Ella permaneció impávida aun después de que su cuerpo fue destrozado por aquel coche. Yo la vi desde la otra acera. Papá también la vio.
Ella nos saludó con un ligero arqueamiento de cejas, con un espasmo nervioso. Papá se avergonzó al saber que yo la veía, que yo lo sabía, a pesar de no conocer a esa mujer. Se avergonzó de tener aferrada mi mano mientras la veía morirse. Yo sentí su vergüenza.
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