El cielo desafía mis cumbres, bajo el murmullo de los labios; se enciende; devora las cimas atadas a su boca, en una lluvia de lenguas, cabalgando por mis pechos. Y mi alma explota lujuriosa entre tus dedos; me abarcas; copulas la sangre que recorre el infinito, en una fogata de temblores; estallas, erosionando mis laderas dentro de tus manos, como una espiral que desgarra el centro de mi ser; desafiando al tiempo que renace en las entrañas. Vuelas el rocío de mi sombra, circundando en un aleteo inquieto; te pierdes; desnudas la piel dentro y fuera de mi felicidad, para saciar el celo de tus huesos. Y la luna derrama su deseo por la cuesta de mis venas, para enardecer el reposo de mi sexo, ya agitado y cristalino.
Ana.
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