Inerte, apagado y sin vida entre mis dedos yace
esperándome, tentándome, me conoce bien.
Lo miro, lo estudio, dudo...debería?
Sé que no. Todos me aconsejan que ya no más.
“Qué lo deje...que se transformó en un mal hábito”.
“Que no le encienda más vida y
que me libre de esa mala compañía”.
La tentación de una vez más... sólo una vez
y luego le diré adiós para siempre.
Igual que ayer... igual que mil veces antes.
Aunque...nada iguale mis huidas de café con él,
ni mis tardes de invierno en la estación del tren
ni su callada compañía frente a un atardecer.
Mi compañero de copas noctámbulas
mis encendidos monólogos,
mi mano vacía y fría sin él.
Decido reencender el fuego,
sé que voy a perder.
Le acerco entre mis labios, aspiro su sabor
y prendo mi cigarrillo, por última vez. |