Junio.
24. No funciona el abrelatas. Los pensamientos perdieron filo esta mañana y yo quiero merendar ideas con salsa de maní, algo de ¿vodka? y agua mineral. Un brebaje humeante –preparado por mamá– podría despercudir mis emociones, pero no lo quiero probar. Sacudo el sueño y oigo el llamado de la hoja en blanco. Me resisto. Esta se desprende del cuaderno de apuntes y roza mis manos mientras hace tranzas con el bolígrafo. Una calamitosa caligrafía asoma y registra un nuevo detalle sobre el surgimiento de un nuevo ser. El jabón perfumado me llama a la aspersión, las contracturas se desenredan y yo no me acicalo en homenaje a los errantes perdularios. El ruido de las bocinas se cuela en mi habitación, la ciudad espera. Aún no funciona el abrelatas. Alisto el pie izquierdo para salir...
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