Hasta el terciopelo se abrió como una red de
pescar y allí empezó la catedral su sueño”
Enrique Anderson Imbert
R E N A C ER
En la explanada, que alguna vez fue atrio, crece el musgo y se esconden las lagartijas.
El sol refracta sobre las piedras, doradas por la mica y la luz.
Allá, a lo lejos, se escucha un canto gregoriano que se eleva al cielo desde las tumbas de los monjes.
Las campanas ya no están allí, pero se escuchan sus tañidos pausados y sonoros.
Y ante los ojos del caminante se eleva lentamente la catedral que alguna vez, en ese sitio, estuvo.
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