Soñé que tú te marchabas;
que la muerte te llevaba,
blanca y pura en tu mortaja,
de flores todas rosadas.
De rosa eran las flores,
de rosas todas rosadas,
y cubiertos tus cabellos,
tu blanco rostro brillaba.
Desperté de pronto:
mí almohada toda mojada,
mi cama toda desecha,
y mí alma atormentada.
Soñé que venia la muerte,
soñé que tú te marchabas.
© Norberto Adrian Mondrik.
|