Un viaje sin aviso. Un leve sabor a incertidumbre invadia todo, lo impregnaba y lo degeneraba. Sin embargo, había una gran fuerza que bombeaba sangre en una sola dirección: el norte. Di el primer paso con un temor natural, pero cómo cuesta dar cada paso cuando no hay camino hacia donde ir. Cuanta falta me hizo Machado en ese momento (no, Serrat, tú no).
Una fuerza igual de inexplicable había bañado a la carretera de un manto gris casi perpetuo. Paramonga dormía su letargo y yo no podía concebir el sueño mientras había mil y un problemas sin resolver en mi cabeza. El disco de Dolores Delirio cumplió su labor, pero hacía falta reforzar su cometido, Entonces Morrisey y los Smiths entraron en escena: la historia del Charming man, la broma que ya no daba risa y la gran boca que volvía a atacar.
Una madrugada muy fría, un amancer templado, mis piernas aún temblaban, pero ya tenía soluciones dolorosas, amargas en la cabeza y soluciones a largo plazo. Ya empezaba a sentire sangre en las piernas.
Por fin llegó la mañana, llegó Trujillo y una sensación de vivir otra vez, bajé del bus y di el primer paso de un futuro gris como el camino, incierto a ratos, pero que esta vez era sólo mío. |