Gentes angustiadas, alborotadas y desconcertadas; llantos y gritos de madre desesperados, el mar arrasaba con todo a su paso, corrían y otros simplemente era inútil su huida, el mar en su espalda en un instante los sumergía, muchos... muchos morían, impotencia de otros que observaban pues mas no podían, y yo, yo buscaba a mi Sofía...
Llegamos al hotel, yo creo pasadas la diez de la noche y nos encontramos con una bienvenida realmente de películas, Cuando nos bajamos del auto y miramos hacia el hall, nos dimos cuenta que nos esperaba el personal del hotel haciendo una pared por ambos lados de botones, camareras y mucamas. Nos miramos poniendo una expresión en nuestros rostros de asombro, pensando “esto es para nosotros” era emocionante. Nos hicieron sentir la importancia que tenía para ellos nuestra estadía en aquel hotel, no sé si a todos los recibirán de esta forma o realmente éramos especiales para ellos. ¡No...! Si era nada menos que la suite presidencial la reservada para nosotros y eso tenia su explicación. El encargado principal, nos indicó el acceso y nos dio la tarjeta con el numero de nuestra habitación. Era realmente hermosa; amplia, con una decoración pasmosa, impresionaba a cualquiera, la vista hacia la playa era fascinante, se veían algunas embarcaciones, las palmeras por la orilla la decoraban hermosamente, y una noche completamente estrellada daba el toque perfecto que no podía faltar. Nos preguntaron si bajaríamos a cenar, los dos asentimos negativamente con la cabeza y el botones entendiendo se marchó. Puesto que era nuestra primera noche de luna de miel, teníamos que aprovechar para estar solos. ‘ Esa noche fue maravillosa, era la mujer que había elegido para el resto de mi vida, con la que despertaría cada mañana por el resto de mis días, la futura madre de mis hijos, mi mujer, mi señora, mi todo. Y nos dormimos cariñosamente abrazados.
La conocí en el cumpleaños de mi hermana, eso hace ya un año y medio atrás.
Desperté como a las seis de la mañana, de inmediato pedí el desayuno e ingresé a la ducha, al terminar, tocó el botones, había llegado con lo suyo. A Sofía que a un dormía, le acerque el carro suavemente con el desayuno, esto para que no despertara antes de tener todo listo al costado de la cama y así estuvo.
Era la más hermosa en ese cumpleaños, se veía tan niña, tan juvenil y yo ya tenia mi edad, la verdad no pensé que la pudiera conquistar.
El desayuno era impresionante, muy contundente, puesto que contenía dos frutas diferentes; dos trozo de melón calameño, un cuarto de piña, además, dos vasos de jugo de naranja, leche, té, café, también mermelada, mantequilla, jamón, quesillo y unas tostadas en pan de molde. Con esto tendríamos energía para gran parte del día. Pero bueno, estaba todo listo, entonces la desperté. Ella estaba feliz esa mañana y con el mejor ánimo para disfrutar conmigo ese día y el resto de la semana. Tomamos el mejor desayuno, no por el desayuno en si, sino porque éramos una pareja de enamorados, recién casados y tomando el desayuno en una isla paradisiaca. Que mejor suerte para nosotros nos podría traer la vida. Pensaba que tenia todo, pero lo más importante, la tenia a ella.
Conversamos de todo, bailamos, nos reímos, disfrutamos uno del otro, fue un gran cumpleaños, y no podía permitir que ella se fuera sola más tarde, pues me ofrecí y la fui a dejar. Esa misma noche conocí a sus padres, quienes agradecieron el gesto de mi parte, en llevar a su más preciada hija segura a su casa, desde ese momento no salí mas de sus vidas y prometí que a su hija siempre la protegería y cuidaría. Sí, son esas promesas que uno hace sin entender el grado de significado que ellas mismas tienen.
Bajé a andar en bicicleta por la isla mientras Sofía se duchaba, luego nos encontraríamos en la playa, entonces ella tomaría un poco de sol que le encantaba, con precaución puesto lo hacia por las tardes y las mañanas.
Era cerca de las ocho, yo de regreso hacia el hotel donde alojaba, cansado después de mas de una hora de travesía, también ansioso de llegar donde mi amada. Me detengo un momento para contempla esa vista privilegiada, desde lo alto de la isla fijo mi vista hacia el océano, ¡O Dios mío! Crecía... crecía... crecía... era inmensa, solo por Sofía en ese momento pedía, Dios salva su vida y toma la mía, no me haga romper una promesa que le hice a su familia. Esas eran mis palabras que repetía una y otra vez mientras el mar se recogía.
Me dirigí hacia la playa para recuperar a mí Sofia, por más que buscaba ella no aparecía. Niños y mujeres de ese mar salían, pero mis ojos a Sofía no veían. No sé cuantas veces grite su nombre y a Dios yo maldecía, sino me entregaba a Sofía que él me perdone pero ya no sería mi guía. Si, estaba mal para pensar todo eso, pero donde estaba él en esos segundos, era lo que pensaba también en esos desatinados momentos. Exigía una explicación, donde estaba la que sería la madre de mis hijos, con la que despertaría en las mañanas por el resto de mis días, mi mujer, mi señora, mi todo, estaba enloquecido. En ese instante un hombre de unos cincuenta años y hablándome en español, me tomó del brazo al mismo tiempo que me tiró hacia atrás; y me dijo. Salgamos de la orilla, que vendrá otra y será mayor. ¡No! Debo encontrar a mi mujer le contesté. No sea testarudo respondio, quiere morir usted también . Si Dios me arrebató a mi mujer. ¡Sí! Quiero morir yo también. Quitando el brazo de su mano bruscamente, ésa fue mi reacción y contestación para ese señor. No diga eso amigo, que me quedaría a mí, si yo pensara que Dios fue quien arrebato a mi señora y tres hijos. Me tomó nuevamente del brazo y prosiguió. Me quedé completamente sin familia y usted me quiere quitar más encima a Dios Haciéndome pensar que él es el culpable de todo esto, no, el culpable de arrebatar a su señora y a mi familia no es Dios, es esa gran y maldita ola llamada Tsunami señor. Y si no se va conmigo ahora mismo de aquí, también serás parte de este maldito horror, dejando a otros el dolor por su grave error. Me di cuenta que él tenia más fe que yo. También tenia mucha razón y me aferré al él como un niño, me acogió en sus brazos y por unos minutos quedamos en esa posición fuertemente abrazados, lloré en sus brazos y él ¡Sí! El también lloró, y nuestras lágrimas caían haciéndose parte de ese mismo mar que nos quitó a su familia y a mi Sofía. Su pena, se suponía era más grande, pero él era más fuerte de alma que la mía.
Hoy, que he querido escribir lo ocurrido, es un nuevo cumpleaños de mi hermana, su amiga, por ende es un año más de haber conocido a Sofía. Están todos abajo esperándome, mi hermana quiere que estemos todos reunidos al momento de apagar las velas y le dije que en un momento bajaría, pero antes quiero terminar esta historia ya conocida.
Al hombre que salvó mi vida no lo he vuelto a ver, perdí contacto ese mismo día, pues perdida mi mente tenia con Sofía. A ella la encontré mas tarde, una semana o un poco mas, claro solo su cuerpo, pues su alma estaba ya en el más allá, ese lugar que no tengo muy claro donde está, pero sé que ella con Dios está...
La sigo llorando y recordando, en esta historia confirmado está, y no puedo escribir más pues mis lágrimas debo secar, y así poder bajar y celebrar con mi hermana un año más...
Esta historia está escrita en memoria a Sofía, el personaje inspirado en la chilena Francisca Cooper que falleció en Tailandia en la isla de Phi Phi en el sudeste asiático, y al resto de las víctimas de Sri Lanka, Tailandia, Malasia, India, Maldivas, Bangladesh y Birmania. La catástrofe dejó más de 14 mil muertos y miles de desaparecidos. Nota: no tiene ninguna relación con lo que vivió realmente la pareja de chilenos en Tailandia, solo fue inspirada en ellos.
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