Arena,
relojes blandos que
acarician sus agujas,
cubran las sombras,
desnuden al tímido ciego.
Rasguen las hojas
sin quebrar el mundo,
acaricien la tarde
mientras la noche clama.
Tú que bajas
por las sombras blancas.
Tú, que lo haces
porque no quieres ser añoranza.
Tú llevas la esperanza
que nos es polvo de tus días,
simplemente son
albatros de mi inocencia
11/6/2002 |