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Inicio / Lista de Foros / Literatura :: Crítica / El club del lector(segunda sala) - [F:5:8560]


Ninive,10.04.2007
Así como un músico debe conocer música, nosotros los escritores debemos leer mucho y bueno. En este foro propondré cada 10 dias más o menos un cuento de autror conocido y después habrá un pequeño debate.
Los compañeros que quieran presentar cuentos de su predilección pueden hacerlo. Los cordinadores que se turnan cada tres cuentos. Aconsejo dejar pasar dos días desde que se propone un cuento para comenzar a opinar así quien debe buscarlo y leerlo estará listo para comentar.

La cordinadora de turno es Stelazul
 
Ninive,10.04.2007
La primera sala del club posee :

En el primer estante

La intrusa " de Borges
"Lejana" de Cortázar
"Una flor amarilla" de Cortázar
propuestos por Ninive

En el segundo estante

"La Carta robada" de Poe"
Apuesta de Roald Dahl
propuestos por la_escena_del_pulpo

En el tercer estante

El guadavias de Dickens
El puente sobre el rio Buho de Ambroise Bierce
Un sueño realizado de Onetti
propuestos por roberto_Cherinvarito

En el cuarto estante:

El verano feliz de la señora Forbes de G. García Márquez
El caso de la doncella perfecta de Agatha Chrstie
propuestos por gael11

En el quinto estante:

Helena de Luis Britto
A la deriva de Horacio Quiroga
El Dragón de Bradbury
propuestos por celialviarez


####

Están en turno para coordinación

1 Stelazul
2 galadrielle con El guardagujas

Quien desee proponer textos y asumir el cargo de coordinador puede dejar su pedido aquí o en mi libro de visitas.

 
Stelazul,10.04.2007
Hola. El cuento que presento es de Raymond Carver, un eximio narrador contemporáneo de cuentos y relatos. No sé si será el mejor, pero lo creo muy posible. Se titula SI ME NECESITAS. En la elección ha influído la necesidad de brevedad de un lado, no tan frecuente en él, y también que su habitual genio narrativo fluye aquí con bastante frescura y transparencia... y otras molalidades que espero analicemos entre tod@s. A ver que os parece:



SI ME NECESITAS, LLÁMAME

Raymond Carver





Los dos habíamos estado involucrados con otras personas esa primavera, pero cuando llegó junio y terminaron las clases decidimos poner en alquiler nuestra casa en Palo Alto y trasladarnos a la costa más al norte de California. Nuestro hijo, Richard, pasaría el verano en casa de la madre de Nancy, en Pasco, Washington, donde podría trabajar y ahorrar algo de dinero para la universidad. Ella estaba al tanto de la situación en casa y ya estaba buscándole un empleo por la temporada. Había hablado con un granjero que aceptó tomar a Richard para que juntara heno y arreglara alambrados. Un trabajo duro, pero Richard estaba conforme. Lo llevé a la terminal el día después de su graduación y me senté con él hasta que anunciaron su ómnibus. Su madre ya lo había despedido llorando y le había dado una larga carta que él debía entregar a la abuela en cuanto llegara. Prefirió quedarse terminando las valijas y esperando a la pareja que alquilaría nuestra casa. Yo compré el pasaje de Richard, se lo di y me senté a su lado en uno de los bancos de la terminal. En el viaje hasta allá habíamos hablado un poco de la situación.
–¿Van a divorciarse? –había preguntado él.
–No, si podemos evitarlo –le contesté. Era un sábado por la mañana y había poco tránsito–. Ninguno de los dos quiere llegar a eso. Por eso nos vamos; por eso no queremos ver a nadie durante el verano. Y por eso te enviamos con la abuela. Para no mencionar el hecho de que volverás con los bolsillos llenos de dinero. No queremos divorciarnos. Queremos estar solos y tratar de solucionar las cosas.
–¿Aún amas a mamá? Ella dice que te sigue queriendo.
–Por supuesto que la amo. Deberías saberlo a esta altura. Sólo que hemos tenido nuestra cuota de problemas, y necesitamos un poco de tiempo juntos, a solas. No te preocupes. Disfruta el verano y trabaja y ahorra un poco de dinero. Considéralo unas vacaciones de nosotros. Y trata de pescar. Hay muy buena pesca por allá.
–Y esquí acuático. Quiero aprender.
–Nunca hice esquí acuático. Haz un poco de eso también. Hazlo por mí.
Cuando anunciaron su ómnibus lo abracé y volví a decirle:
–No te preocupes. ¿Dónde está tu pasaje?
Él se palmeó el bolsillo de su campera. Lo acompañé hasta la fila frente al ómnibus, volví a abrazarlo y le di un beso en la mejilla. Adiós, papá, dijo él y me dio la espalda para que no viera sus lágrimas.
Al volver a casa, nuestras valijas y cajas estaban junto a la puerta. Nancy estaba en la cocina tomando café con los inquilinos, una joven pareja de estudiantes de posgrado de matemática, a quienes había visto por primera vez en mi vida pocos días antes, pero igual les di la mano a ambos y acepté una taza de café de Nancy mientras ella terminaba con la lista de indicaciones de lo que ellos debían hacer en la casa en nuestra ausencia y adónde debían enviarnos el correo. Su cara estaba tensa. La luz del sol avanzaba sobre la mesa a medida que pasaban los minutos. Finalmente todo pareció quedar en orden, y los dejé en la cocina para dedicarme a cargar nuestro equipaje en el coche. La casa a la que íbamos estaba completamente amueblada, hasta los utensilios de cocina, así que no necesitábamos llevar más que lo esencial.
Había hecho los quinientos kilómetros desde Palo Alto hasta Eureka tres semanas antes, y alquilado entonces la casa amueblada. Fui con Susan, la mujer con la que estaba saliendo. Nos quedamos en un motel a las puertas del pueblo durante tres noches, mientras recorría inmobiliarias y revisaba los clasificados. Ella me vio firmar el cheque por los tres meses de alquiler. Más tarde, en el motel, tirada en la cama con la mano en la frente, me dijo: “Envidio a tu esposa. Cuando hablan de la otra mujer, siempre dicen que es la esposa quien tiene los privilegios y el poder real, pero nunca me lo creí ni me importó. Ahora, en cambio, entiendo qué quieren decir. Y envidio a Nancy. Envidio la vida que tendrá a tu lado. Ojalá fuera yo la que va a estar contigo en esa casa todo el verano. Cómo me gustaría. Me siento tan gastada”. Yo me limité a acariciarle el pelo.

Nancy era alta, de pelo y ojos castaños, de piernas largas y espíritu generoso. Pero últimamente venía baja de espíritu y de generosidad. El hombre con el que estaba viéndose era colega mío, un divorciado de eterno traje con chaleco y pelo canoso, que bebía demasiado y a quien a veces le temblaban un poco las manos durante sus clases, según me contaron algunos de mis alumnos. Él y Nancy habían iniciado su romance en una fiesta, poco después de que ella descubriera mi infidelidad. Suena aburrido y cursi; es aburrido y cursi, pero así fue toda aquella primavera, nos consumió las energías y la concentración al punto de excluir todo lo demás. Hasta que, en algún momento de abril, comenzamos a hacer planes para alquilar la casa e irnos todo el verano, los dos solos, a tratar de reparar lo que hubiera para reparar, si es que había algo. Los dos nos habíamos comprometido a no llamar, ni escribir, ni intentar el menor contacto con nuestros amantes. Hicimos los arreglos para Richard, encontramos los inquilinos para nuestra casa y yo miré en un mapa y enfilé hacia el norte desde San Francisco hasta Eureka, donde una inmobiliaria me encontró una casa amueblada en alquiler por el verano para una respetable pareja de mediana edad. Creo que incluso usé la expresión “segunda luna de miel”, Dios me perdone, mientras Susan fumaba y leía folletos turísticos en el auto estacionado fuera de la inmobiliaria.
Terminé de cargar las cosas en el coche y esperé que Nancy se despidiera por última vez en el porche. Yo saludé desde mi asiento y los inquilinos me devolvieron el saludo. Nancy se sentó y cerró su puerta. “Vamos”, dijo y yo arranqué. Al entrar en la autopista vimos un coche con el escape suelto y arrancando chispas del pavimento. “Mira”, dijo Nancy y esperamos hasta que el coche se salió de la autopista y frenó, antes de seguir viaje.
Paramos en un café cerca de Sebastopol. Estacioné y nos sentamos a una mesa frente a la ventana del fondo. Pedimos sándwiches y café, yo encendí un cigarrillo mientras Nancy deslizaba el dedo por las vetas de la madera de la mesa. Entonces noté un movimiento por la ventana y al mirar en esa dirección vi un colibrí en los arbustos allá afuera. Sus alas vibraban en un borroso frenesí mientras su pico se internaba en una de las flores.
–Mira, un colibrí –dije, pero antes de que Nancy levantara la cabeza el pájaro ya no estaba.
–¿Dónde? No veo nada.
–Estaba ahí hasta hace un momento. Ahí está. No; es otro, creo.
Nos quedamos mirando hasta que la camarera trajo nuestro pedido.
–Buena señal –dije–. Los colibríes traen suerte, ¿no?
–Creo haberlo oído en alguna parte –dijo Nancy–. No podría decir dónde pero sí, no nos vendría mal un poco de suerte.
–Una buena señal. Me alegro de que hayamos parado aquí.
Ella asintió, dejó pasar un largo minuto y probó su sándwich.

Llegamos a Eureka antes del anochecer. Pasamos el motel en la ruta donde había estado con Susan dos semanas antes, nos internamos por un camino que subía una colina que miraba al pueblo y pasamos frente a una estación de servicio y un almacén. Las llaves de la casa estaban en mi bolsillo. A nuestro alrededor sólo se veían colinas arboladas y praderas con ganado pastando.
–Me gusta –dijo Nancy–. No veo el momento de llegar.
–Estamos cerca –dije–. Es más allá de esa loma. Ahí –y enfilé el coche por un camino flanqueado de ligustros–. Ahí la tienes. ¿Qué opinas? Esa misma pregunta le había hecho a Susan cuando hicimos el mismo camino para ver la casa por primera vez.
–Me gusta; es perfecta. Bajemos.
Miramos a nuestro alrededor en el jardín del frente antes de subir los escalones del porche. Abrí la puerta con la llave que traía y encendí las luces adentro. Recorrimos los dos dormitorios, el baño, el living con muebles viejos y chimenea y la cocina con vista al valle. –¿Te parece bien?
–Me parece sencillamente maravillosa –dijo Nancy y sonrió–. Me alegra que la hayas encontrado. Me alegra que estemos aquí. –Abrió y cerró la heladera, luego pasó los dedos por la mesada de la cocina. –Gracias a Dios está limpia. Ni siquiera hace falta una limpieza.
–Nada. Hasta nos pusieron sábanas limpias. La alquilan así.
–Tendremos que comprar algo de leña –dijo Nancy cuando volvimos al living–. Con noches así debemos usar la chimenea, ¿no?
–Mañana. Podemos hacer unas compras también. Y recorrer el pueblo.
Nancy me miró y dijo nuevamente:
–Me alegra que estemos aquí.
–Yo también –dije y abrí los brazos y ella vino hacia mí. Cuando la abracé sentí que temblaba. Le alcé el mentón y la besé en ambas mejillas.
–Me alegra que estemos aquí –repitió ella contra mi pecho.

Durante los días siguientes nos instalamos, recorrimos las calles del pueblo mirando vidrieras y dimos largos paseos por el bosque que se alzaba atrás de la casa. Compramos provisiones, yo encontré un aviso en el diario que ofrecía leña, llamé y poco después aparecieron dos muchachos de pelo largo en una camioneta que nos dejaron una carga de aliso en el garaje. Esa noche nos sentamos frente a la chimenea y hablamos de conseguir un perro.
–No quiero un cachorro –dijo Nancy–. No quiero nada que implique ir limpiando a su paso o rescatando lo que quiere mordisquear. Pero me gustaría un perro. Hace tanto que no tenemos uno... Creo que podríamos arreglarnos con un perro aquí.
–¿Y cuando volvamos, cuando termine el verano? –dije yo y entonces reformulé la pregunta: –¿Estás dispuesta a tener un perro en la ciudad?
–Ya veremos. Pero busquemos uno, mientras tanto. No sé lo que quiero hasta que lo veo. Revisemos los clasificados y veamos qué pasa.

Aunque los días siguientes seguimos hablando de perros y hasta señalando los que nos gustaban frente a las casas por las cuales pasábamos, no llegamos a nada y seguimos sin perro. Nancy llamó a su madre y le dio nuestra dirección y teléfono. Richard ya estaba trabajando y parecía contento, dijo la madre. Y ella se sentía bien. Nancy le contestó:
–Nosotros también. Esto es como una cura.
Un día íbamos por la ruta frente al océano y, desde una loma, vimos unas lagunas que formaban los médanos muy cerca del mar. Había gente pescando en la orilla y en un par de botes. Frené a un costado de la ruta y dije:
–Vamos a ver qué están pescando. Quizá valga la pena conseguirnos unas cañas y probar.
–Hace años que no vamos de pesca. Desde que Richard era chico, aquella vez que fuimos de campamento cerca del monte Shasta, ¿recuerdas?
–Me acuerdo. Y también me acuerdo de cuánto extraño pescar. Bajemos a ver qué están sacando.
–Truchas –dijo uno de los pescadores–. Trucha arcoiris y algún que otro salmón. Vienen en el invierno, cuando el mar horada los médanos. Y, con la primavera, cuando se cierra el paso, quedan atrapados. Es buena época, ésta. Hoy no pesqué nada pero el domingo saqué cuatro. De lo más sabrosos. Dan una batalla tremenda. Los de los botes creo que sacaron algo hoy, pero yo todavía no.
–¿Qué usan de carnada? –preguntó Nancy.
–Lo que sea. Lombrices, marlo de choclo, huevos de salmón. Basta tirar la línea y dejarla reposar hasta el fondo. Y estar atento.
Nos quedamos un rato pero el hombre no sacó nada y los de los botes tampoco. Sólo iban y venían por la laguna.
–Gracias. Y suerte –dije al fin.
–Que tengan suerte ustedes también. Los dos –contestó el hombre.
A la vuelta paramos en una casa de artículos deportivos y compramos unas cañas baratas, unos rollos de tanza y anzuelos y carnada. Sacamos una licencia también y decidimos ir de pesca la mañana siguiente. Pero esa noche, después de la cena y de lavar los platos y poner unos leños en la chimenea, Nancy dijo que no iba a funcionar.
–¿Por qué dices eso? ¿A qué te refieres?
–No va a funcionar, enfrentémoslo –dijo ella sacudiendo la cabeza–. No quiero ir a pescar y no quiero un perro. Creo que quiero ir a lo de mi madre y estar con Richard. Sola. Quiero estar sola. Extraño a Richard -dijo y empezó a llorar–. Es mi hijo, es mi bebé, y está creciendo y pronto se irá. Y lo extraño. Lo extraño.
–¿También extrañas a Del, a Del Schraeder, tu amante? ¿Lo extrañas a él también?
–Extraño a todo el mundo. A ti también. Hace mucho que te extraño. Te he extrañado tanto durante tanto tiempo que te he perdido. No sé cómo explicarlo mejor. Pero sé que te perdí. Ya no me perteneces.
–Nancy –dije yo.
–No, no –dijo ella y negó con la cabeza. Sentada en el sofá de frente al fuego siguió negando y negando y luego dijo: –Voy a tomar un avión para allá mañana. Cuando me haya ido puedes llamar a tu amante.
–No voy a hacer eso. No tengo la menor intención de hacer eso.
–Sí, lo harás. Vas a llamarla en cuanto me haya ido.
–Y tú vas a llamar a Del –dije. Y me sentí una basura por decirlo.
–Haz lo que quieras –dijo ella secándose las lágrimas con la manga–. Lo digo en serio. No quiero parecer una histérica, pero me iré mañana. Mejor me iré a acostar ahora; estoy exhausta. Lo lamento. Lo lamento mucho, por los dos. Pero no vamos a lograrlo. Ese pescador, hoy. Nos deseó suerte a los dos. Yo también nos deseo suerte. Vamos a necesitarla.
Entonces se encerró en el baño y dejó correr el agua. Yo salí a los escalones del porche y me senté a fumar un cigarrillo. Estaba oscuro y silencioso, apenas se veían las estrellas en el cielo. Jirones de niebla del océano ocultaban el valle y el pueblo allá abajo. Me puse a pensar en Susan. Oí que Nancy salía del baño y oí que se cerraba la puerta del dormitorio. Entonces entré y puse otro leño en la chimenea y esperé hasta que se avivara el fuego. Luego fui al otro dormitorio. Abrí la colcha y me quedé mirando el estampado floral de las sábanas. Me di una ducha, me puse el pijama y volví frente a la chimenea. La niebla ya llegaba a las ventanas del living. Fumé mirando el fuego y, cuando volví a mirar por la ventana, creí ver algo que se movía en la niebla.
Me acerqué a la ventana. Un caballo estaba pastando en el jardín, entre la niebla. Alzó la cabeza para mirarme y volvió a su tarea. Vi otro cerca del auto. Encendí la luz del porche y me quedé mirándolos. Eran caballos grandes, blancos, de largas crines, seguramente de alguna granja de los alrededores con algún alambrado caído y vaya a saberse cómo habían llegado hasta nuestra casa. Parecían estar disfrutando inmensamente su escapada. Pero se los notaba un poco nerviosos también: podía verles el blanco de los ojos desde la ventana. Sus orejas iban y venían al ritmo de sus mordiscos. Un tercer caballo apareció entonces y luego un cuarto, todos blancos, pastando en nuestro jardín.
Fui al dormitorio a despertar a Nancy. Tenía los ojos enrojecidos y los párpados hinchados, y se había puesto ruleros y había una valija abierta a los pies de la cama.
–Nancy, tienes que venir a ver esto. No vas a creerlo. Vamos, levántate.
–¿Qué pasa? Me estás lastimando. Qué pasa.
–Querida, tienes que ver esto. No voy a lastimarte. Perdona si te asusté. Pero tienes que levantarte y venir a ver esto.
Pocos minutos después estaba a mi lado en la ventana, atándose la bata.
–Dios, son hermosos. ¿De dónde vienen? Qué hermosos son.
–De alguna granja vecina, supongo. Voy a llamar al sheriff para que ubique al dueño. Pero quería que los vieras antes.
–¿Morderán? Me gusta acariciar a aquél, el que acaba de mirarnos. –No creo que muerdan. No parecen esa clase de caballos. Pero ponte algo encima si vamos a salir. Hace frío afuera.
Me puse la campera encima del pijama y esperé a Nancy. Abrí la puerta y salimos y nos acercamos caminando hasta ellos. Todos levantaron sus cabezas. Uno resopló y retrocedió unos pasos, pero volvió a tironear del pasto y mascar como los demás. Apoyé mi mano entre sus ojos y le palmeé los flancos y dejé que su hocico me oliera. Nancy estaba acariciando las crines de otro, mientras murmuraba: “¿De dónde vienes, caballito? ¿Dónde vives y qué haces aquí en medio de la noche?”, mientras el animal movía su cabeza como si entendiera.
–Será mejor que llame al sheriff –dije.
–Todavía no. Un rato más. Nunca veremos algo igual. Nunca, nunca tendremos caballos en nuestro jardín. Un rato más, Dan.
Poco después, mientras Nancy seguía yendo de uno a otro, palmeándolos y acariciándolos, uno de los caballos comenzó a rumbear hacia la ruta, más allá de nuestro auto y supe que era momento de llamar.

En pocos minutos vimos las luces de dos patrulleros en la niebla y poco después llegó una camioneta con un acoplado para caballos, de la que bajó un tipo con gamulán, que se acercó a los caballos y necesitó un lazo para lograr que entrara el último en el acoplado.
–¡No le haga daño! –dijo Nancy.
Cuando se fueron volvimos al living y yo dije que iba a hacer café y pregunté a Nancy si quería una taza.
–Te diré lo que quiero –dijo ella–. Me siento bien, Dan. Me siento como borracha, como... No sé cómo, pero me gusta. No quiero dormir; no podría dormir. Haz un poco de café y a ver si encuentras algo de música en la radio y puedes avivar el fuego.
Así que nos sentamos frente a la chimenea y bebimos café y escuchamos viejas canciones por la radio y hablamos de Richard y de la madre de Nancy y bailamos. Ninguno aludió en ningún momento a nuestra situación. La niebla seguía allí, detrás de las ventanas, mientras hablábamos y éramos gentiles el uno con el otro. Hasta que, cerca del amanecer, apagué la radio y nos fuimos a la cama e hicimos el amor.

Al mediodía siguiente, luego de que ella terminara su valija, la llevé al aeródromo desde donde volaría a Portland y de allí haría el trasbordo que la dejaría en Pasco por la noche.
–Saluda a tu madre de mi parte. Y dale un abrazo a Richard. Y dile que lo extraño. Y que lo quiero.
–Él también te quiere. Lo sabes. En cualquier caso, lo verás después del verano. –Yo asentí. –Adiós –dijo ella. Y me abrazó. Yo le devolví el abrazo–. Me alegro por anoche. Los caballos. La charla. Todo. Ayuda. No lo olvidaremos –y empezó a llorar.
–Escríbeme, ¿quieres? –dije yo–. Nunca pensé que fuera a pasarnos. En todos estos años. Nunca lo pensé. Ni un sola vez. No a nosotros.
–Te escribiré. Mucho. Las cartas más largas que hayas visto desde las que me enviabas en el secundario.
–Las estaré esperando.
Ella me miró largamente y me acarició la cara. Entonces me dio la espalda y se alejó por la pista rumbo al avión.
Ve, mi más querida, y que Dios esté contigo.
Ella abordó el avión y yo me mantuve en mi lugar hasta que se encendieron los motores y la nave empezó a carretear por la pista y despegó sobre la bahía y se convirtió en una mancha en el horizonte.
Volví a la casa, estacioné el coche y miré las huellas que habían dejado los caballos la noche anterior, los trozos de pasto arrancado y las marcas de herraduras y los montones de bosta aquí y allá. Entonces entré en la casa y, sin sacarme el saco siquiera, levanté el teléfono y marqué el número de Susan.


 
Stelazul,10.04.2007
Siguiendo la pauta habitual en este Club del Lector, os recuerdo que esperamos dos días e iniciamos comentarios. Hasta pronto.
 
Ninive,12.04.2007
Los que no han frecuentado desde el principio el club del lector pueden consultar las obras leídas en la primera sala del club y la lista de todos los estantes la encuentran en el usuario ESTANTES.
 
Stelazul,13.04.2007
Bueno... Está abierto el lugar de comentarios... vamos, animaros que el cuento está curioso, narrado en un estilo impecable...
 
celiaalviarez,13.04.2007
Me ha parecido muy creíble. Me encanta como Carver ee capáz de meter imágenes y situaciones pequeñas dentro de el relato, como el momento del colibrí y el de la pesca. Tiene algo de crónica por el orden lineal del tiempo, y lo bonito del cuento, a mi parecer, es que a pesar de ser predecible, no deja de impresionar en ningún momento, cada detalle le da brillo a la historia, que al final es como un trasfondo de los detalles. La historia en sí, la de la pareja, no toma primera plana hasta el final. Eso me parece muy interesante.
 
galadrielle,13.04.2007
Esta me parecio una historia engañosa. En la superficie todo parece tranquilo, los personajes resignados, pero en el fondo hay emociones violentas, tormentosas. Una buena eleccion.
 
kanenas,13.04.2007
conocía a Carver más como maestro de escritura creativa.Recomiendo a los aspirantes escritores su libro "La profesión de escritor".
En el cuento presentado veo en práctica como este maestro aplica todas sus enseñanzas.
El cuento Si me necesitas llámame es linear simple en su apariencia , de fácil comprensión. Las escenas son cotidianas, nada de maravilloso o mágico a lo que los autores latinoamericanos nos tienen acostumbrados.
es la historia bien narrada de dos personas que ya han puesto fin a su relación y tratan de restablecer una armonía que consiguen en el cariño y la amistad que surge en ellos. Encuentro sumamente importante la presencia de tantos animales en el relato. El perro (que no compran) los peces(que no pescan) los caballos sueltos en el jardín que encuentro sumamente sugestivos y concentradores de imágenes de instinto y libertad que sirven de metáfora a todo el cuento. Gracias Stelazul y gracias por estos dos días de reflexión que nos permite formarnos nuestras propias ideas a los que no conocemos el cuento.
 
Petrus,13.04.2007
Ustedes también buscan música de fondo?
 
Stelazul,13.04.2007
Bueno, a mi me parece un cuento interesante, es creo de los primeros de Carver y se le nota la frescura. Luego, quizás sean mejores, más escuetos precisos e inquitentantes, pero también algo más oscuros y torturados, complejos, pese a como calcula, precisa y escatima cada palabra. Los finales suelen ser, sin final, prácticamente, siempre te dejan como en el aire. Pero son largos y por todo ello elegí éste.

Para mi narra una historia muy bien contada en la superficie y otra o varias que discurren de fondo. Se vé bien aquí el virtuosita con que maneja no sólo la palabra, sino también la estructura, el planteamiento, la estrategia, la sugerencia, los tiempos y los elementos que coloca o que omite.

kanenas señala la presencia de muchos animales en el relato... Sobre los dos primeros es ella, la mujer, quién llama la atención. El colibrí, al inicio, que insiste en que él lo observe y el marido, narrador además, lo describe como agitándose brumoso mientras introduce su pico dentro de la flor. Un simbolismo de vida y pujanza y también de erotismo indudable… Lo entienden como buena señal. Carver no pone nada al azar y aquí parece dar ese doble mensaje, el de vida y de frescura al inicio de ese intento de revivir lo que está no sabemos aún su ya fenecido o a punto de, pese a el ritual de reconstrucción, pues si os fijáis al principio, en la misma primera frase ya aporta del dato de que cada uno tiene otra relación... Mala cosa. A menudo se dice que cuando entra una tercera persona en una relación ya no hay nada que hacer. Aquí ya eran 4.

También nos marca la indolencia y dejadez, la falta de compromiso que existe de fondo, sobre todo por parte de él, pese a toda la liturgia al uso del intento de arreglo… el niño con la abuela, las vacaciones solos..., ya que en el ‘very beginning’ rompe ya la primera norma o compromiso que establecen : no tener contacto con los otros amantes. Él acude precisamente a buscar la casa en el campo llevándose a la amante. O sea, no se toma nada en serio. También se señala que fue el primero en serle infiel a ella. Y sin embargo no señala que ella tenga contacto desde el inicio del intento con su amante. Sí remarca al final que se quiere ir con su hijo al que ama mucho y echa de menos, y con sus padres… Me gusta mucho esta forma de narrar en que hay pocas descripciones y elucubraciones verbales, muy poca paja, sobre lo que sucede y son los propios hechos, los gestos, las escenas y sus desarrollos, los que van contando la historia. No nos –dice- lo que pasa. Nos lo hace ver. Nos lo muestra. Esa es una forma de calidad narrativa.

Se entretienen por el pueblo, aprovisionan la casa, los rituales cotidianos... No creo que sea casual , pues este hambre no veo deje ni una partícula al azar..., el que no narra en ningún momento del largo espacio central, ni del inicio, instantes de ternura, de emoción, de reencuentro, de chispa, de que hablen de su intento o proyecto, de ilusión... en realidad no hay nada. Sino que sigue la misma tónica del incio… No pasa nada distinto. Un si pero no, un intento aparente con un fondo de contradicción y de nada. De desmentido.

 
Stelazul,13.04.2007
Sí nos dice algo, y es que ella quiere un perro, además que no sea cachorro, que sea adulto, para que no la incordie y le de lo bueno de la relación. Otro mensaje. Otra vez apela a la vida, a lo vivo, pues un perro es un animal muy vital, muy compañero, fiel y amoroso... Pero ello tampoco avanza... él curiosamente también, como al desgaire, le dice... y qué pasará luego, cuando salgamos de aquí?... no ayuda, no cree en ello. He aquí los paralelismos, la segunda historia y sus detalles, que va contando por debajo, con gestos, animales, objetos, languidez… Otra escena llena de vida, aparte de ellos, es la de pescadores en el río. Están a gusto... están a gusto en lo suyo, bien enraizados en su costumbre habitual que además les es placentera… El río como elemento intenso de vida, otra vez, no entre ellos, sino en sus márgenes… que justo cuando llegan ellos no dan peces. Y el pescador les desea suerte. Es raro, quizás ella interpreta que algo ha captado, lo que ella ya no puede seguir negando... que no hay nada, que su relación está muerta e insalvable. Que no habrá suerte, como esa tarde de no peces…

Después, ella en la cama, con los ojos enrojecidos y él abajo, junto a la chimenea, aquí el fuego otro elemento vivo junto a él, esta vez solo... no juntos, y rodeado por la niebla en los cristales. La niebla es un término que sugiere algo borroso, donde te pierdes, donde no ves y todo se nubla...

Y por ultimo, como en esa pequeña resurrección que los enfermos experimentan antes de morir, aparecen aquellos magníficos caballos blancos, la vida pujante y bullente otra vez. Por unos instantes se mezclan con ellos, ella los acaricia y se siente reconfortada por una vida que no le da él pero que está ahí, a su alcance. Que por otro lado es él el que la empuja a esa otra forma de vida… Aquí el mensaje sería, mira, hay más vida y muy hermosa aparte de nosotros… No deja de ser un mensaje de amor y de cuidado, si bien de otra manera de amor.

Para mi es un bella metáfora de su despedida, que es hermosa. Nos parece percibir que existen todos modos sentimientos de amor o cariño, complicidad, compañerismo, respeto, cuidado… entre ellos, además del imposible, lo fenecido ya y la melancolía. Y por un momento reciben ese soplo de fuerzas, de energía vital y los hace bailar y volverse a amar, aún por esa noche, como despedida. El cierre está genial, aquí si, pues se van y como era de esperar, él lo primero que hace es llamar a su amante. Nos lleva a pensar que el que dejó de amar de ese modo fue él, lo cual es un clásico.

También que si algo no funciona ya, ya no nos nutre, por hermoso que haya sido, hay que dejarlo partir, pues ya no está, realmente. Me gustó.
 
Stelazul,13.04.2007
disculpad la longitud, es que me emociono...
 
Ninive,14.04.2007
Quienes quieran presentar cuentos lo pueden decir, es posible repetir cordinadores. Si nadie se presenta después de stelazul entro yo
 
Stelazul,14.04.2007
Vamoossss. ¿Alguien más comenta?. Concordáis con lo de arriba, discrepáis... Venga, que creo es un excelente espacio para aprender de técnicas narrativas, todos de todos pues todas las aportaciones son valiosas, da igual la longitud, como si es de un renglón, no tienen por que ser eruditas, vale también con que cada uno exprese lo que le ha hecho sentir o no, lo que le hace reflexionar, si le aburre, si le transporta... le puede parecer anodino... realmente todo vale, pues todo es por algo, lo único es que sea genuino, que salga de dentro, del propio acervo interior...

 
Ninive,14.04.2007
En todos los talleres literarios nos dicen que un cuento debe ser como una flecha que se dirige al final. Encuentro en este excelente cuento un exceso de detalles, sobretodo en la primera parte . Nombres de lugares innecesarios.
Los animales son la clave en este cuento. Todas las referencias llevan a la idea de libertad y de suerte. Cosa que en parte se verifica ya que la pareja se separa y busca otra suerte.
Encuentro un manejo excelnte del diálogo, en realidad podría ser una obra teatral de acto único. El final es soberbio. ¿notaron que en ningún momento se menciona la frase del título? O se me pasó.
 
roberto_cherinvarito,15.04.2007
A mi no me gustó el cuento. Cuando leo un cuento espero un cuento. Que pase algo. No que pase lo que los mismos protagonistas sabían que iba a pasar. Yo creí que iban a salir volando los caballos, o que de pronto el que se salió de la autopista iba a regresar en caballo con la camarera de la cafetería para darle a Nancy una libreta que abandonó y donde había un detalle, etc.

Pero no ocurre nada, ni triste, ni alegre, ni mágico ni típico. Es una secuencia de hechos que tienen la peculiaridad de estar magistralmente bien escritos por lo que logran intrigar bastante para al final recibir de ellos la noticia que a cambio de los 15 minutos que desperdició leyendo el lector no le tiene nada.

 
Stelazul,15.04.2007
Bien. Todas las opiniones enriquecen y las más contrastadas más aún...
 
Ninive,15.04.2007
Yo no diría que "no ocurre nada "roberto. Pasan muchas cosas cotidianas y otras muchas interiores , sobretodo en la mujer.
 
altorcan,15.04.2007
Yo estoy de acuerdo con Roberto. el cuento es una papata.
Los personajes no son reales. ¿Donde hay mujer que acompaña a su amante a alquilar una casa para que él pase el verano con la otra, y que luego espera pacientemente a que él la llame para correr a su lado cuando la esposa se cansa el primer día?
La esposa tampoco es real. No se entiende que se rinda tan rápido, máxime después de una noche prometedora para el intento de reconciliación. El marido es un sieso, que no se sabe a qué juega.

La estructura del cuento está desequilibrada. La parte introductoria tiene un peso desmesurado en relación con el núcleo del relato. Los detalles no aportan nada y distraen. No veo que el pasaje del colibrí tenga sentido, ni como símbolo sexual ni como nada. Como tampoco lo tiene lo del coche echando chispas en la autopista.

No hay argumento, no hay desenlace, no hay nada. El título no tiene nada que ver con el texto.
Lo único que parece real es lo de los pescadores, que simpre pescan los peces más grandes y numerosos cuando no les ve nadie.
 
Stelazul,16.04.2007
Bueno, es una opinión... Si alguien más quiere añadir algo, de lo contrario colgaré el siguiente cuento. Saluditos.
 
Ninive,16.04.2007
Les recuerdo a los que quieran saber qué cuentos se han leído que hay una sala especial donde están expuestos los títulos . Usuario ESTANTES .
 
rnahimla,16.04.2007
Yo leí el cuento hace tiempo y no me pareció tan chocante la supuesta ilógica forma de actuar de los personajes.
¿En la vida real, cuantos de nosotros hacemos lo que se espera que hagamos y cuantas veces nos pillarían en una actitud totalmente opuesta a la lógica? Máxime cuando hay sentimientos de por medio. Yo creo que uno puede tomar una decisión y cambiarla en cuestión de segundos y por razones absolutamente incomprensibles.
Además, el cuento me encantó.
 
Stelazul,17.04.2007
El cuento que os presento a continuación es de Italo Calvino, de su libro LAS CIUDADES INVISIBLES, titulado:


LAS CIUDADES Y LOS MUERTOS. 4


Lo que hace a Argia diferente de las otras ciudades es que en vez de aire tiene tierra. La tierra cubre completamente las calles, las habitaciones están repletas de arcilla hasta el techo, sobre las escaleras se posa en negativo otra escalera, encima de los tejados de las canas descansan estratos de terreno rocoso como cielos con nubes. Si los habitantes pueden andar por la ciudad ensanchando las galerías de los gusanos y las fisuras por las que se insinúan las raíces, no lo sabemos; la humedad demuele los cuerpos y les deja pocas fuerzas; les conviene quedarse quietos y tendidos, de todos modos está tan oscuro.
De Argia, desde aquí arriba, no se ve nada; hay quien dice: “Está allá abajo” y no queda sino creerlo; los lugares están desiertos. De noche, pegando el oído al suelo, se oye a veces golpear una puerta.


 
Stelazul,17.04.2007
Hay una errata, digo: "encima de los tejados de las casas..."
 
roberto_cherinvarito,17.04.2007
Es todo?. Excelente. QUe mas comentar.
 
gaviotapatagonica,17.04.2007
mmm ... me costó trabajo leer ese texto saben; no caía al principio en la "esencia" que respiraba esos relatos: todas las ciudades q describe son ciudades q no existen y cada una - sugestivamente - lleva un nombre de mujer. Y en el trasfondo, las aventuras de un emperador que ya no encuentra gracia en las "comunes ciudades de sus conquistas" y se entusiasma con los relatos de un viajero que le habla de ciudades que el mismo Calvino llama "imposibles"... lo que es perfectamente posible si uno logra meterse en la trama es una reflexión que según sea el lector, puede resultar muy rica e interesante. Recomendable.

piq piq
 
Ninive,17.04.2007
Siendo tan corto el texto, en este caso podemos seguir comentando sin esperar los dos días de rigor.
 
celiaalviarez,17.04.2007
me parece que es un buen mini cuento- Supongo que debe ir acompañado de otra serie. Es surrealista. Aunque tengo dudas sobre si es un cuento o no, ya saben, por lo de el inicio-nudo y desenlace. ME parece mas bien como una descripción de un paraje extraño, tomando en cuenta la opinión de Gaviota, habría que ver el contexto, los otros cuentos, para poder comprender este completamente, ¿no?
 
gaviotapatagonica,17.04.2007
si, si Celia, perdón pero andaba un poco complicada y contesté apurada. Primero que nada, cuando hablaba de lo que me costó "leer el texto" me refería al libro en sí, no sólo a ese fragmento..y ahora si, coincido contigo Celia en que no es un cuento; más bien desde mi punto de vista es un "fragmento" de una serie - podríamos decir - de relatos que conforman el todo que es el texto completo de Calvino. Tal vez de todos modo, sirve a los fines de "entusiasmar" a los que participan del club pues es una lectura interesante como ya dije antes. Pero disfrutarlo realmente implica leer el libro en su totalidad; como que quien no conoce el texto imagino se queda un poco "colgado"
piq piq
 
santacannabis,17.04.2007
¡Este texto pertenece a uno de mis libros favoritos!
"Las ciudades invisibles"
Conforme a lo que dicen, cada relato es independiente de los demás que lo conforman, de manera que leyendo todo el libro parece que tenemos una colección de fotografías de ciudades imposibles y no hay necesidad de establecer un orden en su lectura.
Digamos que este relato es entonces una postal. Me parece una bonita forma de mirarlo: Como la parte de atrás de una postal que alguien nos envía. La parte de adelante, la fotografía, cada quién la habrá imaginado de acuerdo a su imaginación.
 
Ninive,17.04.2007
Como veo que estamos todos de acuerdo en que stelazul nos ha querido dar un bocadito sabroso de lo que es un libro en tero me permito pegar parte de una conferencia dictada por el propio Italo Calvino en la que se refiere a "Las ciudades invisibles"

.....Las ciudades invisibles son un sueño que nace del corazón de las ciudades invivibles. Se habla hoy con la misma insistencia tanto de la destrucción del ambiente natural como de la fragilidad de los grandes sistemas tecnológicos que pueden producir perjuicios en cadena, paralizando metrópolis enteras. La crisis de la ciudad demasiado grande es la otra cara de la crisis de la naturaleza. La imagen de la «megalópolis», la ciudad continua, uniforme, que va cubriendo el mundo, domina también mi libro. Pero libros que profetizan catástrofes y apocalipsis hay muchos; escribir otro sería pleonástico, y sobre todo, no se aviene a mi temperamento. Lo que le importa a mi Marco Polo es descubrir las razones secretas que han llevado a los hombres a vivir en las ciudades, razones que puedan valer más allá de todas las crisis. Las ciudades son un conjunto de muchas cosas: memorias, deseos, signos de un lenguaje; son lugares de trueque, como explican todos los libros de historia de la economía, pero estos trueques no lo son sólo de mercancías, son también trueques de palabras, de deseos, de recuerdos. Mi libro se abre y se cierra con las imágenes de ciudades felices que cobran forma y se desvanecen continuamente, escondidas en las ciudades infelices...
Casi todos los críticos se han detenido en la frase final del libro: «buscar y saber quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacer que dure, y dejarle espacio». Como son las últimas líneas, todos han considerado que es la conclusión, la «moral de la fábula». Pero este libro es poliédrico y en cierto modo está lleno de conclusiones, escritas siguiendo todas sus aristas, e incluso no menos epigramáticas y epigráficas que esta última. Es cierto que si esta frase se ubica al final del libro no es por casualidad, pero empecemos por decir que el final del último capítulo tiene una conclusión doble, cuyos elementos son necesarios: sobre la ciudad utópica (que aunque no la descubramos no podemos dejar de buscar) y sobre la ciudad infernal. Y aún más: ésta es sólo la última parte del texto en cursiva sobre los atlas del Gran Jan, por lo demás bastante descuidado por los críticos, y que desde el principio hasta el final no hace sino proponer varias «conclusiones» posibles de todo el libro. Pero está también la otra vertiente, la que sostiene que el sentido de un libro simétrico debe buscarse en el medio: hay críticos psicoanalistas que han encontrado las raíces profundas del libro en las evocaciones venecianas de Marco Polo, como un retorno a los primeros arquetipos de la memoria, mientras estudiosos de semiología estructural dicen que donde hay que buscar es en el punto exactamente central del libro, y han encontrado una imagen de ausencia, la ciudad llamada Baucis. Es aquí evidente que el parecer del autor está de más: el libro, como he explicado, se fue haciendo un poco por sí solo, y únicamente el texto tal como es autorizará o excluirá esta lectura o aquélla. Como un lector más, puedo decir que en el capítulo quinto, que desarrolla en el corazón del libro un tema de levedad extrañamente asociado al tema ciudad, hay algunos de los textos que considero mejores por su evidencia visionaria, y tal vez esas figuras más filiformes («ciudades sutiles» u otras) son la zona más luminosa del libro. Esto es todo lo que puedo decir.
(Conferencia pronunciada por Calvino en inglés, el 29 de marzo de 1983, para los estudiantes de la Graduate Writing Divison de la Columbia University de Nueva York.)
 
Roberto_Cherinvarito,17.04.2007
Pero Argia si existe, se llama México Distrito Federal.
 
Stelazul,17.04.2007
Para mi lo más bonito o grande, no sé... del lenguaje un tanto desdibujado que emplea el autor, abstracto, sugerido en unos cuantos retazos maestros para delinear sus ciudades inivisibles, es que nos da permiso, nos invita a cada uno de los que nos asomamos a ellas a extraer o añadir algo de la propia sustancia. Hacerlo propio de algún modo... para mi éste, por ejemplo, habla de un lugar muy concreto e identificable, y simplemente lo narra desde otro punto de mira, como entiendo que en general lo hace en el resto de las ciudades... aportando así, además, una gran creatividad.
 
gaviotapatagonica,18.04.2007
gracias Nin, ese posteo tuyo sobre la conferencia de Calvino es muy interesante.
Y Santa, lo que dices es muy válido; me encanta tu comparación de los textos del libro como postales. Insisto en que el trasfondo del libro es mucho mas complejo que
".....Las ciudades invisibles (...) un sueño que nace del corazón de las ciudades invivibles..."

como bien lo dice el mismísimo autor en la conferencia de la que nos cuenta Ninive. Tienes razón acerca de la independencia de los textos desde un punto de vista mas bien, descriptivo o mas bien incluso, anecdotico pero bene, yo creo que no es como con otros cuentos que hemos discutido aquí, totalmente independientes quizás del contexto donde se hallen recopilados o publicados.
"las ciudades invisibles" es creo yo una totalidad - donde las partes, aunque "pintorescas" por sí, se necesitan inevitablemente unas con otras - y en esta conferencia con que ilustra Nin el foro, lo demuestra claramente el autor. O bene, al menos así lo interpreto

Y claro, rescato sobre todas las cosas, la riqueza que aporta la lectura sugerida por Stelazul a este foro, de por sí "interesantísimisimo", más allá de que coincidamos o no en los posteos.
gracias por eso..
piq piq
 
Ninive,18.04.2007
Quienes deseen ser los próximos coordinadores de los cuentos del club presenten aquí el pedido. Después del tercer cuento que nos ofrecerá Stelazul, no hay candidatos para el puesto.
 
Stelazul,18.04.2007
Beno Nínive, si no hay aún canditato, a mi me gustaría presentar dos más, anduve buscando y al final no me pude quedar con tres sino con cuatro, considerando el de Calvino como cuento, que da igual. Besitos.
 
Ninive,18.04.2007
Por el momento presenta el tercero. Si no habrán candidatos invito a los que ya participaron a presentar uno más.
Al finalizar el comentario de tu tercer cuento hablamos de nuevo.¿estamos?
 
Stelazul,18.04.2007
Estamos.

Ahí va el 3º. Es de Gustavo Adolfo Bécquer. Pertenece a su libro Rimas y Leyendas. Se titula:

LOS OJOS VERDES

Hace mucho tiempo que tenía ganas de escribir cualquier cosa con este título. Hoy, que se me ha presentado ocasión, lo he puesto con letras grandes en la primera cuartilla de papel, y luego he dejado a capricho volar la pluma.
Yo creo que he visto unos ojos como los que he pintado en esta leyenda. No sé si en sueños, pero yo los he visto. De seguro no los podré describir tal cuales ellos eran: luminosos, transparentes como las gotas de la lluvia que se resbalan sobre las hojas de los árboles después de una tempestad de verano. De todos modos, cuento con la imaginación de mis lectores para hacerme comprender en este que pudiéramos llamar boceto de un cuadro que pintaré algún día.

I

-Herido va el ciervo..., herido va... no hay duda. Se ve el rastro de la sangre entre las zarzas del monte, y al saltar uno de esos lentiscos han flaqueado sus piernas... Nuestro joven señor comienza por donde otros acaban... En cuarenta años de montero no he visto mejor golpe... Pero, ¡por San Saturio, patrón de Soria!, cortadle el paso por esas carrascas, azuzad los perros, soplad en esas trompas hasta echar los hígados, y hundid a los corceles una cuarta de hierro en los ijares: ¿no veis que se dirige hacia la fuente de los Álamos y si la salva antes de morir podemos darlo por perdido?

Las cuencas del Moncayo repitieron de eco en eco el bramido de las trompas, el latir de la jauría desencadenada, y las voces de los pajes resonaron con nueva furia, y el confuso tropel de hombres, caballos y perros, se dirigió al punto que Iñigo, el montero mayor de los marqueses de Almenar, señalara como el más a propósito para cortarle el paso a la res.

Pero todo fue inútil. Cuando el más ágil de los lebreles llegó a las carrascas, jadeante y cubiertas las fauces de espuma, ya el ciervo, rápido como una saeta, las había salvado de un solo brinco, perdiéndose entre los matorrales de una trocha que conducía a la fuente.

-¡Alto!... ¡Alto todo el mundo! -gritó Iñigo entonces-. Estaba de Dios que había de marcharse.

Y la cabalgata se detuvo, y enmudecieron las trompas, y los lebreles dejaron refunfuñando la pista a la voz de los cazadores.

En aquel momento, se reunía a la comitiva el héroe de la fiesta, Fernando de Argensola, el primogénito de Almenar.

-¿Qué haces? -exclamó, dirigiéndose a su montero, y en tanto, ya se pintaba el asombro en sus facciones, ya ardía la cólera en sus ojos-. ¿Qué haces, imbécil? Ves que la pieza está herida, que es la primera que cae por mi mano, y abandonas el rastro y la dejas perder para que vaya a morir en el fondo del bosque. ¿Crees acaso que he venido a matar ciervos para festines de lobos?

-Señor -murmuró Iñigo entre dientes-, es imposible pasar de este punto.

-¡Imposible! ¿Y por qué?

-Porque esa trocha -prosiguió el montero- conduce a la fuente de los Álamos: la fuente de los Álamos, en cuyas aguas habita un espíritu del mal. El que osa enturbiar su corriente paga caro su atrevimiento. Ya la res habrá salvado sus márgenes. ¿Cómo la salvaréis vos sin atraer sobre vuestra cabeza alguna calamidad horrible? Los cazadores somos reyes del Moncayo, pero reyes que pagan un tributo. Fiera que se refugia en esta fuente misteriosa, pieza perdida.

-¡Pieza perdida! Primero perderé yo el señorío de mis padres, y primero perderé el ánima en manos de Satanás, que permitir que se me escape ese ciervo, el único que ha herido mi venablo, la primicia de mis excursiones de cazador... ¿Lo ves?... ¿Lo ves?... Aún se distingue a intervalos desde aquí; las piernas le fallan, su carrera se acorta; déjame..., déjame; suelta esa brida o te revuelvo en el polvo... ¿Quién sabe si no le daré lugar para que llegue a la fuente? Y si llegase, al diablo ella, su limpidez y sus habitadores. ¡Sus, Relámpago!; ¡sus, caballo mío! Si lo alcanzas, mando engarzar los diamantes de mi joyel en tu serreta de oro.

Caballo y jinete partieron como un huracán. Iñigo los siguió con la vista hasta que se perdieron en la maleza; después volvió los ojos en derredor suyo; todos, como él, permanecían inmóviles y consternados.

El montero exclamó al fin:

-Señores, vosotros lo habéis visto; me he expuesto a morir entre los pies de su caballo por detenerlo. Yo he cumplido con mi deber. Con el diablo no sirven valentías. Hasta aquí llega el montero con su ballesta; de aquí en adelante, que pruebe a pasar el capellán con su hisopo.

II

-Tenéis la color quebrada; andáis mustio y sombrío. ¿Qué os sucede? Desde el día, que yo siempre tendré por funesto, en que llegasteis a la fuente de los Álamos, en pos de la res herida, diríase que una mala bruja os ha encanijado con sus hechizos. Ya no vais a los montes precedido de la ruidosa jauría, ni el clamor de vuestras trompas despierta sus ecos. Sólo con esas cavilaciones que os persiguen, todas las mañanas tomáis la ballesta para enderezaros a la espesura y permanecer en ella hasta que el sol se esconde. Y cuando la noche oscurece y volvéis pálido y fatigado al castillo, en balde busco en la bandolera los despojos de la caza. ¿Qué os ocupa tan largas horas lejos de los que más os quieren?

Mientras Iñigo hablaba, Fernando, absorto en sus ideas, sacaba maquinalmente astillas de su escaño de ébano con un cuchillo de monte.

Después de un largo silencio, que sólo interrumpía el chirrido de la hoja al resbalar sobre la pulimentada madera, el joven exclamó, dirigiéndose a su servidor, como si no hubiera escuchado una sola de sus palabras:

-Iñigo, tú que eres viejo, tú que conoces las guaridas del Moncayo, que has vivido en sus faldas persiguiendo a las fieras, y en tus errantes excursiones de cazador subiste más de una vez a su cumbre, dime: ¿has encontrado, por acaso, una mujer que vive entre sus rocas?

-¡Una mujer! -exclamó el montero con asombro y mirándole de hito en hito.

-Sí -dijo el joven-, es una cosa extraña lo que me sucede, muy extraña... Creí poder guardar ese secreto eternamente, pero ya no es posible; rebosa en mi corazón y asoma a mi semblante. Voy, pues, a revelártelo... Tú me ayudarás a desvanecer el misterio que envuelve a esa criatura que, al parecer, sólo para mí existe, pues nadie la conoce, ni la ha visto, ni puede dame razón de ella.

El montero, sin despegar los labios, arrastró su banquillo hasta colocarse junto al escaño de su señor, del que no apartaba un punto los espantados ojos... Éste, después de coordinar sus ideas, prosiguió así:

-Desde el día en que, a pesar de sus funestas predicciones, llegué a la fuente de los Álamos, y, atravesando sus aguas, recobré el ciervo que vuestra superstición hubiera dejado huir, se llenó mi alma del deseo de soledad.

Tú no conoces aquel sitio. Mira: la fuente brota escondida en el seno de una peña, y cae, resbalándose gota a gota, por entre las verdes y flotantes hojas de las plantas que crecen al borde de su cuna. Aquellas gotas, que al desprenderse brillan como puntos de oro y suenan como las notas de un instrumento, se reúnen entre los céspedes y, susurrando, susurrando, con un ruido semejante al de las abejas que zumban en torno a las flores, se alejan por entre las arenas y forman un cauce, y luchan con los obstáculos que se oponen a su camino, y se repliegan sobre sí mismas, saltan, y huyen, y corren, unas veces con risas; otras, con suspiros, hasta caer en un lago. En el lago caen con un rumor indescriptible. Lamentos, palabras, nombres, cantares, yo no sé lo que he oído en aquel rumor cuando me he sentado solo y febril sobre el peñasco a cuyos pies saltan las aguas de la fuente misteriosa, para estancarse en una balsa profunda cuya inmóvil superficie apenas riza el viento de la tarde.

Todo allí es grande. La soledad, con sus mil rumores desconocidos, vive en aquellos lugares y embriaga el espíritu en su inefable melancolía. En las plateadas hojas de los álamos, en los huecos de las peñas, en las ondas del agua, parece que nos hablan los invisibles espíritus de la Naturaleza, que reconocen un hermano en el inmortal espíritu del hombre.

Cuando al despuntar la mañana me veías tomar la ballesta y dirigirme al monte, no fue nunca para perderme entre sus matorrales en pos de la caza, no; iba a sentarme al borde de la fuente, a buscar en sus ondas... no sé qué, ¡una locura! El día en que saltó sobre ella mi Relámpago, creí haber visto brillar en su fondo una cosa extraña.., muy extraña..: los ojos de una mujer.

Tal vez sería un rayo de sol que serpenteó fugitivo entre su espuma; tal vez sería una de esas flores que flotan entre las algas de su seno y cuyos cálices parecen esmeraldas...; no sé; yo creí ver una mirada que se clavó en la mía, una mirada que encendió en mi pecho un deseo absurdo, irrealizable: el de encontrar una persona con unos ojos como aquellos. En su busca fui un día y otro a aquel sitio.

Por último, una tarde... yo me creí juguete de un sueño...; pero no, es verdad; le he hablado ya muchas veces como te hablo a ti ahora...; una tarde encontré sentada en mi puesto, vestida con unas ropas que llegaban hasta las aguas y flotaban sobre su haz, una mujer hermosa sobre toda ponderación. Sus cabellos eran como el oro; sus pestañas brillaban como hilos de luz, y entre las pestañas volteaban inquietas unas pupilas que yo había visto..., sí, porque los ojos de aquella mujer eran los ojos que yo tenía clavados en la mente, unos ojos de un color imposible, unos ojos...

-¡Verdes! -exclamó Iñigo con un acento de profundo terror e incorporándose de un golpe en su asiento.

Fernando lo miró a su vez como asombrado de que concluyese lo que iba a decir, y le preguntó con una mezcla de ansiedad y de alegría:

-¿La conoces?

-¡Oh, no! -dijo el montero-. ¡Líbreme Dios de conocerla! Pero mis padres, al prohibirme llegar hasta estos lugares, me dijeron mil veces que el espíritu, trasgo, demonio o mujer que habita en sus aguas tiene los ojos de ese color. Yo os conjuro por lo que más améis en la tierra a no volver a la fuente de los álamos. Un día u otro os alcanzará su venganza y expiaréis, muriendo, el delito de haber encenagado sus ondas.

-¡Por lo que más amo! -murmuró el joven con una triste sonrisa.

-Sí -prosiguió el anciano-; por vuestros padres, por vuestros deudos, por las lágrimas de la que el Cielo destina para vuestra esposa, por las de un servidor, que os ha visto nacer.

-¿Sabes tú lo que más amo en el mundo? ¿Sabes tú por qué daría yo el amor de mi padre, los besos de la que me dio la vida y todo el cariño que pueden atesorar todas las mujeres de la tierra? Por una mirada, por una sola mirada de esos ojos... ¡Mira cómo podré dejar yo de buscarlos!

Dijo Fernando estas palabras con tal acento, que la lágrima que temblaba en los párpados de Iñigo se resbaló silenciosa por su mejilla, mientras exclamó con acento sombrío:

-¡Cúmplase la voluntad del Cielo!

III

-¿Quién eres tú? ¿Cuál es tu patria? ¿En dónde habitas? Yo vengo un día y otro en tu busca, y ni veo el corcel que te trae a estos lugares ni a los servidores que conducen tu litera. Rompe de una vez el misterioso velo en que te envuelves como en una noche profunda. Yo te amo, y, noble o villana, seré tuyo, tuyo siempre.

El sol había traspuesto la cumbre del monte; las sombras bajaban a grandes pasos por su falda; la brisa gemía entre los álamos de la fuente, y la niebla, elevándose poco a poco de la superficie del lago, comenzaba a envolver las rocas de su margen.

Sobre una de estas rocas, sobre la que parecía próxima a desplomarse en el fondo de las aguas, en cuya superficie se retrataba, temblando, el primogénito Almenar, de rodillas a los pies de su misteriosa amante, procuraba en vano arrancarle el secreto de su existencia.

Ella era hermosa, hermosa y pálida como una estatua de alabastro. Y uno de sus rizos caía sobre sus hombros, deslizándose entre los pliegues del velo como un rayo de sol que atraviesa las nubes, y en el cerco de sus pestañas rubias brillaban sus pupilas como dos esmeraldas sujetas en una joya de oro.

Cuando el joven acabó de hablarle, sus labios se removieron como para pronunciar algunas palabras; pero exhalaron un suspiro, un suspiro débil, doliente, como el de la ligera onda que empuja una brisa al morir entre los juncos.

-¡No me respondes! -exclamó Fernando al ver burlada su esperanza-. ¿Querrás que dé crédito a lo que de ti me han dicho? ¡Oh, no!... Háblame; yo quiero saber si me amas; yo quiero saber si puedo amarte, si eres una mujer...

-O un demonio... ¿Y si lo fuese?

El joven vaciló un instante; un sudor frío corrió por sus miembros; sus pupilas se dilataron al fijarse con más intensidad en las de aquella mujer, y fascinado por su brillo fosfórico, demente casi, exclamó en un arrebato de amor:

-Si lo fueses.:., te amaría..., te amaría como te amo ahora, como es mi destino amarte, hasta más allá de esta vida, si hay algo más de ella.

-Fernando -dijo la hermosa entonces con una voz semejante a una música-, yo te amo más aún que tú me amas; yo, que desciendo hasta un mortal siendo un espíritu puro. No soy una mujer como las que existen en la Tierra; soy una mujer digna de ti, que eres superior a los demás hombres. Yo vivo en el fondo de estas aguas, incorpórea como ellas, fugaz y transparente: hablo con sus rumores y ondulo con sus pliegues. Yo no castigo al que osa turbar la fuente donde moro; antes lo premio con mi amor, como a un mortal superior a las supersticiones del vulgo, como a un amante capaz de comprender mi caso extraño y misterioso.

Mientras ella hablaba así, el joven absorto en la contemplación de su fantástica hermosura, atraído como por una fuerza desconocida, se aproximaba más y más al borde de la roca.

La mujer de los ojos verdes prosiguió así:

-¿Ves, ves el límpido fondo de este lago? ¿Ves esas plantas de largas y verdes hojas que se agitan en su fondo?... Ellas nos darán un lecho de esmeraldas y corales..., y yo..., yo te daré una felicidad sin nombre, esa felicidad que has soñado en tus horas de delirio y que no puede ofrecerte nadie... Ven; la niebla del lago flota sobre nuestras frentes como un pabellón de lino...; las ondas nos llaman con sus voces incomprensibles; el viento empieza entre los álamos sus himnos de amor; ven..., ven.

La noche comenzaba a extender sus sombras; la luna rielaba en la superficie del lago; la niebla se arremolinaba al soplo del aire, y los ojos verdes brillaban en la oscuridad como los fuegos fatuos que corren sobre el haz de las aguas infectas... Ven, ven... Estas palabras zumbaban en los oídos de Fernando como un conjuro. Ven... y la mujer misteriosa lo llamaba al borde del abismo donde estaba suspendida, y parecía ofrecerle un beso..., un beso...

Fernando dio un paso hacía ella..., otro..., y sintió unos brazos delgados y flexibles que se liaban a su cuello, y una sensación fría en sus labios ardorosos, un beso de nieve..., y vaciló..., y perdió pie, y cayó al agua con un rumor sordo y lúgubre.

Las aguas saltaron en chispas de luz y se cerraron sobre su cuerpo, y sus círculos de plata fueron ensanchándose, ensanchándose hasta expirar en las orillas.


 
Ninive,19.04.2007
En la segunda sala del club están expuestos:
En el primer estante:

1 Si me necesitas llámame de Raymond Carver
2 Las ciudades y los muertos 4 del libro"Las ciudades invisibles de Italo Calvino,
3 Los ojos verdes de G.ABecquer( en lectura=
coordinadora Stelazul
 
Stelazul,21.04.2007
Os animo a que leáis y comentéis la leyenda de Bécquer, LOS OJOS VERDES, de este gran poeta romántico y universal, con cuyos versos vibramos y soñamos todos en nuestra adolescencia perenne, desde donde continúa latiendo con fuerza en el fondo del alma poética de todos. De entrada se ve algo larga, pero una vez la inicias su magia te encadena irremisiblemente hasta el final. Y para los que no hayan leído alguna rima del creador de VOLVERÁN LAS OSCURAS GOLONDRINAS..., veréis que es un auténtico placer. Vamos, animaros.
 
galadrielle,26.04.2007
Es cierto que Becquer nos ha hecho suspirar a todos. Esta historia llena de magia y amor es muy típica de su estilo, creo yo. El estilo tan español del habla de los personajes me distrae un poco, pero está acorde con el lugar y la epoca, me parece. El párrafo en que el protagonista describe la fuente está lleno de imagenes muy bellas.
Por otro lado, qué terrible destino, no?
 
Ninive,26.04.2007
Gracias a Stelazul por la cordinación en la sala del lector.

 
Ninive,26.04.2007
Propongo este cuento de Margarita Yourcenar
( figura también en Google .)

La leche de la muerte
Marguerite Yourcenar

La larga fila «beige» y gris de los turistas se extendía por la calle ancha de Ragusa; los gorros adornados con trencilla y las opulentas chaquetas bordadas, que se mecían al viento a la puerta de las tiendas, encendían los ojos de los viajeros a la búsqueda de regalos baratos, o de disfraces para los bailes de a bordo. Hacía un calor como sólo puede hacerlo en el infierno. Las montañas peladas de Herzegovina proyectaban en Ragusa sus fuegos de espejos ardientes. Philip Mide entró en una cervecería alemana en donde zumbaban unas cuantas moscas enormes en medio de una asfixiante penumbra. La terraza del restaurante daba paradójicamente al Adriático, que reaparecía allí, en plena ciudad, en el lugar donde menos se le esperaba, sin que aquella súbita escapada azul sirviera de otra cosa que no fuera añadir un color más a lo abigarrado del mercado. Un hedor pestilente ascendía de un montón de desperdicios de pescado que estaban limpiando unas gaviotas, de blancura casi insoportable. No llegaba brisa alguna del mar. E1 compañero de camarote de Philip, el ingeniero Jules Boutrin, bebía ante una mesa redonda de zinc, a la sombra de una sombrilla color de fuego, que recordaba desde lejos una gruesa naranja flotando en el mar.
—Cuénteme otra historia, viejo amigo —dijo Philip dejándose caer pesadamente en una silla—. Necesito un whisky y una historia cuando estoy delante del mar... Que sea la historia más hermosa y menos verdadera posible, y que me haga olvidar las mentiras patrióticas y contradictorias de algunos periódicos que acabo de comprar en el muelle. Los italianos insultan a los eslavos, los eslavos a los griegos, los alemanes a los rusos, los franceses a Alemania, y a Inglaterra, casi tanto como a esta última. Todos tienen razón, supongo. Hablemos de otra cosa... ¿Qué hizo usted ayer en Scutari, luego de saciar su curiosidad por ver con sus propios ojos no sé qué clase de turbinas?
—Nada—dijo el ingeniero—. Aparte de echar una ojeada a las azarosas obras de un pantano, dediqué la mayor parte del tiempo a buscar una torre. Tantas voces oí a las viejas de Senia contarme la historia de la Torre de Scutari que necesitaba localizar sus ladrillos desmoronados e inspeccionar si en ellos se encontraba, como dicen, un reguero blanco... Pero el tiempo, las guerras y los aldeanos de la vecindad, preocupados por consolidar los muros de sus granjas, la han derribado piedra a piedra, y su recuerdo no se mantiene en pie, sino en los cuentos... A propósito? Philip, ¿tiene usted la suerte de poseer lo que se llama una buena madre?
—¡Qué pregunta...!—dijo con indiferencia el joven inglés—. Mi madre es hermosa, delgada, va muy bien maquillada y sus carnes son tan prietas y duras como el cristal de un escaparate. ¿Qué más queréis que os diga? Cuando salimos juntos se creen que yo soy su hermano mayor.
—Eso es. Le pasa a usted como a todos nosotros. Cuando pienso que hay idiotas que pretenden que nuestra época carece de poesía, como si no tuviera sus surrealistas, sus estrellas de cine y sus dictadores... Créame, Philip, lo que nos falta precisamente son realidades. La seda es artificial, las comidas aborreciblemente sintéticas se parecen a esos falsos alimentos con que se atraca a las momias, y las mujeres, esterilizadas contra la desdicha y la vejez, han dejado de existir. Ya sólo en las leyendas de los países medio bárbaros encontramos a esas criaturas ricas en leche y en lágrimas, de las que uno se sentina orgulloso de ser hijo... ¿Dónde oí yo hablar de un pocta que no pudo amar a ninguna mujer porque en otra vida se había encontrado con Antígona? Un tipo que se me parecía... Unas cuantas docenas de madres y de enamoradas, desde Andrómaca hasta Griselda, me han vuelto exigente con respecto a esas muñecas irrompibles que pasan por ser hoy la realidad.
Isolda por amante, y por hermana a la hermosa Alda... Sí, pero la que me hubiera gustado tener por madre es una niña que pertenece a la leyenda albanesa, la mujer de un joven reyezuelo de por aquí.
Éranse tres hermanos que trabajaban construyendo una torre desde donde pudieran vigilar a los bandidos turcos. Habían emprendido la tarea ellos mismos, sea porque la mano de obra fuese cara, sea porque, como buenos campesinos, no se fiaban más que de sus propios brazos, y sus mujeres se turnaban para llevarles la comida. Pero cada vez que conseguían llevar a buen término su trabajo para colocar un ramo de hierbas en el tejado, el viento de la noche y las brujas de la montaña derribaban su torre lo mismo que Dios derribó la de Babel. Puede haber múltiples razones para que una torre no se mantenga en pie, y puede culparse de ello a la torpeza de los obreros, a la mala voluntad del terreno o a la insuficiencia del cemento que traba las piedras. Pero los campesinos servios, albaneses o búlgaros, no reconocen más que una causa de semejante desastre: saben que un edificio se hunde por no haber tenido cuidado de encerrar en sus cimientos a un hombre o a una mujer, cuyo esqueleto sostendrá, hasta que llegue el día del Juicio Final, la carne pesada de las piedras. En Arta, en Grecia, enseñan un puente en donde fue emparedada de este modo una muchacha: parte de su cabellera se escapa por una grieta y cuelga sobre el agua como una planta rubia. Los tres hermanos empezaban a mirarse con desconfianza y ponían gran cuidado en no proyectar su sombra sobre el muro inacabado, ya que es posible, a falta de algo mejor, encerrar dentro de un edificio en construcción a esa negra prolongación del hombre, que tal vez sea su alma, y aquel cuya sombra es apresada de esta manera muere como un desventurado que padece penas de amores.
Por la noche, cada uno de los tres hermanos trataba de sentarse lo más lejos posible del fuego, por miedo a que alguien se le acercara cautelosamente por detrás, le arrojara un saco sobre su sombra y se la llevara, medio estrangulada, como una paloma negra. Empezaba a flojear su entusiasmo por el trabajo, y la angustia, ya que no la fatiga, bañaba de sudor sus frentes morenas. Por fin, un día, el mayor de los hermanos reunió a su alrededor a los más pequeños y les dijo:
—Hermanitos, hermanos en la sangre, la leche y el bautismo, si nuestra torre se queda sin terminar, los turcos volverán a penetrar por las márgenes del lago, escondidos tras los juncos. Violarán a las hijas de nuestros granjeros, quemarán en nuestros campos la promesa del pan futuro, crucificarán a nuestros campesinos en los espantapájaros que hay en nuestros huertos y que se transformarán de este modo en pasto para los cuervos. Hermanitos, nos necesitamos unos a otros y nunca el trébol sacrificó una de sus tres hojas. Pero cada uno de nosotros tiene una mujer joven y vigorosa, cuyos hombros y cuya hermosa nuca están acostumbrados a soportar el peso de la carga. No decidamos nada, hermanos míos: dejemos que elija el Azar, ese testaferro de Dios. Mañana, cuando llegue el alba, cogeremos, para emparedarla en los cimientos de la torre, a aquella de nuestras mujeres que venga a traernos la comida. No os pido más que el silencio de una noche, hermanos míos, y asimismo que no abracéis hoy con demasiadas lágrimas y suspiros a la que, al fin y al cabo, tiene dos probabilidades sobre tres de seguir respirando cuando se ponga el sol.
Le era fácil hablar así, pues aborrecía a su mujer y quería deshacerse de ella para sustituirla por una hermosa muchacha griega de pelo rojizo. El hermano segundo no dijo ninguna objeción, ya que contaba prevenir a su mujer en cuanto regresara, y el único que protestó fue el pequeño, pues tenía por costumbre cumplir sus promesas. Enternecido por la magnanimidad de sus hermanos mayores, dispuestos a renunciar a lo que más querían en favor de la obra, acabó por dejarse convencer y prometió callar toda la noche.
Regresaron al campamento a la hora del crepúsculo, cuando el fantasma de la luz moribunda ronda aún por los campos. El hermano segundo entró en su tienda de muy mal humor y ordenó con rudeza a su mujer que le ayudara a quitarse las botas. Cuando la vio agachada delante de él, le arrojó las botas a la cara y dijo:
—Hace ocho días que llevo puesta la misma camisa, y llegará el domingo sin que pueda ponerme ropa blanca. ¡Maldita gandula! Mañana, en cuanto apunte el día, marcharás al lago con tu cesto de ropa y te quedarás allí hasta la noche, entre tu cepillo y tu pala. Si te alejas del lago un solo paso, morirás.
»Y la joven prometió temblando que dedicaría todo el día siguiente a la colada.
El mayor volvió a casa muy decidido a no decirle nada a su mujer, cuyos besos le cansaban y cuya rolliza belleza había dejado de agradarle. Pero tenía una debilidad: hablaba en sueños. La opulenta matrona albanesa no durmió bien aquella noche, pues se preguntaba en qué podía haber desagradado a su señor. De repente oyó a su marido gruñir, mientras tiraba de la manta hacia él: —Corazón, corazón mío... pronto serás viudo... ¡Qué tranquilos vamos a estar, separados de esa morenota por los buenos y fuertes ladrillos de la torre!...
Pero el más pequeño entró en su tienda pálido y resignado, como un hombre que acabara de tropezar con la Muerte en persona con su guadaña al hombro, camino de la siega. Besó a su hijo en su cuna de mimbre y cogió tiernamente en brazos a su mujer; durante toda la noche le oyó ella llorar contra su corazón. Pero la joven era discreta y no le preguntó la causa de aquella pena tan grande, pues no quería obligarle a que le hiciese confidencias y no necesitaba saber cuáles eran sus penas para tratar de consolarlo.
>AI día siguiente, los tres hermanos cogieron sus picos y sus martillos y salieron en dirección a la torre. La mujer del hermano segundo preparó su cesto de ropa y fue a arrodillarse delante de la mujer del hermano mayor.
—Hermana—le dijo—, querida hermana, hoy me toca a mí ir a llevarles la comida a los hombres, pero mi marido me ha ordenado, bajo pena de muerte, que le lave sus camisas blancas, y mi cesto está lleno.
—Hermana, querida hermana—dijo la mujer del hermano mayor—, con mucho gusto iría yo a llevarles la comida a nuestros hombres, pero un demonio se me metió anoche en una muela... ¡Uy, uy, uy..., estoy que no sirvo para nada..., todo lo más para gritar de dolor!
Y dio una palmada, sin más preámbulos, para llamar a la mujer del hermano pequeño.
—Mujer de nuestro hermano pequeño —dijo—, querida mujercita del menor de los nuestros, vete tú hoy en nuestro lugar a llevar la comida a los hombres, pues el camino es largo, nuestros pies están cansados, y somos menos jóvenes y menos ligeras que tú. Ve, querida muchacha, que vamos a llenarte la cesta con un montón de cosas suculentas, para que nuestros hombres te acojan con una sonrisa, a ti que serás la mensajera que vas a aplacar su hambre.
Y le llenaron la cesta con peces del lago confitados en miel y pasas de Corinto, con arroz envuelto en hojas de parra, con queso de cabra y con pastelillos de almendras saladas. La joven puso tiernamente a su hijo en brazos de sus cuñadas y se fue sola por el camino, con su fardo a la cabeza, y su destino alrededor del cuello como una medalla bendita, invisible para todos, en la que Dios mismo había escrito a qué clase de muerte se hallaba destinada y cuál era el lugar que ocuparía en el cielo.
Cuando los tres hombres la vieron llegar desde lejos, figurilla pequeña que aún no se distinguía, corrieron hacia ella; los dos primeros, inquietos por saber si había tenido éxito su estratagema. El mayor se tragó una blasfemia al descubrir que no era su morenaza, y el segundo dio gracias al Señor en voz alta por haber salvado a su lavandera. Pero el pequeño se arrodilló, rodeando con sus brazos las caderas de la muchacha, y le pidió perdón gimiendo. Después, se arrastró a los pies de sus hermanos y les suplicó que tuvieran piedad. Finalmente, se levantó y el acero de su cuchillo brilló al sol. Un martillazo en la nuca lo arrojó, aún palpitante, a orillas del camino. La joven, horrorizada, había dejado caer su cesta y las vituallas dispersas fueron el deleite de los perros del rebaño. Cuando comprendió de qué se trataba, tendió las manos al cielo:
—Hermanos a los que yo jamás falté, hermanos por el anillo de boda y la bendición del sacerdote, no me matéis; avisad a mi padre? que es jefe de clan en la montaña, y él os proporcionará mil sirvientas, a quien podréis sacrificar. No me matéis, ¡amo tanto la vida!... No pongáis, entre mi bienamado y yo, una pared de piedras.
Pero se calló de repente, pues advirtió que su marido, tendido a la orilla del camino, ya no movía los párpados, y que sus cabellos negros estaban manchados de sesos y de sangre. Entonces, sin gritos ni lágrimas, se dejó arrastrar por los dos hermanos hasta el nicho que habían horadado en la muralla redonda de la torre: puesto que iba a morir, para qué llorar. Pero en el momento en que colocaban el primer ladrillo ante sus pies calzados con sandalias rojas, recordó a su hijo, que acostumbraba a mordisquear sus zapatos como un perrillo juguetón. Unas cálidas lágrimas resbalaron por sus mejillas y fueron a mezclarse con el cemento que la llana alisaba sobre la piedra.
»—¡Ay, piececitos míos! —dijo—. Ya no me llevaréis como solíais hasta la cumbre de la colina, para que mi bienamado viera antes mi cuerpo. Ya no sabréis del frescor del agua que corre: tan sólo os lavarán los Ángeles, en la mañana de la Resurrección...
La construcción de ladrillos y de piedras se alzaba ya hasta sus rodillas, tapadas con una falda dorada. Muy erguida en el fondo de su nicho, parecía una Virgen María de pie tras de su altar.
—Adiós, mis queridas rodillas—dijo la joven—. Ya no podréis mecer a mi hijo, ni sentada bajo el hermoso árbol del huerto, que da al mismo tiempo alimento y sombra, podré yo llenaros de rica fruta...
El muro se elevó un poco más y la joven prosiguió:
—Adiós, mis manos queridas, que colgáis a ambos lados de mi cuerpo, manos que ya no podréis hacer la comida, ni hilar la lana, manos que ya no abrazarán a mi bienamado. Adiós, mis caderas y mi vientre, que ya no conocerá lo que es dar a luz ni amar. Hijos que yo hubiera podido traer al mundo, hermanos que no tuve tiempo de darle a mi hijo, me acompañaréis dentro de esta prisión, que será mi tumba, y donde tendré que permanecer de pie, sin dormir, hasta el día del Juicio Final.
El muro le llegaba ya al pecho. En aquel momento, un estremecimiento recorrió la parte superior del cuerpo de la joven, y sus ojos suplicaron con una mirada semejante al ademán de dos manos tendidas.
—Cuñados—dijo—, por consideración no a mí, sino a vuestro hermano muerto, pensad en mi hijo y no lo dejéis morir de hambre. No emparedéis mis pechos, hermanos, que mis dos senos permanezcan libres bajo mi camisa bordada y que me traigan todos los días a mi hijo por la mañana, a mediodía y al crepúsculo. Mientras me queden unas gotas de vida, bajarán hasta la punta de mis senos para alimentar al hijo que traje al mundo, y el día en que ya no me quede leche, beberá mi alma. Consentid esto, malvados hermanos, y si lo hacéis así, ni mi marido ni yo os pediremos cuentas cuando nos encontremos en la casa de Dios.
Los hermanos, intimidados, consintieron en satisfacer aquel último deseo y dejaron un intervalo de dos ladrillos a la altura de los pechos. Entonces, la joven murmuró:
—Hermanos queridos, poned vuestros ladrillos delante de mi boca, pues los besos de los muertos dan miedo a los vivos, mas dejad una ranura delante de mis ojos, para que yo pueda ver si mi leche le aprovecha a mi niño.
Hicieron como ella les pedía y dejaron abierta una ranura horizontal a la altura de los ojos. Al llegar el crepúsculo, a la hora en que su madre tenía por costumbre darle de mamar, trajeron al niño por el camino polvoriento, bordeado de arbustos pequeños medio comidos por las cabras, y la emparedada saludó la llegada del niño con gritos de alegría y bendiciones a los dos hermanos. Unos chorros de leche empezaron a brotar de sus dos senos, duros y tibios, y cuando el niño, hecho de la misma sustancia que su corazón, se durmió contra sus pechos, empezó a cantar con voz amortiguada por el muro de ladrillos. En cuanto le quitaron al niño del pecho, ordenó que lo llevaran al campamento para dormir, pero durante toda la noche se oyó la tierna melopea bajo las estrellas, y aquella canción de cuna, a pesar de la distancia, bastaba para impedir que el niño llorase. Al día siguiente, ella ya no cantaba y su voz era muy débil cuando preguntó cómo había pasado Vania la noche. Al día siguiente, calló, pero aún respiraba, pues sus pechos, todavía habitados por su aliento, subían y bajaban imperceptiblemente dentro de su jaula. Unos días más tarde, su soplo de vida fue a juntarse con su voz, pero sus senos inmóviles no habían perdido nada de su dulce abundancia de fuentes, y el niño, dormido en el hueco que formaban, oía aún latir su corazón. Luego, aquel corazón tan acorde con la vida fue espaciando sus latidos. Sus ojos lánguidos se apagaron como el reflejo de las estrellas en una cisterna sin agua y a través de la ranura ya no se vio nada más que dos pupilas vidriosas, que ya no miraban al cielo. Aquellas pupilas acabaron por licuarse y dejaron lugar a dos órbitas huecas, en cuyo fondo veíase la Muerte, pero el pecho joven permanecía intacto y durante dos años más, al llegar la aurora, al mediodía y al crepúsculo, continuaba manando el surtidor milagroso, hasta que ya el niño dejó de mamar por su propia voluntad.
Tan sólo entonces los pechos agotados se redujeron a polvo y en el borde de ladrillo ya no quedaron más que unas pocas cenizas blancas. Durante varios siglos, las madres enternecidas acudieron a la torre, para seguir con el dedo, a lo largo del ladrillo rojizo, los surcos trazados por la leche maravillosa, y luego la misma torre desapareció, y el peso de la bóveda dejó de aplastar al ligero esqueleto de mujer. Por último, hasta los mismos frágiles huesos acabaron por dispersarse y ahora ya no queda en pie más que este viejo francés, achicharrado por un calor de infierno, que repite machaconamente, al primero que encuentra, esta historia que es digna de inspirar tantas lágrimas a los poetas como la historia de Andrómaca.
En aquel momento, una gitana, cubierta de una espantosa suciedad dorada, se acercó a la mesa en que se acodaban los dos hombres. Llevaba en brazos a un niño, cuyos ojos enfermos desaparecían bajo un vendaje de harapos. Se dobló en dos, con el insolente servilismo que caracteriza a ciertas razas miserables y reales, y sus faldas amarillas barrieron el suelo. El ingeniero la apartó bruscamente, sin preocuparse de su voz, que pasaba del tono de la súplica al de las maldiciones. El inglés la llamó para darle un denario de limosna.
—¿Qué es lo que le pasa a usted, viejo soñador? —dijo con impaciencia—. Los senos y los collares de esta mujer valen tanto como los de su heroína albanesa. Y el niño que la acompaña es ciego.
—Conozco a esa mujer —respondió Jules Boutrin—. Un médico de Ragusa me relató su historia. Hace unos meses que viene colocando en los ojos de su hijo unos asquerosos emplastes que le inflaman la vista y provocan la compasión de los transeúntes. El niño todavía ve, pero pronto será lo que ella desea: un ciego. Entonces esta mujer tendrá asegurado su peculio para toda la vida, pues cuidar de un impedido es una profesión lucrativa. Hay madres y madres.






 
Ninive,26.04.2007
Dos días desde hoy para comenzar a opinar sobre este cuento
 
chiche,27.04.2007
Todo el relato gira sobre la brutalidad de la vida los seres,en este caso las dos madres,la primera,elevada a la categoría de santa,la segunda ni siquiera merece dos párrafos.No conozco la obra de Yourcenar.El relato pareciera que toca los bordes de lo fantástico desde una vision europea,quizas racista,solo alli parece un escritor sentirse a salvo y originar un relato tan lleno de detalles. Parece un cuento de esos que nos hacen despertar sobresaltados en medio de la noche.La extinción de la vida,que va subiendo,como los ladrillos,poco a poco y que nos cubren por completo.Un cuadro lleno de lineas de fuerza,los hermanos en su crueldad,la joven madre en su bondad,la "mala" madre en su maldad.Todo aparece como "sobreactuado".Inclusive el joven marido,casualmente es el mas pequeño.El gesto del ingeniero al ...."apartarla bruscamente.."
No hay pausa y no hay un relax para el lector.El ritmo y los detalles se revuelven en sí mismos.
La escena final aparece como el fin de una pelicula donde dos europeos hablan bajo una sombrilla y un sol insoportable.Veo un dejo de colonialismo en este cuento.Quizas era la unica manera que los europeos tenian para crear un realismo fantastico.

 
Ninive,27.04.2007
Concuerdo con Chiche en pensar que este cuento es muy "blanco y negro". Sobretodo por la brural comparación entre las dos madres. Para mí el verdadero cuento está en la leyenda albanesa que toca momentos de emoción, es ingenua y cruel al mismo tiempo pero considerada como leyenda se ajusta perfectamente a su carácter.
 
chiche,27.04.2007
perdon,lei Memorias de Adriano.
 
Pagoan,27.04.2007
¿Por qué dos madres? Hay tres madres en la historia. La definición que Philip hace de su madre no la haría cualquier hijo. Parece sentir celos de su juventud porque la gente cree que es su hermana. Yo creo que aparte de la leyenda que es preciosa el relato tiene muchas lecturas. El ingeniero no habla de su madre pero pregunta por la de Philip. Busca el rastro blanco de la leche en las ruinas de la torre. ¿Qué busca realmente? Quizás una madre que nunca tuvo... No quiero alargarme, dejo que otros opinen. Margarite Yourcenar no fue madre. Y no me estoy refiriendo a su lesbianismo.
 
m_a_g_d_a2000,27.04.2007
De este cuento me gusta casi todo. La contraposición entre las figuras de las madres, las dos de la leyenda, ambas personajes extremos viviendo dos situaciones terribles; el lenguaje y la trama sencillos, cosa no muy frecuente en esta autora; cómo sitúa la leyenda… Una de las cosas que más me interesa es el tema de “la sombra”, símbolo recurrente en muchas leyendas de lugares diversos y con significados muy distintos. Con ella se representa el mal, la muerte, el alma … Aquí sirve como hilo conductor o como clave para una historia que nos muestra la brutalidad del ser humano, su ignorancia ante las supersticiones, los diversos comportamientos de los tres hombres ante el azar, el egoísmo de la que podemos considerar “buena madre” al ofrecer a sus criadas para que ocupen su lugar.
Un elemento común en las leyendas de todas las culturas con la que la autora nos ofrece un gran pequeño cuento.
 
Ninive,27.04.2007
Si´, a mí también me gustó esa referencia a la sombra
 
negroviejo,27.04.2007
Maguerite Yourcenar fue una gran escritora del siglo XX. Y no por casualidad, la primera mujer en acceder a la Academia francesa.
Las opiniones sobre un texto siempre son subjetivas y algunas interpretaciones llegan hasta sorprender al autor por lo válidas. Tal el caso de Casa Tomada, cuento de Cortázar, que cuando un filoso crítico le adjudicó connotaciones políticas, el escritor manifestó que no había pensado la historia con esa intención, pero que podía aceptar una manifestación subconsciente de su parte, que él no había advertido.
Podemos creerle o no a Cortázar, pero lo cierto es que estas cosas suceden. Los buenos textos tienen múltiples lecturas.
El cuento que nos ocupa, está perfectamente estructurado, con gran ritmo y detalles de amor y crueldad de estilo shakespeariano. A mi se me ocurre, que dado su acendrado feminismo y lesbianismo, -ella es la responsable de la frase: No exagermos sobre la hipocresía del hombre, dificilmente pueda pensar doblemente..., o algp parecido- cabe suponer la inclusión en el relato de una metáfora que contrasta las características básicas. sicológicas y espirituales de ambos sexos. Repito, es solamente una opinión.
 
Ninive,28.04.2007
Muy valioso el comentario .Gracias. Todos los aportes nos enriquecen.
Ahora, y espero que no cree confusión llegó recién un comentario al cuento de Raymond Carver "si me necesitas llámame" presentado por Stelazul.
El comentario vale la pena ser expuesto sobretodo por ese dejo de MEA CULPA que deja la lectura

El comentario es de chiche
 
Ninive,28.04.2007
Comentario de Chiche al cuento "Si me necesitas llámame" presentado por Stelzul

te envío mi análisis del cuento de Carver.Totalmente de acuerdo con tu analisis y el de Stelazul.No pude llegar a tiempo.Carver es uno de mis esctitores favoritos.Leerlo para mi es un inmenso placer,a pesar que ha escrito muy poco.


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Sabía que era el final de la historia y el posible(¿?) comienzo de otra.
Ella no.Ella cree en un mejor final.
El deja que ella tome la iniciativa.Ella parece mucho mas sensible.”....lloró a su hijo,lloraba un posible desenlace..”
El la elogia:”.........Nancy era alta......y de espíritu generoso....”
Pero va a elegir el lugar,el escenario con su amante.
Y ésta le confiesa una verdad inapelable:el lugar ocupado por el otro/a en una pareja es inapreciable.Se lo dice tirada en la cama,con el rostro cansado. Una parte de él (no sabemos el nombre,puede ser cualquiera de nosotros despues de los 40) piensa que todo ya fué,pero,como en el fondo somos unos truhanes y unos absurdos,nos fuimos tan lejos como pudimos.Y en tanto el aparente desparpajo que le hace mencionar a las dos mujeres lo mismo:.....ahí la tienes ¿que opinas? Le pregunta a las dos.El es conciente de ello.Quiere quedar bien con sus dos partes.
Y ella lo recibe contenta.Es ella la que corre hacia sus brazos.Pero él (nosotros, estamos esperando irnos de allí cuanto antes)
Y en todo el absurdo mundillo que se crean de caminatas,pescadores,perros,las semanas van pasando.La alegría de estar en una cabaña con todas las comodidades poco a poco se va empañando con la niebla que aparece todas las noches.La niebla es una constante en algunos cuentos de Carver.
Y es ella,Nancy,la que siempre habla y es el personaje activo.Todavía le quedan fuerzas para imaginar aquellos buenos viejos tiempos .....”.....el campamento cerca del monte Shaska…[.Y es la que finalmente se da cuenta que estamos (nosotros) allí por compromiso,ella tan generosa siempre y con esas piernas bellísimas (Nancy es linda,Susan,no,Susan se tira sobre la cama y hace gestos de cansada y se pasa la mano por la cara,pero esa mujer es la que nos atrae).
Y de vuelta es Nancy la que dice se acabó,se acabaron los perros,la pesca y se va.
Se va y es ella la que tiene el valor que nos falta a nosotros.
La que rompe el compromiso.
Lo que esperábamos,como esos pescadores,que no dé tanta batalla como las truchas porque Nancy se entrega sin resistencia,salvo algún anticipo: vas a llamarla en cuanto me vaya.No.Sí.
Y luego,después de la tormenta vuelve la calma.
Aparecen los caballos blancos.
Ella me quiere tanto que hasta se fija si estoy bien abrigado………”pero ponte algo encima si vamos a salir…”
Los caballos los aquietan, es el animal el que amansa las pasiones,el que nos tranquiliza,el que nos esta diciendo que ellos seguirán siendo caballos a pesar de todas las cosas que ocurran y que van a aparecer cuando algo malo nos ronde en esa niebla.
Nos acompañamos y nos vamos a dormir la última vez juntos.
Y al otro dia la llevamos al aeropuerto y la despedimos y allí, allí en medio de la gente que pasa alrededor y de equipajes y maletas y guardias,nos aparece por fin el miedo,el vergonzante miedo al horrible futuro,y nuestro corazon flota en mediode los bultos diciendote adiós mi mas querida,que Dios esté contigo.
Por un minuto desapareció el cobarde y aparecio el hombre.
Cuando llego a la cabaña no dudó en llamar al futuro,sabiendo que,a la larga se lo iba a perder sin remedio.

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fmorgan,28.04.2007
Este comentario es aún referido a La Leche de la Muerte, de Yourcenar.

Cuando uno se encuentra con este tipo de cuentos, se hace consciente de la enorme distancia entre los verdaderos escritores y un aficionado. Me ha parecido una historia redonda, tanto por el entorno en el que se desarrolla, como por el cuento o leyenda de la madre en sí misma.

El contexto es culto, la europa en guerra en época reciente y está lleno de referencias históricas y geográficas. Me hace reflexionar sobre algo que no suelo hacer al escribir y es documentarme.

La leyenda de la torre es hermosa, tiene ese toque de cuento especial, sin un final luminoso, pero con esa belleza de lo épico, en la que se sublima las pasiones y cualidades humanas de una forma casi infantil. Es la parte mas jugosa y mejor construida del cuento.

Y puestos a ponerle un "pero", quizás la moraleja me sobra. Si bien es verdad que el trasfondo del cuento es que ya hoy nada es igual (un tópico que se discute en la misma historia), el final me parece muy elemental, demasiado "terrenal" para lo sublime de al hisroria. Y no es que esa anéctota en si misma no diesde para un cuento, pero en mi opinión rebaja la gloria del cuento.

En cualquier caso, es un lujo opinar sobre este texto y sobre todo, casi una insolencia por mi parte criticarle algo.
 
fmorgan,28.04.2007
Este comentario es aún referido a La Leche de la Muerte, de Yourcenar.

Cuando uno se encuentra con este tipo de cuentos, se hace consciente de la enorme distancia entre los verdaderos escritores y un aficionado. Me ha parecido una historia redonda, tanto por el entorno en el que se desarrolla, como por el cuento o leyenda de la madre en sí misma.

El contexto es culto, la europa en guerra en época reciente y está lleno de referencias históricas y geográficas. Me hace reflexionar sobre algo que no suelo hacer al escribir y es documentarme.

La leyenda de la torre es hermosa, tiene ese toque de cuento especial, sin un final luminoso, pero con esa belleza de lo épico, en la que se sublima las pasiones y cualidades humanas de una forma casi infantil. Es la parte mas jugosa y mejor construida del cuento.

Y puestos a ponerle un "pero", quizás la moraleja me sobra. Si bien es verdad que el trasfondo del cuento es que ya hoy nada es igual (un tópico que se discute en la misma historia), el final me parece muy elemental, demasiado "terrenal" para lo sublime de al hisroria. Y no es que esa anéctota en si misma no diesde para un cuento, pero en mi opinión rebaja la gloria del cuento.

En cualquier caso, es un lujo opinar sobre este texto y sobre todo, casi una insolencia por mi parte criticarle algo.
 
Pagoan,28.04.2007
He vuelto a leer "La leche de la muerte" y quiero dejar otra opinión ¿puedo?
Creo que en el escrito hay un pulso entre madres e hijos, madres buenas y malas, hijos anhelando o buscando una madre buena, (es el caso del ingeniero) e hijos que no valoran a las suyas, (Philip)
Madre que explota a su hijo y le hace daño (la gitana) y madre que sigue amamantando a su hijo hasta que él deja de necesitarla.
No somos así los seres humanos, el egoismo y la generosidad está patente a lo largo de nuestra vida.
La leyenda es lo sublime, la realidad el materialismo.
Ninive la historia es preciosa y da que pensar.
 
galadrielle,28.04.2007
Respecto a "La leche de la muerte", me pareció que son dos historias en una, y cada una presenta una cara diferente de la moneda. En la historia de la época antigua, la abnegación de la madre llevada a un extremo casi ridículo. Pero bueno, es una leyenda, no? Y en la historia actual, una madre desnaturalizada, cruel. Hace tiempo leí "memorias de adriano" de esta misma escritora, y es maravilloso ver con que soltura se expresa como lo haría alguien de aquellos tiempos. (Por cierto, qué fácilmente mandaban a matar a sus sirvientes o esclavos para salvarse ellos...)Y tiene razón fmorgan, dan ganas de documentarse para saber más...
 
Ninive,28.04.2007
Si el deseo de saber más, es lo que resulta de nuestras lecturas ,eso sólo constituye la razón de ser de un lugar donde creamos virtualmente la atmósfera de una sala de lectura, en la que los visitantes excambian con modestia y admiración, desconformidad o rechazo lo que van leyendo.

fmorgan dijo algo que me gusta repetir. El final . si hay algo que daña la impactante impresión del cuento es ese final de moralista que señala lo obvio."hay madres buenas y madres malas." De todas maneras es tan bueno todo el cuento todo que se puede cerrar un ojo.
 
m_a_g_d_a2000,28.04.2007
Si Yourcenar era feminista, me pregunto si la visión de la madre de la leyenda es tan positiva desde su punto de vista como la que nosotros estamos viendo. En esa mujer se evocan los valores típicos de las esposas serviles hasta la muerte, y me llama la atención cuando dice que lo único que queda es "...este viejo francés, achicharrado por un calor de infierno, que repite machaconamente, al primero que encuentra, esta historia que es digna de inspirar tantas lágrimas a los poetas como la historia de Andrómaca." Andrómaca, otro personaje también de leyenda y cuyas mayores cualidades también son las de ser una esposa y madre admirable.
 
Ninive,30.04.2007
Les propongo la lectura de "La lengua de la mariposa" de Mnuel Rivas.
En el usuario ESTANTES encontrarán el texto completo
De todas maneras este es el link

http://www.galespa.com.ar/bolboreta_castelan.htm
 
m_a_g_d_a2000,30.04.2007
¡¡¡Que bonito!!!
 
Ninive,30.04.2007
Le daremos tiempo a los amigos a leer el texto y luego comentamos y m-a-g-d-a 2000no s dirá algo más.
 
m_a_g_d_a2000,30.04.2007
“La lengua de las mariposas” es un relato dentro del libro “¿Qué me quieres amor?” ambientado justo en los días que darían comienzo a la Guerra Civil Española. Para mí toca varios temas claves en esa época, las diferentes creencias que convivían en una misma familia; la figura del maestro, primordial en la República; la renuncia o la aceptación de unas ideas políticas con todo lo que ello conllevaba. Me parece un cuento excelente, muy bien construido y con un final perfecto.
Ya seguiremos comentando.
 
Ninive,02.05.2007
Hoy comenzamos a opinar sobre este texto. Da para mucho, en lo personal, social histórico. Como estructura ¿cuál es el tema dominante?
Los personajes ¿qué los mueve
¿qué sensación deja el cuento?
¿quien relata?
http://www.galespa.com.ar/bolboreta_castelan.htm
 
hippie80,02.05.2007
Cheee, que interesante, la maestra es un monstruo...
viste?
 
Ninive,02.05.2007
Quiero señalar lo que me ha parecido la temática que se mueve paralela al tema político-histórico. Para mí todos los personajes(menos el maestros) están movidos por el miedo.
El niño tiene miedo de comenzar la escuela . El miedo supersticioso religioso de la madre. El miedo de sus propias ideas del padre.
El relato no es lineal, la estructura es compleja pero se lee con interés y facilidad, los saltos en el tiempo son los que provocan la falta de linearidad y lo hacen ágil . A pesar de la relativa brevedad del texto hay muchos detalles sobre los que nos podemos detener.
 
eride,02.05.2007
Oh, Nínive, gracias, qué regalo.
 
Ninive,03.05.2007
Yo creo que el cuento se concentra en tres ambientes: el familiar en el que padre y madre representan dos posturas políticas y religiosas diversas, el ámbito de la escuela en el que el maestro sabe instaurar un clima de comunicación franca con los alumnos , al punto que" el peor castigo es el silencio" que interrumpe el diálogo.
finalmente el ámbito del pueblo en la parte final.
 
eride,03.05.2007
Si bien la estructura es compleja y está muy bien lograda al construir escenas, pequeños cuadros que nos seducen, lo que más me gusta del cuento es la manera de evidenciar la impotencia a la que nos enfrentamos cuando la razón se disocia del sentir, cuando la ideología se troca en absurdo ante la precariedad de la subsistencia y terminamos por ceder al miedo. De alguna manera ese ceder es parte de la humanidad está latente y es una pregunta constante. ¿Quién sería yo si estuviese en un contexto hostil? ¿Si me sintiera amenazado? El autor nos desarma, nos quita el piso, porque estamos viéndolo desde el niño y nos traspasa la inquietud, no tenemos la distancia para juzgar, no podemos protegernos.
Muy interesante
 
Ninive,03.05.2007
¿QUIEN QUIERE PRESENTAR EL PRÓXIMO CUENTO CUANDO TERMINEMOS DE COMENTAR "LA LENGUA DE LA MARIPOSA"?
 
Ninive,04.05.2007
Están anotados como coordinadores de los próximos cuentos

1 eride
2 galadrielle con El guardagujas
3 Ysobelt
 
eride,04.05.2007
Como es algo extenso lo subí aquí

es un cuento de Mary Flannery O'Connor (25 de marzo de 1925 – 3 de agosto de 1964). Narradora norteamericana, una de las mejores cuentistas de su generación.

Más datos sobre ella en Wikipedia
http://es.wikipedia.org/wiki/Flannery_O'Connor

Ojalá lo disfruten.
 
Ninive,04.05.2007
Muchas gracias eride, lo leemos y volvemos con comentarios
 
Ninive,04.05.2007
En la segunda sala del club están expuestos:
En el primer estante de la segunda sala del club :

1 Si me necesitas llámame de Raymond Carver
2 Las ciudades y los muertos 4 del libro"Las ciudades invisibles de Italo Calvino,
3 Los ojos verdes de G.ABecquer( en lectura=
coordinadora Stelazul

Segundo estante
1 La leche de la muerte de Margarita Yourcenar
2 La lengua de las mariposas de Manuel Rivas
cooerdinadora Ninive

Tercer estante:
1) La buena gente de campo de Mary Flannery O´Connor coordina eride ( en lectura)
 
Ysobelt,06.05.2007
Con el cuento me sucedió algo muy extraño. No conocía a la autora y al leerlo me pareció de una calidad máxima. Con el giro y el tono sarcástico, además del hecho de ver como los personajes, y sólo ellos, van construyendo la escena, si bien es cierto que la historia posee un objeto, la Biblia y la filosofía, que hace de nexo para casi todo el cuento, son personajes, todos, bastante complejos y realistas que incluso pueden hacer que uno no busque o extrañe la trama, que por supuesto posee.

El cuento maneja la tensión con fuerza pero no lo llena o satura de preguntas. Engancha de una forma sutil y te explota en la cara cuando menos te lo esperas. Creo que esto lo logra a partir de ir relevando a los personajes. Mientras lo leía pensaba en el “realismo sucio” o en una forma de realismo sucio. Aunque no tengo muy claro si el cuento en realidad necesita que se le encuadré en un estilo particular.

Lo extraño fue que al terminar de leerlo me dispuse a investigar sobre la autora, y bueno, me encontré que en cada apartado o página dedicada a ella daban como dato relevante el hecho de que fuera una católica de fuertes creencias. No digo que el dato tenga que ser omitido, pero en él recaen casi todas las tesis que se han hecho de sus cuentos o novelas. Eso me dio que pensar, y seguí leyendo, “escritora que usa el ambiente del sur y casi siempre mete el tema racial…” eso decían. Todo eso, más que enriquecer la lectura produjo el efecto contrario, la infectó.

Y así en su segunda lectura, quise ver donde estaban esos rasgos. Mi conclusión, y aún a riesgo de equivocarme, ya que sólo he leído “La buena gente del campo” es que no existe una connotación religiosa demasiado fuerte y que el retrato de la buena gente del campo es simplemente la descripción de cómo se pensaba en dicha época. Incluso me pregunté si la autora no estaba riéndose de nosotros de la misma manera que usó el vendedor de Biblias con Hulga y su madre. (Véase que en las entrevistas que ha dado ella también da como “suma importancia” su situación religiosa). Quizás somos nosotros la “gente simple”.

 
Pagoan,07.05.2007
Me ha gustado el relato y me ha gustado descubrir a Mary Flannery O´connor.
Los personajes del mismo son a cual más interesantes. Creo que hay mucha "miga" en el texto. Los nombres de las dos mujeres mayores tienen para mí un doble sentido por lo que significan.
Sra. Freeman
Sra, Hopewell
Creo que el título encaja a la perfección con lo que para mí es el fondo del relato, los perdedores.
La gran perdedora es Joy/Hulga. Perdió dos veces su pierna. Estaba destinada al fracaso.

Aunque la autora era católica practicante hace una crítica de la religión y de como cada individuo la usa para su conveniencia.
No quiero alargarme más, esta es mi opinión. Magnífico relato y magnífica escritora.
 
galadrielle,07.05.2007
Estoy de acuerdo con Pagoan, los nombres de las dos mujeres son significativos.
Me cansó un poco la lectura de este cuento, no sé si tal vez al traducirlo se vuelve un tanto monótono. Lo que me despertó fue la grosería del supuesto vendedor de biblias. Lo que sí me gustó es la ironía que la autora maneja.
 
ninive,07.05.2007
Espero releerlo para comentar o al menos les dejo mi primera impresión. Me pareció muy bien escrito, un poco viejo como estilo. No comprendo que necesidad tenía la autora en presentar con tantos detalles a las dos mujeres, el cuento comienza cuando aparece el vendedor de Biblias Toda la parte anterior se justificaría en una novela pero no le encuentro sentido en un cuento. La religiosidad de la autora convierte el personaje del vendedor en una cruda crítica a los falsos devotos. Puede ser que no aferré todo bien, aquí no tengo impresora y la lectura en la pantalla me resulta difícil.
 
gaviotapatagonica,08.05.2007
mmmm pues yo creo modestamente que esta escritora, recién la descubro - doy gracias por ello - se las trae y bastante bien, porque en verdad por ahí da mucha vuelta para llegar al nudo. Logra sorprender de todos modos, al menos a esta lectora que ya creía que el tal vendedor de Biblias era un "santito" y por lo demás, en su trasfondo, nos habla no de perdedores; eso suena demasiado desvalorizador. Y yo prefiero rescatar la "ingenuidad" de la gente de campo y por otro lado, esa soberbia indiferente con que Hulga escondía su "triste condición". Finalmente, la ilusión anidando en su corazón le jugó una mala pasada.
Me gustó, piq piq...
 
salambo,09.05.2007
Acabo de leerlo. Hasta el final nos preguntamos qué es lo que va a pasar en esta casa tan desolada. La verdad es que son todos ladrones ; todos roban la vida al otro.
Además el personaje de la madre siempre encontrando disculpas para no enfadarse con nadie no tiene ninguna verdadera relación con nadie.
A la hija le han robado su porvenir con el accidente y aunque hiciera un esfuerzo al bautizarse de nuevo para empezar una vida suya al final acaba en casa de su madre sin poder hacer fructificar los estudios en un empleo. Y al final el ladrón no sólo le roba su pierna y le hace perder el equilibrio sino que también le hace perder el equilibrio mental que había construido ella. Ella sí que es la gran perdedora.
Y la señora freeman que se mete en todo, como un ojo siempre en busca del mal, representa de manera muy fuerte ese ambiente ahogador del campo, esa estrechez de vista, esa forma de pensar que sólo existen ellos y nada,nadie más.
Sólo urga tiene convicciones, es la única que se fortaleció una personalidad. Todos los demás se aprovechan del otro (el ladron los freeman) o se esconden detrás de una cortesía fingida ( la madre) en fin de evitar todo tipo de complicaciones con la vida porque no tiene ninguna personalidad.
En fin, es un relato sobre el vacío y nos lleva la escritora en esta espiral de manera vertiginosa.
 
Ninive,09.05.2007
Así como lo explica salambo encuentro razón de ser a los personajes que en mi mensaje anterior taché de superfluos. Es cierto, así debí ver las cosas. Gracias salambo
 
eride,09.05.2007
Perdón por la tardanza, había pasado, pero no con la calma suficiente para dejar un comentario, y como yo sugerí el cuento...
Creo que un cuento bien escrito da para más de lo que el autor pretende en primera instancia. Una de las gracias de éste es que nos descoloca, nos golpea.
Si lo veo desde el punto de vista de la autora, probablemente interprete que es una parábola contra la soberbia, teñida tal vez de una cierta visión afín a la predestinación (esto de los bendecidos por Dios y los q ni caso tiene).
Ahora, como yo soy atea y esa interpretación no me aporta nada, hago una lectura diferente.

Para mí el cuento muestra un personaje muy solvente y asumido (Hulga), que se siente en superioridad, se ha preparado para enfrentarse al mundo. Sin embargo, en el momento en que entra a jugar la emoción, nada de esto le sirve, ella se deja llevar. Vamos con ella en ése instante dejamos las reservas nos lanzamos y... golpe, duro, sin piedad.
Termino de leer agobiada, sólo al rato me libero y mi respuesta es: igual vale la pena, a pesar del golpe, a pesar de sufrir a veces, tantas veces, a pesar de intuir o de temer, es suficientemente maravilloso ser capaz de confiar.
 
Ninive,09.05.2007
eride, tú dirás si presentas otro cuento. Éste era muy bueno y dio para varios enfoques interesantes.
 
eride,09.05.2007
Encantada, Nínive.
Les presentaré uno de menor extensión, más agudo, es de Gabriel García Márquez.

Ojalá les agrade.
 
Ninive,10.05.2007
Les recuerdo que para empezar a comentar deben pasar dos días desde esta publicación. Si se comenta antes de que todos hayamos tenido la oportunidad de leer se limitan las intervenciones. Tratemos de estar todos aquí el 11 con nuestros comentarios.
 
Ninive,10.05.2007
En la segunda sala del club están expuestos:

En el primer estante

1 Si me necesitas llámame de Raymond Carver
2 Las ciudades y los muertos 4 del libro"Las ciudades invisibles de Italo Calvino,
3 Los ojos verdes de G.ABecquer( en lectura=
coordinadora Stelazul

Segundo estante

1 La leche de la muerte de Margarita Yourcenar
2 La lengua de las mariposas de Manuel Rivas
cooerdinadora Ninive

Tercer estante:

1) La buena gente de campo de Mary Flannery O´Connor
2) Un día de estos de G.G. Márquez
(en lectura,coordina eride)
 
salambo,12.05.2007
Lo que me ha llamado la atención en este cuento es el juego entre el no dicho y lo dicho:
--lo no dicho por medio de las miradas :
Don Aurelio Escovar que tiene una mirada aguda aunque no le haga falta mirar a las personas para entenderlas :con una mirada que raras veces correspondía a la situación, como la mirada de los sordos./con los ojos a medio cerrar/siguió examinando el diente/Hizo todo sin mirar al alcalde/

Y el alcalde que mira con mucha atención todos los gestos del dentista y no logra entenderle:sus ojos marchitos/el alcalde no lo perdió de vista. /sus ojos se llenaron de lágrimas/Entonces la vio a través de las lágrimas/vio el cielorraso/El alcalde no lo miró.

Este juego de mirar/no mirar se entrecruza con las palabras de los personajes : el dentista (Aquí nos paga veinte muertos, teniente.)que no dice de manera directa su posición frente a este personaje pero que se entiende para quién sabe escuchar, y las del teniente siempre directas ( Es la misma vaina.) mientras que cuando lo dice ya no mira al dentista.

Esto permite poner de rellebe el valor del dentista y la cobardía del alcalde/teniente.
Es una lucha entre el poderoso y el pueblo : el poderoso que necesita del pueblo ( y que tiene que fiar de él cuando está enfermo) y el pueblo que no lo necesita. El poderoso que mata al pueblo y el pueblo que cuida de los demás (aunque cuando hace falta le saca muela sin anestesia, para hacerle pagar lo que sufrió)

Es un cuento, ami parecer, sobre el poder y cómo se ejerce. Sobre el abuso de poder: el teniente todo poderoso se encuentra débil frente al dentista cuando tiene absceso. Y el dentista a su vez aprovecha su posición para devolver al teniente el daño que le causó.
El más poderoso necesita de los de abajo. Eso recuerda las fábulas de La Fontaine, salvo que aquí no hay moraleja.




 
salambo,12.05.2007
Quisiera añadir mis gracias por este cuento, que fue un placer leerlo de nuevo.
 
Ninive,13.05.2007
Reconozco que mantengo con García M´arquez una relación en blanco y negro, como lectora