Hoy ya le sonrío a la lluvia de frente,
el cielo perdió su escamoso gris eterno.
Te podría decir tantas cosas en estas tardes,
donde todo el viento del mundo se amontona
en medio de mis sienes, contribuyendo al caos,
soportando todas las maldiciones que elegí.
Tu beso trajo esperanza, me dejo la muerte.
La muerte que se amontona en mi memoria,
la muerte que se desencadena tras cada futuro,
delante de las ventanas empañadas que acaricio.
Esa bendita muerte que me trajo a la vida,
que cortó con sus espadas mis silencios nocturnos.
Esa muerte que se escapa furiosa desde el ruido,
esa muerte que no puede vivir sin mis muertes.
Te saludo tendido en el lodo milenario,
con la lluvia limpiándome de tu vida, la que dejaste.
Me despido de tus manos más muerto que en antares,
más lleno de llagas sangrantes, presto para la selva.
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