Fulgores del alba golpean mi cara,
cegada por el humo blanco del tabaco y el opio
de fria niebla y de olor a muerte
el tiempo pasa sin detenerce cortando cual gillotina,
asesinando cada minuto de mi vida
solo me queda caminar a su lado y rogar a mi destino
que se apiade de este esclavo de barro elaborado por las manos de la noche, de adas, criaturas y duendes, de miedo, odio, amor y sangre
un esclavo de ambiciones, joyas, vino, humo, placeres, en fin de demonios y de maldad.
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