El tonto se recuerda niño:
En su nariz mocosa,
anteojos de grueso marco,
metal enredado lastimaba
encías en dientes vírgenes.
El pelo asquerosamente prolijo
a mentirosa gomina, peinaba
jopo y raya al costado
¡Que triste!.
Recuerda cuando su padre lustraba
sus zapatos (herencia del mayor)
intentando hacerlos nuevos para siempre.
El guardapolvo gris, muerto,
sobre la silla gigante.
Al pie de su cama,
la mochila de colores vivos
repleta de inútiles útiles.
Las noches anteriores
al estreno de grado,
nunca dormía (primeros insomnios).
Soñaba despierto,
pesadillas dulces.
Madrugadas que fueron dibujando
al tonto.
Hoy suele resignar sueño por sueños.
El tonto no es tonto.
El sólo quería (quiere)
jugar... |