¿Y los niños que ayer corrían cruzando la esquina de la calle? Desde la azotea la ciudad es gris, cada cierto tiempo un matiz sepia se logra colar por la insistencia del sol. Pasan uniformados, disparan al cielo, siembran terror con cada pisada y abren puertas con frenesí. Extrañamente no se escuchan gritos. Abajo una familia es detenida, una familia de composición igual a la mía, padres y dos pequeños salen con templanza. La niña viste un abrigo rojo, única señal de vida, y alza la mirada. Me penetra. ¿Y los niños tampoco volverán? Me escondo en la sombras sin romper la silueta de la ciudad. |