Aquí no hay nada.
Sólo destellos en los párpados,
luces invisibles que se mueven en las sombras.
Pues déjame decirte que me angustia ver el sol
y quisiera suspenderme en las estrellas,
sin sentir el aroma del fondo,
ni ver fantasmas en las siluetas de mis palabras.
La noche es una tumba rodeada de laureles;
el sepulcro del silencio que se mece dando gritos
y se oye como bestias alojadas en el páncreas.
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