Elegido
Me encontraba en la falda del cerro, alistándome para lo que sería mi graduación, bautizo o como ustedes le quieran llamar. Lo importante es que después de cinco años y quince dias de estudio, retiros, oraciones y pruebas de confianza, mi gran momento había llegado.
La música realmente era celestial, tan celestial como la mujer que me invitara por primera vez; las voces eran tan dulce que seguramente habían sido elegidas por un ser superior, el mismo que había fijado su mirada en mi, tal como me lo prometió mi guía.
Éramos solamente diez los elegidos, diez que deberíamos dedicar nuestra vida a esta misión tan especial y gratificante que era llevar a cada rincón del planeta esta nueva sensibilidad.
Al pasar bajo el agua cristalina y sentir el frió viento en mi cara, la sesión llegaba a su fin; las felicitaciones de mis hermanos eran fraternas y reiteradas, tal como el recordatorio de mi solidario guía, sobre la cuota mensual que debería cancelar a la llegada a Santiago.
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