Esa sed, innegable, luz de estrellas entre los dedos,
que sólo aquí, dentro, imposible compartir sino contigo.
Pesadumbre de círculos concéntricos
empeñados en cerrarse, como un gran no.
(Aquí comienza la batalla de la varita mágica
conjurando amaneceres compartidos, una sola espiral,
infinita, como un eterno Sí, indiscutible).
Mondrian que se desplegó en mil líneas paralelas
para pasar a cortarse, no encontrarse,
como el que rebana una historia resumida en una mentira,
o ,una verdad a medias, cerebro agotado demasiado ruidoso.
Una vida que ayer se desangró cuando ni el hielo
supo apagar el hambre del amor que le habita.
Apuesto mi todo por la magia…
Bilbao-2005/06/01
H de L
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