LA VERDAD DE ESCRIBIR
Y abstraerse de la vigilia. Escribir sintiendo al diablo danzar alrededor, murmurando su paso al oído. Envenenarse con aquella verborrea. Escribiendo tóxicamente, para que las masas se contaminen con su mensaje, donde Dios no tiene nada que aportar. Envenenar y odiar. Traspasar las iras y rabias contenidas. Y luego de escribir, sentir que ha sido una purga, que la tinta en el papel es el desangre del alma. Percibirse el único puro en el esquema. Saber y apreciar, que las únicas historias verdaderas son aquellas escritas por escritores malditos y necios.
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