Sentiste una suave brisa
y quisiste arrojarte a ella;
sentiste a la libertad
y deseabas ir a buscarla.
Saltarías y todo sería más fácil;
un mundo entero que visitar,
unas culturas que comprender,
una eternidad que gastar.
El secreteo de la eterna juventud
se abría en tu mente
y quisiste saltar hacia él,
pero la caída sería dolorosa.
Lo pensaste mejor y te diste la vuelta.
La ventana siguió abierta a tus espaldas. |