Regresó del eterno letargo, de la indiscutible pelea… miró a su alrededor y deslumbró un eterno vacío… después sólo habrían fantasmas… sombras de aquella mujer que lo persiguió hasta los infiernos, que robó su aliento y lo convirtió en suyo.
El tiempo, ya inmóvil, ya congelado, sería un infinito renacimiento… constante renacimiento… del presente eternizado. En el aire se respiraba su esencia, se sentía su tibia respiración todavía, sus frías manos, su mirada lejana, su aura seca. La inocencia retornó a ellos, como si todo lo pasado hubiera sido una oscura pesadilla, un despertar sin sueños. Sólo existente en su mente, él sabía que permanecería así hasta la muerte… inmóvil, recordando a aquella mujer, recordándose a sí mismo, recordándolos juntos… porque hay momentos que simplemente son inolvidables…
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