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| muertelenta,26.07.2006 |
luccas,22.07.2006
'TRECE' ah! es la novela que escribió Carmen_Posada y que... editó, según cuenta, dice que no le fue bien en la venta de su primer novela pero... yo lei los primeros capitulos y esta muy buena!!
marimar,22.07.2006
¿¿¿¿¿QUEEEEEEEEEEEEEEEE?????? Luccas es Ana?????
yo creía que era un chamaco y estaba enamorándolo.
Luccas es otro loco y se viste con la ropa de Ana y la muertelenta salió del manicomio y quien le va a leer a esa carmen posada ese libro con semejante título "TRECE", ¿Trece qué? ¿TRECE locas? ¿Trece hombres con ropas de mujer? ¿Trece mujeres con pelotas?
yo no entro más en este antro de perdición, soy una santita vestida siempre con mi manto blanco, símbolo de la pureza, con mis blancas manos con las palmas hacia arriba y con los ojitos de carnero degollada.
Carmen_Posada,24.07.2006
Y yo soy la famosa autora de TRECE y borré los capítulos publicados en este sitio porque a la gente la asustaban (por largos, por na más). Cuando empiece a ganar platica con ella les mando alguito pa que vengan a visitarme al manicomio en el que me internaron hace 15 días que lo único bueno que tiene es unas sala de internet (Y se supone que lo que me enloqueció fue la Virtualidad... jajajajajaja)
mariann,24.07.2006
Carmen, yo quiero leer su famosa novela TRECE, mire que a mi no pervierte... ande, diga que sí! Al fin que locas de la virtualidad ya somos muchas, o no Luccas?
Carmen_Posada,24.07.2006
jajajaja
Mariann, TRECE, se lo digo de corazón, es un Bodrio. Fíjese que ni yo misma he podido terminar de hacerle correcciones porque cada vez que empiezo me da un mareo extraño y como que la mente se me pone en blanco y luego no me acuerdo de lo que estaba haciendo...
mariann,24.07.2006
Razón de más para que me interese leerle , chance y le salga una gloria de esas como las que escribió Juan Rulfo, que según dicen, una de sus novelas la tiró a la basura, luego se arrepintió y juntó las hojas tal como estaban, en desorden, lo que le dio ese estilo único que confunde e impacta al lector, de ahí el éxito.
marimar,25.07.2006
Yo soy la primera y única fans de Carmen Posadas´, es decir la fanática admiradora de su libro "Trece", no dejen de leer el título, es lo único bueno de la obra.
muertelenta,25.07.2006
Carmen, ya viste que tienes un "fans???
Carmen_Posada,25.07.2006
Si yo tengo clú mi comadre, clú de fanS es lo que tengo, pero ella quiere ser presidenta y única, ¿ves?
Ahí si ni modo, toca que la nena se postule y que los demás la elijan. Por lo pronto le agradezco la publicidad gratuita que le ha hecho al título que es lo único decente de mi bodrio de novela.
Es que lo gueno de tener fanS es que son ellos los que se encargan de hacerme publicidad y no me cobran un peso por ella... jajajajaja
marimar,26.07.2006
Muy buena mi publicidad, exijo un 50% de las ganancias.
Lucccas_,26.07.2006
¿'Trece' es una novela?
¿Dònde puedo comprarla?
Mmmm... crack, crack, mmmm...
Carmen_Posada,26.07.2006
A marimar no le pago ni medio peso por la publicidad
¡Ni cagando!
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| Carmen_Posada,26.07.2006 | jaaaaaaaaaaaaaaa
¡¡¡Lo abrieron!!!
Yo creí que era de jodas... Bueh, me tocó bailar con la más fea, y en la sección de críticas. Buen tiro para el linchamiento que se viene de los 367 integrantes de mi Clú de FanS
Voy al COPI/PASTE Para el primer capítulo. | | |
| Carmen_Posada,26.07.2006 | TRECE
Susurros (Capítulo 1)
Felicia se levanta sobre la cordillera occidental a una altura aproximada de 1.700 mts sobre el nivel del mar, unos 25 minutos por la carretera que conduce desde Cali hasta el puerto de Buenaventura. A unos 12 Kms. hay una pequeña desviación que más parece un camino de herradura y que se abre paso entre las montañas.
No es un pueblo, es a penas un caserío muy pequeño, en su mayoría de casas veraniegas, que se extiende sobre la mas hermosa región de la cordillera, colmada de bosques de coníferas, con una excelente vista sobre el valle, hogar de miles de especies y reserva natural ya que por cada 5 hectáreas de bosques cuenta con un nacimiento de agua. No tiene espacio en el mapa por no alcanzar la cantidad mínima de habitantes permanentes que las leyes exigen para incluirlo geográficamente. Sin embargo los propietarios de las casas de veraneo han logrado llevar al menos energía eléctrica hasta los puntos más altos de la zona. En conjunto, fuera de una miscelánea que ya tiene unos 15 años, en Felicia no hay muchas cosas nuevas, una tienda de víveres que cambia ocasionalmente de dueño, un billar donde se reúnen algunos hombres cada tarde a tomar cerveza, una iglesia restaurada de cientos de veces por haber sido blanco de fuegos cruzados entre ejército y guerrilla durante finales de los 90’s y la estación de policía, lo demás estaba intacto a como lo recordaba Carolina Poveda mientras conducía alrededor de la plaza buscando alguien que le indicara si había paso libre hacia la cabaña de los Londoño. Pero era lunes y Felicia estaba callada, parecía realmente deshabitado.
- “Los lunes en Felicia nadie trabaja” - recordó, y sin temor de lo que pudiera encontrarse en el camino, tomó la pendiente que conducía hacia la cabaña.
Estaba atardeciendo y no había alumbrado en la carretera destapada. Pero Carolina conocía ese camino como la palma de su mano.
Estacionó el auto frente lo que quedaba de las veraneras que con tanto cuidado había sembrado Mariana viuda de Londoño. Ahora solo había lodo y rastrojo.
Buscaba las llaves de la entrada principal cuando escuchó un trueno, el viento helado le golpeó la cara y comenzaron a caer las primeras goteras lo que anunciaba que sería una noche tormentosa.
Dentro de la casa el aire se sentía pesado. Había estado cerrada demasiado tiempo. Los muebles estaban cubiertos por sábanas y no había electricidad. Buscó una linterna y un abrigo impermeable en el armario del corredor y salió de nuevo para sacar del baúl del carro una maleta y dos cajas pequeñas con víveres. El aguacero se había desatado y la tormenta eléctrica le causaba algo de inquietud. Carolina siempre había temido a las tempestades, desde niña imaginaba que un relámpago la alcanzaba.
Fue hasta la cocina y buscó en los estantes velas pero no había, solo encontró polvo y cadáveres de polillas.
Junto a la chimenea había un viejo Baúl. Lo abrió y encontró una lámpara de petróleo que estaba llena. La encendió y la estancia se iluminó por completo.
Llamaría a la empresa de energía a la mañana siguiente. Su celular no daba señal por la tormenta. Tal vez no había sido buena idea llegar al caer la noche, pero ya era demasiado tarde para regresarse a Cali. Decidió prender la chimenea, al menos así tendría suficiente luz.
Con la lámpara en la mano empezó a recorrer todas las habitaciones. Todo estaba igual, las camas, las ventanas, los armarios, todo. Parecía como si el tiempo no hubiera transcurrido dentro de esa cabaña. Al entrar a la última habitación notó algo extraño, no podía identificarlo con claridad, pero había algo diferente. Era la habitación que años atrás había sido de los mellizos. Estaban las dos camas gemelas formando una L, la misma alfombra gris y negra, el televisor... Todo en la misma distribución, pero había algo diferente en esa habitación. Tal vez era su imaginación, pero se sentía como si alguien hubiera estado allí.
Subió las escaleras para revisar la única habitación del segundo piso cuando escuchó un golpe fuerte. El golpe venía de arriba. Sintió un poco de miedo pero era mejor cerciorarse. Era solo el viento, había azotado la ventana del baño. La cerró nuevamente y la aseguró con una cuña para que no se abriera otra vez.
Había telarañas y polvo por todas partes.
Bajó las escaleras y entró de nuevo a la habitación de los mellizos y ya se iba cuando de nuevo algo le llamó la atención. No estaba segura de lo que era... Miró a su alrededor, persistía esa atmósfera extraña, una atmósfera de perturbación que siempre había percibido. Acarició el intrincado diseño de las camas gemelas talladas a mano por artesanos. Se preguntaba ¿por qué nunca cambiaron ese cuarto? Al acariciar la madera notó que no había una sola partícula de polvo. Todo estaba muy limpio allí. No había ni polvo ni mugre ni una sola telaraña en las esquinas. Eso era lo que le había parecido extraño. Tendría que preguntar si alguien había estado allí en estos años.
Fue a la cocina y buscó la botella de vino y una copa en las cajas de víveres que había llevado. Era un vino Santa Rita vieja Reserva. No era muy fino, pero solo quería calentarse un poco junto a la chimenea. Sería una larga noche, sin televisión, sin música. Abrió el baúl para ver si había algún libro, pero en su lugar encontró unas fotografías familiares y un cuaderno de anotaciones. Era su cuaderno. Sintió un poco de escalofrío cuando lo reconoció. Pablo Londoño se había quedado con él aunque en su momento dijo haberlo quemado.
Apuró la copa de un solo trago y se sirvió otra. Había fotografías de David y de Pablo por cantidades. Las miraba con cierta fascinación. De niños eran idénticos, pero cuando crecieron, sus rasgos fueron cambiando significativamente. David tenía la cara más cuadrada, la mandíbula recta y algo partida la barbilla. Pablo era carirredondo, la barbilla también y la nariz algo más fina que la de su hermano. Carolina nunca los confundió. Ni siquiera de niños.
Había una foto más reciente, miro la fecha y se impresionó. Creyó que era David, pero esa foto sólo tenía 5 años de haber sido tomada. No tenía sentido. Su mente le estaba haciendo una jugarreta o tal vez el vino le había hecho efecto. Estaba concentrada buscando los detalles que los diferenciaban cuando algo rozó su pierna y la asustó. Pegó un brinco y alcanzó a lanzar un grito cuando se dio cuenta de que era Tomás, su gato. ¿Cómo se las arreglaba siempre para seguirla? Seguramente se había subido de nuevo al motor del carro cuando salió de la casa. Se agachó para cargarlo. Era muy viejo, ya no tenía la pericia de antes para saltar sobre sus piernas, estaba un poco ciego y atontado. Había cumplido 13 años el mes anterior. Era demasiado tiempo para un gato.
Lo cargó y sintió un leve mareo al erguirse. El fuego se había avivado. Carolina estaba en un estado de semi inconciencia. Sostenía al gato en sus brazos mientras miraba las llamas. Volvió por tercera vez a la cocina y tomó un cuchillo que había en el lavaplatos. Estaba un poco oxidado. Abrió la puerta trasera y rodeó la casa. Caminó bajo la tormenta por un camino de herradura hasta una piedra grande que adornaba el frente de la cabaña. Allí se sentó con el gato forcejeando, pero era tan viejo que ya ni siquiera tenía garras para defenderse. Carolina levantó el cuchillo y lo clavo en el abdomen del animal una y otra vez con una sevicia aterradora. El pobre animalito no sufrió mucho, murió al instante con la primera puñalada. Carolina se levantó, recogió los restos y vísceras destrozadas del animal y se dirigió de nuevo a la casa. Lanzó el cuchillo dentro del lavaplatos y los restos del gato muerto al fuego de la chimenea donde fueron consumiéndose lentamente al ritmo con el que ella vaciaba el resto de la botella de vino. Cuando hubo terminado se fue hasta el baño y se lavó las manos y la cara. Tenía la ropa mojada y manchada con la sangre de Tomás pero no tenía idea de lo que había pasado. No recordaba absolutamente nada. Decidió tomar una ducha para cambiarse de ropa y acostarse a dormir.
El agua helada le recorría el cuerpo y Carolina advirtió una sensación de alivio que hacía muchos años no percibía. Como si estuviera libre por primera vez después de mucho tiempo de encierro. De pronto la luz del baño se encendió, Carolina cerró la llave y se envolvió en una toalla. Salió del baño y todas las luces estaban encendidas.
Al parecer había sido un apagón durante la tormenta, ya el servicio se había reestablecido y la tormenta había cedido. Solo soplaba el viento.
Carolina acomodó sus cosas en la habitación de los mellizos, arregló la cama y se acurrucó bajo dos cobijas gruesas de lana. Apagó la luz y dejó una lamparita de noche encendida. No sentía ya ningún temor. El viento silbaba y como un susurro alcanzó a escuchar:
“... Dale señor el descanso eterno y brille para él la luz perpetua...”
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| Carmen_Posada,26.07.2006 | ahhh es que borraron el otro!!!
entonces este es el definitivo? No vaya a ser que el segundo capítulo lo mande luego pa un foro fantasma y se pierda con el gato! | | |
| Axterion,26.07.2006 | Me agrada esto: así no tengo que comprarla.
Salu2. | | |
| anggelbueno,27.07.2006 | | y ahora yo digo[[[ quien es carmen posada de quien tanto hablan, que gano ha????? aqui en perú no se sabe casi nada de ella. o es una hermana cuentera de este lugar, perdonen mi ignorancia, pero carmen posada, no, ps, definitivamente no me acuerdo habermela topado, es mas no creo haberla visto, por la gran alfombra del anggelbueno. pero carmen posada ¡¡¡quien es''''''' porfa denme una pista o si no, diganme donde compro ese bodrio que tanto dicen. atentamente anggelbueno. | | |
| maitencillo,27.07.2006 | JAJAJAJAJAJA
JAJAJAJA
¡Que buena carcajada me he pegado!
¡Gracias! | | |
| marimar,27.07.2006 | Angel, sólo por el título vale la pena comprar el libro.
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| IsamaR,27.07.2006 | | La Srta. Carmen Posada es una literata muy galardonada, sobre todo ganadora del gran premio Juan Rulfito, con su novela "treSe" | | |
| maitencillo,27.07.2006 | | Isamar, no olvides mencionar que con esta novela quedó finalista en el premio Alfaguarda 2005 | | |
| KaReLI,27.07.2006 | ah... yo pensaba k era "TraSte"
(a la trol la trolearon jajaja)
carmen... pasate uno autografiadoooo
mi dirección la paso al LDV je je
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| IsamaR,27.07.2006 | Ahora está de paso por la feria del libro de cabecera 2006, version 21.00 v3, lima limon, en su stand de ediciones Preisa, autografiando los "treSes".
Es la favorita para el Nóvel de literadura 2006, qué mas!
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| IsamaR,27.07.2006 | | Me extraña araña, buenangel (de la guarda?) q no sepas nada de esta genial autora, del nivel de Mario Vergas-loca y de Alfresco Bráis. | | |
| marimar,27.07.2006 | Comencé a leer "Trece" por curiosidad, mi intención fue leer sólo unas líneas ya que estaba segura que era un "bodrio" ( propaganda que se hace la autora), pero me encontré con un contenido ágil, bien narrado y creo que va a ser atrapante.
"
Fue hasta la cocina y buscó en los estantes velas pero no había, solo encontró polvo y cadáveres de polillas.
Junto a la chimenea había un viejo Baúl. Lo abrió y encontró una lámpara de petróleo que estaba llena. La encendió y la estancia se iluminó por completo."
Como estaba a oscuras, quedaba mejor al abrir el baúl, tantear y encontrar la lámpara. ( un pequeño detalle)
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| KaReLI,27.07.2006 | Mario Vergas-loca y de Alfresco Bráis.
jaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
y luego dicen k yo soy la ocurrente!!! | | |
| maitencillo,27.07.2006 | Esta novela en su primera edición y más encima autografiada por la autora, se venderá en millones dentro de un par de años.... ¡Yo también quiero uno! (a mi edad debo ir pensando en la jubilación ) | | |
| IsamaR,27.07.2006 | jajajajajaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
Quiero el mío también y la fotito junto a otros autorazos como Troncagiolo y la viuda de Burgués, Maria Kodak. | | |
| Carmen_Posada,27.07.2006 | A petición de tan selecto público les mando en un solo viaje los dos capítulos siguientes (me ganaré el madrazo de los que no soportan los posteos largos entre los 10 últimos pero me vale hongo)
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TRECE
Descendiendo al primer infierno (Capítulo 2)
Los mellizos Londoño fueron los típicos adolescentes problemáticos que disfrutaban de su popularidad durante la década de los 80’s, eran muy conocidos en barrios tradicionales del norte de Cali como La Flora, Versalles, Santa Mónica y Santa Teresita. Tenían fama por ser alocados, irresponsables, sin Dios ni ley, capaces de cualquier acto de indisciplina y de rebeldía. Fueron el dolor de cabeza de la mayoría de los padres cuyos hijos asistían a los colegios por los que este par de personajes desfilaron. En especial David que era por decirlo de alguna manera “la oveja negra” mientras Pablo al menos se preocupaba un poco por no hacerse expulsar del colegio, aunque también era hiperactivo como su mellizo. Fueron muy unidos hasta la adolescencia cuando empezaron a frecuentar diferentes grupos y comenzaron algunas rivalidades al interior por los cambios frecuentes de temperamento, sobre todo en David.
Ambos infundían más temor que respeto, era su estrategia para mantener a raya a todos los que los rodeaban. Por separado eran un problema, pero juntos eran una verdadera tragedia. Una inocente fiesta de 15 años, elegante como se acostumbraba en ese entonces, podía terminar en una hecatombe con sillas volando por los aires, narices y dientes rotos y altas cuentas por destrozos en propiedad ajena.
Carolina los conocía desde niños, aunque solo era amiga de David. Pablo por su parte no la determinaba. Sabía de su existencia porque en la Cali de esa época “todo el mundo se conocía”
Con David, en cambio, habían creado un vínculo muy estrecho. De más chicos jugaban juntos monopolio y scrable, ya de adolescentes salían juntos a fiestas donde él la cuidaba como un hermano mayor, no dejaba que nadie se le arrimara a menos que fuera uno de sus amigos de confianza y bajo la firme amenaza de masacrarlo donde le hiciera cualquier desplante. David siempre la hacía sentir segura y respaldada. A ella le gustaba esa mística que se creaba a su alrededor por el solo hecho de que él fuera tan especial con ella. Se sentía intocable, inaccesible, como la princesa del cuento.
David era manipulador, calculador y mentiroso. No era que no la quisiera, pero jugaba ese papel de hermano protector, en parte por que no tenía hermanas a quien cuidar, pero en el fondo sabía que tener a Carolina mejoraba su imagen ante las demás jovencitas, le daba encanto y ternura frente ellas, era su mejor carta de presentación.
A finales de los 80’s David comenzó a consumir drogas. Al principio solo era marihuana, luego cocaína. Creía que podía manejarlo, dejarlo en cualquier momento, pero la verdad era que cada vez la droga lo dominaba más y más. Se drogaba para ir al colegio, para ir al Centro Comercial, para ir a fiestas, siempre buscaba otros con quien drogarse y así poco a poco empezó a perder el control. Lo expulsaron de varios colegios entre 1987 y 1989, siempre buscaba problemas y peleas que terminaban en una cacería casi a muerte. No eran problemas de pandillas, pero si habían “parches” definidos por el lugar de reunión y la ley implícita era que “el que no estaba con David era su enemigo”. Así de simple, una pelea podía comenzar por cualquier tontería, por mirar demás en una fiesta o en la Esquina del Chontaduro en el Centro Comercial del Norte, cerca de donde años antes había funcionado Almacenes Sear’s y que en esa época se había convertido en el centro de reunión de adolescentes los viernes por la tarde para organizar el plan de la rumba para el fin de semana, el narcotráfico ya había alcanzado a todas las esferas sociales y en ese punto se hacían muchos negocios entre los hijos de los capos y sus amigos en aras de hacer su propio imperio manejado por jóvenes y auspiciado por los mayores.
Guardadas las debidas proporciones, fue un fenómeno similar al presentado durante la década de los 60’s con el Grupo de los Martes, un grupo conformado por los hijos de los representantes de la clase dirigente en Cali, y que fuera el inicio de una era próspera para la ciudad en términos de desarrollo, generación de empleo y capacitación. La diferencia entre el Grupo de los Martes y el grupo de la Esquina del Chontaduro radicaba en que los primeros escogieron ejercer el liderazgo dentro del marco de la legalidad, mientras que el segundo lo hizo para organizar el negocio del narcotráfico y expandirse. Por lo demás fue exactamente el mismo fenómeno ya que ambos grupos determinaron en gran medida el curso de la historia de la ciudad en términos socio económicos, políticos y culturales. Ambos generaron empleo, ambos le dieron la posibilidad de un aumento en la capacidad adquisitiva de quienes, de manera independiente, no tenían cabida en el mercado, ambos crearon organizaciones que aportaban desarrollo y modernización en la ciudad. En pocas palabras, ambos grupos aparecieron como resultado de un deterioro económico de la región y como alternativa de solución. Y aunque el grupo de la Esquina del Chontaduro fuera un grupo dedicado a una actividad ilegal, no dejaba de ser atractivo para los jóvenes que buscaban una oportunidad de mejorar su calidad de vida.
A principios de 1989 David conoció a Jimena Montes en una fiesta de disfraces. Desde la primera vez que la vio pasar en un bus del colegio, se empeñó en conocerla. Jimena era todavía una niña de apenas 14 años que vivía en un apartamento en Versalles con su madre. Su vida había sido difícil desde que fue concebida. Fue un accidente de sus padres ya que ni siquiera sostenían una relación. Su madre era una hippie de los 60’s y su padre era un muchacho inexperto, de familia tradicional que cometió un desliz propio de la edad. Así vino al mundo en la Casa de la Madre Soltera donde la familia de su madre las había exiliado para evitar el escarnio público. Para completar el cuadro, Clara, la madre de Jimena consumía marihuana en grandes cantidades. Su infancia por tanto fue marcada por el rechazo, el abandono, la inestabilidad y lo que es peor, el maltrato psicológico de una madre que no ofrecía la menor garantía. A sus años, Jimena había vivido más cosas que cualquier adulto promedio, aunque su apariencia era de una inocente chiquilla que buscaba afecto y estabilidad.
Ella y Carolina se habían hecho amigas por terceros de los barrios vecinos. Santa Mónica y Versalles estaban separados por la Avenida 6ª. Y por el centro comercial del norte donde también quedaba la Esquina del Chontaduro. Carolina, que era muy sensible a los conflictos emocionales, a esas tragedias humanas derivadas de la falta de estructura familiar, la había acogido como se acoge a un gatito extraviado y hambriento.
David presionó a Carolina para que los presentara. Llevaba más de dos semanas secándola con el mismo cuento. Estaba obsesionado con la idea de conocerla. Carolina cedió y le contó en donde sería la fiesta de disfraces que organizaba el “parche” de Santa Mónica y le aseguró que Jimena estaría allí. Pero estaba advertida de que no podía llevar a David a esa fiesta, así que fueron por separado. Cuando David apareció, Carolina lo ignoró durante un rato, luego supo que Jimena también quería que se lo presentaran y se valieron de Claudia, otra de sus amigas para que los juntara.
Después de muchos años, al recordar esa noche, Carolina se estremece al pensar que tal vez ese fue el inicio de todo.
David se enamoró como un tonto. Conquistó a Jimena a punta de palabras bonitas y gestos. Para Jimena era solo un juego. Conocía su fama y eso le parecía toda una aventura. Fueron novios muy poco tiempo. Unos cuantos meses hasta que ella no soportó los celos enfermizos, las obsesiones y por supuesto, sus estados alterados por el consumo de cocaína y marihuana. Era demasiado para ella a pesar de saber manejar esas situaciones que de por sí son complejas. Pero a su vez, estimulaba a David para que la celara, era una estrategia para hacerse notar dentro del su círculo social. David estaba enloquecido por ella. La había convertido en el centro de su mundo y cuando ella lo dejó se descontroló por completo. Dejó de importarle todo, consumía cada vez más cantidad de cocaína. Se perdía tres y cuatro días con amigos que le aguantaban el ritmo, llegó incluso a cometer delitos menores para conseguir dinero y comprar más droga. Tenía grandes deudas con varios proveedores.
Carolina trató muchas veces de convencerlo de hacerse un tratamiento, pero tampoco sabía ya qué hacer con él. La llamaba a altas horas de la noche, llorando como un bebé, borracho unas veces, drogado la mayoría, para decirle que no podía vivir sin Jimena. Era una locura. Carolina lo escuchaba pero nada que ella le dijera lo hacía entrar en razón.
Ya no le gustaba salir con él porque siempre terminaba enredada en algún problema, separándolo en sus peleas, disculpándose con los demás por sus escándalos. Estaba harta de eso.
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TRECE
El Legado (Capítulo 3)
La noche del 3 abril de 1992, Carolina estaba en su casa conversando con Nacho, un amigo de aquellos del paquete de infancia. Acababa de cumplir 20 años y estaba en segundo semestre de Sicología. Escogió esa carrera pensando que podría resolver sus propios problemas y tal vez los de algunos de sus amigos. Era idealista y se creyó el cuento.
David llegó cerca de las 8:30 en una moto.
- Sorpresa! – le gritó cuando Carolina abrió la puerta. Hacía 2 meses que se había ido a “la finca” como solía llamarle a un centro de rehabilitación donde sus padres lo ingresaron en su último intento por ayudarlo a salir de ese mundo. – ¿Me extrañaste?
- ¿Que estás haciendo aquí? ¿De dónde sacaste esa moto?
- Deja la bulla... Me dieron permiso porque mi tío murió esta semana y la moto me la prestaron por ahí.
- Siento mucho lo de tu tío, pero ¿seguro que estás de permiso?
- ¿No me crees? Llama a mi mamá entonces. Bonita forma de recibirlo a uno! Y yo que te traje un regalito...
- Tengo todas las razones del mundo para no creer. ¿Quién te prestó la moto?
- Por ahí...
- Mírame a los ojos. – Carolina le cogió la cara cosa que solo a ella le estaba permitido – Estás embalado!
- Pa’ chucho que no me he metido nada. ¿Por qué sos así? Ni un abrazo, ni un “me hiciste falta”, ni siquiera un “vení charlemos”
- Es que me aterra que estés por ahí otra vez. Después de la última estoy paranoica con vos. Creí que te iban a matar.
- Hierba mala nunca muere... Y vos qué, vení sentémonos en el murito a fumarnos un puchito y me contás.
- Espérate llamo a Nacho que está adentro.
Carolina entró y le contó a Nacho que el mellizo estaba afuera y que aparentemente estaba sano, pero que había que tener cuidado porque andaba en una moto y con cara de estar buscando donde meterse un pase.
Ambos salieron, David y Nacho se saludaron pero David, a pesar de haber sido amigo de Nacho, se sentía incómodo. Le gustaba hablar a solas con Carolina porque con ella sí podía ser él mismo, sin ponerse la máscara de malandro ni adoptar la actitud de rey de la selva de concreto.
- Viejo Nacho! Tiempo sin verlo, ¿qué se dice?
- Nada viejo Mello, camellarla como siempre. Y usted que? Lo veo gordito.
- La buena vida.
- Negrita – dijo Nacho dirigiéndose a Carolina – Estoy viendo el picadito del Cali, yo mas bien los dejo solos pa’ que charlen. Voy a estar ahí en el cuartico de la tele me avisan si van a hacer algo yo me les pego.
- ¡Fresco, parce!
Nacho se entró a la casa y David y Carolina se sentaron en el muro con un paquete de cigarrillos en el medio.
- Seguís fumando como puta detenida ¿no?
- Al menos eso no me enloquece.
- Que pereza con vos, ¿será que dejás el sermón para otro día? Mirá que hace 2 meses que no te jodo ni nada. Mas bien ¿contame qué es de la gente? Que has oído?
- Nada, yo me la paso en la Universidad, nerdiando a la lata. No me veo con nadie. Así me evito problemas. Ando juiciosita.
- Y Carlos, ¿volviste a saber de él?
- Ni en las curvas. Se lo tragó la tierra y mejor para mí. Ya estoy mejor.
- Pues eso veo. Donde te pongás buena ese man se va a retorcer de la piedra. Ese perro me la debe. Yo solo estoy esperando para cobrármela.
- Por qué siempre tenés que pensar así.
- Es que no es por vos. Vieja, ese man me estaba haciendo la vuelta el otro día y nos agarramos pero yo lo solté porque a lo bien que hemos sido parceros desde hace años y sería muy chimbo, pero si yo me entero que ese man se me ha seguido torciendo y hablando caspa de mi, pues le paso la factura, para que afine. Y, por qué no, también le paso la factura por haberte hecho llorar. O es que ya se te olvidó todo el moco que botaste en diciembre por ese perro sarnoso.
- No, no se me ha olvidado, pero yo no me pongo a pensar en cómo desquitarme, la vida solita se encarga de cobrarle a la gente lo que hace mal y yo se lo dejo al de arriba.
- ¡Que va! El de arriba a veces se le olvida que uno sigue acá abajo y si no se las cobra uno pues se van sin pagar y así no es la vuelta.
- Vos verás como hacés tus cosas pero a mí sacame de ese cuento. Y contame ¿cómo es la cosa por allá en donde estas guardadito?.
- Pues es una mierda. Uno se la pasa agüevado todo el tiempo. Te ponen a hacer cosas de finca y a hablar en grupo y yo para esas maricadas no sirvo. Yo no sé si vuelva.
- ¡Si ves! Yo sabía que te habías volado. El pez muere por la boca...
- Es que no pude, Caro, pa’ chucho que yo quería y así se lo dije a mis cuchos, pero si querés que te diga como es la vuelta pues allá adentro se consigue mas perico que afuera y más barato. Yo sé que yo puedo dejar esta mierda solo, como lo hice cuando Jimena, yo en ese tiempo dejé el perico del todo y acordate que me puse a hacer ejercicio y todo. Solo que esa malparida me dejo vuelto una picha y claro, volví a joderme pero mirame! Ya estoy bien y yo puedo seguir así.
- Pues Dios te oiga porque por donde ibas...
- Ya, dejémosla allí porque no quiero hablar de cosas jartas. Voy para Bar-Sovia ¿venís o que?
- ¿A rumbear? Ni por que me paguen. Yo tengo clase mañana y además no quiero después tenerte que separar porque andás de tropel otra vez.
- Te juro que me porto bien. Mirá que yo sé que si vos vas conmigo no me dejo dañar la cabeza de ninguno de estos perros. Pero si voy solo de pronto me convencen y la cago.
- De eso no se trata, se trata de que vos podas decir que no y punto. Que chiste tiene que lo hagas por mí, hacelo por vos mismo y ya. Yo no voy aunque me rogués. Ya con la última dije que no más y es no más.
- Mucha chucha vos.
- ¿Cuál fue el regalito que me trajiste?
- Uy, el pobre debe estar cocinado ya! – David se fue hasta la moto y abrió un morral que tenía colgando del timón. – Venga chuchito, venga le presento a su nueva mamá. – Era un gatito miniatura vivo, tenía todos los pelos parados, apenas si abría los ojos y su cabeza parecía más grande que el cuerpo – Esta va a ser tu mamá de ahora en adelante.
Carolina estaba extasiada con la ternura de ese animalito. Lo cogió entre sus manos y el pobre temblaba de susto y miraba hacia todo lado. Carolina se quitó un suéter que tenía y trató de hacerle una camita con sus brazos envolviéndolo para que se calentara.
- ¡Es una belleza! ¿De dónde lo sacaste?
- Estaba en un pastizal por donde me toca ir a recoger naranjas allá en “la finca” la mamá debió dejarlo tirado porque no había rastros de ningún gato o gata cerca. Me acordé que vos te morís por estos animales.
- Pues claro que me encanta. ¡Gracias! ¿Cómo se llama?
- Yo qué le voy a andar poniendo nombre a esa rata inmunda. Le decía chuchito mientras, pero ponele el nombre que vos querás.
- A ver... que tal Ciro, o Gardel... no, mejor... ¡Tomás!
- Me importa un bledo, mientras a vos te guste...
- Sí, Tomás, como el man de “La insoportable Levedad del Ser”
- Vos y tus libros... pues lo que te digo, si te gusta. Bueno vieja, me largo porque quiero ver como está el ganado en Bar-Sovia y me deben estar esperando.
- Si querés te cambio la ida por una alquilada de películas y nos quedamos aquí en mi casa.
- Llevo 2 meses sin salir, acostándome y levantándome con las gallinas y vos jurás que me voy a quedar viendo películas un viernes por la noche.
En ese momento salió Nacho.
- Mello, ¿Me subís hasta la casa?
- Camine Nachito que usted si es mi parcero, esta vieja me salió calceta. – Suspiró – Ahhh! Me huele que esta es mi noche. Voy a ver qué levanto!
- Davi... cuídate, porfa! No vas a meter nada
- Esta vieja si que está amargada. Mas bien andá a darle leche a ese gato que no come desde esta mañana. Nos pillamos!
Se subieron a la moto y Carolina se quedó pensando si sería prudente llamar a doña Mariana a avisarle que David había estado allí. Pero decidió no hacerlo. No le gustaba ser sapa y tal vez era mejor no entrometerse.
Buscó una cajita donde acomodarle un cojín y una frazadita al gato, le puso leche en una tacita y lo subió a su cuarto para dormir con él.
Muchas veces había escuchado historias sobre los Gatos. Decían que eran muy traicioneros, que se consideraban superiores a todos los seres humanos, que no eran capaces de expresarle afecto a sus amos, hasta algunos aseguran que los gatos tienen poderes sobrenaturales y que eran mascotas del demonio utilizadas para ritos satánicos entre otras cosas. Carolina conocía bien estas historias, sabía que tal vez llegaría ese día en el que Tomás se marcharía y era probable que no regresara, o si lo hacía sería buscando alimento y un bálsamo que curara las heridas de su última batalla de pasión; pero a pesar de las historias, en cuestión de segundos se enamoró perdidamente de él, desde ese instante y mientras estuviera a su lado sería su gatito mimado, y Carolina lo único que esperaba era que al final regresara sin importar dónde o por cuanto tiempo se perdiera, sin tener en cuenta la causa de sus heridas, lo importante era que regresara y le hiciera compañía otro día, otra semana, otro mes... Lo miraba sentía que, por pequeñito y recién llegado que estuviera, Tomás sabía lo que pensaba, la comprendía, compartía su soledad y su aislamiento.
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| luccas,27.07.2006 | | Sigo leyendo... | | |
| IsamaR,27.07.2006 | | idem | | |
| marimar,27.07.2006 | Ya leí el capítulo 2. ¡Vaya! !que se deja leer!
Una temática de la actualidad muy bien llevada.
Luego seguiré con el capítulo 3.
¡Uf! estoy confundida, ¿quién soy? ¿marimar? ¿David? por lo problemática y otras coincidencias, seguro soy David. | | |
| luccas,28.07.2006 | Gracias Carmen.
No me desgasto con esa gente mija, ya te diste cuenta que puso 5 estrellas uneadoras.
Lo que si sabes contar hasta cinco, pues... son cinco nick distintos.
Solos se meten el pie y confirman mis pedantes, pero ciertas palabras.
A mi no me desgasta escribir mija, ni opinar, sigo siendo la misma de siempre. Tu amiga. | | |
| Carmen_Posada,28.07.2006 | Si quieres te pego el Capitulo 4 porque por lo visto solo tengo 6 lectoras pa'l bodrio de TRECE (más de las que esperé en realidad... jajajaja)
Así te entretienes un rato mientras al vengadoranónimo se le pasa la pataleta de vejete amargado y grosero. | | |
| luccas,28.07.2006 | Si, pegalo mija, marimar me comentò que le ha gustado mucho tu novela.
Te dije... hay para todos. | | |
| Carmen_Posada,28.07.2006 | TRECE
Entre la media noche y la madrugada (Capítulo 4)
David dejó a Nacho cerca de su casa y se fue a buscar a Juan Antonio otro amigo de rumbas pero ya él había quedado de salir con Jimena Montes. Prefirió no decirle con quién era su cita para evitarse un tropel.
David se fue para el bar molesto por no haber encontrado quien le cogiera la caña. Abandonó la moto en el primer garaje que encontró y continuó caminando hasta le entrada del bar. Estaba ansioso. Sabía que a la primera oportunidad que tuviera se metería un pase de perico para sentir ese placer que le producía. Cuando se drogaba, David se sentía poderoso, se sentía capaz de todo. Soñaba con hacer uno de esos negocios que lo volvieran millonario para darse todos los placeres que ambicionaba. Estaba tan excitado esa noche que intuía que lograría hacer un buen contacto para montar una línea y empezar en las grandes ligas, pero no del Cartel, él quería ser su propio jefe. Después de que hiciera una buena cantidad de dinero sería su propio patrón. Uno de los duros, pensaba.
Pero la realidad era que en ese negocio desconfiaban de los adictos. No eran lo suficientemente fuertes para soportar la presión. Si así fuera ya le hubieran dado la oportunidad porque conocía suficientes personas en ese mundo. Pero ninguno quería correr el riesgo con David Londoño. Además su adicción también lo había vuelto poco selectivo. Se rodeaba de otros adictos cuyo mayor logro era distribuir la droga al menudeo. Y a la mayoría les estaba debiendo.
Llegó al bar cuando ya había bastante gente. Saludó a unos cuantos y se acercó a la barra a pedir una cerveza. En una mesa reconoció a Víctor que estaba con un par de niñitas que parecían de colegio. Se acercó para saludar.
- ¿Entonces qué? Ya no saluda mijo, ¿consiguió plata o que?
- Mello... ¡qué milagro! Hace rato que no lo veía. ¿Dónde andaba que no se le volvió a ver en el estanco de Doris ni por ninguna parte.
- Viajando, pero luego le cuento. Tengo por ahí un par de negocios andando. Y... qué? ¿No presenta a las peladas?
- Mi novia, Fernanda y Clara mi cuñada.
- Mucho gusto, David. ¿Y qué se toman?
- Estamos esperando otra gente, pero por ahí nos estamos copiando. Me encanta verlo. Cuídese que lo veo bien. – Y Víctor le extendió la mano como despachándolo de la mesa. Habían sido muy buenos amigos hasta que David empezó a consumir. Ahora Víctor lo evitaba siempre que podía. Utilizaba su diplomacia natural pero David no era estúpido y disfrutaba fastidiándolo.
- Pero ¿qué? Ya me está sacando de taquito. Viejo Víctor, me extraña, usted que siempre ha sido mi parcero del alma. No me diga que ahora no quiere compartir las hembritas cuando hace dos añitos nos turnábamos para salir con las viejas. Como ha cambiado. Este man se volvió todo picado de chimba. Fresco viejo Víctor, no se pare que ya me voy, un besito para las niñas que están bien buenas. Pero sabe qué... Mejor piérdase que vaya y se me dañe el corazón y se me quite la diplomacia.
- No, Mello, ni más faltaba, si quiere ahora nos tomamos unos chorritos juntos pero no me dañe el parche con mi cuñada que es culicagadita y luego se me calienta la novia. – Le mintió para ver si así lo dejaba tranquilo.
- Fresco, yo se como es la vuelta, pero esperate y verás que un día de estos te doy la sorpresita.
Se alejó masticando un poco de rencor porque sabía que le estaban haciendo el quite. Los mismos amigos a quienes muchas veces les salvó el pellejo de una golpiza segura.
Pensaba en esto cuando alguien le puso una mano en el hombro. Se dio la vuelta y era Zapallo. No recordaba el nombre porque desde siempre le habían dicho así: Zapallo, a secas. Era un jíbaro de varias discotecas del que se había hecho muy amigo en el último año pero a quien también le debía una buena suma de dinero.
- ¿Qué Davi? Lo ando buscando desde hace días.
- Zapallito... ¿qué dice? Pues claro, si yo vine porque me dijeron que ahora estaba por acá. Yo sé que le estoy debiendo una platica de diciembre pero no se preocupe que aquí tengo una parte y mañana puedo darle el resto. – Diciendo esto sacó dos billetes de 5 mil pesos y se los entregó.
- Davi... Davicito... No me crea tan pendejo. Usted nos debe a Pacho y a mí por lo menos cien de estos.
- Uy! Calmate Riverita, tampoco es para tanto.
- Yo no hablo mierda – le volteó el brazo por la espalda y siguió diciéndole en tono amenazante: - Davicito a mi se me está acabando la paciencia con usted, yo no quiero armarle tropel de ninguna clase, pero es que esa plata hay que reponérsela al patrón y usted pasó bueno todo el diciembre se metió todo el perico que le soltamos y ahí mismito se perdió del mapa. A mi no me gusta que me vean la cara.
- Viejo men... suélteme que me va a dañar el hombro. Póngase trucha que le tengo un dato. A ver si empezamos a trabajar con el tío.
- Mellicito, todo el mundo sabe que su tío no le suelta media. No venga a tramar de verbo que ya nadie le cree nada...
- Soltálo que la gente nos ve güevón! – Era Pacho el que daba las órdenes. Eran un grupo de dillers o jíbaros que se movía en las discotecas de moda, Uno Club, Kalúa, Jamaica nice, sitios que en su mayoría, a excepción de Uno Club, duraban escasamente un año hasta que los clientes quemaban la goma, o había alguna balacera que acababa con el establecimiento. Nadie volvía a aparecer hasta que quebraban. Cada mes cerraba uno y abría otro. Y estos tenían distribución exclusiva en los sitios ya que la mayoría de los dueños eran también quienes los contactaban para proveerles la mercancía que ellos vendían al menudeo.
- Pacho, pero es que este perro no quiere pagar.
- Ya Soltálo que no hay por qué preocuparse. El patrón ya dijo que no hay problema y que él le manda ese regalito de navidad y de cumpleaños. Davi... me place verlo. ¿Dónde andaba?
- Uy! Pachito que bueno que apareció porque este man me estaba maltratando y yo he sido buen cliente o no?
- Pues digamos que sí pa’ no preocuparlo. Cuente a ver... donde se metió?
- Andaba caliente y me tocó perderme unos días – Mintió para darse un poco de importancia – pero yo creo que en una semanita viajo y hago una vuelta para volver con billete.
- ¿Sí? No me diga! Y ¿eso con quien?
- Nada, yo por mi cuenta me van a patrocinar pero esto lo hago solo.
- Este mello es un verraco por eso es que yo siempre lo he admirado.
Zapallo no entendía lo que pasaba. Una semana antes habían recibido órdenes expresas de “quemarle un par de plomazos” si lo volvían a ver, y ahora Pacho estaba actuando como si nada. Se iban a meter en un problema serio si Don Manuel, el patrón, los descubría en esas.
- ¿Sabe quien lo quiere saludar? El Rolito, en estos días andaba preguntándolo. Si quiere mas tardecito cuando cierren este chuzo nos vamos pa’l apartamento del Pacho y de paso lo recogemos. Nos enrumbamos a lo bien, como en los viejos tiempos. Hace rato que me quiero meter una rumbita de aquellas.
- Pues claro viejo men, y yo que me estaba preocupando porque los amigos están como amargándose. Y no tiene un pasecito como para aguantar hasta más tarde. Es que hace rato que nada de nada. Yo lo pago, pero del bueno porque por allá me estaban ofreciendo un gramito pero como de maicena.
- Este man... bueno, para que vea que la intención es buena aquí le regalo un gramito pa’ que se lo unte. Pero hágalo rendir que el resto está en el apartamento.
- Que elegancia, parce! Esto si es vida. Voy pa’l baño pero no se me pierdan que la noche está buena y tengo que comentarles un par de negocios que están que me salen.
- Listo mello, por ahí vamos a estar.
David se fue al baño y era tal la ansiedad que le temblaban las manos. Abrió la bolsita y ni siquiera sacó su llave para dosificarlo. Se metió dos pases y guardó el resto. De inmediato su corazón comenzó a latir con fuerza. Otra vez se sentía vivo y feliz.
Zapallo siguió a pacho hasta la puerta del sitio y le preguntó:
- ¿Cuándo fue que Don Manuel dijo que le iba a dar ese regalo al mellizo?
- Fresco mijo que la vuelta es otra, o ¿que va a hacer? Lo va a quemar aquí delante de todo el mundo. Usted si es pendejo. No ve que hay que sacarlo de aquí y si el man pilla la vuelta pues se nos pierde en cambio si lo dejamos entrar en confianza pues se nos monta tranquilo al carro. Además yo quiero hacerle la despedida al man con todos los honores.
- Ahora si entiendo, pero como no me tira el dato sino que me lanza al ruedo así no más, pues como la iba a coger. A este perro hay que hacerle todas, yo hace mucho tiempo que me lo quiero llevar, pero el problema es que no tenía respaldo, pero con usted de por medio pues me lo llevo y pa’ chucho que esta noche le muestro la cara de la muerte al man para que se orine del susto y luego se lo lleve.
- Así se habla Zapallito, hay que ser prudente y saber hacer las cosas para que luego nadie pueda señalarlo a uno. Pilas pues, porque ahí viene.
Pasaron el resto de la noche hablando de posibles negocios. Pacho tampoco podía excederse en amabilidad porque David no era ningún tonto y podía sospechar. En un par de ocasiones le dijo:
- Sabe qué? Mejor ábrase que usted está muy rayado. – Para que David bajara la guardia y pensara que precisamente quería sacarle el cuerpo igual que otros lo habían hecho esa noche.
Se fueron cerca de las 2:00 de la mañana. Recogieron al Rolo y llegaron al apartamento donde vivía Pacho y su mamá que también traficaba con perico dentro del mismo barrio. Les vendía a la salida de dos colegios que funcionaban cerca. Niños de 14 y 15 años que compraban a diario hasta 3 gramos de coca como dosis personal. El mercado estaba pulpito y si alguien se atrevía a tratar de entrar ella solo llamaba a su hijo para que “fumigara la zona” y se deshiciera de cualquier plaga.
- Bueno, sin hacer mucho escándalo que mi vieja ya está dormida. Siéntense por ahí paraditos que voy a traer una roca que me regalaron ayer.
- Mello, esta gente de cuando acá tan amables. Hace nadita estaban diciendo que tenían que bajárselo porque les debía un billete largo.
- Nada, ya arreglamos con el patrón. Estese calmado que ya no hay bronca.
- No se... Mello usted es muy confiado, como se le ocurre meterse en la boca del lobo, por qué no se va para su casa y mañana hablamos.
- Parecés güevón que yo me voy a esta hora y todo iniciado. Además está gastando el Pacho, eso no se ve todos los días.
- Por eso mismo, póngase trucha loco, esto huele a muerto.
- ¡Qué va! Lo que pasa es que lo querés pa’ vos solito. Yo te conozco y vos sos de lo garoso que hay. Fresco, yo me meto dos quiebrecitos y me piso de aquí.
- Parecen viejas cuchicheando, ¿que es la maricada?
- Nada Zapallito, aquí que el Rolo me andaba preguntando por Jimena pero yo no quiero saber nada de esa perra. Ni a Caro que es la mejor amiga le pregunto.
- Ah! Pues si no quiere saber nada de ella no le cuento con quien andaba hoy.
- La viste? Y que? Con quien andaba? – Todos soltaron la carcajada – ¿Qué? De qué se ríen si a mi me importa un culo, yo solo quiero saber con quien está perriando ahora eso es todo.
- Andaba con un amigo tuyo y como que el hombre le hace rico porque esa vieja no se le despega. Yo los he visto como 3 fines de semana seguidos en Uno Club.
- Soltá, cual amigo si yo no tengo más amigos que ustedes tres. Los demás todos son una mierda.
- Gracias mello, pero si, pa’ que usted de amigos anda jodido. El Juan Antonio ese que usted defendía tanto dizque porque eran súper parceros y que usted por ese man mete las manos a la candela, pues el mismo es el que se está comiendo a su mujer.
David sentía que la sangre le hervía por las venas. Eso no podía ser verdad. Se levantó y se le fue encima a Zapallo.
- Decime que es pura mierda. Decime que es pa’ joderme.
Comenzaron a darse golpes con una rabia desmedida. David desahogando toda la ira acumulada por el último año de dolor y frustración, Zapallo cobrándose la envidia que le tuvo siempre a los mellizos por el aspecto físico. Eran realmente atractivos, blancos y de ojos claros mientras que Zapallo era una mezcla de indio y negro bastante deteriorada por la mala alimentación y las precarias condiciones en las que había crecido.
- Mellizo, quieto que se me sale un tiro y no respondo. – Gritó Pacho desde la puerta de la cocina con una 9 mm en la mano lista para disparar.
- Ya Pacho, baje esa mierda que solo me calenté un tris pero ya pasó.
- Hagamos esto más sencillo, usted se quita de allí porque esta nena quiere escupir plomo y está que arde. Querés tocarla? Cogela y de paso le metes un tiro al Zapallo pa’ que afine y no se meta donde no debe.
- No, güevón tampoco es para tanto, yo solo me emputé porque me estaba azarando el ambiente, pero ya.
- O se lo metés vos o se lo meto yo.
Zapallo no le daba crédito a sus ojos. Pacho le estaba apuntando a él y no a David como era lo pactado. David se acercó para meterse otro pase de perico y tratar de distraer el momento porque tampoco entendía que era lo que le pasaba a Pacho.
- Venga parcero no se ponga así, mas bien probemos esto que tiene buena cara. Guardese esa nena o déjela por ahí y venga parce que ya todo pasó.
- Pacho a usted que le pasa! – Gritó zapallo y la mamá de Pacho salió del cuarto.
- Partida de zánganos, por qué no dejan dormir. Pacho saque a esta gente de aquí que no quiero broncas y présteme esa pistola que donde se le salga un tiro ¿qué hacemos con la policía encima? – Le arrebató la pistola y la puso sobre una mesita junto al teléfono. – Se largan a vagabundear a otra parte. Y me dejan esa roca que es para cortar.
- No vieja usted se me calla porque tenemos que hacer una vuelta pa’l patrón y tiene que ser esta noche.
David se había acercado a Pacho para probar un poco de la roca pero cuando le oyó decir eso entendió que algo iba a pasar. Lentamente se puso entre la señora, la pistola y Pacho.
- Pachito, vámonos que su mamá tiene que dormir, tráigase algo y nos vamos pa’ donde el Rolo.
Zapallo sacó su arma y se oyó un click al soltar el seguro.
- No Davi, usted sale de aquí pero con los pies por delante. – dijo Zapallo y en un solo movimiento, como un gato, David alcanzó la pistola de Pacho y se cubrió con el cuerpo de la señora. La tenía encuellada usándola como escudo humano.
- Zapallo, baje la pistola o aquí nos damos los dos y usted deja huérfano al Pacho.
- Zapallo, pilas con mi cucha, este man es capaz que me la mata.
- Yo no le voy a hacer nada, pero este perro me dispara y ella lo recibe.
Zapallo disparó una vez y lo esquivaron. No tenía buena puntería, mientras que David donde ponía el ojo ponía la bala, pero no quería matar a nadie, solo quería salir vivo y a esas alturas ya se había dado cuenta de que le habían puesto una trampa. Arrastró a la señora hasta el otro lado de la habitación buscando una salida, pero sabía que en el momento en que la soltara quedaba expuesto. Muchas veces estuvo en situaciones iguales o peor donde era casi imposible salvarse, pero había contado con suerte, esta vez todas las salidas estaban bloqueadas excepto la ventana que daba a la calle. Tiró a la mujer a un lado y corrió a lanzarse por la ventana. Zapallo le disparó por segunda vez y le atravesó el corazón desde el costado derecho. En el impacto al arma de Pacho se le salió un tiro que le dio en la cadera, cerca de la ingle a Zapallo. David murió mientras caía sobre una reja de hierro que cercaba el condominio. Murió al instante. Ni siquiera sintió el dolor de la punta de la reja sobre la cual cayó y que le atravesó el abdomen.
- Me dio Pacho, me dio!
- No chille marica que eso es solo un rasguñito. Vamos a recogerlo que hay que sacar a botar la basura. Rolo... Rolo pendejo! Párese y ayude que este marica está sangrando y me va a ensuciar la sala.
El Rolo había presenciado todo como viendo una película. Una hora antes se había tomado dos “Roche”, pastillas para dormir que lo dejaban entre borracho y trabado sin capacidad para pensar o reaccionar.
Bajaron y liberaron el cuerpo de David de la reja. Lo envolvieron en bolsas de basura negras y lo metieron al carro. Pacho manejó hasta un lote abandonado que había cerca y allí lo tiraron quitándole las bolsas y sin enterrarlo, para que los depredadores dieran cuenta de él. Pacho apagó el cigarrillo en el cuello y empezó a registrarlo para quitarle todo lo que pudiera identificarlo. Zapallo que cojeaba un poco se había sentado al lado del cadáver para mirar bien si quedaba algún rastro de vida.
- Perro, así te quería ver, listo para que los gusanos se den un banquetazo. – Lo golpeaba aunque sabía que ya no se podía defender ni contestar. Lo escupió y por último le apagó su cigarrillo en el pecho. – Nos vemos en el cielo o en el infierno, mellizo, lo mismo me da.
- ¿Por qué lo tenían que matar? – Repetía el Rolo en voz baja – El no era problema, si hasta se estaba saneando. – ¿Ahora yo que le digo a Pablo?
- Rolo hijo de puta vos no vas a decir nada. Si no querés aparecer por ahí en otro mangón pudriéndote te quedás calladito.
- Si yo no vi nada, yo no hablo. – contestaba sumido en su semi sueño.
De allí salieron a una clínica para que atendieran a Zapallo. El médico residente que los atendió supo que era una herida de bala pero apenas si estaba haciendo su internado y se dio cuenta de que era mejor quedarse callado y no preguntar nada. Lo curó rápidamente y no hizo informe, ni siquiera usó antibióticos del almacén, les dio una receta para que fueran a una droguería y le aplicaran penicilina. La bala había salido por un segundo orificio. No había riesgo. Los despachó rápidamente y recibió una generosa propina por su discreción.
Eran casi las 4 de la mañana cuando dejaron al Rolo en su apartamento y siguieron para explicarle todo a la mamá de Pacho. Dieron una vuelta por el lote donde lo habían tirado y desde la calle no se veía nada.
Media hora más tarde una mujer paseaba su perro por ahí cuando el animalito se le escapó corriendo hacia el interior del lote. Con horror la mujer vio que su perro lamía el cuerpo de David. Lo agarró sin dejar de mirar el cadáver y se fue corriendo a llamar a la policía. En cuestión de minutos la policía y medicina legal estaban en el sitio practicando el levantamiento de un N.N.
El Rolo por su parte, no podía quedarse dormido, se había tomado una tercera y una cuarta pastilla de “Roche” pero no podía con la culpa. No lo había defendido, no había hecho nada. Decidió llamar a la familia al menos para que lo buscaran. Marcó el número y colgó. Intentó de nuevo pero no sabía que decir, estaba temblando de miedo y angustia, ni la droga lograba calmarlo. Marcó por tercera vez y no supo quien contestó solo dijo:
- Busquen a David que está muerto. – y colgó de nuevo.
Se metió a la ducha y comenzó a llorar. La droga lo había vuelto un idiota. Ni siquiera podía saber si era real o solo había tenido un mal viaje.
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| luccas,28.07.2006 | | Quiero seguir leyendo esto Carmen. | | |
| Carmen_Posada,29.07.2006 | Qué lástima...
Ya no quedan Foros para Trollear.
Ya no quedan Trolls, somos una especie en vía de extinción.
Ni siquiera puedo trollear en mi propio foro porque este bodrio de novela terminó gustando...
¡¡¡Rayos!!!
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| Obrero-del-arte,29.07.2006 | Claro que no quedan troll...
Nun los elimino a todos. | | |
| Carmen_Posada,29.07.2006 | | (SC)(SC)(SC)(SC)(SC)(SC)(SC)(SC)(SC) | | |
| Carmen_Posada,29.07.2006 | Niño Juani, en lugar de andar haciendo promoción a ver si levanta el culo del piso de otros, por qué más bien no se lee los primeros cuatro capítulos de mi bodrio. Mire que por donde va, perfila para Best Seller del año, y a usté se lo doy de gratis... Igualito que a todos.
(el autógrafo, digo) | | |
| marimar,29.07.2006 | | Está buenísimooooooooooooooooooooo | | |
| marimar,29.07.2006 | En el capítulo 4, la autora ingresó al mundo de los narcos de una manera impactante.
quería comentarlo con "alguien", pero la inche cabrona cierra su libro. | | |
| anggelbueno,29.07.2006 | hay una queja.
Si una queja, que paso con mi comentario que deje aqui, quien lo borro, oye ps asi no se vale, deben de dejarlo no mas
total yo solo dije quien es carmen posada??? si una cuentera o una escritora que yo no conosco, pero bueno, me vale madre. | | |
| anggelbueno,29.07.2006 | | lo unico que se aqui el unico best seller es del anggelbueno y su alfombra roja, los que quieren pertenecer ami club de FANS pues apuntense antes de que sellene y no los admitan. jajajjajjaja ahora si me descobre, ya ves para que me borran ps. | | |
| Sandi,29.07.2006 | ¿Qué pasó acá?
No entiendo un joraca, gente.
(¿Cuántas veces habré dicho esto en los foros?)
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| mandrugo,29.07.2006 | | Me gustaría ser el autor de una novela olvidada, porque lo importante es haberla escrito. | | |
| jaenbota,29.07.2006 | | bodrio, novela, trollear... donde? esos tres elementos pueden ser dinamita | | |
| luccas,29.07.2006 | Pues yo solo quiero seguir leyendo...
El capítulo cuatro me gustó mucho marimar, así como el primero... sigo leyendo si la autora nos lo permite.
Un saludo.
(Mi libro de visitas esta cerrado, pues no veo motivos para tener privacidad en una comunidad donde no importa quien eres, sino que escribes.)
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| luccas,29.07.2006 | Donde andas muerteca?
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| Carmen_Posada,30.07.2006 | A ver, a ver... Señor Caracol, no me venga a armar relajo con el niño jaen que este es un foro serio. (jajajajajaja)
Ahí les mando el viajado con el quinto capítulo... (Mi palabra que son los que más lejos llegaron!!! Ni mi madre quiso pasar del primero)
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TRECE
Emociones Malogradas (Capítulo 5)
Carolina se despertó a la madrugada porque sintió un calor sofocante. El gato se había subido a su cama y se había acomodado a un lado de su cabeza, sobre la almohada.
- ¿Que haces aquí arriba? Me despertaste! Ven vuelve a tu camita que para eso te la hice.
El gatito la miraba y se agarraba con sus uñitas a la funda de la almohada como si con eso pudiera evitar el regreso a la caja. Ese gesto la ablandó y accedió a dejarlo dormir con ella cuando de pronto el gatito se erizó y sus ojos verde intenso brillaron como si tuvieran luz propia. Carolina se sentó en la cama y se frotó los ojos para ver mejor. El cuarto estaba completamente a oscuras, eran las 3:30 de la madrugada. Ella sintió escalofrío y la ventana se abrió con una ráfaga de viento. Encendió la lámpara de su mesa de noche y miró a Tomás. Se había arqueado como lo hacen los gatos cuando enfrentan a otro animal. El animal imaginario no atacaba simplemente Tomás estaba a la defensiva. Dio un brinco desde la cama hasta el borde de la ventana pero el impulso no le alcanzó y se agarró de la cortina con sus garritas. Trepó hasta llegar al filo de la ventana y se salió al techo del patio en el primer piso. Allí se quedó el resto de la noche.
Carolina intentó hacerlo regresar llamándolo pero el gatito ni siquiera la miraba, parecía hipnotizado mirando al vacío. Ella lo dejó que se quedara pero no cerró de nuevo la ventana para que entrara si quería. No creía que desde esa altura pudiera saltar pero de todas formas le dejó abierto por si se decidía. Intentó por todos los medios dormirse otra vez, pero ella siempre había tenido dificultades para conciliar el sueño. Pasó en vela hasta que amaneció.
Con las primeras luces se asomó para ver si Tomás continuaba en el techo, y allí, en la misma posición y actitud, lo encontró. Era raro que un gatito tan pequeño pudiera quedarse quieto y concentrado durante tanto tiempo. Salió al patio para llamarlo desde abajo pensando que se hubiera asustado con la altura, pero él seguía allí, parecía un animal disecado. Se subió por una escalera de jardinería para alcanzarlo, al tocarlo estaba frío y se desplomó.
Carolina pensó que había muerto pero entró a la casa para envolverlo en una manta y darle calor, tal vez solo estaba en shock.
Lo tenía envuelto y esperando a ver si respiraba cuando llegó Rafael un vecino a tocar a la puerta.
- Caro, sentate que te tengo una mala noticia.
- No me asustés, que pasó? Tenés cara de tragedia.
- Nena, es que no se como decirte... Anoche el mellizo se metió en un problema...
- Ah... ¿Otra vez? ¿Y ahora qué hizo?
- No nena, entiende, esta vez fue muy grave...
- ¿Está preso? Ya decime que pasó no sigas dando vueltas.
- Está muerto...
El cuarto comenzó a dar vueltas y Carolina estaba completamente mareada. Se sentó con el bultito del gato en sus brazos y éste de pronto se movió. Tomás estaba vivo y saltó de su regazo hasta el piso. Rafael vio que Carolina trataba de entender lo que le estaba diciendo.
- No se sabe qué pasó solo se sabe que apareció en el San Juan de Dios como un N.N. Hubo una llamada a la madrugada donde les dijeron....
Carolina no estaba escuchando. Su mente se había aislado del todo. Estuvo unos minutos como hipnotizada mirando a Tomás que se acicalaba con pereza. Se levantó de la silla y lo recogió del piso. Con sus facciones totalmente inexpresivas dijo:
- Gracias por avisar. Tengo que darle de comer a Tomás, avísame cuando sepas donde va a ser el velorio. Tengo que buscar algo negro para ponerme. Gracias...
- Carito... ¿Estás bien? ¿Quieres que te traiga algo?
- No, tengo que llamar a Jimena. – Carolina continuaba sin expresar ninguna emoción. Su rostro blanco y sus ojos azules estaban apagados. Miraba al vacío mientras hablaba – Sabes... si necesito algo. Consígueme marihuana de la buena. No se donde, pero consíguela de la mejor y me la traes antes de ir a la funeraria. Solo eso necesito.
- Carito, no tenés que hacer eso. Es mejor que enfrentés...
- No es para mí, es para él, le va a hacer falta.
- Nena, por favor, dime que estás bien, no es normal que estés así. Era como un hermano para ti, tienes que desahogarte.
- Estoy bien. Solo tengo que hacer algunas cosas. Me avisas lo de la funeraria. Ahora tengo que darle de comer a Tomás. Ah... dime una última cosita.
- Si, lo que sea.
- ¿Sabes a qué hora fue?
- ¿A qué hora murió? No, no tengo idea, sé que lo encontraron al amanecer. Pero no pregunté. Tuvo que ser entre las dos de la mañana y las cinco. Víctor lo vio salir a las 2 del bar, fue la última vez que lo vieron vivo.
- Gracias, nos vemos entonces, no te olvides de mi encargo.
Rafael salió preocupado. No esperaba esa reacción en Carolina. Estaba como ida pero como si no le importara. Era más importante alimentar al gato.
- Ven, mi vida, ¿tenías mucho frío allá afuera? ¡Lo siento! No quise dejarte solo. Pero ya pasó todo, ya estás aquí conmigo, ya no tienes por qué sufrir más. ¿Tienes hambre? Toma un poquito de leche tibia para sentirte mejor. Mas tarde te consigo el alimento. Tengo que ir a comprarlo. Perdóname ya nunca más voy a dejarte así.
Carolina le puso leche en el tazón y subió a darse una ducha. Tenía la mente en blanco. No sentía nada. Solo actuaba mecánicamente.
Jimena Montes trabajaba en un almacén de telas en un centro comercial. Carolina la llamó allá y así sin más le dijo:
- Jime, anoche mataron a David Londoño. – sin preámbulos, sin avisar el golpe le dio en la cara.
Jimena siempre se sintió culpable por esa obsesión que David tuvo después de que terminaron. Sentía que había contribuido a su descontrol y en el fondo sabía que en algunas ocasiones había provocado situaciones complicadas. Era muy inmadura y cuando David se desaparecía por semanas ella se daba sus mañas para hacerse notar o para encontrarse con él evitando que lo superara.
- ¡Mentira! – Alcanzó a gritarle a Carolina – no puede ser verdad, él no puede estar muerto. ¿Quién te lo dijo?
- Jime, es verdad y punto. Lo van a velar en la Metropolitana del Norte si querés vamos juntas.
- ¿Cómo se te ocurre? Yo no soy capaz de ir... ¡Luego te llamo!
- Bueno – y colgaron.
Se habían hecho muy amigas en el último año. Jimena siempre buscaba apoyo y consejo en Carolina a quien veía como su hermana mayor. Carolina tenía un carácter protector que contrarrestaba la pésima relación que Jimena tenía con sus padres. Su padre se había casado con una buena mujer. Su madre en cambio seguía siendo una loca desquiciada. Irresponsable, egoísta, todo lo que le importaba en la vida era divertirse, fumar marihuana y no tenía problema en dejar a su hija sola por días. Jimena siempre recurría a sus abuelos paternos cuando esto sucedía pero en Carolina encontró un apoyo similar solo que sin la diferencia generacional que la separaba de sus abuelos.
La funeraria quedaba a unas 15 calles de la casa de Carolina. Iban caminando las dos por la avenida cuando Jimena se comenzó a devolver.
- No, no soy capaz de ir. Busquemos a mi mamá y vamos con ella.
- ¿Qué te va a pasar? Está muerto. No se va a levantar de allí. ¿Para qué vamos a buscar a tu mamá? Ella como es de loca va y hace un espectáculo.
- Ella me dijo que nos llevaba, y yo prefiero llegar en carro que a pie.
Se devolvieron hasta el apartamento y Clara salió dando gritos y alaridos. Le había hecho la guerra a David durante el corto tiempo que fue novio de su hija, incluso hasta mucho tiempo después, pero ahora estaba arrepentida de todo y con el temor de que David “recogiera los pasos”. Era inestable, creía en cosas sobre naturales y tenía el cargo de conciencia de haber hecho una que otra jugada sucia para deshacerse del mellizo. Pasaría un buen tiempo antes de que pudiera dormir tranquila.
- Yo las llevo, pero por nada del mundo me quedo. Estoy segura de que me las va a cobrar todas.
- Gracias, Clara, pero no creo que usted le importe los suficiente como para regresar de la muerte a cobrarle nada. – Contestó Carolina con su habitual ironía. No era que odiara a Clara, pero existía cierta rivalidad por el cariño de Jimena. Además censuraba su estilo de vida, su falta de compromiso para con su hija. No le parecía justo que actuara de esa forma.
Llegaron juntas a la velación, pero Jimena se fue a una cafetería. Sentía que no era capaz de darle la cara a la familia. Carolina por su parte tenía buena acogida entre los demás hermanos de David. Eran 5 en total, incluyendo a los mellizos.
Pablo la recibió en la entrada. Le dio un abrazo y le dijo:
- Carito, se me llevaron a Davi. Me lo mataron. Ya no soy yo, soy medio únicamente.
- No se qué decirte. Esto no va a ser fácil para ninguno. Sé fuerte. Voy a ver a tu mamá.
Carolina lo despachó rápido porque no sabía qué decir y por alguna extraña razón no sentía nada. Era como si estuviera anestesiada emocionalmente. Sabía que era verdad, sabía que estaba muerto, pero era como si no la tocara a ella.
Entró hasta la salita de acompañantes y allí estaban don Fernando Londoño y doña Mariana, los padres de David. Estaban destrozados. Sus rostros reflejaban todo el dolor. Los saludó con la conciencia de que ninguno se percató de su saludo. Había personas por todas partes. Era el funeral más concurrido que había visto. Caminó entre la gente saludando a su paso a las caras conocidas. De pronto sintió un golpe en el pecho. Fernando Londoño el hermano que le seguía a los mellizos se le acercó. Siempre la quiso mucho, sabía lo mucho que David la quería y contaba con ella.
- Carito, dame un abrazo que lo necesito – le dijo. Estaba calmado pero se notaba las lágrimas que había derramado. Lo abrazó intentando buscar sus propias emociones, pero no las podía rescatar. Se estaba protegiendo de eso.
- Fer, siento mucho esto. Tienes que darle apoyo a tu mamá y a tu papá ahora.
- Carito, por qué no dijo nada, nosotros lo hubiéramos ayudado. ¿Cómo lo matan por miserables quinientos mil pesos?. Davicito valía mucho más, ni todo el oro del mundo sería suficiente por la vida de mi hermanito. – Carolina aún no sabía ningún detalle del asunto, pero prefirió cambiar el curso de la conversación.
- Fer, el ya está bien, te lo prometo, ya no va a sufrir más. Cuenta con eso.
- Es que no sabes todo lo que le hicieron.
- No pienses en eso que te hace daño. Piensa en lo que hubiera querido, que estuvieras con tu familia apoyándose entre todos.
- Si, Carito, yo se, pero esto es muy duro. Que va a pasar con Pablo, qué va a ser de él. ¿Quieres ver a Davicito? Parece un angelito, mi angelito – y sin darle tiempo a ella para reaccionar la llevó hasta el féretro donde lo habían arreglado. Ella no pudo evitarlo. Entonces entendió que estaba muerto. Y un remolino de imágenes pasaron por su cabeza.
En la plaza de toros cuando hubo una becerrada y él se tiró al ruedo de rodillas y sin capote, en cine viendo “Aliens”, en las fiestas, en el muro rojo de la esquina acompañándolo a fumarse un bareto, en el puentecito del barrio haciendo un juramento:
- “...Yo se que yo no voy a vivir mucho. Cuando muera no quiero que me llorés, quiero que sepás que yo siempre voy a estar ahí. El muerto al hoyo y ya te sabés el resto. Lo único que quiero es que me habilités de chauma para el viaje y que te encargués de Pablo como si fuera yo. Júramelo...”
- “Te lo prometo... yo no juro, pero si te prometo que voy a hacerlo. Mejor no te mueras ¿bueno?”
- “Hierba mala nunca muere... fresca que el golpe avisa”
Ese era su dicho. Siempre que se hablaba de ese tema, remataba con esa frase. Pero el golpe no avisó. Ella nunca imaginó que la noche anterior sería la última vez que lo vería vivo. Trataba de entender eso, pero no podía. No entendía esa muerte.
Sus emociones seguían anestesiadas o congeladas en algún lugar de su inconsciente.
Regresó a su casa sola. Sentía como si todo esto fuera una película vista tiempo atrás, como si no hubiera estado realmente allí.
Tomás la esperaba en la ventana. Apenas la sintió se fue corriendo a buscarla. Encontró sobre la mesa un paquetito muy envuelto dirigido a ella.
Lo abrió. Era una bolsa con una onza de marihuana de la que vendían en las afueras de la Universidad del Valle. La guardó bien y se fue con Tomás a su habitación. Se sentía cansada, quería dormir un poco, pero sabía que no podría. El entierro sería a las 3 de la tarde del domingo.
El domingo era el día perfecto para enterrar a los muertos.
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| luccas,30.07.2006 | sigo leyendo...
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| Sandi,30.07.2006 | A pedido de la autora, dejo un beso para que me lo devuelva con intereses.
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| Carmen_Posada,30.07.2006 | No haré trampa mi Letty. Ya tengo un compromiso y mi palabra aún vale.
Señor Caracol: Me pasé por todos los textos que le debía... y en cada uno le dejé los intereses. Abonos a capital serán cuando vuelva por sus tierras. | | |
| luccas,30.07.2006 | jajajajjaj... que asi sea.
Es que mira que soy de las que me leo los libros en una noche, y si no me alcanza, ando con el librillo paseandolo por todos lados hasta terminarlo.
Claro, no cualquier libro, te dirè que poco me agrada, muy poco, son contados los libros de mi interès. | | |
| Carmen_Posada,30.07.2006 | Un Capítulo más, corto porque el séptimo es demasiado largo así que esperaré unos días para pegarlo, mi Letty.
TRECE
Tributo a la Muerte (Capítulo 6)
Carolina salió temprano para llegar al cementerio antes de la caravana fúnebre. No quería estar entre la muchedumbre. Se hizo lejos, junto a un árbol que daba alguna sombra. Todo estaba listo para el sepelio. La gente fue llegando por grupos y se fueron acomodando donde tuvieran mejor vista. Carolina odiaba esa curiosidad morbosa de las personas. Les gustaba ver el dolor de las familias, no perderse detalle si alguno perdía el control mientras el féretro desciende, escuchar los cuchicheos de la gente especulando sobre la forma en que murió, si lo torturaron o los golpes fueron post mortem, etc.
Odiaba eso en las personas.
Efectivamente hubo todo lo que se esperaba. Se deleitaron con las diferentes versiones.
Carolina esperó a que todos se fueran y se acercó a la tumba. Sacó del bolsillo de su abrigo el paquete de marihuana y lo esparció sobre la tierra recién removida. De pronto sintió como si alguien la estuviera observando. Levantó la mirada y allí estaba Carlos Lotero, su ex novio. Buscó nuevamente entre sus emociones para rescatar algo seguro, algo al menos conocido y similar, el dolor de una pérdida aunque ésta fuera muy diferente.
Era un hecho, no sentía nada por nada.
Carlos Lotero era un tipo práctico. Se enamoró de Carolina por su ternura, por su capacidad de convertir un asunto trivial en todo un acontecimiento, por sus detalles, por sus ojos azules que lo expresaban todo. Habían estado juntos cerca de 3 años, pero eran muy jóvenes para asumir el reto de una relación definitiva, tenían que vivir otras cosas, tenían que ir por caminos separados. Carolina no lo había entendido así. Le habían enseñado que el amor era para siempre, que se amaba una sola vez en la vida.
Carlos había sido amigo de David desde muchos años atrás. David le dio la mano para salirse del mundo de la droga cuando ya nadie daba un peso por Carlos. David todavía estaba en condiciones de ayudar y así ayudarse a sí mismo.
A mediados de 1988, Carlos y Carolina se conocieron a través de David.
Carolina no tenía mucha experiencia en cuestión de hombres. Había sido medio ratón de biblioteca hasta que tuvo 15 años cuando se hizo una transformación en ella. Cambió sus gafas por lentes de contacto, bajó de peso, renovó su guardarropa, y comenzó a actuar como cualquier adolescente normal. Conoció a otros muchachos del barrio, iba a fiestas, fumaba, bebía con alguna medida, se escapaba de clases, hacía cosas típicas de la edad. Esa transformación la hizo sentirse aceptada, sin embargo, muy en el fondo, Carolina continuaba sintiéndose inconforme consigo misma. Sentía que era más inteligente que los demás jóvenes de su edad. No se conformaba con actuar tan superficialmente. Tenía un ego muy elevado y se creía superior a todos los que la rodeaban. Por eso no podía sentirse parte de nada.
Cuando conoció a Carlos se puso como reto atraerlo. Así era ella. Todo era un capricho en su vida y cuando se encaprichaba con algo, no descansaba hasta obtenerlo. Era una tarea difícil y por tanto más atractiva para ella ya que Carlos estaba a la defensiva de todo y de todos. Por su condición de rehabilitado, cargaba con el INRI de haber caído muy bajo en el mundo de las drogas. Pensaba que las mujeres solo estaban interesadas en el dinero, la rumba y los carros. Carolina identificó rápidamente su talón de Aquiles y con mucha paciencia fue ganándose su confianza hasta que pronto Carlos empezó a relajarse con ella. Salieron durante un par de meses. Ninguno se atrevía dar otro paso por miedo a involucrarse realmente.
Una tarde, estaban en la casa de Jenny, una de las amigas de Carolina. Ella tenía que regresar temprano a su casa y Carlos le había quitado las llaves para molestarla un poco. Siguiéndole el juego ella lo tumbó en el sofá para tratar de quitárselas y el la rodeó con sus piernas apresándola para que no pudiera moverse. Sus caras estaban a pocos centímetros y Carolina se dio cuenta de lo comprometedora de esa posición. Puso cara de enojada y le dijo:
- ¡Dame mi llavero!
- No. Te vas a quedar ahí hasta que yo quiera.
- Dámelo!
- ¿El llavero... o el beso?
Carolina se quedó muy quieta. No esperaba esa encerrona. Carlos despacito se acercó hasta que su boca rozó la de ella que no hizo ningún gesto de rechazo. Le dio un beso muy delicado. Luego la soltó y le entregó el llavero. Carolina se fue.
Durante los siguientes 3 años estuvieron juntos. Carlos dejó de ser un capricho. Carolina se enamoró profundamente. Se dedicaron el uno al otro e hicieron un mundo a parte de sus amigos. Fue una relación demasiado absorbente que terminó como terminan ese tipo de relaciones. Uno de los dos, Carlos en este caso, decidió buscar un escape. Le fue infiel y ella lo descubrió. Fin de la historia.
Carlos todavía se sentía culpable de la manera como habían terminado. Solo habían pasado un par de meses y sabía que Carolina aún estaba dolida por todo. No sabía si acercarse o no. Pero la había querido tanto y ella era la única que tal vez podía entender lo que significaba la muerte de David para él.
- ¿Tienes un minuto?
- Tengo toda la vida... pero no pienso gastar un minuto más de ella en ti.
- Deja la soberbia a un lado, debes estar muy mal con todo esto, yo solo quiero que sepas que estoy aquí, si me necesitas.
- No, no te necesito a ti ni a nadie. Y estoy bien, la vida sigue, y si David estuviera aquí diría lo mismo. El se murió... ¿y que? Al menos el ahora está bien. Eso es lo que importa. Tengo que irme.
- Caro, por favor, déjame llevarte o algo.
- No. Vine sola y sola me quiero ir. Adiós.
Y se fue sin mirarlo. No pudo llorar. Su orgullo no la dejaba. Y, extrañamente, no había dolor. Con la frente alta rindió un tributo a la muerte. La muerte de la amistad y la muerte del amor. Pasó todo y sus emociones continuaron extraviadas en algún recodo del camino.
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| luccas,31.07.2006 | Al ratito regreso a seguir leyendo... tengo mucho trabajo pero usted sabe que siempre me doy tiempito...
Buen dia. | | |
| muertelenta,01.08.2006 | | Sigo leyendo, sólo que ahora con menos tiempo que antes. | | |
| KaReLI,01.08.2006 | Y dónde se quedó doce?
yo kiero leer a catorce... me dijeron que es mejor que las trece anteriores  | | |
| Carmen_Posada,01.08.2006 | jaaaaaaaaaaaa
(Apure, comaita Angélica, otra que picó... póngala a leer rapidito) | | |
| luccas,01.08.2006 | ande ca... nija... no se burle de sus humildes y fieles lectores, no vaya siendo y nos terminemos limpiando el trasero con la novela jajajaja
no te creas jajjajaaja voy a leer, no interrumpa pues | | |
| luccas,01.08.2006 | Sabes que?... Cuando la gente se cree inteligente, Carolina en este caso, es cuando mas debil se encuentra pues se confìa y es cuando terminan chingandosela. No existen los tontos, es mentira eso, al menos no en estos tiempos. Uno tiene cosas que aprender de la persona mas insignificante. Hay un dicho que reza: 'cuidate de las aguas mansas' Creo firmemente, que todo tiene un proposito en la vida y una enseñanza.
solo eso quiero comentar por hoy.
besitos Chamacona... espero el siete. | | |
| muertelenta,01.08.2006 | Pos a dónde les contesto?? Tienen sus libros cerrados.
Sólo quiero que sepan que ando un poco ocupadilla, por eso no he venido... pero todo bien!
También la novela... Qué bárbara Carmen, está buenísima!! (la novela)  | | |
| Carmen_Posada,01.08.2006 | TRECE
Macabra coincidencia (Capítulo 7)
Un mes después de la muerte de David, Jimena y Carolina estaban sentadas en la sala tratando de reconstruir algunas de las versiones que habían escuchado sobre su muerte. Eran cerca de las 9 de la noche y hasta ese momento Carolina no había buscado ningún escape. Estaba como una olla a presión a punto de estallar. Hablaba del tema sin involucrarse. Hablaba de David únicamente con Jimena, pero en sus palabras solo había frialdad, como quien recita una lección. Jimena en cambio siempre estaba hablando de David, de lo mal que se había portado con él, en que si lo hubiera ayudado tal vez no habría muerto, especulaciones de cómo hubiera sido todo si... esto o aquello.
A Carolina le daba rabia escucharla así. No se lo decía, pero en el fondo la culpaba de todo lo que había sufrido David los últimos dos años. Para Carolina, Jimena no tenía derecho siquiera a recordarlo. No se merecía sentir algo por él.
Esa noche Carolina puso un LP en el tocadiscos. Todavía no eran muy comunes los discos compactos y el CD player. Era un disco viejo de José Luis Perales. Cuando terminó de sonar la última canción se levantó para cambiarlo de lado pero la aguja se movió buscando un punto. Ninguna de las dos había tocado nada, la aguja sola se había levantado y había buscado aleatoriamente una canción. Carolina pensó que de lo viejo, su tocadiscos se estaba dañando y fue a detenerlo, pero Jimena le dijo:
- Déjalo que siga solo, luego lo cambiás.
No era una de las canciones más comerciales del disco. “De profesión parao”. Nunca le había puesto cuidado a la letra antes, hasta que Jimena le dijo que se quedara callada y oyera lo que decía.
“...Era de la escarcha un amigo más,
juntos compartieron las aceras,
juntos una noche más fueron a dormir
bajo un cielo de papel
a la tibia luz del farol.
Sospecho que se fue
buscando algún lugar al sol,
me dicen que murió
silbando una canción de amor.
Nadie supo nunca su verdad,
era simplemente un peatón...” (José Luis Perales)
Un escalofrío le recorrió la espalda. Desde hacía un par de días había tenido una extraña sensación, como un temor difícil de identificar, no había algo concreto, solo una palpitación inusual en especial cuando se subía a dormir y se llevaba a Tomás con ella. Cuando la canción terminó las dos se miraron pero prefirieron no comentar. Jimena también había sentido algo extraño las ultimas noches al entrar a la casa de Carolina. Siempre la asustaba Tomás porque salía disparado como si le temiera. Y solo después de un rato de escuchar sus conversaciones, se acercaba, evitando pasar cerca de Jimena, hasta alcanzar a Carolina y subirse a su regazo. Jimena sentía incomodidad con el gato presente, a veces bajaba la voz para decir algo como si el gato pudiera entender lo que hablaba.
- Ese gato me tiene rabia.
- No, Tomás solo es un poco desconfiado de los extraños.
- Pero si me ve todos los días, al principio traté de acariciarlo pero salía espantado como si estuviera viendo al mismo demonio. Por eso me cae mal. Además me mira como si supiera.
- ¿Cómo si supiera qué?
- ¡No se! Como si supiera algo que yo no se. Me da miedo.
- ¡Dejá de ser pendeja! Este gato es lo más mansito que he conocido. Hasta ahora no le ha tirado a nadie, se la pasa durmiendo y cuando llego se dedica a mi, parece mi sombra y seguro le da rabia que yo no le ponga toda la atención cuando vos estás aquí. Eso es todo. No vas a empezar con las cosas de tu mamá, con los agüeros y esas cosas. Eso es de gente ignorante.
- ¿Pero decime si no es muy raro ese gato?
- No sé, a mi me gusta y punto.
Estaban en esa discusión cuando la aguja del tocadiscos comenzó a moverse de nuevo. Al menos habían pasado 5 minutos desde que terminó la canción y se había detenido por completo. Esta vez empezó en otra canción del mismo disco, sonó toda y luego se detuvo otra vez. Como si hubiera terminado el disco en la última canción.
“...Amada mía,
después de tantos años
a tu lado
yo sigo siendo brisa,
y tu, montaña y llano.
Amada mía
después de tantos mares
navegados,
tu sigues siendo orilla
y yo, gaviota...”
Ya era tarde y ambas tenían que madrugar al día siguiente. Jimena se despidió y Carolina cerró la puerta. Tomás que no solía maullar con insistencia comenzó a hacerlo. Carolina pensó que había olvidado alimentarlo, pero su tacita estaba llena. Tomás la seguía, la miraba y maullaba. Ella lo cargó pero él quería estar en el piso. Lo siguió hasta que salieron al patio. Había luna llena y se veía iluminado. Tomás se subió al techo que daba a su ventana y se quedó mirando al vacío como la vez anterior. Carolina sintió una ráfaga de viento pero no pudo precisar de donde venía. Las hojas del árbol no se movían, pero ella tenía frío. Entró a la casa y dejó la ventana de su cuarto abierta por si Tomás quería entrar.
La siguiente noche, Carolina se puso a ensayar con varios discos para ver si sucedía de nuevo. Pero no pasó nada. Escuchó la puerta y apagó el tocadiscos para ir a abrir. Era Jimena. Tomás de un brinco se subió sobre un mueble alto y desde allí la miraba. Estaba erizado como si fuera a pelear con otro animal. Carolina lo llamó para que se bajara pero el gato solo miraba a Jimena con desconfianza.
Se sentaron a conversar ignorando a Tomás hasta que éste se bajó y siguió con su ritual para evitar a Jimena y alcanzar a Carolina.
De pronto el tocadiscos se prendió sin que ninguna lo hubiera tocado. Carolina había dejado puesto un LP de Luis Miguel. Y la aguja buscó la canción “Contigo en la Distancia”. Ambas se rieron pensando que en verdad algo raro pasaba con ese aparato. De pronto entre las risas Carolina sintió ese nerviosismo que había sentido antes se quedó en silencio escuchando el último verso: “...Contigo en la distancia, amada mía, estoy...”.
Algo le pareció familiar de ese verso, pero no se detuvo a pensar mucho, estaba nerviosa por la actitud de Tomás y cada vez se sentía más incómoda con las visitas de Jimena. Decidió despacharla rápido para ver que le pasaba al gato. Tal vez era cierto. Tomás podía saber algo que ellas no. Sonaba ridículo, pero era la única respuesta a esa animadversión por Jimena. Tomás era agradable con todos los que habitaban en la casa y sus visitantes, era mimoso y juguetón, pero con ella se transformaba en una fiera aunque nunca la atacaba. Solo tomaba una postura defensiva, como si supiera que ella quería hacerle daño.
Eran las 8:30 de la mañana cuando el teléfono sonó. Carolina solía madrugar incluso los fines de semana, pero una llamada a esa hora era realmente inesperada. Era Jimena y no lograba entender nada de lo que le decía:
- La canción... La carta... me lo dijo, es él, es él!
- Cálmate que ya voy para allá.
Carolina se vistió rápidamente con una sudadera y una camiseta y se fue casi corriendo a auxiliar a Jimena. La encontró sentada en el piso en medio de un reguero impresionante de papeles y fotos. Tenía el teléfono todavía descolgado y en su mano derecha 5 cartas. De inmediato reconoció la letra y el lapicero rojo con el que escribía David.
- ¿Qué pasa?
- Estas cartas... las encontré mientras arreglaba mi closet.
Carolina fue leyendo una a una. Eran mas bien cortas notas que David le había escrito cuando eran novios. Ella no encontraba nada en particular que pudiera haber causado ese terror en la expresión de Jimena.
- ¿No ves?
- No le veo el problema... El también me escribía mucho. Tengo varias guardadas. ¿Que es lo que te pasa?
- Leé el encabezado y decime que no tengo razón, que estoy loca y que nada de esto es real.
Carolina leyó el primero:
“...Enero 12 / 1989
Amada mía:
Hace dos días que no nos vemos y me haces mucha falta, me hacen falta tus huequitos y tus rodillitas...”
Leyó el segundo:
“...Enero 30 / 1989
Amada mía:
Perdóname por lo de ayer, no sé que me pasó, estaba como loco y me dieron ira al ver a ese man allí...”
Y el tercero y el cuarto y el último, todos comenzaban con la misma frase: “Amada mía...”. Carolina tragó grueso y pensó que eso tendría que ser una macabra coincidencia. Su inteligencia absolutamente racional le impedía concebir otra explicación. Trató de explicarle a Jimena eso, pero en definitiva sentía cierta satisfacción al verla allí, carcomiéndose del miedo, pensando que David había regresado a cobrarle todo su sufrimiento. Al menos algo de justicia se estaba haciendo, sobrenatural o producto del cargo de conciencia, la estaba pagando al fin.
Era un sentimiento extraño. Carolina sentía afecto verdadero por ella, pero no podía separar el hecho de que Jimena había sido la perdición de David. Muy en el fondo la culpaba de todo. Y la había comenzado a odiar. Su amistad se estaba convirtiendo una relación amor-odio. Carolina en realidad disfrutaba de verla en ese estado. Y decidió que alimentaría al máximo esa situación. Se lo merecía.
Una semana después, el tocadiscos continuaba haciendo lo mismo, funcionaba sin problema con cualquier disco pero en el preciso instante en que estaban las dos juntas Carolina ensayaba a poner el disco de Perales o el de Luis Miguel y la aguja buscaba esas canciones sin que nada lo estuviera manejando.
A Carolina el asunto sobrenatural no la trasnochaba. Nunca había creído en esas cosas y consideraba que eran producto de la imaginación, histerias colectivas o el poder de la mente sugestionada por alguna variable externa que en este caso podía ser el sentimiento de culpa de Jimena. Fuera como fuera, ella lo disfrutaba, lo estimulaba haciendo una farsa sobre el terror que esa situación le producía.
Una tarde, pocos días después de estos sucesos, Carolina no fue a clases en la Universidad. Creía que le iba a dar una gripa muy fuerte porque sentía cansancio general, escalofríos, un malestar por todo el cuerpo. Se quedó en casa adelantando un material para los exámenes finales que estaban cerca. Tomás se había acomodado al lado de su computador y jugaba con los dedos de ella deslizándose por el teclado. Prendió el radio para oír algo diferente a la música que había estado escuchando con Jimena las últimas semanas. Buscó alguna emisora de baladas pero no había nada que le llamara la atención así que lo dejó en una donde estaban en hora de cuñas radiales.
Se levantó, fue a la cocina por un poco de agua y cuando regresó vio que el gato ya no estaba, pero en la pantalla apareció un letrero que ella no había escrito:
“DEJEN DE LLORARME...
QUE NO ENTIENDEN QUE ESTOY MUERTO
ME SIENTO SOLO AQUÍ
Y TENGO MIEDO
DÉJEME IR”
Carolina tenía un programa llamado Word Star que era el procesador de palabra que más se usaba en ese entonces. La pantalla de su monitor era de fondo negro y letras amarillas. Bastante atrasado de todas formas para mediados de 1992.
En la pantalla se veía a lado y lado del texto, el trabajo que ella estaba haciendo cuando se levantó. Era como si alguien hubiera partido por la mitad el texto de ella e insertado en todo el medio lo demás. Imposible para ese programa. Hoy en día hubiera sido una tarea fácil de diagramación, pero en ese programa era imposible. Escasamente era un procesador de palabra que a lo sumo lograba 3 tipos de letra diferentes, negrilla y cursiva. Esas eran todas sus herramientas.
La impresora era una Epson 1030 de punto bastante arcaica también, que imprimía a una velocidad máxima de 1 hoja tamaño carta en 64 segundos.
Cuando Carolina miró la pantalla y vio lo que estaba escrito, pensó que era una broma de alguien y buscó a ver si su hermano o su mamá se habían llegado, pero estaba sola completamente. Ni Tomás apareció de nuevo. Tomó el teléfono y llamó a Jimena al trabajo. No le explicó de qué se trataba solo le dijo que tenía que llegar lo más rápido posible.
Jimena no se demoró. Al llegar la encontró en la calle, con la puerta de la casa abierta de par en par y muy pálida.
- Entremos y mirás lo que hay allí adentro porque yo no soy capaz de entrar sola allá.
- Me estás asustando.
- Pues ojalá no se haya borrado porque lo que yo vi es de locos... o yo me estoy volviendo loca.
Entraron y efectivamente todo estaba tal cual como lo había dejado. En la pantalla aún titilaba el texto que Carolina no había escrito. Jimena rápidamente prendió la impresora y le dieron la orden desde el teclado.
La impresora parecía poseída por algo. Comenzó a imprimir el texto una y otra vez como si la orden se la hubieran dado para varias copias, además en menos de un minuto imprimió más de 3 hojas hasta que Carolina desconectó el computador del toma y todo se detuvo. Las dos estaban petrificadas. En la radio sonaba la canción de Rocío Durcal...
“...Oscura soledad estoy viviendo, la misma soledad de tu sepulcro....”
Fue el detonante final. Ambas salieron corriendo y justo frente a la puerta estaba Tomás en guardia. Carolina salió pero Jimena no se atrevía a pasar. Estaba erizado como siempre que la veía pero sus ojos tenían un brillo rojo y resoplaba mostrando las fauces.
Jimena sabía que si se movía el gato la atacaría. Esta vez ya no era una advertencia. Carolina se devolvió para ver por qué Jimena no salía y cuando vio el cuadro se agachó muy serenamente, comenzó a contemplar al gato para calmarlo.
- Tranquilo, no te asustes, ella ya se va de aquí. No te preocupes que nada malo te va a volver a pasar. Ella ya no te puede hacer daño y yo estoy aquí para protegerte.
Jimena salió por un lado mientras Carolina la observaba. Sentía una paz indescriptible, contemplaba a Tomás en el marco de la puerta y le susurraba con una voz que no parecía la de ella:
- “...Creo que ya es suficiente por hoy. Del resto se va a encargar ella misma, vas a ver!...”.
Un par de meses más tarde, Jimena se fue a vivir al Canadá, escapando de una racha de mala suerte que había caído sobre ella. Perdió su empleo, su madre finalmente la echó de la casa, sus abuelos paternos ya no la querían viviendo con ellos, su papá la ignoraba, sus amigos fueron dejándola sola hasta que no tuvo más opción que huir de su carrera autodestructiva.
Se fue como una delincuente, sin despedirse de nadie, ya nadie quería saber de ella, excepto Carolina que siguió en contacto permanente sabiendo que la vida le devolvería todas las que había hecho.
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| Carmen_Posada,01.08.2006 | Niñas, ahí les dejé el larguero del capítulo 7.
Gracias por seguir leyéndola. En serio que no esperaba que se engancharan con ella
Comaita Angélica, mi libro de visitas está abierto mientras estoy online y lo cierro al salir para que no me le hagan "gracias de mico" en mi ausencia (dos de los 367 miembros de mi clú de FanS que les encanta llenármelo de declaraciones pero que me da mucha lata luego tener que estar borrando toda esa basura... ¿comprende?) | | |
| Nun,01.08.2006 | jaja
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| muertelenta,01.08.2006 | No manches, Carmen! Estuve pegada leyendo hasta que terminé el capítulo 7.
Yo no sé si tu novela es un bodrio, lo que sí te digo es que a mí me está gustando mucho.
Tiene esa cualidad de mantenerte picada queriendo leer más y más...
Espero lo que sigue. | | |
| luccas,02.08.2006 | Bueno, confieso que este ultimo no me agradò tanto.
Me parece un poco infantil.
Espero el numero 8. | | |
| luccas,02.08.2006 | Lo que no me agrado fueron las mujeres dolidas, las venganzas del mas alla y del mas acà.
pero bueno... es una novela y como en todas, tiene sus altibajos. | | |
| muertelenta,02.08.2006 | | Lo que sigue... | | |
| Carmen_Posada,02.08.2006 | Tienes toda la razón Letty, la idea del capítulo siete es infantil, recuerda ambos personajes (Carolina y Jimena) son niñas de 17 o 18 años más o menos (sería bueno haberlo dicho en alguna parte). A esa edad uno quiere darle explicaciones sobre naturales a cuanta coincidencia se le atraviesa en el camino.
Pero mejor sigamos viendo qué pasa con la historia.
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TRECE
Ella, su Gato y Él (Capítulo 8)
Cuatro años más tarde Carolina se había cambiado de universidad, había hecho 3 semestres de Sicología en una universidad privada. Ahora estaba estudiando Comunicación Social en una pública y ya estaba a un poco más de dos años para graduarse.
De la familia Londoño se sabía muy poco, eventualmente cuando Carolina salía al Estanco de Doris, alguno de los antiguos amigos de David la saludaba y le contaban de Pablo. Al parecer no había logrado reponerse. Visitaba la tumba de su mellizo casi todas las noches, como un ritual desde su muerte. Los Londoño habían decidido dejar quieto el asunto. Sería comenzar una guerra a muerte y el siguiente en lista hubiera sido Pablo. Fernando se había reunido con la gente de Pacho y sabían que era lo mejor... de momento. Esto había frustrado un poco a Pablo por su carácter vengativo. El no quería dejar impune la muerte de David, pero tampoco tenía respaldo para hacer nada. El siempre estuvo al margen de esas cosas, nunca se involucró en ninguno de esos grupos.
Un tiempo después de haber enterrado a David, precisamente en el estanco de Doris estaba Pablo con unos amigos que trataban de hacerlo entrar en razón para que no siguiera bebiendo como lo estaba haciendo. Ya en varias ocasiones habían tenido que dejarlo en su casa porque estaba tan embriagado que no se podía mantener en pie, mucho menos para conducir. El no consumía drogas pero desde la muerte de David se la pasaba de borrachera en borrachera y visitando su tumba.
Esa noche cerca de las 2 de la mañana llegó Zapallo en un carro con otros dos que nadie conocía. Estaba envalentonado por su nueva posición dentro del negocio. Ahora tenía más poder que Pacho. Cuando vio a Pablo se le acercó al oído y le preguntó con sarcasmo:
- “...¿Será que los gusanos ya se le habrán comido los ojitos verdes a Davicito?...”
Pablo tiró su silla a un lado y estaba dispuesto a hacerse matar, pero de inmediato entre todos los que estaban con él lo atajaron. Sería otra muerte absurda. Tuvieron que llevárselo para que no se expusiera más. Así se pasaba los días y los meses. Esto le creaba un resentimiento cada vez mayor.
Carolina llevaba un tiempo fuera de circulación porque se había dedicado a trabajar y estudiar de noche para al fin obtener un título. No era que le gustara lo que hacía, solo quería cumplir con ese requisito lo más pronto posible, pero a Carolina lo único que le importaba en el mundo eran sus historias. Creaba personajes y situaciones para recrearse y eso era lo único por lo que valía la pena vivir. Al azar había escogido estudiar Publicidad, era muy creativa y por eso le iba tan bien, pero el asunto no le apasionaba en lo más mínimo.
Hacia septiembre de 1996 Carolina salió una noche con un grupo de la Universidad. Estuvieron en un bar nuevo donde no había mucha gente. Cerca de la media noche Kevin Möir, un profesor que le daba clases de diseño por computación y que había salido con ellos, le dijo que se fueran para el estanco de Doris. El sitio se había convertido en el rematadero de la rumba en el norte de Cali. Kevin era de ascendencia alemana pero había nacido y crecido en Cali. Conocía de referencia la historia de los mellizos Londoño. Cuando llegaron y allí estaba Pablo.
Él había estado mucho tiempo consumiéndose en el dolor de muerte de David. No la aceptaba como parte de la vida, pero la muerte es un hecho de la vida y seguramente, en algún lugar, la vida es un hecho de la muerte. Eso era todo el misterio. Dios no quería que la gente muriera, simplemente hacía parte del proceso normal. Las formas de la muerte eran otra cosa. Las formas de la muerte son producto de la sociedad que hemos construido, de la realidad de una ciudad sin identidad, sin rumbo. Pero masticar el dolor, la rabia, la frustración, pensar que no se hizo lo suficiente, pensar que no se dijo todo lo que había por decir, era simplemente una manera de castigarse por el dolor. Dios no es un tirano que señala quién muere y de qué manera, para su entretenimiento personal.
¿Era necesario pelear con Dios para menguar un poco el dolor? Sí! Pablo lo necesitaba. Necesitaba, como en todo proceso de aceptación, señalar a un culpable a quien no se le puede castigar. Pelear contra un concepto, un enemigo al que no podemos dañar.
El dolor seguía allí. Y Pablo necesitaba pelear contra lo que sentía, embriagarse de lo que sentía, entregarse a lo que sentía.
Carolina sabía que nada de lo que pudiera decirle lo ayudaría. Pero pensó que después de 4 años lo mejor que podía hacer era escucharlo, no seguir evitándolo cada vez que el azar los llevaba al mismo momento y lugar.
Y lo escuchó esa noche después de que llegaron al estanco de Doris y Pablo había bebido bastante. No le dijo nada concreto. Simplemente le pidió que lo acompañara a un lugar...
- Caro, vení te cuento una cosita...
- Pablo, hace días que estaba por llamar a tu casa para ver cómo han estado, pero vos sabés, la Universidad, el trabajo, y yo como que nunca he sido buena en esas cosas, no se que decirle a tu mamá.
- Fresca, yo se como es eso, yo también he querido hablar con vos porque a mi nadie me entiende. Vení tomate un traguito conmigo por Davi.
- ¿Quieres que te llevemos a tu casa?
Pablo levantó la mirada y se le encharcaron los ojos. Hizo una pausa para poder hablar y le dijo:
- No... Caro, vos no, por favor! No me tratés como si fuera un loquito de la calle que inspira lástima. Decime...¿Tan mal me veo?
- Pablo, yo no quiero tenerte lástima pero es que la gente dice que has estado entregado a la botella, que te vas a media noche al cementerio, que...
- La gente... La gente... ¿Sabés que es lo que más me emputa de la gente? Lo hipócritas que se han vuelto. Ahora resulta que mi hermano era un santo y el mejor amigo de todos! – Empezó a subir el volumen de su voz – Si, ahora resulta que todo el mundo tuvo que ver algo con esa noche. Alguien lo vio, alguien le dijo que sé fuera de allí, alguien lo invitó a un trago, alguien le dio una palmadita en la espalda... Pero ningún hijo de puta fue capaz de avisar nada, ninguno de estos malparidos tuvo las güevas para darle la mano. Claro! Y ahora no hay muerto malo.
Pablo ya casi gritaba y Kevin se acercó para ver si podía hacer algo.
- ¿Este es tu novio?
- No, es mi profesor.
- ¡Ah! Y ¿por qué salís con tu profesor? Vení que te voy a llevar a tu casa.
Carolina se hizo a un lado y le pidió a Kevin que se fuera. No sabía en qué iba a parar todo esto pero se lo debía a David y tal vez esta sería la única oportunidad para hacer algo.
- Pablo, hagamos un trato, yo me quedo con vos pero yo manejo hasta tu casa.
- ¡Hecho! Decile a ese pendejo que se vaya antes de que se me salga el Londoño y le parta la cara.
Kevin se fue y Carolina se sentó en el asiento del conductor de la camioneta. Pablo se subió también pero no le entregó las llaves.
- Carito, acompáñame a un sitio. Te prometo que no nos demoramos, solo vamos un minuto y regresamos. Pero tenés que confiar en mi, yo no estoy tan borracho como la gente piensa y te juro que te dejo en la puerta de tu casa antes de que te des cuenta.
Carolina supo de inmediato de qué se trataba, pero aceptó sin decir palabra. Cambiaron de puesto, dos amigos de Pablo se subieron a la camioneta y arrancaron.
Carolina no recordaba que la tumba quedara tan cerca. Pero allí estaba, con su nombre en la lápida y era tan irreal estar allí. Era como pasar a otra dimensión escuchando los sonidos, las palabras mirando cara a cara el dolor, la desolación y ese aislamiento al que se llega cuando nadie puede comprender el vacío, estaba tratando de entenderlo. En el horizonte, el cielo comenzaba a clarear y sentía frío. Pero había tanta paz allí. No tenía miedo, cosa por demás insólita en Carolina.
Carolina siempre tenía miedo a todo. Siempre consideró el cementerio un lugar que no se visitaba jamás, y mucho menos a la madrugada. Pero de pronto se sentía tan segura allí, sentía que estaba cerca de todo lo que siempre la protegía. Cerca de Dios...
“...Si un barquito de papel está por naufragar, socórrelo, corrígele el timón, mi amor. Tal vez sea yo, quizás soy yo, recordarás, así era yo...”
En la radio de la camioneta sonaba esa canción y era inevitable... No podía separar su recuerdo de la imagen que tenía frente a ella. No sabía qué era exactamente lo que la había llevado a ese lugar, a ese momento. Era como todas las cosas extrañas que le sucedían, no tenía razón ni lógica, pero lo estaba sintiendo allí, a su lado, frente a ella, a su alrededor. ¿Había algo que pudiera hacer?
Lo escuchaba por primera vez en su vida, al final de cuentas ellos dos nunca habían sido amigos. Carolina había sido la mejor amiga desde niños de David, habían sido casi como hermanos pero con Pablo nunca había congeniado, siempre lo consideró superficial y engreído. De todas maneras ambos habían sufrido esa muerte, cada uno en su medida y eso era muy respetable.
Esa noche, estar allí era como despedirse por primera vez de su amigo, de su compañero de juegos, de quien le había enseñado a correr loma abajo en carritos de balineras construidos por ellos mismos, de quien se peleaba con todos los niños del barrio por defenderla, del que la convencía para volarse de clase para irse a meter los pies a un riachuelo en la loma de Menga. Y miles de recuerdos que venían a su mente como cortos de cine. Estar allí era decirle ADIOS, dedicarle de lleno esa palabra que tiempo atrás no supo pronunciar. Carolina no se había despedido porque no creía en el ADIOS, no creía en un ADIOS sin respuesta. Ahora pensaba que tal vez la respuesta estaba ante sus ojos, estaba allí, tan reducido, tan frágil, tan agotado, tan necesitado de paz... Pablo estaba arrodillado, limpiaba con aguardiente una lápida fría, tenía una Pata de Cabra en su mano derecha y la enterraba con desolación, sin un ápice de esperanza en su voz. Buscaba con su mirada un descanso, buscaba liberarse del dolor sin sentir culpa, sin sentir que traicionaba la memoria de su hermano al superar por fin su muerte.
- Si, ahora resulta que no hay muerto malo, pero chucha... vos más que nadie sabés como era Davi. El muy perro se cagó la vida por pura arrechera. Eso se lleva en la sangre, y la sangre Londoño tira para allá. Y ahora está muerto y yo sé que no hice nada para sacarlo de allí. ¿Sabés que hice antes de que lo mandaran para “la finca”? Le rompí con unas tijeras toda la ropa para que no pudiera salir de la casa. Me emputé con él porque se había perdido como 3 días y mi cucha estaba toda paniquiada. Claro, y aparece el hijo de puta con una sonrisota, todo embalado de meter perico, haciendo bulla y con la misma ropa con la que salió. Nos agarramos y nos madriamos hasta que me encerré en la pieza y con las tijeras le dañé toda la ropa.
- Pablo, tu hermano no era rencoroso. David sabía que se estaba buscando todo eso, no es justo, pero no te culpés por eso. Tu no sabías que lo iban a matar.
Carolina le habló de algunas cosas que recordaba, frases que David le repetía en vida, anécdotas que le contaba a media noche en el puentecito del barrio; ése tipo de cosas, para tratar de menguar ese dolor que reflejaba en su rostro.
Amaneció y los dos continuaban sentados uno a cada lado de la lápida, los otros dos se habían quedado dormidos en el asiento trasero de la camioneta. De pronto se escuchó un disparo al aire. Ambos se tiraron al interior del vehículo y Pablo, que ya estaba un poco sobrio, encendió el motor y arrancó como alma que lleva el diablo. Carolina no sabía por qué huían, más tarde él le dijo que era ilegal entrar a un cementerio a esa hora sin un permiso judicial.
Como lo prometió, la llevó hasta su casa y cuando se despidieron le dijo:
- Vos sos realmente lo único bueno que dejó Davi, no me dejés solo que yo con esto no pude. Ayúdame a salir de este infierno porque me voy a quemar.
- Voy a estar aquí siempre, pero tenés que poner de tu parte porque si no, no hacemos nada.
- ¡Hecho!
Coincidencia o no, Pablo dejó ese culto a la tumba que llevaba haciendo durante tanto tiempo. Pablo nunca se lo dijo pero tal vez esa noche, también encontró un minuto de Paz en su infinito dolor.
Así comenzaron a frecuentarse, una llamada, un saludo mas amable, unas horas sin minutos dedicados a la observación de la vida nocturna del la Avenida Sexta. Era un tiempo sin tiempo. Se reían de muchas cosas, pasaban de la conversación trivial a temas más trascendentales. Empezaron a descubrir que tenían muchas cosas en común, independientes de David, les gustaba el mismo tipo de música, la vida tranquila, el campo, la noche.
Pablo le tomaba aprecio, siempre la tenía en cuenta, se preocupaba por que lo pasara bien cuando andaban juntos, la llamaba a conversar de cualquier cosa, le avisaba cuando se iba para la cabaña de su familia y cuando regresaba, la llamaba desde Felicia a convencerla de bajar a recogerla para que se quedara los fines de semana con él. Pero no era la misma sensación de seguridad que David siempre le proporcionó. Era muy diferente, por el contrario le producía inseguridad, timidez, nervios que no eran usuales en ella.
Carolina comenzaba a admirarlo. Disfrutaba de su compañía pero tenía emociones encontradas, lo escuchaba, intentaba conocer su mundo pero no podía sacar en claro la razón que la impulsaba a encariñarse de ese modo con él.
ELLA
La fantasía era su droga. Su mente volaba... y todo lo malo desaparecía.
Por eso le gustaba el cine, porque a través del cine podía conocer otras vidas y otros mundos.
No necesitaba nada químico que la alterara, su mente tenía todo lo necesario para que pudiera volar libremente, imaginar sin límites.
Carolina era depresiva. Había aprendido a ver el mundo como un campo de batalla en donde debía defenderse hasta de su propia necesidad de auto-destruirese. No sabía qué era más fuerte, su capacidad de amar o su instinto de lastimar. Había aprendido a evadir la realidad constantemente. Sabía que tendría que “aterrizar” algún día pero eso la tenía sin cuidado. El día que tuviera que enfrentar la realidad comenzaría a preocuparse. Era agresiva con quienes le brindaban un poco de sí mismos porque había comprendido que si se acostumbraba a ellos pronto se alejarían con una excusa cualquiera y sería un momento triste. Era preferible que la dejaran a tiempo para no salir lastimada.
Le gustaba detallar las reacciones de los demás, le encantaba sentarse a observar cómo todos, de una u otra forma también vivían con los pies en el aire, incluso se daba cuenta de que la mayoría asumían tanto la “aparente” realidad que perdían toda posibilidad de aceptar que, para lograr algo, primero hay que soñarlo, darle forma con la imaginación. No aceptar un hecho tan simple, los alejaba aún más del mundo real.
Padecía la necesidad de idealizar a las personas para luego darse cuenta de que no son perfectas y así tener una razón para decepcionarse. Era un círculo vicioso del cual no lograba desprenderse.
Tenía un alto instinto de conservación de la vida, pocas veces le gustaba jugarse la suerte al azar, pero eventualmente lo hacía aunque los riesgos que corría no atentaban nunca contra su integridad física, generalmente eran otro tipo de riesgos; le gustaba jugar con las sensaciones, los sentimientos y la sensualidad. Le fascinaba buscar momentos perfectos, crear magia en un instante. Luego se deleitaba contemplando su “ARTE”.
Desde la muerte de David, a veces sucedían cosas que Carolina luego no recordaba bien y eso la angustiaba un poco. Era como si no hubiera estado realmente allí, como si el recuerdo borroso fuera una película vista mucho tiempo atrás. Pero pensaba que todo era producto de su acelerada imaginación.
Esto se acentuó desde que empezó a estar cerca de Pablo, sus lagunas mentales aumentaban no solo en número, aumentaban en duración. Al principio eran solo pequeños vacíos, algo que su memoria no podía precisar, poco a poco se fue dando cuenta de que en ocasiones eran horas perdidas, con imágenes vagas. Siempre en las mañanas Pablo la llamaba para darle los buenos días y en medio de la conversación se daba cuenta de que le hablaba de cosas que no tenía registradas. Y en un par de ocasiones lo único que recordaba era el timbre de la recepcionista de la oficina avisándole que ya Pablo había llegado a recogerla. Una noche entera perdida en algún lugar de su mente y sin acceso... Eso no estaba bien, algo no estaba bien.
Carolina tenía además una fuerte adicción a recordar, traer el pasado al presente como si de esa forma nada pudiera quedarse verdaderamente atrás.
También era un poco psico rígida, generalmente convertía un traspié de su cotidianidad en una tragedia insuperable; pero no importaba, sabía que toda sensación desagradable desaparecería en cuanto pudiera ver nuevamente que todo, al final siempre queda atrás; lejos de su memoria, en un rincón olvidado de su existencia... era para lo único que sus lagunas mentales la ayudaban. A olvidar por completo lo que no quería recordar, así estaba más tranquila.
Ella creía en los momentos especiales, en el significado de un gesto o una mirada. Creía en mantener vivos los sentimientos. Creía en su padre, en su lucha por darle lo mejor. Creía en su madre, en su amor desinteresado, en su entrega absoluta para que supiera con certeza que sabía perdonarlo todo.
Creía en su hermano, en sus palizas para endurecerle el carácter, en sus agresiones para enseñarle que el mundo podría destrozarla si seguía siendo tan débil. Creía en su Dios, que jamás la dejaba sola y le daba la libertad total de escoger su camino. Que sin importar su error, siempre le daría una mano. Creía en las lágrimas de los hombres fuertes. Creía en el juego de preguntas sin respuestas. Creía que entre cielo y tierra no existe nada oculto. Creía en las buenas maneras, el protocolo y la etiqueta. Creía que la nariz era una parte ridícula del rostro. Creía que todos, en algún momento de la vida tenemos, el derecho y el deber de hacer el ridículo. Creía que en ser cobarde para mantenerse vivo. Creía que le atraían los cuerpos perfectos de algunas mujeres. Que el corazón se le entrega al hombre, pero el cuerpo... el cuerpo y el placer eran otra cosa.
SU GATO
La dualidad del gato como símbolo de la divinidad y de la representación demoníaca, dio lugar a que en las supersticiones relacionadas con él se le considere representante de la mala o la buena suerte, así mismo dio lugar a la creencia de que era posible que un espíritu que queda vagando por su trágica muerte, pueda habitar en el cuerpo de este animal hasta verse vengada su muerte o sufrimiento en vida.
Carolina conocía bien estas historias. No lo decía porque verbalizarlo implicaba aceptar que creía en leyendas populares. Pero en su interior sentía la presencia permanente de David a través de Tomás.
Durante esos 4 años, Carolina había mantenido un perfil bajo, socializaba un poco, pero era más el tiempo que dedicaba a la vida tranquila. Se había dejado envolver en su cotidianidad donde nada pasaba, nada sucedía. Los días iban pasando sin que se sintieran. Tomás se había convertido en su pasatiempo favorito, en su compañía permanente.
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