Si yo tuviera la certeza sembraría en mi jardín las flores más exóticas, con sus colores chillantes y sus espinas punzantes, así como su olor a selva, porque sabría que se darían, que se abrirían paso hasta la luz...
También podría dormir dejándome llevar en la hamaca del sueño, porque sabría que al regresar mi amada estaría a mi lado, inmutable, frágil, bella...
Sin embargo, le temo al trueno, al tiempo, a las cambiantes células de mi cuerpo y a este cerebro que martilla con su dedo de fuego porque sé que ella no existe y que no andamos por la vida dos por tres calles al menos... |