Rara avis: cuadratura de silencios devengados. Portadora de palabras entrecalladas. Yo te sufro a tiempo extra y minutos completos. Te ahuyento siempre hacia adentro y te pregunto cuando respondes. Pero, ve. Coge vuelo y no dejes inculpadores rastros de plumas. Hazle caso a la escopeta que siempre acierta y nunca apunta. Si vasvuelas clausuraré tu jaula, a la que siempre asomas para ensamblar tus primordiales piezas, en inverso orden cada vez. Lárgate. Surca el cielo con tus pálidas alas y no las guíes de regreso a tu centinela, si no te acusaré de absoluta lealtad. Y será peor. Nunca más el alpiste en mis manos, el agua en la fuente y el consuelo en mi regazo. Nunca más. Así que vuela, cubre tus vacíos de abandono. Desenamórate de la oquedad de mis complacencias. Disfruta odiando esta terrenal incondición mientras avistas mi primera señal de adiós. Ándate ya y llévate tus monólogos, yo guardaré veintisiete silencios entrehablados. No quiero que un día, menos una noche, peor si son las doce menos cuarto, circundes el tejado como hasta el ayer de mañana para dialogar con mis arrugas y cortejar mis canas con descaro y desparpajo. Última señal, Rara avis. Adiós.
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