EL BOCÓN
Soy taxista, y en una ocasión presencié
una persecución policial y por curiosidad
me involucré en la misma y noté, como la
patrulla perdía al maleante, por lo que le
imprimí más velocidad a mi vehículo y
casi logré darle alcance pero, al final
también lo perdí.
Al regresar al sitio de mi trabajo les conté
a mis compañeros sobre la situación
vivida, pero haciendo muchos alardes y
exagerando un poco sobre la persecución.
Había un cliente esperando y cuando
escuchó mi relato me dijo:
_Señor soy oficial de policía y quiero que
me acompañe a la estación para que
rinda una declaración detallada sobre el
hecho._
Estuve en la estación por más de 12 horas
en un interrogatorio con mucha presión.-
Al salir, luego del susto, juré que más nunca haría otra persecución semejante.
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