Ayer, la vida, esa pesada de mil caras, se me desnudó en medio de la calle.
--¿Qué haces? --le pregunté.
Los transeúntes me miraban, riéndose como enfermos a punto de morir.
--Fóllame.
No lo pude evitar.
Hoy, esa otra, la que me abofetea, se presentó recién bañada.
--Vamos --me dijo cansada--, quemémoslo todo.
No me negué.
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