AMIGOS
- Y ¿Qué me decí poh, huevón? ¡Tanto tiempo!
- ……
¿Y qué le puedo decir? Explicar que ya no soy aquel tipo de rostro amable y caritativo que rayaba en la estupidez y jugaba fútbol en el liceo. ¿Qué le puedo decir? Acotar que alguna vez hubo alguien que era normal y no escondía nada. Mediocre con todo: las mujeres, acné y malas notas. ¿Cómo explicar que ya son tantos años y la gente cambia? Arrugas, canas y venganza te dan vuelta a una fea apariencia de crisálida impura. ¿Qué es un saludo sin importancia de un amigo de otros tiempos?
- Disculpe, no lo conozco –digo.
Mientras, sigo caminando con el bulto del arma bajo el brazo, pensando en mi trabajo y la negra vida que llevo. Pensando que mi trabajo es fin y nunca inicio. Sabiendo que Pedro ha quedado estático con toda la cordialidad abierta como su boca. Y todo esto, frente a un local de Falabella, en una ciudad que alguna vez habité. Pero que ahora evito visitar; a no ser por uno que otro trabajo que sale según las circunstancias, algunas necesidades y la simple voluntad de mis cuidadosos jefes.
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