de su
marido en 1999 suponen un duro mazazo para la escritora, que confiesa no
haberse recuperado aún. En el año 2001 publicó La
Bella Otero, que pronto será llevada al cine. En 2002 publica un
recopilatorio de artículos, La hernia de Viriato: Recetario para
hipocondríacos escrito en colaboración con su hija
Sofía. En 2003 aparece El buen sirviente, y en el año 2004 A
la sombra de Lilith, en colaboración con Sophie Courgeon. Ambas
obras han sido recibidas por la crítica y el público con
igual favor que sus obras anteriores. En conjunto, sus libros han sido
traducidos a veintiún idiomas y se puede encontrar en las
librerías de una cincuentena de países. Existe una
biografía autorizada sobre la autora que se llama "Carmen
Posadas. Una historia por contar" en la que se recogen todos los
años de su vida desde su nacimiento hasta la actualidad. Ha sido
escrita por el periodista Moisés Ruiz, profesor de la Universidad
Europea de Madrid, en la que Carmen Posadas es miembro del Consejo Asesor
Universitario. Ésta es la primera vez que la escritora pasa a ser la
protagonista de las propias páginas de un libro. En la obra cuenta
detalles sobre su vida que hasta ahora eran desconocidos. Fue publicada en
febrero de 2007 por la editorial Adhara. Juego de niños, Planeta,
2006 y Literatura, adulterio y una tarjeta Visa Platino, Planeta, 2007.
"Hoy caviar, mañana sardinas", RBA 2008, en
colaboración con su hermano Gervasio Posadas y "La cinta
Roja", Espasa 2008 son sus últimas novelas. Otros galardones
son el premio Apeles Mestres de literatura infantil y en el año 2008
Premio de Cultura que otorga la Comunidad de Madrid