¡Tú, sangre que hierve en mis venas,
Calma esos demonios que se juegan
Mis restos en este altar de tantos magros
Sacrificios herejes e inútiles!
¡Tú, mi futuro promisorio,
Arderás en el helor demoníaco de
Éste, nuestro infierno personal!
¿Cuándo será la hora de entregar el alma?
¡Tú, pecho fecundo de mujer,
Verás como se pone agria tu leche
En tus aún virginales pezones de niña
Verás caer a tu hombre destrozado!
¡Y, dónde será eso! ¿Piensas huir?
Tu verdad te persigue hasta en el mar.
Mientras enarbolas tu bandera,
Perdida ya estará tu conciencia estúpida.
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